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Casi enteros: un blog sobre los medios de comunicación, la publicidad, su papel en la financiación de los medios, la investigación y otros temas relacionados con todo esto

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Siete años y un día

Casi Enteros nació el 3 de enero de 2008. Por estos días se han cumplido ya siete años.

Cuando empecé a escribirlo no creo que se me pasara por la imaginación poder llegar a esto, aunque suelo ser constante en lo que emprendo.

En siete años he escrito cerca de 800 posts (ahora hay colgados 780, pero algunos se perdieron en el cambio de plataforma). Esto hace una media de algo más de 100 al año. Veo que fui más constante al principio y algo más irregular después. En 2014, con 97, me he quedado sólo un poco por debajo de la media.

Esos posts han provocado algo más de 9.000 comentarios (quedan 8.994, sin los que se perdieron en el cambio, que incluían alguno de los posts más comentados). En los últimos tiempos los comentarios escasean. Me dicen que es algo general en los blogs, pero yo sigo viendo blogs con posts que provocan cientos de comentarios.

Sigo sin entender muy bien cual es el mecanismo que hace que algunos temas concentren muchísimas más visitas que otros. De los 75 posts de los que tengo datos sólo 20 superaron las mil visitas, pero uno de ellos (Desaparecen 9 canales de televisión) superó las 21.000 en mayo, probablemente por tratar un tema de actualidad. Aparcahombres, el siguiente por número de visitas (12.350) era un comentario en tono jocoso, que incluso fue tildado de machista, de una campaña publicitaria.

Como casi siempre escribo en fines de semana, que es cuando tengo más tiempo, veo que en mi caso publicar en esos días, cuando el resto de los blogueros de 20 Minutos está menos activo, no es mala idea: muchos de los posts con más visitas los he publicado en domingo.

A veces veo que un tema tiene una gran repercusión en Twitter que sin embargo no se refleja en un aumento en el número de visitas: el post Algo se mueve en la medición de televisión tuvo más de 13.000 impresiones de los diversos tuits en que lo cité y que fue tuiteado 46 veces, se quedó en poco más de 1.900 visitas (que no está nada mal, pero daba la impresión de que podía haber llegado más alto).

En Casi Enteros he tratado sobre todo temas profesionales de publicidad y medios, pero también he comentado algunas de mis lecturas y temas personales, míos o de mi familia. Trato de ser variado, no siempre con éxito.

Ahora, que seguramente tendré más tiempo, espero ser más constante.

¿A Facebook le quedan tres años?

Karsten Gerloff, Presidente de la Fundación de Software Libre de Europa (FSFE) declaró la semana pasada en el País Vasco que Microsoft desaparecerá en cinco o diez años y que a Facebook le quedan tres y se ganó así unos cuantos titulares en la prensa del verano, ansiosa de ellos.

Lo de Microsoft se entiende muy bien; lo lleva en el cargo. Alguien que preside una fundación para el software libre ha de tener a Microsoft como su principal enemigo. Así que concederle cinco o diez años más a una empresa de tecnología en estos tiempos puede parecer hasta generoso. Claro que, muy probablemente, estará confundiendo sus deseos con la realidad.

¿Y los tres años de Facebook? Podría ser, pero yo no lo creo. El fenómeno de las redes Sociales está aquí para quedarse.

Hace seis años la red líder era My Space. Entonces la compró el conglomerado News International, de Rupert Murdoch y comenzó a declinar. No ha muerto, pero sí ha perdido una parte importante de su valor. Este año se ha hablado de su relanzamiento.

Allá por 2008 vivimos un verdadero boom de Second Life; no era exactamente una red social como ahora las entendemos, pero tenía bastantes puntos en común. Ahora ya nadie habla de ella, pero recuerdo que cuando hace algo más de cuatro años escribí un post breve hablando de su posible final, tuve múltiples comentarios de gente que seguía allí e incluso hacía negocios.

Facebook salió a Bolsa el 18 de mayo de 2012 y alcanzó una valoración de más de 100.000 millones de dólares y a partir de ahí el precio de la acción comenzó a descender, dando muestras de que los analistas habían sobrevalorado la empresa.

Ha tenido problemas para adaptarse al creciente mercado de los smartphones, para diversificar su negocio desde la publicidad, incluso para buscar fórmulas publicitarias de éxito. Pero los ha ido solucionando y esta semana la noticia ha sido que volvía a alcanzar su cotización de salida a Bolsa; algo más de catorce meses después.

Ha disminuido el ritmo de captación de miembros para su red, algo lógico si pensamos que ya supera los 1.100 millones en todo el mundo. En el V Observatorio de Redes Sociales, que hemos realizado este año en Zenith junto con The Cocktail Analysis, se veía claramente que Facebook mantiene una posición de sólido liderazgo en España, aunque su uso va a menos en el caso de buen número de los internautas, muy afectado por dos hechos: el crecimiento de Twitter y, sobre todo, la irrupción de WhatsApp que le roba la parte más emocional de los contactos más cercanos y es ahora el sitio dónde se comparten las fotos y vídeos más apreciados. Aunque en Facebook también se pueden hacer grupos reducidos por tipo de relación, parece que se nos fue de las manos cuando admitíamos a cualquiera como amigo y no era raro tener 500 o más amigos en Facebook. Pocas de nuestras fotos, o incluso de nuestras ideas, querremos compartirlas con 500 personas.

Pero en ese mismo estudio se veía que las Redes Sociales pueden ser una buena vía de contacto entre las empresas y sus clientes, algo que estos días vuelve a estar de actualidad como se puede ver en el post de hoy de Bloggin Zenith.

Estoy de acuerdo con el señor Gerlof en que tanto para Facebook como para Google somos productos y no clientes. Esas dos empresas, como Amazon o tantas otras de las líderes de Internet, viven de explotar la información que tienen sobre nosotros, que en la mayor parte de los casos hemos proporcionado nosotros mismos. Pero creo que Gerlof se equivoca en el pronóstico que hace sobre la duración de la vida de Facebook. En mi opinión, el potencial que todavía tiene sin explotar es altísimo.

Veremos.

Londres como turista

Había estado algunas veces en Londres, pero siempre por razones de trabajo, con poco tiempo para ver la ciudad.

Cuando, hoy hace un mes, murió mi madre, Carlos y Usúe, que se casaban la semana siguiente, nos regalaron un viaje a Londres para que, en seis días, hiciéramos una visita turística y además retrasáramos el contacto con la casa de La Ribera donde tantos ratos habíamos compartido con mi madre.

Hemos pasado en Londres la mayor parte de la Semana Santa, con un tiempo espléndido mientras nos contaban cómo en España, según las zonas, pasaban frío, veían nevar, les llevaba el viento, les empapaba la lluvia o, en muy pocos casos, disfrutaban de un tiempo tan bueno como el nuestro.

Una semana en Londres como turista, sin planes (teníamos saturación de información pero no nos dio tiempo de ordenarla) da para mucho y para que te queden muchos sitios sin ver para próximas visitas.

Aunque cada día tomé notas de lo que íbamos haciendo, e hicimos muchísimas cosas, no las voy a utilizar en este post de impresiones.

Dos amigos me habían recomendado los parques; sin duda en este momento, en plena explosión de la primavera, con todos los árboles en flor y macizos de flores por todas partes, los parques de Londres son espectaculares. Y eso que creo que nos perdimos los mejores.

Algo que me ha llamado poderosamente la atención es el fuerte olor a estiercol de caballo que se puede apreciar en casi cualquier sitio. Me sorprendió en una ciudad tan grande. Se ven muchos caballos: el cambio de la guardia, las guardias en sí, policía a caballo en varios sitios…pero no tantos como para justificar un olor que supongo se debe también a su uso como abono.

Otro tema que me ha parecido recurrente es el de la guerra. Toda la ciudad está sembrada de recuerdos a las diferentes guerra en las que los británicos han combatido (y, en general, vencido). En las zonas más antiguas los recuerdos pueden ser de la guerra de los Cien Años, pero en casi todas vemos la guerra contra Napoleón, o cualquiera de las dos Guerras Mundiales. Todo son monumentos y recuerdos a los héroes o a los defensores de la ciudad. Haber combatido con éxito contra otros ejércitos tiene esas ventajas; todos pueden estar orgullosos.

Aunque quizá lo más llamativo es la dedicación exhaustiva al turismo. La que sin duda sigue siendo uno de los centros financieros de Europa y que durante muchos años fue su capital industrial, ha virado claramente hacia el turismo. No creo que haya muchos sitios en un país tan turístico como España más preparados que Londres. Siempre hay alguien dispuesto a ayudar si nota (como es mi caso) que uno tiene dificultades con el inglés. Siempre hay alguien que puede exprimirte algunas libras más por enseñarte algo. El centro de Londres es un continuo de tiendas, pubs y restaurantes donde uno puede dejar su dinero.

Londres es toda una mezcla de culturas y de razas. Pero ahora, en zonas turísticas, predominan las procedentes de pañises musulmanes. Si uno quiere hacer una tesis sobre los diferentes tipos de velos que utilizan los musulmanes para ocultar la belleza de sus mujeres no creo que haya un lugar mejor. Vimos algún burka, pero muchos nicab, hiyab, chador y todo tipo de pañuelos. En el hotel dónde estábamos pude satisfacer mi curiosidad de ver cómo se las arregla una mujer con nicab (que le tapa toda la cara salvo los ojos) para comer en público…Sí; se baja la parte interior hasta situarla debajo de la barbilla y come con, casi, normalidad.

Ya sé que ésta es una visión de Londres diferente de la que se aprecia desde lo alto del London Eye (donde también estuve, por cierto, además de los otros muchos sitios turísticos). Otro día daré esa visión.

Billones y trillones

Los billones y los trillones son cantidades muy grandes, que pocas veces nos encontramos en la vida normal. Los veíamos cuando se hablaba de distancias interestelares y poco más, pero ahora es bastante habitual encontrárselos cuando se habla de economía o de tráfico en internet.

Én español un billón es un millón de millones y se representa por un 1 seguido por doce ceros (1.000.000.000.000); un trillón es un millón de billones, o un billón de millones, si lo prefieren; se representa por un 1 seguido de dieciocho ceros (1.000.000.000.000.000.000) y es una cantidad tremendamente grande.

Nuestro sistema de numeración, y la manera de nombrarlo tiene una lógica bastante sencilla, aparentemente; pero la humanidad ha tardado muchos milenios en llegar a ella: mil miles hacen un millón; un millón de millones hacen un billón.

Pero, como dijeron los astronautas del Apolo XIIItenemos un problema y el problema nos viene precisamente de la patria de aquellos astronautas.

Los norteamericanos, y ahora ya los anglosajones en general, no conocen esa lógica (no nos extrañemos, los ingleses no han visto las ventajas del Sistema Métrico Decimal y siguen midiendo en pies, yardas y millas, que se relacionan entre sí por unos multiplicadores con varias cifras decimales). Así que llaman billón a los mil millones (un 1 con nueve ceros; para lo que en castellano existe una palabra tan fea como millardo) y trillón a nuestro billón.

Así que cuando nos vienen noticias en inglés, si quien las recoge, o las traduce, no tiene cuidado podemos encontrarnos ante grandes barbaridades.

Hoy he leído que el mercado de móviles representará 1,9 trillones de dólares en 2015. Si tenemos en cuenta que el mundo ha llegado hace muy poco tiempo a los siete mil millones de habitantes, eso quiere decir que cada habitante gastará por término medio doscientos setenta millones de dólares al año.

Casi voy a prescindir de mi móvil y con lo que me ahorre me dedico a vivir de las rentas.

La rigidez nos mata

A finales del año pasado, hace ahora un par de semanas leí en El País una noticia curiosa: Nacer a final de año influye en las notas.

Según el artículo, el hecho de que el sistema educativo español tenga en cuenta el año natural de nacimiento perjudica a los nacidos a final de año, que han de convivir con personas que son casi un año mayores y que, por tanto, tienen un grado de maduración más alto. Esto se nota sobre todo en los más pequeños.

Yo estoy seguro de que el razonamiento es adecuado y que se puede aplicar a un porcentaje grande de personas. Pero el contrario también funciona. Conozco muchos más casos, pero voy a contar el que me afecta más de cerca: el mío.

Nací en enero; cuando estudiaba con los de mi edad era de los mayores de la clase.

Aprendí a leer, muy pronto, en el colegio de las Carmelitas donde estudié hasta los ocho años. Allí aprendí también muchas cosas más.

A esa edad entré en el Instituto Ramiro de Maeztu de Vitoria (en el edificio donde ahora está el Parlamento Vasco) en lo que entonces se llamaba escuela preparatoria. Allí nos preparaban para hacer el ingreso de bachillerato. Ese año me examiné de ingreso y saqué matrícula de honor (la calificación más alta que había en aquel momento). Pero como no cumplía diez años (la edad reglamentaria) hasta el año siguiente, tuve que repetir curso.

Siempre he tenido la sensación de que aquel fue un año perdido innecesariamente desde el punto de vista de mi formación. ¡Con la falta que me habría hecho después, cuando ya me encargué yo de perder otros años!

Creo que entonces me perjudicó la rigidez del sistema, que puso una regla administrativa por encima de la lógica. Seguro que a muchos de los nacidos en diciembre les vendría muy bien estudiar con los nacidos el año siguiente, pero no se trata de cambiar las reglas: si se establece una línea de separación siempre habrá alguien que esté en la frontera. Lo lógico es que se atienda al estado de madurez y de preparación de los alumnos. Que pasen curso si están preparados y que esperen si no lo están. ¿No creen?

 

La rigidez es lo que nos mata

 

4 años ya

Este blog cumple hoy cuatro años. El primer post tiene fecha del 3 de enero de 2008. Desde entonces se han sucedido algo más de 600, aunque este año se me han roto las cuentas. No sé muy bien la razón, pero cuando 20 Minutos decidió cambiar de plataforma, desde La coctelera a WordPress, se perdieron algunos post y yo he dejado de recibir estadísticas. Hace un año las entradas pasaban de 500 y con las 92 añadidas se han quedado en 579. Calculo que habré pasado del millón de visitas, pero no lo puedo confirmar. Es una pena. Aunque también se perdieron comentarios, ahora se contabilizan más de 7.600, a pesar de que últimamente ha disminuido el ritmo.

También he disminuido algo el ritmo de publicación. En 2011 escribí 92 entradas, aproximadamente una cada cuatro días, cuando del primer año quedan registradas 181, casi el doble. En realidad, cada año he ido escribiendo un poco menos; conocer el número de visitas era un estímulo que ahora ya no tengo. También noto que desde que estoy más activo en Twitter (@MadinaED) me cuesta más escribir. Muchas de las ideas que desarrollaría en el blog se quedan en el mero titular que representa la frase en Twitter. Seguramente eso ganan los lectores de Casi Enteros.

Cuando empecé hace cuatro años, como un reto personal con Arsenio Escolar, el Director de 20 Minutos, no pensé que aguantaría cuatro años; ahora estoy casi seguro de que no llegaré a cumplir cuatro más, pero para mí ha sido una aventura bonita e interesante, con la que hasta he ganado algún amigo y algún compañero. Seguramente Pedro no trabajaría en Zenith Media si no hubiera existido este blog. Cuando leí los primeros comentarios de Goliat, siempre tan militante y en muchos casos en desacuerdo conmigo, no creo que pensara en que acabaríamos siendo amigos. Ahora echo de menos a Histerias, otro de mis primeros comentaristas fieles, que me envió su primera novela con una dedicatoria entrañable.

Me hace gracia cuando acudo a algunas reuniones con gente del sector que algunos hayan leído el blog, lo conozcan y lo comenten, igual que echo de menos que en mi entorno más cercano casi nunca se produzcan esos comentarios.

Cuatro años ya. Cuatro años de crisis económica, de crisis en el mercado publicitario, que mi empresa, y yo mismo, hemos capeado bastante bien, sin dejar naúfragos por el camino.

A ver si dentro de un año puedo escribir otro comentario como éste, con mayor optimismo.

¿Cómo ha cambiado internet nuestras vidas?

Hoy, 17 de mayo, es el día de Internet.

Hace 20 años, muy poca gente había oído hablar de Internet. Hoy creo que muchos no nos podríamos hacer a la idea de cómo sería ahora nuestra vida sin internet. Había pensado recoger en este post todos aquellos aspectos de mi vida que han cambiado desde que ¡hace ya 17 años! tuve mi primer contacto con aquella internet incipiente y desesperantemente lenta (que, pese a todo, nos parecía un milagro). Pero no caben en un post de tamaño legible, así que me tengo que conformar con algunos. Y eso que, evidentemente, no soy un nativo digital; ni siquiera un usuario avanzado de internet.

Ya casi no recibo cartas, a lo sumo facturas; a cambio una buena parte de mis horas de trabajo las dedico a leer y escribir e.mails.

Tengo mi propio blog (éste) y me he convertido en un minimedio de comunicación que hasta tiene unos cuantos miles de seguidores habituales, muchos de ellos amigos o colegas de profesión. Además puedo ver su reacción si son de los que comentan.

Cuando publico algo se lo puedo contar inmediatamente a mis cientos de contactos en las redes sociales.

Cuando quiero buscar el significado de algo, casi nunca utilizo un diccionario de papel: voy a la wikipedia o a un buscador, que además me permiten enlazar con las empresas o los sitios en los que encontraré más información o incluso podré comprar el producto si lo necesito.

He dejado de estudiarme los periódicos en papel, que compro muy pocos días; pero no tengo la sensación de estar peor informado que antes.

En el plano profesional internet se ha convertido en mi principal objeto de estudio (estudio de Redes Sociales,estudio de Blogs, Net Radar, estudio de eficacia publicitaria en internet) y también en el vehículo de una buena parte de las investigaciones que llevamos a cabo: Vigía y Zenthinela existen porque existe el e.mail, pero hay otras investigaciones (los cuatro estudios de Móviles, algunos de los estudios Touch Points, más de un estudio rápido de notoriedad, The Pool sobre Vídeo en internet, o post tests de creatividad y varios más) que se han hecho a través de internet.

El propio mercado publicitario, en el que trabajo, ha cambiado radicalmente: Internet ya es el tercer medio por captación de inversiones y se prepara para ser el segundo muy pronto. Y es, como medio muy tecnológico pero intensivo en mano de obra, el que más trabajo da actualmente.

Por si fuera poco, internet ha cambiado también la relación entre los políticos y sus electores; creo que en España estamos lejos de vivir una campaña electoral comparable a la de Obama, pero hay un acuerdo general en que internet fue un factor clave en la elección de Obama.

Además está contribuyendo a cambiar el mundo: las revueltas de Oriente Medio, que cambiaron el Gobierno en Túnez y Egipto y que están complicando mucho la vida a otros dictadores en Libia, Siria o Yemen, tampoco habrían sido lo mismo sin la influencia de internet.

En algún momento me he preguntado si en un país con cinco millones de parados y con una juventud sin esperanza no acabaría ocurriendo algo similar. Europa es mucho más conformista; los sistemas de protección social pueden frenar muchas reacciones, el tener un partido del siglo generador de grandes polémicas cada semana puede atontar…y si falla eso tenemos una buena dosis de Belén Esteban, pero…

…el movimiento Democracia real ya acaba de ponerse en marcha. La repercusión inicial no ha sido muy grande ¿o sí? pero esto no ha hecho más que comenzar y no creo que internet tenga menos fuerza aquí que en los países árabes.

Veremos

La reaparición de Jiménez Losantos

Y no estaba muerto, no no,…estaba dándonos caña.

Hace un par de semanas escribí un post en el que comentaba cómo tenía la impresión de que, al menos en mi entorno, Jiménez Losantos había perdido presencia desde que abandonó la COPE para abordar una aventura más personal basada en las concesiones a es.radio (y a es.tv).

Pero se ve que eso sólo ha pasado en mi entorno (y en el de Hernán Zin, que se felicita por ello). El bueno de Federico sigue teniendo una legión de seguidores, muchos de ellos dispuestos a insultar, siguiendo su ejemplo.

Así este blog, que rara vez reúne más de 25 comentarios, llegó nada menos que a los 154. De ellos había 95 favorables a FJL; sólo 36 incluían insultos hacia mi persona (en algunos casos también hacia mis pobres familiares, que no tienen ni idea de lo que escribo).

También se vertieron 39 opiniones contrarias al comunicador de Teruel;en algunas de ellas había insultos, aunque tengo que reconocer que bastantes menos.

En 6 se introduce un debate absurdo sobre la guerra civil, algo que ocurrió hace más de 70 años, de lo que quedan pocos supervivientes que entonces tuvieran uso de razón y que creo que ya va siendo hora de olvidar.

Es curioso que muchos de los defensores de Federico lo contraponen a Iñaki Gabilondo; creo que es difícil encontrar a dos personas con estilos más opuestos.

También me parece curioso que muchos de los comentaristas comparen el grado de conocimiento de Federico con el de este modesto bloguero (al que algunos llaman periodista, cosa que nunca he pretendido ser):

no le conocen más que en su casa a la hora de comer

ya quisiera llegarle a la suela de los zapatos

más quisieras que tener la categoría de Federico

no le conoce ni su puñetera madre

Otra cosa que también me parece curiosa es que para meterse conmigo lo hagan con la empresa para la que trabajo:

De publicidad institucional se vive muy bien ¿verdad?

Y cita tres campañas, curiosamente de tres administraciones de partidos diferentes (PP, PSOE y CiU).

No creo que haya muchas agencias de medios con menos éxito en concursos oficiales, (con seguridad no llegan al 5% de nuestra facturación) pero no deja de ser una visión interesante. Curioso, sobre todo, cuando para hablar de las campañas de grandes anunciantes que se anuncian en los programas de es.radio se cita a varios clientes de Zenith que, eso, sí, trabaja para algunos de los mayores anunciantes del mundo y de España (o sea que supongo que no lo hacemos tan mal).

Pero creo que eso era mezclar la velocidad con el tocino.

Tenía el blog un poco abandonado; algún viaje, algún pico de trabajo… ¿o será que me he vuelto más vago últimamente?

Intentaré recuperar la constancia.

3 años. 700.000 visitas

Hoy hace tres años escribí mi primer post en este blog.

Esta mañana, cuando he recibido el informe de visitas de la semana pasada, he visto que en total pasaba de las 699.000 visitas, más de la mitad conseguidas durante el último año. Seguramente hoy habré pasado ya de las 700.000.

Ya sé que estos números no son muy impresionantes; cualquiera de los grandes blogueros españoles consiguen tanto o más que eso en un solo mes.

Pero este es un blog modesto, dedicado a un tema muy específico, como son los medios de comunicación y a mí me impresiona que nada menos que 700.000 veces alguien se haya dirigido hasta Casi Enteros para ver a qué dedicaba mis reflexiones.

Han sido algo más de 500 post en aproximadamente mil días. Eso dice varias cosas: que he sido bastante constante: más o menos un post cada dos días; o que cada día visitan el blog por término medio unas 700 personas; o que cada post lo han leído aproximadamente (y también por término medio) unas 1.400 personas.

También ha habido cerca de 6.000 comentarios, descontando aquellos que he rechazado como spam; como en esto he sido generoso, no siempre he eliminado comentarios que no tenían nada que ver con el tema que yo trataba y que, en rigor, sí eran spam. Pero con estas reglas tan laxas, cada artículo ha tenido como media algo más de 11 comentarios; aunque muchos no han cosechado ninguno y algunos han pasado de cien (no siempre, he de reconocerlo, los más técnicos).

Lo mejor es que, lejos de disminuir, el ritmo de visitas y el de comentarios, ha ido aumentando cada año.

Me dicen que el fenómeno blog está en decadencia. Yo no lo creo.

En todo caso: Gracias. 700.000 veces gracias. 700.000 millones de veces gracias.

La publicidad funciona

El post de ayer generó un debate interesante. Estaba contestando con mi propio comentario a los que habían comentado, pero he visto que iba a convertirse en un comentario demasiado largo.

Además he visto en el IPMark de hoy un artículo sobre un estudio de Kantar Worldpanel según el cual las treinta marcas de gran consumo que crecieron más en estos momentos de plena crisis y caídas en las ventas aumentaron su inversión publicitaria.

O sea que la publicidad funciona.

Por cierto que, en algún momento de mi vida he trabajado para siete de esas marcas. No está mal.

Pero vuelvo con los comentarios al post de ayer. Me gustaría desatar un debate entre publicitarios sobre lo que hacemos y lo que transmitimos sobre nosotros mismos y sobre nuestro trabajo. No es muy habitual cuando toco temas serios, pero esta vez no ha estado muy lejos.

Evidentemente, sé que tenemos un problema; de ahí la serie de artículos que he dedicado desde hace tiempo a este tema. Cuando leo a Diana: me daría vergüenza tener un hijo publicista (aunque a mí me gusta más llamarnos publicitarios) me da mucha pena y me confirmo en que algo, muchas cosas, estamos haciendo mal.

Y, claro, cuando uno tiene el honor de recibir hasta cuatro comentarios de alguien como Sergio Rodríguez, a quien no conozco personalmente, pero respeto un montón, no puede quedarse callado. Sergio tiene razón: hemos abusado mucho; hemos saturado de publicidad cualquier medio o cualquier lugar en el que pueda ponerse (y muchos en los que no) así que a lo mejor nos merecemos lo que nos pasa. Pero yo no me resigno. Creo que esta profesión todavía está a tiempo de dignificarse.

Puedo estar de acuerdo con Alt: lo que está en crsisis es la sociedad. Pero sin irnos a maximalismos, estamos en una sociedad capitalista de consumo; nos puede no gustar (a mí no me gusta) pero si no tenemos otra, al menos cumplamos sus reglas. Y si para que se mantenga hay que fomentar el consumo, no pongamos la zancadilla a quienes ayudan a fomentarlo. Sí; ya sé que es todo un cúmulo de contradicciones, pero no hicimos la revolución, o las que se hicieron fracasaron.

También Marte tiene su parte de razón. ¡Claro que la creatividad ha vivido tiempos mejores! Y seguro que en esta decadencia también tiene mucho que ver la crisis. ¡Maldita crisis! Nos la encontramos en todas partes.

Y Jako ¿creamos necesidades artificiales? Puede que sí, pero ¿No será que no hemos formado ciudadanos capaces de distinguir entre lo que necesitan y lo superfluo?

¡Qué curioso, Forex y mejores…! Sí la publicidad necesitaría una buena campaña de imagen. ¡Claro! igual que los buenos productos y los buenos políticos…y, como se ve aquí, hasta los buenos depósitos.

La polémica sobre la financiación de los medios, en la que entran Alt, Sergio, Saturno y puede que alguno más, es el tema al que he dedicado más post en este blog y ahora no es el momento de repetirme. Pero sí; la sociedad no sabe lo mucho que le debe a la publicidad y de eso sólo nosotros tenemos la culpa.

No tengo muchas esperanzas pero, si de aquí saliera algún movimiento para conciencienciarnos y trabajar como colectivo en nuestra propia imagen, sería una gran noticia.