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Guatemala: dolor, memoria y verdad

 

‘‘Solo me violó un soldado porque los demás agarraron a una mujer cada uno. Todas las mujeres fueron violadas, escuché cuando las mujeres gritaban. En ese tiempo tenía 16 años’’.

Estas palabras pronunciadas con valentía, llenas de dolor, de memoria y de verdad fueron parte del testimonio rendido por María Cavinal Rodríguez, una mujer indígena maya ixil sobreviviente del genocidio guatemalteco. Ella fue una de las diez valientes mujeres que en el año 2013 declararon ante un tribunal en Guatemala durante el juicio contra el ex dictador Efraín Ríos Montt por la matanza generalizada y sistemática contra el pueblo maya ixil. Allí, frente a quienes las deshumanizaron y quebraron su dignidad, sus vidas y sus cuerpos, relataron las crueldades a las que fueron sometidas.

Llegar a juicio ha sido un hito histórico para las mujeres de Guatemala. Ilustración de Mercedes Cabrera para Womens Link Worldwide.

Históricamente la violencia de género y, concretamente, la violencia sexual se ha utilizado como arma de guerra en los conflictos armados y en los ataques contra la población civil. Esta situación persiste hoy en día. Aunque se han conseguido avances importantes, aún se trata de una violencia invisibilizada y persisten serios obstáculos que impiden su investigación y su castigo. Lee el resto de la entrada »

En solidaridad con las niñas y mujeres de Guatemala

Por Nuria Coronado

En Guatemala, el terrible incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción ha puesto de manifiesto el grado de la vergüenza y la infamia en este país. Han fallecido al menos 40 menores y otras 30 permanecen hospitalizadas con diagnóstico reservado después de denunciar que estaban siendo violadas y maltratadas en el propio centro de acogida. Incendiaron varios colchones en protesta y no pudieron escapar del fuego porque estaban encerradas.

Es demasiado común que las víctimas de abuso sexual no sean creídas cuando denuncian lo que les ocurre. Por eso mujeresdeguatemala.org una ong afincada en España se esfuerza, día sí y día también, en denunciar la violencia sexual de sus compatriotas y en poner en su sitio a quienes ponen en duda la palabra de las víctimas amparados en cómplices sociales para seguir manteniendo los privilegios del machismo.

Homenaje. Imagen de Mike Labrum.

Hay algo peor a ser violada o agredida: no ser creída cuando lo cuentas. Es la doble perversión, el doble daño a la mujer que sucede más a menudo de lo que podamos pensar. La primera violación la ejerce un delincuente, un violador. La segunda, la de la in-credibilidad de los testimonios de las mujeres víctimas de la violencia machista, es aún más sangrante y enjundiosa ya que la llevan a cabo jueces, fiscales o forenses que usan el Derecho como un instrumento (más) para perpetuar el machismo. Basta con remitirse a cifras como las que da el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ (2016) según las cuales el motivo de absolución más frecuente en denuncias por violencia de género es la falta de prueba suficiente por constar sólo la declaración incriminatoria de la víctima (40,1%).

Una realidad que. como no se cansa de repetir Arsenio García Cores, perito, docente y experto en Derechos Humanos y análisis de determinación de la credibilidad, “es un camino de doble vía: la de los estereotipos y los prejuicios de género que instalados en la sociedad inciden en el Derecho, cuyas sentencias serán a su vez escuchadas y reproducidas en la sociedad, reforzando dicha estereotipia y perpetuándola”.  O lo que es lo mismo: que el Derecho, tiene género y no es precisamente el femenino. “El estereotipo es una creencia exagerada asociada con, o acerca de, las costumbres y atributos, reales o no, de un determinado grupo o categoría social. Es el inicio de una secuencia que va desde lo cognitivo (imagen estereotipada), que pasa por la actitud (el juicio previo o preexistente, el prejuicio) y finaliza en el comportamiento (la conducta discriminatoria). La comprensión de este mecanismo es fundamental para revelar que los operadores judiciales no toman decisiones sobre la base de estereotipos sino prejuicios, valoraciones basadas en dichos estereotipos pero asumidas además como categoría de conocimiento –sana crítica, máximas de la experiencia, etc.–. Por ello, los estereotipos se convierten en indetectables para el juzgador, porque al ser elevados a categoría jurídica, sobre la que se analizará la prueba, dejan de ser tales estereotipos: son certezas o al menos realidades ampliamente consolidadas que permiten la toma de decisiones”, añade este experto internacional.

Y de tanto estereotipo pasa que el mazo de la justicia, en vez de recaer con todo su peso en el lado de los culpables, abate a la víctima al dudar de su palabra y perpetúa, por los siglos de los siglos, la cultura de la violación.  “En los crímenes de violencia sexual, la credibilidad juega un papel fundamental que hasta ahora no ha sido debidamente analizado. Casi instantáneamente, los testimonios de las víctimas son puestos en duda —por las autoridades, las instituciones, las familias, las personas conocidas—. Una re victimización que sólo se comprende si enfocamos hacía su origen: los prejuicios y estereotipos que funcionan como trabas a un correcto análisis de la situación, y que actúan por encima de los estándares internacionales de credibilidad a los que obligan las leyes y tratados en materia de Derechos Humanos.”, tal y como explica Mercedes Hernández, presidenta la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG (mujeresdeguatemala.org).

Con el fin de concienciar sobre la injusticia y la revictimización a las que se ven sometidas las mujeres agredidas sexualmente, sobre cuya palabra recae constantemente la sospecha, @mujeresdeguate ha llegado a nuestro país para poner en marcha una valiente y valiosa iniciativa llamada #YoTeCreo. Se trata de una  campaña que responde “a la necesidad urgente de orientar y contener los juicios subjetivos —impregnados del estereotipo de género— en los casos de violencia sexual, y se dirige tanto a la población general como a los/as profesionales y funcionarios/as de las áreas e instituciones de salud y justicia. Para ello trabajamos en una serie de herramientas conceptuales, reelaboradas a la luz de la teoría feminista y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, añade Hernández.

Además #YoTeCreo analiza las consecuencias de no creer en la palabra de las víctimas y cómo ello favorece la impunidad jurídica y social, valiéndose de los medios de comunicación y de los tribunales que terminan convirtiéndose en laberintos y telarañas en los cuales las víctimas quedan atrapadas. ‘El proyecto yotecreo.net surge a raíz de la historia real de una víctima llamada Ana, que reúne el cómic que dibujó para narrar las agresiones a las que fue sometida. La campaña cuenta además con voces expertas en el derecho, la psicología y los medios de comunicación, entre otras, que reflexionan sobre la credibilidad y analizan las barreras sociales que impiden creer la palabra de las mujeres víctimas de agresión sexual, especialmente cuando, en casos como el de Ana, el agresor es conocido de la víctima, lo cual inactiva sus posibilidades de defensa’, añade Hernández.

Por tantas niñas como las del Hogar Virgen de la Asunción, por tantas Anas que por desgracia todavía sufren, es necesario alzar la voz y sumarse a movimientos como este. Cuesta muy poco y sirve de mucho. Es tan sencillo como acompañar virtualmente a mujeres cuya negativa y abuso no fue creído, mediante una foto con un cartel escrito a mano que lleve este sencillo mensaje: #YoTeCreo. ¿Te sumas?

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com y responsable de Comunicación de Juan Merodio

Guatemala: compromiso contra las discriminaciones y la violencia

Por Gilda Marlene Sum García y Edna Imelda Cali Chex

He recibido las peores humillaciones, denigraciones, acusaciones e insultos en espacios públicos y privados, provenientes de mujeres y hombres, varios en  posiciones de poder.  Esa acción es uno de los principales ejemplos  de la naturalización del racismo, ninguna instancia, ni el mismo Estado acciona para parar, castigar y poner precedentes en el país para detener el odio racial de  individuos, colectivos o instituciones que impunemente ejercen esta opresión y lo hacen porque en su imaginario, yo podré tener un doctorado de una reconocida  universidad extranjera pero para ellos y ellas, yo nunca dejaré de ser una“india” que no tiene el mismo valor como ser humano que ellos y ellas sí tienen’

Las palabras de la doctora Irma Alicia Velásquez muestran cómo el racismo y la discriminación en Guatemala marcan diferencias, desigualdades e inequidades en la población causando una influencia negativa en las relaciones humanas. Si bien es cierto que la discriminación afecta a todas las personas indígenas, la situación es todavía peor para las mujeres. El racismo y la discriminación contra las mujeres indígenas se manifiestan con más fuerza  y es una de las principales causas de la desigualdad que sufrimos.

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

El racismo está en la raíz de la extrema pobreza, exclusión, marginación, explotación que experimentamos. En definitiva, es una forma grave de violencia contra las mujeres indígenas. Es necesario y urgente generar conciencia social y cambiar esta idea de que valemos menos que el resto de la sociedad.

Por eso varias organizaciones hemos lanzado la campaña #MiCompromisoEs, como parte de la campaña global de Oxfam ¡Basta! Acabemos con la violencia contra mujeres y niñas.  Vimos en esta iniciativa una oportunidad de tocar el tema de racismo y discriminación hacia las mujeres indígenas, una forma de ser la voz de las que no pueden hablar y llegar a donde no tenemos presencia.

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Ruda: lecciones contra la violencia de las avanzadoras indígenas

Por June Fernández June Fernández

‘No podemos ayudarlas si no denuncian. No podemos ayudarlas, no podemos apostar, y no digo el Gobierno, digo toda la sociedad, si esas mujeres no denuncian’. Esta es probablemente la declaración política sobre violencia de género más indignante que he escuchado. La pronunció Ana Mato cuando era ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad, y no pasó desapercibida para las feministas. El colectivo madrileño ‘Las Tejedoras’ presentó en 2014 un cortometraje sobre la revictimización de las mujeres que deciden denunciar situaciones de violencia, titulado ‘La última gota’, e incluyeron las irresponsables palabras de la ministra. Las entrevisté en Pikara y me dijeron lo siguiente: ‘Estamos tomando conciencia de que la respuesta institucional no es suficiente, de que tenemos que hacer algo, pero no tenemos herramientas. Hemos de empezar a pensar estrategias colectivas y trabajar en autodefensa feminista para promover el empoderamiento de las víctimas y enfrentar a los agresores’.

Reunión de lideresas en la grabación del documental Ruda, de Oxfam Intermón / Avanzadoras. Imagen de June Fernández.

Reunión de lideresas en la grabación del documental Ruda, de Oxfam Intermón / Avanzadoras. Imagen de June Fernández.

Cuando desde Oxfam Intermón me propusieron participar en un documental sobre las mujeres indígenas organizadas contra la violencia en Guatemala, en seguida tuve claro que quería centrarlo en aprender de sus estrategias comunitarias. Marcela Lagarde define feminicidio como los asesinatos sistemáticos de mujeres, por el hecho de ser mujeres, cuando ocurren en un contexto de complicidad o inacción por parte de los Estados. En Guatemala se registran 45 muertes violentas de mujeres al mes. Desnaturalizar la violencia es especialmente complejo en un país que ha pasado 36 años en guerra, en el que sigue sin reconocerse que hubo un genocidio maya y en el que la violencia es el pan de cada día. A la vez que reclaman al Estado que garantice el derecho a la vida, las organizaciones de mujeres indígenas que conocí en Guatemala apuestan por promover el empoderamiento de las mujeres para que pasen del estatus de víctima de violencia machista al de lideresa que defiende los derechos de las mujeres de su comunidad, empezando por dar apoyo y acompañamiento ante situaciones de maltrato o de discriminación.

Reunión de mujeres indígenas de Guatemala en el patio de una casa. Imagen del documental Ruda, de June Fernández para Oxfam Intermón.

Reunión de mujeres indígenas de Guatemala en el patio de una casa. Imagen del documental Ruda, de June Fernández para Oxfam Intermón.

Me emocionó conocer a señoras como Doña Sebastiana y Doña Candelaria, abuelas que han vivido toda una vida de maltrato y que, ya pasados los 60 años de edad, entienden que son valiosas, que pueden utilizar sus experiencias y sus saberes para ayudar a otras mujeres violentadas. Aprendí con ellas y con Natalia, curandera quiché, la importancia de integrar la sanación en la intervención en violencia de género, con gestos tan sencillos como preparar a la mujer violentada un té con plantas medicinales (como la ruda, de ahí el título del documental) o hacerle un masaje. Frente a la pretensión de que la víctima de malos tratos corra a la comisaría a denunciar y tenga que enfrentarse a un juicio rápido -en el que muchas veces pareciera que es a ella a quien se está juzgando-, con estas lideresas entendemos que lo prioritario es el bienestar emocional de la mujer violentada.

Consejeras y avanzadoras. Imagen del documental Ruda, de June Fernández para Oxfam Intermón.

Consejeras y avanzadoras. Imagen del documental Ruda, de June Fernández para Oxfam Intermón.

Frente a la tendencia de parcelar luchas (la feminista, la ecologista o la antirracista por separado), las lideresas hablan al mismo tiempo de empoderamiento de las mujeres y de reconocimiento de los pueblos originarios. Entienden que la explotación de recursos naturales también es un tema prioritario para las organizaciones de mujeres: porque explotar a la madre tierra también es violencia patriarcal, porque el agua es vida, porque cuando el ejército defiende una mina o una hidroeléctrica y reprime a la población que se opone al macroproyecto en cuestión, la represión también incluye violencia hacia las mujeres.

Cuando presentamos el documental en el País Vasco, alguien del público dijo que sentía un poco de envidia, porque en nuestra sociedad, el desarrollo del feminismo institucional ha hecho que descuidemos las respuestas comunitarias. La entendí, pero repliqué que el peso que llevan en sus espaldas estas lideresas que llegan a donde el Estado no llega es desmesurado. Recordé la entrevista con Johana (lideresa en Cuilapa, ciudad cercana a la frontera con El Salvador, en la que es habitual ver a hombres luciendo pistolas en sus tejanos), se encontraba muy afligida porque en su barrio se la estaba señalando como colaboradora de la policía contra el crimen organizado, contra esas bandas que, entre otras cosas, estaban extorsionando y violando a las maestras de un colegio. Johana se debate entre la satisfacción de salvar vidas y la angustia de poner la suya en riesgo.

 

Johana, Sebastiana y una joven lideresa quiché, Olga, pudieron disfrutar de unos días para presentar el documental en Euskadi. Nosotras nos preocupábamos por que su agenda no fuera muy extenuante y ellas insistían en que estaban felices. Sentían que cruzar el charco era un reconocimiento a su trabajo y también un descanso para cargar pilas. Están orgullosas de ser lideresas, pero no es fácil estar disponible las 24 horas del día, recibir en plena noche a mujeres que acaban de recibir una paliza o que han sido amenazadas de muerte. No es fácil hacer este trabajo de forma no remunerada siendo una campesina humilde que vive de vender artesanías en los encuentros de mujeres. Una se siente inspirada por su valentía y su compromiso, pero también se queda preocupada. ¿Quién vela por la seguridad y el bienestar de las lideresas que dedican su vida a acompañar y a sanar a las mujeres?

June Fernández es periodista. Coordina la revista feminista Pikara Magazine y escribe en medios como eldiario.es, Diagonal o Argia.

La tierra es de las mujeres

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

“La tierra es de las mujeres”, me dijo Wane Depha. “No entiendo, ¿a qué te refieres?”, le pregunté yo. Pero esa Wane con la que yo hablaba no era la misma que había pasado por las oficinas de Madrid unos días antes…

Cuando llegó al aeropuerto estaba un poco preocupada. Venía callada y mostrando cierta incertidumbre y tensión. Era la primera vez que salía de su país y Madrid ni siquiera era su destino final. Le faltaban aún muchas horas de vuelo hasta Guatemala, donde se reuniría con más de 80 mujeres de todo el mundo. Fue a su regreso cuando yo la conocí y me encontré con una mujer abierta, sonriente y con muchas ganas de hablar. ¿Qué había pasado en Guatemala para que Wane volviera tan animada?, me pregunté a mi misma…

Y lo que había pasado es algo que yo ya he tenido la oportunidad de ver en otros encuentros que hacemos en Oxfam Intermón con Avanzadoras de todo el mundo. Algo capaz de transformar el ánimo de quien lo presencia y sobre todo de ellas, las participantes. Ella me lo resumió así: “En Guatemala he descubierto otro mundo, pero un mundo que comparte los mismos problemas que yo”. Ese sentimiento de identificación, de red, fue el que obró el cambio.

Wane Depha durante su paso por Madrid. (c) Laura Martínez Valero / Oxfam Intermón

“La tierra es de las mujeres”. Wane Depha durante su paso por Madrid. (c) Laura Martínez Valero / Oxfam Intermón

Y aquí es donde vuelvo a la pregunta inicial: “¿por qué la tierra es de las mujeres, Wane?”. “La tierra es nuestra porque vivimos de ella, la trabajamos y ganamos en ella el pan para nuestras familias. Las mujeres rurales no tienen estudios ni otro oficio y aún así se les niega el acceso a la propiedad de la tierra”, me explicó. Se trata de un problema que afecta a millones de mujeres en todo el mundo y al que se enfrentan de diferentes formas. En el caso de Wane desde la Red de  Organizaciones por la Seguridad Alimentaria (ROSA), reclama la propiedad individual o colectiva para las mujeres para que puedan decidir qué plantar y ampliar la extensión de sus tierras.

Además, la organización de Wane también se enfrenta a un reto añadido. En un país con muy poca tierra cultivable como Mauritania, empresas extranjeras compran al gobierno  grandes extensiones de tierra (lo que se conoce como acaparamiento de tierra) provocando la ruina de pueblos enteros y su desplazamiento. Por ello también es importante que las mujeres posean las tierras y estén concienciadas para evitar su venta a estas empresas.

El acaparamiento de tierras también es un problema frecuente en Guatemala, según me contó Wane. Sin embargo, aunque los problemas sean los mismos, las formas de solucionarlo a veces cambian. “En Guatemala he conocido mujeres que quieren preservar su cultura y sus valores. Son muy creativas y en Mauritania creo que hemos perdido algo de eso. Creo que es importante poseer  la tierra y a la vez preservar nuestra cultura”, me contaba.

Quizá la próxima vez sean las guatemaltecas o las paraguayas o las burkinesas las que vayan a Mauritania y entonces será Wane la que provoque un cambio emocionante en ellas.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.

Contra la violencia: salir de casa

Por Laura Martínez ValeroLaura Martínez Valero

Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La verdad que nunca me había planteado de dónde viene este día, tan acostumbrada estoy a aceptar esta realidad. Así que he mirado por Internet y he descubierto que el 25 de noviembre de 1960 en República Dominicana, tres mujeres fueron torturadas, asesinadas a golpes, descuartizadas y arrojadas por un precipicio en República Dominicana. Eran las hermanas Mirabal y su crimen fue ser opositoras del régimen del dictador Trujillo. En su honor se instituyó este día.

Esta historia me recordó el actual clima generalizado de violencia contra la mujer en Latinoamérica, y en concreto el caso de Guatemala, donde en 2013 el feminicidio fue la causa de muerte de 512 mujeres y 7 de cada 10 mujeres declaran haber sufrido algún tipo de violencia alguna vez en su vida. A esto hay que sumarle un factor que muchas veces no se tiene en cuenta: la discriminación de la mujeres indígenas. Podríamos decir que las indígenas sufren triplemente la violencia: por ser mujeres, por ser indígenas, lo que dificulta su acceso a las entidades estatales,  y por violencia del Estado, especialmente durante el conflicto interno armado (1960 – 1996), en el que el 83% de las víctimas fueron mayas asesinados por el ejército guatemalteco.

De todo ello me hablaron María Morales y Edna Calí, dos mujeres mayas que se han organizado para combatir la violencia contra la mujer y la discriminación. María, como coordinadora general de la organización Majawil Q’ij (“El Nuevo Amanecer”), y Edna desde la Asociación Mujer Tejedora Del Desarrollo (Amuted) ayudan a las mujeres en situaciones violencia y de pobreza.

María Morales y Edna Calí en el II Seminario Internacional Violencia contra las Mujeres organizado por AIETI, Alianza por la Solidaridad y Oxfam Intermón, entre otros (Madrid, 14 octubre 2014). (C) Ana Sara Lafuente / Oxfam Intermón

María Morales y Edna Calí en el II Seminario Internacional Violencia contra las Mujeres organizado por AIETI, Alianza por la Solidaridad y Oxfam Intermón, entre otros (Madrid, 14 octubre 2014). (C) Ana Sara Lafuente / Oxfam Intermón

Para María, que aprendió a leer y escribir a los 16 años, su situación actual es fruto de una evolución y un cambio de mentalidad. “Nunca he compartido la idea de que las mujeres deban estar en casa. Tenemos que participar en todo”, me confesó. Sin embargo, también admitió que hasta que comenzó a trabajar en la organización creía que la violencia contra la mujer era algo normal. Ahora trabaja para despertar a otras mujeres y empoderarlas, para que conozcan sus derechos y salgan a la calle a denunciar las situaciones de violencia. “Les hago entender que las mujeres no somos presas de nuestros hogares”.

Otro de las denuncias fundamentales de María es la discriminación de los pueblos indígenas, que se ha mantenido tras el fin del conflicto armado y que ha sido reconocida por la ONU. “En el sistema del estado no se hablan nuestros idiomas. Entonces cuando nosotras, las mujeres mayas, llegamos y explicamos nuestra situación no nos entienden; y si ponen traductores son de otros lugares que no entienden las características de nuestras etnias”.

La historia de Edna es diferente. Tuvo la oportunidad de formarse y estudiar en la universidad gracias a una beca, algo que resulta extraño en un país donde el porcentaje de mujeres indígenas que llegan a la universidad es mínimo. Ahora, trabaja en la atención integral directa en los casos de violencia contra la mujer, basándose en dos aspectos que considera fundamentales: la formación política y la independencia económica. “El hecho de irnos formando, nos abre muchas puertas oportunidades. Muchas mujeres no pueden abrirse al espacio económico o de participación política porque sufren violencia. Primero tienen que ser libres con ellas mismas, libres de todas las ataduras que tienen por los roles sociales que ejercen”.

En su organización también realizan talleres de terapia y sanación para mujeres víctimas de violencia, a las que les ‘duele el corazón’, que en su idioma significa el alma. Algo que no pueden encontrar en los centros de salud, donde el simple hecho de vestir con el traje tradicional maya ya es un obstáculo para que las atiendan.

Si queréis conocer las historias de otras mujeres avanzadoras os invito a visitar la web ‘Mujeres contra la violencia’ de Oxfam Intermón.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.

¿Por qué mueren tantas mujeres?

Por Carolina García  

Quizá a muchas personas sorprenda que en España hablemos de feminicidio. Un término que muchos  desconocen, que a otros les suena lejano, y lo cierto es que la gran mayoría de la opinión pública no lo relaciona con los casos de violencia contra las mujeres que a diario suceden en nuestro país. Sin embargo, es necesario recordar que el feminicidio (o femicidio como lo denominan en Centroamérica) está presente en todas las regiones del mundo y que es la expresión más extrema de la violencia contra las mujeres.

Zapatos rojos. Imagen del II Seminario Internacional sobre violencias contra las mujeres y feminicidio.

Zapatos rojos. Imagen del II Seminario Internacional sobre violencias contra las mujeres y feminicidio.

Las cifras así lo demuestran, según ONU Mujeres 7 de cada 10 mujeres en el mundo sufrirán violencia física o sexual en algún momento de su vida. Sin embargo las políticas implementadas por los estados para hacer frente a esta pandemia distan mucho ser suficientes ante la magnitud del problema.

La última conferencia de Naciones Unidas sobre esta materia celebrada en 2014, pedía a los países miembros fortalecer la legislación nacional con el fin de castigar los asesinatos de mujeres y niñas; y establecer mecanismos para prevenir, investigar y erradicar el feminicidio y acabar con la impunidad que se vive en muchos lugares del planeta.

Compromisos que se evaden, resoluciones que quedan en papel mojado y políticas que nunca verán la luz, de no ser por la lucha vigilante de organizaciones de mujeres para que sus derechos sean respetados. Guatemala, Perú, España, Bruselas, la lucha es común y el camino compartido.

 

Para debatir sobre esto y sobre todo para hablar de los pequeños avances y los grandes retos que quedan por delante se celebrará en Madrid el próximo 14 de octubre el II Seminario Internacional sobre Feminicidio organizado por varias organizaciones europeas y latinoamericanas.

Un encuentro en el que se compartirán los avances conseguidos por los movimientos y organizaciones de mujeres y que suponen las bases para conseguir poner fin a esta lacra. Desde la sentencia de la Corte Interamericana sobre Campo Algodonero, que crea jurisprudencia sobre los homicidios de mujeres hasta la Resolución de urgencia sobre el feminicidio en la Unión Europea y América Latina, aprobada en marzo de 2014 por la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana (Eurolat).

Defensoras de los derechos de las mujeres participarán en este espacio con el objetivo de trabajar juntas, de visibilizar una lucha que es global en todos los rincones del planeta y de proponer soluciones para eliminar los obstáculos que aparecen en el camino hacia el derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencias.

¿Sabías que  la violencia de género es la principal causa de muerte entre las mujeres de entre 15 y 44 años en todo el mundo, por delante de la suma de las muertes provocadas por el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y las guerras?

¿Qué podemos hacer para combatirla? ¿Cómo podemos garantizar los derechos de las mujeres?

Las respuestas a estas cuestiones las buscaremos juntas el próximo martes.

 

Carolina García es activista por los derechos de las Mujeres en Alianza por la Solidaridad

El miedo nos paraliza… o provoca el cambio

Por Mélida Guevara Foto_2 Mélida Guevara 70

Muchas mujeres vivimos con miedo en El Salvador, en Guatemala y en el mundo: a la violencia de nuestra pareja, de los hijos e hijas, o de alguna otra persona de la familia, a que nos quiten el trabajo si decimos lo que pensamos, al fracaso, al rechazo, a las amenazas de los grupos violentos o pandillas, a la delincuencia… Y también mucho miedo a los cambios, sobre todo en las relaciones que establecemos. Sentimos inseguridad, tenemos miedo cuando no conocemos bien las claves de lo que tenemos alrededor y no sabemos a lo que nos enfrentamos.

El miedo nos paraliza, nos detiene, provoca muchos efectos negativos en nuestro organismo y nuestra mente. Pero también nos alerta del peligro y esto activa nuestra vigilancia. Es sumamente importante reconocer y aceptar a qué le tenemos miedo. De esta manera podemos prepararnos para enfrentar de mejor manera a la situación que se presenta. Una de las mujeres lideresas relata: ‘aunque dicen que ya no hay más muertes por la tregua, en el silencio en la noche, desde mi casa escucho mucha violencia y me da miedo… y sigo haciendo mi trabajo con las mujeres de la comunidad’.

Movilización del Movimiento Salvadoreño de Mujeres en demanda de sus derechos, 2012

Movilización del Movimiento Salvadoreño de Mujeres en demanda de sus derechos, 2012

Algunas mujeres con las que trabajamos suelen decir que para ellas la única forma de superar el miedo ha sido el conocimiento: reconocerse como mujeres, con personas con derechos, apropiarse de ellos. Esto les ha llevado dirigir la mirada hacia otras mujeres y lograr el cambio, como una de ellas me decía: ‘la mente se ha despertado… Ahora tengo sed de aprender y defender mis derechos. Manejar el miedo es anticiparse, es prepararse, es actuar antes de que ocurran hechos que no queremos que ocurran, es prevenir violencia de género.

Si, podemos contribuir a transformar  nuestro mundo, nuestro entorno. No podemos cambiar a nadie, pero sí tenemos la capacidad de influir en las personas que nos rodean para que los cambios  se vuelvan una realidad. ¿Cuál es la motivación de las mujeres para que  los cambios ocurran? ¿Le tenemos miedo al cambio?

 

Mélida Guevara coordina un programa de prevención de violencia en El Salvador y Guatemala dentro del programa de Justicia de Género de Oxfam.  A través de la ‘ventana ciudadana’ trabaja con otras mujeres en escuelas (con estudiantes, docentes, madres y padres), y también con funcionarias y funcionarios públicos para mejorar la vida de las mujeres que acuden a la justicia.