Ahora hay otro cuerpo tumbado en mi cama. Está dormida. O muerta. Luce un pequeño tatuaje en la nuca. No reparé en él anoche. Lo cubría el pelo o tal vez fuera mi ceguera. Es un código de barras, con sus líneas verticales y su código numérico debajo. Me pregunto a qué producto corresponderá. Introduzco la secuencia de números en el navegador del móvil: 789.60511.3072.7
Es leche en polvo para bebés.
Busco en la mesilla y en el suelo y debajo de la cama y en el cubo de la basura. No hay condones usados, ni fundas de condones abiertas. Compruebo la caja de 12 del cajón. No falta ninguno. Ella está desnuda. Yo estoy desnudo. Hay manchas brillantes en las sábanas. Sensación de vacío inguinal. Elemental, querido Watson.
Retiro el pelo de su rostro. No conozco su nombre, no sé quién es, pero me suena. Me suenan sus ojos reflejados en el espejo retrovisor de mi taxi. Me suena que parecía deprimida. Me suena un bar. Me suena otro bar. Y un tercero.
Me acerco despacio a sus labios dormidos o muertos. Acerco los míos. La beso. Otro flash-back: en el quinto whisky ella me dijo: ”Necesito sentir algo dentro, que se mueva algo dentro de mí”. Pensé que era una metáfora.
Volteo su cuerpo dormido. O muerto. Apoyo mi cabeza en su vientre. Mi oreja succionando su ombligo. Oigo cosas. Me duermo.











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