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Entradas etiquetadas como ‘Maribel Maseda’

Tirar la piedra y esconder la mano

Por Maribel Maseda

Hace unos meses  vi estupefacta una parte de una película de la década de los 50 en la que el marido de una señora la ponía sobre sus rodillas y la azotaba mientras ella sollozaba. El hijo pequeño le decía ‘¡mamá!, papá te está pegando!!’ a lo que el padre respondía con absoluta normalidad ‘claro, hijo’. Y el hijo  replicaba mirando con fascinación la escena:  ‘¡entonces es que papá te quiere, mamá!’ y a la madre se le iluminaba la cara y recibía entonces los azotes feliz, sin sollozos.

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

‘¿porqué no le deja?’. ‘Cómo puede seguir con él?’-

’con toda la información que hay hoy en día, ¿cómo siguen metiéndose en relaciones así?’-

La única parte real de esta escena es la de que el maltratador realmente se cree en el derecho y el poder de pegar a su mujer, no porque la quiera, sino porque la cree ‘suya’. Nos preguntamos porqué la violencia contra la mujer continúa y lo hacemos sin tomar conciencia de la cantidad de mensajes contradictorios que se dictan y se consienten.

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La estadística invertida

Por Maribel MasMaribel Maseda 2eda 

Después de muchos años de trabajo en relación con la violencia de género, a finales del año pasado me decidí a presentar lo que he denominado “Estadística Invertida¨, mi perspectiva sobre la agresión del hombre violento hacia la mujer.

Estadística invertida. Imagen de TrasTando.

Estadística invertida. Imagen de TrasTando.

‘Estadística Invertida’ define la percepción errónea y generalizada que se tiene de la violencia que ejerce el violento sobre la mujer, como resultado de una igualmente confusa identificación de víctimas y verdugos. La estadística invertida se ha generado por la aceptación de premisas erróneas como éstas:

  •  Que se identifique la violencia que ejerce el violento sobre la mujer con el número de mujeres agredidas y no con el número de hombres que agreden.
  •  Que se haya trasladado el foco de atención y así el foco de crítica sobre la actitud de la víctima y no sobre la personalidad agresiva y reiterada del violento.
  • Que se designe un perfil para la mujer maltratada de manera que esta pueda ser reconocible,  en  lugar  de designar al hombre violento un perfil y pueda así ser reconocido por la sociedad en general. Por otra parte, estos perfiles se dan a confusión por que se presenta el perfil de la mujer susceptible de ser maltratada, cuando en realidad se está describiendo el que queda dibujado tras sufrir su síndrome de mujer maltratada.
  • Que refiriéndose siempre a la mujer, la gran mayoría se pregunten ¿porqué no se va?, ¿porqué permanece allí?  ¿porqué no acude a terapia? En lugar de dirigir las preguntas al agresor que es quien debe responderlas.

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La guerra fría que ganan los violentos

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Naciones Unidas asienta la definición de violencia de género sobre la necesidad de diferenciar otro tipo de violencia de aquella que se ejerce sobre individuos o grupos en base a su género. Partiendo de esta premisa, es innegable que la violencia que se ejerce sobre la mujer por el hecho de serlo es abrumadoramente mayor que la que se ejerce sobre el hombre por el hecho de serlo.

La violencia no sólo afecta a las mujeres, sino a toda la sociedad. Imagen de TrasTando.

La violencia no sólo afecta a las mujeres, sino a toda la sociedad. Imagen de TrasTando.

 

Pero cualquier tipo de violencia es condenable y aquellos que se mantienen en silencio ante ella es evidente que no comprenden la magnitud del problema y la implicación que tiene su silencio o  negación de la realidad . Establecida esta, al igual que ocurre con otros acontecimientos relevantes para la sociedad en general y para determinados grupos de riesgo en particular, afortunadamente se crearon asociaciones que valorando el nivel de injusticia o impunidad, el daño causado y sus propios recursos, a veces solo morales, deciden aportar, ayudar, defender, en la medida de sus posibilidades, a quienes consideran en situación de riesgo. De este modo, se pretende que ningún individuo se sienta apartado de la sociedad y amparado en los derechos humanos, no se sienta desprotegido por ella. Las ssociaciones no nacieron para atacarse ni para separarse del resto de la sociedad. Porque la violencia de género no se crea exclusivamente por el daño del violento, en este caso, hacia la mujer, sino también por otras personas que ejercen otro tipo de agresión: la de la injuria, la de la negación, la del silencio, que se extiende también al hombre.

Negar la realidad contundente de la violencia contra la mujer aduciendo que estas también atacan al hombre abusando de su situación en los divorcios, no solo es mezclar situaciones que siendo reales, no tienen nada que ver la una con la otra; es dejar constancia de que para trabajar a favor de los derechos humanos, hay que ser altruista, objetivo, carecer de prejuicios y ser capaz de dejar a un lado sus propias experiencias personales.  Teniendo en cuenta que el almacén de experiencias se incrementa según se va viviendo, esto último requiere una dosis elevada de altruismo y sentido de la justicia. Por otra parte, aprovechar un delito contra los derechos humanos para sacar a relucir la propia ira, el rencor, la necesidad de revancha, etc., pone en evidencia una vez más que no todas las personas son capaces de vivir su vida y atender además, las necesidades de otros que ni tan siquiera conoce. Eso se llama generosidad.

Acusar y denunciar falsamente a los hombres de malos tratos, abusos y violaciones debe considerarse también como agresión. Estas mujeres lejos de comprender el problema vergonzoso que resulta el maltrato y la violación para la sociedad, no para la víctima del abuso, se creen en el derecho de usar del amparo de la ley por ser mujer, como si por ser mujer ese derecho naciera con ellas. La ley ampara o debe hacerlo, al conjunto de la sociedad y ampara en el caso del que estamos hablando a la mujer víctima de malos tratos o abusos. No a la mujer por serlo. Esto desequilibraría las relaciones humanas al igual que las desequilibra la violencia de género. Por otro lado, cada vez que una mujer miente sobre un tema tan denigrante para la sociedad, asienta el precedente de que ‘la mujer’ es capaz de mentir. Y esto repercutirá muy nocivamente en la mujer que realmente ha sido agredida y que deberá pasar un filtro de preguntas y cuestionamientos dolorosos para esclarecer la veracidad o no de su agresión. Igualmente, asienta el precedente de que ‘el hombre’ es un violador.  Y las relaciones entre ambos podrían verse afectadas por la desconfianza en lo que todos entendemos muy bien hablando de ‘pagar justos por pecadores’.

La verdad es que hay muchas mujeres que sufren y han sufrido malos tratos y abusos. Que hay muchos hombres que han maltratado y violado. Pero hay muchas más mujeres que no han sido víctimas y muchos más hombres que no son verdugos. Y todos los que no han sido ni una cosa ni otra, no deberían por ello, sentir que las agresiones no tienen que ver con ellos. Porque no lo olvidemos, ajenos a esta guerra fría que poco a poco se van asentando entre hombres y mujeres, el maltratador continua integrado en la sociedad relacionándose sin una marca que le identifique como tal.  Entre la guerra fría que se provoca injustificadamente, acaba por olvidarse al verdadero  causante de tanto desorden: el maltratador, que asume, además, en el silencio de muchos y muchas, un permiso oculto para ejercer su violencia.

Violencia de género no es una guerra entre hombres y mujeres. Y el maltratador, el violador, el abusador, no debe poseer tal poder y protagonismo que acabe por sentirse un héroe que goza de impunidad moral.

No nos dejemos manipular por la persona violenta, no le concedamos poder o razón en base a las propias experiencias que aún siendo injustas, no por ello se igualan a lo que sufre una persona violada, golpeada, secuestrada y que mayoritariamente, es mujer. No permitamos que la persona violenta sienta que cada vez que se pone de manifiesto las diferencias entre hombres y mujeres se le concede el permiso para agredir. El agresor, el violento, nada tiene que ver con los hombres y mujeres que se relacionan sanamente, tengan mejor o peor suerte con sus relaciones. No lo olvidemos: por las diferencias crecemos, no rivalizamos, somos capaces de convivir de manera justa.

 

‘¿Y tú de dónde eres?’ Hijos etíopes de padres españoles

Por Maribel MasedaMaribel Maseda 2

Las adopciones de niños y niñas representan una vía de solución y a veces de salvación cuando las  circunstancias se presentan insuficientes para cubrir las necesidades básicas del niño y de la niña e incluso para el mantenimiento de su propia vida.

Las excepcionales condiciones en las que ha de tomarse la dura decisión de dar a un niño o niña en acogida son tan múltiples, delicadas y de seguro difíciles, que no podrían describir justa y objetivamente la generalidad de ellas. Sin duda, en la base de los  motivos que llevan a los padres adoptantes a iniciar un proceso largo, difícil, arriesgado y no exento de desgaste está el amor y el bienestar del niño.

Desde abril conocemos los casos de las familias españolas que viajaron a  Etiopía a recoger a sus hijos y cuya felicidad se vio truncada, junto a la de los pequeños, cuando inesperadamente, se revocó la sentencia en principio favorable a su adopción. Allí se mantuvieron en pie, apostando por la vida y los derechos humanos que deberían estar garantizados en todos los ámbitos y todos los procesos sin excepciones. Sin embargo, a finales de agosto la justicia etíope volvió a anular la adopción. Han recurrido la resolución y seguirá apostando por los derechos de sus hijos, que es lo que hacen los padres. Porque estos niños ya eran hijos suyos antes de que la sentencia les fuera favorable, lo continúan siendo después de que les fuera revocada y lo seguirán siendo decidan lo que decidan las autoridades. El corazón no entiende de firmas.

Fueron tan numerosas las peticiones de adopción en aquel país, que hubo de recurrirse a protocolos, necesarios, pero que a menudo, especialmente en casos en los que surgen problemáticas, invisibilizan a los niños y sus derechos afectivos, de protección, de vivir y de desarrollarse al amparo de  un ámbito seguro, en el que se les permita ejercer de lo que son, de niños y niñas.  Las expresiones políticamente correctas no pueden paliar los desgarros sentimentales que supone separarse de un hijo. La actitud de estos padres dan muestra ante cualquier país de su idoneidad como adoptantes. A pesar de su más que patente dolor y su sin duda dura y estresante lucha por recuperar a sus hijos, mantienen en todo momento el respeto por el país de ellos, por sus orígenes, por sus raíces. 

Una de las dos parejas que permanecen en Etiopía a la espera de poder volver con sus hijos. (c) EFE

Una de las dos parejas que permanecen en Etiopía a la espera de poder volver con sus hijos. (c) EFE

“Adopción” es un término necesario para describir un proceso por el que se ha traído un hijo o una hija a las vidas de unos padres. Pero no  debe establecer distinciones sobre la calidad del afecto que se deposita en ellos, ni mucho menos decidir cuando debe empezar a darlo y a recibirlo. Ningún padre requiere de una firma para hacerlo.

Pero es cierto que el proceso de adopción lleva implícitas unas connotaciones psicológicas y emocionales con las que ambos tendrán que convivir, para hallar la mejor manera de preservar todos los derechos que el niño o niña trae consigo por el hecho de provenir de otra culturas, otra vida y otros lazos afectivos.

Me reúno con Ricard Domingo, Presidente de la Asociación AFNE ( Asociación de Familias de Niños y Niñas de Etiopía), y su primera frase ya me hace saber que estos derechos son una premisa fundamental para la relación de respeto y amor entre ellos: “ Lo único que justifica la adopción es el beneficio del niño, no de la familia adoptante”.

AFNE se crea, entre otros motivos, con la intención de preservar los orígenes del niño/ niña etíopes, atender a la etapa post adopción, mantener los vínculos del niño con Etiopía, intercambio de aprendizaje entre las familias, establecer proyectos de colaboración con su país de origen, ayudar a sus hijos a salvaguardar su tradición, incluso su lengua.

Es importante conocer la relevancia que las familias de esta asociación conceden al niño como entidad. No como una posesión a la que revestir de unas nuevas características frontalmente alejadas de las que ancestralmente poseen. Los padres y madres de estos niños en España saben que tienen hijos etíopes que siempre lo serán. Por lo mismo, se implican en la cooperación de proyectos necesarios para su desarrollo sostenible. Escucho con admiración como algo tan sencillo para nosotros, redunda en un importante cambio positivo en la vida de las familias de algunos pueblos etíopes. AFNE también colabora en la construcción de pozos para traer el agua a la superficie y hacerla útil y rentable. Una vez dispusieron de ellos, pudieron regar los huertos familiares que surcaron de manzanos, al descubrir que sobrevivían con facilidad y nutrían a una importante parte de  sus miembros. Lo sencillo y rudimentario para países desarrollados puede ser  vital para estas poblaciones, que dan a lo importante un valor que las poblaciones más avanzadas hace tiempo olvidaron. Pero aún hay otro factor añadido en estos huertos y es el hecho de que los etíopes de estos pueblos se dieron cuenta de que no era el “mundo avanzado” el hacedor de milagros, sino que ellos, con los recursos adecuados, podían hacer lo mismo. La oportunidad de la  capacitación es una de las intenciones valiosas de estas familias. En esta línea, colaboran también organizando actividades como las carreras solidarias. Con los beneficios, compraron máquinas de coser, con las que, de nuevo, la población que aprendió a usarla supo que con el material adecuado, ellos también podían autoabastecerse de ropa y enseres tan necesarios para la vida cotidiana. Y es que esta palabra que aquí asociamos a tedio, en algunas poblaciones, abarca y significa el total de la vida.

Sin duda, los padres adoptantes de niños etíopes entienden la responsabilidad que adquieren al tener hijos. Desde el primer momento que comparten su vida aquí en España, integran el respeto a sus raíces ancestrales y les ayudan a mantenerlas con orgullo positivo. Es un derecho fundamental de sus hijos y como tal y sobre él, edifican su relación. Sinceridad, respeto, amor  y una enorme dosis de colaboración con el niño, atendiendo y comprendiendo sus necesidades de contacto con sus ancestros. Permitiéndoles conocer, potenciar y utilizar de manera constructiva la independencia que saben que deben preservar en ellos para no invadir  y anular su espacio cultural, sino colaborar conjuntamente, como un equipo perfecto y armónico fundamentado en el respeto para construir un intercambio cultural enriquecedor para todos.

Cuando se habla de derechos fundamentales de los niños, de justicias y de familias que quieren, pueden y saben serlo, las estadísticas no son necesarias. Solo la cordura, la moral y la tan necesaria empatía en un mundo tan grande y diverso como complejo. Sin ella, todo quedará lamentablemente lejos de las miras de aquellos que dicen trabajar por y para un mundo mejor.

Las dos familias adoptantes han iniciado una campaña para poder regresar a España con sus hijos en Change.org.

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura. 

Una carta, una vida

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Conozco a María Ramírez desde hace tiempo, sus pasos son silenciosos, habla casi en susurros y es extremadamente discreta. Nadie conoce en realidad su historia; pasea por la noche sola, sin miedo, como si al dormir el mundo, ella pudiera recuperar todas las sensaciones que se obtienen cuando se sabe poseedor de él. Siempre me admiró su bondad y ella se ruboriza cuando se lo digo. Nunca pierde la esperanza, las ganas de vivir, la alegría de ser y estar.

María sostiene en su mano una foto de su juventud. Imagen: Maribel Maseda.

María sostiene en su mano una foto de su juventud. Imagen: Maribel Maseda.

Y un día sentadas juntas en un viejo banco, puntual a la cita que concertó conmigo, vestida con un pantalón azul, luciendo con orgullo su bonito bolso del mismo color, me regaló su historia, comprendiendo entonces el porqué de su aceptación en una vida que sin duda se le ha presentado dura y difícil.

Toda su infancia la pasó entre orfanatos y casas de familiares diversos que la acogían mientras esperaba anhelante que llegara el día de poder estar con su madre para siempre. Las veces que intentaban reunirse de nuevo, las vivía con la ilusión de que esa vez fuera la definitiva, apenas unos días en los que de nuevo, ante la carencia absoluta de recursos para cuidar de ella, la madre debía buscar un hogar donde alojarla. Recuerda como lloraban ambas con cada nueva separación. Hasta los 16 años, pedía cada día y cada noche que la vida cambiara para ellas. Y cuando pudo trabajar comenzaron por fin su vida juntas.

María, en una imagen antigua. Imagen: archivo personal.

María, en una imagen antigua. Imagen: archivo personal.

María se enamoró. Tardó en hacerlo, recuerda ella, pero lo hizo desde el alma. Tras 7 meses en España, su novio hubo de regresar a su país. Él le pide que regrese con él pero María no quiere dejar aquí a su madre. La pide en matrimonio y acepta. Durante 9 años no vuelven a verse nunca, ni una sola vez y se relacionan por cartas en las que van proyectando su boda. Los fines de semana los pasa entre sus  promesas, su  amor y su madre. Era absolutamente feliz.

Se acerca el momento de la boda y María cuida y elige su ajuar con la ilusión y la felicidad de quien solo es capaz de ver bondad y sinceridad porque su propio corazón está hecho de lo mismo. Y en medio de las calles y veredas que su imaginación dibuja sobre el país en el que vivirá en poco tiempo, de los planes de futuro entregada a la familia que siempre deseaba tener, entre el amor que hizo más llevadera la espera tantos años, se cuela una carta en su puerta de una mujer que le cuenta como allá en aquel país que María creía ya conocer tan bien, descubre  en su casa escondidas las fotos y cartas de María y entiende que no sabe que aquel hombre al que María llama novio, se casó con ella y nunca se lo dijo.

María lloró durante meses. Y nunca nadie pudo volver a ocupar su corazón.

En ese banco, escuchándola, creo ver todavía amor. Y cuando me mira con sus ojos claros, y me dice: ‘pero aquellos años no fueron baldíos. Pude estar con mi madre cada minuto de su vida. Tanto lo pedí, y me lo dieron. Y para mí fue la felicidad más grande durante sus 101 años, estar a su lado como quería cuando era niña’, entonces entiendo que María posee un don, el de su propia capacidad de sentir amor.

Ahora, cuando la veo pasear sola, veo su corazón lleno.  No llora la pérdida. Siente que el universo le regaló una oportunidad y cada día lo ha vivido como tal. Nunca más respondió las cartas de aquel hombre, pero el deseo cumplido de poder estar al lado de su madre y darle todo su amor  llenó demasiado hueco en su vida como para que quepa el más mínimo rastro de rencor. Hoy tiene 81 años, y continua incapaz de sentir rencor ante los regalos que siente que la vida le ha dado; ni siquiera cuando un vecino, amparado en el anonimato, le disparó hace unos días, porque sí. Y me pregunta en voz bajita, que porqué les molesta tanto su presencia, si ella solo tiene cariño para dar.

La vejez hace por sí misma una revisión de vida en la que sin ser del todo consciente, reorganiza las prioridades, recupera los recuerdos y les concede una valía diferente a la que le había otorgado en la juventud y en la madurez. Los objetivos alcanzados generan una satisfacción añadida, claro, sin embargo, regresan a algún punto de  la infancia donde no se podía desligar el instante de vida de la certeza de que estaba ahí para ser vivido. La vejez no es una involución, sino una recuperación de lo que hemos ido perdiendo por el camino. Hay una gran sabiduría en el anciano, al igual que en el niño. Pero mientras los adultos no dudamos en acercarnos a los pequeños, dudamos en hacerlo cuando se trata de los mayores. Claramente no sabemos comunicarnos con ellos. Y con esta idea, decidimos crear el movimiento #1vida1carta, en el que al conocer las historias del mayor, aparecen ante nosotros personas con entidad propia, identidad única, que sin querer habíamos invisibilizado al relegarlos al grupo de ‘ancianos’ en el que nadie es ya diferente.

Cerca de la última etapa de la vida, muchos de los mayores valoran sus vidas no por la cantidad de objetivos conseguidos, sino por la calidad de los afectos que han dado y recibido. Y de ellos se nutren, aunque sean amores y afectos pasados, como si  finalmente solo tuviese la capacidad de acompañarles  aquello que es capaz de vivirse desde el corazón.

Te hacen pensar: ¿cuanta porción de corazón podrías llenar mañana con lo que has conseguido cosechar a día de hoy?

Antes de despedirnos, pregunto:

–          ‘María, ¿eres feliz?

–          ‘Mucho, Maribel. Disfruté de lo que pedí cada día de mi vida. Y eso la llenó por completo. No necesito más para ser feliz’.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura. Recientemente ha iniciado el movimiento #1carta1vida para dar valor a las vidas de las personas mayores.

Dos pasos adelante y uno atrás

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Nicaragua se convirtió en 2012 en uno de los 7 países del continente en nominar y condenar cualquier tipo de violencia contra la mujer.  Su famosa ley 779, ‘ley integral contra la violencia hacia las mujeres’  quería facilitar el reconocimiento de los diferentes tipos de maltrato que ocurrían fundamentalmente dentro del ámbito afectivo provenientes de una cultura que ancestralmente posiciona a la mujer muy por debajo del varón.

Diversas organizaciones participaron -y continúan haciéndolo-, en la labor continuada de procurar una sociedad más justa en cuanto a igualdad de oportunidades, en especial para la mujer y la niñez. Su eficacia reside sin duda en numerosos factores, entre ellos, la formación experta de sus integrantes y en la efectividad y coherencia de sus programas de capacitación y divulgación que dan cobertura a los ámbitos sociales y psicológicos, procurando herramientas que fortalezcan tanto sus capacidades como el reconocimiento de los medios en los que pueden desarrollarse.

Ana Patricia Martínez Corrales, de la organización nicaragüense FUNDEMUNI, durante una reciente visita a Barcelona. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Ana Patricia Martínez Corrales, de la organización nicaragüense FUNDEMUNI, durante una reciente visita a Barcelona. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Ana Patricia Martínez Corrales, Directora de la Fundación para la promoción y el desarrollo de las Mujeres y la niñez (FUNDEMUNI), explica este proceso  hacia la equidad social en clave de positividad y avances apoyándose en los logros y huyendo de arquetipos  obsoletos e ineficaces. Incide en la conveniencia de cubrir la problemática de la desigualdad abarcando todas las esferas que finalmente se ven involucradas en ella. Así, sus completos y acertados programas  hacia mujeres y niñas, además de prestar  asistencia legal, apoyo psicosocial, etc., se extienden a sus demandas de necesidades alimenticias, concienciación  del derecho de la mujer a participar de su cuerpo, de las decisiones familiares y sociales, de la política.

Ana Patricia procura en todo momento asentar la entrevista que mantiene conmigo en  datos objetivos, sin dejarse llevar por consideraciones particulares o subjetivas. Su respeto y amor por Nicaragua no deja de sentirse junto  a su deseo y confianza en que la consecución de un mundo más justo y equitativo es posible.

Hay que trabajar lo individual para que llegue a lo colectivo‘, y hay que hacerlo, además, teniendo en cuenta que hay que llegar a las mujeres y niñas que viven en el medio rural, porque la información llega de diferente forma allí donde el patriarcado está más instaurado como forma de vida.

Su trabajo es duro, constante, a menudo agotador, pero muy coherente. ‘No hay que involucrar solo  a la mujer‘. Sus programas integran dinámicas con jóvenes varones con los que trabajan la masculinidad como aspecto diferenciado del machismo. Igualmente, trabajan con jóvenes mujeres  la feminidad como aspecto que no precisa de la sumisión o la renuncia. ‘Es importante que sepan que no deben ser manipuladas a la hora de vivir su sexualidad‘.

Pero Fundemuni no es una Organización limitada ni territorial ni social ni políticamente. Forma parte, entre otras, de la Red nacional de mujeres contra la violencia y con todas las herramientas legales que pueden utilizar, denuncian la preocupante tasa de femicidios que lejos de disminuir, aumenta sin una implicación firme y  responsable por parte del Estado. No obstante, este mismo Estado las considera como una valiosa plataforma que facilita la participación más activa de la mujer.

Ana Patricia considera que los Movimientos de mujeres que trabajan por la equidad deben mantenerse alejadas de partidismos políticos, pero es fundamental el trabajo conjunto con los poderes públicos. Trabajar lo individual es complejo pero más aún lo es alcanzar al colectivo, ya que , en medio de ambos, se asientan estrategias escrupulosamente estudiadas  que puedan modificar  las propuestas de ley y hasta las leyes mismas, cuando estas puedan amenazar la organización del mundo  de manera simplista y efectiva para muchos, en hombres a un lado y mujeres al otro.

La famosa ley 779 lo fue, lo es y lo seguirá siendo por todo el esfuerzo, coherencia, ética y honradez de muchas organizaciones y movimientos de mujeres que dejaron patente su deseo de conseguir la equidad sin utilizar los mismos recursos agresivos y discriminatorios que las habían anulado a ellas  anteriormente.

Cuando las organizaciones de mujeres decidieron evaluar la ley 230 que añadía reformas para prevenir la violencia intrafamiliar y descubrieron las grandes grietas que portaba dicha ley por la que los ‘ex’ quedaban excluidos de ella y podían seguir asesinando y torturando impunemente, la red de mujeres contra la violencia y diversos Movimientos, presentaron en la Asamblea nacional un anteproyecto de ley que abarcara aquellos supuestos y situaciones que habían quedado ignorados. No se aprobó y la Corte Suprema presentó el suyo propio. Los movimientos y Organizaciones de mujeres, mostraron su voluntad cívica, conciliadora y reunificadora solicitando que se construyese un anteproyecto con lo mejor de las dos propuestas presentadas.  En 2012 se aprobó la ley 779 y meses mas tarde se reformó, para sorpresa de muchos, introduciendo una contradicción en el contexto de la violencia intrafamiliar, la mediación, argumentando la obligación de  la mujer de salvar la unidad familiar.

Ana Patricia es consciente de que aún queda trabajo duro por hacer, pero también de que el paso hacia atrás con el que tienen que acostumbrarse a dar sus pasos adelante, no deben hacer desaparecer los logros que tantas y tantas mujeres nos han dejado y a los que han dedicado gran parte de sus vidas.

Somos muchos hombres y muchas mujeres los que entendemos  que las mediaciones únicamente son posibles cuando las partes involucradas se comprometen en , desde y para la igualdad y existe la misma voluntad en el acto de mediación.

Mujeres como ella y Movimientos y Organizaciones como Fundemuni, María Elena Cuadra, Red de mujeres contra la violencia, y tantas y tantas otras, trabajan mientras el mundo duerme un sueño en el que le cuesta comprender otra realidad.  No generan violencia, luchan contra ella. Pero esto provoca un movimiento en las conciencias y una reacción a veces a favor a veces en contra. Admirable su perseverancia en que las hijas de tantos padres y madres vivan una vida más justa.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura.

La cuidadora que pierde su ‘yo’

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

La mujer ha tendido a posponerse a sí misma y aún continúa haciéndolo sin que en algunas ocasiones el hombre tenga ya que ver en ello. Hay actitudes que no se puede exigir a la mujer que, por serlo, siga manteniendo: ya no tiene mucho sentido en la sociedad de hoy, que avanza hacia la equidad. A pesar de las empresas civilizadas y cívicas puestas en marcha a favor de esta equidad y dada la inevitable convalecencia tras una actividad que levanta suspicacias, temores, enfrentamientos, esperanzas, apoyos, acuerdos y desacuerdos, aún llevará tiempo conseguir el objetivo. Es necesario, entre todos, mantener la alerta sobre los factores múltiples y diversos que puedan estar retrasando tanto el resultado anhelado.

'No hay nada malo en ser generosa, o conciliadora, o cuidadora'. Imagen: Carmen Bort.

‘No hay nada malo en ser cuidadora o conciliadora o generosa’. Imagen de Carmen Bort.

No sería una buena señal que el esfuerzo aplicado al principio de este camino evolutivo, fuera el mismo que se aplica 20, 50 o 70 años después. Tampoco que mantuviéramos invariablemente el foco de atención en los mismos argumentos. Si se hace, quizás estamos desgastándonos en un bucle que resta eficacia y en el que se pierde de vista alguna de las realidades que coexisten en el problema de las desigualdades por motivos de sexo.

Y alguna de estas realidades le compete a la mujer -y otras al hombre-, rehacerla o modificarla de manera individual, sin hacer al hombre coherente responsable de ella. No demos tanto poder a ese tipo específico de hombre que anula y atenta contra la capacidad de  ‘ser‘ de la mujer, como para desdibujar a los que claramente ayudan a la sociedad a ser mejor a través de su apertura y facilitación de esta equidad.

La mujer posee ancestralmente una labor de cuidadora que la acerca a veces sin ser consciente y secundariamente a la sumisión. Esto rechina, porque inexorablemente se asocia la figura de un dominante, cuestión que claramente rechazamos. Sin embargo, metidas en el bucle de lo que acontecía hace tiempo sin posibilidad del derecho a la queja, más exactamente, sin posibilidad al derecho en sí, se continúa a menudo depositando la causa en un dominador. Pero lo cierto es que, por supuesto dejando aparte otra realidad bien distinta en la que sí existe tal personaje, hay veces en las que se mantiene el patrón ancestral sin que exista un demandante de él en el entorno. Estos actos de sumisión que llamo  ‘benigna‘ (que no lo es, pero al pasar desapercibida no se identifica como causa importante del desgaste emocional, físico y mental que padecen muchos y muchas cuidadoras) quedan camuflados entre la tendencia de la mujer a facilitar la sanación de sus hijos, el cuidado de sus mayores, el equilibrio del hogar, el bienestar de sus integrantes… Esta sumisión benigna acontece tras las concesiones diarias que realiza para evitar conflictos, en las renuncias a través de las que otros pueden realizar sus deseos o condiciones y hasta en su necesidad de no ser rechazada, comparada, malinterpretada…

No hay nada malo en ser cuidadora o conciliadora o generosa. Las imposiciones que la llevan a hacer algo que en el fondo no le gustaría tener que hacer o siente que no tendría que hacer, pero se ve incapaz de rechazar, son las que finalmente la obligan a convertirse en una mujer sometida, aunque sea ella misma la que se impone la labor. Su certeza de que no hacerlo supondría dejar en el abandono algo que precisa de cuidado o atención, tarde o temprano generará en ella un exceso de responsabilidad que la irá desdibujando. En algún momento, mantendrá un estado de frustración o cierto enfado, también contra ella misma por no ser capaz de decir no pero no podrá hacerlo porque su conciencia no se lo permitirá o por su sensación de que ella puede comprender o atender mejor la situación.

Ser cuidadora no conduce a la sumisión benigna. La imposición, aún cuando es autoimposición, sin posibilidad, -real o no-, de rechazarla, puede provocarla. Porque en ella, la atención está no solo repartida en la labor autoimpuesta, sino en las consecuencias que derivan del cargo de conciencia que también asume la mujer cuando interiormente se rebela o se revela a sí misma sus deseos y necesidades, incompatibles con la labor de cuidadora de otros . Muchas acaban por someterse a un nivel de autoexigencia que no les es solicitado pero que ellas mismas han creado y en el que no se conceden ni tan siquiera unas horas de dedicación exclusiva.

La sociedad precisa de la generosidad de hombres y mujeres. Y por esta capacidad de dar al otro, necesitan aprender la importancia de la autoconcesión y el autocuidado. No cabe duda de que aprender a no posponerse siempre, es un camino que requiere atreverse a reconocer las propias necesidades. También de solicitar al otro la atención a la necesidad real (por ejemplo, muchas cuidadoras con sumisión  ‘benigna‘ piden a sus familiares que les ayuden a ellas a a atender a su mayor, no que ayuden al mayor a ser cuidado). Si se enmascaran por el sentimiento de culpabilidad, no podrán llegar a ser satisfechas y el bucle les desgastará cada vez más.

Atenderse también a uno mismo no implica desatender a otro. Posponerse como manera habitual de vivir no siempre es un requisito indispensable para que todo lo demás mejore. Y el que todo salga bien no debe depender siempre de que uno se olvide de su propia persona.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura.

En busca de la autoestima perdida

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Pensando ayer en una persona que lee @masdelamitad, decido aparcar mi coche para telefonearla:

-Hola, Luisa… Cuando tenías la autoestima tan baja, ¿qué hubiera pasado si alguien te dice que ‘eres’ especial?

-Que no me lo hubiera creído

-¿Qué pasó cuando te dije: ‘tienes’ algo especial?

-(Se ríe ilusionada) Eso sí me podia permitir creerlo y te hice una propuesta: ‘¿Cuando empezamos?’

El restablecimiento de la autoestima de cada persona es un proceso dinámico en el cual las pautas se modifican y ajustan de acuerdo a los escalones que se van ascendiendo, desde un sótano- al que por uno u otro motivo ha llegado-, hasta alguna planta por encima del mismo. Ese salto es el que marcará el comienzo de la recuperación.

Tan solo un escalón por encima, la perspectiva de la vida es ya diferente a la que se veía a través de  la pequeña rendija por la que observaba el mundo de los demás, y que hacía siempre perdedor al mundo propio. En ese sótano interior la aspiración se limita a hacer confortable el aislamiento, sobrevivir a él. Subir el primer escalón es encontrar el valor de tener un objetivo correcto: ‘congeniar con la vida’.

Es un regreso al hogar íntimo y privado en el que cuidar de uno mismo y de todo lo que se aloja allí. Es probable que se tenga que ir descubriendo poco a poco ya que cada persona posee el suyo y es exclusivo y diferente del de los demás. Esta diferencia no hace peor ni  resta reconocimiento, respeto, amor, credibilidad.  Un error de base suele ser  intentar reconocerse a través de la imagen que reflejan los otros, real o no, porque cuando no se es capaz de apostar por uno mismo, la diferencia con quienes le rodean se convertirá en agravio comparativo y nunca en aportación sumatoria. Recordar en ese momento el potencial inherente a todas y cada una de las personas para ser y hacer algo bien, bueno, diferente aportará arrojo para al menos tratar de hacerse visible.

" Y si la vida solo está esperando a que yo quiera ser lo que soy?" Imagen: B. de la Banda

“¿Y si la vida solo está esperando a que yo quiera ser lo que soy?” Imagen: B. de la Banda

Así es cada ser humano, especial, y así va aprendiendo, enriqueciéndose, reconociendo los aciertos y los que no lo son tanto. Equivocarse no devuelve a la invisibilidad del sótano, sino que procura una nueva oportunidad para conseguir lo que se desea por vías distintas. No le arrebata su turno para hacerlo. La equivocación es un baremo valioso para concretar y definir bien el objetivo en base a sus capacidades para realizarlo. Ceder espacio a la frustración es mantener un  vacío carente de eficacia que hará imposible salir de ella.

Con el primer  escalón, el objetivo debe estar muy claro y no  perderlo de vista: recuperarse a sí misma, a sí mismo, y descubrir  o recordar las capacidades y cualidades que posee, la valía que tiene siendo quien es. Si precisa de modelos que inspiren su proceso de crecimiento, deben ser compatibles y asumibles y no ser quien no se tiene  posibilidad de ser por no encajar en las diferencias específicas que cada plantilla posee. Tener autoestima no significa perder la identidad y pasar a engrosar  las filas estandarizadas y estereotipadas de quienes parece que sí la tienen. Conservar su propia idiosincrasia aporta elementos vitales para un mismo y para el grupo social, familiar, profesional, etc. al que se pertenezca. Dentro de él, se van matizando, adaptando e incorporando nuevas herramientas y actitudes necesarias para la justa convivencia, pero sin necesidad de autodestruirse para conservarla.

Hay que descubrir cuál es la plantilla propia y exclusiva para, a partir de ahí, sacarle todo el partido posible. Es importante identificar el puesto que se ha estado ocupando durante el tiempo que se ha perdido la propia identidad y renunciar a él. No se puede recuperar la plantilla original mientras se está ocupando otra que no le pertenece por miedos, desconocimiento o imposiciones.

Tener una correcta autoestima es asomarse al interior de uno mismo sin miedo a descubrirse y sin temor a valorarse o a corregirse. Desde su escalón cada vez más conocedor de la realidad sabe que quien menosprecia no posee la razón, sino el problema, que intenta ocultar creando uno igual en el otro. ‘Ser’ con la seguridad de poseer el liderazgo propio permite agradecer y pedir perdón desde la humildad sin el temor a caer en la subordinación moral. Una vez en ese escalón, lo demás fluirá de manera diferente a como lo sentía desde su sótano; por eso no siempre las prioridades que veía allí coincidirán con las que descubra una vez se instale en el escalón de  su propia aceptación.

El proceso de reencuentro con la autoestima es un camino enriquecedor y plagado de descubrimientos.

Hoy puede ser un día estupendo para ponerse en marcha.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura.

Con una gran ayuda de los amigos

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Voy a lanzar un bravo por esos amigos y amigas que se mantienen invariablemente en el lado de la coherencia cuando su amiga se ha visto arrastrada a la zona gris, al maltrato,  y aún no lo sabe.

Porque hablamos siempre de la situación terrible de la mujer maltratada- que lo es- pero no quiero olvidar a estas personas que quieren de verdad. Por querer bien  algunas veces son acusados injustamente, desplazados, desqueridos, enjuiciados. No es fácil para el amigo, para la amiga, ver cómo aquella mujer va siendo confundida, cómo se va convirtiendo en alguien que no reconoce, y a la que siente cada vez más lejos y menos accesible.

Red de amistad. Ilustración de Coco del Pino para La Zona Segura.

Red de amistad. Ilustración de Coco del Pino para La Zona Segura.

El amigo, la amiga, aparece bruscamente en una situación para la que no está preparado  y en la que tiene que elaborar estrategias para no dañar, para no perder a su amiga, para reaccionar de manera lógica, para lidiar con su propio temor y su propia tristeza.

La apropiada manera de ayudar no necesariamente será la que deje ver resultados. Al menos no de inmediato. Y esto le generará una gran impotencia. Dependerá de la etapa del proceso en el que esté. La mujer maltratada, en el primer estadio de su proceso, no quiere oír que deje a su amor, sino un consejo de cómo recuperarlo,  de cómo hacerle entender que ella lo único que quiere es darle lo mejor de sí misma. Incluso le defenderá por encima de la buena intención de la persona amiga. En esta fase, la propia víctima no está preparada para creer en su maltrato y  no querrá que le hablen de él.

El amigo debe mantenerse en el lado sano y no sucumbir al dolor y al temor de perder a su amiga. Aquí la ayuda proviene de actitudes que no debe tomar: no consolar desde dentro de su zona gris, no animar a seguir intentando una relación feliz, no confundir diciendo que no es tan grave o que él no quería decir o hacer lo que hizo o dijo. Culparle a él, quizás haga que ella se ponga a la defensiva contra el amigo/a. Intentar que recuerde lo que ella era, lo que hacía, cómo sentía y cómo deseaba ser feliz, ayudará a mantener ese lado sano y coherente tan fundamental porque lo irá olvidando progresivamente. El amigo en esta etapa, ‘solo‘ podrá, con esfuerzo, mantener el extremo de la cuerda situado al otro lado del abismo, para que ella no pierda del todo el contacto con la cordura.

En la siguiente etapa importante del proceso, la mujer maltratada comenzará a tener dudas sobre su relación,  su pareja y su propia objetividad. Aún no se verá capaz de tomar decisiones tajantes ni podrá discernir. Dejará ver situaciones que vive en su relación, contará algunas actitudes o comentarios de su pareja, con el fin de observar la reacción que causa  en su entorno. Precisará comprobar sus dudas a través del impacto que provoca entre sus amigos o conocidos o incluso en foros o chats. El amigo o la amiga aquí representa el lado sano con el que ella puede comparar.

En la etapa que llamo del despertar,  la mujer víctima toma conciencia de que su capacidad de ‘ser‘ ha sido sistemáticamente atacada y gravemente dañada. Es aquí cuando  la amiga que se ha mantenido más o menos cerca pero con el extremo de la cuerda firmemente sujeta, podrá tirar de ella y acercarla hacia la frontera entre las dos zonas y desde allí, ayudarla a ver y usar la red segura de ayuda, como la del 016.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como Háblame, El tablero iniciático, y La zona segura.

La zona segura

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

La mujer que padece el maltrato es difícilmente comprendida por los que no lo han sufrido. Incluso ella tarda un tiempo en darse cuenta de que la estaban maltratando ¿Cómo puede distorsionarse de tal manera la realidad? ¿Tanto poder tiene el maltratador sobre su víctima y sobre la sociedad en general?

Portada del libro 'La zona segura'. Imagen: Editorial Lid.

Portada del libro ‘La zona segura’. Imagen: Editorial Lid.

En realidad este poder es ficticio y se debe a la zona gris en la que vive la mujer maltratada. Una zona que no le permite reconocer su zona segura que no es otra cosa que el espejo sano de la vida. En este lado están situados los que intentan hacerle ver lo peligroso y dañino de su pareja y de su relación con ella.

La zona segura es la que reconoce la vida porque coincide con las expectativas que tiene de ella. En el terreno sentimental, la expectativa del amor y de la convivencia a través de este, le permite identificar los malos días como momentos temporales y benignos para la relación, que se mantendría intacta a pesar de ellos. Y después de estos malos días, no se desarrollan actitudes defensivas o de ataque para proseguirla. Más bien, desde la zona segura, al no existir sensación de presión nociva por parte del otro, se crece y aprende conjuntamente. En esta zona, se necesita que cada uno sea quien es porque es un valor enriquecedor para ambos.

En la zona gris en la que vive el maltratador, sin embargo, precisa de la anulación del otro para poseer poder. La vida nunca coincidirá con sus expectativas y a partir de aquí reaccionará bruscamente a su frustración. Hará responsable de su insatisfacción a su pareja, que haga lo que haga, nunca conseguirá resolver. El maltratador siente que no encajará nunca en el modelo de vida que quiere para él, y precisará gobernar el submundo que irá creando, la zona gris. Así sintiendo que hay una vida que domina y a un súbdito inferior al que somete, hace soportable su frustración.

En la zona gris en la que vive una persona maltratada, precisa de la aceptación de su maltratador. Ha sido arrastrada a ella precisamente por el esfuerzo de  mantener su zona segura. Ha intentado comprender a su agresor, sus motivos, sus exigencias, sus “malos días”. Y ella ha revisado sus propias conductas intentando mejorar la calidad de la relación. Al hacerlo, se ha ido situando en la frontera de las dos zonas. Y se ha situado ahí porque la otra persona desde su zona gris no utiliza su esfuerzo para crecer sino para ganar a través del menosprecio del mismo.  Pero desde la zona segura de la que parte ella, esta actitud perversa no se contempla, no tiene sentido, simplemente no existe, y así sin darse cuenta, cuanto más se esfuerza ella, más se introduce en la zona gris del maltratador.

No es fácil recuperar la zona segura, pero lo importante es que es posible. Retroceder hasta un punto de su vida en el que siente que estaba en esa zona le ayudará a reconocerla.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como Háblame, El tablero iniciático, y La zona segura, que se presenta mañana jueves 20 de febrero en Madrid.