Es inútil. El Establishment también mató tu pensamiento crítico. En cuanto decidas tatuarte la ideología que mejor se adapte a tu ombligo, dedícate a engordar lo tuyo con un amplio abanico de panfletos a la carta. El primer paso será desprestigiar lo opuesto. Para ello te crearás un solo enemigo: o conmigo o contra mí. A partir de ahí, y a base de esteroides noticieros, sólo confiarás en las buenas noticias de los tuyos y en las malas del contrario. Si por error cae en tus manos alguna noticia positiva del enemigo, considéralo un bulo o una burda manipulación. Seguro que tu panfleto a la carta logrará dar con una teoría conspirativa adaptada a tus necesidades.
Y cuidado con generalizar. Sólo se generaliza con lo malo del contrario y con lo bueno de los tuyos. Corruptos son los otros; en los nuestros sólo habrá, si es que los hay, casos aislados. O serán campañas de desprestigio orquestadas por el enemigo (esos cabrones son capaces de todo, recuerda).
Y quédate con las cifras de manifestantes que mejor te encajen. Ahora siempre dan tres: las de los tuyos, las de la poli (buena o mala, según quién gobierne), y las del enemigo.
Y sobre todo, cree firmemente en la democracia, pero sólo si ganan los tuyos. Si ganan los otros, lo tendrás claro: el pueblo es idiota. Están manipulados o peor: comprados por el enemigo.
Ahora monta en mi taxi y cuéntame sin pudor lo perversos que son los otros. Recuerda que estás en posesión de la verdad.








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