‘Callarse’, de Paul Valéry (1871-1945)

30 octubre 2009

He aquí un título excelente…

Un excelente Todo…

Mejor que una “obra”…

Y, sin embargo, una obra, porque

si enumeras cada uno de los casos

en que la forma y el movimiento

de una palabra, como una onda,

se elevan, se dibujan,

a partir de una sensación,

de una sorpresa, de un recuerdo,

de una presencia o de un vacío…

de un bien, de un mal –de un Nada y de un Todo,

y observas y buscas

y sientes y mides

el obstáculo que hay que oponer a esta fuerza,

el peso del peso que hay que poner sobre la lengua

y el esfuerzo del freno de tu voluntad,

conocerás cordura y poder

y callarte será más bello

que el ejército de ratones y los arroyos de perlas

de que pródiga es la boca de los hombres.

En unos de sus jugosos razonamientos especulativos, a los que tan dado era, Paul Valéry recuerda una anécdota que el pintor Edgar Degas le refería a menudo. Resulta que Degas, además de pintar, también escribía poesía. Lo primero le salía muy bien y muy fácil. Lo segundo, aceptablemente bien pero con muchísimos esfuerzos. Así la cosa, un día le dijo a Mallarmé: “Su oficio es infernal. No consigo hacer lo que quiero y sin embargo estoy lleno de ideas”. A lo que Mallarmé al parecer le respondió: “No es con las ideas, mi querido Degas, con lo que se hacen los versos. Es con las palabras”.

Esta anécdota no es caprichosa y funda una filosofía (del lenguaje). La poesía para Valéry era un universo autónomo, con sus propias reglas y condiciones. Hablar de la poesía como se habla de la prosa es arruinar la poesía. Mientras el lenguaje corriente, la prosa periodística por ejemplo, tiene como único destino “ser comprendida”, tras lo cual perece, el lenguaje poético jamás se agota, el poema no muere por haber vivido: “Está hecho expresamente para renacer de sus cenizas y ser de nuevo indefinidamente lo que acaba de ser”.

Perdonad si he abusado un poquito de la teoría. Leer los poemas de Valéry -poemas abandonados, nunca terminados- es un acto doblemente conmovedor cuando se intuye algo más de su ascetismo poético. Valéry tiene una obra mínima y cuidada, reelaborada ad infinitum con materiales clásicos, simbólicos y parnasianos y una extrema sensibilidad musical que aísla el poema de cualquier contaminación externa.

El autor de Cementerio marino (que es una pena, por razones de espacio es imposible traer aquí) no creía en la inspiración ni en la figura del médium-poeta. En sus reflexiones a menudo recurría a esta trabajada imagen: “En unos minutos recibirá el lector el choque de hallazgos, comparaciones, vislumbres de expresión acumulados durante meses de investigación, de espera, de paciencia y de impaciencia”.

Que cada uno, claro está, lo disfrute como quiera. Eso sí, que no trate de explicarse su disfrute.

NOTA: Traducido del francés por Carlos R. de Dampierre

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.



8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. unadeposguerra

    Gracias, muchas gracias. Como siento cada dia que os disfruto.

    No opinar, no quiere decir no venir a gozar y reflexionar en este rincón.

    La palabra es lo grande que tenemos los humanos y aqui se vive de y con ella.

    Gracias y mimos para vosotros.

    30 octubre 2009 | 14:06

  2. ver de sol

    Una mesa,

    se endereza,

    hacia el talle de madera

    que la sierra recortó.

    Un libro,

    de piel en prensa,

    pasa alma a la cabeza

    presa del fiel lector.

    El papel, papiroflexia,

    toda siembra que todo quema,

    montes secos, humana fuerza,

    fiera necia sin amor.

    Cuánto más ha de pagar

    un verso verbo por ser verdad.

    Palabra, letra en su renglón

    una tras otra al mismo son,

    cantan y bailan,

    sucumben,

    y al caer levantan

    un nuevo escalón

    de aventura…

    y vuelan,

    y llueven

    sin libertad, perezosas,

    ansias de domar

    por todas las cosas…

    Cúanto más ha de pagar

    por ser de verbo nuestra oración,

    pluma de ave muerta

    en pluma de tintar las letras,

    un papel en libro, de la mesa,

    que la sierra despojó

    de su talle de madera

    pálido en ojo lector.

    30 octubre 2009 | 14:51

  3. rest

    en un primer momento me pareció la cara de hitler.

    30 octubre 2009 | 16:54

  4. risto

    Ánimo…que no decaiga…

    Hoy me han vuelto las ganas de leer mis viejos tesoros..y de releer mis antiguas batallas..

    Pasito…pasito…

    30 octubre 2009 | 17:07

  5. Y digo Yo… ¿porque los políticos que son tan avispados no se ha dedicado a hacer poesía?

    Seguro que hubieran sido muy apreciados y si no , al menos no nos habrían robado lo que tanto sudor nos ha costado ganar a los contribuyentes.

    30 octubre 2009 | 17:11

  6. Vayaaa, hay que subrayar bien esto:

    “Callarte será mejor”

    El silencio es nuestro mejor amigo, antes de blasfemar o decir cualquier tontera, es mejor permanecer calladitos…

    Saludos.

    30 octubre 2009 | 17:33

  7. Carlinho

    Ya son diez años de tu partida,

    Y vieras amor mio, ¿cómo es el tiempo?

    Que ya no recuerdo tu rostro,

    Sólo, vive el sentimiento.

    Y a pesar de todo,

    Te sigo esperando,

    Salgo a la puerta… buscando

    Que el corazón en un brinco de alegría,

    Me señale tu retorno.

    Sólo él podra verte

    Pues mis ojos ciegos…ya no.

    31 octubre 2009 | 12:30

  8. carlinho

    ANSIA ETERNA

    Busco una cabellera, reina de cabelleras;

    busco unos verdes ojos, de calido fulgor,

    y busco un blando cuerpo, de mórbidas caderas

    que tengan un pausado vaivén provocador…

    Busco una roja boca de formas altaneras,

    que sufra eternamente de un fuego abrasador

    y busco unas azules y lánguidas ojeras

    que me hablen de ansiedades, de angustias y de amor.

    Un ser asi persigue mi espíritu travieso:

    una mujer que sea incendio y vibración;

    que todo lo desprecie, amando hasta el exceso.

    Una mujer, que un día, temblando de pasion,

    en un suspiro enorme, y en un enorme beso

    se muera entre mis brazos, tras una convulsión…

    El Cansancio de Claudio de Alas

    Jorge Escobar Uribe

    31 octubre 2009 | 12:50

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