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La víctima número 54

 

Por Charo Mármol

‘Recuerdo que andaba liada con el almuerzo, me es imposible olvidar ese día, cuando recibí una llamada de teléfono de Alicia donde me anunciaba que dejaba a Fran y se venía a casa con el niño.  Al fin se decidía. Se suponía que en un par de horas a lo sumo se reuniría conmigo, pero tardaba. Intenté localizarla a través del móvil, imposible, no contestaba, imaginé que podría estar conduciendo. Esperaría un poco más. Fue tomar aquella decisión y sonar el teléfono de casa. Jamás pude imaginar lo que habría de escuchar. Mi hija estaba ingresada en el hospital, presuntamente, como oficialmente había que denominarlo, por agresiones físicas de su marido. Creí que el mundo se hundía a mis pies’.

Esto que acaban de leer forma parte de uno de los relatos que hemos recibido en la convocatoria del I Concurso de Relatos Cortos sobre Violencia de Género que hemos convocado en la Fundación Luz Casanova.

Entonces me di cuenta de que podría haber sido la víctima número 54. Imagen de TrasTAndo

Entonces me di cuenta de que podría haber sido la víctima número 54. Imagen de TrasTAndo

A los dos meses de mi embarazo empezaron los golpes y las palizas. He denunciado tres veces, pero las  dos primeras  volví a tomar contacto con él y me volví a creer las mentiras que me decía y las promesas que me hacía. La tercera denuncia fue porque él me dio una gran paliza;  me tuvieron que ingresar en el hospital y operarme, me rompió la mandíbula.

Entonces me di cuenta de que yo podía haber sido la víctima número 54. Nunca  olvidaré este número, ni el día en que mis amigas me  preguntaron dónde tendrían que llevarme la próxima vez las flores, si al hospital o al cementerio. Entonces me di cuenta que mi carrera era hacia el cementerio, que no iba a ninguna otra parte’.

Esto corresponde a una historia real. Es la historia de Maribel (por supuesto es un nombre ficticio). He quedado con ella en una soleada mañana del mes de mayo. Tiene 31 años y tres hijos. Hace cuatro meses que está en el Centro de emergencia  Luz Casanova. La veo tranquila, contenta, con ganas de hablar, aunque durante nuestra conversación, en un par de ocasiones, su voz se entrecorta y los ojos se le llenan de lágrimas al rememorar lo vivido.

Es ella la que ha pedido hablar conmigo. Muchas mujeres no quieren hablar, quieren olvidar el calvario por el que han pasado. Maribel quiere hablar porque quiere decir algo a las mujeres que viven una situación como la que ella ha vivido: ‘Yo quiero contar mi historia para decirles a las mujeres que viven una situación como la mía que hay salida y que hay mucha ayuda. No estamos solas. Porque eso es lo que piensas cuando está viviendo el infierno de los malos tratos, ¿adónde voy con mis hijos tan pequeños?. Hay salida y hay mucha gente que está dispuesta a ayudarte. Simplemente hay que descolgar un teléfono y llamar. No hay que llegar al extremo de verte en un hospital. El no va a cambiar, no cambian porque yo le he dado mil oportunidades y a él nunca le he importando, porque si le hubiera importado algo no me habría hecho lo que me ha hecho. El amor no golpea, y esa es la única forma de querer de “ellos”, los golpes  y los celos  es la gran enfermedad que tienen’

En nuestra conversación le pregunto cómo se encuentra ahora después de este tiempo en la Casa. ‘Cuando denuncio y llego a la casa no podía hablar mucho. No sabía si lo que estaba haciendo estaba bien o mal. Estaba muy confundida.. No podía hablar no sólo porque no tenía apenas habla sino porque no sabía bien lo que estaba haciendo, si estaba bien o mal. Me sentía culpable porque él estaba en prisión preventiva. Yo me preguntaba ¿qué he hecho? El está en la cárcel por mi culpa. En ese momento me sentía culpable, pero yo no lo he metido en la cárcel, el sólo lo ha hecho: duerme y despierta en una celda porque él lo ha querido’  Continúa ‘He llegado a este punto con mucha ayuda de las profesionales de aquí, me he dado cuenta de que yo no había hecho nada. Aquí me han ayudado a verbalizar y poner nombre a lo que vivía: yo era una mujer maltratada aunque cuando  lo estaba viviendo y oía hablar de los malos tratos,  pensaba: yo no estoy viviendo nada de esto, él no es tan malo…. No quería poner nombre a lo que estaba viviendo….’

Seguimos hablando y me habla de sus hijos y de la fuerza que recibe de ellos para emprender esta nueva etapa de su vida. ‘Si miro al futuro quiero vivir y quiero ser feliz. Doy gracias a Dios porque tengo otra oportunidad para estar con mis hijos, doy gracias a Dios por mi familia y por mis hijos, sobre todo por mis hijos que ahora cuando les miro pienso que podría haber dejado a tres niños pequeños sin madre, esto para mi es muy importante, el estar viviendo con ellos esto es lo que me da la fuerza, todo la fuerza que me faltaba me la han dado mis hijos’

Mi conversación con Maribel acaba y ahora leo los relatos enviados al Concurso. Muchos son terribles, pero como tantas veces la realidad supera a la ficción. Cuando escribo estas líneas 28 mujeres han sido asesinadas en España sólo por el hecho de ser mujeres. Muchas otras viven en silencio y en soledad un verdadero calvario.

Hay salida. Solo hay que descolgar el teléfono y marcar: 016

Video de la casa de acogida Luz Casanova:

Charo MármolCharo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

 

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Invisibilidad, violencia y calle

Por Charo MárCharo Mármolmol

María está enferma,  tiene 45 años, dos hijos a los que hace tiempo que no ve.  Dice que nunca tuvo suerte con los hombres. Ha sufrido varias historias de violencia  por parte de sus parejas.  Su vida está plagada  de acontecimientos dramáticos. María es una mujer sin Hogar, vive en la calle y desde hace unas semanas  viene al Centro de día.

Una mujer en la calle. Imagen: Charo Mármol

Una mujer en la calle. Imagen: Charo Mármol

Ángeles ha pasado unos días en la Casa de Acogida, y ahora está en un piso de acogida en San Rafael. Ángeles no tiene hijos, ni pareja, ni familia… es una mujer sola. Tiene 52 años y tuvo que dejar su puesto de vigilante jurado en Málaga para cuidar durante siete años a su madre enferma de alzheimer. En esos años terminó con lo que había podido ahorrar. Se vino a Madrid y trabajó de interna en una casa donde le dieron mal de comer y le malpagaron. Hasta que murió la mujer que cuidaba. Se quedó en la calle y buscó una habitación en la que gastó los ahorros que había hecho. No encontró trabajo y pronto tuvo que dormir en la calle. Fue al parque de la Arganzuela. A las pocas noches unos jóvenes la descubrieron y le dieron una paliza que la dejó semiinconsciente, sangrando… Como pudo llegó a la parroquia que había cerca y allí avisaron al Samur Social que la trajo a la Fundación. Aquí ha sanado sus heridas físicas pero las del alma tardaran mucho en desaparecer.

Las razones para llegar a la calle son muchas, pero  la desigualdad en el acceso a derechos es fundamental, y hoy las mujeres estamos en desventaja. España ha descendido del puesto 12 al 26 en el índice sobre igualdad de género. A esta  realidad hay que sumar  el  recorte en derechos fundamentales de los últimos años, que está provocando un incremento  de mujeres que pasan de la vulnerabilidad a la exclusión La cifra de mujeres atendidas por Cáritas en los últimos 5 años se ha incrementado en un 28% mientras el número de hombres lo ha hecho en 15%.  

Escuchar  la historia  de María, de Ángeles y la de otras muchas mujeres  a lo largo de los más de 90  años de la Obra social de las Apostólicas  y  la Fundación Luz Casanova, nos lleva a  comprender que  esta realidad creciente es además la cara más extrema  de la exclusión residencial, porque además

María y Ángeles se sienten desvalorizadas como mujeres: vivir en la calle  siendo mujer significa romper con el  rol asignado  a la mujer durante siglos. Socialmente  se penaliza a las mujeres  que llegan a esta situación, generándose  importantes sentimientos de culpa,  que dificultan la recuperación de  la confianza en sí mismas.

María forma parte del  76% de las mujeres sin hogar que  son víctimas de la violencia de pareja. Según Isabel Herrero Fernández, Este dato es significativamente superior al del resto de la población (33%).  Pero es importante destacar que un  63%  ha vivido la violencia antes de llegar a situación de calle y el resto lo ha hecho ya estando en calle.

María está  enferma   La incidencia de las enfermedades es mucho mayor entre las mujeres que entre los hombres sin techo. Como ejemplo  señalar que entre las personas sin hogar en Barcelona  con una estancia en calle entre 3 y 5 años el  92%  de las mujeres presenta algún  trastorno crónico, frente al 66%  de los hombres.

Los datos aunque insuficientes, nos aproximan a una realidad de exclusión terrible, y creciente en los últimos años. Una realidad que podemos cambiar,  facilitando el acceso a los derechos (vivienda, salud..) acompañando procesos, y dando herramientas a las mujeres como María y Ángeles para que puedan  reconstruir sus vidas. Y esto  es parte del trabajo que realizamos en la Fundación Luz Casanova.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

 

Amar no es para siempre

Por Charo Mármol Charo Mármol

Lo confieso: llevo diez años viendo día tras día una serie de televisión. Empezó en la televisión pública y se llamaba “Amar en tiempos revueltos”. Hace unos años pasó a la televisión privada y ahora en Antena3 se llama “Amar es para siempre”. Nunca antes había estado enganchada a una serie, pero esta desde el principio me pareció algo distinto a lo que hasta entonces había visto que se emitía. Se desarrollaba en el tiempo de la postguerra en España. Me pareció todo un acierto que en ese horario de la tarde se emitiese una telenovela de este tipo. Era una serie cargada de ideología y muy divulgativa.

Escena de los personajes de Juan y Clara, en la teleserie 'Amar es para siempre'. Imagen Antena3.

Escena de los personajes de Juan y Clara, en la teleserie ‘Amar es para siempre’. Imagen Antena3.

A lo largo de estos diez años han ido tocando temas que muchas personas de mi edad ya hemos vivido: el despotismo de la clase dominante con la clase trabajadora; las injusticias de los vencedores de la guerra con los que la habían perdido. Tocaron el tema de “los topos”, aquellas personas que habían vivido años ocultos en zulus de sus casas por miedo a las represalias de los vencedores; hablaron del hambre y el estraperlo vividos en España después de la guerra; la homosexualidad y el lesbianismo ha sido un tema que varias veces han llevado a la pantalla vividos en distintas circunstancias pero siempre con un dominador común: estaba brutalmente castigado por la ley y unas veces acababan en la cárcel y otras se tenían que ir de España, pero siempre habían de vivir sus amores a escondidas y con temor.

La especial situación de la mujer en aquellos años, es una línea transversal que se deja ver a lo largo de todos los capítulos. La mujer hasta los 23 años tenía que depender del padre y después era el marido quien mandaba y a quien había de obedecer. Abrir una cuenta en el banco o viajar libremente por España era algo que no estaba al alcance de la mujer de aquellos años y si alguna se atrevía a hacerlo, la ley estaba al acecho para meterla nuevamente en vereda.

Últimamente han tocado el tema de la violencia machista. Juan, un hombre encantador se enamora y encandila a Clara.  Se casan, pero Juan la quiere mucho, pero la quiere solo para él. Los celos le llevan a ver cosas donde no las hay. Comienzan las palizas que terminaran llevando a Clara al hospital en un estado grave. Durante todo este tiempo Clara sufre los celos, los golpes, los insultos en silencio, cada vez más aislada de su familia y sus amigos. Es ella quien lo hace mal, piensa, porque Juan la quiere y la quiere mucho. Cuando al final se decide a contarlo y presentar una denuncia, esta no tiene ninguna incidencia en la vida de Juan. Es arrestado unos días y puesto en libertad. Clara es su mujer, que entonces venía a ser algo así como su posesión, le ha dado motivos para pegarla y ante la ley ella está obligada a vivir en la casa con su maltratador. En la serie finalmente Juan será ejecutado pero no por las palizas que ha proporcionado a Clara sino porque ha matado a un policía.

El estraperlo, los topos, el hambre, la persecución a los gays y lesbianas son ya historia. Hoy vivimos en democracia y convivimos personas de distintas ideologías sin que ello sea motivo de persecución o encarcelamiento. Gracias a Dios. Hoy son historias que a muchos de nuestros jóvenes les cuesta creer.  Sin embargo, desgraciadamente, el tema de los malos tratos no sólo no se ha eliminado sino que es una lacra que va en aumento.

Este verano desde junio hasta el 19 de agosto 16 mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. 34 han encontrado la muerte en lo que va de año. Los hijos siempre son víctimas de los malos tratos que se ejerce a sus madres, pero últimamente han pasado también ellos a formar parte de la lista de víctimas mortales a manos de verdugos, normalmente sus padres. 44 niños han sido asesinados en la última década. Sonia Vaccaro psicóloga clínica especializada en Victimología, en unas declaraciones recientes al diario el mundo afirmaba: “Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y se hace a través de terceros, por persona interpuesta. El machismo sabe que matar a los hijos es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño absoluto”.

Cuando veía y escuchaba a Clara en la serie, pensaba en las mujeres a las que he entrevistado en la Fundación Luz Casanova y era como repetir sus propias historias. Ellas han podido huir de su maltratador y de una posible muerte. Con la denuncia acaba un calvario de dolor pero empieza una nueva etapa en la que es muy importante que estas mujeres se encuentren acompañadas y arropadas. Para ellas empieza un camino nuevo pero a veces también duro. Muchas no son capaces de continuar y terminan volviendo a la cárcel que es su hogar y con su maltratador. Muchas terminan perdiendo la vida.

El próximo 7 de noviembre está convocada la primera Marcha Estatal contra la Violencia Machista, que tendrá su punto de encuentro final en Madrid. Se pretende visibilizar la repulsa de la sociedad ante esta lacra y se quiere exigir compromisos serios y definitivos de las fuerzas políticas que tengan carácter de Pacto de Estado. Las convocantes afirman que “…el terrorismo machista es una cuestión de estado, y para combatirlo hay que realizar un pacto de estado…”.

Sería deseable que ese día fuéramos cientos de miles de personas, mujeres y hombres, los que uniéramos nuestra voz para acabar con la violencia que se ejerce contra las mujeres. No importa sexo, clase social, ideología política o religión… todas las voces deberían confluir en un solo grito: NO MAS VIOLENCIA MACHISTA porque para muchas mujeres Amar no es para siempre

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

 

Nagore, o el precio del ‘no’

Charo MármolPor Charo Mármol

Caras quemadas con queroseno, narices y manos cortadas, mujeres asesinadas… todas tienen un hilo conductor: las mujeres se negaron a ser consideras objetos, presas de sus verdugos. Unas sobrevivieron aunque quedaron marcadas para siempre. A otras les costó la vida.

En la India existe una práctica terrible: los hombres, a veces ayudados por sus familias, fingen un accidente casero y queman a sus mujeres con el queroseno de los hornillos con los que cocinan. Como nunca hay testigos y la policía no investiga, estos asesinatos quedan impunes permitiendo al marido casarse de nuevo y cobrar una nueva dote.

nagore-cartel

La iraní Ameneh Bahramí rechazó la petición de matrimonio de un hombre al que no conocía y este le desfiguró el cuerpo con ácido sulfúrico. En 2013 llevaba 24 operaciones y no había podido recuperar la vista que había perdido. Reside en Barcelona, pero una vez al año debe ir a Irán donde sigue recibiendo amenazas de su maltratador.

En el trasfondo de toda esta violencia está la concepción de la mujer como objeto y como tal, con capacidad de ser comprada, vendida, y en todos los casos sometidas.

Cuando leemos estos datos pensamos que pasan a muchos kilómetros de nuestra realidad. Es algo de otras  culturas más primitivas. Nosotras y nosotros, europeos, españoles, somos un pueblo civilizado donde nada de esto ocurre.

Nada más lejos de la realidad. La violencia contra la mujer se da mil maneras en nuestro entorno más cercano. Cada año son asesinadas en nuestro país entre cincuenta y sesenta mujeres. En lo que va de año en España han muerto a manos de sus parejas 15 mujeres, una de ellas rematada por su marido cuando se recuperaba de una paliza, que él le había dado, en el hospital.

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Sentimientos ante la cámara

Charo Mármol

Por Charo Mármol 

‘Aislada en mi jaula de cristal’,  ‘anulada por mi familia’, ‘aplastada, pisoteada, humillada, denigrada’,  ‘luchando por tener lugar en una sociedad patriarcal’ ‘mi cárcel interna’… Estos son algunos de los sentimientos a los que las mujeres víctimas de la violencia de género, de la Casa de Emergencia de la Fundación Luz Casanova, han puesto imágenes a través de la cámara fotográfica.

Tomando como excusa la fecha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer,  se organizaron unos talleres en los que las mujeres trabajaron  los estereotipos y prejuicios que encontramos en la sociedad actual, con los que ellas se han encontrado en su vida, intentando poner nombre a los sentimientos que esto les ha ido provocando.

'Aplastada, pisoteada, humillada'. Imagen de Fundación Luz Casanova

‘Aplastada, pisoteada, humillada’. Imagen de Fundación Luz Casanova

Son mujeres de toda clase social y de todas partes del mundo. Hay un hilo conductor que las une: el maltrato por parte de sus parejas:

María José  es licenciada en psicología y trabaja como auxiliar administrativo en la administración pública. Llevaba casada 20 años y siete de noviazgo. Su ex era arquitecto técnico, de cierto prestigio, muy religioso, muy sociable y muy educado, pero la sometió a maltrato psicológico hasta que un día decidió dejarle.

Cándida es de Paraguay vino a España hace 8 años por una amiga. Empezó a trabajar de interna. Conoció a un español, conserje en una comunidad y se casó con él. La convivencia se convirtió en un infierno. Primero fueron los insultos, el aislamiento, los celos. Pronto llego la violencia física pero sólo tuvo fuerzas para abandonarlo cuando también empezó a golpear a los hijos.

Esperanza viene de un país caribeño. Llegó a España para hacer un Master de Negocios Internacionales. Entre sus compañeros conoció al que en poco tiempo se convertiría  en su marido. Nada más casarse todo cambió y comenzaron los malos tratos y el asilamiento de todos sus amigos y conocidos, la humillación, cosificación… Ella no tenía aquí familia que la apoyase y la de su marido tomó partido por él anulándola del todo. Antes de pasar a ser una víctima más decidió denunciar y abandonarlo.

Ellas tres y otras mujeres como ellas son las que han ido entrando en contacto con sus historias personales, con aquellos sentimientos más profundos que les ha causado el dolor, el maltrato y el sufrimiento infligidos por la persona a la que un día unieron su vida, en muchas ocasiones el padre de sus hijos, casi siempre la persona con la que pensaron que podían hacer el camino de la vida y envejecer juntos. Una vez puesto nombre a estos sentimientos y cámara en mano salieron a la calle e intentaron captar las imágenes que transmitieran sus sentimientos, lugares que les evocaban los momentos donde se han sentido discriminadas o marginadas.

Posiblemente ninguna de estas mujeres ganará el Premio Pulitzer de fotografía pero al menos la valoración de toda esta experiencia ha sido muy positiva: han podido expresar  a través del arte de la fotografía, la luz y el color, sentimientos, emociones y vivencias que han sufrido.

Ahora sus fotografías, junto a las que han realizado, siguiendo el mismo proceso, las personas del Centro de Día de la Fundación Luz Casanova, pueden verse en Madrid durante todo el mes de mayo. Se inaugura hoy martes 5 de mayo en el Restaurante Subiendo al Sur, de la calle Ponciano 5, de Madrid (Metro Noviciado).

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

La violación como arma de guerra

Carmen Sarmiento

Por Carmen Sarmiento 

El año pasado descubrí el encuentro que bajo el nombre  de “Mujeres que transforman el mundo”, vienen realizando desde hace cinco años en Segovia. Estuve el año pasado y este no he querido perdérmelo.
Es un encuentro con mujeres de distintas partes del mundo, luchadoras, feministas, activistas… Aquellas mujeres con las que yo me encontraba en sus países, ahora vienen a Segovia. Las entrevistadoras son compañeras, amigas mías, grandes profesionales con las que me identifico en su quehacer.

Rosa María  Calaf entrevista a Helena Jorge en el V Encuentro de Mujeres que transforman el mundo. Imagen: Charo Mármol.

Rosa María Calaf entrevista a Victoria Nyanjura en el V Encuentro de Mujeres que transforman el mundo. Imagen: Charo Mármol.

Rosa María Calaf, colega de TVE, corresponsal en muchas partes del mundo y una gran profesional que nos ha acercado la realidad de otros países a nuestras casas, entrevista a Victoria Nyanjura, ugandesa. Victoria comienza a narrar su historia, sin mirar directamente a los ojos,  la cabeza baja, como quien todavía revive aquello que esta relatando. En 1996, cuando sólo tenía catorce años, fue secuestra en la escuela por un grupo paramilitar. Con ella secuestraron a 139 jóvenes más. 109 fueron liberadas y pudieron regresar con sus familias. Ella permaneció secuestrada durante 8 Años. Con el secuestro a las catorce años  ‘se acabó mi familia y mi libertad de opinión. Ahí empezó mi sufrimiento’, nos dice.

Cuando iban caminando largas horas con sus secuestradores, a no sabían donde y alguna pedía descansar, les “daban descanso eterno” y entonces aprendió a callar. Fue violada y obligada a casarse con un comandante de la milicia. Tuvo dos hijos a los que dio a luz sin ninguna asistencia médica. Desde Uganda la trasladaron a Sudán del Sur, donde en 2004  pudo escapar y reencontrarse con su familia que la acogió con los brazos abiertos. Victoria se siente afortunada porque no todas las chicas tienen esta acogida. Muchas son rechazadas por sus familias y sus comunidades, lo que en ocasiones las lleva al suicidio.

Helena Jorge en su casa de Mozambique, durante una visita de Carmen Sarmiento. Imagen: Charo Mármol.

Helena Jorge en su casa de Mozambique, durante una visita de Carmen Sarmiento. Imagen: Charo Mármol.

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Segovia: del sufrimiento a la esperanza

Por Charo Mármol Charo Mármol

Escribo estas notas desde Segovia, desde un edificio que hace años fue la cárcel de mujeres, ahora rehabilitado y convertido en Ágora de las mujeres que han sido , y en muchos casos siguen siendo, víctimas del maltrato y de la violencia en sus vidas. Me admiro de la reconstrucción de este lugar antes habitáculo de dolor, de sufrimiento, de torturas, de soledad, para muchas mujeres que se atrevieron a pensar distinto. Aquí estuvieron detenidas muchas de las mujeres de la República. Me admiro de la reconstrucción de este lugar de represión y sufrimiento en un punto de encuentro de mujeres de todas partes de mundo, donde se cuentan experiencias, se denuncian injusticias, pero sobre todo se comparte vida y esperanza.

Imágenes de la antigua cárcel de mujeres de Segovia y del encuentro de Mujeres que transforman el mundo. Foto: Charo Mármol.

Imágenes de la antigua cárcel de mujeres de Segovia y de la entrevista de Mayte Carrasco a Diana Nammi en el  V Encuentro de Mujeres que transforman el mundo. Foto: Charo Mármol.

Pero si me admira el cambio de este edificio aun mas, muchísimo más me admira el cambio de estas mujeres que han sufrido en sus vidas experiencias difíciles de imaginar y han sabido convertir esas experiencias, que las podían haber hundido en la más profunda de las miserias, en motivos para un cambio que las ha llevado a ser una verdaderas activistas.
Es el caso de Diana Nammi, una mujer kurda de Irán. Apenas tenía cinco años cuando acudió invitada con su familia a una boda, una boda que duraba tres días y que se desarrollaba en un ambiente de fiesta y alegría por parte de todos, hasta que el tercero de los días una sombra cubrió el ambiente y lo empañó todo. La novia no había manchado de sangre las sábanas en su relación con el novio y éste se planteaba devolverla a la familia porque no era virgen. Diana vio cómo la madre de la novia se tiraba a los pies del novio suplicándole que no devolviera a su hija porque su padre y su hermano la matarían por haber manchado el honor de la familia. Un gran debate se suscitó entre los más de 300 invitados dando por supuesto que la novia no era virgen y que debía ser devuelta a su familia, pero el padre de Diana tuvo la valentía de levantar la voz y defender a la novia. Este hecho provocó un nuevo debate y un cambio de actitud en los asistentes. La novia se quedó con su marido. Desde ese momento Diana aprendió que cuando algo está mal hay que levantar la voz para defenderlo, aunque una mayoría diga o contrario.  Aprendió cómo una sola persona pueda hacer que las cosas cambien.

Desde ese momento Diana se ha dedicado a combatir al Estado islámico desde todos los frentes, llegando incluso a tomar las armas como pesmerga, que como ella nos explica, significa dar la vida por los demás y no necesariamente estar armados, aunque ella lo estuvo y combatió con las armas. Sus días en el frente se acabaron y hoy Diana sigue su militancia en el Reino Unido. En 2002 fundó IKWRO, una organización que defiende los derechos de mujeres y niñas en Oriente medio, en el norte de África y en todas la comunidades donde se sigan perpetrando los crímenes de honor. Afirma rotundamente: ‘el crimen de honor no es una cuestión cultural. Es un crimen‘,  con la misma fuerza con la que afirma que ‘el burka no es una cuestión cultural sino una herramienta de sumisión de los grupos islamistas‘.

Diana termina su intervención haciendo una llamada para que las autoridades occidentales no se escondan tras la excusa del respeto a las culturas a la hora de aplicar la ley cuando los derechos de la mujer se ven vulnerados.

El V Encuentro de Mujeres que transforman el mundo tiene lugar en Segovia del 13 al 22 de marzo de 2015.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

Lo insoportable

Por Charo Mármol Charo Mármol

Digamos que se llama Yolanda, aunque no podemos llamarla por su nombre real porque lo más importante ahora es proteger su seguridad. Vino de un país de Latinoamérica. Tiene poco más de 40 años y ha vivido años de  maltrato. Denunció a su agresor y abandonó su casa, con todas las consecuencias. Ahora está en una Casa de Acogida de la Fundación Luz Casanova. ‘En el Centro me he sentido muy apoyada: la psicóloga, la educadora… me han ayudado a entender muchas cosas que yo antes no veía.  Hasta el día que salí de casa me sentí culpable, cosa que ya no lo siento. Me han ayudado en todo: a volver a cuidarme, a arreglarme, a valorarme como persona, que hasta eso lo había perdido…’ 

Imagen del video 'Casa de acogida', de la Fundación Luz Casanova.

Imagen del video ‘Casa de acogida’, de la Fundación Luz Casanova.

‘También se necesita mucho coraje para enfrentar lo que viene, pero ahora estoy tranquila, duermo bien. Tengo un techo, no me falta comida, tengo a mis hijos… Estoy formándome en un curso para ver si más adelante puedo trabajar. Hace tres meses que estoy aquí, tres meses que se han ido volando y en tan poco tiempo hemos conseguido tanto, y tanto hemos avanzado que ni yo me creo cómo estaba cuando vine aquí y cómo estoy ahora‘.

Relatos como el de Yolanda, o el de las mujeres que cuentan su historia común en este breve video, son un grito de esperanza:

66.000 mujeres y niñas son asesinadas cada año en el mundo, según estadísticas e informes de organismos fiables. Son muchas las mujeres que pasan años de su vida compartiendo techo con su maltratador. El hombre que dice que la quiere, la quiere tanto que sólo la deja relacionarse con él, la aísla de  sus amigos, de su familia. La quiere sólo para él. Es su propiedad y se hace dueño de sus movimientos, de sus afectosUn hombre muchas veces amable y afectuoso con los de fuera y agresivo y malhumorado con ella y con los hijos. Y aquí empieza el calvario que vive la mujer maltratada, sintiéndose en muchas ocasiones sola y  culpable de lo que está ocurriendo. Dubitativa ante lo que le puede esperar si decide dar el paso, denunciar: ¿dónde ir? ¿qué va a ser de ella, de sus hijos, de sus cosas? Salen de sus casas como ladrones en la oscuridad, sin poder volver a ellas en la mayoría de las ocasiones. ¿Cómo separar a los hijos de su padre, de sus amigos, de su colegio?

Cuando deciden denunciar es el fin del maltrato, pero es el comienzo de un camino lleno de incertidumbre. Muchas van a las casas de acogida. No saben dónde van, qué se van a encontrar. Los primeros meses son los peores. El maltratador es como un animal acorralado que no sabe dónde está su hembra, su posesión, sus hijos… Este es un momento muy delicado en que las mujeres no pueden tomar contacto con nadie conocido: amigos, familia… En esta situación en la que necesitaría mayor apoyo y comprensión sus seres queridos están lejos, hay que cortar con ellos… Están en un proceso de ruptura difícil pues aunque ha habido violencia, la dependencia emocional existe y ellas se mueven mucho en torno al sentimiento de pena.

La recuperación en casas o centros de acogida es una opción para superar la dependencia emocional y romper con el círculo vicioso del maltrato. Cuando comienzan a entender lo que les ha ocurrido, se abre una puerta para la esperanza. ‘Ahora que conozco estos recursos‘, dice Yolanda,  ‘lo que me sale es decir a las mujeres que de todo se sale menos de la muerte,  que no soporten lo insoportable porque yo llegué a querer morirme pero siempre hay esperanza y una salida para todo, hay que salir adelante y a flote con y por nuestros hijos, no sólo por nosotras’.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

Qué hacer cuando el amor golpea y deja marcas

Por Charo Mármol Charo Mármol

Voy conduciendo y escucho “Hogar” de  Pedro Guerra.

Qué hacer cuando el amor golpea y deja marcas

Qué hacer cuando no puedo separarme

de aquello que me hiere y hace mal….

Toda la canción me evoca  la conversación que he mantenido con una de las mujeres que están en el Centro de Acogida de la Fundación Luz Casanova. Es latinoamericana y tiene 43 años. Hace ocho que vino a España. En su tierra no estaba demasiado mal, pero le habían hablado de que aquí había trabajo y ella quería mejorar: quería tener su propio hogar. Empezó a trabajar de interna. Ahorraba y mandaba a su país casi todo lo que ganaba para poder cumplir pronto su propósito: construirse una casa.

“Al año de estar aquí conocí al padre de mis hijos, me cuenta María (nombre ficticio). Cuando empezamos a salir todo era maravilloso, muy atento, muy consentidor, muy detallista, me hacía regalos… pero cuando empezó la convivencia cambió como de la noche a la mañana. Empezaron los problemas, si alguien me miraba qué por qué me miraba,… Yo justificaba su conducta diciendo que era celoso, pero lo cierto es que era muy posesivo. Después empezó a insultar a mis amistades…. Les llamaba de todo, y así fue apartándome de ellas, porque cuando vieron lo que decía de ellos se fueron alejando”.

Pedro Guerra sigue acompañándome:

Qué hacer cuando no hay nadie quién me cuide

y todo lo que tengo es soledad

Qué hacer cuando el amor ya no es amor ni es nada

Y cada vez más sola

más triste y mas atrapada

Y cada vez más débil

Más al borde de la nada

Estuvimos siete años juntos. Los insultos empezaron desde el primer momento. Quise abandonarle cuando estaba de cinco meses de la niña. Me dijo que  como se me ocurriese dejarle denunciaba a mis jefes por estar dándome trabajo sin papeles. ‘A ellos se les va a caer el pelo y a ti te deportan a tu país’, me amenazó.  Por miedo me quede ahí”.

Qué hacer cuando me acosa y me persigue

y tengo miedo de la oscuridad

Después de apartarla de los amigos. Cuando está más sola,  los malos tratos a ella y a sus dos hijos aumentaron. Cuando María  se plantea denunciar porque ya no aguanta más, son los hijos los que sirven de freno ante la amenaza de que a ella no le van a dar la custodia por ser una inmigrante sin papeles. “Por más que yo quería, miraba el mundo y era tan inmenso que decía, pero ¿dónde me voy?”, me dice María. Pero esos mismos hijos que en un momento le sirven de freno son los que, un día,  le dan la fuerza cuando el padre da con una muleta a la niña y la deja mal. María sale en su defensa y recibe un golpe con un candelabro en la espalda. Entonces ve que ya no es su vida la que está en peligro sino también la de sus hijos. Tiene que denunciar. Si no le dan la custodia al menos estarán vivos.

Denuncia y pasa cuatro días en el SAVD (Servicio de Atención a la Violencia Doméstica) con sus dos hijos. Después llega a la Casa de acogida de la Fundación Luz Casanova

“Y ahora, ¿cómo estás María?”, le pregunto. “Creo que he hecho algo grande por mis hijos y veo PAZ…. tranquilidad, porque ya no podía dormir… tenía un montón de dudas, ¿cómo me va a dar el juez a mis hijos sino tengo nada? Ahora tengo una orden de protección y la custodia de mis hijos”.

“En el Centro me he sentido muy apoyada: la psicóloga, la educadora… me han ayudado a entender muchas cosas que yo antes no veía.  Hasta el día que salí de casa me sentí culpable, cosa que ya no lo siento. Me han ayudado en todo: a volver a cuidarme, a arreglarme a valorarme como persona, que hasta eso lo había perdido… también se necesita mucho coraje para enfrentar lo que viene, pero ahora estoy tranquila, duermo bien. Tengo un techo, no me falta comida, tengo a mis hijos… Estoy formándome en un curso para ver si más adelante puedo trabajar”.

“Hace tres meses que estoy aquí, tres meses que se han ido volando y en tan poco poco tiempo hemos conseguido tanto, y tanto hemos avanzado que ni yo me creo cómo estaba cuando vine aquí y cómo estoy ahora”.

Qué hacer cuando el amor golpea y deja marcas

Qué hacer cuando la luna ya no alumbra

la senda que nos lleva a la verdad

 ¿Qué hacer María? ¿Qué les dices a las mujeres que están pasando por lo que tú has pasado?

Que no soporten lo insoportable. Yo llegue a querer morirme, pero siempre hay esperanza y una salida para todo. Hay que salir adelante y a flote por nosotras y por nuestros hijos. De todo se sale menos de la muerte.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta

Supervivientes, luchadoras, protagonistas

Por Charo Mármol Charo Mármol

Se llama Sara. Es una mujer menuda, rondando la treintena. En su nariz cuelga un pequeño piercing. Ojos vivos y hablar apresurado, como quien tiene prisa por conseguir lo que quiere.

Esta mujer es la coordinadora de uno de los cuatro Centros de Emergencia para mujeres maltratadas que el Ayuntamiento de Madrid tiene, gestionado por la Fundación Luz Casanova. Ella las recibe al llegar a la casa y entonces calla para escuchar, escuchar a las mujeres que llegan rotas. Es el comienzo de un proceso duro, el momento quizás más crucial para la mujer maltratada que se decide a poner fin a años de dolor, sufrimiento, golpes, heridas, miedo… ‘La acogida es uno de los puntos más importantes, nos dice, porque estamos en uno de los momentos más peligrosos. Es cuando han decidido salir de la casa y el agresor ha perdido el control. No sabe ni dónde están ellas ni dónde están sus hijos, en el caso de que los haya. Es una situación de riesgo máximo. Por otro lado, las mujeres abandonan toda su vida, tienen que dejar su lugar de trabajo, de vida y no pueden acudir ahí más. Las relaciones con la familia se complican porque no pueden acudir a ellas por ser localizables… En estos momentos intentamos hacer una acogida en la que se sientan lo más confortable posible porque entendemos lo que significa romper con toda tu vida anterior. Están en un proceso de ruptura difícil pues aunque ha habido violencia, la dependencia emocional existe y ellas se mueven mucho en torno al sentimiento de pena

El centro acoge en estos momentos a 16 mujeres, algunas con sus hijos. Tienen distintos orígenes de procedencia: Latinoamérica, países del Este de Europa, y también España. Son distintas realidades, distintas culturas pero un denominador común: años de sufrimiento, miedo, sentimiento de culpabilidad, fragilidad… A veces la convivencia no es fácil.

Intentamos hacer mucha cohesión de grupo. Hacemos talleres grupales, reunión de convivencia… Uno de los talleres es de recuperación psicosocial para trabajar profundamente la violencia. También está la Escuela de madres, para trabajar la relación materno filial, cómo explicar a los hijos lo que está pasando y que ellas entiendan que aunque los menores no hayan sido víctimas directas si han sido victimas indirectas y eso tiene unas consecuencias. Estos casos, muchas veces los niños son los grandes olvidados. Se piensa que no son conscientes y que no se dan cuenta de nada y no es verdad. Todo esto hay que trabajarlo, ellos también tienen sus secuelas y pasan su proceso de adaptación’, explica Sara.

A veces, lo difícil se hace fácil a través de herramientas tan sencillas como la palabra: ‘Tenemos una reunión de convivencia. Es una actividad tipo asamblea que se hace una vez a a la semana, donde además de organizar lo que es el ritmo de la casa (limpieza, comida…) se trabajan aquellos posibles conflictos o quejas que tengan las mujeres en lo relacionado con la convivencia. Hemos introducido distintas dinámicas según lo que haya pasado en la semana: pueden ser dinámicas de comunicación, de empatía…

Es en uno de estos talleres conde empiezan a trabajar los estereotipos que hay sobre la mujer, la violencia machista, el maltrato…’Trabajamos mucho con ellas para que sean conscientes de que están abriendo camino. Muchas veces no se dan cuenta de que son unas auténticas supervivientes, unas luchadoras y que al final son un ejemplo para otras mujeres que vienen detrás. Nos pareció una buena idea en la que ellas fueran las protagonistas y ellas las que lanzaran el mensaje a la sociedad’ y así, nos cuenta Sara, surgió la idea de hacer una exposición de fotografías realizadas por ellas y que expresaran cómo viven estos estereotipos que quieren romper. Imágenes como las que ilustran esta página, que pronto serán protagonistas de una exposición.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta