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‘En la noche’, de Téophile Gautier (1811 – 1872)

04 septiembre 2009

Cuando oímos crujir sordamente los muros,

cuando en la chimenea brotan múltiples ecos

que no son de este mundo, y con un ruido extraño

los tizones crepitan rodeados de un fuego

entre pálido y lívido, cuando hay viejos retratos

que hacen muecas por obra de los cambios de luz;

solitario, sentado, lejos de cualquier ruido,

¿es que acaso no os gusta mecer vuestras veladas

con relatos de aquellas maravillas de antaño?

Para mí es un placer; si en un viejo castillo

por azar he encontrado un pesado librote

entre el polvo de góticas librerías vetustas

hace tiempo olvidado, pero que tiene márgenes

con antiguas viñetas y fantásticas flores

y que brilla lo mismo que una extraña vidriera

con colores intensos ya no puedo dejarlo.

Virelais y baladas, láis, leyendas de santos

milagreros que curan los posesos del Diablo

y los pobres leprosos con tan sólo trazar

una cruz en el aire; cuando no son las crónicas

de las gestas de aquellos paladines sin miedo;

todo, todo mis ojos lo devoran ansiosos;

los relojes en vano doce veces avisan,

y es inútil que el búho chille al darse a la fuga

cuando hiere su vista la luz del candelabro

que ilumina el salón; continúo leyendo

mientras sobre la mesa de sepulcro la cera

se derrama formando oleadas y veo

que enrojece el cristal y que asoma a lo lejos

por oriente, en el cielo, el fulgor de la aurora,

la luz nueva del sol que amanece sonriendo.

Una idea precisa de la importancia que en su día tuvo Téophile Gautier reside en estas palabras que otro artista de la vida moderna, Charles Baudelaire, le dedica al comienzo de sus flores enfermizas: “Al poeta impecable, al perfecto mago de las letras francesas, a mi muy querido y venerado maestro y amigo”.

Autor de una novela de tema faraónico que aún hoy se lee con interés, La novela de una momia, Gautier fue algo más que novelista en una época, el Romanticismo (de la que él fue un augusto representante, aunque quizá menor), en la que los escritores estaban íntimamente convencidos de la certeza de un verso del citado Baudelaire: “el tiempo es corto, el arte es largo”.

Poesía, crítica de arte, periodismo (a su pesar), teatro, libros de viajes… El que fuera uno de los fundadores del movimiento parnasiano, tocó con desmesura todos esos palos, pero como en la Francia del XIX no eras respetado si además no te dabas con ahínco al cultivo del lado excéntrico, Gautier fue miembro destacado de la bohemia, participó en atolondrados conciliábulos de escritores (fue amigo del gran Nerval) y en otra clase de clubes, digamos más artificialmente paradisíacos…

NOTA: El poema En la noche está extraído de una antología del autor traducida y anotada por el filósofo Carlos París y publicada en los años noventa por Planeta.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado.



3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser icaro

    bastante mejor que el de ayer……:)

    04 septiembre 2009 | 14:49

  2. Dice ser REFORMAS BILBAO

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    04 septiembre 2009 | 15:38

  3. Dice ser kutaisov

    Me gusta, muy típico de la época pero a la vez hace surgir esa sonrisa cómplice de nuestros pequeños secretos románticos.Saludos,

    05 septiembre 2009 | 16:17

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