Después de saber que mi novia Paula no podía evitar acordarse de su ex, después de saber que ese ex no era un hombre, sino una mujer, después de saber que esa ex suya se llamaba Beatriz, igual que mi ex Beatriz, comprendí que en el fondo yo también seguía enamorado de mi ex, no de Paula.
Aun con esas, o precisamente por ello, Paula y yo decidimos continuar nuestra relación de pareja.
Ahora Paula me utiliza a mí para olvidar a su Beatriz y yo la utilizo a ella para olvidar a la mía. Somos nuestra mutua terapia. La simbiosis perfecta.
Lo raro es que ahora nos llevamos mejor que nunca. Hablamos mucho, abiertamente: ella de su Beatriz y yo de la mía. También hacemos el amor con más frecuencia que antes. El sexo se ha convertido en una rutina tan extraña como placentera. Ahora siempre que comenzamos a besarnos parece como si ambos buscáramos los labios de Beatriz, de dos Beatrices distintas pero unidas por su mismo nombre. Como si estuviéramos besando los dos a una misma persona que no fuera ni ella ni yo.
Incluso me excita pensar que Paula piense en mi Beatriz, y no en la suya, mientras me besa. También me excita pensar en su Beatriz, en fin. No sé en qué acabará esto pero, por el momento, parece que funciona.Lamernos las heridas mutuamente nos está ayudando a olvidar y a recordar al mismo tiempo.
Igual que el resto de las parejas, pero a lo bestia.







Estaba borracha. Yo no.
Junto a la parada de taxis del puente de Juan Bravo (foto: mi taxi es
Ayer me desperté gracioso y al salir con mi taxi me dio por lanzarle besos a todos los conductores aparcados en doble fila que encontré a mi paso. Me detenía a su lado, les pitaba y en cuanto me miraban les lanzaba un beso (la doble fila en Madrid es un cáncer que sólo se puede combatir a base de humor y sarcasmo, y ayer también me desperté sarcástico).

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