Archivo de agosto, 2011

¿Qué pasará tras este duro agosto?

30 agosto 2011

Ya he trabajado dos días después de volver de vacaciones. La pregunta que me hacen, la pregunta que me hago, es qué va a pasar en el mercado publicitario en este último cuatrimestre y, por tanto, cómo vamos a cerrar el año.

Después de un año 2010 que, sorprendentemente, terminó en positivo, 2011 no empezó muy bien, pero se había abierto una puerta a la esperanza. El primer trimestre fue casi plano, o ligeramente negativo. Así que sorprendió que el segundo fuera nefasto. Las previsiones, tanto de Vigía como de Zenthinela, que empezaron el año ligeramente positivas fueron empeorando cada mes. Pero había un sentimiento casi general: estamos comparando con un trimestre muy bueno del año pasado (el del Mundial y la reducción del IVA para los coches) y el último cuatrimestre debería salvar el año.

Pero agosto ha sido un mes tremendamente negativo para la economía. Los mercados (sean lo que sean los mercados) atacaban a las deudas soberanas; y ya no se conformaban con Grecia o Portugal; ahora iban a por Italia o España y hasta en algún momento se temió por Francia. La sensación de que el estado real de las economías era peor del que nos contaban se iba generalizando y llegó al paroxismo cuando los republicanos norteamericanos pusieron a Obama (o sea pusieron a Estados Unidos, el país al que dicen defender) al borde de la quiebra. La sensación es aún más curiosa si se piensa que Clinton dejó al país con superávit y fue Bush hijo el que (disminución de impuestos a las grandes fortunas, Afganistán, Irak y otros conflictos) endeudó a los Estados Unidos.

Las bolsas, ese termómetro de la confianza en las economías, se desplomaban día tras día, marcando nuevos mínimos en valores insospechados sólo unos días antes.

Por si fuera poco, la naturaleza nos sorprendía con desastres (o graves amenazas al menos) en zonas desacostumbradas: nadie esperaba un terremoto o un huracán en el noreste de Estados Unidos, con sus consiguientes paralizaciones de transportes y otras manifestaciones económicas. Pero han ocurrido.

La resolución de la crisis libia, que parece cada vez más próxima, se alarga mucho más de lo que sería deseable. Y no está claro que vayamos a tener una Libia estable en fechas próximas.

En España se vivió primero la renuncia del presidente Zapatero a la reelección, pero sin un recambio claro no se redujo la incertidumbre. Después se nombró, casi a dedo, a Alfredo Pérez Rubalcaba candidato a la Presidencia, pero eso tampoco mejoró las perspectivas. Parecía que lo que se necesitaba era un adelanto electoral, pero cuando a finales de julio se anunciaron elecciones para el 20 de noviembre tampoco fue suficiente. La crisis económica y política parecía no tocar nunca el fondo. Y entonces alguien impuso que se fijara un techo de déficit, algo para lo que hace falta una modificación en la Constitución (cambio que hace cuatro años nos dijeron que era imposible, cuando se trataba de modificar la sucesión a la Corona) y, por primera vez en mucho tiempo, se produce un consenso entre los dos grandes partidos en contra de todos los demás y de una buena parte de la opinión. Habrá que esperar unos días para ver si los mercados se han tranquilizado, pero en la última semana casi no se habla del diferencial de la deuda y de la prima de riesgo.

¿Estamos ante la crisis del capitalismo como sistema? No lo sé. Pero sí que de la crisis ha salido muy dañada la creencia en las posibilidades del crecimiento perpetuo, que venía de la mano de un consumo creciente (cada vez más personas tendrían acceso a más y mejores bienes) y con ello el sistema de marcas que, finalmente alimenta (y se alimenta de) todo el tinglado publicitario.

Cuando era el consumo el que alimentaba a las economías (generando trabajo para la gente e impuestos para las cuentas públicas) la publicidad era la gasolina que ayudaba a impulsar el sistema. Ahora que parece que lo que hay que hacer es denostar el consumo, la publicidad pasa a ser (incluso para ilustres publicitarios como Antonio Caro) la culpable o una parte sustancial del problema.

No tengo claro cual debería ser la solución; pero me da la impresión de que los políticos tampoco lo tienen mucho más claro. Las medidas que se han ido tomando hasta ahora, basadas en la reducción del endeudamiento sin más, han producido más paro y más precariedad, una generación sin esperanza, con fuertes reducciones en el consumo y en el crédito que hace posible apostar por el futuro. Me da la impresión de que menos consumo lleva a menos producción y menos ventas, con ello menos empleo, que a su vez producirá menos consumo y…entraremos en una espiral negativa imparable. Pero ellos saben más, como diría mi amigo José Ramón.

Algunas grandes fortunas (Warren Buffet en Estados Unidos, Maurice Levy y otros en Francia) han propuesto que se suban los impuestos a los ricos, al menos mientras se mantenga la situación de inestabilidad presupuestaria. Sería interesante ver una propuesta así por aquí; sobre todo si se dirigiera a los ricos de verdad y no a quienes ya soportan mayores retenciones en sus nóminas.

Volviendo al tema inicial: ¿qué puede ocurrir en el mercado publicitario en esta última parte del año? De momento todas las grandes compañías están revisando a la baja sus previsiones de crecimiento (que en una buena parte de los países pasan a ser previsiones de caídas). Una buena parte de los anunciantes, los que manejan presupuestos a corto plazo y los que determinan sus presupuestos publicitarios en función de la evolución reciente de sus ventas, van a reducir sus presupuestos publicitarios.

Al comienzo de esta crisis yo manejé una buena cantidad de estudios (la mayor parte de ellos realizados en el Reino Unido por la IPA y en Estados Unidos) en los que se demostraba que en las crisis cíclicas que se produjeron a lo largo del siglo XX, y especialmente en las que tuvieron lugar a partir de la Segunda Guerra Mundial, los anunciantes que mantuvieron, o incluso aumentaron, su inversión publicitaria durante la crisis, vieron aumentar su cuota de mercado y salieron muy reforzados a medio y largo plazo. Hoy he visto que el profesor Tellis, de la Universidad del Sur de California ha publicado recientemente un estudio en la misma línea, analizando la inversión publicitaria en los diversos sectores durante la mayor parte de las crisis del pasado siglo. No sé si estas conclusiones serán válidas en una situación en la que los líderes de opinión atacan al consumo, pero quiero creer que sí.

Pero todo parece indicar que nos espera un último cuatrimestre duro, otra vez, para nuestro mercado.

De todos modos no siempre ocurre lo que parece que va a ocurrir: en 2007, cuando estalló, también en agosto, la crisis de las subprime, que estuvo en el origen de todos estos males, la inversión real en el último cuatrimestre superó a las previsiones. Claro que el batacazo que se produjo después fue mayor.

Sesenta relatos de Dino Buzzati

27 agosto 2011

De vez en cuando también me gusta leer relatos. Esta vez he intercalado con mis otras lecturas el recopilatorio (Sesenta relatos) de Dino Buzzati que también tenía a la espera desde hace algunos años. Esta mañana, cuando ya acaban mis vacaciones, he leído el último.

Hace muchos años había leído El desierto de los tártaros, todo un clásico, que ya da indicaciones sobre las claves de este autor: lo inesperado, lo desmesurado, mezclado con lo más habitual.

No sé muy bien cuando están escritos estos relatos, que el propio autor recopiló en 1958, pero ese más de medios siglo de antigüedad no ha hecho daño a la mayor parte de los relatos; sólo los muy relacionados con la tecnología han perdido actualidad. Pero son los menos.

En la mayor parte de los casos el autor parte de una situación muy normal, que podría ocurrir en la vida de cualquiera de nosotros y se va complicando rápidamente, mezclando con elementos infinitos o interminables. Así en el primero, Los siete mensajeros, vemos un reino sin límites, en el que el heredero del trono trata, sin éxito, de llegar a la frontera. O en el último, El acorazado Todd, el barco más grande del mundo, construído para ganar la Segunda Guerra Mundial, a la que llega tarde y se acaba enfrentando a lo sobrenatural. O Una carta de amor, en el que un funcionario sufre infinitas interrupciones mientras escribe una carta sumamente importante, que finalmente olvida, o…

Casi todos los relatos, muchos de ellos breves (los sesenta relatos no llegan a ocupar seiscientas páginas en total) mantienen su interés. El libro merece la pena.

El cuaderno dorado

24 agosto 2011

En su momento me quedé con ganas de leer El cuaderno dorado. Muchos años después, cuando en 2007 Doris Lessing recibió el Premio Nobel, Maxi me lo regaló. Pero luego se traspapeló en una caja. Cuando volvió a aparecer decidí leerlo este verano.

Me ha quedado la misma sensación que en algunas otras ocasiones: lo he leído fuera de tiempo. Seguro que hace treinta años, con la edad de las protagonistas, me habría gustado más. Ahora la liberación, sobre todo sexual, de la mujer, la formación de los pilotos ingleses para combatir en la Segunda Guerra Mundial, las luchas africanas por su independencia y los avatares del Partido Comunista Británico, me quedan un poco lejos. Sobre todo para un libro de más de ochocientas páginas.

Pero siempre se pueden encontrar situaciones paralelas y aprendizajes interesantes.

Los aspectos formales, novela dentro de novela, cuadernos que recogen ideas que luego se reflejan en otros cuadernos, seguro que fueron novedosos en su día,

No ha sido tiempo perdido.

El día de mañana y los palíndromos

21 agosto 2011

El día de mañana fue mi primera lectura de ficción este verano.

Hace ya muchos años empecé a leer libros de Ignacio Martínez de Pisón, pero últimamente lo tenía un poco abandonado. En la Feria del Libro de este año estaba firmando libros cuando estalló una fuerte (y breve) tormenta. Nosotros estábamos justo en la caseta de al lado; cuando nos acercamos hacia la suya no había nadie. Compré, y me firmó, su última novela: El día de mañana. Es una novela ambientada en los años de la transición española, pero sobre todo es la novela de los ambientes marginales de Barcelona en un momento en el que la extrema derecha y los que apoyaban los cambios se enfrentaban constantemente.

Justo, el personaje principal se acaba convirtiendo en un soplón de la policía, mal visto por los dos bandos.

Se trata de una novela interesante y fácil de leer.

Un asunto que me ha llamado la atención es el peso que en un determinado momento de la novela toman los palíndromos, las frases que se leen (igual que los números capicúas) igual desde delante que desde atrás.

Siempre me han parecido curiosos los palíndromos. Recuerdo, otro verano hace ya muchos años, un relato de Julio Cortázar también cuajado de palíndromos.

Aquí, en El día de mañana, hasta uno de los personajes, Noel León, tiene nombre palíndromo. Su familia se dedica a ir a congresos sobre este tipo de frases curiosas, celebrados siempre en localidades con nombre palíndromo (Polop, Sas, Unanu, Añá…).

Seguramente el palíndromo más acertado es el que se supone funciona como slogan de los congresos: Sé verla al revés.

Otros palíndromos que me han llamado la atención en este libro:

Amo la pacífica paloma.

Adán no cede con Eva y Yavé no cede con nada.

Oígole ese elogio.

Un clásico: Salta Lenin el Atlas.

Uno que parece muy actual: Son robos, no sólo son sobornos.

Otro que anuncia lo que ahora parece un final próximo: Oído ETA, ya te odio.

Uno generoso y romántico: Yo dono rosas, oro no doy.

Y dos que parecen escritos para esos días:

La moral, claro, mal.

Yo social y laico soy.

El día de mañana es una novela entretenida e interesante, que me gustó leer.

Postpublicidad

18 agosto 2011

Me gusta leer. Leo siempre que puedo, pero en verano, cuando tengo más tiempo, leo más. Leo sobre todo ficción, pero también aprovecho para ponerme al día con libros que he ido acumulando a lo largo del año.

Ese es el caso de Postpublicidad, el libro de Daniel Solana que voy a comentar aquí,

Daniel Solana, fundador de Doble You, es uno de los grandes de la publicidad española actual. Probablemente es el primero que se dio cuenta de que internet y lo digital iban a suponer un cambio radical en el ámbito de la comunicación en general y el de la publicidad en particular.

Daniel y su agencia son responsables de algunas de las campañas más emblemáticas que se han realizado en España en esta nueva era. La agencia de viajes interactiva Atrápalo ha basado toda su imagen en los trabajos de esta agencia; varios años sus campañas han sido premiadas en los principales festivales de publicidad españoles. También fue idea suya la campaña aficionado/profesional que empezó ofreciendo un trabajo como bloguero para seguir a Fernando Alonso, cuando era patrocinado por ING. Algún tiempo después una campaña similar (el mejor trabajo del mundo para la oficina de turismo de Queensland en Australia) ganó los principales festivales internacionales.

Postpublicidad es un libro interesante; llama la atención desde la portada, una especie de nube de tags con la mayor parte de los conceptos que se manejan en el libro y sus interacciones. Pero lo realmente interesante es el contenido, un recorrido por todos los aspectos de la nueva publicidad, una crítica, sobre todo, de la publicidad tradicional, la de repetición e invasión.

Solana diferencia entre publicidad diente de león (la que se expande tratando de buscar un sitio dónde asentarse) y la publicidad frambuesa, tan apetitosa que puede esperar a que los consumidores vengan a degustarla. Tras un comienzo en el que  se centra en ese concepto, pasa a hablar de publicidad yin, femenina, que nos acoge, y publicidad yang, masculina, que nos invade. Los siguientes capítulos nos hablan de publicidad comestible, publicidad líquida, publicidad conversada y publicidad social. Todos aspectos complementarios de lo que debe ser una nueva era en la comunicación publicitaria.

Para conseguir los cambios necesarios se debe ir hacia la postagencia. Aquí es donde vemos que casi todo está por hacer: sabemos cómo no debe hacerse la nueva publicidad, cuales no son los caminos que se deben seguir para avanzar hacia el nuevo tipo de agencia necesaria, pero no sabemos muy bien, Daniel Solana tampoco, cómo debería ser la empresa encargada de hacer la nueva publicidad que se necesita para comunicar las marcas en el nuevo escenario más social. Deberemos ir descubriéndolo entre todos. Poco a poco.

Un libro difícil de resumir, pero de muy interesante lectura. Si te dedicas a algo relacionado con la publicidad y quieres seguir haciéndolo en el futuro, no te lo puedes perder.

Caída de la bici

16 agosto 2011

¿Está bien?

Un ciclista que iba algo más atrás se interesa (poco, la verdad; sigue su marcha sin esperar respuesta) por mi estado.

Está; me ha tratado de usted, aquí donde casi nadie lo hace. Se ha dado cuenta de lo mayor que soy. Va a ser que ya no estoy para estos trotes.

Parece que sí, que estoy bien. Es el momento de hacer balance de los daños. El pie izquierdo, que ha quedado enganchado entre el pedal y la bici, parece que no tiene mayores problemas: una ligera magulladura en el tobillo. El brazo y la pierna derechos, el lado hacia el que he caído, están llenos de arena, pero no se aprecian mayores daños. He caído casi parado y no ha habido arrastre. No veo grandes raspaduras. Lo peor parece estar en la parte izquierda del torso: el manillar ha hecho un bonito dibujo en forma de arco entre las costillas. Hoy es rojo; mañana será morado. Respiro hondo; los golpes en las costillas es lo que tienen: no suelen ser graves pero pueden acabar siendo muy dolorosos. Respiro, respiro; no parece que duela demasiado. De momento no me veo ningún otro deterioro. Veremos cómo está mañana.

Toca el turno de ver qué ha pasado con la bici. A diez kilómetros de casa y sin nadie a quien pedir ayuda (Carlos y Joaquín, a quienes podía haber llamado para que vinieran a recogerme, se fueron ayer) poder volver en bici es importante. A primera vista no hay daños graves. Me monto, pero veo que aquello no va. El guardabarros delantero, que ya rompí en otra ocasión, roza con la rueda. Además se ha soltado una de las varillas y golpea con los radios. Quienes me conocen ya saben de mi escasa habilidad. Pero se ve que la avería no es grave; nada que no pueda arreglar con mis manos y un poquito (muy poquito) de fuerza.

Vuelvo pues a la bici y sigo mi recorrido por La Llana.

Hace ya muchos años, unos veinte, descubrí el placer del ciclismo de playa. La Llana, en San Pedro del Pinatar es una playa larga en la que a primeras horas de la mañana es más fácil cruzarse con un ciclista que con un paseante o bañista. Cada día es un paseo diferente; las zonas que ayer estaban duras, por las que mejor se circulaba, hoy son dunas en las que te quedas clavado. Justo eso es lo que me ha pasado hoy: me estaba enganchando en una zona dunosa y al tratar de cambiar hacia la orilla, más húmeda y más dura, la rueda delantera se ha clavado y, bici y yo, hemos caído, una encima del otro.

Este año La Llana está recibiendo un tratamiento de playa natural, lo que hace que se acumulen las algas en determinadas zonas (siempre las ha habido, pero ahora hay más) y que las zonas con arena blanda abunden más. También parece que han dejado de fumigar y hay quien dice que abundan los mosquitos. Esperemos que lo natural no acabe siendo sinónimo de deterioro.

Ahora, tres horas después de la caída, no parece que vaya a haber ningún tipo de consecuencia, aparte del moretón y el dolor en las costillas. Dentro de un par de días los (escasos) paseantes, me verán otra vez por La Llana.

El mundo se hunde

10 agosto 2011

El mundo se hunde…y yo de vacaciones.

Hace un par de semanas reactivé mi cuenta de Twitter, (MadinaED) a la que no había hecho caso desde que me dí de alta para probar, allí por el mes de mayo de 2008.

La frase con la que inicio este post es la única de las que he escrito desde entonces que ha tenido alguna repercusión entre mis, escasos, followers.

Empezar con esto unos días antes de irse de vacaciones tiene algunas ventajas (observar lo que hacen otros, mucho más que hacer uno mismo) pero también algunos inconvenientes: da la sensación de que estás solo en el mundo y además es difícil establecer una línea que luego será imposible seguir.

Estos días los temas dominantes han sido el 15M y sus derivados indignados: la indignación se extendió a Israel, mientras la english revolution ha adquirido unos tintes mucho más violentos. Pero sobre todo la revolución que no cesa, la de la crisis de los mercados y de las deudas soberanas. Que las agencias de calificación (las mismas que hace tres años mantenían la valoración de Lehmann Brothers) se hayan atrevido a rebajar la de Estados Unidos ha sido todo un elemento diferencial.

Releyendo viejos papeles he encontrado un estudio del National Bureau of Economic Research, publicado a comienzos de la actual crisis en el que se llegaba a la conclusión de que los periodos de recesión duran por término medio menos de un año. Analizando las ocho crisis vividas en Estados Unidos entre 1948 y 1981 la media de duración es de 11,7 meses y ninguna había superado los 17 meses.

En este agosto se cumplen cuatro años desde el primer estallido de la crisis actual, lo que entonces llamamos burbuja de las hipotecas subprime, algo que nunca pensamos que nos iba a afectar tanto y a lo largo de tanto tiempo.

En verano uno puede seguir la actualidad a través de varios periódicos y varios noticiarios, pero estoy comprobando que los twits de los amigos también añaden algo.

Estos días he vivido casi en directo el nacimiento de Mia Varsawsky, la hija de Martin Varsawsky (no le conozco personalmente, aunque durante bastante tiempo trabajé para él: los lanzamientos de Jazztel y de ya.com se hicieron desde Zenith). ¡Enhorabuena, Martin! También estoy viviendo casi en directo la puesta en marcha de Ideonomia, la empresa que lanzaron hace poco dos buenos amigos (con estos he trabajado).

Marcos de Quinto está en plena campaña en favor de la formación de los ciudadanos. También puntualiza: estábamos muy felices con eso de que el capitalismo es el sistema menos malo y se nos olvidó seguir mejorándolo. Y también: lo peor de lo que está pasando es que no sabemos lo que está pasando y por qué está pasando.

En una línea similar Mario Tascón afirma: Tenemos que empezar a trabajar en el mundo que queremos para nuestros hijos, no sólo en salvar viejos trastos.

Incluso he visto ya en Twitter alguna oferta de trabajo, seguro que muy apta para alguien más joven que yo.

Hay un cierto movimiento (que yo interpreto en contra) sobre el Estado del Bienestar: Yo pago por cosas que no uso y otros usan cosas que no pagan. Pues sí, a lo largo de la vida hay momentos en que no necesitamos cosas por las que pagamos, pero podemos necesitarlas cuando ya no podemos pagarlas. Yo creo que eso es bueno y deberíamos lucha para mantenerlo.

Periodistas 21 ha estado muy pendiente de la movilización cidadana que se ha vivido en Londres para contrarrestar los disturbios.

Juanjo Azcárate promueve el contrato a tiempo parcial, la conciliación y la participación femenina (son más y mejores autónomas).

Creo que este verano, estos últimos años, nos estamos jugando mucho. No podemos perder de vista lo que pasa.