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Ni libre ni ocupado Ni libre ni ocupado

Elegido Mejor Blog 2006.Ya lo dijo Descartes: ¡Taxi!, luego existo...

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Los abrazos del frío

Ahí sentada parece un ángel de lana. Indefensa. Congelada. Absorta. Feliz.

Jersey gordo y azul, de cuello vuelto. Guantes pequeños. Pómulos rojos. Al entrar trajo consigo el frío de la calle. Sin embargo ahora, en el calor de mi taxi, parece mirar ese mismo frío del otro lado del cristal con añoranza. Con nostalgia, quizás. Lo digo porque sigue con los hombros encogidos, como si tratara de meterse dentro de sí misma para abrazarse a su propio esqueleto blando y de terciopelo color hueso. Está mirando el frío de la calle con asombro. No hay duda que se siente bien.

Y, seguro, estará pensando en el momento de meterse en la cama, con la ventana abierta para que entre el frío y ella dentro, debajo de su edredón de plumas con flores cálidas estampadas, abrigada hasta los ojos, sólo los ojos, el arco de la nariz y la frente en contacto directo con ese frío gélido, polar, puro, de fuera; o sus deditos también a la intemperie, quizás, sujetando el edredón para que ningún viento lo mueva ni un milímetro. Y esperará a que su cuerpo, su piel, caliente las sábanas para sentirse plena, libre, sosegada, equilibrada y protegida de todo lo que suceda fuera, en la calle, en el mundo, en el cosmos, como si el edredón hiciera las veces de coraza, de muro infranqueable o de nube que separa la borrasca de arriba con el cielo azul de dentro. Y dormirá sin querer dormir para no perderse ese momento.

¿Sabes a qué sensación me refiero?

Blandos y duros

Somos sociables aunque la sociedad nos destruya lentamente. En grupo actuamos de un modo que no suele corresponder con nuestra auténtica forma de ser; por eso los débiles tienden a agruparse en torno a sus iguales para unir fuerzas y, ya de paso, liar la de Dios.

Léanse como claros ejemplos la kale borroka (como antesala de E.T.A.), o esos que se hacen llamar neonazis, o incluso la recién destapada trama de corrupción y extorsión policial en Coslada.

También, aunque a otro nivel, lo puedo comprobar en mi propio taxi, cada vez que llevo en manada a tres o cuatro tipos duros que hacen comentarios de tipos duros hasta que se baja uno, y luego otro, y otro, y otro, y acabo conduciendo a solas con el último, y hablo con él. Entonces comprendo que el más duro del grupo en realidad es el más blando de su casa.

De hecho, y descartando al colectivo gay, no conozco grupo alguno que finja ser más débil de lo que realmente representa en soledad. Y esto dice mucho en contra de nuestro concepto de sociedad.

Reflexionemos, pues.

Espero que nadie confunda mi taxi con una Falla

Camino del Aeropuerto:

– Pues… me voy a pasar unos días a Cancún, ya sabe: sol, mujeres ligeritas de ropa, coctails, playas paradisiacas… – me soltó el usuario (allá donde más duele).

– Suena bien… – dije enseñándole los dientes a través del espejo.

– Y usted se queda en Madrid, ¿verdad? – me preguntó con cierto regustillo cabroncete.

– Ehhh… no. ¡Me voy!. ¡Me voy hoy mismo a… las Fallas!. ¡A ver las Fallas! – improvisé (no te jode…).

Así que, por culpa de unos cuantos pecados capitales (ira, envidia, etc.) proyectados en aquel usuario, tiré de contactos y en apenas diez minutos conseguí una cabaña a pie de playa en uno de esos campings que violan y salpican, a partes iguales, la costa levantina.

Pasé por casa para arramplar con lo básico (un bañador estampado, un par de mudas, 10 bolis bic, un paquete de 500 folios, tres baterías extra para el ordenador portátil y mi patito de goma Made in Hong Kong) y pocos minutos después del mediodía (P.M) salí de estampida con mi taxi a cuestas y el depósito lleno hasta las trancas (y barrancas).

En apenas cuatro horas (sin paradas, respetando las normas) ya estaba merodeando por un precioso pueblo de la costa levantina. Estaban en Fiestes Falleras:

(Espero que nadie confunda mi taxi con una Falla):

Aprovecharé para desconectar del mundo por un número indeterminado de días (aún no lo he decidido; según la inspiración).

…y aparcaré mi taxi, bien a la vista, junto a la cabaña.

…y escribiré hasta que se me borren las huellas dactilares.

…y le pondré un Nick distinto a cada ola del mar (vuestros Nicks, por supueso).

… y comeré arroz avanda hasta que me salgan granos.

…y meditaré sobre lo humano, lo divino y lo taxístico.

…y me acordaré de nadie y os recordaré a todos.

…y apagaré el teléfono, y desconectaré mi sentido arácnido.

…y escribiré, y escribiré y escribiré hasta que al fin explote por sobredósis cada puta letra de la R.A.E.

Paja mental

Me siento (luego me existo) en el asiento (luego aexisto) del taxi, y está blando, tiene muelles, y el respaldo también está blando porque tiene muelles, y al arrancar, al circular, el pavimento parece blando porque las ruedas pisan como avergonzadas, sin querer hacer ruido gracias al aire de los pulmones de los neumáticos, gracias a sus amortiguadores que también son muelles pero a lo bestia.

Y así me muevo: rodeado de muelles y demás inventos que, en definitiva, me hacen creer que todo lo todo es blando, cuando no lo es. Que el asfalto es blando, que mis huesos son blandos, que el esqueleto de las palomas gilipollas también es blando, que que cualquier cosa que no sea blanda parece blanda aunque no sea blanda ni tenga putas ganas de serlo…

Extrapolo esta idea porque siempre me ha gustado extrapolar, y entonces pienso que, ¡por qué no!, podrían habernos diseñado con muelles en las encías (ya sabes, entre el diente y la carne) para masticarlo todo blando, como si los dientes parecieran ser de gomaespuma. Y si los dientes y las uñas fueran de gomaespuma este mundo giraría mucho mejor, o al menos más suave. Y si camináramos por cualquier acera de cualquier ciudad de cualquier país con pies de gomaespuma sujetos por unos huesos, por un esqueleto de gomaespuma los paseos también serían blandos y, por alusiones, las elucubraciones derivadas de esos paseos serían blandas y las ideas suaves y las conversaciones aterciopeladas.

Y con esto quiero decir que no quiero decir nada; que la vida es una esponja con forma de taxímetro y ‘los ojos no son ojos’ sino todo lo contrario. Que si pudiéramos darle la vuelta a esos ojos, a nuestros ojos (no más de 180º) para mirarnos por dentro, lo fliparíamos. Caeríamos en el abismo del contorsionista existencial.

Pues eso, que viva yo y mi bigote.

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NOTA ACLARATORIA: No tengo bigote

Espejos convexos, miradas cóncavas

No conocía el número exacto, así que la mujer de 30 (buen porte, pelo largo, pálida, delgada) me indicó una famosa pastelería de la calle Santa Engracia como referencia aproximada a su destino:

– ¿Sabes a cuál me refiero?

– Claro… en esa pastelería hacen unas tartas realmente buenas… las de frambuesa… las mejores son las de frambuesa…

– No me digas eso… me gustan mucho los dulces pero, ya sabes… no me los puedo permitir…

– ¿Eres diabética? – pregunté antes de reparar en la indiscreción cometida.

– No, no es eso… los pasteles y las tartas engordan demasiado…

Giré la cabeza hacia ella. No me lo podía creer…

– Disculpa, pero… yo te veo muy bien – mentí. En realidad me pareció que estaba demasiado delgada: al menos sus brazos parecían alambres.

– No te creas… las apariencias engañan… me gustan los dulces en general, pero, ya sabes… a los hombres también os gusta que luzcamos un tipito ideal… y las dos cosas no son compatibles…

– A los hombres, por encima de todo, nos gusta que las mujeres coman, ¡que se alimenten bien! – dije elevando el tono.

– ¿Te has fijado en el cuerpazo que tienen esas niñitas de 18, o de 20 años?… con sus curvas… su vientre plano… su culito pequeño y perfecto… no sé… creo que hay demasiada competencia…

– ¿Estás casada?, ¿tienes novio? – pregunté.

– Mi última relación duró 7 años. Lo dejamos hace un par de meses…

– ¿Y qué opinaba él de tu aspecto?

– Le gustaba mi cuerpo… incluso me decía que debería comer un poco más; pero yo sabía que me lo decía para agradarme. Los hombres te pueden engañar, pero los espejos, nunca. Lo importante es gustarte a ti misma, ya sabes…

Al salir aquella mujer del taxi, confirmé mis sospechas: La chica parecía un saco de huesos. Su espalda al aire demostraba una columna vertebral bien marcada, omóplatos y caderas salientes, andares débiles, endebles…

Reflexión simpulso: El aspecto físico es importante. Sin embargo, el aspecto físico no es lo más importante.