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Anestesia general

24 mayo 2013

cara plasma

Es posible adaptarse a las ruinas, convivir rodeado de mugre si sólo encuentras mugre alrededor y ya olvidaste el paisaje del pasado: aquel prado, las montañas, la decencia, la cordura. No hay más que lanzar bomba tras bomba para aturdir a la población más sensible (mientras se derrumban los cimientos de la democracia). Y seguir bombardeando hasta que ese sonido de obús sobrevolando nuestras cabezas se vuelva cotidiano o sólo eso: ruido de fondo. Como el ruido del tráfico, como los pájaros.

Las bombas las lanzan los medios cada día. Bombas sobre los pilares del Estado. Ayer mismo, por ejemplo, salieron a la luz nuevos apuntes contables del PP (a sumar a los de Bárcenas, Gúrteles, aportaciones de empresarios y barra libre de sobres para todos): 600.000€ turbios en tiempos de Aznar destinados al ex Presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, cuya indecente gestión nos ha costado otros miles de millones de euros más. Siguiendo la desvergüenza acostumbrada, el PP sacó un comunicado afirmando que aquello se debía a otro un error contable. Así lo dijo. Un. Error. Contable. Y ya. Preguntaron después a Rajoy y Rajoy dijo que no tenía por costumbre hablar de ex Presidentes del Gobierno (excepto cuando se refiere a la herencia recibida, añado yo). Y ya. ¿Para qué dar más explicaciones a estas alturas del bombardeo?

No explican nada, no aclaran nada porque saben que ya les escuchamos como si fueran silbidos de obuses tras décadas de guerra. Ya sólo son ruido de fondo. Como el ruido del tráfico. Como los pájaros.

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Nota: Si te aburre el tema es señal de que han ganado.

Tertulianos carroñeros

15 mayo 2013

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Foto de @mariam_otea

Es inútil. No se puede debatir con quien vive a la sombra del poder. Imposible aunar criterios, imposible alcanzar ningún acuerdo, imposible convencer. Son como esos pájaros que se alimentan de las garrapatas del gran rinoceronte. Mutualismo, lo llaman. Tú me quitas las garrapatas a mí, y yo a cambio te concedo un contratazo de publicidad institucional en tu medio, o te regalo una licencia de emisión a golpe de decretazo, o un puestecito en el departamento de comunicación del partido, o en la Agencia estatal de marras, o en la tele pública, o te haré merecedor de información privilegiada, o ya me acordaré de ti cuando te vengan mal dadas. A cambio, los pájaros garrapateros se ocuparán de mantener pulcra y brillante la imagen del rinoceronte. Así pues, haga lo que haga el poder, aunque rompa el país en mil pedazos, siempre estarán de su lado, defendiendo lo indefendible sin salirse ni un milímetro del argumentario que previamente (y bajo cuerda) les envían por mail. Y a falta de argumentos, cuando el enemigo dialéctico consigue ponerles entre las cuerdas, pasarán al plan B: torpedearán al contrario, menospreciarán al contrario, buscarán carroña del contrario y lo degollarán en portada o en prime time con las artes más sucias del periodismo. Aunque, eso sí, siempre haciendo gala de una educación exquisita, rayando la humildad. Y no les verás nunca levantar la voz. Y saben muy bien hacerse los ofendidos.

Lo malo es que muchos oyentes, o lectores, o televidentes, se dejan influenciar por ellos porque, con independencia de sus argumentos, se expresan con contundencia. Y eso, al espectador medio, le entra facilito por los ojos. Al espectador medio (sin criterio propio o con un criterio algo atontado por tal aluvión de datos e informaciones imposibles de digerir) la contundencia con que se expresan le acaba convenciendo. Y ese espectador luego vota. Y se cierra el círculo.

 

Derechos inhumanos

07 mayo 2013

Recuerdo a aquel niño: sus gestos, su mirada. Recuerdo que le costó un horror tomar asiento en mi taxi. Apenas podía andar. Tampoco hablaba con soltura. Su madre, sin embargo, se tiró todo el trayecto hablándome del niño. No sólo me contó los pormenores de su enfermedad, espina bífida abierta, sino también me habló de los cuidados que precisaba, así como de las intervenciones quirúgicas que llevaba a sus espaldas: siete. En cierto modo, parecía orgullosa de él, pero también de su faceta de madre coraje, entregada y sufrida. Aparte de aquello, de hablarme de su hijo sin yo dar pie a ello, llamó mi atención sus constantes alusiones a Dios (“Si Dios quiere”, “gracias a Dios”, “un regalo de Dios”, etc).

Recuerdo que esa misma noche, al llegar a casa, me dio por googlear “espina bífida abierta”. Me sorprendió y apenó comprobar que era la más grave de las distintas variantes de espina bífida, que se formaba (o malformaba) en la segunda o tercera semana de gestación del feto y que, en el peor de los casos, el niño en cuestión estaba condenado a una vida corta y dolorosa.

El caso es que volví a recordar aquello transcurridos varios meses, a raíz de la última ocurrencia del Ministro de Justicia Gallardón: la nueva ley del aborto, según la cual cualquier malformación del feto no será motivo de aborto provocado. Es más, será ilegal.

Aquella mujer, en fin, pudo decidir tenerlo al igual que lo tendría con la nueva ley. Fue decisión suya y solo suya. Supongo que tuvo aquel niño (enfermo de por vida) movida por sus creencias religiosas. Supongo que ella es de las que piensan que su niño nació así porque Dios lo quiso (un Dios bastante hijo de puta, añado) y por eso, en ningún momento, se planteó abortar. Otras, en su caso, lo habrían hecho sin dudarlo. Con todo el dolor de su corazón, no me cabe la más mínima duda.

Sin embargo ahora, con la nueva ley, las mujeres que se lo puedan permitir tendrán que ir a Londres, como en tiempos de Franco. O tenerlo y condenarse, madre, padre y niño, a una vida ingrata. Por la gracia de Dios.

Asúmelo: todo es política

25 abril 2013

Me dan miedo aquellos que dicen no interesarles la política, que directamente “pasan” de la política y de los políticos, que todos son iguales y demás topicazos simplistas. Me dan miedo porque, en el fondo, son sumisos a la voluntad de quienes los gobiernan, y quienes nos gobiernan podrán seguir haciendo lo que les venga en gana respaldados, precisamente, por esa falta de sentido crítico. Si les suben los impuestos, pagarán sin rechistar ni preguntar dónde irá ese dinero, SU dinero, para qué lo necesitan o si están o no de acuerdo con ese modelo de gestión. Si les echan del curro a cambio de una indemnización de mierda, si después cobran un paro de mierda, menos del que les habría correspondido antes de la reforma laboral, o les obligan a jubilarse más tarde de lo previsto, no se dan cuenta que detrás de todo esto hay una decisión política. Y detrás del precio de su vivienda también hay una decisión política. Incluso también detrás de la tarifa telefónica que pagan, del agua, de la luz, del combustible para su coche, de las ayudas o descuentos para comprarse ese coche, del precio de su autobús, su metro o su taxi, o del parque de su casa donde pasea el perro. Ese parque está ahí y es bonito o feo, grande o pequeño, limpio o sucio, bien o mal iluminado gracias a una decisión política. Y la piscina municipal, la biblioteca, la acera que pisas o el médico que al final te salvará la vida. O no.

Por otra parte también olvidan, o se les escapa, que gran parte de los derechos sociales a los que tienen acceso, tales como el derecho a paro, las vacaciones, las bajas remuneradas y tantos otros, se han conseguido gracias a la presión social, al desacuerdo, a la protesta. Que todo cambio o mejora es posible porque históricamente, desde el principio de los tiempos, así lo ha sido.

El próximo viernes habrá Consejo de Ministros. Se vislumbran más recortes en los recortes ya recortados. Y algo me dice que habrá quienes no se enteren de lo que anuncien o, directamente, pasen del tema porque “no va con ellos”. Ojos que no ven… Pero tarde o temprano lo acabarán lamentando. No me cabe la más mínima duda.

 

Asfixia

18 abril 2013

La presión psicológica bloquea las calles. La idea es sencilla: acorralar al más débil. Señalarle con el dedo. Criminalizar su ira. La idea es atar al débil con su propia soga hipotecaria, meterlo en una caja hermética y pintar agujeros en la caja: creerás ver agujeros, creerás que puedes respirar, hasta que no te quede oxígeno ni fuerzas. Si eres listo y descubres a tiempo que esos agujeros son pintados e intentas escapar, te multarán gracias a una nueva ley que ellos mismos redactaron, y después te meterán en otra caja aún más hermética y sin agujeros de mentira (ya para qué). Y con esa multa pagarás la primera caja, la caja nueva y la del vecino, y consciente de las consecuencias asumirás con resignación tu asfixia.

Si, por el contrario, eres de los que mueren dentro de esa caja, te acusarán de haber respirado por encima de tus posibilidades. Tu muerte servirá de ejemplo de lo que no hay que hacer. Como no podrás defenderte (ya estás muerto) intentarán compararte con algo tan visual como chungo, algo que todo mundo entienda y todo el mundo odie. Por ejemplo, con ETA. De este modo, el estilo de vida que, según ellos, te llevó hasta esa caja será ETA. Incluso tus pulmones serán los pulmones de ETA. Y mantendrán esa postura sin pestañear, con total contundencia, y si el efecto ETA pierde fuerza, subirán la comparación a ejemplos más graves y sangrientos. De ser ETA pasarás a ser nazi. Tu estilo de vida será nazi, tus pulmones serán nazis.

Algunos medios (o miedos) de comunicación servirán de voceros en la sombra o bien porque están pagados por los fabricantes de cajas, o bien porque temen acabar también dentro de ellas. Y esa difusión convencerá a quienes aún no están dentro. Y odiarán a los que están dentro de las cajas sin saber que la maquinaria de la fábrica de cajas es insaciable, y más tarde o más temprano, o huyes del país, o te metes en el negocio de las cajas, o acabarás dentro de una.

El problema, en cualquier caso, es que encontraron la excusa perfecta con lo de las cajas. Su plan es meternos en cajas, apilarlas para tapar sus vergüenzas y, ya de paso, blindarse creando un muro de cajas alrededor suyo.

Y además saben que, donde no hay oxígeno, es imposible que salte la chispa.

Autógnomo

03 abril 2013

Los taxistas somos de esos pocos autónomos de pura cepa que quedan ya en España. Una especie en extinción, por supuesto. Ganamos más o menos dinero en función de las horas que trabajemos, sin límite mínimo pero con un máximo, al menos en el área de Madrid, de 16 horas al día (cinco días por semana). Pagamos nuestros impuestos, no tenemos jefes (ni ayudas de la administración) y yo me lo guiso, yo me lo como. A simple vista parece un modelo ideal, exportable a cualquier profesión. Me refiero a que tu sueldo dependa en gran medida de tu capacidad de sacrificio y/o necesidad y/o gestión y/o ambición económica.

En estos siete años que llevo vinculado al gremio he visto de todo, desde taxistas que se hinchaban a hacer horas para vivir holgados (aunque sin tiempo con el que disfrutar de sus holguras), hasta tipos cabales que curraban lo justo para conciliar su vida familiar y laboral sin grandes lujos. Pero eso era antes de la crisis, claro. Ahora todos, sin excepción, trabajan y comen y duermen en sus coches para, en el mejor de los casos, cubrir gastos. Ahora echan en falta, y con razón, un sueldo fijo con su nómina y su mes de vacaciones. Y además se quejan, ahí con menos razón, del histórico abandono de la administración. Quieren que se fijen en nosotros, que nos ayuden.

No sé a vosotros, pero a mí me da pánico que la administración se acuerde de quien sea. Siempre que lo hacen, lo acaban hundiendo. Si la Cospedal de marras se hiciera cargo del gremio del taxi, tardaría media peineta en privatizarlo, y adiós autónomo. De la gestión se haría cargo una gran empresa de trasportes bien posicionada (léase “sobres”), contrataría a miles de conductores por cuatro duros a cambio de que el Consejo de Administración de Taxis S.L. se llevara calentito un buen puñado de millones (tributados al 1% en la SICAV de moda). No sería de extrañar teniendo en cuenta la proliferación de un modelo que ya están aplicando en sectores tan sensibles como es la sanidad, cuyos pingües beneficios se los reparten tipos que no saben siquiera lo que es un bisturí. Este es, de hecho, el exitoso modelo del PP. Mano de obra cada vez más barata, alfombra roja a los inversores, mayor brecha salarial, mayor margen de beneficios y el currito cada vez más asfixiado, y el muchimillonario cada vez más ultramillonario. Y a tomar por culo cualquier resquicio de clase media.

Pero lo más inquietante es que muchos de esos taxistas autónomos votaron orgullosos al Partido Popular confiando en una suerte de remake del (falso) milagro económico de Aznar “el burbujas”. Y ahora, por motivos obvios, están callados como putas.

Soy inmortal (por ahora)

20 marzo 2013

No hay motivos para el optimismo. Nos roban en la puta cara, mira Chipre, y aquí Falete salta a una piscina sin pirañas y bate un nuevo récord (de audiencia). La anestesia existencial nos entumece el juicio, soñamos con interferencias y hasta los frenopáticos acabarán siendo de pago. Sin embargo aún nos queda cierto espacio entre el agua y el techo, esa bocanada de aire previa a la asfixia, cada cual la suya. En mi caso es esto mismo, las palabras que ahora lees y seguirás leyendo aunque sólo sea por la curiosidad de saber cómo acabará el presente post, si acabaré muriendo antes que tú o saldré al fin del armario (muchos siguen creyendo que soy gay) o escribiendo una de esas frases que disecan el alma. A menudo, cuando enciendo la pantalla y me dispongo a teclear me veo en blanco, pero tiro de matices y pienso en las uñas de aquella usuaria que viajó en mi taxi esta misma tarde, o en el olor a eucalipto del ciego que después montó a mi lado (si cierro lo ojos aún huele a eucalipto), o en el tanga que guardo debajo de la almohada sin el cual me resulta imposible dormir, y entonces surgen palabras y veo cosas en la pantalla y tecleo víctima de una pasión desmedida, y el tiempo se detiene como aquella vez que te besé un lunes y al abrir los ojos ya era jueves, y ninguna troika, ninguna Mérkel, podrán con eso. No podrán quitarme ese último aliento que contengo aun a riesgo de volverme azul, porque toda capacidad expresiva, toda obsesión, te vuelve inmortal. Lo suyo es inmoral y yo soy inmortal ahora. Les gano por una r. De Rabia, supongo.

 

Dos o tres segundos de silencio

19 marzo 2013

Quieres escapar pero no sabes a dónde. Entraste en mi taxi y, de repente, silencio. Fueron dos o tres segundos de silencio, pero en ese intervalo sucedió todo en tu cabeza, una suerte de big bang: Ya no eres de Laura, ni tu futuro es de Laura, ni su casa volverá a ser tu misma casa. Ahora solo estás tú y tu tarjeta de crédito. Ni siquiera hiciste la maleta, ganó tu bilis (y ese portazo que aún retumba en los cimientos de vuestra historia). No quieres nada de ella, no quieres nada infectado por ella. Tu ropa, tu iPad, tus esquíes, tu crema antiojeras: ojalá lo queme todo.

-Eh… lléveme al centro -me dijiste después de dos o tres segundos de silencio.

Te referías al centro de la ciudad, pero también al centro de ti, a tu esencia, a tu kilómetro cero. Luego palpaste tus bolsillos buscando algo, ¿tu teléfono móvil?, y al no encontrarlo noté en ti una liberación que no esperabas. También te dejaste el teléfono en casa de Laura (mejor: así no podrá localizarte). Pero al menos cogiste la cartera con tus documentos y tus la tarjetas de crédito. Y en esto abriste la cartera, sacaste el DNI y volviste a respirar. Tranquiliza saber que, después de todo, sigues siendo el mismo en tu carnet. Al menos Laura no se quedó con tu fecha de nacimiento, ni con tu nombre.

-Perdone… ¿conoce algún hostal baratito por el centro?- me preguntaste.

Y entonces pensé en el hostal donde aquella vez yo estuve con Laura. Recuerdo que en ese mismo hostal Laura me habló de ti, de su novio de toda la vida. Me enseñó incluso una foto tuya. Eres tú, no cabe duda. Además cogiste mi taxi a la altura del portal de Laura (también estuve en vuestra casa. Y me fijé en tus esquíes, y en tu crema antiojeras).

-Sí. Conozco un hostal a buen precio. ¿Le llevo?- te dije.

-Por favor.

Y te dejé en aquel hostal. Y me pagaste la carrera. Y tal vez te alojes en la misma habitación que hace dos o tres días alquilé por horas con Laura. Y tal vez duermas en la misma cama.

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Nota: En ese preciso hostal, de hecho, dan comisión a los taxistas que lleven a clientes sin reserva. Pero ya era mucho entrar con él y cobrar la comisión. Así que me fui. Pero no pude evitar, después, llamar a Laura.

En manos del enemigo

06 marzo 2013

Y ajenos a lo de fuera siguen dando vueltas y engordando como una bolsa de palomitas dentro de un microondas. Y mienten sólo por salvar su ombligo. Miente Floriano. De Cospedal balbucea. Mariano no admite preguntas. Ana Mato no admite preguntas. El único que habla es Fernandez Díaz: dice que los gais no son dignos de Dios. Todos ellos, en fin, esconden su basura bajo esa bandera de España que usan de alfombra. Ahora la política consiste en saber guardar el equilibrio sobre la montaña de sus mismos escombros. Y caerá todo aquel que se atreva a tirar de la alfombra, como cayó Garzón. Y premiarán a los perros que custodian el fuerte: un hueso para Arenas, otro hueso para el Trillo del Yak-42.

“La Marca España está en Suiza”, me dijo ayer un usuario de mi taxi.

Y esos mismos bastardos de la madre patria nos siguen pidiendo que rememos en su misma dirección. Y remamos. En dirección a la oficina del INEM. Pero tranquilos, no es que el paro haya subido por enésimo mes consecutivo, sino “Se mantiene la tendencia de frenado del ritmo de su aumento” (lo juro, lo han dicho; con sus huevos toreros). En cualquier caso, están orgullosos del objetivo del déficit. Es lo único de lo que están orgullosos y hasta en eso nos mienten. No incluyeron en sus cifras el rescate a la banca ¡Ups!, apenas 3 puntitos del PIB de nada.

Y mientras, la troika apretando. Quieren más sangre. Más IVA. Menos pensiones. Están enfermos y lo suyo, al parecer, no tiene cura.

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Nota: @IsabelaTortlini lo clava con este tuit: “Siento desilusionaros, pero España no mejorará mientras la solución siga en manos del problema”.

Ahí lo dejo.

7,35€

27 febrero 2013

Me extrañó que una pareja con un niño de unos cinco o seis años buscara detener mi taxi en una calle tan poco transitada como aquella, barrio de Moratalaz, y a las dos de la madrugada de un lunes. Al subir y decirme rápido “hospital infantil Gregorio Marañón”, supuse que aquel niño habría caído enfermo y precisara de atención urgente. En apariencia se encontraba tranquilo, incluso daba muestras de estar más que acostumbrado a acudir con frecuencia a ese mismo hospital. Llegó a preguntar a sus padres si esta vez le atendería el doctor tal, o la doctora cual, les llamó por su nombre, y que esperaba que esta vez no le hicieran tanto daño. Sería algo crónico, pensé. Aunque tampoco me atreví a preguntar.

No sé si el siguiente dato tiene importancia en esta historia. Eran ecuatorianos, sin más familia en España que ellos mismos. No tenían a nadie que pudiera ayudarles y, por lo que pude deducir de su conversación, él estaba en paro y ella trabajaba por horas cuidando de una anciana en la otra punta de la ciudad. Mañana, de hecho, empezaba a las siete. Apenas cinco horas después de aquel trayecto. Lo atroz llegó cuando el padre tomó la mano de su hijo y, visiblemente avergonzado, le dijo que habían tenido que coger dinero de su hucha para pagar el taxi.

-En cuantito tu mamá cobre el salario, te retornamos el dinero a tu huchita, ¿ok?- le dijo el padre.

Aquello me dejó helado.

El niño, sin embargo, lo aceptó con resignación. Tampoco era la primera vez.

No hablé con ellos en todo el trayecto. Sólo escuché y les llevé lo más rápido posible. Llegamos al hospital y la madre me tendió moneda a moneda los 7,35€ del trayecto. Pero aquel dinero pesó tanto en mi mano, se me antojó tan frío, que cuando ellos se bajaron no pude más que bajar yo también del taxi, acercarme al niño y decirle:

-¿Cómo te llamas?

-Luis.

-Toma, Luis. Para que lo metas en la hucha.

Y le devolví las monedas.

El niño me dio un abrazo y en ese preciso instante, con sus brazos intentando rodearme, pensé en los 22 millones 38 millones de Bárcenas y me dije: Puta vida.

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