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Entradas etiquetadas como ‘violencia sexual’

Ellas dan la nota

Por Nuria Coronado

Para quienes hacen oídos sordos a la violencia machista día sí y día también. Para quienes creen que la desigualdad y la discriminación son inventos de feministas trasnochadas. Para esos hombres y mujeres que dan la espalda a que tengamos los mismos derechos, el grupo de cuatro artistas Ellas dan la nota compuesto por Cristina del Valle, Mercedes Ferrer, Aurora Beltrán  y Estela María, lleva quince años subiéndose a los escenarios de medio mundo para decir basta.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Y lo hacen como mejor saben: entonando voces, afinando acordes, arrimando el hombro a ritmo de melodías. ‘Somos un grupo de mujeres artistas que a través de la música denunciamos la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo y en cualquiera de sus formas Con nuestras actuaciones tratamos de concienciar que un sociedad desigual es una sociedad enferma que acabará agonizando y provocando por el camino demasiado sufrimiento entre los millones de mujeres y niñas que la padecen’, dice Mercedes.

Para estas cuatro cantantes unir sus voces es hacer frente a lo que tanto duele y sin embargo se ignora. ‘Cantar es curar heridas, es llegar a través de la cultura y de la música al corazón y a la sensatez. Cada canción es un bálsamo, una pomada que cierra heridas y cambia conciencias. Es la mejor manera que tenemos para provocar y promover un Pacto de Estado contra la violencia machista’, añade Ferrer. Y es que con sus canciones pretenden borrar el mapa de la vergüenza de nuestro país y dibujar el del orgullo femenino. ‘A nosotras nos importa que cada año un centenar de mujeres sean asesinadas en España, que más de 1.000 mujeres sean violadas, que 500.000 sean traficadas sexualmente o que más de 400 se suiciden teniendo detrás un cuadro de violencia cada año, cifras que jamás aparecen en los datos oficiales’, subraya la cantante.

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La mancha negra de los cascos azules en el corazón de África

Por María José Agejas

Cada nuevo caso de abusos por parte de los Cascos Azules en la República Centroafricana causa una gran indignación y mucha tristeza entre los centroafricanos y entre los que integramos la comunidad humanitaria en este país.

Los militares y policías de la MINUSCA han salvado incontables vidas desde su llegada al país en abril del 2014. Eso nadie con sentido común lo duda. Su presencia aquí es extremadamente necesaria, puesto que las fuerzas de seguridad nacionales, tanto militares como policiales, no son capaces todavía de defender a la población. A pesar de la firma de los acuerdos de paz  en 2014 los grupos armados siguen en buena parte activos y la proliferación de armas ha extendido la violencia hasta al último rincón.

Miembros de la misión de cascos azules trabajando en República Centroafricana. Imagen: un.org

Miembros del contingente de cascos azules trabajando en República Centroafricana. Imagen: un.org

Y sin embargo, los casos de abusos sexuales emborronan el expediente de esta misión. Sexo a cambio de algo de comida o unos céntimos, violaciones individuales o colectivas, contra niñas, niños y mujeres… Son algunas de las acusaciones  que, por ahora, no han llevado que se sepa a la cárcel a ninguno de sus perpetradores. Los países a los que pertenecen los contingentes, y no la ONU, son los encargados de juzgar a los presuntos autores.

Las víctimas son en su mayor parte chicas menores que viven en la pobreza más desoladora. Ahora sabemos que, además de ser víctimas de explotación y abusos sexuales por parte de algunos elementos de los cascos azules en República Centroafricana,  no reciben la asistencia debida.

Son raramente informadas de sus derechos, y son empujadas a testificar incluso aunque eso podría afectar gravemente a sus vidas, estigmatizándolas en el seno de sus comunidades’.  Es parte del texto de una carta que  24 ONG internacionales presentes en la República Centroafricana han escrito a Jane Holl Lute, la nueva coordinadora nombrada por Ban Ki Moon para mejorar la respuesta de la ONU a la explotación y los abusos sexuales.

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Violencia sexual: ¿La culpa es de la víctima, señor juez?

Por Tania Sordo Tania-blogRuz 

Si ya de por sí es grave tener conocimiento de casos de violencia sexual hacia mujeres y niñas en todo el mundo, resulta devastador escuchar comentarios que justifican estas agresiones culpándolas a ellas, ya sea por su forma “provocadora” de vestir, por su conducta “poco apropiada”, por salir de noche, o por beber, entre otras presuntas ‘razones’. Estas afirmaciones que se comete en su contra, mientras justifican las agresiones y a los agresores (cuando el único responsable es quien comete el crimen y las autoridades deben investigar y sancionar los delitos).

Pintada en un muro en Berlín. Imagen de Women's link Worldwide.

Pintada en un muro en Berlín. Imagen de Women’s link Worldwide.

Asimismo, es indignante cuando nos enteramos de que ellas acuden al sistema judicial buscando protección, justicia y reparación y lo que se encuentran son decisiones judiciales basadas en prejuicios, mitos y estereotipos que les trasladan la responsabilidad de lo sucedido. Esto continúa sucediendo en distintos países del mundo, ya que sin importar los diversos sistemas políticos o tradiciones, seguimos teniendo conocimiento de decisiones judiciales que en lugar de proteger los derechos de las mujeres, van en contra de ellos.

Por ejemplo, a finales de 2015 en Reino Unido, un tribunal exculpó a un hombre multimillonario de la violación de una mujer joven admitiendo el argumento de que él no la violó, sino que se tropezó y la penetró “accidentalmente”. Por las mismas fechas, en España, el Tribunal Supremo absolvió a un hombre acusado de abusar sexualmente de una joven de origen peruano sosteniendo que los abusos no se podían comprobar a “ciencia cierta” y que además podía haber una motivación económica en la denuncia ya que “al tipo de cambio en su país de origen” significaría un “inesperado ingreso de dinero” para ella. En Canadá, en un caso de violencia sexual hacia una mujer que vivía en la calle, el juez le preguntó ¿por qué no pudiste mantener las rodillas juntas? Y absolvió al acusado, al que le dio consejos de cómo “tratar gentilmente a las mujeres” (posteriormente un tribunal superior ordenó un nuevo juicio para este caso por los estereotipos utilizados por el juez).

Todos estos casos tienen en común el uso de mitos sobre la violencia sexual, estereotipos sobre las víctimas de esta violencia y prejuicios de género contrarios a los derechos humanos en el razonamiento de las juezas y los jueces, quienes como personas que viven en sociedades que históricamente han discriminado a las mujeres por ser mujeres, no se encuentran exentas de tener ideas preconcebidas de lo que significa ser una mujer en la sociedad y el comportamiento que consideran que ellas deben tener. Estas decisiones justifican a los agresores y culpan a las víctimas de esta violencia.

Las autoridades y los sistemas de justicia no pueden trasladar la responsabilidad a las víctimas y sobrevivientes de las distintas manifestaciones de las violencias machistas, ya que esto se traduce en impunidad y la impunidad genera más violencia. Es necesario que las personas que intervienen en estos casos tengan una formación adecuada en donde la clave estará en aplicar una perspectiva de género y en poder detectar las ideas preconcebidas sobre cómo se cree que debe ser una víctima ideal, para desmontar los mitos, estereotipos y prejuicios que impiden el acceso de las mujeres a la justicia.

También es importante que como sociedad tomemos conciencia de lo que ocasionan las ideas que culpan a las víctimas y justifican a los agresores, ya que estas no deben ser minimizadas, no son simples palabras o ideas, sino que tienen consecuencias brutales y generan un imaginario social negativo que impide que avancemos hacia la igualdad de género. De manera especial, cuando estas ideas y mitos se encuentran en decisiones judiciales, es necesario hacerlas visibles debido al impacto tremendo que tienen en la vida de las mujeres, y con ellas, de toda la sociedad de la cual son más de la mitad.

Si conoces decisiones judiciales de cualquier país del mundo igual de indignantes y discriminatorias que éstas, las puedes nominar a los Premios Género y Justicia al Descubierto 2016 hasta el 18 de abril aquí.

Tania Sordo Ruz es abogada de Women’s Link Worldwide 

Caddy Adzuba: el verdadero precio del coltán

Por Júlia SerramitjanaJulia Serramitjana

Caddy Adzuba empieza lanzando el siguiente dato: cada día 40 mujeres son violadas en su país, la República Democrática del Congo. La cifra me entra por los oídos, la proceso y me va directamente al estómago.  ¿Lo he oído bien? Sí, 40 mujeres al día. ¿Por qué?

Caddy tiene un año más que yo. También es periodista. Trabaja para Radio Okapi, una emisora de la Misión de Naciones Unidas. Está amenazada de muerte desde que denunció la violencia sexual que sufren las mujeres de su país, en guerra desde 1996. Ha estado a punto de morir asesinada en dos ocasiones. A pesar de ello, sigue trabajando para dar a conocer esa realidad. Conozco a pocos periodistas de mi edad con una trayectoria y valentía como la suya.

Sigo repasando su biografía mientras la escucho durante el III Foro Internacional DevReporter en el que se debatió si el periodismo es un estímulo o un obstáculo para la comprensión global del mundo. Los datos sobre su país van cayendo en mi estómago: más de 25 años de guerra, el conflicto que más víctimas mortales ha provocado desde  la Segunda Guerra Mundial.  Miles de mujeres violadas. Y, aún así, el silencio mediático sigue imperando. ¿Por qué?

Caddy Adzuba (dcha) junto a la periodista Montse Santolino en el Foro DevReporter celebrado en Barcelona. (c) Bibian Escudero

Caddy Adzuba (derecha) junto a la periodista Montse Santolino en el Foro DevReporter celebrado en Barcelona. (c) Bibian Escudero

Ella sabe mucho de esto. Como fundadora de la red ‘Un altavoz para el silencio’, es perfectamente consciente de que lo que no se visibiliza no existe a los ojos del mundo, anestesiado por unas coberturas mediáticas  superficiales y centradas sólo en la catástrofe y el desastre.

Desde su perspectiva como periodista, Caddy cree que nos falta profundización en temas tan complejos. “De la República Democrática del Congo sólo os llega que nos hemos matado los unos a los otros”, afirma.

Allí, a las poblaciones se las ha infra-informado con intenciones perversas. Es difícil acceder a la información, cuenta Caddy. Pero aquí no tenemos excusa: “Estamos muy decepcionados de cómo os llega la información desde allí”, sentencia.  Estoy de acuerdo, tenemos que superar la cultura del desastre.

El conflicto que vive el país está causado en gran parte por controlar los yacimientos de coltán, un mineral clave en las nuevas tecnologías como los teléfonos móviles. Las violaciones y abusos a mujeres llevadas a cabo por los combatientes han sido utilizadas como arma de guerra por todos los grupos implicados. Una realidad compleja y difícil, que los periodistas tendemos a simplificar como un mecanismo para afrontar la complejidad.

Caddy termina su charla. Salgo del auditorio. “¿Qué hacer ahora con toda esta información en el estómago?”, pienso.  Del 22 al 25 de febrero se celebra el Mobile World Congress en mi ciudad, en Barcelona. Cada año las portadas de los diarios, las radios y las teles abren los informativos explicando el lleno descomunal de hoteles y el gremio de taxistas aparece en los medios explicando que no dan abasto. Poco más.

¿Qué tal si abrimos el foco y hablamos en los medios de cómo la guerra provocada por el coltán, el mineral esencial para fabricar los móviles que usamos acaba causando que 40 mujeres al día sean violadas en otra parte del mundoEl famoso efecto mariposa.

Caddy vino a recordárnoslo un día de febrero, pero ahora nos toca a nosotros desde aquí seguir repitiéndolo e insistiendo para que se visibilice esa realidad.

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

¿Cómo abolir un sistema que prostituye?

Por Rosa Moro Rosa Moro

‘La prostitución no es un trabajo, es violencia sexual y sexista, porque además de la realización de actos sexuales por obligación, física o económica, la prostitución se inscribe en una tradición patriarcal que pone a las mujeres a disposición de las supuestas necesidades sexuales irrefrenables de los hombres.’

El director ejecutivo de la Coalición Internacional para la Abolición de la Prostitución, CAP, Grégoire Théry, lo dijo así de claramente la semana pasada en Madrid, cuando vino para participar en la Jornada Internacional sobre Prostitución y Trata organizada por la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres.

Este politólogo tiene una larga experiencia en la lucha por la ilegalización de la prostitución, como miembro del Mouvement du Nid, (Movimiento del Nido), en Francia, del que es Secretario General.

Fotograma del documental 'Chicas nuevas 24 horas', de Mabel Lozano.

Fotograma del documental ‘Chicas nuevas 24 horas’, de Mabel Lozano.

Desde su posición, Grégoire es uno de los mayores impulsores del proyecto para la abolición de la prostitución iniciado en Francia. ‘La abolición del sistema prostituidor no es una utopía’ defiende, ‘La abolición de la esclavitud, hace 150 años, no ha erradicado todavía las situaciones de esclavitud, pero ha establecido un nuevo consenso social que permite tomar todas las medidas oportunas para luchar contra la esclavitud y proteger a sus víctimas. Con la prostitución pasa lo mismo’.

En una de sus intervenciones en la Jornada Thery comparó a las supuestas prostitutas voluntarias con los esclavos que afirman que aceptan “voluntariamente” trabajar por un ínfimo salario, o las personas que venden un riñón “voluntariamente” por dinero. Su situación de vulnerabilidad social, económica y/o psicológica aboca a estas personas a una única salida que jamás hubieran elegido de haber tenido otras opciones.

Para él, la abolición de la prostitución no es un fin, sino un punto de partida que permita trabajar de forma coherente en la política global, ya que esta forma de violencia, es un obstáculo insalvable para la igualdad entre hombres y mujeres. Según Grégoire Théry es determinante el surgimiento de movimientos de mujeres supervivientes de la prostitución, mujeres que se unen y toman la palabra en la esfera pública para denunciar esta violencia sexual y la impunidad de los llamados clientes, son ellas las que han roto el muro del tabú. Ahora la sociedad debe aprovechar ese camino abierto para reflexionar y posicionarse en contra de un sistema prostituidor.

Por supuesto que no es un camino fácil, y él lo está comprobando en Francia, donde un senado conservador está bloqueando la ley abolicionista. ‘Los proxenetas operan en un sistema patriarcal, pero su objetivo no es patriarcal, su objetivo es el dinero‘. El negocio de la prostitución mueve miles de millones en Francia y en todo el mundo, y las redes que se enriquecen con ella tienen medios para bloquear la ilegalización y la educación de una sociedad que no normalice esta violencia contra las mujeres y niñas más desfavorecidas.

Rosa Moro es periodista y activista. Le apasionan África, la comunicación y la revolución. Colabora con la Comisión de Investigación de Malos Tratos a Mujeres.

En la guerra y en la paz

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

Creo que en todo conflicto armado hay un tercer bando, que no combate, formado en su mayoría por mujeres y niños. Mujeres que son violadas y asesinadas sistemáticamente por, a mi juicio, dos razones principales: porque es un acto generalizado, invisible y silenciado que tradicionalmente ha quedado impune. Y porque es una efectiva forma de control que buscar destruir la dignidad de las mujeres y anularlas como lideresas u opositoras. No se trata sólo de un botín de guerra o un daño colateral. Son actos premeditados y calculados.

Ayer tuve la oportunidad de escuchar los interesantes avances del papel de la mujer en los conflictos armados en el acto ‘Mujeres, Paz y Seguridad’ organizado por la AECID. Por ejemplo, la ONU está realizando cursos y formaciones con los cascos azules para que sepan actuar específicamente ante situaciones de violencia sexual; o la existencia de asesores de género en el ejército español para saber identificar los roles culturales de la mujer en otros países y actuar conforme a ellos; o la contratación por parte de la ONU de investigadores internacionales que realizan informes y recaban datos para luchar contra la impunidad de la violencia sexual.

(C) Oxfam Intermón

Foto realizada en Madrid en el marco de la campaña “Saquen Mi Cuerpo de la Guerra” para denunciar la impunidad en la que viven los autores de delitos de violencia sexual contra mujeres cometidos de modo masivo por parte de todos los actores armados en el conflicto colombiano (C) Oxfam Intermón

Sin embargo para mí el mayor avance es que las mujeres están abandonando su papel de víctimas, asumiendo un papel activo en las mesas de negociaciones de paz, algo que tradicionalmente se les ha negado.

Un buen ejemplo de ello es Colombia, paradigma de violencia sexual contra las mujeres en el marco de un conflicto que dura más de 50 años, como hemos hablado en ocasiones anteriores. En las actuales negociaciones de paz con las FARC-EP en La Habana se ha producido un hecho sin precedentes. Por primera vez dos mujeres, Nigeria Rentería y María Paulina Riveros, son negociadoras en la mesa de La Habana, llevando la voz de todo un movimiento a los diálogos de paz. Y no negociadoras cualquiera, sino integrantes plenipotenciarias del equipo del Gobierno Nacional, es decir, con peso real en las decisiones que se tomen. Además, entre los grupos de víctimas que han viajado en comisión a La Habana, para sentarse cara a cara con las FARC-EP ha habido una representación de mujeres, aunque escasa.

Todo ello es un gran logro en un mundo en el que, según la ONU, las mujeres representan el 8% de quienes participan en las negociaciones de paz y menos del 3% de quienes firman los acuerdos de paz. Y eso que actualmente el 90% de las víctimas de las guerras son mayoritariamente mujeres y niños.

Pero queda mucho por hacer. Como explicaba ayer en el acto Alejandro Matos, director de Oxfam Intermón en Colombia, las mujeres no denuncian las agresiones porque les piden pruebas, en ocasiones incluso años después de la agresión. “No tiene sentido seguir exigiendo el análisis de fluidos”, afirmaba. En su lugar, Matos afirmaba que hay que presionar y exigir a los inculpados que expliquen por qué en las fosas comunes aparecen cuerpos de hombres vestidos y de mujeres desnudas, ya que esto es un signo claro de que fueron violadas antes de que las asesinaran. Este es el tipo de indicios que hay que buscar, en lugar de dificultar a las mujeres el proceso de denuncia.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.

Un día para olvidar y para recordar

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

En la vida hay momentos en los que te planteas qué es el compromiso. Hasta entonces siempre has pensado que eres una persona comprometida con tu trabajo, con la gente que quieres, con tus ideas y valores… Y entonces conoces a alguien, una persona que brilla con fuerza y que cuando cuenta su historia te deja sin aliento. Es en ese instante cuando comprendes que personas así hay pocas y que estás viviendo una oportunidad única. En mi caso ese momento llegó en marzo de 2014, cuando conocí a la periodista colombiana Jineth Bedoya en el marco de los proyectos Avanzadoras y Periodismo Comprometido de Oxfam Intermón.

En el centro la periodista Jineth Bedoya junto a un grupo de mujeres activistas durante el acto de presentación del informe sobre los crímenes sexuales cometidos en el marco del conflicto armado en Colombia

En el centro la periodista Jineth Bedoya junto a un grupo de mujeres activistas durante el acto de presentación del informe sobre los crímenes sexuales cometidos en el marco del conflicto armado en Colombia

Desde esa experiencia para mí el compromiso cobró un significado diferente y está relacionado con la historia de una mujer que acaba de conseguir que el 25 de mayo sea el ‘Día Nacional de las mujeres víctimas de la violencia sexual como consecuencia del conflicto armado’ en el calendario colombiano. Esta fecha no es fruto del azar. Para Jineth era una fecha maldita, el día en el que en el año 2000 ejerciendo su profesión fue secuestrada, torturada y violada por paramilitares con el fin de callarla para siempre. Ahora será la fecha de un logro: la visibilización y reconocimiento de la violencia sexual contra las mujeres en un país que lleva 60 años de conflicto y en el que los diferentes actores armados, militares y guerrilleros, hacen blanco de su violencia sobre el cuerpo de las mujeres, con una impunidad que se acerca al 100%. Una violencia calificada como pandemia por la ONU y que entre 2001-2009 sufrieron un promedio de 6 mujeres colombianas cada hora, de las que más del 80% no denunciaron por miedo.

Hace catorce años quisieron callarla. Nunca lo consiguieron. Es más, han obtenido lo contrario. A Jineth le costó nueve años exponer públicamente lo que le había pasado. Pero lo hizo, consciente de que ella, como subeditora del periódico El Tiempo y, por tanto, mujer periodista conocida, podía ser el altavoz para miles de mujeres que han sufrido y siguen sufriendo esta violencia.

Quienes la conocen saben que su compromiso es total. Desde entonces concede entrevistas, creó la campaña ‘No es hora de callar’, es portavoz de la campaña ‘Violaciones y otras violencias, saquen mi cuerpo de la guerra’, ha participado en Londres en la primera conferencia sobre la violación en las guerras y conflictos y un largo etcétera. Además sigue ejerciendo su profesión desde ese mismo compromiso, denunciando todo tipo de vulneraciones de los derechos de las mujeres, como en un informe de 2013 sobre la explotación sexual de niñas en los campamentos mineros de Medellín.

En la ceremonia de homenaje en la que quedó estipulado el 25 de mayo como Día Nacional, Jineth agradeció al presidente colombiano Santos que estuviera empujando el país hacia ‘ese horizonte de una Colombia en paz, con equidad y bien educada’. Creo que el agradecimiento debe de ser para ella. Ha llevado su situación de víctima a otro plano, el de la activista. Su tenacidad nos obliga a no seguir volviendo la cara ante este tipo de violencia. Una violencia que no es exclusiva de Colombia y que sin duda merece no sólo de un día nacional, sino de un Día Mundial para contribuir a su erradicación.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.

Sudán del Sur: cuando las mujeres se llevan la peor parte

Por Júlia SerramitjanaJulia Serramitjana

La semana pasada tuvo lugar en Londres la cumbre contra la violencia sexual como arma de guerra organizada por Naciones Unidas, en la que se reunieron más de 100 gobiernos, los directores de ocho agencias de Naciones Unidas y casi un millar de expertos. El objetivo: sellar un compromiso internacional para que se investiguen y documenten estos crímenes; para que se persiga a los que los han cometido y se garantice asistencia a los que les han sufrido; la mayoría mujeres y niñas.

Mujeres en Sudán del Sur

Una mujer en el campo de desplazados de Mingkaman, en Sudán del Sur. Imagen: Pablo Tosco

Mientras leía la carta de conclusiones firmada por Angelina Jolie y William Hague me pregunté: ¿Servirá de algo? Debería. Al menos para visibilizar esta situación e impulsar medidas para frenarlo. Son muchos los lugares en el mundo dónde este drama sigue destrozando las vidas de millones de personas, principalmente mujeres, que tienen que convivir con la frustración de ver cómo los terribles abusos que han sufrido quedan impunes y olvidados.

Y es que la cultura de la impunidad que ampara esos crímenes es bien arrelada en muchos países como Sudán del Sur, un país que acaba de cumplir un triste aniversario: seis meses de conflicto armado. Medio año de guerra y dolor.

Cuando estuve allí, hace ya un par de meses, conocí a Edmund Yakani, director de CEPO, una organización defensora de los derechos civiles, que está documentando, entre otros temas, el impacto que tiene el conflicto entre las mujeres. Y lo hacen en un contexto realmente difícil.

Edmund me contaba que en este conflicto, como en muchos otros, las mujeres se están llevando la peor parte. En situaciones de violencia como la que está viviendo Sudán del Sud, nos contaba que son las principales víctimas de violaciones, humillaciones y asesinatos.

Yakani explicaba la razón por la cual esto es así: en las guerras las mujeres juegan un papel primordial en el cuidado de la familia, ejerciendo un rol de protección y estabilidad. Con sus maridos muertos o en el frente, muchas de ellas, ahora, solas y con varios hijos e hijas a su cargo, se encargan de mantener a toda la familia. Se encargan de buscar y preparar la comida y el agua, de garantizar un techo para resguardarse, de cuidar de las personas mayores y de los pequeños.

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Edmund Yakani, director de CEPO, organización pro derechos civiles. Imagen: Pablo Tosco

Ambos bandos son conscientes del papel que juegan las mujeres en este conflicto. De cómo ellas salvaguardan la vida en un contexto dominado por la muerte, así que la forma para causar aún más dolor entre los hombres en el frente es humillando, violando y matando a sus mujeres. Es así como usan la violencia sexual como arma de guerra. Y es así como destrozan la vida, que precisamente ellas representan.

Ahora, seis meses después que empezara la guerra, recuerdo cómo me impresionó conocer a Yakani. Cómo me chocó su valentía y determinación a la hora de trabajar y denunciar la violencia sexual presente en su país en guerra en y el sentimiento de entrega, preseverancia y compromiso que transmitía a la hora de contarlo. Ojalá un día ya no deba de seguir luchando por ello.

 

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

Huellas que no callan

Laura Martínez Valero

Por Laura Martínez Valero

Cuando hace unas semanas leí la entrada de Belén de la Banda sobre las madres de Soacha, me pregunté qué sería de esas mujeres y de tantas otras si nadie les brindara la oportunidad de dar a conocer su historia. Seguramente, como mujeres coraje que son, conseguirían que sus voces acabaran escuchándose. Pero también podría haber ocurrido que el silencio, el mejor aliado para que los crímenes queden impunes, hubiera ganado.

Luz Marina Bernal, ante las imágenes de su hijo. Imagen: Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Luz Marina Bernal, ante las imágenes de su hijo. Imagen: Pablo Tosco / Oxfam Intermón.

Por ello, no puedo por menos que quitarme el sombrero ante los profesionales de la comunicación que dan voz a la injusticia y que están comprometidos con el verdadero periodismo. Es el caso de Pablo Tosco y Ander Izaguirre y su documental ‘Huellas que no callan’, que hace un par de meses tuve la oportunidad de ver en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca. Quedé impresionada ante la delicadeza y el respeto con el que daban voz a cuatro mujeres, cuatro lideresas que en realidad son una sola: la mujer colombiana, que durante más de cinco décadas ha sido la principal víctima del conflicto armado y a la vez la más silenciada y menos conocida.

Durante los treinta minutos de duración del documental, estas mujeres cuentan en primera persona su historia. Nada de voces en off o rótulos, que sean ellas quienes hablen. Luz Marina Bernal, una madre de Soacha cuyo hijo fue secuestrado y asesinado extrajudicialmente por el ejército colombiano; Ana Secue, lideresa indígena que lucha contra los actores armados por el derecho a su tierra; María Lucely Durango, que perdió a su hijo a manos de narcotraficantes en Medellín, y Olga Neicy Gómez, una de las miles de mujeres que han sido víctimas de violaciones tanto por parte del ejército como de la guerrilla. Y es que lo que necesitan es hablar, cuanto más alto mejor, y sobre todo escucharse. “Cuando uno habla de violencia contra las mujeres todas se quedan calladas. Aquí no pasa nada. No a mí no me pegan, no a mí no me tratan mal. Pero cuando uno empieza a ahondar y a generar confianza las mujeres empiezan a soltarse y empiezan a hablar” explica Olga Neicy a cámara.

Hoy, día que se presenta ‘Huellas que no callan’ en el Fórum de Cine Documental de Salamanca, me gustaría que no nos olvidáramos de quienes han estado allí para recoger lo que las huellas que marcan a estas mujeres tenían que decir.  A ellos y ellas, gracias.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

El bidón a la fuente

Por Farah Karimi FarahKarimi

Hace unos días estuve hablando con una joven en el campo de refugiados de Arúa, en el norte de Uganda, donde han llegado miles de personas huyendo del conflicto en de Sudán del Sur. Y, una vez más, me di cuenta de que el tema de la seguridad es un tema sensible, que genera una situación incómoda.

Con tan sólo 17 años de edad, Nyebuony escapó del rebrote de violencia en su país, junto con sus tres hermanos. Están sin sus padres, solo quedan los hijos, como parece ser bastante común en esta crisis. Siendo la hija mayor tiene que ocuparse de sus hermanos. Y como es habitual entre las mujeres en Sudán del Sur, su tarea consiste en ir a buscar agua a la fuente recién rehabilitada y que se encuentra fuera del campamento.

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La directora de Oxfam Novib habla con un grupo de mujeres en el campo de refugiados de Arúa, en el norte de Uganda.

Nyebuony llegó a este campamento en enero. Le pregunto varias veces si se siente segura en su nueva vida como refugiada pero nunca me responde. Solo obtengo una respuesta indirecta cuando me comenta que le gustaría tener un bidón de agua más grande.

Nyebuony tiene que ir hasta la fuente de agua cuatro veces al día con su pequeño bidón. Si tuviera uno más grande, podría ir a la fuente solo dos veces al día, lo que sería un gran alivio para ella. Por desgracia, las agencias humanitarias se han quedado sin bidones, y los nuevos pedidos aún no han llegado.

La seguridad es, sin duda, un tema delicado. Las mujeres están muy marginadas en la sociedad sursudanesa. La violencia hacia ellas es algo común y está vista como un asunto privado. Es fácil imaginar lo expuestas que deben estar las madres solteras, las jóvenes y las niñas al acoso y la violencia sexual, pero sabemos muy poco al respecto. Y me preocupa que no hagamos lo suficiente para evitar las amenazas a las mujeres frente a la violencia y el abuso.

En todos los campamentos que he visitado, desde el recinto de ONU en Juba, la capital de Sudán del Sur, donde se alojan miles de personas desplazadas, a los campos de refugiados aquí en Uganda, el número de letrinas está lejos de ser suficiente y no ofrecen a las mujeres la privacidad y la protección necesaria.

Las cuestiones de género y la protección de las mujeres son temas de la vida real, y en esta crisis miles de mujeres pueden ser víctimas potenciales de la violencia y el abuso. Y así, igual que valoro los enormes logros de nuestro equipo y las organizaciones locales con las que trabajamos para responder a esta emergencia, también quiero expresar mi preocupación por la situación de la mujer. Tenemos que encontrar una solución sin demora.

Farah Karimi es directora de Oxfam Novib.