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Casi enteros: un blog sobre los medios de comunicación, la publicidad, su papel en la financiación de los medios, la investigación y otros temas relacionados con todo esto

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Los mil posts y una entrada

Dicen que Las mil noches y una noche era el título real de la recopilación de relatos con la que Sherezade salvaba su vida manteniendo el interés del celoso Harum Al Rashid. O al menos el de una de sus más famosas traducciones; creo que la que manejaba Borges, uno de sus más fervientes defensores.

Así que este artículo se debería llamar Los mil post y un post o, en todo caso, Las mil entradas y una entrada. Veo que cada vez más personas utilizan el español entrada y ese sería el criterio que debería utilizar, si fuera coherente, alguien como yo, enemigo de los anglicismos innecesarios.

El primer día de este blog

Pues sí. Resulta que el de ayer fue mi artículo número mil en este blog, al menos según la contabilidad del propio blog. Siempre he tenido la sospecha de que en cada cambio de plataforma se ha perdido alguno. Pero no está mal: mil artículos en algo menos de los nueve años que cumplirá dentro de poco más de dos semanas.

Al principio había muchos comentarios y yo tenía, más o menos, una idea de la repercusión que tenían mis textos. Ahora los comentarios en el blog son muy escasos: muchas veces no hay ninguno y lo habitual es que haya dos o tres. A veces encuentro comentarios en Facebook pero con el paso del tiempo me resulta complicado relacionarlos con el blog.

Dicen que las redes sociales han matado los comentarios en los blogs. Pero yo sé que esto sólo pasa en algunos, siento que el mío esté entre ellos; en otros se cuentan por cientos. También dicen que los blogs se mueren y yo tampoco lo creo.

Melisa, la jefa de los blogs de 20 Minutos, me dijo una vez que Casi Enteros es, casi, un blog personal. Y lo es en muchos sentidos: incluso cuando toco los temas más profesionales siempre intento abordarlos desde un punto de vista personal. Mi opinión siempre tiene un peso importante en los artículos. Supongo que es porque, de los temas sobre los que opino, tengo opiniones fuertes. Si no es así, prefiero no tocarlos.

Recuerdo que cuando envié mi primer CM Informa, (el boletín que se acabó transformando en Zenith Informa y que ahora, no lo sé, quizá haya desaparecido), Carlos Usandizaga, directivo de una de las empresas del grupo al que pertenecía Central Media, me dijo que la publicación estaba muy bien pero que para futuros números tenía que separar la información de mis opiniones. Creo que nunca lo conseguí. Yo habría sido un muy mal periodista.

Claro que he tocado temas personales. He contado mis pequeñas enfermedades: la vesícula o la amnesia temporal; familiares: la boda de mi hija y la muerte de mi madre, o la reivindicación de mi hermano José Ramón; muchas veces comento mis lecturas, últimamente al menos una vez al mes, siguiendo una recomendación de Melisa; he dedicado artículos a mis amigos de la profesión cuando se han jubilado…o han muerto; o incluso cuando les he visto como una promesa; pero también he dedicado una gran parte de mis escritos a intentar desentrañar esta profesión, la publicidad, la investigación y los medios, a la que he dedicado mi vida profesional.

Alguna vez he pensado en publicar un libro con alguno de los artículos de este blog. Después de este repaso está claro que serían varios libros muy diferentes. No sé a cuánta gente interesarían. Quizá a nadie.

¡1001!

¡Trump! Y otra vez fallaron las encuestas

Mi primera reacción esta mañana al enterarme ha sido pensar: ¡qué desastre!

Luego he recordado mi incursión en el tema americano, mi participación en el programa Millennium de hace unas semanas. Aunque todos los participantes estábamos convencidos de que ganaría Hillary, en varios momentos del coloquio Elvira Lindo insistió en que Estados Unidos no es Nueva York, ni California y en la América profunda el discurso de Donald Trump había calado a fondo en los ciudadanos. También Álvaro Longoria nos decía que el americano medio es machista y racista y por tanto Trump estaba acertando con su discurso.

Donald Trump ¿sorprendente? ganador de las elecciones.

Donald Trump ¿sorprendente? ganador de las elecciones.

Me quedó la sensación de que es muy difícil juzgar lo que puede pasar en un país desde la mentalidad de otro muy diferente.

Hoy esa sensación se ha confirmado: Trump gana en electores y en voto popular. Además no habrá contrapoder en las cámaras: los republicanos ganan también el Senado y la Cámara de Representantes.

Aquí se habían mezclado nuestras percepciones (Trump es un maleducado, xenófobo, machista, racista,…) con la imagen que nos han dado los medios (destacando siempre sus exabruptos) y lo que nos decían las encuestas (en todas ganaba Clinton aunque casi nunca por mucha ventaja).

Otra vez han fallado las encuestas: en el Reino Unido no acertaron que ganarían los partidarios del Brexit; en Colombia no acertaron que ganarían los contrarios al tratado de paz y en Estados Unidos no vieron que Trump iba a ser el ganador. Por no hablar de los fallos en España respecto a la magnitud de las victorias del PP y sobre el posible sorpasso de Podemos sobre el PSOE.

Los que de alguna manera nos dedicamos a actividades que dependen de encuestas o estudios que utilizan procedimientos de muestreo tenemos un problema y debemos analizarlo a fondo.

AEDEMO y las asociaciones profesionales del sector son conscientes de ello. La revista Investigación y Marketing dedicó su último número, casi monográfico a analizar este tema.

Hoy he oído que en las encuestas privadas sí salía ganador Trump y sólo en las que se hacían para los medios y se acababan publicando (en unos medios casi unánimemente favorables a Clinton) el resultado era el contrario. Si esto fuera verdad el problema lo compartiríamos con los medios: los profesionales de la investigación sociológica no deberían prestarse a manipular los resultados de los sondeos con el fin de influir en los resultados.

No sé si ha sido así; sería muy grave.

También puede ser que las encuestas no estén bien diseñadas y se dirijan sólo a la parte de la población más fácil de entrevistar y que esos fueran partidarios de Clinton. Pero ¿todas las encuestas?¿todas las empresas de investigación que en este tipo de estudios se juegan una buena parte de su prestigio lo han hecho mal?

La otra posibilidad es que los encuestados mientan. Por saturación o por hartazgo.

Tampoco debería extrañarnos demasiado: si, una vez tras otra estamos dispuestos a votar a políticos que nos mienten ¿por qué no mentir también aquí?

Eso es lo que puede hacer aún más grave el problema.

Nos llevaría a creer sólo los resultados de estudios basados en mediciones mediante aparatos y no en aquéllos en los que lo que se mide sean opiniones, intenciones o recuerdos.

El machismo continúa en la industria publicitaria

Mi jefa es una mujer.

En los últimos años mi equipo, el que he seleccionado yo, estaba compuesto casi exclusivamente por mujeres.

Siempre he trabajado bien con mujeres; también con hombres. Creo que el género no tiene nada que ver con la calidad del trabajo y muy poco con la actitud. Y ahí probablemente ellas llevan ventaja.

En las últimas semanas se ha reactivado la polémica sobre el machismo en la industria publicitaria. El CEO mundial de JWT, una de las empresas con más tradición en el mercado, fue acusado por una de sus subordinadas (una directiva de alto rango) de machismo y racismo. Tras esa polémica, Maurice Levy, el Presidente mundial de Publicis (el

Maurice Levy, Presidente de Publicis, un grupo en el que el 38% de los directivos son mujeres

grupo al que pertenece la empresa en la que trabajo) hablaba de que el 38% de la alta dirección del grupo está compuesta por mujeres (creo que en España incluso puede que sean más) una proporción que, en su opinión, debería aumentar en una profesión cada vez más femenina. Yo diría que quizá es tan femenina desde hace poco tiempo, o lo es más en los niveles inferiores que en los altos. ¿Es esto un signo de machismo?

Este año habrá una nueva mujer (¡una!) entre los miembros de honor de la Academia de la Publicidad. Yo, que como miembro de la Academia tengo derecho a proponer candidatos, intento cada año proponer tantas mujeres como hombres y no siempre es fácil. Pero estoy seguro de que dentro de unos años será al revés.

No sabemos si hubo comentarios machistas y racistas en la convención de JWT o sólo fueron bromas de mal gusto sobre un tema resbaladizo. Pero cuando uno lo oye suena verosímil, a algo que podría haber pasado en realidad. También aquí.

Y cuando uno ve que el presunto implicado dimite, tras decir que no lo haría, y que el prestigioso bufete de abogados que se ha hecho cargo del caso basa su defensa en el escaso dominio del inglés por parte del protagonista -que hace 25 años cuando uno le conoció presumía de bilingüismo (1)…un bilingüismo que quizá se habrá deteriorado tras años de estancia en Estados Unidos- pues ¿qué quieren que les diga?

En la industria publicitaria seguramente no hay más machismo que en la sociedad.

Pero tampoco menos.

Y tú ¿qué opinas?¿se ha erradicado el machismo de nuestra profesión? O, por el contrario, conoces casos flagrantes de machismo que se puedan contar (aunque sea ocultando los nombres).

¿Y en otras profesiones?¿El periodismo está libre de esa lacra?

(1) Gustavo Martínez es argentino, pero desarrolló buena parte de su carrera en España. Entre otos cargos ocupó la dirección de Central Media Barcelona; momento en el que le conocí.

(*) Este artículo es muy similar al que se publica en el número de este mes de la revista IPMark

soretiritiT: el mundo al revés

Nunca me gustó el teatro de títeres. Supongo que de pequeño no entendía los gritos y las disputas de los Don Cristóbal o los Polichinelas de la obra y el final en el que siempre había alguien a quien molían a palos.

Creo que nunca llevé a mi hija a ver una obra de ese tipo.

Ahora que los famosos titiriteros de Madrid ya no están en la cárcel quiero hablar de un aspecto que creo que no se ha tocado pero que me parece clave: el papel de los medios (y de los políticos, pero ese es otro cantar) en este tipo de asuntos.

¿Cuánta gente vio el cartel en directo?

Confieso que no entendí el juego de palabras del famoso cartel. Cuando vi lo de Gora Alka Eta pensé que no sabía lo que quiere decir alka en euskera; luego pensé en una marca de digestivo y me costó un día llegar a saber que se trataba de una mezcla entre Al Quaeda y ETA.

Supongo que los niños que veían el espectáculo aún entendieron menos y que probablemente a muchos de los padres les pasó algo parecido a lo que me pasó a mí.

Supongo, creo haber leído, que el público asistente no pasaba de unas cuantas decenas de personas. Si no hubiera habido denuncia y el consiguiente escándalo en los medios (el incidente ha llegado a ser portada en prensa internacional, como el Financial Times) sólo unas pocas de esas personas habrían pensado que en la obra se hablaba de ETA o de enaltecimiento del terrorismo. Esas pocas formarían parte del grupo de los que no habían entendido nada: al parecer el cartel lo colocaba un policía corrupto sobre el cadáver de otro personaje (de otro títere) para incriminarle falsamente. Pero eso es lo de menos.

En cualquier caso sólo unas pocas decenas de personas habrían visto ese famoso cartel (famoso y cutre, en mi opinión). Ahora somos millones de personas, incluso de varios países, los que hemos visto ese supuesto enaltecimiento del terrorismo.

¿Era eso lo que pretendían los denunciantes?¿Era eso lo que pretenden los medios que han hecho de altavoces del suceso?

Si de verdad piensas que es un mensaje nocivo; si crees que hace daño a las víctimas (como he leído) ¿qué sentido tiene amplificar millones de veces el efecto del incidente?

Francamente: no lo entiendo.

Que gobierne la lista más votada es inconstitucional

Goebels decía que una mentira repetida miles de veces se acaba convirtiendo en una gran verdad.

No sé si los políticos del PP creían que a fuerza de repetir que tenía que gobernar la lista más votada se iba a convertir en verdad, pero sí parece que ellos se lo han terminado creyendo.

El cabeza de la lista más votada tiene que negociar para gobernar

No parece muy propio de los autoproclamados guardianes de la Constitución defender ideas anticonstitucionales (según nuestra Constitución u nuestro sistema debe gobernar quien consiga más apoyos entre los diputados).

Pero a fuerza de repetir esa idea se la acabron creyendo. Sólo así se explica que más de un mes después de las elecciones no se conozca ningún intento de diálogo con ningún otro partido para conseguir esos necesarios apoyos. Las imágenes que se han publicado de los dos Hernandos (Antonio y Rafael, los portavoces de los dos partidos mayoritarios) cenando uno frente a otro en una mesa pequeña rodeados de otras mesas igualmente pequeñas ocupadas por otras personas, no parecen propias de una negociación política de altos vuelos.

Así se cerró la primera ronda de visitas al Rey sin que éste pudiera proponer a un candidato a la presidencia.

Aunque las declaraciones públicas de los políticos en un periodo como éste no parecen un buen reflejo de lo que de verdad esté ocurriendo, no hay indicios de que el PP haga otra cosa que criticar a las hipotéticas “coaliciones de perdedores”. No parece una buena manera de acercarse a una negociación.

El caso es que lo que las urnas ordenaron (si es que se puede decir así) es, o bien una gran coalición de PP y PSOE o bien una de más de dos partidos que, sean o no perdedores, parece difícil de consolidar.

Esa gran coalición PP/PSOE, seguramente con dos personas diferentes de los irreconciliables Rajoy y Sánchez, no es sólo lo que piden los mercados, es también lo que los electores dejaron como más indicado, en puras matemáticas. Pero para eso hace falta diálogo y una cierta altura de miras. Algo que no parece abundar entre nuestros políticos.

¿Sigue habiendo bombas nucleares sobre nuestras cabezas?

Hoy hace cincuenta años del accidente de Palomares.

A lo largo de este tiempo nos hemos hartado de ver la foto de Fraga y el embajador americano bañándose en aquellas aguas para demostrar que no pasaba nada y que los turistas (el turismo era aún un negocio incipiente en España) podían seguir viniendo sin ningún miedo a bañarse en nuestras playas.

Parece que no era cierto del todo cuando hace tan sólo unos meses los gobiernos español y estadounidense llegaron a un acuerdo para descontaminar un buen número de hectáreas y llevar al desierto de Nevada la tierra con restos de plutonio que sigue habiendo allí, cincuenta años después.

Imagen de archivo del incidente nuclear de Palomares

Por estos días celebramos también una buena noticia: el acuerdo con Irán, que volverá al mercado petrolífero internacional a cambio de parar algunos aspectos de su programa nuclear, algo que no se ha conseguido con Corea del Norte.

El club de los países con bombas nucleares tiene que ser un club de acceso restringido. En mi opinión sería mejor que no existiera, pero esa es otra historia.

Hay un aspecto del accidente de Palomares que yo creo que no se ha tocado demasiado. Hace cincuenta años estábamos en plena guerra fría, sí, pero de las varias guerras calientes que existían en aquel momento la más cruenta era la de Vietnam, a unos cuantos miles de kilómetros de España y de Palomares en concreto.

¿Qué hacían entonces varios aviones con bombas nucleares sobrevolando España, un país aliado de Estados Unidos, rodeado de otros países aliados de Estados Unidos?

Creo que nunca nos lo han explicado.

Todavía faltaban unos cuantos años para la guerra de las galaxias de Reagan y el escudo nuclear permanente y ya había bombas nucleares volando por zonas, aparentemente, sin conflicto.

No sabemos si esa política se paró en algún momento. ¿Tras la caída del muro de Berlín y del bloque comunista?

O quizá sigue siendo una realidad. En un momento el que el riesgo es el Daesh y las pequeñas, o no tan pequeñas guerras que provoca están mucho más cerca que la de Vietnam ¿sigue habiendo bombas nucleares sobre nuestras cabezas?

Envidia de La Marsellesa

No soy muy de patrias, de banderas ni de himnos; soy mucho más de seres humanos, vengan de donde vengan y vistan como vistan, siempre que sean buenas personas.

Pero confieso que ver salir el viernes pasado a los espectadores del Estadio de Saint Denis cantando al unísono La Marsellesa o a las 80.000 personas que ayer la entonaron en Wembley me produjo una emoción inesperada y una cierta envidia. La Marsellesa es un himno que une a un pueblo.

Me imaginaba una reunión de españoles en una situación similar y no les veía cantando un himno. El himno nacional no tiene letra; cuando en algún reciente acontecimiento deportivo en el extranjero lo han puesto con la letra de Pemán los deportistas no lo han reconocido; en algún otro pusieron el himno de Riego, con un resultado peor aún. Por no hablar de las vergonzosas pitadas al himno en recientes acontecimientos nacionales.

La Marsellesa es un himno que nació en la Revolución Francesa, un acontecimiento en el que los franceses se vieron en dos bandos enfrentados y en el que muchos murieron; pero, con el paso del tiempo, acabó representando a todos. No sé cuántas generaciones necesitaron para eso. Es un himno vibrante, con una letra que todos pueden cantar. Pero es un himno que les une en ocasiones especiales.

En España mucha gente sigue identificando el himno con un bando, con un bando que no es el suyo.Han pasado muchos años y varias generaciones desde la Guerra Civil, pero para muchos es el himno de los vencedores. No sé si llegará un momento, o tendremos un himno, en que todos se vean representados, sea cual sea su ideología o su lugar de nacimiento. Sería bonito.

Vivir mata

Esta semana la OMS nos ha asustado con los riesgos de las carnes procesadas. Resulta que consumirlas con frecuencia aumenta el riego de sufris cáncer de colon. Si se analizan los datos resulta que el riesgo aumenta desde un 5% referido al ciudadano medio hasta algo menos del 7% del comedor compulsivo de carne procesada.

Creo que no hay que abusar de nada; estoy de acuerdo con las recomendaciones de hacer una comida variada, que además es más agradable y divertida, pero pienso que incluso en el caso de quienes sólo se alimentan de carne procesada, si es eso lo que les gusta, merece la pena correr el riesgo.

Estoy seguro de que dentro de una o dos generaciones las personas vivirán muchos más años que ahora en condiciones aceptables, pero entiendo mal esta tendencia que sufrimos en los últimos años a prohibirnos alimentos o actividades que hacían la vida más agradable. De momento sabemos que todos moriremos.

Fumar mata. Sí; y en este caso el riesgo de contraer enfermedades mortales es muy elevado.

No es bueno abusar del alcohol pero una copa, unas cañas o unos vinos no van a matar a nadie si no se nos ocurre conducir un vehículo a continuación.

El azúcar es más peligroso que el tabaco, según algunos agoreros.

La sal produce hipertensión y riesgo cardiovascular.

Y así.

Si llevamos esto al extremo acabarán diciéndonos que respirar mata (cada vez que respiras es una menos que te queda para la muerte), o comer mata (con un razonamiento similar).

Vivir mata. Sí. Pero no vivir es mucho peor.

Contra la pena de muerte

Hoy hace cuarenta años se ejecutaron en España las últimas penas de muerte.

Cinco jóvenes, tres pertenecientes al FRAP y dos a ETA, murieron aquella madrugada como último tributo del dictador al régimen y a la ideología que lo había mantenido.

Fue, como se diría ahora, el acta de defunción de la dictadura. Cinco días después, en la manifestación de apoyo a aquella actuación, se pudo ver a Franco por última vez. Allí contrajo la enfermedad que mes y medio después le llevó a la tumba.

Yo tenía entonces más o menos la misma edad que algunos de los ejecutados y una ideología muy distante, tanto de la suya como de la de quienes les condenaron. Pero aquellas muertes, con su claro componente ideológico, me marcaron mucho. Creo que a mucha gente de mi generación le ocurrió lo mismo. Nadie sabe cómo habrían evolucionado esos jóvenes de haber seguido con vida en la nueva España que surgía. Sí sabemos que algunos de los condenados a muerte en el Proceso de Burgos del año 70, indultados y finalmente amnistiados, tuvieron un papel clave en la transición.

La pena de muerte fue abolida poco tiempo después en España y está bien que así sea aunque en algunos momentos, cuando se conoce un crimen especialmente atroz, vuelvan a surgir las voces de quienes la echan de menos.

El Papa Francisco durante su viaje a Estados Unidos

Hace unos días, en la Asamblea General de la ONU, el Papa pidió la abolición en todo el mundo de la pena de muerte. Hasta los peores criminales merecen una oportunidad de rehabilitación.

Eso en uno de los países que en este momento realizan más ejecuciones y donde también se llegan a conocer más casos de condenas erróneas. La pena de muerte, una vez ejecutada, no tiene vuelta de hoja; no hay una segunda oportunidad.

Yo, en esto, estoy con el Papa: creo que hay que abolir la pena de muerte.

Y no viene mal recodar que no hace tanto tiempo que en nuestro país se tomaban este tipo de decisiones irrevocables, con un claro componente ideológico.

Los otros catalanes

Llevo un tiempo resistiéndome a tratar este tema, pero creo que ya no puedo dejarlo para más tarde.

Tengo muchos y muy buenos amigos catalanes; entre ellos alguno de mis mejores amigos, con los que mantengo una excelente relación desde hace casi cincuenta años.

Viví en un colegio mayor la mayor parte de mi carrera en aquellos años (finales de los sesenta y principios de los setenta) en los que nos mezclábamos allí gentes de todos los rincones de España y algunos, pocos, extranjeros. Luego, por mi profesión, he seguido teniendo mucha relación con Cataluña, donde tenían su sede (hace años bastante más que ahora) una buena parte de los grandes anunciantes. Así seguí ampliando mi nómina de amigos catalanes.

Algunos son claramente independentistas, otros muchos son partidarios de seguir en España y de otros no tengo la menor idea de cómo piensan respecto a esta cuestión porque nunca ha salido el tema en nuestras conversaciones.

Yo soy más partidario de las sumas que de las restas, más de las uniones que de las divisiones, pero creo que si de verdad una mayoría amplia de los catalanes quisieran separarse de España, a medio plazo nadie lo podría evitar.

Por eso creo que habría que haber llegado a acuerdos sobre los procedimientos: que nunca se pudieran tomar decisiones tan trascendentales por mayorías de muy pocos votos; que nunca pudiera decidir una mayoría de escaños en un parlamento, sin estar apoyada por una mayoría de votos. Cuando oigo razonar en sentido contrario, no puedo evitar pensar en la mala intención de quien lo hace.

Cuando Más dice que emprenderá el procés si tiene mayoría de escaños incluso aunque no tenga mayoría de votos, está diciendo que va a hacerlo no contra España (o no sólo contra el resto de España) sino contra una mayoría de catalanes que habrá votado a opciones no independentistas.

Sufrimos una generación de políticos mediocres, sin altura de miras. Desde el Gobierno central se ha optado por las amenazas (dando por perdidas de antemano unas elecciones que aún no se han realizado) en lugar de por tender puentes. ¿No sería mejor que la mayor parte de los catalanes se sintieran queridos y vieran las ventajas de seguir compartiendo Estado con el resto de los españoles?

Es curioso cómo, tanto una parte como la otra utilizan argumentos históricos, en los que se mezclan verdades y medias verdades, para apoyar sus argumentos. Como si se estuviera dilucidando el pasado en lugar del futuro.

El caso es que el día 27 todos nos jugamos mucho: quienes viven en Cataluña y quienes vivimos en el resto de España; los catalanes que quieren separarse y los que quieren seguir con nosotros…que no deben de ser tan pocos cuando se ha buscado la fórmula de las elecciones autonómicas plebiscitarias, la fórmula en la que los partidarios de la ruptura tienen más posibilidades de ganar. En las elecciones autonómicas vota menos gente y los partidarios de la independencia tienen más oportunidades de ganar.

Es difícil saber lo que pasará esta vez; es posible que la trascendencia del momento movilice a más votantes…o no. El nivel de abstención puede ser la clave, según las encuestas, como  se puede ver en este artículo de Lluis Fatjó.

Creo que se han cometido muchos errores. Por las dos partes.

Seguramente fue un error decir que se aceptaría, sin discutir, el Estatut que viniera del Parlamento catalán. Fue un error de libro denunciar ante el Constitucional artículos del Estatut que eran iguales a otros aprobados por el PP en otras comunidades.

Creo que fue un error no permitir un referendum con unas condiciones acordadas (hay que ganar, pero no basta hacerlo por un voto; no se vuelve a hacer durante un tiempo,… Quebec y Escocia son buenos ejemplos) pero no se hizo y se sustituyó por una pantomima…que ahora lleva a unas elecciones plebiscitarias, sea eso lo que sea.

Las sentencias del Constitucional, deberían cumplirse, como todas las demás; pero sacar una ley casi en campaña y que la presente el candidato del PP a las autonómicas, me parece una chapuza. Si dos días después de las elecciones se aprueba una Ley para llevar a la cárcel a alguien por cumplir lo que ha prometido en su programa electoral me parecerá una chapuza suprema.

Rajoy y García Obiols

Creo que el del 3% es un problema tan grave como las otras corrupciones que afectan a otros partidos políticos, pero los registros en las sedes de CDC justo en campaña electoral me parecen otra chapuza. Y la independencia del poder judicial sería más creíble si el presidente del CGPJ no fuera siempre del partido del Gobierno.

Creo que las propuestas de boicot a los productos catalanes, que hemos visto tantas veces (y que casi siempre se centran en el cava, olvidando que Josep María Bonet, el Presidente de Freixenet, la marca más representativa, es también Presidente del Foro Marca España y el más firme partidario de seguir juntos) es un error de un calibre difícil de valorar.

Creo que los partidarios del No han dado por perdida la batalla antes de pelearla y por eso amenazan en lugar de tratar de convencer (al menos de que vayan a votar todos los partidarios del No, que yo creo que podrían ser mayoría).

No sé si queda alguna esperanza, pero si es así me alegraría mucho por todos esos catalanes que gritan menos, que se hacen oir menos, pero que son muchos y quieren seguir siendo españoles y llevándose bien con todos nosotros.

Creo que se ha olvidado que esta no es una cuestión entre Cataluña y España sino también, y sobre todo, entre unos catalanes que quieren la independencia y otros que quieren seguir unidos con España.

Deberíamos fomentar los amores y no los odios. Es verdad que hay un antecedente en la Europa reciente de una ruptura sin problemas (la revolución de terciopelo, que separó a Eslovaquia de la República Checa) pero también hemos vivido, en la antigua Yugoslavia y en el extinta Unión Soviética, rupturas sangrientas y que han generado mucho odio.

Ojalá no se rompan los puentes, no se instauren nuevas fronteras donde nunca debió haberlas y nos demos todos cuenta de que vivimos mejor juntos que separados.

Confío en que se repeten las ideas, y los derechos, de los otros catalanes.