- Foto: Lugares… de Sili[k]
Con la intención de estirar las piernas detuve mi taxi junto a un descampado del extrarradio. Entre Alcorcón y Móstoles, para más señas. De aquel descampado llamó mi atención una mujer con pamela y vestido de lino blanco que caminaba a lo lejos por entre un sucio oasis de amapolas silvestres.
Víctima de la curiosidad y el disimulo no pude evitar acercarme a ella. La mujer, aun de espaldas a mí, parecía mayor, muy mayor, tal vez octogenaria. Portaba una cesta de mimbre en la que depositaba, con suma lentitud, no sólo las amapolas que iba seleccionando y arrancando del suelo, sino también jeringuillas y condones usados. Para ello se servía de un par de guantes de látex que hacían raro en el conjunto de su vestido blanco y su pamela.
Aquella práctica, pese a los guantes de látex, se me antojó peligrosa. A su edad podría pincharse con alguna de esas jeringuillas. Sin pensarlo dos veces decidí acercarme aun más y prevenirla:
- ¡Disculpe…! ¿Sabe usted lo que está haciendo? – pregunté a escasos cinco metros de ella y en voz bien alta.
La mujer se giró hacia mí. Ya de frente me estremeció su piel arrugada, sus labios mal pintados de un rojo chillón y una gruesa silueta negra y torpe en la base de sus ojos. Su rostro, así maquillado, parecía un boceto decrépito y distorsionado de sí misma.
Advertida por mi presencia y mis palabras la anciana me miró fijamente y alzó su cesta. En su interior pude ver, en efecto, decenas de jeringuillas y de condones usados sobre un manto de amapolas dispuestas en línea.
Instantes después de mostrarme su cesta, con una voz lánguida y pausada, me dijo:
- Los tiempos han cambiado. Así se presentan, ahora, los bodegones. Un impactante contraste, ¿verdad? Naturaleza y destrucción. Flores salvajes y SIDA. Vida y muerte en un mismo formato.
- ¿Y qué piensa hacer con esa cesta?
- Separar la belleza del caos, por supuesto. Disecar las amapolas para convertir sus pétalos en marca páginas y tirar los preservativos y las jeringuillas fuera del alcance de los niños. ¿Se cree que estoy loca?
- Al contrario. Es lo más cuerdo que he oído en mi vida – dije. Y me marché.
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Nota: Su aspecto tal vez fuera un fiel reflejo de su propia actitud ante la vida. Caótico por fuera. Bello por dentro.



No entiendo a las parejas que viajan en silencio en los taxis, que parecen no tener nada que decirse, o saberlo todo el uno del otro, o saber lo suficiente, o conformarse con lo que ya saben y no querer saber más. Parejas que ya sólo hablan del día a día, de lo que ha hecho hoy en el curro, de lo que harán mañana, el próximo puente o el verano que viene. Parejas de lo anecdótico. Parejas que, sin embargo, de cara a la galería guardan secretos inconfesables:
El hombre gris de cara gris, ojos siniestros y boca de pocos amigos salió del taxi tan rápido que se dejó olvidado su bolsito de mano sobre el asiento. Era una de esas mariconeras de piel oscura y asa muñequera que acostumbran a llevar los hombres con canas.

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