Santiago tiene 57 años y hace dos se separó de su mujer. Ahora comparte piso en Moratalaz con una pareja de ecuatorianos. Quisiera vivir solo, pero el juez le obligó a seguir pagando la hipoteca del piso que ahora se quedó su ex también por orden del juez.
- Los jueces sentencian, en minutos, toda una vida – me dice.
En tres años acabará de pagar el piso de su ex, y entonces tal vez sus 1.300€ de sueldo le den para un alquiler modesto. O quizás, quién sabe, acabe conociendo a alguien y consiga rehacer su vida. Por de pronto, se tiñó las canas y viste más moderno gracias a las camisas que le prestó su hijo el mayor. También le ha dado por hacer ejercicio y comer más sano. Necesita sentirse joven.
Su ex le dice que está ridículo con esas pintas, pero a él le da igual. Sólo quiere rehacer su vida, empezar de nuevo ahora que aún no es demasiado tarde.
- ¿Cuándo es tarde para empezar de cero? – me pregunta.
Me quedo en blanco.
Santiago continúa hablando de su vida presente y futura mientras le llevo en mi taxi a un baile con orquesta. Nunca le ha gustado bailar, pero cree que es el peaje que tendrá que pagar si quiere conocer a otra mujer.
- A los bailes con orquesta van divorciadas y viudas de mi edad. No puedo aspirar a otra cosa - me dice.
Tal vez tenga razón. Terca vida.


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