Archivo de septiembre, 2012

Los sicarios del poeta

28 septiembre 2012

Por la noche todos los taxis son pardos. Conduces como intentando evitarte por una ciudad que es mitad sombra y luz de plástico. Conduces tu taxi libre mientras observas los sonidos: las fachadas, los carteles, las parejas de la mano, los mendigos, las bocas de metro, el camión de la basura, el agua a presión de una manguera que tumba la luna en el suelo. Crees que avanzas, miras a través del espejo y crees que avanzas, o huyes de algo, pero luego giras la siguiente calle a la izquierda, siempre a la izquierda, y en esto te encuentras con una mujer a pie de acera que nada más ver tu luz verde levanta la mano. Crees que avanzas pero no te queda otra que frenar a su lado y esperar a que esa mujer que no conoces de nada abra tu puerta trasera, tome asiento en tu mismo taxi y te indique un destino que no eres tú. Entonces ella sube: “Buenas noches”, te dice con voz de ascensor. “¿Podría llevarme al aeropuerto?”. Tú asientes y al accionar el taxímetro no sabes por qué pero piensas: Los taxímetros son los sicarios del poeta.

Inicias la marcha. Ahora tienes los ojos de ella enmarcados en tu espejo retrovisor. La mujer se muestra cansada, pero aún conserva en la mirada cierta capa de barniz, como en alerta.

Giramos esta vez a la derecha y de repente, de las tripas de su bolso suena un pitido. Parece el aviso de un mensaje en su teléfono móvil. La mujer se tensa. Abre el bolso y mete la mano como quien busca un anillo en la arena. Al sacar el teléfono mira la pantalla, abre los ojos como platos, la boca también, y así se mantiene durante dos o tres manzanas. Sin duda ha leído algo inesperado, sorprendente, de la persona menos oportuna.

Vuelve a sonar otro mensaje. Presiona una tecla y lo lee. Esta vez sus ojos se humedecen. Se tapa la boca en un intento inútil de ocultar su asombro. Pestañea y sus párpados presionan un par de lágrimas. Baja la ventanilla, necesita aire. Es el viento de la autopista el que empieza a empujar sus lágrimas desde los pómulos a los oídos; es el viento el que intenta taponar el dolor, hacerlo sordo.

Un par de llantos después llegáis al aeropuerto. La mujer te paga mientras piensas: Los taxímetros son los sicarios del poeta. Abre su puerta pero antes de bajarse te entrega el teléfono y te dice: “Tómalo, por favor. Te lo regalo”.

Tú te alejas con su móvil en la mano, confuso. Ella cogerá un avión sin equipaje. Y ahora también sin teléfono, sin malas noticias. Sin lágrimas. Estaban todas en tu taxi.

Nada más tomar la autopista volvió a sonar el teléfono, pero bajaste la ventanilla y lo lanzaste al arcén. Tal vez, a partir de ahora, no crezcan más flores en la cuneta del kilómetro 7,300 de la Nacional II. No te culpes por ello. Son gajes del oficio.

…………………………………………………………………………………………………..

Esta noche, a partir de las 1:30 de la madrugada, estreno sección en el programa Hablar por Hablar de la Cadena SER.

AUDIOS:

De taxis, nocturnidades y alevosías con Macarena Berlín.

Lectura del post “Los sicarios del poeta”

 

La marca España

27 septiembre 2012

Te pido, te ruego, te imploro que elijas la España patriota. Maquilla al mendigo, repeina al parado o mejor: escóndelos. No vaya a ser que los encuentre el Washington Post o el Süddeutsche Zeitung y la jodamos, ¡qué vergüenza! ¡con todo lo que hemos luchado por exportar la marca España!

¿Que qué es la marca España? dices mientras clavas en mi bandera tu ignorancia azul. ¿Qué es la marca España? ¿y tú me lo preguntas? La marca España es matar toros, llorar de fe cada vez que sacan en volandas muñecos de madera, el fútbol (ahora que ganamos; antes no. Putos mantas), las borracheras low cost y las playas con tetas a escasos minutos del aeropuerto de Castellón. Ah, y exportar médicos, ingenieros y patas de cerdo (riquísimas, por cierto). Fin.

Lo demás es joder esta España mía, esta España nuestra. Solo los ingratos (aun desahuciados, sin trabajo y hambrientos, es lo de menos) salen a la calle a liarla en lugar de utilizar los cauces legales de nuestro Estado de Derecho. Y los cauces legales son, como todo el mundo sabe, protestar bajito, castigar al gobierno en las urnas dentro de tres años y pico o bien, si ves indicios de fraude electoral, corrupción política, o estafa bancaria masiva, denunciarlo. Con un poco de suerte podrás pedir un crédito blando para pagar a los abogados, en séis o siete años se celebrará una vista previa, en nueve el juicio y en doce el recurso, hasta que el Tribunal de la Haya te dé la razón allá por 2025.

Y sí. Hay vándalos. Y mucha violencia. La generan los mismos que ahora van de ofendidos. Los que hablan en nombre del Estado de Derecho. Los que dicen muchas veces la palabra democracia. Esos.

 

20minutos.zip

26 septiembre 2012

Los taxis sirven para las prisas. Llegan tarde al trabajo. Cuanto más cerca viven del trabajo más tarde llegan. Llegan tarde a una cita. Cuanto más importante es la cita más tarde llegan, o mayor es la angustia, o pesa más el reloj. Y los semáforos en rojo son el enemigo. Y aquel coche torpe que intenta aparcar en la calle estrecha es el enemigo. O el taxista flemático. Lo matarían ahí mismo. O la impotencia de un atasco. La prisa es un virus que flota a lo largo y ancho del habitáculo; se pega a la tapicería como semen adolescente. La usuaria de ojos rojos tiene prisa y al instante me entra un dolor en el útero que no tengo y me creo que he roto aguas y saco el pañuelo mental por la ventanilla imaginaria y sorteo coches y nos persigue la poli y yo Thelma y tú Louise, que Brad Pitt nos espera al fondo del precipicio de su destino. A menudo, cuando llegamos y freno en seco, me pagan rápido, me dan las gracias y se marchan corriendo; y yo me quedo con el corazón aún latiendo, bombeando los huevos de mi garganta y regando, además, mi cara gilipollas. Y suelo aprovechar la inercia para llamarte por teléfono, jadeando: Te quiero. Y tú te asustas porque crees que he vuelto a las drogas, pero no. O al menos eso creo. La testosterona sigue siendo legal. Y te llamo porque el amor es también urgente en esos casos. O más que amor es ansiedad por tenerte o por saber que te tengo, que aún estás ahí, al otro lado, y pensando en mí al igual que yo pero a distinto ritmo. Y te digo: me acabo de jugar la vida por ti. Es mentira, pero vivo en un país de mentira. Me lo puedo permitir.

 

Biopsia del pago con tarjeta

25 septiembre 2012

Pese a mi histórica enemistad con los bancos, y dada la creciente demanda de usuarios con tarjeta de crédito, no he tenido más remedio que instalar un datáfono en mi taxi. Lejos de querer hablar del porcentaje que ahora se lleva el hijoputa banco por mi trabajo, durante el mes escaso que llevo usando el invento (unas 25 operaciones), me ha llamado la atención lo siguiente:

1.- Los usuarios que pagan con tarjeta jamás dejan propina. Sin embargo, un 30-40% de los usuarios que abonan la carrera en efectivo sí que tienden a redondear al alza o directamente te entregan unas monedas extra “para que te tomes un café” o para que les pese menos el monedero. Aquí interviene, supongo, el factor psicológico del efecto físico, es decir, la costumbre de subjetivizar un importe adicional siempre y cuando el dinero se pueda tocar.

2.- Los usuarios que pagan con tarjeta se fijan menos en el trayecto a seguir. O lo que es lo mismo, les importa menos el importe a pagar. Se muestran más relajados y no suelen marcarte un itinerario ni miran los saltos del taxímetro en los atascos. Esto es debido, también supongo, al concepto de crédito (tan instalado en nuestro país). Como no tendrán que abonar la carrera en el momento, sino a final de mes, piensan más en el conjunto de sus gastos que en cada gasto individual. Ahí se pierde, en cierto modo, la perspectiva del día a día, al contrario que en el pago en metálico.

3.-Los usuarios, en el momento de introducir el PIN de su tarjeta de crédito, se esconden más o menos en función de la conversación que hayamos mantenido durante el trayecto. Los usuarios de trayectos en silencio se esconden más a la hora de introducir su PIN. O lo que es lo mismo, confían menos en el taxista. (El datáfono es inalámbrico, vía GPRS, y algunos hasta usan su chaqueta para ocultarse, o incluso meten el datáfono en el bolso para darle a las teclas. Entiendo que mi aspecto macarra y mis ojeras de yonki les empuje a ello).

4.-Si bien es cierto que el uso del PIN es relativamente nuevo pero no para todas las tarjetas (algunas siguen precisando la firma del titular), ciertos usuarios de tarjetas sin PIN también se esconden cuando firman el recibo. Se tapan con una mano y firman con la otra. Los gilipollas.

 

Sin hueso

24 septiembre 2012

Es el miedo a olvidar lo que me asusta. Llegar a casa y cenar un sándwich muy despacio, masticando lento, mientras observo los peces de plástico de mi pecera. O conducir mi taxi con la radio apagada, siguiendo de cerca a ese coche negro por el simple placer de dejarme arrastrar por otras vidas.

Suelo hacerlo. Me refiero a perseguir coches al azar.

El último al que seguí, sin ir más lejos, me llevó al parking del tanatorio Sur. Aprovechando que estaba ahí, aparqué y entré en la cafetería. Sabes que te haces mayor cuando el camarero del bar del tanatorio te llama por tu nombre y te sirve una cerveza sin pedirla:

-Qué tal, Daniel, ¿lo de siempre?

Es curioso, pero los bares de los tanatorios nunca tienen aceitunas con hueso. Siempre te ponen de tapa aceitunas con relleno de anchoa.

Qué extraña mezcla.

Yo quiero que algún día se me ocurra algo así. Sacarle el hueso a una aceituna y meter en su lugar una anchoa. O mejor: un pepinillo. El caso es llenar huecos. Disimular vacíos. Es el miedo a olvidar que estamos vivos.

 

Patricia de Leganés

21 septiembre 2012

Hablemos de Patricia, usuaria al azar de mi taxi. Viajó ayer mismo de una tienda de cosméticos del centro a un barrio obrero al oeste de Leganés. Unos 25 años, Cabello largo y liso, mechas rubias platino, pendientes de aro, rostro alargado, ojos comunes, nariz angulosa, labios comunes, delgada y sin apenas curvas, pechos pequeños, tal vez reforzados por un sostén con relleno y el uniforme de la misma tienda de cosméticos desde donde tomó mi taxi (pantalón negro, camiseta negra y el logo del comercio en cuestión). Dudo que con su sueldo pueda permitirse más de veinte euros diarios en taxis, y tampoco me pidió recibo para la empresa, así que supuse que ayer hizo una excepción usando el mío. Tampoco mostraba síntomas de prisa, sino más bien parecía que subió a mi taxi por el placer de disfrutar de un trayecto personalizado. El tipo de excusas de ciertos usuarios: “¿De qué me sirve trabajar como una negra si no me puedo permitir de vez en cuando caprichos como este?”.

Por lo que pude deducir de las dos conversaciones telefónicas que mantuvo a lo largo del trayecto, tiene un novio que se llama Alberto y llevan un tiempo pensando en irse a vivir juntos, pero él acaba de quedarse sin trabajo y aún no saben si con su prestación (dos años de apenas 700 euros) y el sueldo de ella (supongo que no más de 1.000 euros) podrán alquilar algo también por Leganés, porque no quieren mudarse lejos de sus familias y sus amigos de siempre. Alberto, por su parte, sigue pagando 300 de letra por su Opel Astra y ella otros 400 de aquel crédito que pidió para la entrada del piso que pagó a medias con su exnovio (y al final rompieron y perdieron los 3.000 de señal), más el teléfono (un iPhone a plazos), más los 200 que aporta en casa, más el gimnasio, más las sesiones de depilación láser. Ahora Alberto estaba jugando al fútbol, una pachanga con los colegas, y ella había quedado con su mejor amiga para tomar café y ponerse al día hasta que Alberto llegara. Se irían después a cenar por ahí.

Todo esto lo contaba muy segura de sí misma, como si su microcosmos (presente, pasado y futuro inmediato de su entorno más cercano) estuviera bajo control y disfrutara con los planes, con los números, con los plazos. Por eso, por su estilo de vida, quiso tomar mi taxi del trabajo a Leganés. Mola que un chofer te lleve de vez en cuando.

Aunque apenas tengas nada.

La fábula de la oveja y el pastor ludópata

20 septiembre 2012

Esa no es la dirección, o al menos aquí no funciona. Seguiremos saliendo a la calle una y mil veces, saldrán con nosotros cientos de miles pero luego dirán que somos cuatro rompepatrias remando en contra de España. Pueden hacerlo y hasta convencernos de ello. Ahora también controlan la radio y la televisión de todos, así como un buen puñado de medios lameculos más interesados en cubrir su cuota que en contar la verdad. ¿Que cuál es la verdad? No hace falta que responda ningún doctor emérito en economía. Te lo dirá un taxista:

El Partido Popular, con la inestimable ayuda del PSOE, sigue empeñado en no tomar ni una sola medida que fomente el empleo o reactive la economía. Más bien lo contrario: recorta sueldos, prestaciones, sube impuestos y extiende el virus de la incertidumbre tanto dentro como fuera de nuestras fronteras (echen un vistazo a la prensa internacional y lloren conmigo). A todo esto añado un dato: Sólo en intereses de deuda España pagará en 2012 un total de 28.000 millones de euros, 5.000 más que en 2011 y 10.000 más que en 2010. No hace falta ser muy listo para saber a quién le está saliendo redondo el negocio de la crisis.

Y como el ex de Lehman Brothers y su circo de hienas buscan pagar esa deuda por encima de todo, como sólo gobiernan para esos tipos insaciables de Wall Street cuyos beneficios se duplican año tras año y aquí no pasa nada, seguimos y seguiremos siendo carnaza hasta dejarnos famélicos. Como vacas en manos de ganaderos que perdieron nuestro pienso al poker. Y digo vacas, u ovejas, porque tal es la consideración que tienen hacia nosotros. Nos quitan el pienso en el doble sentido de la palabra: comemos y pensamos cada vez menos; recortes en educación, subida de la cesta de la compra y fútbol y toros a todas horas. Y mi taxi sin un mal cliente que llevarse al taxímetro.

Esta no es la dirección, como digo, porque no hemos conseguido absolutamente nada. Siguen culpándonos a nosotros de esta crisis, culpan a las vacas de la mala racha al poker del vaquero y mientras, los verdaderos culpables siguen acumulando nuestro pienso en bunkers y comprando yates freudianos con sillones tapizados en piel de prepucio de ballena. Y nos siguen y seguirán pidiendo sacrificios como mártires de la patria. Y nosotros, cada vez más flacos y acorralados, les seguiremos votando.

Las marchas, las protestas, no son la dirección. Necesitamos otra. Ayúdame a encontrarla.

 

Un nudo en la boca del desorden

19 septiembre 2012

La mujer me indicó su destino con todo lujo de detalles. Cada calle, cada giro. Era un camino del todo ilógico, más largo y con más semáforos que el que yo habría elegido. Pero luego me explicó los motivos de aquel rodeo. En realidad fui yo quien preguntó:

-Por Serrano llegaríamos antes…

-Lo sé. Desde hace más de cinco años cojo un taxi todos los días a la misma hora del portal de mi casa a la oficina. Todos los taxistas me llevan siempre por Serrano, pero estoy cansada de los mismos edificios, los mismos escaparates y los mismos semáforos. Hoy necesito desorden, cambiar mi rutina o al menos creer que mi rutina es otra aunque todo siga igual.

De todo lo que dijo me quedé con una frase: Hoy necesito desorden.

El resto del trayecto lo hicimos en silencio; ella observando cada edificio con ojos de novedad y yo pensando en buscar el desorden de la rutina: en mantener invariable el origen y el destino de las cosas aun cambiando el trayecto a cada rato.

La mujer se bajó del taxi a las puertas de su oficina y yo seguí dando vueltas, o más bien intentando desenredar las calles, hasta que la noche oscureció mis nudos. Llegué a casa y ya estabas en la cama. Dormida.

Me acerqué a ti. Retiré la sábana y en tu cuerpo vi el desorden del deseo. Cada trayecto de mis manos en tu espalda era una espalda distinta de tu mismo cuerpo; el mismo origen y destino concentrados en las yemas de mis dedos. La perfección del caos y todo gracias a aquella mujer, a aquel trayecto: hoy necesito desorden. Y tú durmiendo.

Menos una espina

18 septiembre 2012

M-30 Sur, cinco y veinte de la tarde, tráfico denso. Nos enteramos por la radio que Esperanza Aguirre acaba de presentar su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid. La usuaria y yo, hasta entonces en silencio, comenzamos a comentar la noticia. Los dos opinamos más o menos lo mismo: que más que un adiós será un hasta luego, que seguro que guarda algún as en la manga y que, como buena populista, Aguirre no es lo que parece.

En ese punto la usuaria da un vuelco a la conversación.

-En realidad nadie es lo que parece.

Esto le sirve para contarme su historia:

-Yo misma, en fin… Llevo cinco años con un hombre, tres de convivencia, y nadie de mi entorno lo sabe, pero en realidad no estoy enamorada de él, nunca lo estuve. Él me quiere con locura, me trata como una princesa, es muy atento. Un amor. Siempre he querido creer que era, es, el hombre de mi vida, y sigo esforzándome para que lo sea, sigo pensando que acabaré arrepentida si le acabo dejando. Jamás encontraré a alguien como él, lo tiene todo. Además es guapísimo, y el hombre ideal en la cama, tú ya me entiendes. Somos la envidia de nuestro entorno, la pareja perfecta. Pero no puedo evitar sentirme sucia, culpable por no quererle como merece. Dicen que el roce hace el cariño y es verdad, pero el amor no se gana con el tiempo. Cinco años son más que suficientes para darte cuenta de algo así.

-¿Y qué piensas hacer?- pregunté.

-Nada.

Nuestra charla acabó así, con ese “nada” flotando en el ambiente. Luego ella se bajó del taxi como más liviana que antes, pesaba lo mismo menos una espina, y se perdió por la puerta de un precioso chalet.

Ecuación

17 septiembre 2012

Futuro menos pasado es igual a presente (pienso mientras circulo con mi taxi libre por la calle del Pez). Algo falla en mi ecuación. Si el futuro es una cifra indeterminada, también lo será el resultado, es decir, el presente. No es posible resolver una ecuación con dos incógnitas.

Pero el presente es real, lo estoy viendo, así que x menos pasado es igual a presente.

¿Podría valorar mi pasado en una escala del cero al diez? Lo pasé bien, tuve una infancia feliz y mi adolescencia fue, digamos, divertida. Yo le pondría un ocho y medio al conjunto de mi pasado. ¿Y el presente? Ahora también soy muy feliz. Me reconcilié con el amor, ahí un diez, y ahora suena en mi taxi el Time is running out de Muse, temazo, pero hoy me viene el recibo de la hipoteca. Yo le pondría un ocho y medio a mi presente.

Bien. Futuro menos pasado es igual a presente. X menos ocho y medio es igual a ocho y medio. Por lo tanto mi futuro es… ¿cero?

Eh, ese coche se saltó un STOP. Frena. Frena, ¡FRENAAAaaAaKlnlJBk..!