BLOGS
Casi enteros Casi enteros

Casi enteros: un blog sobre los medios de comunicación, la publicidad, su papel en la financiación de los medios, la investigación y otros temas relacionados con todo esto

Entradas etiquetadas como ‘facebook’

¡Que midan otros!

En los últimos meses hemos visto cómo Facebook reconocía una vez tras otra que había cometido errores en la medición de algunas de las variables que ofrece a la industria publicitaria.

Poco después ocurrió lo mismo con Twitter.

Creo que estamos ante un problema antiguo que proviene de los inicios de Internet pero que, no por ser antiguo tiene menos importancia.

La llegada de Internet nos trajo, junto al se puede medir todo una tendencia a inventarse variables abundantes, que no siempre eran las más interesantes, mientras se despreciaban las clásicas de nuestra profesión como la cobertura y la frecuencia, y otra, mucho más peligrosa: cada uno (o su servidor) se mide a sí mismo.

No sé si era más grave el adanismo de creer que el mundo no existía antes de la llegada de Internet o la soberbia de pensar que todo el mundo tiene que creer el dato que tú ofreces sobre ti mismo.

Las Redes Sociales y las Apps, con su filosofía de puertas cerradas, aún han agravado más el problema.

Va siendo hora de que como mercado nos planteemos otra vez la necesidad de que existan terceros reconocidos por el mercado que sean los que miden, o al menos los que validen, los datos que constituyen la mercancía de nuestras transacciones.

Es el momento de reivindicar el papel de las asociaciones del mercado, como OJD o AIMC pero también el de institutos de investigación, como ComScore o Kantar.

Han pasado más de veinte años desde que hicimos las primeras campañas de Internet; no estamos hablando de un nuevo medio. Deberíamos tomarnos en serio ya de una vez hacer las cosas bien también en Internet.

 

(*) Este artículo se publicó en la edición en papel de la revista IPMark correspondiente a enero de 2017.

¿Soy Twitterdependiente?

Primero falló en el ordenador.

Luego tampoco funcionaba en el móvil.

Yo quería publicar un tuit. No sería muy importante porque ahora ni siquiera recuerdo de qué se trataba.

Mapa de calor del ciberataque vivido ayer

Mapa de calor del ciberataque vivido ayer

También quería consultar el analitycs. Los dos últimos días se había celebrado La @ de AEDEMO, un seminario que contribuyo a organizar desde el comité que se encarga de ello. Había publicado muchos tuits y quería saber qué repercusión habían tenido. Habitualmente lo que publico tiene escasa repercusión pero en un día así quizá habían mejorado las cosas.

Una y otra vez veía el mismo mensaje: Servidor no encontrado.

Desconecté y reinicié la wi-fi varias veces, eché pestes contra la operadora, empezaba a ponerme ya muy nervioso y…vi un comentario en Facebook: Mi Twitter no funciona ¿y el vuestro?

Ya vi que no era un problema de mi wi-fi, de mi operador ni de mi ordenador…pero no sé. A lo mejor tengo que empezar a preocuparme.

No tengo edad para empezar con adicciones.

48 años después

Hace poco más de un mes, a finales de agosto, poco después de volver de vacaciones, recibí un mensaje a través de Facebook:

Eduardo, egunon.

Soy Josemari Velez de Mendizabal. Si no me equivoco, estudiamos Preu en el Instituto de Vitoria-Gasteiz, allá por 1966-67.

Sí. Yo recordaba a un Vélez de Mendizábal con el que había tenido muy buena relación durante aquel curso y del que, desde entonces, no había vuelto a saber nada.

Y sí; era el mismo Josemari que yo conocía de aquella época ¡hace más de 48 años!

Edificio del actual Parlamento Vasco en el que estudié Bachiller

Después de aquel primer mensaje cruzamos unos pocos más hasta que este sábado, aprovechando que yo tenía que ir a Vitoria por razones familiares, nos hemos visto. Milagros de Internet y de Facebook en particular.

En estos años a Josemari le ha dado tiempo de dirigir empresas industriales y culturales ( la Sociedad de Estudios Vascos), de fundar una revista vasca en los primeros años de Internet, que sigue con vida 17 años después (cosa nada fácil, como sabemos quienes nos dedicamos a los medios) y hasta de recibir el Celedón de Oro, el máximo galardón que se concede en Vitoria, mi pueblo. Todo en el entorno del País Vasco, del que yo me alejé, para venir a Madrid a estudiar, al poco tiempo de nuestra despedida.

Josemari, al contrario que yo, ya está jubilado, aunque sigue plenamente activo. Él ha escrito en su blog, en euskera, un relato de nuestro encuentro del sábado. Ha tenido el detalle de enviarme la traducción al castellano. Como yo no me veo capaz de contar las cosas mejor de lo que él lo hace le he pedido permiso para reproducir aquí sus palabras. Son éstas:

 

LA PATRIA ESTA CERCANA PERO
Han transcurrido cuarenta y ocho años desde que nos dijimos adiós por última vez, muy seguramente sin llegar a pronunciar esa palabra, y sin sospechar en lo mínimo que no nos volveríamos a ver hasta casi medio siglo después. El pasado sábado nos reencontramos físicamente, tras habernos detectado hace unas pocas fechas en el amplio mundo de Internet.
No sé quién escribió que la patria es el espacio creado por quienes cursan juntos el bachiller. Aceptando esa idea, los compañeros de pupitre de aquel período escolar son compatriotas. Eduardo Madinaveitia y yo coincidimos en el Instituto de Enseñanza Media de Vitoria-Gasteiz, y al término de nuestros estudios en aquel centro nos separamos sin atisbar qué es lo que nos depararía la vida. Cada uno echó a andar por caminos diferentes, cargados con nuestra ligera mochila de diecisiete años de experiencia vital. Anteayer nos volvimos a reunir y tras el emotivo abrazo comenzamos a desgranar nuestro paso por la vida, y hasta hablamos de nuestros respectivos nietos.
Fue una hora de gran intensidad, arañando en nuestros respectivos almacenes de recuerdos, y como no podía ser de otra manera, ya hemos quedado para una próxima ocasión.
¡Qué cercana está la patria y qué poco la conocemos!

El Gran Hermano ya está aquí

Y somos nosotros mismos los que le damos la información.

Ya hay otra nueva edición de Gran Hermano, en esta ocasión VIP (a cualquier cosa se le llama ahora VIP, por cierto). Pero no me voy a referir al programa sino al Big Brother de Orwell, el de la novela 1984 que todo lo veía y tenía un control absoluto sobre los súbditos.

Resulta que las universidades de Stanford y Cambridge han realizado un estudio sobre las características personales que se pueden deducir a partir de la información que cada usuario, cada uno de nosotros, publica en Facebook y ha comparado sus deducciones con las opiniones de  personas allegadas a los estudiados.

Parece un estudio serio, en el que la muestra utilizada es muy grande, más de 86.000 personas.

Los investigadores deducen que los algoritmos utilizados para analizar los me gusta y la información publicada en la red social retratan mejor a una persona de lo que lo hacen sus mejores amigos o incluso familiares tan próximos como la madre.

Esto en principio tiene implicaciones publicitarias (se trata de enviarnos a cada uno la publicidad más adecuada a nuestra manera de ser y a nuestros gustos). En teoría nos molestarán lo menos posible…y nos venderán más.

¡Claro que también podría tener otro tipo de usos más perversos! Sobre todo en sociedades no democráticas o con gobiernos que tienen la tentación de no serlo del todo.

Lo que no imaginó Orwell es que toda esa información no se iba a obtener a partir de las omnipresentes cámaras de su novela (que también: pase lo que pase, donde sea, siempre tenemos las imágenes de las cámaras de seguridad correspondientes). No; en este caso es la propia persona la que ha ido depositando voluntariamente esa información en Internet y dejándola a disposición de quién pueda estar interesado en ella.

¿No es mucho más sofisticado?

El año en que perdí la memoria

¿Ya recuerdas lo que te ha pasado?

No. No recuerdo nada.

¿Recuerdas lo que te pasó ayer?

No. La verdad es que no. Tengo como un hueco en la memoria y no recuerdo nada de ese rato.

Cada vez que entraba un médico o un enfermero eran las mismas preguntas y la misma sensación de impotencia. Por momentos pensaba que si no lo recordaba, nunca me dejarían salir del hospital.

Creo que fue al día siguiente cuando llegó la doctora Escribano y me dijo: no hagas ningún esfuerzo; no te vas a acordar nunca…y no hace ninguna falta.

Pasé ocho días en el hospital y cuatro o cinco más de baja. Luego volví al trabajo. Lo concentré en menos horas para poder hacer una vida más saludable.

Ahora como sin sal (salvo cuando lo hago fuera de casa), procuro andar un buen rato (en torno a hora y media todos los días), hago fotos de mis paseos, intento escribir, aunque no siempre lo consigo…

Mi vida ha cambiado.

Cuando perdí la memoria mi nieto tenía dos meses; ahora tiene algo más de un año; casi anda y no para de chapurrear, aunque aún no se le entiende casi nada. Paso con él mis mejores ratos.

Cuando perdí la memoria mi hija tenía trabajo; ahora es toda una experta en conciliación: ha publicado #mamiconcilia y #papiconcilia y ha lanzado la iniciativa #SalPuntual. Ha salido un montón de veces en televisión y en otros medios y espera que todo eso sea un primer paso en su nueva vida profesional.

Cuando perdí la memoria creo que aún no se había convocado el concurso de Telefónica, un concurso que ganamos, pero que luego nos quitaron y nos dejó con un palmo de narices. Volvimos a ver que hacer el mejor trabajo no es lo más importante cuando otros manejan los hilos de más arriba.

Cuando perdí la memoria quería hacer un homenaje a los panelistas de Vigía y Zenthinela, los dos estudios que diseñé y coordino y que iban a cumplir sus primeras cien previsiones. Aunque al principio parecía que iba a ser casi imposible, ese homenaje se hizo el 26 de noviembre, cuando las previsiones llegaban a 105 y fue todo un éxito.

Cuando perdí la memoria me llegaron cientos de mensajes por Whatsapp, que ya era la aplicación por la que todos nos comunicábamos. Aún no sabíamos que valía 14.000 millones de euros, los que pagó Facebook poco después.

Cuando perdí la memoria España ya era un pozo de corrupción; luego hemos conocido más casos. Entonces aún no habíamos oído hablar de Podemos (yo al menos). Ahora parece que es una alternativa de poder y una esperanza o un revulsivo que hará cambiar las cosas.

Cuando perdí la memoria el Rey se llamaba Juan Carlos y en el PSOE mandaba Rubalcaba. Ahora el Rey es Felipe y el PSOE lo dirige Pedro Sánchez del que yo, ¡seré inculto! no había oído hablar cuando aún no había perdido la memoria.

Cuando perdí la memoria la amenaza terrorista se llamaba Al Quaeda y parecía haberse debilitado. Creo que nadie había oído hablar del Estado Islámico (yo al menos no); los malos en Siria parecían ser los que apoyaban a Al Assad, ahora ya no se sabe si hay buenos…

El año en que perdí la memoria pasaron estas y muchas otras cosas, en el plano personal, en el empresarial, en el nacional, en el internacional… espero que en el año siguiente a mi pérdida de memoria vuelvan a ocurrir muchas cosas que merezcan un hueco en mi deteriorada memoria. Espero, sobre todo, que predominen las buenas.

Eso deseo. ¡Feliz 2015!

Sin publicidad

Últimamente se habla mucho de Ello, la red social que se define como alternativa a Facebook. Sus ventajas: no va a vender los datos de sus miembros y…no va a tener publicidad. Nadie sabe aún de qué van a vivir; cómo van a financiar sus desarrollos, pagar los costosos servidores y los sueldos de sus empleados.

Tras casi tres años de calvario, Leopoldo González Echenique ha dimitido como Presidente de RTVE. La fórmula de financiación que propuso el PSOE para eliminar la publicidad de la televisión pública y que el PP ha mantenido, se ha demostrado inviable. Su sucesor tendrá que reducir la plantilla, cerrar canales, vender edificios…o negociar la vuelta de la publicidad.

Pero ningún gobierno se atreverá a decretar la vuelta de la publicidad. Mucho menos ahora, cuando por la falta de medios de TVE y por otros errores, los informativos de la televisión pública tienen menos audiencia que los de las privadas. ¿Quién se va a atrever a quitarles el caramelo cuando la creencia de que la televisión decide las elecciones está todavía muy asentada?

La publicidad no molesta; molesta su abuso. Pero la insistencia en conseguirla a precios cada vez más reducidos nos ha llevado a una saturación excesiva. Ahora a los publicitarios nos miran mal. Nos lo hemos ganado.

No hemos sabido transmitir el valor que aporta la publicidad a una sociedad que quiere tenerlo todo gratis.

Y el camino de vuelta, si existe, será muy escabroso.

 

(*) Este artículo se ha publicado este mes en la revista IPMark. Lo escribí hace algo más de un mes. Hoy, que ya tenemos nuevo Presidente de RTVE, ya sabemos que uno de los objetivos de José Antonio Sánchez es conseguir que se acepte alguna fórmula para que los ingresos por publicidad vuelvan a la Corporación. Sería bueno para todos.

Perfil en LinkedIn

El mundo de las redes sociales es sumamente complejo y curioso en sus múltiples facetas. Además cambia continuamente.

En Facebook se trata de tener amigos; la amistad es una cuestión recíproca, así que uno acepta a amigos que, a su vez le aceptan a uno. Claro que el concepto de amistad es muy laxo: veo que ahora mismo tengo 579 amigos en Facebook; a muchos de ellos no les he visto nunca y con la mayor parte nunca he cruzado una palabra.

En Twitter se trata de seguir y de que te sigan. Conseguir que te sigan por lo que dices en frases de menos de 140 caracteres tiene su aquel. Además no tienes por qué interesar a las personas que te interesan a ti. Puedes tener muchos más seguidores que el número de personas que te siguen a ti (algo que se puede ver nada más entrar a un perfil). De hecho si el número de seguidores y el de seguidos es muy similar causa mala impresión; especialmente si ese número es muy alto suena a una especie de coleccionismo: te sigo para que me sigas y si no me sigues, dejo de seguirte. Veo que en este momento tengo 1381 seguidores y sigo a 678 perfiles (no sé si me siento capaz de saber qué me interesa desde 678 puntos de vista, pero al menos no parezco un coleccionista de seguidores).

LinkedIn es otra cosa. Dicen que es la red de los contactos profesionales, la que se utiliza para buscar trabajo o para conocer mejor a los candidatos al puesto que ofreces. Los contactos también son recíprocos: si estás en contacto con alguien, él está en contacto contigo. A veces se nota que alguien se ha quedado sin trabajo cuando, tras mucho tiempo sin dar señales de vida, contacta contigo en LinkedIn o te pide una recomendación.

En los últimos tiempos LinkedIn ofrece la posibilidad de validar las aptitudes de las personas con las que estás en contacto. Un buen día te llega un mensaje: fulano ha validado dos de tus aptitudes. Así se va enriqueciendo tu perfil. O no.

Si alguien mira hoy en mi perfil las aptitudes que han valorado mis contactos sabrá que soy un especialista en Marketing Digital y en Publicidad On line, en Planificación de Medios y en Estrategia Digital. No digo que no lo sea: durante varios años dirigí un departamento de Planificación y las primeras campañas digitales en las que participé se remontan a hace diecisiete años (cuando muchos de los actuales gurús digitales aún no habían empezado a trabajar).

Pero mirando ese mismo perfil nadie pensaría que a lo que más tiempo he dedicado, de lo que más sé, es de Investigación de Medios, o que llevo casi catorce años haciendo previsiones sobre Inversión Publicitaria, en lo que creo que soy una referencia en el mercado, o que, con mucha frecuencia, escribo artículos o doy charlas y cursos sobre los temas en los que he trabajado toda mi vida.

Seguro que hay algo que estoy haciendo mal. Menos mal que a estas alturas no tengo que buscar trabajo. Si no, debería dedicar más atención a mi perfil en LinkedIn.

Los intermediarios se comen a los productores

Ayer ZenithOptimedia, el grupo en el que trabajo, publicó su edición anual del ranking mundial de grupos de medios. El criterio para ordenarlos es su nivel de ingresos de medios, es decir los derivados de la publicidad más los otros ingresos que generan esos negocios (los ingresos de circulación de periódicos o revistas, o los ingresos por abonados a la televisión de pago,…).

Un año más el líder es Google, que aumenta la distancia hasta el segundo, al que ahora ya supera en casi un 50%.

Como novedad este año aparecen dos compañías chinas (CCTV en el puesto 23º y Baidu, el competidor local de Google, en el 28º). Todos sus ingresos proceden del mercado local.

Sólo hay un grupo latino entre los treinta primeros, el brasileño Globo. Hace ya varios años que desapareció cualquier vestigio de grupo español.

Con la entrada de Baidu son ya cinco las compañías cuyos ingresos proceden sólo de Internet (Google, Yahoo!, Facebook, Baidu y Microsoft). Entre los cinco acaparan el 67% del negocio mundial en Internet. El informe pone de manifiesto que

“el mercado de Internet pertenece actualmente a los intermediarios (compañías que conectan consumidores con el contenido que están buscando, o consumidores entre sí)”

y deja muy poco para los productores de contenidos.

Aunque en el conjunto del mercado de medios, incluídos los ingresos ajenos a Internet, los productores de contenidos siguen representando la parte mayoritaria (un 79% frente al 21% de los intermediarios) la situación de Internet es paradójica, si bien recuerda a la de otros mercados: quienes facilitan el acceso a los contenidos ganan mucho más que quienes los producen.

Me pregunto cómo ganarían dinero los intermediarios en una situación hipotética (que nunca se dará) en la que los productores de contenidos dejaran de producirlos.

¿Cómo ganarían dinero los mayoristas de frutas si los agricultores no las produjeran?

¿Es más importante la distribución que la producción?

Nuestra sociedad ya ha dado respuesta a esa pregunta. También en Internet.

¡Whatsapp valía 14.000 millones!

Por fin sabemos cual era el modelo de negocio de Whatsapp.

Estaba claro que no podían vivir de los 0,79 euros que se pagaban por la suscripción. Eso no daba ni para pagar el consumo de electricidad de los potentes servidores que se necesitan para mantener vivo este tinglado. Pero los fundadores seguían insistiendo en que su objetivo no era vender, que nunca nos pondrían publicidad y que no venderían sus potentes bases de datos.

Últimamente yo tenía un latiguillo que usaba en muchas conversaciones ¿Sabes cual es el modelo de negocio de Whatsapp? En general mi interlocutor se quedaba boquiabierto y como mucho preguntaba Y tú ¿lo sabes?

Y en el otro lado estaba Facebook, con una enorme liquidez desde su salida a Bolsa, que veía cómo se iban perdiendo algunas de sus características principales: la proximidad, la emocionalidad estaban cada vez más del lado de Whatsapp. Cuando en Zenith, hace ahora un año, hicimos con The Cocktail Analisys, nuestro estudio de Redes Sociales una de las conclusiones más importantes y quizá la que más destacamos Felipe Romero y yo en las presentaciones, fue que Whatsapp, sin ser propiamente una red social, se estaba apropiando de los valores más sociales: los de cercanía, de emocionalidad, de engagement, que inicialmente se asociaban a Facebook.

Yo no soy, sin duda, un usuario típico de Whatsapp (ni de Facebook, claro) en todos los estudios sobre este tema quedaría fuera del universo del estudio, así que contar mi caso es lo que nunca debería hacer alguien que se dedica a la investigación, pero estoy en unos diez grupos de Whatsapp, he chateado en los últimos meses con más de cien personas, las fotos de mi nieto se comparten en algunos de esos grupos y no en la red de Zuckerberg…

Supongo que alguien con cuarenta años menos que yo tiene todos esos datos (salvo el del nieto) mucho más inflados.

Creo que la compra de Whatsapp por Facebook va a ser una de las noticias económicas de este año.

Ahora sólo falta saber qué hará Facebook para rentabilizar esta inversión.

Amnesia

No te esfuerces, Eduardo; de esas horas nunca recordarás nada, me dijo la doctora Escribano. Has tenido una AGT (Amnesia Global Transitoria); mientras transcurre, el cerebro no fija los recuerdos.

Lo de Global parecía muy serio, aunque lo de Transitoria lo diluía bastante. En cualquier caso me había pasado y tenía que afrontarlo.

Entonces la doctora me explicó que este tipo de amnesia es relativamente frecuente (tratamos cientos de casos), que normalmente no deja secuelas y que casi nunca se repite (sólo he visto dos o tres casos de repetición en mi vida). Parecían buenas noticias, aunque la doctora es muy joven y eso reducía en buena medida el valor de su afirmación.

Hay varias teoría sobre la causa próxima de la enfermedad, siguió diciéndome: una, la menos apoyada, es que se producen en el cerebro pequeñas descargas eléctricas, una especie de miniataques epilépticos, que inhiben durante un rato una zona del cerebro; la segunda es que tiene un origen vascular, circulatorio: durante unos instantes ha fallado el riego en algún punto del cerebro; la tercera sería una causa emocional profunda, un fuerte estrés, que bloquea la capacidad de recuerdo.

Yo había revivido con mucha fuerza esos días unos recuerdos muy duros y en un primer momento lo atribuí a esta última causa, sobre todo cuando los primeros análisis y el scanner que me habían hecho al llegar no detectaron ninguna lesión.

Por otro lado, yo no tengo la sensación de estresarme, pero es verdad que el fin de semana anterior no había descansado mucho. Estuve escribiendo el Vigía (hasta tres versiones) y preparando la clase que di el martes en el IED. Pero son cosas que me gustan, manejé bien los tiempos y, como otras veces, no tuve sensación de estrés.

Pero al parecer no tuve la reacción adecuada en una prueba que hacen raspando la planta del pie con una especie de regla y decidieron ingresarme para un estudio más profundo. Así empezaron mis ocho días de hospital en los que fui objeto de todo tipo de pruebas.

Finalmente en la resonancia magnética encontraron dos pequeñas marquitas milimétricas, una en la zona frontal y otra en la occipital. Esta última era la que había afectado al hipocampo y con él a la memoria.

Una subida de tensión, un pequeño coágulo que llega a una zona inadecuada y te pasas varias horas preguntando sin parar  cada dos minutos la hora y quién te ha llevado al hospìtal.

Aunque a esas pequeñas marquitas les llaman microinfartos (lo que vuelve a impresionar una barbaridad) de nuevo insisten en que no son importantes y no tienen secuelas.

Eso sí, son un aviso: a partir de ahora hay que vigilar la tensión, comer sin sal, reducir las grasas, hacer ejercicio…

Sí; desde que nos fuimos a Las Tablas y empecé a coger el coche todos los días hacía mucho menos ejercicio que antes.

Mi mujer y el médico de cabecera me dicen que he tenido mucha suerte, que esto es un aviso y ahora viviré más. Yo, para la próxima vez que tenga suerte, prefiero que me toque la lotería.

Ya llevo dos días fuera del hospital. Los dos he dado largos paseos, he tomado la comida sin sal, he tomado tanto pollo que sospecho que pronto me saldrán alas y me he propuesto salir pronto de trabajar todos los días y seguir dando mis paseos. Veremos si soy capaz de cumplirlo.

Me emocioné cuando, desde la ventana del hospital vi salir a los niños de un colegio. Me emociono aún más estos días cuando durante el paseo veo a mi nieto de dos meses. No me había fijado, pero me parece que este año las chicas llevan las minifaldas muy cortas, me gustan edificios de Madrid en los que hasta ahora no había reparado…

 

He dudado mucho si escribir esto, pero pienso que a lo mejor puede ayudar a alguien. Por otro lado, en mis largas horas de hospital se me ocurrió publicar un tuit (al cuarto día) comentando lo aburridas que se hacen allí las horas (aburridas pese a que cada poco rato entraba alguien a hacerme una nueva prueba, o con una nueva comida, o una nueva tarea; echando cuentas tenía más de veinte entradas al día). Desde entonces, muchas personas se han interesado por mí, sobre todo a través de Facebook. Quizá con este texto les pueda tranquilizar o no tenga que dar muchas más explicaciones.

Para los que preguntan: estoy bien y confío, de verdad, en que la doctora tenga razón y no se repita ni deje secuelas. De momento no las siento.

¡Ah! y gracias a Maite, Malu y Mapi, mis compañeras que se dieron cuenta del problema, me llevaron al hospital y estuvieron conmigo hasta que llegó Maxi, mi mujer. Gracias sobre todo a Maxi que no se separó de mí en esos ocho duros días.