¿Somos felices?
Dejé a mi mujer en la cama, porque desde que está en el paro hemos perdido la costumbre de desayunar juntos, y salí corriendo a la calle. A los diez minutos de aguardar en la parada no había pasado ningún autobús, así que tomé un taxi y empecé a morderme las uñas pensando que ese mes ya había fichado tarde un par de veces. En esto oigo que por la emisora del taxi piden un coche para recoger a alguien en la calle Elfo y pienso para mí que qué casualidad: ahí vive un amigo de toda la vida: Federico. Fuimos juntos al colegio; sacó el bachillerato adelante gracias a mí, que le pasaba todos los apuntes. Luego hicimos la mili en el mismo sitio, aunque él estaba enchufado y enseguida le dieron el pase pernocta, así que no llegó a saber lo que era la vida del cuartel. Más tarde coincidimos también en la universidad, aunque yo no pude terminar los estudios, porque a mi padre, que padecía de los nervios, le dieron la inutilidad permanente y con un sueldo de inútil no llegábamos, de manera que tuve que ponerme a trabajar enseguida. El primer empleo, precisamente, me lo facilitó el padre de Federico, que tenía un almacén de maderas en Hermanos de Pablo. Nosotros vivíamos en la Concepción. Mi madre decía que Federico y su padre se aprovechaban de mí, pero yo siempre he valorado mucho la amistad y no le hacía caso.
Mientras pienso estas cosas, va la señorita de la emisora y dice que el número de Elfo en el que hay que recoger al pasajero es el 56, y yo voy y me río por dentro. También es casualidad: justo el portal de Federico. Hace tiempo que no le veo, pero da igual, somos como hermanos. O sea, que si mañana necesito algo de él, no tengo más que llamarle. En eso se nota la amistad, en que llamas a un amigo al que a lo mejor hace dos años que no ves y sabes que lo tienes ahí, para lo que haga falta. Yo, siempre que Federico me ha llamado, lo he dejado todo para echarle una mano. Le he echado más manos que él a mí, pero no me gusta tener esos pensamientos porque me parecen mezquinos, así que los rechacé y continué escuchando a la señorita de la emisora.
Parece de cuento, pero después de dar la dirección completa va y dice que al señor al que hay que recoger se llama Federico Vara, así que doy un salto en el asiento y grito:
- ¡Mi amigo de toda la vida! Hicimos la mili juntos.
El taxista era un poco antipático y no dijo nada. Yo estaba emocionado. Esa misma tarde llamaría a Federico ‘¿Adónde ibas tú esta mañana en un taxi?’ Estaba gozando por anticipado de la conversación, cuando va la de la emisora y dice que hay que llevar al señor ese de la calle Elfo al número 77 de la calle María Moliner, que es donde vivo yo. Otra casualidad: mi calle y mi número. Empecé a reírme yo solo y como noté que el taxista se revolvía en el asiento, le digo:
- Es que en el 77 de María Moliner vivo yo.
- ¿Y está usted casado?
- Sí.
- ¿Y el tal Federico es amigo suyo?
- Como hermanos.
- Ya – añadió y regresó al silencio.
En ese instante me di cuenta de lo que estaba pasando y me eché a llorar. El taxista, que no era tan malo, me llevó a un bar y me obligó a tomar una copa de anís. Yo jamás había desayunado anís, pero recuerdo que me gustó, por eso estoy tan seguro de que fue ese día cuando comencé a alcoholizarme. Ella, que sigue en el paro, continúa viéndose con Federico a primera hora, cuando yo salgo de casa para encontrarme con la primera botella del día. Los dos (¿o debería decir los tres?) tenemos, pues, una razón para despertarnos. ¿Pero somos felices?
- Juan José Millás -

Yo no te voy a decir lo que opino del paro. Sería demasiado fuerte. Simplemente te digo: vota al PP para tener más clientela en el taxi. Hasta puede que nunca te falte el trabajo y, a lo mejor, también te sobra.
Saludos cordiales
30 noviembre -0001 | 00:00
toma bocadillo de caballa… asi que si votamos al pp tendremos mas trabajo jajaja
30 noviembre -0001 | 00:00
el post iba del paro?¿?¿…era un mensaje oculto?¿?¿
30 noviembre -0001 | 00:00
chica maite, no te enteras de nada….
Post: una que se quedo en el paro y luego se puso a trabajar como streapers y como le iba tambien, compro un taxi y como el pp ganó las elecciones se compro una isla.
ya???
jajajaja
30 noviembre -0001 | 00:00
Joé….acabas de leer mi futuro?¿?¿?¿
30 noviembre -0001 | 00:00
Buen texto, y gran quiebro al final de la historia.
Un saludo.
27 noviembre 2007 | 01:38
Bueno, pobre tipo, ni hablar, para eso es la amistad. Toda mi vida he pensado que casarte es algo malo y más cuando tus amigos te van a pagar de esa manera. Ni hablar.
27 noviembre 2007 | 01:55
Muy buen cameo.. y muy triste la historia.
Creo que somos más o menos felices en función de nuestra inteligencia y/o ignorancia..
Existimos porque piensan en nosotros,dicen.. Aqui somos muchos que te leemos y vemos el mundo por tu luna delantera..
Dani, eres grande..
Un saludo.
27 noviembre 2007 | 02:07
Quiza no mejor, pero si diferente.
PABLITO
“¿Te sirve?xD”
27 noviembre 2007 | 02:47
Muy buen texto. Apuesto a que el taxista eras tú.
Tal vez te guste esto, te paso el link: Ara
Vaya historia tan descorazonadora, ¿y no le dio al hombre por esperar a su “amigo de toda la vida” en su portal una mañana? ¿o quizá por olvidarse algo y volver al rato para pillarles a los dos? No sé… eso de vivir engañado sabiéndolo y mirar para otro lado no es mi estilo…
Un saludo!
27 noviembre 2007 | 07:26