No me gusta viajar porque no me encuentro bien. Me obsesionan más las personas que las ciudades donde habitan, más sus emociones que las piedras o los museos o las estatuas o cualquier símbolo del pasado. Amar es renunciar al pasado. El pasado está viciado. El futuro está en el presente. Soy aquí y ahora, y no mañana en el puto Cancún.
Las fotografías me dan miedo. Los retratos me dan miedo. Las biografías son cadáveres formato libro. El origen de todo se encuentra en el asiento trasero de mi taxi (con perdón de los demás asientos). Conduzco un taxi porque no me encuentro bien.
¿Vacaciones? No las necesito. Mi vida está instalada en ellas. Todo cuanto hago me produce placer. Desde que despierto (sin despertador) hasta que mis ganas por biopsiaros a todos me agotan. Y escribir es masturbarse.
Pero llevo masturbándome a diario y sin descanso en este blog desde hace más de cuatro años, agostos incluidos. Y mi psiquiatra me ha dicho que ando falto de calcio. Que necesito pintar mis paredes de dentro y, ya de paso, reparar los golpes de chapa y pintura de mi taxi.
Y por primera vez en cuatro años creo que tiene razón. Necesito ser otro al menos durante un tiempo. Olvidarme de mí y de ti y de nosotros y de vosotros y de ellos. Romper con todo para evitar romperme por dentro. Dedicarme a no ser y a no pensar hasta recuperar el calcio perdido. Y volver en septiembre sediento de pajas literarias. Necesito echar de menos mi blog y mi taxi.
En cualquier caso, podréis usar el espacio de comentarios para mantener vivo este blog. Podéis escribir cuanto queráis. Sacar temas, debatir o follar entre vosotros a través de la palabra. Os cedo el espacio sin censuras ni límites.
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Nota: He pactado con mi psiquiatra volver al blog el día 1 de septiembre. Pero no le he dicho que seguiré en activo en Twitter.











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