‘Mi loba blanca’, de Victoriano Crémer (1907 – 2009)

27 junio 2009

Me seguían sus ojos y yo era menos que un niño;

bosques y primaveras me arañaban el pecho

brotándome en los cauces borbotones calientes

en los que el alma yergue su furia fundadora.

Su gran calma de esposa apretaba los círculos

y me sentía centro de su raudal sangriento;

con el galope oscuro de la sangre apremiando

la altiva meta blanca de su dormida carne.

¿Fue su voz? De más hondo que el deseo, rompiendo

su corteza de plomo, me llegó aquel balido

que estrellaba su espuma, como un ala arrancada

en mis rubias arenas palpitantes de soles.

¡Oh, sequedad del aire, oprimiendo el latido

con que la luz rehizo su primera llamada

¡Fue su voz! Su inefable mensaje acordonado

por airados cuchillos de escarcha matutina.

El espanto y la tierra tiraban de mi cuerpo

y un altivo universo desgarraba mis hombros.

Sentí que entre los brazos florecían sus pechos

y que éstos me clavaban contra un aire reciente.

¡Huir! ¡Huir! Perderme por bruñidos desiertos.

Borrar de mis pupilas sus ojos insaciables

y sepultar su voz, su eterna voz marina

en mi hondón retorcido de caracola humana.

Su garra fue primero. Su garra, no su mano,

que dos fuentes de sangre llenaron mi costado

desbordándome en ellas como una madre nueva

a quien los mares dieran un hijo de su carne.

Y luego, fue su luz. Su inmenso mediodía,

creciéndose en mis ojos como un bosque incendiado,

ardiéndose en las llamas mis tigres y mis dudas,

con sus flancos rotundos y su feroz aullido.

¡Oh, irremediable abrazo! ¡Oh, desolado beso!

¡Oh, arcángeles pastores de mi sangre en derrota!

¡Oh, cuerpo fulgurante apretándome el pecho

como un mármol o un mundo, y en él Dios empinado!

Fui pasto de su furia. Su mirada y sus dientes

implacables hicieron tajadas de mi alma.

Mis vestidos rodaron como musgos antiguos

y sentí deshacerme como un barco de niebla.

Yo veía sus manos sortearme las venas

y herir con sus cuchillos mi corazón menudo,

y azuzar mis dormidos afanes como galgos

llenando de ladridos mi apacible ribera.

Yo sentía -la siento- abrevar en mi sangre.

Romper mi dura piel. Darme muerte lentísima…

¡Y no eludo sus saltos de terciopelo y sueño!

Y no huyo! ¡No huyo!… ¡Mi feroz loba blanca!

Este sábado ha fallecido, a los 102 años de edad, el poeta burgalés Victoriano Crémer. “Periodista, poeta y cascarrabias“, como le define el perfil publicado por EFE, Crémer seguía en activo y publicaba sus columnas en el Diario de León.

Hijo un ferroviario, Crémer llegó a León en sus años de infancia y ya no abandonaría esta ciudad, en la que fue vendedor de periódicos, dependiente de una farmacia, tipógrafo, poeta y -sobre todo- periodista.

Con González de Lama y Eugenio de Nora fundó en la difícil etapa de posguerra la revista Espadaña, que sería el gran vivero que activaría la literatura leonesa, y en la que se publicaría también obra de poetas como Neruda, Vallejo y Blas de Otero.

Autor polifacético, Crémer dejó una gruesa obra poética, de un tono social y existencial, desde 1951 (Nuevos cantos de vida y esperanza) hasta 2009 (Los signos de la sangre).

Seleccionado por Nacho Segurado.



10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Sarpotsu

    gran perdida de una gran persona, yo lo conoci en persona y me entristece este momento…

    27 junio 2009 | 15:05

  2. Se nos van yendo sin que el relevo haya aparecido, pero sus versos permanecen y a la vida dan sentido

    http://treneando.wordpress.com

    27 junio 2009 | 16:19

  3. Se fué sin un quejido ´sin protestar , sin gritar dejadme vivir un poco más , comprendió que su vida habia sido larga y fructifera , habia vivido plenamente nada menos que ciento dos años.

    Descanse en paz, despues de tanto hacer poemas para los que lo querian y comprendian.

    27 junio 2009 | 17:02

  4. He quedado gratamente sorprendida al leer el poema de Crémer, al que no conocía, porque me recuerda en su forma, incluso en su fondo, a un par de poemas que escribí casi al dictado, en los años 2002 y 2003. Éste es uno de ellos:

    “Y se cumplió mi sueño de pregonar tu nombre

    entre miradas nuevas y voces que se callan,

    hubo un rumor alado que los mares cruzaba

    para que mi voz fuera, cristal donde te miras.

    Estabas tan pegado a mi cuerpo que crecía

    que todo fue cercano como mar y horizonte,

    se cayeron los ocres para que fueran rosas

    color en mis mejillas que ardiendo te nombraban.

    Aquel espacio simple de bocas y miradas

    aceptó ser testigo de luces y de sueños,

    y fue la noche tibia de luna corneada

    la que mostró palabras que en mí fueron semilla.

    Pero nadie sabía que amaneció una noche

    cuando entre un universo tus dedos me pulsaron,

    y fue sólo un planeta de luces anillado

    quien acogió inocente aquel fuego que aún no ardía.

    ¿Dónde fueron los pasos que hacia mí te acercaban?

    ¿Dónde murió el milagro de las noches en vela?

    Quedó muda la lira cuando chirrió el cerrojo

    y lágrimas de un fondo cayeron en los versos.

    Has abierto de nuevo la puerta de mis sueños

    y una nube rosada corona mi cabeza,

    mi boca quiere hablarte como un trino en el alba

    y llenarte de gozo con jardines dorados.

    Mi cuerpo no reposa sobre nidos tangibles

    y no existe la forma que acompaña a mi vida,

    me llegan perfumados los nombres que tú nombras

    y siento que rebosan en mí los girasoles.

    No existen las distancias que alejan las sonrisas

    y nada está tan cerca como el calor del fuego,

    se derriten los ojos inundados de lunas

    y vuelan querubines cantando los hosannas

    Me siento tan hermosa como la hierba fresca

    que tus pies acaricia como agua de venero,

    y regresa la vida que se había ausentado

    para que en mí se cumpla la más cuerda locura.

    Aquel maestro antiguo que te enseñó el camino

    se cruza ante mis ojos con paso diligente,

    y mi vida presente renace enriquecida

    con palabras soñadas, con trigales y fuentes.

    Ya sé que fue tu voz la que pulsaba en las noches

    los acordes y notas de lunas que se llenan,

    y así estuviste siempre llegando hasta mi fondo

    al pronunciar el nombre que te enjugaba el llanto.

    Ondea un mar abierto mostrando los caminos

    sin saber que las naves siguen a la deriva,

    y cantan ruiseñores amaneciendo el tiempo

    e ignoran que sus trinos apagan largas noches.

    No huyas, no te escapes, siéntate en mi camino,

    contempla los jardines con hiedras en los muros,

    las hojas y las ramas agrietarán paredes

    y serán las distancias alambradas de besos.

    ( XI / 2002)

    27 junio 2009 | 17:09

  5. leonesa09

    Tuve la dicha de ser alumna suya en un curso que dio sobre “Espadaña” hace ya muchos años. Desde entonces he seguido su obra a diario. Le echaré de menos, Sr. Crémer.

    27 junio 2009 | 17:59

  6. No me canso de leer el poema. No conozco su obra poética pero intuyo que me va a gustar.

    Gracias por seleccionar estos versos, aunque haya sido con ocasión de su muerte.Su obra esta viva.

    http://www.poesiahuerfana.com

    27 junio 2009 | 22:45

  7. Se me olvidaba,……Precioso poema LAURA.

    27 junio 2009 | 22:48

  8. Se me olvidaba,……Precioso poema LAURA.

    27 junio 2009 | 22:48

  9. marta

    Se deja de querer

    Se deja de querer, y no se sabe

    por qué se deja de querer:

    Es como abrir la mano y encontrarla vacía,

    y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.

    Se deja de querer, y es como un río

    cuya corriente fresca ya no calma la sed;

    como andar en otoño sobre las hojas secas,

    y pisar la hoja verde que no debió caer.

    Se deja de querer, y es como el ciego

    que aún dice adiós, llorando, después que pasó el tren;

    o como quien despierta recordando un camino,

    pero ya sólo sabe que regresó por él.

    Se deja de querer, como quien deja

    de andar por una calle, sin razón, sin saber;

    y es hallar un diamante brillando en el rocío,

    y que, ya al recogerlo, se evapore también.

    Se deja de querer, y es como un viaje

    detenido en la sombra, sin seguir ni volver;

    y es cortar una rosa para adornar la mesa

    y que el viento deshoje la rosa en el mantel.

    Se deja de querer, y es como un niño

    que ve cómo naufragan sus barcos de papel;

    o escribir en la arena la fecha de mañana

    y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.

    Se deja de querer, y es como un libro

    que, aun abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;

    y es como la sortija que se quitó del dedo,

    y sólo así supimos que se marcó en la piel.

    Se deja de querer, y no se sabe

    por qué se deja de querer…

    28 junio 2009 | 12:04

  10. El amor es una cosa bien rara, me puse a escribir pero no me sale bien y por esto mejor tomé poemas de poetas reconocidos para enriquecer mi texto. Espero les sirvan, ya saben una ayuda siempre viene bien.

    05 julio 2009 | 15:10

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