Me topé con su foto hojeando una revista de moda y al instante me quedé clavado, atrapado en ella. Era una mujer bellísima, tal vez la más bella que haya visto nunca. En la foto aparecía sentada en un sofá, y en el pie su nombre: Beatriz, y su cargo: jefa de prensa de (una conocida marca de ropa).
Con esos datos me dispuse a investigarla en internet. Su despacho se encontraba en una céntrica calle de Madrid, y además me enteré por su cuenta en twitter que esa misma tarde acudiría a una exposición de arte moderno. Pensé que necesitaría un taxi y YO TENGO un taxi, así que media hora antes de su cita me planté en la parada más cercana a su oficina. Quince minutos después salió de la oficina, cruzó la calle y subió a mi taxi. Así de fácil.
Consigo llevaba un bolso pequeño y un libro de Nabokov (no su célebre Lolita, sino otra obra menor, Desesperación, dato importante), lo cual me llevó a pensar que entendía de literatura. Atento a esto, inicié una conversación sobre libros y autores que ella siguió con creciente interés hasta acabar enfrascados en una interesantísima charla, recomendándonos títulos mutuamente. Después, justo antes de llegar, le dije que yo también escribía. Saqué un ejemplar de mi libro de la guantera y se lo regalé. Ella pareció sorprendida. Lo tomó como quien toma un tesoro y prometió comenzar a leerlo esta misma noche.
Así que, en cierto modo, hoy dormiré a su lado.


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