Trayecto: Desde la calle General Yagüe hasta la Puerta del Sol.
Descripción del usuario: Sesenta y tantos años, traje de chaqueta sin corbata, bigote y gafas.
“Mire usted. Yo, por tradición y principios, me considero de derechas, de la derecha tradicional, digamos. Soy conservador y cristiano. Pero últimamente ando bastante cabreado, si me permite la expresión, con ciertos políticos de mi partido de siempre, así como con ciertos medios también de derechas que se dedican más a la carnaza y a humillar a la izquierda que a informar con veracidad o a opinar con sentido común. Desde que comenzó la crisis cierto sector de la derecha, aunque no lo parezca, se encuentra en una encrucijada sin precedentes: una de las ramas de su sentir político, es decir, el liberalismo o el ‘neocon’ que muchos llaman, ha resultado ser un auténtico fracaso. Yo soy de derechas pero también trato de ser objetivo, recto y justo. Y objetivamente le diré que esta crisis se ha generado fruto de un liberalismo descontrolado, y que se le ha dado toda la cobertura legal posible para que esos buitres carroñeros de Wall Street campen a sus anchas. Y eso tampoco puede ser, caballero. Yo estoy a favor de privatizar todo lo público, que nada quede en manos del Estado, eso es cierto. Creo que el mundo evoluciona más deprisa y con mayor eficiencia y eficacia en manos privadas. Pero también creo que el Estado debería crear un marco legal que impidiera los abusos que ahora estamos viviendo. Es inadmisible que un grupo de multimillonarios, desde Nueva York, nos obligue a recortar nuestras pensiones, nuestra educación o nuestra sanidad bajo la amenaza de hundir nuestra deuda a través de sus agencias de calificación. También me parece inadmisible rescatar con dinero público a bancos y cajas cuyos directivos siguen cobrando primas millonarias. Aunque yo abogue por la sanidad privada, ahora es pública; no me gusta, pero ante todo soy demócrata y así lo decidió mi país, qué le vamos a hacer. Y ese señor o señores que nadie ha votado no tienen por qué meterse en decisiones que sólo son nuestras, de los españoles. Por eso entiendo y aplaudo que nuestros jóvenes y no tan jóvenes salgan a la calle y protesten. Y por eso también me cabrea que ciertos medios y políticos de derechas traten de menospreciar a estos jóvenes tratándoles de ‘antisistema’ o de la ‘extrema izquierda’. ¡No señor! Esos jóvenes tienen motivos de sobra para estar cabreados. Yo lo estoy, y ni mucho menos soy de extrema izquierda. Tengo nietos, ¿sabe?, y no me gustaría que sufrieran las consecuencias de esta crisis injusta para todos y que a todos nos afecta. A todos, sí: a la derecha y a la izquierda. Y si el PP no acaba por unirse a este intento por cambiar las cosas, será porque no pretenden hacer nada cuando gobiernen. Seguirán consintiendo y alentando, como el cabrón de Zapatero, con perdón, esta dictadura de los mercados. Y si así es, le aseguro que perderán mi voto. Bueno… parece que llegamos. ¡Mire qué de gente! ¡Qué maravilla! ¿Son ya las ocho, o llego tarde? A ver cómo cruzo ahora la Puerta del Sol. He quedado con mi hijo justo en el otro extremo”





“Aquí todos nos las damos de listos. Somos muy brutos al hablar, y en la mayoría de los casos soltamos la primera gilipollez que se nos viene a la cabeza. Sucede, por ejemplo, cuando opinamos de alguien que ha cometido un delito. Cuando un asesino o un violador sale por la tele, en el telediario o en uno de esos programas de sucesos. Ahí somos más bestias que nadie: ‘Pues yo a ese le pegaba dos tiros’ o hablamos de la cadena perpetua con una ligereza que asusta… Y es que tendemos a hablar del sistema penitenciario sin tener en cuenta la complejidad del asunto. No profundizamos lo suficiente, quiero decir. Es un tema mucho más amplio, plagado de preguntas difíciles de contestar: ¿Para qué sirven las cárceles?, ¿reinserción, o castigo?, ¿cómo se puede determinar objetivamente qué pena ha de imponerse a según qué delito?, ¿veinte años de cárcel son suficientes para un asesino?, ¿son muchos o pocos años? ¿la privación de libertad es el método más ecuánime? En fin…”

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