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Entradas etiquetadas como ‘violencia contra las mujeres’

Ellas dan la nota

Por Nuria Coronado

Para quienes hacen oídos sordos a la violencia machista día sí y día también. Para quienes creen que la desigualdad y la discriminación son inventos de feministas trasnochadas. Para esos hombres y mujeres que dan la espalda a que tengamos los mismos derechos, el grupo de cuatro artistas Ellas dan la nota compuesto por Cristina del Valle, Mercedes Ferrer, Aurora Beltrán  y Estela María, lleva quince años subiéndose a los escenarios de medio mundo para decir basta.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Y lo hacen como mejor saben: entonando voces, afinando acordes, arrimando el hombro a ritmo de melodías. ‘Somos un grupo de mujeres artistas que a través de la música denunciamos la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo y en cualquiera de sus formas Con nuestras actuaciones tratamos de concienciar que un sociedad desigual es una sociedad enferma que acabará agonizando y provocando por el camino demasiado sufrimiento entre los millones de mujeres y niñas que la padecen’, dice Mercedes.

Para estas cuatro cantantes unir sus voces es hacer frente a lo que tanto duele y sin embargo se ignora. ‘Cantar es curar heridas, es llegar a través de la cultura y de la música al corazón y a la sensatez. Cada canción es un bálsamo, una pomada que cierra heridas y cambia conciencias. Es la mejor manera que tenemos para provocar y promover un Pacto de Estado contra la violencia machista’, añade Ferrer. Y es que con sus canciones pretenden borrar el mapa de la vergüenza de nuestro país y dibujar el del orgullo femenino. ‘A nosotras nos importa que cada año un centenar de mujeres sean asesinadas en España, que más de 1.000 mujeres sean violadas, que 500.000 sean traficadas sexualmente o que más de 400 se suiciden teniendo detrás un cuadro de violencia cada año, cifras que jamás aparecen en los datos oficiales’, subraya la cantante.

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Cinco preguntas pertinentes (o no) sobre trabajo sexual y derechos humanos

Por Ana Martínez

Gate i Oslo. Skummelt, mørkt, skremmende, stemning, natt, opplyst gatemiljø, gatelys, nattestid, ensomt, dystert, høstmørket, gatebelysning, gult gatelys, illustrasjon. Foto: © Luca Kleve-Ruud / Dagsavisen / Samfoto

Calle de Oslo por la noche. Foto: © Luca Kleve-Ruud / Dagsavisen / Samfoto

Oslo, Noruega, 11 de la noche. Las calles están vacías, a excepción de dos mujeres de origen africano que conversan bajo la luz de una farola. Varios policías vestidos de paisano se acercan y las interpelan de malas maneras: “¿Tenéis condones? ¿Dónde está vuestra documentación? No os queremos ver más por aquí”.

Acoso policial como en este caso, violencia, extorsión, hostigamiento o discriminación. Las personas que se dedican al trabajo sexual están especialmente expuestas a estas y a otras muchas vulneraciones de derechos humanos en todo el mundo. En su mayoría se trata de mujeres que, además, se enfrentan a múltiples formas de discriminación y desigualdades de género.

Amnistía Internacional ha publicado cuatro informes sobre trabajo sexual en Noruega, Argentina, Hong Kong y Papúa Nueva Guinea que evidencian los abusos y violaciones de derechos humanos que sufren las trabajadoras y trabajadores sexuales en estos países, la solución pasa por exigir a los Estados normas que protejan, respeten y hagan efectivos sus derechos humanos a la vez que abordan la trata, la explotación y la discriminación de género. Entre las medidas que Amnistía Internacional solicita a los gobiernos está la despenalización del trabajo sexual entre personas adultas cuando hay consentimiento.

Mona ejerce como trabajadora sexual y vive en las calles de Port Moresby, capital de Papúa Nueva Guinea, con sus tres hijos. A menudo, sufren agresiones verbales. “Dormimos y nos bañamos en los desagües. En ocasiones, algún cliente nos paga una habitación. Si pedimos agua a los vecinos, nos persiguen y nos insultan. Me da mucha vergüenza, pero no hay esperanza para nosotros”, explica. Las trabajadoras sexuales y sus familias están particularmente expuestas a la violencia y a otros abusos de derechos humanos. La esperanza de la que habla Mona está precisamente en leyes que garanticen que todas las personas tengan acceso a sus derechos económicos, sociales y culturales, a la educación y a oportunidades de empleo, además de que gocen de una protección y seguridad mayores. La despenalización supone eliminar las leyes y políticas que criminalizan o sancionan el trabajo sexual y reforzar aquellas que penalizan la explotación, la trata de personas o la violencia contra quienes se dedican a ello.

A Laura, una trabajadora sexual de las calles bonaerenses, la asaltaron una noche a punta de navaja. Nunca lo denunció a la policía. “No me van a escuchar porque trabajo en esto”, asegura. Cuando el trabajo sexual está penalizado, las trabajadoras y trabajadores sexuales están también privados de medidas de protección que podrían servir para aumentar la vigilancia e identificar y prevenir abusos de derechos humanos tan atroces como por ejemplo la trata. A menudo, las víctimas son reacias a denunciar si temen que la policía tome medidas contra ellas por vender servicios sexuales.

Es el caso del modelo nórdico, que prohíbe la compra de servicios sexuales, criminaliza la organización del trabajo sexual y penaliza a las personas que ejercen este trabajo y que se organizan con el objetivo de sentirse más seguras. Amnistía Internacional destaca que estas personas tienen dificultades hasta para encontrar algo tan básico como el alojamiento, ya que sus arrendadores pueden ser procesados por alquilarles un hogar. “Algunos clientes te agreden en sus apartamentos. Pueden hacerlo porque saben que estás demasiado asustada como para ir a la policía. No nos queda otra opción que obedecer sus reglas porque estamos en su casa y no podemos llevarlos a la nuestra”, explica Tina, una mujer nigeriana que trabaja en las calles de Oslo.

La doble discriminación y el estigma que sufren algunos colectivos, como el LGBTI, es otra de las principales preocupaciones en torno a la vulneración de derechos humanos en el trabajo sexual. Virginia, una mujer trans que ejerció como trabajadora sexual en Buenos Aires durante años, explica las dificultades a las que tenía que hacer frente para acceder a los servicios médicos: “Cuando estaba enferma, iba al hospital, pero la gente siempre nos maltrataba. Nos decían que fuéramos a otra clínica porque allí no podían tratarnos…”. Ante este tipo de abusos, es necesario combatir la discriminación y los estereotipos de género perjudiciales, empoderar a las mujeres y al resto de grupos marginados y garantizar que ninguna persona carece de alternativas viables para ganarse la vida.

En definitiva, ¿qué deben hacer los gobiernos para proteger los derechos de las trabajadoras y trabajadores sexuales? Amnistía Internacional demanda un marco jurídico que proteja a estas personas frente a la violencia, explotación y la coerción; que impulse su participación en la elaboración de las leyes y políticas que afectan a su vida y su seguridad; y que garantice el acceso a la salud, la educación y les ofrezca oportunidades de empleo.

Ana Martínez es periodista en Amnistía Internacional España.

Quiero enseñar las tetas, en nombre de Rosa Elvira

Por Lula Gómez

“(Rosa Elvira) puso en riesgo su integridad y vida, hasta el punto de que JAVIER VELASCO le cercenó su existencia; si ROSA ELVIRA CELY no hubiera salido con los dos compañeros de estudio después de terminar sus clases en las horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte”, señala el documento jurídico de la Alcaldía de Bogotá emitido hace unos días. Con él se defiende de las acusaciones de la familia de la mujer asesinada (Rosa Elvira Cely) contra varias entidades del Distrito, acusadas de no haber prestado atención oportuna para evitar su trágica muerte.

Está claro, lo dice la ley, si eres mujer no puedes salir con tus colegas de clase por la noche: tienen derecho a matarte. Si has nacido fémina, no puedes aparcar tu coche en un descampado: puede haber alguna fiera que te ataque y tú tendrás la culpa por haber osado a dejar el coche donde podías. Si tienes tetas, cúbretelas: no vayas a provocar la sexualidad del contrario y claro, ¡se las enseñaste! Volvamos a la burka. Si te violan, pregúntate si cerraste bien las piernas, porque de lo contrario, eres una facilona (así lo preguntó la magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Victoria a una pregunta víctima hace apenas unos meses.

Protestas en el lugar donde apareció el cuerpo de Rosa Elvira. Imagen de Julián Ortega Martínez. Licencia CC.

Protestas en el lugar donde apareció el cuerpo de Rosa Elvira. Imagen de Julián Ortega Martínez. Licencia CC.

Todo esto viene a colación porque Colombia estos días vive indignada bajo la campaña #RosaElviranoesculpable. En el año 2012 un asesinato conmovió al país, el de Rosa Elvira Cely, a quien mató en un parque un compañero de estudio. Aquella aberración terminó con su vida (la de ella) y una ley, una norma que lleva su nombre, Rosa Elvira Cely. Gracias a esa norma, en Colombia el crimen contra una mujer por su condición femenina en un delito autónomo (feminicidio) y conlleva una de las mayores penas entre los homicidios. Cuesta por eso entender el documento remitido estos días, por muchas excusas que se hayan presentado después. ¡Los políticos salpicados dicen además que no se utilice la violencia de género contra ellos!

Pero, por qué en vez de capar nuestras libertades no enseñamos quienes asumen esa máxima que lo abominable no es la hora a la que lleguemos borrachas y a rastras?. En la escuela debemos repetir a los violentos que el crimen está en acosar, matar, abusar, molestar… y eso es lo que debe repararse. En nombre de Rosa Elvira hoy quiero enseñar las tetas y pedir dimisiones, la de quienes siguen pensando que Rosa Elvira no tenía que haber salido de su casa. ‪#‎RosaElviraNoEsCulpable #‎RenuncieMiguelUribe.

Lula Gómez, escritora y periodista todoterreno. Actualmente dirige su propia agencia desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia.

Asesinos de la igualdad

Por Flor de Torres Flor de Torres renueva

Los maltratadores asesinan a sus parejas o ex parejas. Pero son además asesinos de la igualdad. Asistimos a la lista interminable de mujeres víctimas de la violencia de género. Cuando matan separan la igualdad del género, propiciando la desigualdad. La llevan a su máximo exponente: el feminicidio.

Frente a ello hay que luchar porque esas palabras, ‘igualdad’ y ‘género’ sean un binomio indestructible. Tenemos que lograr que sea una expresión llena de contenido y de sonido para todos, y muy especialmente para las personas más jóvenes de nuestra sociedad. Para ello previamente consolidémoslas en la educación, no solo en los colegios, sino en la familia, en la sociedad. Llevémoslas a la vida. Destruyamos de forma fulminante las tretas de dominación ocultas de género, que tanto daño hacen y que aún siguen invisibles en forma de conductas micro machistas que impiden equilibrar los géneros en valores.

Pero tampoco desterremos a los maltratadores solos con sus condenas y penas, medidas y alejamientos, estigmatizándolos a su suerte. Es una obligación nuclear de la lucha contra la violencia de género trabajar con los maltratadores en tratamientos efectivos de reeducación en la igualdad de género. Este es el camino que necesitamos recorrer para que esa lista de mujeres e hijos asesinados no siga alimentándose: educación y reinserción.

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En pie, generando igualdad

Montse Casasempere Generando igualdad

Por Montse Casasempere 

‘ Me llamo Mª José. Hace relativamente poco me descubrí mirándome de nuevo en el espejo, ni recuerdo cuándo fue el día en que dejé de hacerlo: la imagen que me devolvía me resultaba incómoda, supongo que es lo que ocurre con aquello que te resulta extraño.

Hace unos días sentí la necesidad de escribir, de recuperarme a mí misma en cada palabra que surgía de mis pensamientos. Y decidí contarme la historia de lo que fui, de lo que había sido… para reencontrarme con lo que soy en estos momentos, con lo que voy siendo, con la Mª José de siempre…

Y empecé con un Érase una vez… como siempre me contaban a mí las historias que me hacían soñar, como siempre empiezan los cuentos…

Érase una vez…. 4Una ‘mujer’ que caminaba por la vida sin rumbo, sin ilusiones, sin esperanza, sin que se le dibujara una mínima sonrisa en su rostro. En su círculo más cercano comentaban ‘puf! mírala, cómo ha cambiado, qué negativa, qué triste…’. Ninguna de esas personas hizo nunca el amago de acercarse a ella tan sólo por preguntarle qué le podía estar pasando.

Esa mujer poco a poco, día a día, fue dejando de ser. Creedme, no es tan complicado convertirse en invisible ante una misma…Y así pasó… Hasta que, como pasa con los cuentos, apareció su príncipe para salvarla…si bien esta vez no era un príncipe sino unas REINAS. Así, en mayúsculas. Eran las integrantes de la Asociación Generando Igualdad.

Sin dudarlo, sin pensarlo, nada más conocerla y proyectando sólo sonrisas le ofrecieron a la mujer la oportunidad de ir a su ‘casa’ (esa casa, que ya es la mía, el local donde dan ayuda psicológica, jurídica y grupal totalmente gratuita a mujeres como yo). Lo hicieron con tal amabilidad y cariño, que a la ‘mujer’ le fue imposible rechazar la oferta.

El primer día que la ‘mujer’ abrió la puerta de esa casa, se sorprendió del cariño que allí recibió, así como de la cantidad de mujeres a las que en su día les habían ofrecido la oportunidad de abrir esa puerta y que, ahora, la acogían a ella con un abrazo. Allí, poco a poco, la “mujer” fue encontrando el camino perdido. Hoy no puede sentirse más orgullosa del paso que dio, feliz de haber despertado aquel día en que se cruzó con Generando Igualdad y con todas las personas que han estado, guiándola, cuidándola, ofreciéndole terapia, compartiendo risas y lágrimas y convirtiéndose en lo que, sin duda son hoy, su FAMILIA.

Sin embargo, ahora, tras años de trabajo, la continuidad de la asociación corre peligro; ya que no cuentan con suficientes ingresos como para poder mantenerse en funcionamiento.

Como veis, tristemente, los cuentos no siempre van acompañados de finales felices, pero éste aún no ha terminado, lo estamos escribiendo y para darle un giro al final, sin duda, te necesitamos a ti.’

¿Nos ayudas a cambiar el final del cuento?

Mª José es una de las más de 700 mujeres que Generando Igualdad, dedicada a la atención de mujeres víctimas de la violencia de género, ha atendido en los últimos 15 años. Ahora, esta asociación está a punto de desaparecer. Si quieres ayudar a evitarlo puedes contribuir económicamente en http://www.generandoigualdad.com/donaciones/

Gracias por ayudarnos a seguir en pie… generando igualdad.

Montse Casasempere Ruiz es Vicepresidenta de Generando Igualdad.

Desde Perú, historias de violencia y reparación

Por Flor de Torres y Yajaida Huamán Escobar 

La población de Perú asciende a más de 30 millones de habitantes y es considerada una de las poblaciones mundiales con mayor incidencia de la violencia a la mujer en sus diversas manifestaciones. En palabras de Yajaida Huamán Escobar, Fiscal Adjunta Provincial Penal de Arequipa  en Perú, su país ostenta el primer puesto en Latinoamérica en violencia a la mujer en sus distintas manifestaciones y el tercer puesto a nivel mundial en tal categoría. Además es su región Arequipa la segunda en violencia a la mujer tras Lima la capital de la nación peruana.

Protesta de mujeres peruanas ante el Congreso de su país. Imagen: Mary Vargas

Protesta de mujeres peruanas ante el Congreso de su país. Imagen: Mary Vargas

No cambiaría en Perú la manera de combatir legalmente la violencia de género a como se afronta en España: A través de Fiscalías Especialistas que se enfrenten a las agresiones sexuales, feminicidios, malos tratos, coacciones y vejaciones, amenazas y violaciones sin el miedo, la culpa o la vergüenza que sienten sus victimas. Y es que el enemigo a derrotar es el mismo en el que se origina: la desigualdad de género.

Esa desigualdad fabrica víctimas que, según Yajaida, en un 48% de ellas no denuncian por miedo, por vergüenza o sentimiento de culpa.

Y así un país con mas de diez millones de habitantes menos que España sigue soportando 7 feminicidios al mes que hacen un porcentaje de 84 al año acercándose casi el doble de lo que España desgraciadamente en el año 2014 tuvo que sufrir 53 feminicidios.

Yajaida me habla de Mili (nombre no real sobre historia real): ‘Tuve la  oportunidad de conocer una de esas tantas historias reales pero que permanecen ocultas ante los ojos de los demás, en especial ante los ojos de la ley’ y me refiere su vida de violencia de género desde su adolescencia siendo este su último episodio en estas claves:

Mili padece de dos afecciones que han requerido de tratamiento prolongado, una de ellas oncológica, que le han impedido desarrollar las actividades de cobradora de combis que realizaba, a esto se suma el abandono material, moral y económico al cual su pareja ya la había acostumbrado; aun cuando pareciera que nada podía ir peor, él la volvió a embarazar por cuarta vez y en dicho estado la conocí, sumida en un dolor profundo en una desesperación propia de quien se cree sola en el mundo. Ella me relató: ‘él vino en la tarde, tiró muro y entró a mi cuarto, corrió de frente donde mis dos hijas y se las quiso llevar, yo corrí a abrazarlas y él aprovechó y cogió a Ángel de casi 4 añitos y se lo llevó, lo subió a la combi en la que había llegado a mi casa y desaparecieron’ ella prosigue ‘sólo dos días antes vino y así embarazada como estoy, me pegó me arrastró hasta la calle y me tiró al piso, mientras me pateaba me insultaba, me dijo que perdía el tiempo matándome porque como yo estoy enferma igual me iba a morir, un joven me ayudó, él se escapó’; horas más tarde y después de la denuncia que Mili había interpuesto por sustracción de menor el pequeño Ángel fue dejado solo en la puerta de la casa de su mamá, ‘calladito es él, no habla mucho, sólo yo lo entiendo, parece que cómo siempre ha visto que su papá me agredía, por eso es así’.

Ahora pienso que Mili tuvo suerte, primero de que haya encontrado un efectivo policial que accediera a recibirle la denuncia verbal por sustracción de menor ya que lamentablemente en nuestro país es una práctica común que algunos policías rechacen liminarmente la denuncia indicándole a la denunciante que es su padre y por tanto tiene derecho de llevárselo: ‘ya lo devolverá’. Pienso también, y es lo que más me escarapela la piel, que Mili está viva y que vive para darnos testimonio de la cruda realidad que le tocó vivir. Ella puso denuncias por violencia familiar pero desconoce en qué terminaron, porque Luis entra y sale cuando quiere de su casa ‘tirando muro’ como ella dice. Pienso que sobre la última agresión física que sufrió no puso la denuncia porque tenía miedo de dejar solos a sus hijitos mientras iba a la Comisaría, que cuando Luis se enteró de la denuncia por sustracción de Angelito y de que ella estaba pretendiendo vender las mazamorras que había preparado dentro de las combis donde antes trabajaba, la empezó a amenazar nuevamente, le mandó mensajes de texto le dijo que le iba a cortar la cara si otra vez la veía haciendo eso…  Pero está vez Mili se armó de valor y quiere que la ayudemos. Y sí, la vamos a ayudar, la estamos ayudando.

Estas son las historias que alimentan nuestro trabajo. Historias reales. En Perú y en España. Y las recogemos como nos llegan, las afrontamos a través de procesos  revestidos de perspectiva de género donde la desigualdad es el origen, el móvil y el fin del delincuente de género. Por tanto no podemos combatir esa desigualdad instalada en Perú, ni en España sin hacer visible su origen y sus consecuencias que denigran, extorsionan y asesinan a mujeres cuando se exponen a la violencia de género.

Por ello Yajaida abandera en Perú  la necesidad de que el Ministerio Fiscal cuente con despachos especializados como ocurre en España, asume con responsabilidad esta iniciativa esperando que las autoridades de su país hagan eco de este clamor en beneficio de las víctimas que como Mili esperan ser visibles ante los ojos de la ley.

Para ayudar a salir de la violencia a las víctimas necesitamos colegas como Yajaida, que entienden, acompañan y relatan sus historias con tanta empatía. Abanderada de la Igualdad en su País, con conciencia de género para seguir la conquista de los derechos de las mujeres. De las que son invisibles, desiguales, calladas y avergonzadas por sufrir violencia de género y agresiones sexuales por sus parejas. Es la voz de las sin voz en Perú, como la de Mili.

Es un orgullo caminar a al lado de profesionales como Yajaida, amiga y compañera.

 

 Flor de Torres Porras. Fiscal Delegada de violencia a la Mujer  y contra la discriminación sexual de género. Fiscal Decana de Málaga

 Yajaida Huamán Escobar. Fiscal Adjunta Provincial Penal de Arequipa (Perú), a cargo de la tramitación de delitos por agresiones  sexuales

La violación: abre los ojos

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Hoy han violado a 903 mujeres.

No las conocemos, quizá nunca lo hagamos. Ni tan siquiera leeremos los sucesos en el periódico. 903 mujeres hoy se enfrentan a una vida diferente a la que tenían proyectada para ellas mismas, a la que habían soñado de niñas y a la que habían imaginado que tendrían antes de aparecer en sus vidas alguien que, para vergüenza de nuestra especie, es también un ser humano, lo cual no banaliza su delito, sino más al contrario, lo debería agravar aún más si cabe, al ensuciar nuestras propias raíces.

Violación NO. Imagen de TrasTando

Violación NO. Imagen de TrasTando

Hablar del violador no es darle protagonismo, sino restarle valor como persona. Porque no existe una sola sana éticamente que desee parecerse a ellos ni  ocupar el mismo espacio biológico en el que se encuentran. Y esto debemos hacérselo saber, por que si no, ayudaremos a darles cobijo en nuestro propio temor de portar su mismo rasgo defectuoso, que no enfermo. Y es que cuando un animal desgarra el cuerpo de una persona, sabemos donde debemos mantenernos a salvo de su agresión: en un lugar que no está destinado a ellos, porque de todos es sabido que determinadas   especies diferentes no pueden convivir juntas. Y cuando el animal mata a una persona, es porque  uno u otro ha invadido un espacio que no le pertenecía.

Pero cuando ‘una persona viola a una persona’- no  a otra persona-, no cabe duda de que siendo de la misma especie ocupa el mismo espacio que las demás y por lo tanto, pasará desapercibido entre los que parecen ser iguales a él. Esta idea no será soportable para muchos, que necesitarán buscar la razón que les haga sentirse diferentes a ellos; una razón que indique que alguien ha invadido el espacio del otro: ‘ha salido sola sabiendo que es peligroso’ ‘va vestida de forma provocativa sabiendo que excita al hombre’, ‘bebe sabiendo que pierde la noción de lo que puede ocurrirle…‘. Pero hombres y mujeres no son especies diferentes que haya que separar por el peligro a ser devorado una por otro, otra por uno.

Hablar de la mujer violada no es victimizarla. No hace falta. Es una victima significando que hay un agresor; y  no para ser compadecida, sino por que el violador lo será para siempre y ella será la prueba de lo que jamás él podrá ser.

Hablar de lo que es una violación sexual no es una recreación innecesaria de un acto vejatorio del que una mujer no debe hablar. El violador no hablará de él y si ella tampoco lo hace, su delito quedará impune. Y probablemente el siguiente similar que cometa. Porque no ha cometido su agresión por que ella haya bebido o vestido de manera inadecuada. Lo ha hecho porque posee un grave y peligroso problema de falta de  control y de exaltación de sus instintos que le separa con creces del territorio en el que el ser humano ejerce su sexualidad y desde el que marca la honrosa diferencia con el animal.

El violador sabe, percibe, observa, escucha, el dolor que está provocando en ella. No hay inconsciencia en su acto, ni mucho menos desconocimiento. La mujer vive el terror de la violación que está sufriendo con un nivel que desconocía hasta ese momento porque no se parece a ningún otro que haya podido sentir o describir previamente. Le arrebatan por la fuerza algo que trasciende lo meramente íntimo y privado. Es algo sagrado, absolutamente propio, que va más allá de lo sexual, de la sexualidad y de la voluntad de usarla como le parezca.

Descubre la vulneración y vulnerabilidad en el mismo momento de estar siendo violada. En ese mismo momento se siente profanada, en algo que solo ella podía poseer, oculto para el mundo y casi para ella al no precisar nombrarlo ni definirlo; le confería entidad, derecho, libertad. Mientras la violan, descubre que le roban algo preciado que no puede ubicar, pero sabe de profunda importancia, tanta, que arrebatándoselo, han dejado al descubierto algo invisible que hasta ese momento permanecía seguro escondido para el mundo. Cuando alguien perverso lo encuentra, lo roba y lo destruye por la fuerza más vil, siente que aparece ante el mundo desnuda, frágil y mucho, mucho más indefensa.

Recuperarse no es solo un acto físico ante el siempre brutal ataque; es una andadura muchas veces errante intentando encontrar aquello robado de la parte más profunda de su ser, no de su sexualidad.

Como si de un enfermizo inmortal se tratara, estos perversos se sienten fortalecidos con cada esencia robada. Se sienten poderosos porque saben perfectamente lo que ocurre en cada una de sus víctimas.

Lo que no saben es que, ni con una ni con mil, podrán robarles lo más genuino de ellas, porque jamás lo encontrarán a través de la violación. E igual que ocurre con aquello que roban en ellas, no podrán buscarlo porque tampoco puede definirse, ni decir a qué se parece. No podrán identificarlo, porque ellos carecen de aquello que es aún más profundo y genuino que esa esencia y entonces nunca sabrán dónde buscarla ,como encontrarla.

Si han abusado de ti y/o te han violado da toda la información para que el violador sea desenmascarado. Busca ayuda inmediata, con la que te sientas más cómoda y confiada. No te sometas a un interrogatorio sobre los porqués y los cómo; no te desgastes más. Las respuestas nunca estarán en ti, porque se forjan en la mente insana y perversa de quien cometió el acto. No hay motivos que puedas alcanzar a comprender porque nunca fueron tuyos. En tu testimonio, no sientas que hay grietas por las que se cuela algún detalle que hace parecer que tú facilitaste el delito. Cuenta toda la verdad y no sucumbas al error de justificarte. Todo lo que una mínima parte del mundo pueda opinar o creer en contra tuya será sobre otra cuestión que nada tiene que ver con la agresión que el violador ha cometido, ya sea un conocido o un desconocido. No dejes que el miedo permanezca en estado durmiente dentro de ti, esto truncaría tu vida y de nuevo sería concederle poder.

Sobre todo, nunca te avergüences de haber sido violada o abusada. Ni permitas que otros actúen como si debieras estarlo. Contarlo nunca te pondrá en evidencia a ti sino al violador.

Cada vez que lo contéis, le restaréis poder, porque no solo sabrá que perderéis el miedo, sino su capacidad de generaros vergüenza. Cuando él vaya perdiendo su poder, será él quien empiece a experimentar ambos.

Nunca lo olvides: cada violación que cometen es un recuerdo más de lo que jamás podrán alcanzar.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura. Recientemente ha iniciado el movimiento #1carta1vida para dar valor a las vidas de las personas mayores.

Consejos para seguir viva en estos tiempos

Por Irantzu Varela Irantzu Varela n

Una de cada tres mujeres europeas ha sido agredida por uno o varios hombres. O sea que, por mucho que vivas en la civilizada europa, tienes, por lo menos, un tercio de boleto de que te toque. O de que te haya tocado ya. Si no es el caso, vamos a darte unos trucos, para que evites ser violada, agredida sexualmente o asesinada:

 

El maltratador impone sus normas y su voluntad de forma constante. Ilustración de Ana Sara Lafuente.

El maltratador impone sus normas y su voluntad de forma constante. Ilustración de Ana Sara Lafuente.

El primero sería que trataras de evitar vivir en una sociedad patriarcal. Tenemos que admitir que es realmente difícil, pues todas las sociedades del mundo son sistemas de dominación en los que las mujeres estamos en posición de subordinación. Pero si encuentras algún sitio libre de patriarcado al que ir, avisa.

No vuelvas a reírte de un chiste o comentario machista. Sabemos que te ríes por compromiso, así que no te va a costar nada. De hecho, no vuelvas a callarte ante un chiste o comentario machista. Porque cada vez que un hombre hace un comentario despectivo, humillante o irrespetuoso sobre una o todas las mujeres, y nadie le calla, el patriarcado -ese sistema de dominación que sostiene que las mujeres somos seres subordinados a las necesidades de los hombres- crece un poquito más. Los que matan y violan a mujeres se sienten legitimados por los que desprecian en público a las mujeres, pero también por quienes toleran en silencio ese desprecio.

No te dejes convencer por el miedo. Si estás asustada, eres vulnerable. Si eres vulnerable te sientes insegura y asustada. Si estás asustada, te dejas dominar. Sal a la calle, vive tu sexualidad, expresa tus deseos, disfruta de tu cuerpo, toma tus decisiones, desde la libertad y sin dejar que nadie te convenza de que ser libre es peligroso. Porque nada es más peligroso que la sumisión.

Aléjate de los hombres que saben “lo que es mejor para ti”. Huye de quienes te dicen “lo que tienes que hacer”. Escapa corriendo de quienes te consideren un “diamante en bruto” que van a pulir. Porque los diamantes se pulen a golpes.

Imponle tu voluntad a tu cuerpo. Sólo tú puedes decidir donde, cuándo y con quién (si se deja, claro) te frotas -o no- la piel. No hay expectativas, obligaciones, copas, reproches ni súplicas que puedan imponerse a eso.

Habla con amigas, cultiva la solidaridad con otras mujeres, lee libros o artículos feministas, vete a manis, charlas y concentraciones por los derechos de las mujeres. Porque la libertad de la que disfrutamos las mujeres de hoy se la debemos a todas las que han luchado, escrito, leído, peleado y resistido antes que nosotras.

Ninguno de estos consejos te va a librar del peligro de ser agredida, violada o asesinada. Porque vives en una sociedad que ha convertido el ser mujer en una vulnerabilidad impuesta artificialmente. Pero te van a ayudar a tener una vida más libre, más consciente y más feliz. Y de eso se trata ¿no?

Nuestra venganza será la libertad , la consciencia y la alegría.

 

Irantzu Varela es periodista, feminista, experta en género y comunicación, y (de)formadora en talleres sobre igualdad en Faktoría Lila.

Colombia: 150.000 denuncias, 2 condenas

Por Laura Hurtado laura

En Colombia, la violencia hacia las mujeres es comparable a la de República Democrática de Congo, por sistemática y barbárica. Mujeres descuartizadas, empaladas, niñas de 9 años obligadas a prostituirse‘. Me lo cuenta la periodista Jineth Bedoya que desde los 22 años cubre el conflicto que desangra su país, en el cual las mujeres son usadas como arma de guerra. ‘Según un estudio de Oxfam Intermón más de medio millón de mujeres han sido violadas en la última década, pero puede que el total llegue a los dos millones porque muy pocas se atreven a denunciarlo’. A ella misma le costó 10 años. Con 24 años, mientras estaba investigando un caso de tráfico de armas, fue secuestrada, torturada y violada por 3 paramilitares. Prefirió esconderlo y refugiarse en su trabajo hasta que en 2009 se armó de valor y lo contó públicamente. ‘Lo hice por todas las otras mujeres que han pasado por lo mismo pero que viven en zonas alejadas y que no tienen los recursos para ser escuchadas‘.

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La periodista colombiana Jineth Bedoya en el Congreso Nacional de Mujeres y Paz de Bogotá a finales de 2013. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

‘De repente, sin darme cuenta, me volví activista’, asegura Jineth que ha creado la campaña ‘No es hora de callar’ donde reivindica la importancia de que las mujeres afectadas por cualquier tipo de violencia hablen. Cuenta con el apoyo de ONU Mujeres y el de futbolistas colombianos famosos (Falcao, David Ospina, Abel Aguilar…), con quienes consigue que el mensaje llegue a los hombres, que son, dice, el 98% del problema. ‘Las mujeres que hemos sido marcadas nos quedamos silenciadas. Por miedo a represalias, por vergüenza o porque nadie nos va a hacer caso‘. Y es que la impunidad bordea el 90% de estos casos en Colombia. ‘Con la Ley Justicia y Paz para el desmonte de los paramilitares hubo 150.000 denuncias de violencia sexual y solo 2 condenas‘. Su caso tampoco ha sido resuelto. ‘Francamente, no tengo esperanza que mis violadores acaben en la cárcel‘, suspira esta mujer que ve atónita cómo la intensidad de la guerra en Colombia ha bajado pero no así las violaciones a mujeres. ‘Los grupos armados que antes hacían la guerra ahora son bandas criminales que se dedican a la trata de mujeres, un negocio fácil, que da mucha plata, y que está menos perseguido que el narcotráfico, sentencia Jineth que en mayo de 2013 sacó a la luz un caso de explotación sexual de niñas de entre 13 y 16 años en las zonas mineras de Colombia, ante el que nadie ha hecho nada. ‘El machismo es muy fuerte. Por ejemplo, en las negociaciones actuales entre el Gobierno y las FARC hemos tenido que pelear mucho para que hubiera negociadoras. Al final conseguimos que entraran dos‘, explica.

Por decir todas estas cosas, Jineth está amenazada de muerte. En algunas regiones de su país no puede ni entrar. ‘Cuando tocas temas gordos, te salen enemigos por todas las esquinas. Siento que la bala puede venir de cualquier lado’. Se mueve siempre con un coche blindado y acompañada de 5 escoltas. Lleva 14 años así. ‘Echo de menos algo tan sencillo como pasear por la calle, me confiesa esta mujer, que desde que ‘la marcaron‘ no consigue dormir bien ni recuperar peso. ‘Bailo zumba cada mañana y también escribo. Esas son mis vías de escape‘, asegura con 6 libros publicados. ¿De qué sirve tanto sacrificio? ‘Me siento responsable por todas las mujeres que han pasado por lo mismo. A veces el peso es muy grande, es cierto, pero no voy a dejar el brazo a torcer. No puedo rendirme. Hemos conseguido algunos logros: se ha creado una política de género, una Consejería de Género, el Ministerio de Defensa tiene un protocolo de violencia sexual. No hay recursos pero son primeros pasos. Yo ya sabía que este proceso sería largo‘, concluye.

Jineth Bedoya es portavoz de la campaña “Violaciones y otras violencias: saquen mi cuerpo de la guerra” que lideran 10 organizaciones colombianas con el apoyo de Oxfam Intermón.

Laura Hurtado es periodista y trabaja en Oxfam Intermón.

Fotógrafas comprometidas

Por Laura Hurtado Laura Hurtado

Desde hace muchos días, preparando junto con mis compañeros una mesa de diálogo sobre periodismo comprometido con el título ¿Una imagen vale más que mil palabras? -y que se puede ver en streaming en directo de 4 a 5 de la tarde-, he tenido la suerte de encontrar en la red muchos trabajos de fotógrafas que me han interesado y emocionado precisamente por el compromiso con que retratan.

http://www.agencevu.com/photographers/index_photographer.php?id=255

Imagen del reportaje Me llamo Filda Adoch (c) Martina Bacigalupo. (*)

Una vez más, los fotógrafos hombres siguen copando la mayoría de los libros de fotografía, salas de exposiciones, agencias y festivales, mientras ellas asoman la cabeza tímidamente. Sin embargo, hay muchísimas fotógrafas, un oficio que ejercen desde que se inventó la fotografía, aunque frecuentemente no salgan en los libros de historia.

Entre tanta diversidad, se confirma que no existe una única mirada femenina, condicionada por el mero hecho de ser mujer, aunque a muchas fotógrafas, como a muchas escritoras o artistas, las sigan clasificando por su género más que por los temas que tocan o su estilo.

La mirada es personal y prueba de ello son tres ejemplos que me gustaría compartir aquí. Lo único que tienen en común estos reportajes es el compromiso, un compromiso firme que se explora desde tres frentes distintos y que estoy segura que no os dejarán indiferentes:

Miradas múltiples. Impactante es el proyecto Unbeatable de Dona Ferrato, que retrata desde hace más de 30 años la violencia doméstica desde diferentes puntos de vista: centros de acogida de mujeres maltratadas, grupos de terapia de hombres violentos, mujeres que cumplen condena por haber matado a sus agresores… A partir de imágenes básicamente en blanco y negro, la fotógrafa neoyorkina se aproxima a esta lacra social retratando todos los matices del gris. Incluso invita a otras fotógrafas y fotógrafos a exponer sus trabajos porque “si queremos erradicar la violencia doméstica, hay que sacudir la jaula”. Y eso se hace desde el colectivo.

Elogio de la lentitud: el “ensayo fotográfico”. La fotógrafa argentina, Adriana Lestido, reivindica dedicarle mucho tiempo a cada uno de sus trabajos, del que quiero compartir Madres e hijas con el que estuvo 3 años enteros para “comprender algo del misterio de esta relación tan compleja”. A raíz de la publicación de una antología de su obra, Lestido contaba: “Trato de fundirme con lo que estoy mirando”. De esta forma, consigue mostrar incluso lo que no está.

La observación participante. Galardonada en 2010 con el Premio Canon a la Mujer Fotoperiodista, la italiana Martina Bacigalupo nos propone una historia singular contada a medias entre ella y su protagonista, una mujer ugandesa mutilada y viuda que intenta sacar adelante a su familia. Se trata del reportaje Me llamo Filda Adoch donde la joven fotoperiodista le propone a la mujer retratada que participe en el proyecto y escriba los pies de foto que acompañan sus imágenes. “Pasé con ella más de tres semanas, desde el alba hasta la noche. Pero este reportaje no es sólo fruto de esas tres semanas, sino de cuatro años viviendo en la región de los Grandes Lagos, de cambiar mi visión previa del continente.

La mirada comprometida, sea de quien sea, es imprescindible. Es aquella que permanece, que deja huella. Que nos interpela, nos cuestiona, nos activa, y provoca cambios. Los cambios que ahora mismo son tan necesarios.

 

Laura Hurtado es periodista y trabaja en Intermón Oxfam.

(*) Agradecemos a Martina Bacigalupo que nos ha autorizado la publicación de esta foto de su reportaje Me llamo Filda Adoch y que va acompañada de este pie foto, escrito por la propia Filda: ‘En esta foto sale Odong, ¡reconozco su sombrero! Estábamos sentados alrededor del fuego, que ya se estaba apagando. Él no habla mucho, sobre todo mira. Allí, estaba contando un cuento a los niños. Es una tradición nuestra, reunirnos alrededor del fuego para contar historias, leyendas o cuentos de nuestro folklore; hablamos a los niños de sus ancestros, de sus vidas y sus luchas, les enseñamos nuestra cultura y así les ayudamos a crecer’.