Cuando salió Guardiola el martes en rueda de prensa y dijo lo del “puto amo”, ya todo hacía presagiar que el fútbol no se iba a jugar en césped, sino en barro. Guardiola, que aparece siempre ante el micrófono con la barbilla modesta apuntando al pecho, con el tic de pasear la lengua por los labios todo el tiempo para que sus palabras, tímidas, resbalen más fácil hacia las grabadoras, parecía otro. O el mismo, pero cabreado.
Cierta prensa deportiva estaba encantada con el cambio y con que la lengua del entrenador se hubiera afilado. Es porque en realidad son prensa rosa disfrazada de prensa verde. Con las comparecencias del martes se empezó a enredar y amplificar un conflicto que envenenó las gradas, los banquillos y los túneles de vestuarios, donde el miércoles se llegó a escuchar el chasquido seco de un cachete (¿por qué será tan humillante que te toquen la cara?). Había en el ambiente cierta rabia y malhumor, una atmósfera asfixiante de dimes y diretes que recorrió los cables de las teles autonómicas hasta los salones y los bares.
Cada vez hay menos fútbol y más propaganda, más gatos y menos liebres. El espectáculo de 11 contra 11 antes era suficiente. Ahora el partido empieza en la sala de prensa repujada de spots, en las que hay salidas de tono, repreguntas sobre salidas de tono, carnaza vuelta y vuelta. Y en el campo muecas, chulerías, caras encendidas ladrando a otras caras encendidas, como hacen los rotweillers. No sé si el conflicto será lo que la gente quiere. A mí me parece, sobre todo, aburrido e irrelevante. Idioteces (1) – Fútbol (0).
PD: Si hubiera que buscar un culpable, para mí sería Mou. Lamentablemente, sea cual sea el origen, el resultado final es el mismo.




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