BLOGS

Entradas etiquetadas como ‘Colombia’

Las palabras sanadoras de las mujeres de Colombia

Por Belén de la Banda

Miles de mujeres están dejando atrás en Colombia el que parecía un destino inexorable de víctimas. En unos años han superado todos los tipos -los más extremos- de violencia, de marginación, de subordinación, de desprecio y maltrato en el ámbito público y en el privado. Han logrado participar de manera activa y determinante en el camino hacia la paz en su país, para salir de un terrible conflicto bélico.

Mujeres con los pies en la tierra han hecho realidad el proceso de paz en Colombia. Imagen del proyecto Mujeres al frente, de Lula Gómez.

Nada es fácil para ellas aún hoy, pero las mujeres de Colombia han conseguido contribuir a la paz cambiándole el ADN al proceso. Un proceso de paz que pretendía pasar por encima de ellas como lo había hecho la guerra. La inteligencia colectiva de las mujeres colombianas logró hacer entender que una paz sin ellas no tenía ninguna oportunidad de ser auténtica, o de durar.

La paz en Colombia no puede dejar a un lado a mujeres como Patricia Guerrero, que fue jueza y que creó la Ciudad de las Mujeres para permitirles vivir en paz en los peores tiempos del país. O Nelly Velandia, la voz de seis millones de mujeres campesinas. O Mayerlis Angarita, que sobrevivió al conflicto y fundó Narrar para vivir, o la luchadora Luz Marina Bernal, que inició una lucha que aún no termina para reivindicar la memoria de su hijo asesinado en un ‘falso positivo’. O Beatriz Montoya, Vera Grabe, Luz Marina Becerra… Cada una de ellas con un trauma y un dolor imposible de medir a sus espaldas, han protagonizado trayectorias impresionantes. Y cada una ha pensado la paz y la ha compartido. Y ha exigido compartirla cuando nadie le invitaba a estar en ese proceso.

Lee el resto de la entrada »

Angélica Bello y otras historias sin final

Por Carmen Suárez

‘Volvimos a retomar fuerzas y nos replanteamos continuar con su legado que, en memoria de ella,  no se puede perder’

El 16 de febrero de 2013 murió Angélica Bello. Tenía 45 años, era una significada activista por los derechos de la mujer y, según la versión oficial, se suicidó disparándose un tiro en la boca con la pistola de uno de sus guardaespaldas.

Esa versión oficial estaba muy lejos de lo que podían admitir sus compañeras de lucha. La única verdad incontestable, más de tres años después, es que su muerte puso fin a una vida  dedicada a  la lucha por la  defensa de los derechos de las mujeres.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

Pero esa muerte no es el final de la historia. Contrariamente a lo que cabría pensar, la trágica muerte de Angélica dio un empuje mayor a la causa por la que combatía desde 1996. Angélica se vio inmersa  en esta lucha cuando, en 1996, tuvo que huir junto con sus hijos de su tierra natal, Saravena (Arauca),  víctima de amenazas por su vinculación con el partido Unión Patriótica. Eso le llevó a vivir en primera persona la experiencia de desplazada y a convertirse en líder por la defensa de los derechos de las personas que habían tenido que huir y más específicamente, de las mujeres que lo padecían.

Lee el resto de la entrada »

Soñando una Colombia sin guerra

Por Raquel Checa

“Nunca creí que viviría esto” esas son las palabras con las que arrancó Estebana su intervención este martes 27 de septiembre, en los primeros minutos de una reunión de alrededor de 30 mujeres colombianas en Bogotá. Allí estábamos, todas de pie, en círculo, mirándonos a los ojos y compartiendo cómo nos sentíamos a pocas horas de haber visto, o mejor diríamos vivido,  la firma final de la Paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo).

Manifestación por las víctimas del conflicto en Colombia. Imagen de Oxfam Intermón.

Manifestación por las víctimas del conflicto en Colombia. Imagen de Oxfam Intermón.

En ese círculo, una a una compartimos nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros sueños de esperanza y de paz; de una paz que ahora se ve más cerca que nunca. Muchas palabras en memoria de todos los muertos, desaparecidos y víctimas de este conflicto armado.

No son palabras al aire. Algunas de las participantes de la reunión están en esa lista de víctimas. Cargan con historias de vida muy duras. Una de ellas compartió cómo a pesar de haber sido víctima de violencia sexual por actores armados y haber perdido dos hijos en esta guerra, ha sabido perdonar y ahora quiere avanzar hacia la paz porque sueña con dejar a sus nietos un país mejor.

Lee el resto de la entrada »

Colombia: no habrá paz sin las mujeres

Por Arantxa García Gangutia

“Hay evidencias cuantitativas en otros países de que cuando se introduce el concepto de género en una situación de postconflicto, las probabilidades de que los acuerdos sean sostenibles en el tiempo se multiplican” (Belén Sanz, Directora de ONU Mujeres en Colombia)

Manifestación en Colombia para exigir búsqueda de desaparecidos. EFE.

Manifestación en Colombia para exigir búsqueda de desaparecidos. EFE.

Desgraciadamente estamos muy acostumbradas a ver procesos de construcción de paz en los que las mujeres están prácticamente ausentes. ¿Cómo es posible construir una paz duradera dejando sin voz a más de la mitad de la población? Sus historias no pueden permanecer invisibles y así lo han entendido en las negociaciones de paz de Colombia: un 48% de las víctimas del conflicto armado son mujeres y un 52% de las casi 8 millones de personas desplazadas también son mujeres.

Se trata de la primera vez que en un proceso de paz se hace el esfuerzo para ver los impactos diferenciados entre hombres y mujeres. El resultado para muchas activistas por los derechos de las mujeres ha sido todo un ejemplo para cualquier proceso de construcción de paz y un hito para el feminismo latinoamericano.

El trabajo realizado por la subcomisión de género, en el que han participado de manera muy activa organizaciones como Sisma Mujer, ha contado con una representación muy diversa (tres delegaciones de expertas, lideresas regionales, excombatientes y activistas LGBT) y ha conseguido su objetivo: incluir en el Acuerdo de Paz un enfoque que velara por los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTBI en torno a aspectos tan importantes como la propiedad de la tierra, la reparación a las víctimas de violencia y el acceso a los órganos de decisión.

Cambiar el machismo, profundamente enraizado en la sociedad colombiana y exacerbado por un conflicto armado que ha durado más de 50 años, no es tarea fácil. Las organizaciones de la sociedad civil que luchan por los derechos de las mujeres tienen claro que queda mucho camino por recorrer tras la firma del Acuerdo de Paz, pero sobre el papel ya se han producido cambios significativos.

Los delitos sexuales no serán amnistiables

‘El daño que sufre tu alma nunca desaparece’ contaba la periodista y superviviente de violencia sexual en Colombia, Jineth Bedoya, que ha luchado en estos años para conseguir que la violencia sexual durante el conflicto armado no permaneciera impune. Una lucha que ha dado sus frutos: el Acuerdo de Paz incluye que los delitos de violencia sexual no sean amnistiables y la creación de un equipo de investigación especial para casos de violencia sexual  dentro de la Jurisdicción Especial para la Paz, y en la Comisión de Verdad.

Titularidad de la tierra para las mujeres: El Acuerdo de Paz incluye que la reforma rural reconozca el papel que desempeñan las mujeres en las zonas rurales y propone soluciones a un importante problema como es el de la titularidad de la tierra. Cuando sus maridos o compañeros han muerto o desaparecido, ellas no tienen acceso ni al título de propiedad, ni a un crédito que les permita explotarlas. También se propone que el Fondo de tierras prevea el acceso a la tierra de manera especial para las mujeres campesinas.

Acceso de las mujeres a espacios de participación

El Acuerdo de Paz también anuncia medidas para facilitar la participación política de las mujeres y la comunidad LGTBI en los distintos espacios de representación y toma de decisiones que se crearán para la puesta en marcha del Acuerdo. Aunque queda aún mucho por concretar y no se menciona de manera explícita la paridad, se trata de un primer paso muy importante.

Arantxa García Gangutia es periodista y trabaja en Comunicación e Incidencia en la ONG InspirAction

Vera Grabe: desarmada y almada

Por Lula Gómez

‘En nuestro país es fácil tomar las armas, pero es más difícil sostener en la paz, y aún más ser un rebelde de la paz. La nueva revolución es la desarmada y almada de paz’

Lo dice Vera Grabe, una mujer de hierro que en su día tomó las armas. Creía entonces que la solución a la desigualdad que vivía su país –Colombia- no tenía otra vuelta de tuerca que la fuerza. Años después, y tras muchas tormentas y demasiados muertos, dejó las armas y un pasado en la insurgencia, el M19, donde fue una de sus dirigentes. Dejó también parte de su vida, como la de tantos otros a los que arrastró la violencia. Charlar con ella es hacerlo con la historia de su país, una Colombia desgarrada por el dolor, contradictoria y difícil de explicar pero que solo parece tener futuro si deja de sangrar, si se firma la paz y se pierde el miedo a ella, por muchos problemas que traiga, explica.

Ella, que empuñó las armas, dirige hoy el Observatorio por la Paz. Ella, dirigente de unas de las guerrillas históricas de Latinoamérica, se desmovilizó –con todo su grupo- en los 90, cuando tras mucha sangre no le vieron más sentido a más guerra.

Porque al final, se es revolucionario si uno se atreve a pensar diferente’,

Y hacerlo en su país es decir que sí hay que sentarse con quien se odió y comprender que hay que buscar fórmulas donde parece que no las hay, inventárselas, si es necesario. Se trata de que la gente le pierda el miedo a lo nuevo, a la paz. Vera Grabe cuenta que en Colombia parte de la sociedad está anestesiada por la violencia y no se atreven, no saben repensar el país.

Vera Grabe contó su vida en Del silencio de mi cello, las razones de mi vida. En él, la que fuera guerrillera y más tarde senadora a golpe de democracia y elegida por sus compatriotas, narra los motivos por los que dado un momento se “enmontañó” y se calzó unas botas de agua y un fusil arriba y abajo de la abrupta geografía colombiana. El primer título que barajó para esta autobiografía fue Escritura para construir la matria. Bajo ese nombre quería contar que el concepto de patria es nacionalista y patriarcal. El ideal era construir una sociedad de otra manera, desde la perspectiva de las mujeres, desde la matriz y no desde los valores de la imposición, desde la inclusión y el reconocimiento de los afectos.

Ella, parte de la historia de esa esquina de América, no titubea al afirmar que las mujeres son parte fundamental en la historia de la paz en su país. Ellas, que sufrieron especialmente los desastres de la guerra, la violencia sexual. “Absolutamente, aquí y todas las guerras. Es una de las formas más cobardes

de usar el poderío contra la mujer, es una venganza. Somos y hemos sido un botín de guerra, víctimas hacia las que se vuelcan todas las impotencias de los violentos. Porque yo creo que la violencia es una gran fuente de impotencia. ¿Cómo me descargo? Atacando”. Hoy Vera Grabe, como tantas otras miles de mujeres colombianas, ha perdido el miedo y se siente almada por la paz.

* Declaraciones de la entrevistada para el proyecto Mujeres al frente, la ley de las más nobles.

Lula Gómez, escritora y periodista todoterreno. Actualmente dirige su propia agencia desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia.

Quiero enseñar las tetas, en nombre de Rosa Elvira

Por Lula Gómez

“(Rosa Elvira) puso en riesgo su integridad y vida, hasta el punto de que JAVIER VELASCO le cercenó su existencia; si ROSA ELVIRA CELY no hubiera salido con los dos compañeros de estudio después de terminar sus clases en las horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte”, señala el documento jurídico de la Alcaldía de Bogotá emitido hace unos días. Con él se defiende de las acusaciones de la familia de la mujer asesinada (Rosa Elvira Cely) contra varias entidades del Distrito, acusadas de no haber prestado atención oportuna para evitar su trágica muerte.

Está claro, lo dice la ley, si eres mujer no puedes salir con tus colegas de clase por la noche: tienen derecho a matarte. Si has nacido fémina, no puedes aparcar tu coche en un descampado: puede haber alguna fiera que te ataque y tú tendrás la culpa por haber osado a dejar el coche donde podías. Si tienes tetas, cúbretelas: no vayas a provocar la sexualidad del contrario y claro, ¡se las enseñaste! Volvamos a la burka. Si te violan, pregúntate si cerraste bien las piernas, porque de lo contrario, eres una facilona (así lo preguntó la magistrada del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Victoria a una pregunta víctima hace apenas unos meses.

Protestas en el lugar donde apareció el cuerpo de Rosa Elvira. Imagen de Julián Ortega Martínez. Licencia CC.

Protestas en el lugar donde apareció el cuerpo de Rosa Elvira. Imagen de Julián Ortega Martínez. Licencia CC.

Todo esto viene a colación porque Colombia estos días vive indignada bajo la campaña #RosaElviranoesculpable. En el año 2012 un asesinato conmovió al país, el de Rosa Elvira Cely, a quien mató en un parque un compañero de estudio. Aquella aberración terminó con su vida (la de ella) y una ley, una norma que lleva su nombre, Rosa Elvira Cely. Gracias a esa norma, en Colombia el crimen contra una mujer por su condición femenina en un delito autónomo (feminicidio) y conlleva una de las mayores penas entre los homicidios. Cuesta por eso entender el documento remitido estos días, por muchas excusas que se hayan presentado después. ¡Los políticos salpicados dicen además que no se utilice la violencia de género contra ellos!

Pero, por qué en vez de capar nuestras libertades no enseñamos quienes asumen esa máxima que lo abominable no es la hora a la que lleguemos borrachas y a rastras?. En la escuela debemos repetir a los violentos que el crimen está en acosar, matar, abusar, molestar… y eso es lo que debe repararse. En nombre de Rosa Elvira hoy quiero enseñar las tetas y pedir dimisiones, la de quienes siguen pensando que Rosa Elvira no tenía que haber salido de su casa. ‪#‎RosaElviraNoEsCulpable #‎RenuncieMiguelUribe.

Lula Gómez, escritora y periodista todoterreno. Actualmente dirige su propia agencia desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia.

Mujeres al frente: Luz Marina Bernal

Por Beatriz Pozo

El 8 de enero de 2008 la vida de la colombiana Luz Marina Bernal cambió para siempre. Ese día su hijo Leonardo desapareció y no volvieron a saber de él durante ocho meses. Para Luz Marina fueron ocho meses sin poder dormir, y sin poder comer, buscando a su hijo en albergues y hospitales, recorriendo una y otra vez el barrio para preguntar a cualquiera que pudiera haberle visto o haber oído de él. Luego recibió la llamada. Le decían que habían encontrado el cadáver de su hijo en una fosa común, en Ocaña, en el departamento del Norte de Santander. El ejército aseguraba que allí habían enterrado a 14 guerrilleros de las FARC, a los que había abatido en una operación el 12 de enero, cuatro días después de la desaparición de Leonardo.

Luz Marina Bernal en la habitación de su hijo Leonardo. Pablo Tosco /Oxfam Intermón

Luz Marina Bernal en la habitación de su hijo Leonardo. Pablo Tosco /Oxfam Intermón

El hijo de Luz Marina tenía 26 años, una discapacidad mental y el brazo y la pierna derecha paralizados. Sin embargo, el ejército aseguraba que era un dirigente de las FARC. A Luz Marina no le dejaron ver el cuerpo de su hijo. No obstante, le aseguraron que en su mano derecha portaba una pistola que había sido disparada. Era el brazo que no podía utilizar.

Junto a Leonardo, habían encontrado el cadáver de otros 13 chicos. Todos eran del mismo barrio, Soacha, una de las zonas más pobres de Bogotá. Todos habían desaparecido de sus casas en días anteriores y a ninguno se le conocía un pasado guerrillero previo. El caso de Leonardo fue el más flagrante, y el que destapó el escándalo, pero todos eran ejemplos de “falsos positivos”.

Lee el resto de la entrada »

Alejandro Cárdenas Orozco, alias JJ, está en la calle

Por Belén de la Banda@bdelabanda
Es noticia de ayer en Colombia, pero yo acabo de recibirla con absoluta consternación. Once organizaciones colombianas han alertado de la liberación de Alejandro Cárdenas Orozco, alias JJ, por parte de la Fiscalía de su país. Esta persona que ahora está en la calle es una de las investigadas por su presunta implicación en un caso emblemático de violencia hacia las mujeres en Colombia, el de la periodista Jineth Bedoya, de quien ya hemos hablado otras veces en nuestro blog, y a quien desde hace años conozco y admiro. Porque ha sabido encauzar su  sufrimiento personal hacia una oportunidad de vida digna para millones de mujeres y niñas en Colombia. 
La periodista colombiana Jineth Bedoya. Imagen: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

La periodista colombiana Jineth Bedoya. Imagen: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

El caso de Jineth es emblemático. Hace 15 años, debido a su labor como periodista, Jineth fue secuestrada, torturada y abusada. Su lucha, durante todos estos años, ha sido en parte una lucha en vano por encontrar justicia en el caso que le afecta personalmente. Las organizaciones que hoy denuncian la liberación de ‘JJ’, unidas en la campaña ‘Saquen mi cuerpo de la guerra’ han apoyado su búsqueda de verdad y justicia, con el acompañamiento de la Fundación para la Libertad de Prensa. Durante todo este tiempo, han sido testigos de la apatía y falta de voluntad de la Fiscalía por investigar el caso, de las dilaciones injustificadas y de la revictimización sicológica y física a la que ha sido sometida Jineth. Un ejemplo es que la periodista ha sido obligada a repetir 7 veces su declaración de los hechos, con la excusa de que ‘se había perdido el expediente’. La liberación de Alejandro Cárdenas Orozco, alías JJ, es un paso más, y muy grave, de revictimización.
Jineth no está sola. Por ella, las organizaciones de la campaña le recuerdan a la Fiscalía General de la Nación de Colombia y a todos los entes estatales implicados que tienen un compromiso en la investigación, juicio y sanción de los responsables de las graves violaciones a los derechos de Jineth Bedoya. Le recuerdan que la Corte Penal Internacional, el 2 de diciembre de 2014, manifestó su preocupación porque ‘a pesar de las dimensiones del fenómeno, el número de procedimientos relativos a violaciones y otras formas de violencia sexual cometidas en el conflicto armado sigue siendo limitado’.
La liberación de Alejandro Cárdenas Orozco, alias JJ, muestra que, además de limitada, la voluntad del Estado colombiano para perseguir esta clase de crímenes es nula. Con estos elevados niveles de impunidad, no existe ninguna garantía de no repetición, ni para Jineth ni para miles de mujeres víctimas en Colombia, y eso ocurre con la complicidad de la Fiscalía.Las organizaciones rechazan y repudian esta liberación como un hecho claro de impunidad y alertan sobre los próximos procesos de excarcelación de otros victimarios en el marco del proceso de justicia y paz. Esto conlleva riesgos para el cuerpo y la vida de las mujeres.Junto con todas estas organizaciones, todos los que conocemos a Jineth, la intensidad de su lucha y su enorme compromiso con el sufrimiento de las mujeres colombianas, le enviamos un enorme abrazo de profunda solidaridad y afecto. Por Jineth Bedoya, por su valiente lucha contra la impunidad, por el futuro de las mujeres y niñas de Colombia, se impone que las instituciones tomen el camino de la justicia.
Belén de la Banda es periodista y trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

En la guerra y en la paz

Por Laura Martínez Valero Laura Martínez Valero

Creo que en todo conflicto armado hay un tercer bando, que no combate, formado en su mayoría por mujeres y niños. Mujeres que son violadas y asesinadas sistemáticamente por, a mi juicio, dos razones principales: porque es un acto generalizado, invisible y silenciado que tradicionalmente ha quedado impune. Y porque es una efectiva forma de control que buscar destruir la dignidad de las mujeres y anularlas como lideresas u opositoras. No se trata sólo de un botín de guerra o un daño colateral. Son actos premeditados y calculados.

Ayer tuve la oportunidad de escuchar los interesantes avances del papel de la mujer en los conflictos armados en el acto ‘Mujeres, Paz y Seguridad’ organizado por la AECID. Por ejemplo, la ONU está realizando cursos y formaciones con los cascos azules para que sepan actuar específicamente ante situaciones de violencia sexual; o la existencia de asesores de género en el ejército español para saber identificar los roles culturales de la mujer en otros países y actuar conforme a ellos; o la contratación por parte de la ONU de investigadores internacionales que realizan informes y recaban datos para luchar contra la impunidad de la violencia sexual.

(C) Oxfam Intermón

Foto realizada en Madrid en el marco de la campaña “Saquen Mi Cuerpo de la Guerra” para denunciar la impunidad en la que viven los autores de delitos de violencia sexual contra mujeres cometidos de modo masivo por parte de todos los actores armados en el conflicto colombiano (C) Oxfam Intermón

Sin embargo para mí el mayor avance es que las mujeres están abandonando su papel de víctimas, asumiendo un papel activo en las mesas de negociaciones de paz, algo que tradicionalmente se les ha negado.

Un buen ejemplo de ello es Colombia, paradigma de violencia sexual contra las mujeres en el marco de un conflicto que dura más de 50 años, como hemos hablado en ocasiones anteriores. En las actuales negociaciones de paz con las FARC-EP en La Habana se ha producido un hecho sin precedentes. Por primera vez dos mujeres, Nigeria Rentería y María Paulina Riveros, son negociadoras en la mesa de La Habana, llevando la voz de todo un movimiento a los diálogos de paz. Y no negociadoras cualquiera, sino integrantes plenipotenciarias del equipo del Gobierno Nacional, es decir, con peso real en las decisiones que se tomen. Además, entre los grupos de víctimas que han viajado en comisión a La Habana, para sentarse cara a cara con las FARC-EP ha habido una representación de mujeres, aunque escasa.

Todo ello es un gran logro en un mundo en el que, según la ONU, las mujeres representan el 8% de quienes participan en las negociaciones de paz y menos del 3% de quienes firman los acuerdos de paz. Y eso que actualmente el 90% de las víctimas de las guerras son mayoritariamente mujeres y niños.

Pero queda mucho por hacer. Como explicaba ayer en el acto Alejandro Matos, director de Oxfam Intermón en Colombia, las mujeres no denuncian las agresiones porque les piden pruebas, en ocasiones incluso años después de la agresión. “No tiene sentido seguir exigiendo el análisis de fluidos”, afirmaba. En su lugar, Matos afirmaba que hay que presionar y exigir a los inculpados que expliquen por qué en las fosas comunes aparecen cuerpos de hombres vestidos y de mujeres desnudas, ya que esto es un signo claro de que fueron violadas antes de que las asesinaran. Este es el tipo de indicios que hay que buscar, en lugar de dificultar a las mujeres el proceso de denuncia.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras. Cree firmemente en el Periodismo Comprometido.

Olga transita hacia la libertad

Por Andrea DiezAndrea Díez 70px

Yo las veía pasar‘ cuenta Olga, 47 años, mamá de un hijo y alguna vez residente en El Carmen de Bolívar, uno de los tantos territorios castigados por el conflicto armado colombiano. “Traían consigo a sus hijos pequeños, yo las miraba pasar y veía su agonía”. Pero Olga intuía, por aquellos años, que un hilo invisible la unía con esas mujeres que bajaban de la montaña: “ellas, víctimas del conflicto colombiano, y yo, de la violencia de pareja…”, recuerda, y también que en aquellos años no podía reconocerse como víctima “pese a que guardo cicatrices de tantos golpes en mi cabeza”.

Un día la violencia política también golpeó su puerta. Al igual que esas otras mujeres, huyó de su casa a la medianoche, cargando a su hijo, y se convirtió en una desplazada más. O no. Porque mientras corría en la oscuridad Olga se repetía: “soy libre, soy libre, hasta hoy me hiciste daño”.

Las escuelas de formación política ayudan a miles de mujeres como Olga a ser lideresas capaces de luchar por sus derechos (c) Funsarep

Las escuelas de formación feministas acompañan a miles de mujeres como Olga para que exijan sus  derechos (c) Funsarep

Fue Arjona el pueblo que la recibió, a ella y a otras mujeres, y FUNSAREP la organización que le abrió sus puertas para que su cuerpo y su corazón pudieran, por fin, iniciar un camino nuevo. Olga fue una de las participantes de la Escuela de formación que acompaña a las mujeres en la exigibilidad de sus derechos a Verdad, Justicia y Reparación, aprende de ellas y les da herramientas para que sean sujetas de derechos, ya no más víctimas.

Hoy Olga es lideresa de una organización vecinal de mujeres. Da conferencias. Creó una casa de acogida para mujeres víctimas de violencia. Por eso, cuando los organismos internacionales se preguntan: ¿vale la pena seguir invirtiendo en las escuelas de formación para mujeres? me sale responderles: pregúntenle a Olga. Ella es una de las 16.000 mujeres que en los últimos cuatro años ha participado de procesos de formación de organizaciones feministas y del movimiento de mujeres en el marco del convenio “Formación y Empoderamiento de mujeres populares y diversas para la construcción de Nuevas Ciudadanías en Colombia, Perú, Ecuador y Brasil”. Ella es una de las miles que se convirtió en líder, dirigente, activista política, militante, mujer política para transformar las injusticias. Una de las miles que hoy, gracias a la oportunidad de romper el aislamiento que les ofrecen las Escuelas de Formación feministas, puede decir: “me duelen las mujeres abusadas. Porque yo soy mujer. Por eso trabajo con las mujeres en mi barrio. Por eso ellas se sienten libres”.

 

Andrea Diez es Responsable Regional de Programas de Derechos de las Mujeres para América del Sur en Oxfam Intermon, feminista y licenciada en Comunicación Social.