Lugar: Puerta de acceso de El Corte Inglés de la calle Goya.
Fecha/hora: Lunes 13 de Octubre de 2008. 13.30 horas.
Nombre: Podría llamarse Antonio.
Edad: Rondando los 50.
Descripción del rostro: Su pintura me impide atender a la realidad de su rostro. Sin embargo, en su mirada encuentro la distancia del derrotado. Sus ojos parecen muros infranqueables.
Vida: El cartel situado sobre una maleta (“Hola. Pido para comer y para pagar la pensión”) demuestra que Antonio (sic) está atravesando serias dificultades económicas. Puede que en el pasado tuviera una vida estable, acomodada (parece corpulento, de constitución ancha) y que por alguna razón se viera en la necesidad de mendigar, en la calle, desahuciado y sin nada. En la maleta lleva todas sus pertenencias (algo de ropa, pinturas, una radio, un par de libros y unas cuantas fotos).
Cada mañana, en una pensión cercana, se pinta la cara y se disfraza de payaso frente al espejo del baño comunitario, mete las pinturas y el pijama en la maleta (nunca sabe si volverá a esa misma pensión o cambiará a otra o a un albergue, según gane ese día), para luego acudir caminando al lugar de la foto (zona comercial, muy transitada). Ahí pasa gran parte del día: Desde que abren las puertas de El Corte Inglés hasta bien avanzada la tarde.
Pese al disfraz nunca realiza pose alguna, ni tan siquiera actúa para llamar la atención del caminante. Sólo permanece ahí, sentado, con las piernas estiradas o bien cruzadas, mirando al infinito o puede que algo aburrido. Ni siquiera saluda a quien se acerca para lanzarle una moneda.
Tras concluir su jornada acude de vuelta a la pensión, se quita el maquillaje con papel higiénico y luego pasa las horas muertas contando una y otra vez las monedas que ha conseguido recaudar en el día, separándolas en bolsas y apuntando cada montante en un cuaderno de anillas. Puede que también le gusten las novelas del Oeste (compradas en el rastro, de quinta mano), y encender la radio cada vez que le invade el insomnio.
Este inquietante personaje me lleva a una última pregunta: ¿Cuál será el motivo de su disfraz de payaso?
Lugar: Calle Mayor.
No me atrevo a realizar un pronóstico acertado sobre la supuesta vida del perenne Marcos. ¿Qué lleva mirando durante tantos años?. ¿En qué piensa?. ¿Acaso no le corroe el óxido por dentro?
Lugar: Parking del Centro Herón City, Las Rozas.
Ahora sabemos que comió con alguien, con algún amor reciente o un amante ocasional. Pero, ¿qué tiene él que no tenga yo?
Lugar: Semáforo de la Plaza de Lima (cruce entre General Perón y el Paseo de la Castellana, frente al Estadio Santiago Bernabeu).
En Madrid vive con cuatro compañeros/as, también argentinos (dos de ellos trabajan como dúo en otro semáforo cercano, el tercero en una pizzería y el último como taquillero en unos multicines). Comparten piso de alquiler en una vieja corrala de Lavapiés. Se reparten sin problema las tareas domésticas (él cocina); se respetan. Entre todos tratan de formar un nuevo grupo de Teatro para actuar en salas alternativas de la ciudad, con textos adaptados, aderezados con sus juegos de manos, malabares, etc…
Ahora conocemos su pasado y su presente, pero ¿qué futuro le espera?
Lugar: C/ Toledo (Metro Latina).
Ahora sabemos un poco más de su vida, del contenido de su bolso, del motivo de su paso rápido, pero ¿es introvertido?; ¿extrovertido?.
Lugar: C/ Gran Vía, junto a las cenizas de Mardrid Rock (ahora comercio de moda juvenil).
Lugar: C/ General Ricardos, a 200 metros de la Glorieta de Marqués de Vadillo (sentido descendente).
De todos modos, lo que más llama la atención es, sin duda, su jersey. Al tomar la foto, el termómetro de mi taxi marcaba 31º (temperatura incompatible con su indumentaria). Este anacronismo térmico ofrece tres posibilidades:


Lleva chanclas cuando el clima de Madrid por estas fechas no ofrece ninguna confianza (aunque hace calor y el cielo está despejado la tarde, como el resto de las tardes por esta época, puede acabar en lluvia).
Lugar: Calle Fuencarral (a escasos 200 metros de su cruce con Gran Vía).

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