Lágrimas 2.0

10 marzo 2011

El usuario (30 años, aspecto casual) tomó asiento a mi lado y me dijo:

- Al aeropuerto, por favor.

Accioné el taxímetro y, nada más iniciar la marcha, sacó un ordenador portátil del maletín, lo situó sobre sus piernas y desplegó la pantalla. Varios tecleos después el hombre soltó:

- Hola, cariño.

- Hola, cielo – dijo el ordenador. Miré de reojo: la pantalla mostraba la imagen de una mujer en videoconferencia (rubia, ojos grandes y azules) y, en su margen inferior izquierdo, un recuadro de mi usuario captado por la webcam de su portátil. Skype, supuse.

- Ya estoy en el taxi, camino del aeropuerto – dijo él a la pantalla.

- ¿Aún en Madrid? – preguntó ella. 

- Sí.

- Déjame ver…

El usuario alzó el portátil y dirigió la webcam del marco de su pantalla hacia la calle.

- Esa es… la calle… mmm… ¿Velázquez? - preguntó ella.

- Sí – dijo él.

- Hazme un favor, cariño. A dos o tres manzanas de ahí, en esa misma acera, verás una pastelería. Tienen las mejores galletas de mantequilla que he probado nunca. ¿Podrías parar un momento y comprarme una caja?

- Sí, claro.

- ¡Genial!

- ¿Conoce la pastelería que dice mi novia? – me preguntó el usuario.

- Sí – dije.

- ¿Con quién hablas? – preguntó ella.

- Con el taxista, cariño.

Detuve el taxi en la pastelería.

- Espera un momento, cariño. No desconectes, que ahora vuelvo – dijo el usuario justo antes de abrir su puerta. Dejó el portátil abierto sobre el asiento del copiloto y se marchó corriendo a la pastelería.

- ¿Hola? ¿Ernesto? - dijo ella.

- No. Ernesto se ha marchado a comprar sus galletas – dije yo de espaldas a la pantalla.

- ¿Eres el taxista? – me preguntó.

- Sí.

- No te veo. ¿Podrías girar la pantalla?

Giré la pantalla sobre el asiento hasta ajustar mi imagen al encuadre de la webcam. Ahí estaba ella con sus ojos azules como platos.

- Hola – dije tímidamente.

- Escucha con atención. Ernesto no puede coger ese vuelo a Sidney.

- ¿Perdón? – dije, confuso.

- Viene a Sindey para instalarse aquí, conmigo, pero ahora no puede ser. Es una historia complicada. No hay tiempo para eso. Te pido, por favor, TE SUPLICO que arranques el taxi y te marches ahora con sus maletas. Llevará el billete y el pasaporte en el maletín del portátil. Siempre lo guarda ahí. Márchate AHORA con sus maletas, por favor. Prometo compensarte – dijo visiblemente nerviosa.

- No puedo hacer eso – dije.

- Te doy 500€. Te los transfiero ahora mismo a la cuenta que tú me digas – comenzó a sollozar.

- No puedo marcharme con sus maletas y su ordenador. Podría acabar en la cárcel por eso.

- 1.000€ – dijo ahora con lágrimas en los ojos.

- Lo siento. Ya viene. Adiós - dije.

Mi usuario regresó con una caja rosa, abrió la puerta, alzó el ordenador, tomó asiento y volvió a colocarlo en sus rodillas. En ese instante ella giró la cabeza para ocultar el rastro de sus lágrimas. Reanudamos la marcha.

- Ya tengo tus galletas, amor. En unas horas podrás comerlas.

- Sí… ¿puedes girar la cámara otra vez hacia la calle?

- Claro – el tipo volvió a girar la pantalla hacia la calle.

- No veo nada. Me da el reflejo del cristal. ¿Podrías bajar la ventanilla?

El hombre bajó la ventanilla y acercó aún más el portátil al borde de la puerta.

Ya en la autopista el aire comenzó a soplar fuerte contra la pantalla. Tremenda imagen: Una mujer, desde Sidney, buscando arrastrar sus lágrimas con el viento de Madrid.

106 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Simplemente me ha encantado.

    11 marzo 2011 | 04:42

  2. Nicolás

    buen comienzo de historia… le faltan varias carillas…

    11 marzo 2011 | 07:23

  3. Me encantan todas tus historias pero te felicito por el relato de hoy. Es perfecto.
    Biquiños,

    11 marzo 2011 | 13:29

  4. Echaba de menos este tipo de post. Increíble!!!

    11 marzo 2011 | 21:54

  5. MYRNA

    Que delicia! ¿Sabes? Te escribo de México. Soy maestra y un estudiante me recomendó tu blog, así que viene a echar un vistazo y me ha encantado. Totalmente libre, real, dejándonos ver a través de tus ojos las historias que quisieramos ver… (aunque están ahí para todos y muchos están(¿estamos?) ciegos.
    Si me permites alguna lectura la compartiré con mis estudiantes.

    14 marzo 2011 | 22:00

  6. Que buenos eres, (cabr…n) Me encanta leer de vez en cuando lo que me haya dejado atrás y siempre hay algo que se sale de lo que uno espera:
    “Una mujer, desde Sidney, buscando arrastrar sus lágrimas con el viento de Madrid”… Simplemente genial.
    Saludos desde Gran Canaria =)

    14 marzo 2011 | 23:34

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