BLOGS

Entradas etiquetadas como ‘desigualdad’

Patricia y la otra isla

Por Ana Belén Terrón

Hay personas que anidan en tu corazón y que te impregnan, inevitablemente, de poesía. En República Dominicana, frente a la pobreza extrema impuesta por unos pocos, Patricia pone verbo a la cita de Bertolt Brecht: ‘Hay las que luchan toda la vida, esas son las imprescindibles’

En medio de playas paradisíacas y de plácidos resorts existe otra isla. La de la gente que se organiza ante la ausencia de estado, ante un gobierno que beneficia a una minoría privilegiada. Cierto es que en todas las naciones latinoamericanas ha habido casos de corrupción, pero en República Dominicana los escándalos afectan a todos los poderes, organismos especiales y cuerpos castrenses. No hay un solo estamento estatal que no haya sido permeado por la corrupción, y pocos procesos judiciales iniciados suelen acabar desestimados, con los presuntos corruptos en la calle y mas limpios que un santo.

Patricia Gómez, lideresa que defiende a los habitantes de los barrios en la organización COPADEBA en República Dominicana. Imagen de Jorge Fernández Mayoral / Oxfam Intermón.

Esta corrupción superlativa produce una consecuencia directa en el 99% de la población: La desigualdad. No es baladí que República Dominicana sea uno de los países con mas crecimiento económico de Centroamérica y, a su vez, uno de los más desiguales.

Ampliemos el zoom hasta Sabana Perdida, un barrio olvidado por el gobierno. No es el único, ni mucho menos, pero este es el barrio de Patricia, nuestro barrancolí de plumas verdes. El gobierno no se ha molestado en levantar aceras en las calles, así que los vecinos se han puesto manos a la obra. Ante esta dejadez los vecinos se hermanan, y es en este contexto de iniciativa comunitaria por la dignidad donde Patricia colabora en la creación de COPADEBA (Comité para la Defensa de los Derechos Barriales) y Ciudad Alternativa. Durante los años 1979 y 1991, en República Dominicana se inicia un ciclo de protesta que proporcionó un contexto histórico favorable para el nacimiento de estas organizaciones.

La historia de Patricia es, sin duda, la historia de la lucha de los barrios y de sus victorias, pues han logrado doblegar al gobierno en muchas de sus reivindicaciones. Sin embargo, protestar no era suficiente, también había que organizarse, entender la realidad social y política de la sociedad, informarse y dotarse de nuevas herramientas de cambio. El terreno se gana gracias a las “protestas con propuestas”. En Sabana Perdida, la organización comunitaria, el empoderamiento político de la gente, tiene forma de mujer, de madre con tres hijos que ha sacado adelante a su familia, que se ha graduado en trabajo social para seguir poniendo piedras a una gran fortaleza, la de construir un pueblo organizado que libre un pulso a la minoría privilegiada y le diga al mundo: “Somos ejemplo, esperanza, somos el verde”.

Creo en el trabajo comunitario como hilo que teje el cambio, Patricia y el movimiento verde lo están demostrando día a día. Pero el concepto de comunidad debe trascender fronteras. Los lazos del cambio político y de la lucha por la igualdad no entienden de límites territoriales, y el efecto mariposa se entreteje en la concepción de cooperación internacional. En la maleta me traigo la certeza de que sus victorias son las nuestras, y el compromiso personal de reforzar el hilo de este ovillo infinito desde el Congreso de los Diputados. Un impulso bien orientado desde España, una palmada fuerte al presupuesto y a las estructuras de cooperación internacional, pueden marcar la diferencia. Cuando Sibila leía el futuro aseguraba que nada podía cambiar, que el destino estaba escrito en piedra. Yo pienso que solo es cuestión de voluntad, política, en este caso.

Ana Belén Terrón es diputada de Podemos en el Congreso por Granaday trabajadora social. Ha viajado a Mauritania con el Proyecto Héroes de la Ayuda que impulsa Oxfam Intermón

La desigualdad dentro de la desigualdad

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

No es ciencia ficción. Los informes lo venían augurando desde años atrás. Et voilà! Lo hemos conseguido incluso antes del tiempo previsto. El 1% de la población acumula ya tanta riqueza como el 99% restante. Con un sistema fiscal mundial diseñado para favorecer a una minoría privilegiada, con unas normas hechas por y para las élites y un entramado de paraísos fiscales, lo raro hubiera sido lo contrario.

Barriada de chabolas en Manila. (c) Dewald Brand

Barriada de chabolas en Manila. (c) Dewald Brand

En este mundo cada vez más desigual, la mujer es la mayor perjudicada. Probablemente ya conozcan este dato porque ha tenido mucha difusión esta semana: 62 personas acumulan tanta riqueza como 3.600 millones de personas, la mitad más pobre del planeta. Pero, ¿sabían que de esas 62 personas solo 9 son mujeres? ¿Y que de las 500 personas más ricas del mundo, 445 son hombres?

Y es que ni siquiera la desigualdad se reparte entre ambos sexos por igual. En el mundo, la mayoría de los trabajadores mal remunerados del mundo son mujeres, que se concentran en los empleos más precarios. Además son ellas las que realizan la mayor parte del trabajo no remunerado, como el cuidado de los hijos e hijas, del hogar o de las personas mayores, lo que limita que lleguen a puestos directivos (el famoso techo de cristal).

Si miramos al otro de la brecha de desigualdad, hacia el lado menos privilegiado, las más perjudicadas vuelven a ser ellas. Como siempre, las desigualdades van de la mano y los países con mayor desigualdad concentran mayores diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a acceso al mercado laboral, educación, participación, sanidad… Y son también los que presentan una mayor brecha salarial entre hombres y mujeres, es decir, una mayor diferencia de salario por el mismo trabajo realizado.

Es evidente que incluso dentro de la desigualdad existe la desigualdad y estés en el lado que estés si eres mujer tienes más papeletas para que toque menos en el reparto. Desde luego, no pretendo defender que si 62 mujeres acumularan tanta riqueza como la mitad del planeta o fueran 500 mujeres las personas más ricas del mundo la situación fuera necesariamente mejor. Pero estamos ante una evidencia que no se puede negar: la mujer se encuentra en una situación de especial desventaja.

Como decía la periodista Belén Carreño en un estupendo artículo que recomiendo:

“Dentro de las bolsas de pobreza y desigualdad que persisten en el mundo, las mujeres conforman un colectivo de ‘ultrapobres’ dentro de los pobres; de discriminadas dentro de los apartados, de olvidadas dentro de los que ya no importan”.

Es necesario cerrar la brecha de la desigualdad, acabar con la era de los paraísos fiscales y que la riqueza se distribuya entre más personas. Y es necesario que al mismo tiempo desaparezca esa desigualdad de género que persiste en todos los ámbitos de nuestras vidas. Solo así lograremos un mundo justo para todas las personas.

Todos los datos forman parte del informe ‘Una economía al servicio del 1%’ de Oxfam Intermón. Les invito a entrar, descargar el informe y firmar la petición contra el escaqueo fiscal de las grandes empresas.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.

Asesinos de la igualdad

Por Flor de Torres Flor de Torres renueva

Los maltratadores asesinan a sus parejas o ex parejas. Pero son además asesinos de la igualdad. Asistimos a la lista interminable de mujeres víctimas de la violencia de género. Cuando matan separan la igualdad del género, propiciando la desigualdad. La llevan a su máximo exponente: el feminicidio.

Frente a ello hay que luchar porque esas palabras, ‘igualdad’ y ‘género’ sean un binomio indestructible. Tenemos que lograr que sea una expresión llena de contenido y de sonido para todos, y muy especialmente para las personas más jóvenes de nuestra sociedad. Para ello previamente consolidémoslas en la educación, no solo en los colegios, sino en la familia, en la sociedad. Llevémoslas a la vida. Destruyamos de forma fulminante las tretas de dominación ocultas de género, que tanto daño hacen y que aún siguen invisibles en forma de conductas micro machistas que impiden equilibrar los géneros en valores.

Pero tampoco desterremos a los maltratadores solos con sus condenas y penas, medidas y alejamientos, estigmatizándolos a su suerte. Es una obligación nuclear de la lucha contra la violencia de género trabajar con los maltratadores en tratamientos efectivos de reeducación en la igualdad de género. Este es el camino que necesitamos recorrer para que esa lista de mujeres e hijos asesinados no siga alimentándose: educación y reinserción.

Lee el resto de la entrada »

Las mujeres queremos derechos, no “paguitas”

Por Dori Fernández Dori Fernández

Vaya, parece que esta semana las mujeres “estamos de suerte”. Como nuestras cotizaciones a la Seguridad Social son a lo largo de nuestra vida como nuestros empleos, parciales y menor remunerados, debido al hecho de que nos ocupamos mayoritaria y amorosamente del trabajo de cuidados, al Gobierno se le ha ocurrido –en plena campaña electoral- complementar nuestras pensiones contributivas (jubilación, incapacidad y viudedad) con un porcentaje que va desde el 5 al 15 por ciento en función de si hemos tenido dos o más hijas/os para paliar esa injusta y desigual situación y en “apoyo a la maternidad y al reconocimiento del papel de las mujeres que deciden tener hijos” según reza la nota de prensa del Ministerio. Es una de las medidas estrella de su recientemente aprobado Plan Integral de Apoyo a la Familia (PIAF). Dicho sea de paso, aún no he encontrado el mencionado PIAF íntegro y definitivo por ningún sitio: ¡viva la transparencia!

Imagen de Knoll para el concurso de dibujo de ONU Mujeres. http://beijing20.unwomen.org/es/get-involved/comic-competition

Imagen de Knoll para el concurso de dibujo de ONU Mujeres. http://beijing20.unwomen.org/es/get-involved/comic-competition

Así que para paliar el cabreo que me produce la noticia de semejante propuesta, voy a ir por partes.

Lee el resto de la entrada »

La lideresa entre los líderes de Davos

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

“En el lugar donde crecí, en Uganda, mi familia no tenía mucho, pero estábamos entre los más acomodados. Mi mejor amiga y yo íbamos al colegio juntas todos los días. Yo tenía un par de zapatos, ella iba descalza. En aquel momento no entendía por qué, y ahora tampoco. Es necesario combatir la desigualdad siempre, en todo momento”.

Las dos cara de la moneda Favelas al lado del rico distrito de Morumbi en Brasil (c) Tuca Vieira/Oxfam Intermón

Las dos caras de la moneda: favelas al lado del rico distrito de Morumbi en Brasil. (c) Tuca Vieira/Oxfam Intermón

Este año la reunión del Foro Económico Mundial (21 al 24 enero de 2015) en Davos, Suiza, es un poco diferente. En esencia es parecida a las ediciones de otros años, los principales líderes financieros, empresariales y políticos del mundo pensando juntos cómo resolver los problemas mundiales más acuciantes. Pero es diferente porque la desigualdad va a estar muy presente. En todos los sentidos. Empezando por la propia desigualdad existente en el foro, en el que la mayoría de líderes son hombres. De hecho, de los 2.500 líderes  presentes sólo el 17% son mujeres (425 en total). Una escasa asistencia que según el foro se debe a que ‘son pocas las que ejercen cargos de responsabilidad en sus organizaciones’.

Y siguiendo por la desigualdad como tema que debe estar presente en las agendas de estos grandes hombres. Eso es lo que va exigir una mujer, por lo que se ve de las pocas que hay allí. Se llama Winnie Byanyima y es directora ejecutiva de Oxfam, una organización internacional que trabaja por un mundo más justo. En esta edición, Winnie va a copresidir la reunión, entre los cuatro copresidentes restantes, que son hombres. Está allí con un único objetivo: hacer un llamamiento urgente contra la desigualdad, un tema en el que la organización (Oxfam Intermón en España) está centrando sus esfuerzos.

En un mundo en el que según las previsiones en 2016 el 1% más rico acumulará tanta riqueza como el resto de la población mundial (70 millones frente a 7.000 millones), la desigualdad se ha convertido en un tema de moda. Sin ir más lejos, por ejemplo, Obama presentó ayer su propuesta contra la desigualdad en el debate sobre el estado de la Unión. Y en nuestro país, ¿quién no ha oído hablar de ello a Podemos?

Pero a todo esto, ¿quién es Winnie y qué quiere exactamente?

(c) Oxfam

Winnie Byanyima (c) Oxfam

Winnie es ugandesa, tiene 55 años y es ingeniera. También es la primera directora africana que ha tenido Oxfam. Y ha sido muchas otras más cosas, como miembro del Parlamento ugandés, fundadora del primer grupo parlamentario de mujeres en Uganda y fundadora del Forum for Women in Democracy, una ONG de Uganda que defiende una participación igualitaria de las mujeres en los procesos de toma de decisiones.  Entre otras cosas.

Por tanto, Winnie lleva la lucha contra la desigualdad en las venas. No sólo de género, sino también económica, ya que ambas desigualdades están estrechamente relacionadas. Sólo 3 de las 30 personas más ricas del mundo son mujeres. Sin embargo, la inmensa mayoría de los trabajadores peor remunerados y con empleos más precarios son mujeres.  Esto repercute en muchos ámbitos, como el acceso a la educación, y sin duda ha influido a la hora de la ridícula representación femenina en el foro de Davos de este año (y de los anteriores). Además, es un círculo vicioso. Si las mujeres no tienen acceso a los espacios de decisión nunca se conseguirán medidas que reduzcan la desigualdad.

Winnie tuvo la suerte de estudiar. Su madre, maestra, conocía la importancia de la educación y lo consideró una prioridad. Es una suerte porque gracias a ello estos días Winnie va a exigir a los grandes líderes de Davos medidas concretas contra la desigualdad. Ya está bien de discursos. Ha llegado la hora de cambiar las reglas.

Tú también puedes unirte al movimiento global contra la desigualdad. Puedes informarte y firmar una petición para acabar con la desigualdad

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras,

No digas que es igual

Por Belén de la Banda @bdelabanda

Hace unos veinte años, mientras estudiaba en la universidad, colaboraba como voluntaria con una escuela de adultos en Vallecas, en el sur de Madrid. En realidad debería haberse llamado Escuela de Adultas, porque eran mayoritariamente mujeres quienes poblaban esas pequeñas aulas, hechas de barracones y pegadas al edificio de una parroquia del barrio, donde varias tardes a la semana nos reuníamos para ‘aprender’, en un pequeño grupo de ocho o diez. Quizá faltaban muchas cosas en esas vidas y en esa escuela, autogestionada y con muy pocos medios materiales. Lo que nunca faltó por parte de las alumnas era motivación.

Movilizaciones vecinales por la vivienda en Vallecas. Imagen: AA.VV. Palomeras.

Movilizaciones vecinales por la vivienda en Vallecas. Imagen: AA.VV. Palomeras.

Cada una de estas mujeres tenía una historia de vida que merecería una novela, o una película. Llegadas de distintos pueblos en su infancia o en su primera adolescencia, o justo en el momento de casarse y salir a la ciudad a buscarse la vida, habían vivido en durísimas condiciones tanto en su lugar de origen rural como en los barrios marginales que empezaban a formarse. Habían sido niñas y adolescentes trabajadoras: en el campo, cuidando animales, cuidando a sus hermanos pequeños, limpiando… Habían construido pequeñas chabolas, durante la noche para que al amanecer estuvieran techadas y la ley las protegiera. Todo lo que tenían lo habían conseguido con un gigantesco esfuerzo. La vivienda, la luz eléctrica, el agua corriente, el alcantarillado, eran logros compartidos y conseguidos gracias a la movilización del barrio, una y otra vez, durante muchos años.

Pero su esfuerzo personal había sido también inmenso. Con ese esfuerzo habían ido consiguiendo mejorar la vida de sus familias, sacar adelante a sus hijos, trabajar para otros -normalmente en el trabajo doméstico o en el cuidado de los hijos de otras familias-, pero habían llegado a la madurez sin saber leer, o sin lograr dominar la lectura y la escritura, y muy especialmente la comprensión lectora. Casi el único punto en común entre ellas era que no habían ido a la escuela cuando eran niñas, o habían ido muy poco tiempo. Sus maridos, sus hermanos, sí sabían leer y escribir. Pero para ellas no había habido escuela.

Las clases en la escuela eran una mezcla de terapia y lectoescritura. Estas auténticas  maestras de vida estaban dispuestas a darlo todo en el aprendizaje, a ponerse a sí mismas a prueba tres días a la semana. Mujeres inteligentes, trabajadoras, buenas personas, interesantes. Dispuestas una y otra vez a intentarlo, a fracasar, a ir quedándose con algo más cada día. Dispuestas a sentir que, a pesar de lo que tantas veces les habían dicho, podían y debían aprender. Con mucha frecuencia agradecían la posibilidad de contar con esa escuela de adultos, y todas las puertas que la escuela les abría para disfrutar de la cultura, convivir, conocer. Pero mi sensación permanente era que en ese pequeño grupo quien más estaba aprendiendo era yo.

Muchas veces al salir de la escuela, en el largo trayecto de regreso a casa, pensaba qué habría sido de estas mujeres si hubieran tenido, en su infancia, una buena escuela pública cerca. Si alguien hubiera detectado sus capacidades y les hubiera apoyado. No tenía duda de que muchas de ellas habrían podido desarrollar una carrera universitaria y ser magníficas profesionales. El contraste con su realidad me hacía sentir una sensación de privilegio inmerecido por tener la oportunidad de estudiar.

En España y en el mundo, tres cuartas partes de las personas afectadas por el analfabetismo son mujeres. Aún hoy, en nuestro país, hay ochocientas mil personas que no saben leer ni escribir un texto básico. En el mundo son casi 800 millones de personas.

Todos estamos de acuerdo en que no es igual, no da igual, enfrentarse a la vida sin ser capaz de leer o escribir. Quienes hemos tenido la suerte de estudiar deberíamos esforzarnos en apoyar sistemas educativos gratuitos y accesibles para todos, en todo el mundo.

Belén de la Banda es periodista y trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón

¿Desigualdad natural?

Por Irantzu Varela Irantzu Varela n

No es que todas las mujeres vivamos todos los días situaciones de violencia explícita, o que nos vayan discriminando descaradamente por la vida, como si estuviéramos en un sistema de apartheid, no.

Pero todas las mujeres, cada día de nuestra vida, estamos expuestas a la posición de desigualdad en la que nos coloca el sistema patriarcal, que es universal y omnipresente, y se manifiesta en innumerables formas, algunas de ellas tan sutiles que ni siquiera nos damos cuenta.

http://es.wikipedia.org/wiki/Kathrine_Switzer

Un comisario intenta expulsar a Kathrine Schwitzer del Maratón de Boston en 1967

En los medios de comunicación aparecemos como víctimas, consortes, modelos irreales de belleza y objetos sexuales. La publicidad utiliza nuestros cuerpos como vallas en las que promocionar sus productos, trata nuestras características físicas normales como defectos y nos ofrece productos para limpiar mejor, cocinar mejor, cuidar mejor, aparentar mejor.

En la cultura somos la excepción. Eternas “pitufinas” que no protagonizan historias, sino que las complementan, dando un toque bello, malvado o sentimental a las historias importantes, las de ellos. Como creadoras, hacemos “cine de mujeres”, “literatura de mujeres”, como si las obras de los hombres fueran las normales y las nuestras un subgénero, destinado a un público minoritario.

En el mercado laboral, trabajamos casi dos meses más para cobrar lo mismo, se nos imponen dificultades para ascender y se nos considera las únicas destinatarias de las medidas de conciliación.

En la política, somos menos y se nos valora menos. Se nos trata como a infiltradas, que ocupan el espacio que correspondería a un hombre, si la valía prevaleciera sobre las cuotas. Y se espera de  nosotras que nos ocupemos de la salud, la educación o el bienestar, como si la economía, la política internacional o la guerra no fueran cosa nuestra.

En la calle, en los bares, se opina sobre nuestro cuerpo, nuestro aspecto, nuestro comportamiento… como si fuéramos de propiedad colectiva, como si la sociedad pudiera decidir sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos.

Porque todavía se nos considera una excepción, una excentricidad, un complemento a la medida de quien es referencia de todas las cosas: los hombres. Se nos trata como a figuras que tienen que saber cuál es su sitio: cuidar, adornar, acompañar… u osadas que se meten donde no las llaman.

Cada día, a todas las mujeres del mundo, se nos recuerda que, para nosotras, hay el doble de reglas y la mitad de derechos.

Los piropos, las miradas condescendientes, los comentarios paternalistas, los controles disfrazados de cuidado, los cuestionamientos a nuestra profesionalidad, las exigencias de autocontrol, presentarnos como fuentes de tentación, sexualizarnos, infantilizarnos, silenciarnos, quitarnos importancia… todas esas cosas -o muchas de ellas- nos pasan cada día, hasta el punto que hemos aprendido a asimilarlas como normales.

Pero no lo son. Son la prueba y la herramienta de un sistema de desigualdad que nos pretende personajes secundarias y que quiere convencernos de que esas pequeñas cosas, esas sutiles desigualdades “no son para tanto”. Pero sí lo son. Son el alimento de esa creencia dictadora y opresora que nos pretende convencer, a unas y a otros, de que la desigualdad es el estado natural de las cosas.

Pero no lo es.

 

Irantzu Varela es periodista, feminista, experta en género y comunicación, y (de)formadora en talleres sobre igualdad en Faktoría Lila.

Sudán del Sur: ser mujer en un país nuevo

Por Laura HurtadoLaura Hurtado

Hoy se cumplen dos años desde la independencia de este nuevo Estado y no puedo evitar recordar lo que escuché hace unos meses en una charla de Ingrid Kircher, investigadora austríaca que pasó dos meses y medio en dos regiones remotas de Sudán del Sur para realizar un estudio para Oxfam. En concreto, recuerdo esta frase: “En Sudán del Sur, una niña de 15 años tiene más probabilidades de morir durante el parto que de finalizar la escuela”.

Los derechos de las mujeres en Sudán del Sur son vulnerados (c) Pablo Tosco

En Sudán del Sur, los derechos de las mujeres son vulnerados (c) Pablo Tosco / Intermón Oxfam

Según nos contó Kircher, especializada en la protección de derechos humanos en zonas de conflicto, un tercio de las niñas son casadas antes de los 18 años en los Estados de Lakes y Warrap donde ella centró su trabajo. Matrimonios tempranos que tienen graves consecuencias a largo plazo para las mujeres, como el abandono de la escuela (y del acceso a la educación) o los embarazos precoces que ponen en peligro su salud. La tasa de mortalidad materna es elevadísima, con 1 de cada 7 mujeres fallecidas por complicaciones durante el embarazo o el parto.

Una realidad que me pareció aterradora y que no termina aquí puesto que las mujeres de estas zonas rurales, donde la tradición está fuertemente arraigada, no tienen derecho a tener propiedades ni a tomar decisiones aunque carguen con la mayor parte del trabajo productivo y doméstico. Además, la violencia doméstica es generalizada. La familia del novio, cuando negocia el matrimonio, debe pagar a la familia de la novia varias vacas, que son distribuidas entre los hermanos de ella, que a su vez, dependen de esas vacas, para poder casarse. “Por ello, muchos hombres piensan que las mujeres son de su propiedad. Creen que tienen derecho a pegarlas porque han pagado por ellas”, relató Kircher que se entrevistó con 22 grupos de hombres y mujeres y más de 70 informantes clave para realizar su investigación entre octubre y diciembre de 2012.

El contexto no ayuda. Después de décadas de guerra, el nuevo Estado se enfrenta a enormes desafíos con más de la mitad de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza, numerosos conflictos internos y graves dificultades para acceder a servicios sociales básicos (en todo el país hay menos de cien kilómetros de carretera asfaltada). La inseguridad y la falta de infraestructuras afectan especialmente a mujeres y niñas que, en algunas zonas, tienen que caminar tres y cuatro horas para llegar a un centro de salud. Eso si el marido accede, tal como nos explicó Kircher: “En el pueblo de Wardiot me contaron que si le pides dinero al marido para ir al médico responde que ya ha pagado muchas vacas por ti y que no va a vender otra ahora. Hasta que estás tan enferma que no puedes andar tu marido te forzará a trabajar”.

Por suerte, al finalizar la charla, Kircher quiso transmitir algo esperanza. Nos contó que las mujeres empiezan a asociarse. Que empiezan a surgir organizaciones que defienden sus derechos. Que algunas niñas logran quedarse en la escuela en lugar de casarse. Son pequeñas resistencias, cambios que se producen lentamente, pero que sirven de ejemplo para las demás y que, sin duda, son semillas para un futuro mejor para los y las habitantes de este nuevo país.

 

Laura Hurtado es periodista y trabaja en Intermón Oxfam.

A vueltas con el mundo

Por Gema Castilla Gema Castilla

El mundo está del revés. Y en muchas de sus acepciones semánticas: como infortunio, como golpe con la mano vuelta, como parte opuesta de algo… pero a los problemas se les puede dar un giro. Y así, convertir la enfermedad, en salud. La desigualdad, en integración. Los conflictos, en paz. El analfabetismo, en educación. La pobreza, en bienestar.

Soy testigo del dolor en la mirada de las personas más gravemente excluidas que pasan cada día por @RAISfundacion. Si esa mirada calase, seguro que el giro sería más contundente. Porque cada euro invertido en solidaridad tiene un impacto real sobre el futuro de millones de personas tanto en nuestro país como en todo el planeta. Cabe destacar que, según un estudio de la Asociación Española de Fundraising y Bain & Company, los fondos donados a las ONG tienen una repercusión en la sociedad nueve veces superior a su valor, es decir, por cada euro recibido, las organizaciones pueden llegar a generar una media de nueve euros de impacto económico a largo plazo.

Por eso, quiero agradecer a la ciudadanía sus donaciones, y en especial a las contribuciones de sus socios regulares, que en los últimos dos años han crecido un 10%, alcanzando los 3,5 millones. Una cifra que representa el mayor colectivo de personas que colaboran con una aportación económica al sostenimiento de su organización, por delante de sindicatos, partidos políticos o clubes de fútbol. Porque en un momento en el que la economía es el ojo del huracán y los fondos públicos se han visto cercenados contundentemente, es cuando más valor tiene la participación ciudadana y su compromiso con los más vulnerables. Así que por pequeña que sea la aportación, sin lugar a dudas, todo suma.

7,5 millones de personas colaboraron con las organizaciones sociales españolas en 2012

Infografía de la campaña SOMOS sobre el apoyo económico a las ONG en España

El seleccionador nacional Vicente del Bosque, el campeón del Mundo de moto GP Jorge Lorenzo, el deportista Juanma López Iturriaga, la periodista Ana Pastor, los presentadores Christian Gálvez, Carlos Sobera, Sandra Sabatés y Anne Igartiburu, las actrices Marta Etura y Macarena Gómez o los músicos Antonio Carmona y Carlos Jean son algunos de los ciudadanos que han querido demostrar su compromiso. Pero tú también puedes hacerlo. El próximo 24 de mayo todos podemos salir a la calle con una prenda del revés para celebrar el Día SOMOS o bien participar en las quedadas a las 12 de la mañana de ciudades como Badajoz, Guadalajara, Huesca, Madrid, Palma de Mallorca o Pamplona.

Gracias en nombre de los beneficiarios de programas de empleo para personas en riesgo de exclusión, gracias por contribuir a la investigación en la leucemia, gracias por dar asistencia a personas con discapacidad, gracias por contribuir a aquella catástrofe del otro lado del océano, gracias por dar acceso a la educación a cientos de niños. GRACIAS eterno y en mayúsculas. Porque estoy convencida que unidos podemos cambiar el mundo, entre todos vamos a darle la vuelta a los problemas y hacer de este planeta un lugar mejor para vivir.