Archivo de noviembre, 2011

Juego de llaves

16 noviembre 2011

- Voy un segundo a la farmacia y ahora vuelvo. Le dejo aquí las cosas.

La usuaria bajó del taxi sólo con su monedero y marchó corriendo a la farmacia. Instantes después, desde las tripas de su bolso, comenzó a sonar un teléfono móvil. En cualquier otra circunstancia lo habría dejado estar, pero ya eran las nueve de la noche y aún me encontraba seco de anécdotas para este blog. Corroído por la ausencia de musas metí la mano en su bolso, saqué el teléfono y descolgué.

No dije nada. Se adelantó la voz de un hombre:

- No vengas a mi casa, Carla. Lo he pensado mejor y he decidido volver a intentarlo con mi mujer. Acabo de hablar con ella y está de camino. Te llamo para advertirte. Lo nuestro no tiene sentido, entiéndelo. En realidad, nunca lo tuvo. 

Ahí colgué. Sobresaltado, volví a meter el móvil en el bolso. Al instante entró Carla con una bolsita de la farmacia. No llegué a distinguir qué contenía.

- Ahora vamos al Paseo de la Habana esquina Castellana – me dijo.

Reinicié la marcha y circulamos en silencio. Su rostro parecía jovial.

Un puñado de semáforos después, al llegar a su destino, Carla me pagó y bajó del taxi con un juego de llaves en la mano. Supuse que serían las llaves de la casa de él, lo cual le añadió cierto suspense al asunto. También me fijé en el llavero: era medio corazón de metal con una ”M” grabada.

Entró en el portal y yo me quedé parado, en el mismo sitio. Algo me decía que apenas tardaría un momento en bajar y buscar otro taxi.

Pero a los cinco minutos, en lugar de ella, salió otra mujer. Y al ver mi taxi, me hizo una seña y subió dando luego un portazo. Tenía los ojos vidriosos y el rímel corrido.

- Al Hotel Urban, por favor.

En esto metió un juego de llaves en su bolso. Su llavero también era el mismo medio corazón de metal, pero con otra letra grabada. En este caso la letra “C”.

Cortometraje basado en un relato del blog nilibreniocupado

15 noviembre 2011

TÍTULO: OTRA EXTRAORDINARIA HISTORIA MÁS.

Cortometraje realizado como práctica final del primer curso de Realización de Audiovisuales y Espectáculos de Cesur Málaga. 

- Dirección: Marco Takashi
- Reparto: Paco Roma, Fran Millán y Patri Fernández
- Guión: Basado en una historia del blog “nilibreniocupado”
- Montaje: Marco Takashi y Jose Carlos Mendoza
- Sonido: Álvaro Guerrero
- Fotografía: Elena Garnés
- Producción: Alejandro García
- Making of: Jesús Moreno
- Cámara: Alexis López
- Subtitulado: Patricia Rueda

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Relato original aquí. // Enlace al video aquí. //Making-of aquí.

Si la calle hablara

14 noviembre 2011

 

Suenan frías esas líneas verdes y azules, discontinuas para más INRI, que delimitan las zonas de estacionamiento regulado. Ahí dibujadas, sobre el cómplice asfalto, parecen la silueta de una ristra de cadáveres dispuestos en fila. Cadáveres de coches ordenados según el color de las líneas: las verdes para los residentes; las azules para el resto de los mortales. En cualquier caso, verdes o azules, ambas son de pago. Como los nichos.

Pero lo más atroz del asunto está, precisamente, en poder distinguir qué coche fúnebre vive por la zona y cuál viene de fuera. Los residentes, incluso, llevan un cartel identificativo pegado en la luna como el que llevan los cadáveres en el dedo gordo del pie. Los foráneos tampoco se quedan atrás: les obligan a sacar un ticket donde aparece la fecha y la hora exacta del deceso.

Si yo fuera alcalde, aparte de gritar: “¡Rockeros: El que no esté colocado, que se coloque… Y al loro!” cambiaría el significado de las zonas de estacionamiento regulado. La idea sería ampliar el abanico de colores: amarillo, rojo, negro, blanco, etc. y asociar cada color a un estado de ánimo concreto.

El conductor alegre aparcaría en zona verde, el enfadado en zona roja, el optimista en zona blanca, el enamorado en zona azul cian y el deprimido en zona negra. Así las calles hablarían por sí mismas según la densidad de coches en cada zona. Y gratis, claro. ¿Quién soy yo para ponerle precio a los sentimientos?

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Nota a pie de urna: ¿Me votas?

Algo se mueve

11 noviembre 2011

Olvídate de ti por un trayecto. Borra tu pasado, tu nombre, tus planes. Apaga el iPhone. No atiendas al taxista, ni le mires. Solo indícale un destino y olvídalo también: él se encarga. Cuando arranque e inicie la marcha, baja tu ventanilla y simplemente viaja. Viaja como follan los ciegos: sintiendo. Deja que el viento te golpee y observa las calles con ojos de absoluta novedad. Observa lo extraña que es la gente. Observa ese edificio y esa luz que parpadea. El cartel de SE VENDE colgado de un balcón con macetas, las estrellas de un hotel, el estreno de otra peli, dos turistas, un camión. Fíjate en las ruedas del camión cómo se mueven. Giran y avanzan, como tú. Y hacen ruido. No te importa el ruido. El viento también lo hace.

Y si quieres llorar, llora; pero jamás te preguntes por qué. Eso nunca. Ni lo ocultes, ¿para qué? El recién nacido no tiene vergüenza, no conoce. Y la gente adulta llora por un pasado que tú no tienes, o por miedo, ¿qué es el miedo?, no lo sabes. Si tú quieres llorar, llora por el simple placer de jugar. De jugar al agua contra el viento. Arrastra, drena, limpia. Siente el frío exacto en los cauces que dejan las lágrimas. Y espera a notar su sabor en tu boca. ¿Reconoces el sabor? Son saladas. Es el ciclo del mar que hay en ti. Piensa en esto.

Ahora no sabes lo que es sentir, pero sabes que te sientes bien. Todo encaja porque no hay nada que encajar. ¿Acaso necesita engranajes el viento para ser viento, o el agua ruedas dentadas? La vida absorta es comprimir el instante, suprimir intermediarios entre tus ojos y el resto.

Y cuando el taxista te señale el destino que olvidaste, cuando reacciones y vuelvas de nuevo a este mundo, contigo también vendrá tu nombre y tu pasado y tus planes. Pero nada será lo mismo.

Debajo del puente de hierro

10 noviembre 2011

Al principio nuestras vidas serán sueños narcóticos. Ilusionantes y adictivas. Pensaré en ti en cada semáforo, en cada atasco, en cada sandwich de atún. Serán lunares tuyos las estrellas, los cambio de rasante tus caderas y mis horas, sin tus horas, puro spam. Y cada vez que te vea habrá un nuevo ERE en la NASA. Y limpiaré mi taxi e iré a buscarte al trabajo cada tarde. Los domingos te llevaré al extrarradio y ahí, junto a los cables de alta tensión, montaremos un picnic con vino y sushi. Y debajo del puente de hierro te besaré, aunque acabe con los labios doloridos. Aunque se oxiden las piedras. Aunque se ahoguen los buzos.

Mil capítulos después, este piloto venderá su taxi. Y con ese dinero montaremos juntos un centro de depilación para ranas. 

Mientras tanto, seguiré dando vueltas. Buscándote allá donde el azar de las calles quiera que estés.

La extraña pareja

09 noviembre 2011

Reconocí al actor. A la actriz también. Tomaron mi taxi en una calle de tantas, me indicaron un destino que a nadie importa y comenzaron a hablar de lo que habla cualquier pareja, de temas cotidianos, de qué más da. El caso es que al mirarles por el espejo comencé a pensar en lo extraña que habría de ser esa precisa mezcla entre lo sentimental y su profesión compartida. Recordé que ambos habían actuado juntos, como pareja de ficción, en alguna que otra peli.

Pensé en lo raro que tiene que ser interpretar un papel de pareja con tu misma pareja, ensayar juntos un amor guionizado distinto al real o incluso besarse y tocarse metidos ambos en las pieles de otros. Y aprender a sentir como sentiría el personaje al que interpretas y besar con sus labios y anular los tuyos. Y jugar a solapar y anteponer un sentimiento ficticio tras el golpe de claqueta.

Imagina que el actor se mete tanto en el guión que acaba enamorándose aún más del personaje que interpreta ella que de ella misma. Imagina que, al acabar el rodaje, regresan juntos a casa y él no puede evitar seguir pensando en esa otra ella de la película. Imagina que acaban, como cada noche, haciendo el amor pero ahora él no puede evitar sentirse culpable, infiel a ella pero no a su cuerpo. Imagina qué sensación dual tan atroz.

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Nota: Absorto como estaba en estos pensamientos, perdí la atención del coche que me precedía y frenó él pero yo no y le di un ligero golpe por detrás. Con el impacto, la actriz se golpeó a su vez contra el respaldo del asiento, apenas nada. Nada grave. Le di mis datos al otro coche y quise disculparme ante los dos confesando mis motivos: Que me distraje pensando en todo esto y que tenía un blog en 20minutos y que su mezcla de ficción y realidad podría ser un buen tema para mi post de hoy.

He de reconocer que me sorprendió la reacción de ambos. Tal vez movidos más por la curiosidad que por el incidente, se mostraron dispuestos a participar en el juego y prometieron entrar en el blog y leerlo. Se lo agradezco de corazón. De corazón real.

La ventana de Johari

08 noviembre 2011

Pese a su avanzado estado de embriaguez, el usuario parecía lúcido, iluminado por la necesidad de darle un denso contenido a sus palabras. Se había sentado a mi lado. Y mientras yo conducía, el joven me hablaba y me miraba muy de cerca, casi auscultando mi rostro. Aun con estas, en ningún momento llegué a sentirme observado o incómodo. Más bien parecía un ángel que olvidó sus alas en el último bar.

Cruzando el Paseo de la Esperanza le dio por hablar de la ventana de Johari:

- ¿Tienes un papel y un boli?

- Ahí, en la guantera – le dije.

Sacó de mi guantera un taco de servilletas de bar (siempre llevo; me gusta su tacto impermeable para escribir poemas) y se dispuso a dibujar y a explicarme cada una de sus partes (foto real):

Según me dijo, la ventana de Johari es una herramienta que usan los psicólogos para ilustrar nuestros procesos de interacción: cuánto de nosotros conocen los demás o en qué grado nos conocemos a nosotros mismos. Todo ello dividido en cuadrantes. Concretamente en cuatro:

  • Abierto o libre: La parte de nosotros mismos que los demás también ven.
  • Oculto: Lo que los otros perciben de nosotros, pero nosotros no.
  • Ciego: La parte más misteriosa del subconsciente que ni el sujeto ni su entorno logran percibir.
  • Desconocido, perdido y oscuro: El espacio personal privado.

Lo importante, añadió, es ser consciente de esos cuatro cuadrantes; tender a ampliar lo que conocemos de nosotros mismos con la intención de reducir al mínimo lo desconocido. Si conseguimos, por ejemplo, que los demás nos describan tal y como ellos nos ven, quizás podamos descubrir cualidades ocultas en nosotros. Te daré un consejo, amigo: Ábrete a los demás y así te conocerás mejor.

Pero lo realmente inquietante llegó después. Al llegar a su destino me tendió el importe del trayecto junto con la servilleta y, antes de bajarse del taxi, se acercó a mí y me dio un beso. Y yo me dejé besar.

F5

07 noviembre 2011

Todo marcha a una velocidad que asusta. Para demostrarlo no hay más que entrar en 20minutos.es, leer de arriba abajo los titulares más destacados y, una vez acabado el repaso, pulsar la tecla F5 (actualizar la página). Verás que en ese intervalo las noticias ya son otras, o al menos las más destacadas habrán sido desplazadas por noticias nuevas o más recientes o más importantes.

Pero esta locura por la inmediatez de la información también se cuela sin querer en nuestra vida ordinaria. En mi taxi, por ejemplo, vivo enganchado a un F5 imaginario. Si circulo por una calle que se me antoja obsoleta, refresco la calle y de súbito dos coches chocan, o comienza a llover, o aparece un malabarista amenizando el semáforo, o me alza el brazo Tarantino.

También tiendo a actualizar las conversaciones que mantengo con los usuarios de mi taxi. Es difícil alargar un tema sin saltar a otros cuando el trayecto es largo. Ahí el usuario y yo competimos a ver quién pulsa antes su F5 y cambia de tema dejando el anterior en la cuneta. Que se lo coman los perros.

Y funciona. Mi F5 funciona con todos excepto contigo. Después de tanto tiempo y tanto esfuerzo, sigo sin encontrar la tecla que actualice lo nuestro, amor.

Carmela y Manuel

04 noviembre 2011

Carmela y Manuel se conocieron en un bar, fruto de las casualidades de la vida. Lo suyo fue un flechazo inmediato, algo inexplicable. Se miraron desde ambos lados de la barra y al momento se quedaron prendados, obnubilados, como víctimas de un hechizo. Fue Manuel quien se acercó a Carmela. Fue Carmela quien besó a Manuel. 

Tras un par de meses de ensueño, Carmela decidió presentarle a sus padres. Acudieron los dos a la casa y, nada más abrir la puerta y toparse con Manuel, la madre de Carmela enmudeció. Se quedó pálida, con sus ojos clavados en los ojos de Manuel. Después sufrió un desvanecimiento y cayó al suelo.

¿Os suena la historia de aquellos miles de niños robados durante el franquismo? Carmela nunca llegó a saber que, con ella, nació también otro gemelo. Pero nada más nacer los dos, su gemelo desapareció en extrañas circunstancias. Los médicos lo dieron por muerto justo después abandonar el paritorio. Sin embargo, sus padres no llegaron nunca a ver ni a velar el cadáver del recién nacido. Sus sospechas fueron cogiendo fuerza muchos años después, cuando los medios comenzaron a destapar casos similares al suyo.

Pero lo más increíble de esta historia es el innato instinto maternal de saber quién es tu hijo sólo con verle por primera vez aun 37 años después. O el instinto invisible de Carmela, de sentirse atraída hacia Manuel porque se gestó a su lado, fueron embriones juntos, compartieron un mismo líquido amniótico, los mismos genes y jugaron con el mismo cordón umbilical. Tal vez Carmela viera en Manuel el espejo de un amor mal interpretado.

Imagina la reacción de Carmela cuando supo que Manuel, en realidad, era su hermano. Imagina la cara de Carmela viajando en mi mismo taxi, absorta del ruido de los coches y del trayecto mismo. Piensa ahora en lo imprevisible que puede llegar a ser el azar.

Correo al blog nilibreniocupado

03 noviembre 2011

Ayer recibí el siguiente correo enviado a través de la pestaña de CONTACTO de este blog. Copio y pego:

Hola Daniel:

Mi nombre es Beatriz y soy lectora asidua de tu blog. Me encantan tus historias y a mi marido Jaime también. Desde hace años teníamos por costumbre leerte en el desayuno. Cada mañana uno de los dos leía tu post en voz alta mientras el otro lo escuchaba preparando las tostadas y el café. Te cuento esto, en pasado, no por casualidad. Desde hace un tiempo ya no te leemos juntos. Resulta que hace unas semanas Jaime se enfadó conmigo por mis constantes halagos hacia tu persona, que si ojalá consiguiera montarme en tu taxi, que si tienes pinta de ser un tío interesante, que si escribes genial, etc. Se enfadó hasta el punto de creer que yo tenía algo contigo. Al igual que la protagonista de muchas de tus historias yo también me llamo Beatriz, y además la descripción que tú haces de ella se asemeja bastante a la mía, ya que también tengo el pelo largo y rizado, los ojos oscuros y, por qué no decirlo, soy bastante “mona”. Por esto Jaime encontró la coartada perfecta para “sospechar” que esos posts estaban dirigidos a mí. El caso es que creo que el mosqueo de mi marido no es más que una excusa que se ha montado él para romper conmigo poniéndome a mí de culpable, ya que sospecho desde hace tiempo que precisamente es él quien tiene un lío con una compañera suya de trabajo. Más que sospechas, estoy 100 x 100 segura. Ella se llama Tamara y tengo pruebas.

¿Por qué te cuento esto? te preguntarás. Pues bien, necesito que me ayudes. Tengo que vengarme como sea de él y darle donde más le duele. Había pensado, si te parece bien, que tú escribieras un post hablando de mí con una foto tú y yo en tu taxi en actitud cariñosa, besándonos o algo, y que luego dijeras que era broma y escribieras a continuación lo de su infidelidad con Tamara. Que te inventaras algo como tú sabes para darle en los morros con su propia medicina. Sé que él te sigue leyendo y también Tamara. Fue precisamente ella quien nos recomendó tu blog. Sería una venganza perfecta. ¿Qué me dices?

Contesta, por favor. Es importante. Gracias de antemano.