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Entradas etiquetadas como ‘Beatriz Pozo’

Mujeres al frente: Luz Marina Bernal

Por Beatriz Pozo

El 8 de enero de 2008 la vida de la colombiana Luz Marina Bernal cambió para siempre. Ese día su hijo Leonardo desapareció y no volvieron a saber de él durante ocho meses. Para Luz Marina fueron ocho meses sin poder dormir, y sin poder comer, buscando a su hijo en albergues y hospitales, recorriendo una y otra vez el barrio para preguntar a cualquiera que pudiera haberle visto o haber oído de él. Luego recibió la llamada. Le decían que habían encontrado el cadáver de su hijo en una fosa común, en Ocaña, en el departamento del Norte de Santander. El ejército aseguraba que allí habían enterrado a 14 guerrilleros de las FARC, a los que había abatido en una operación el 12 de enero, cuatro días después de la desaparición de Leonardo.

Luz Marina Bernal en la habitación de su hijo Leonardo. Pablo Tosco /Oxfam Intermón

Luz Marina Bernal en la habitación de su hijo Leonardo. Pablo Tosco /Oxfam Intermón

El hijo de Luz Marina tenía 26 años, una discapacidad mental y el brazo y la pierna derecha paralizados. Sin embargo, el ejército aseguraba que era un dirigente de las FARC. A Luz Marina no le dejaron ver el cuerpo de su hijo. No obstante, le aseguraron que en su mano derecha portaba una pistola que había sido disparada. Era el brazo que no podía utilizar.

Junto a Leonardo, habían encontrado el cadáver de otros 13 chicos. Todos eran del mismo barrio, Soacha, una de las zonas más pobres de Bogotá. Todos habían desaparecido de sus casas en días anteriores y a ninguno se le conocía un pasado guerrillero previo. El caso de Leonardo fue el más flagrante, y el que destapó el escándalo, pero todos eran ejemplos de “falsos positivos”.

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Mujeres de Nepal, a un año del terremoto

Por Beatriz Pozo

‘Cuando sentí el temblor en las piernas, me pregunté por qué habría camiones pesados en el pueblo. Para cuando ese pensamiento había cruzado mi mente, todo el suelo vibraba violentamente. Se oía un gran estruendo, un sonido muy grave, que venía de todas partes. Estaba realmente asustada. Me giré a mirar mi casa, y vi que se mantenía en pie, pero, cuando entre, cada piedra, cada trozo de pared, se había derrumbado. Fue horrible.’

 The communities living in Ghairung, Ghorka take part in an Oxfam funded Cash for work scheme to rebuild a 5km trail. The trail connects two villages, a health centre and a local market and will benefit 1140 households. The 153 people (both men and women) taking part in the scheme are being paid 510 rupees per day for 32 days. In Jhyamir (one of the two villages) there are 160 households, 80 of which had their houses completely destroyed in the 2015 earthquake. Only 2 houses in Jhyamir are still safe to live in. Oxfam previously distributed 300 latrines in Ghairung.

Mujeres nepalís construyen un camino en Jhyamir, Ghairung (Nepal). Kieran Doherty/ Oxfam

Hoy hace un año del terremoto que asoló Nepal, dejando casi 9000 muertos y 850000 casas destruidas o dañadas. La de Kamala Koirala, de 42 años, fue una de ellas. Desde entonces, ella y su familia han estado viviendo en una pequeña cabaña

que construyeron con el dinero que les dieron de ayuda humanitaria. En su pueblo Jhyamir, la mitad de las casas quedaron completamente destruidas tras el terremoto y solo en dos de ellas es seguro vivir.

Bimela, en cambio, estaba viendo la televisión con su bebé, cuando la tierra empezó a temblar. De repente, la pantalla se apagó, se fue la luz y todo empezó a moverse. Sujetando a su bebé, se protegió debajo de la escalera.  Su casa, por suerte, aguantó y no tuvo que lamentar ninguna perdida en su familia.

Ahora, tanto Kamala como Bimela tratan de recuperar su vida anterior. Ambas trabajan en el proceso de reconstrucción de sus pueblos, con la ayuda de Oxfam. Kamala, pese a haberse roto una mano durante el terremoto y tener aún secuelas, participa en la construcción de un nuevo camino, más seguro, que conecta dos pueblos, un centro sanitario y un mercado. Antes Kamala vivía de lo que daban sus tierras, pero estas quedaron totalmente destruidas por el terremoto.

Bimela, por otro lado, trabaja en la reconstrucción de unos canales de irrigación que se rompieron durante el terremoto e inundaron toda la zona. Es una labor que están realizando solo mujeres. ‘Aquí, tras el terremoto, los hombres se llevaban las manos a la cabeza ante la destrucción de sus casas y se preguntaban qué iban a hacer. Las mujeres, en cambio tenían que cuidar a sus hijos y su casa. Al final han sido ellas las que han dado un paso adelante y tomado la iniciativa.’ Ahora, son las mujeres, en muchos casos, las que proveen para sus familias, gracias a proyectos como este.

Sin embargo, tratar de recuperar la vida de antes es difícil para todos los nepalíes; y más con las constantes replicas, más de 400 en un año, que constantemente les recuerdan lo que pasó. Mucha gente tiene miedo de reconstruir sus casas o de dormir bajo techo solido, por si la tragedia se volviera a repetir. Kamala cree que no tiene ningún sentido reconstruir su casa, porque, si hubiera un nuevo terremoto, se derrumbaría de nuevo.

A pesar de las dificultades, tanto Bimela como Kamala están muy agradecidas por poder trabajar. La ayuda humanitaria ha ayudado a muchos de los habitantes de Nepal a sobrevivir durante estos últimos 12 meses. Una vez pasado el desastre, sus consecuencias permanecen y el país tardará aún mucho tiempo en recuperarse de lo que pasó. Las víctimas mortales, los heridos y los edificios derruidos, no han sido las únicas consecuencias del terremoto. El miedo, la sensación de haber perdido una forma de vida, la incertidumbre ante probables nuevas catástrofes y el dolor por lo que ocurrió, afectan todavía a la población nepalí. Bimela, Kamala y tantos otros como ellas, aún necesitan nuestra ayuda.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora como voluntaria con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Cajita a cajita

Por Beatriz PozoBea Pozo

Cuando tenía 10 u 11 años me pusieron un sobresaliente en una redacción. Me habían dado el primer párrafo de un cuento, una historia que trataba sobre la llegada de tres cajas misteriosas, y yo había escrito el resto del relato. Mi profesora me dijo que lo que más le había gustado era cómo había resuelto el misterio de las cajas. Había hecho que el personaje principal las fuera abriendo de manera progresiva. Primero la más pequeña, luego la mediana y finalmente la más grande. La clave estaba en que para obtener lo que había en la última, primero era necesario abrir las otras dos.

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Amina Ahmed en su tienda de ropa. (c) Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

La historia de Amina Ahmed, de 44 años, me recuerda un poco a ese cuento que escribí de pequeña. Amina es vicepresidenta de la cooperativa Fatah de Pastoralist Concern, una organización que desde 1995 trabaja con Oxfam Intermón en apoyo a las mujeres de Etiopía. Sin embargo, para llegar hasta allí, Amina ha tenido que andar un largo camino. El cargo de Amina no nos dice demasiado. Lo que realmente nos da una idea de su fuerza, su iniciativa y su capacidad para mejorar la vida de aquellos que la rodean; son esos pasos intermedios que ha ido dando, esas cajas cada vez más grandes que, poco a poco, ha ido abriendo.

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¿Por qué el tenis femenino sí?

Bea Pozo

Por Beatriz Pozo

Rafa Nadal no es el mejor tenista español del momento. Ese puesto tiene ahora nombre de mujer. Se llama Garbiñe Muguruza, tiene 22 años, nació en Venezuela y es la número 3 del ranking mundial de la WTA, la asociación mundial de tenis femenino. Desde los años 90 con Arancha Sánchez Vicario y Conchita Martínez, no había habido una tenista española con opciones reales de ganar títulos grandes. Hasta ahora.

Garbiñe Muguruza durante un partido en 2014. Imagen de Tatiana (Wikipedia)

Garbiñe Muguruza durante un partido en 2014. Imagen de Tatiana (Wikipedia)

Estos días Garbiñe compite en la Copa Masters de Singapur, un torneo en el que solo participan las mejores tenistas de la temporada y para el que hace 14 años que no se clasificaba ninguna española. Es una de las favoritas, tras su reciente victoria en el Abierto de Pekín.

Garbiñe ha ganado este año 3,730,808 dólares según la página web de la WTA. En total, en su carrera ha obtenido en premios casi 5 millones y medio de dólares. A este dinero deben sumarse los contratos publicitarios que tiene firmados con Adidas, Babolat y BBVA. Se trata de hecho, de la primera mujer deportista que es imagen de este banco. Estos números y éxitos contrastan con la idea de que el deporte femenino no atrae,  no se ve y, por tanto, no mueve dinero. Parece que con el tenis no es así. De hecho, en diciembre de 2014 se anunció que la WTA había firmado el mayor contrato televisivo de la historia del deporte femenino con un valor de 492 millones por diez años. Aunque, por supuesto, está muy lejos del mejor contrato masculino, el de la liga de futbol americano NFL , de 27900 millones de dólares; o de los de la ATP, la asociación de tenis masculina, que, solo por un torneo, el US OPEN, ha acordado más de 700 millones.  El tenis es, también, el deporte femenino “reina” en los medios de comunicación, como indica una investigación de la Universidad Carlos III y a él se refieren el 29,35% de las noticias sobre deporte femenino.

Todos estos datos nos indican una cosa. El tenis femenino ha roto la barrera. Tiene seguidores, atrae dinero y produce estrellas mundiales como las hermanas Williams, o, en este caso Garbiñe Muguruza. Se dice que el deporte femenino no gusta, al no ser atractivo, ni espectacular y resultar aburrido de ver, pero claramente eso no se aplica al tenis. La pregunta es por qué el tenis sí obtiene ese reconocimiento y otros deportes femeninos no; y obviamente,  la respuesta no puede ser que las chicas son aburridas, porque entonces tampoco la WTA movería  ese dinero en derechos televisivos.

Cuando estos días Garbiñe salta a la pista un montón de flashes se dirigen hacia ella. Los medios deportivos cubren todos sus partidos y especulan sobre la conveniencia o no de haber sido colocada en un grupo repleto de zurdas. Al mismo tiempo, se publican artículos en los que se habla de ella como el futuro del tenis español. Otros deportistas la felicitan por sus victorias en las redes sociales y las empresas se pelean porque acuda a sus actos publicitarios. Ocurre con ella lo mismo que con cualquier otra estrella deportiva. Lo cierto es que no hay nada que la diferencie del resto, como tampoco hay nada que diferencie a tantas otras deportistas que, aunque no jueguen al tenis, también logran cada día superarse y conseguir nuevos éxitos, en pistas en las que, sin embargo, no hay ningún flash enfocándolas.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora como voluntaria con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Tiempo de Margaritas

Bea PozoPor Beatriz Pozo  

Durante las últimas semanas, en Honduras, está teniendo lugar una triste conmemoración con la poética etiqueta #TiempodeMargaritas. Hace poco más de un año Margarita Murillo murió de un tiro en la espalda. Su asesinato es recordado ahora por numerosas organizaciones que reclaman justicia para un crimen que refleja buena parte de los males que sufre la sociedad hondureña.

Margarita Murillo

Imagen de la campaña que reclama justicia en el asesinato de Margarita Murillo

Margarita formaba parte del movimiento campesino de Honduras desde los 13 años y era fundadora de varias asociaciones como la Central Nacional de Trabajadores del Campo (CNTC) y el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Su objetivo, como el de tantos campesinos, era lograr una reforma agraria que frenara la concentración en la propiedad de los campos hondureños, donde el 3% de los terratenientes poseen el 70% de las tierras cultivables, mientras que el 70% de los campesinos no tienen terrenos que cultivar. Durante toda su vida, Margarita se dedicó a denunciar la situación en el campo hondureño y las numerosas violaciones de derechos humanos  que sufrían sus trabajadores; y, con su muerte, se convirtió en un ejemplo más de las injusticias contra las que se rebelaba.

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Los cromos que nos faltan

Por Beatriz PBea Pozoozo 

Hace unos días me llegó al correo una petición de Change.org. Pedía a Panini que en sus próximos álbumes de La Liga incluyera cromos de jugadoras de futbol. La iniciativa, en un principio, puede parecer un poco frívola: al fin y al cabo, solo son unos cromos. Además, como alguien me dijo, los niños lo que quieren son imágenes de sus ídolos, de Cristiano, de Messi… Y a estas chicas no las conocen de nada. No obstante, ¿cómo se va a conocer a las futbolistas si no se apuesta por conocerlas? ¿Si no se hacen cromos de ellas? ¿Si no se retrasmiten sus partidos?

Album del mundial de fútbol femenino. Fuente: blog 'Hay una lesbiiana en mi sopa'

Album del mundial de fútbol femenino. Fuente: blog ‘Hay una lesbiiana en mi sopa’

Cuando yo era pequeña, hacía colecciones de este tipo de cromos. Como ahora, todas las fotos eran de chicos. De la misma forma, nunca vi en la tele un partido de futbol femenino. Así, mis ídolos, eran todos futbolistas masculinos. No conocía a ninguna mujer futbolista. A mí eso no me desanimó. Con 6 años empecé a jugar de portera en una liga mixta, porque quería ser como Casillas. La cuestión es que, aunque no lo sabía, no podía. Sí que podía ser como la portera de la selección femenina, pero no la conocía.

Todos estos asuntos, los cromos o las retrasmisiones de los partidos, se refieren a un mismo problema: Apostar por el futbol femenino. No se puede decir que no gusta o que la gente no está interesada en ello, si no se les ha dado una oportunidad de disfrutarlo. Es lo mismo que pasa con muchos deportes considerados minoritarios. La particularidad de este caso es que no estamos hablando de un deporte minoritario. El futbol, en España, es el deporte mayoritario por excelencia. A la gente le encanta, lo que hace más absurdo que no se le dé esa oportunidad al femenino.

El problema, por tanto, no es el deporte. La raíz de todo esto, probablemente, está en lo mismo que hace que a un niño se le regale un balón de futbol y a una niña una muñeca. El deporte, en general, es percibido como una cosa de chicos y el futbol, el deporte por excelencia, más aún. El físico suele ser la excusa. Un hombre corre más rápido, salta más alto y le da a la pelota más fuerte. No obstante, lo mismo pasa en el tenis, en la natación o en el atletismo y, sin embargo, sus versiones femeninas sí que se ven y se retrasmiten. Además, que haya una diferencia física, no quiere decir que las chicas tengan menos nivel técnico o táctico y, desde luego, no creo que un equipo de primera división femenina dé menos espectáculo que uno de segunda B masculino, algunos de cuyos partidos sí que se televisan.

En cualquier caso, antes de sacar ninguna conclusión precipitada y dar por hecho que a la gente no le gusta, sería necesario darle visibilidad al futbol y a cualquier otro deporte femenino en su misma situación. Una iniciativa como la de los cromos es un pequeño paso en ese sentido, como lo fue otra petición muy similar, que pedía que en el próximo videojuego FIFA se incluyeran partidos y equipos de futbol femenino. Tuvo éxito y el próximo FIFA 16 contará con las selecciones femeninas de futbol. Aquí podéis ver un tráiler, con la selección española femenina.

Muchas veces para facilitar que se practique más un deporte basta con encontrar un buen referente. Alguien a quien se pueda admirar y que sirva como inspiración. Los niños tienen muchos referentes a la hora de jugar el futbol. Las niñas deberían tenerlos. No tratar de ser como Messi, sino como Vero Boquete.  Iniciativas como estas ayudan a ello y a que tanto niños y niñas se acostumbren a ver a jugadoras de futbol y así, poco a poco cambiar esa idea del deporte, y dentro de él el futbol, como algo masculino.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Mamá es reportera de guerra

Por Beatriz Pozo Bea Pozo

¿Qué es lo primero que viene a la cabeza cuando se habla de un periodista de guerra? ¿Peligro, riesgo, valentía, compromiso? Un periodista de guerra es la expresión más pura de la máxima ‘informar por encima de todo’. Alguien que arriesga su vida para que otras personas conozcan lo que ocurre en un conflicto armado, que es capaz de poner todo en peligro, solo para informar. ¿Y cómo logran estas personas tener una vida aparte del trabajo, si cada pocas semanas deben viajar a un nuevo frente de guerra, a un nuevo campo plagado de balas?

Lynsey Addario (c) John D. Catherine T/ MacArthur Foundation

Lynsey Addario (c) John D. Catherine T/ MacArthur Foundation

El 16 de marzo de 2011, cuatro reporteros del New York Times fueron secuestrados en Libia. Mientras se encontraba en manos de las fuerzas del coronel Gadafi, la fotoperiodista Lynsey Addario decidió que en cuanto fuera liberada tendría un hijo con su marido. En el momento más crítico, cuando no sabía si la iban a matar o no, si la iban a violar o cuánto tiempo estaría retenida, Addario se propuso tener un hijo.

Hoy casi 4 años después, la reportera, que recientemente ha sido nombrada por la American Photo Magazine como uno de los cinco fotógrafos más influyentes de los últimos 25 años, publica un libro sobre su carrera. Su nombre es toda una declaración de intenciones: ‘It´s  what I do’ (Es lo que yo hago). Y lo que ella hace es fotografiar zonas en guerra y lugares donde el hambre y la sed se ceban con la mayoría de la población. No obstante, desde finales de 2011, lo que ella hace también es criar a un niño. Quizá por eso, la segunda parte del título del libro es: ‘A photographer´s  life of War and Love’ (Vida de amor y guerra de una fotógrafa)

Tener un hijo no ha disuadido a Lynsey Addario de seguir realizando su trabajo. Como ella misma afirma en un artículo reciente para el New York Times: ‘Salir en el último minuto, saltar a  un avión y sentir la responsabilidad de cubrir guerras y hambrunas y crisis de los derechos humanos es mi trabajo. Dejar de hacer esas cosas sería como despedirme a mí misma’. Ni siquiera el embarazo se lo impidió. Durante el periodo de gestación, viajó por todo el mundo y siguió cubriendo historias, incluso en lugares  como Somalia o Gaza.

Lo cierto es que no es la primera vez que Addario usa la frase que da título a su libro. También la utilizó a los pocos días de ser liberada de Libia. Era su respuesta a quienes decían que cómo se podía atrever una mujer a cubrir una zona de guerra, especialmente en el mundo musulmán: ‘Es lo que yo hago […] es mi vida y yo tomo  mis propias decisiones’. Ahora le preguntan que cómo puede seguir poniéndose en peligro, después de tener un hijo. Ella siempre contesta que no le harían esa pregunta si fuera hombre.

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A la hora de cubrir una guerra ser mujer tiene también sus ventajas. Addario habla de poder mostrar una perspectiva diferente del mundo musulmán, así como de tener un mayor acceso a las mujeres locales que sus compañeros masculinos. Además, en buena parte del mundo musulmán los hombres sienten un gran respeto hacia las mujeres y se creen en la obligación de protegerlas, lo que beneficia a una periodista.

Lynsey Addario ha sido secuestrada en dos ocasiones, fue víctima de una emboscada de los talibanes en Afganistán y ha visto a varios compañeros morir a su lado. No obstante, Linsey Addario también formó parte del grupo de fotógrafos que ganaron el Pulitzer a mejor reportaje internacional en el año 2009 por “Talibanistan”, ha recibido otros premios como la beca MacArthur Fellowship o la de Getty images por fotografía editorial por su trabajo en Darfur,  ha retratado los principales conflictos de los últimos años y ha viajado a donde ha querido viajar. Su trabajo es ‘una parte intrínseca de lo que soy, es lo que creo y lo que gobierna  mi vida’. Puede que muchos no lo entiendan. ¿Por qué ponerse en peligro? ¿Por qué arriesgarse? No obstante, su propio libro lo dice: ‘It´s what I do: A photographer life of War and Love’. Es lo que ella hace. En su vida hay guerra, pero también hay amor.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Detrás de las rebajas

Por Beatriz PozoBea Pozo

Hace un año, en este mismo blog, Sole Giménez se preguntaba por qué algunos productos son tan baratos. Cómo puede ser que paguemos tan poco dinero por un artículo hecho en el extranjero y en cuya producción han participado varias personas. Sole concluía que la única respuesta posible es la injusticia. Un ejemplo de esa injusticia son las maquilas. Las terribles condiciones que soportan las personas que trabajan en ellas, hacen posible que durante las rebajas la ropa se oferte con un 50% de descuento y al mismo tiempo sea rentable para la empresa que la vende.

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Sandra Ramos, activista defensora de los derechos de las trabajadoras de las maquilas. Imagen Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

Las maquilas son empresas extranjeras que instalan sus fábricas textiles en países en vías de desarrollo, aprovechándose de incentivos fiscales para no pagar casi impuestos y empleando a la mano de obra local bajo unas condiciones laborales asfixiantes. No se trata solo de largas jornadas laborales y bajos salarios. También suponen un gran riesgo para la salud, tanto por la exposición a sustancias químicas como por el riesgo de sufrir accidentes. Uno de los países con un mayor número de maquilas es Nicaragua.

Desde hace más de 20 años, Sandra Ramos lucha por los derechos de las trabajadoras de estas fábricas textiles. Su trabajo se centra sobre todo en mujeres, porque cree que las condiciones laborales que soportan ellas son mucho peores: ‘Al principio pensaba que la clase obrera era una, pero me di cuenta de que no. Hay hombres y mujeres’. Sandra cuenta como el gobierno, tras una privatización masiva, permitió la entrada de grandes empresas provenientes de Taiwán, que tenían a las mujeres trabajando prácticamente gratis. Sólo cobraban ‘un dólar a la semana’, aprovechándose del alto paro en el país. Muchas de las mujeres no conocían sus derechos, estaban asustadas porque los inversionistas y el gobierno les hacían creer que donde se acantonaban esas empresas no reinaban las leyes laborales nicaragüenses, sino las leyes del inversionista’.

El resultado fue que, en 2002, y según datos de un informe realizado por Sandra y su organización, el Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas “María Elena Cuadra” (MEC), el 55% de las mujeres empleadas en las maquilas afirmaban haber sufrido algún tipo de enfermedad, lesión o problemas de salud causados por su trabajo, el 43% decía ignorar los convenios laborales y casi el 50% denunciaba haber sido víctima de violencia verbal o psicológica.

En estos años la situación ha mejorado. El trabajo de organizaciones como la de Sandra, ha permitido que ‘las mujeres ya no se dejen como se dejaban antes’. ‘Tuvimos que prepararlas nuevamente en sus derechos, en romper los miedos y los temores. Hoy por hoy, la nueva generación de mujeres jóvenes en este entorno laboral tiene más conocimiento, más poder de decisión y más poder para reclamar sus derechos.’

No obstante, estas mujeres siguen enfrentándose a un empleo precario. Cada día se levantan para ir a trabajar, durante muchas horas y por poco dinero, a un lugar en el que no saben si sufrirán algún tipo de accidente, expuestas a productos químicos, bajo un calor intenso, con malos servicios de higiene y en el que pueden ser sometidas a un trato vejatorio por parte de sus jefes. Activistas como Sandra hacen mucho por ellas, pero quizá con eso no sea suficiente.

Las empresas que las contratan han mostrado hasta el momento muy poca preocupación por el bienestar de sus trabajadores y no parece que eso vaya a cambiar en un futuro próximo. Sin embargo, esas compañías sí que se interesan por sus clientes y por seguir vendiendo. Si esos consumidores presionan, alzan la voz por la situación de estas mujeres, y de todo aquel que está sufriendo por la injusticia de los precios bajos, y ayudan a gente como Sandra a trasmitir su mensaje, a las empresas no les quedará más remedio qué actuar y preocuparse más por las personas que emplean.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora como voluntaria con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Alma Obregón: mucho más que magdalenas

Por Beatriz Pozo Bea Pozo

Alma Obregón no deja de repetir que está un poco loca y si te cuenta cómo se fue al Sahara a correr 100 kilómetros, lo normal es que tu también empieces a creerlo. Pero quizás ese punto de locura sea necesario para hacer lo que ha hecho ella. Porque Alma Obregón tiene un blog de cupcakes que acumula ya más de 32 millones de visitas: ‘Objetivo:  Cupcake Perfecto’.

Alma Obregón en su taller de cupcakes. Imagen de Ekaitz Cancela / Oxfam Intermón

Alma Obregón en su taller de cupcakes. Imagen de Ekaitz Cancela / Oxfam Intermón

Hace cuatro años, cuando lo creó, Alma era una estudiante de doctorado en Alemania. En un viaje a Inglaterra descubrió los cupcakes, que ella describe como una especie de tartas en forma de magdalena. Le entusiasmaron y probó a hacerlos. De esta forma, el blog nació como una libreta virtual en la que Alma contaba sus intentos de hacer cupcakes. Hoy tiene varios diplomas de las mejores escuelas de repostería en la pared, y ella es la que enseña a cocinarlos a través de sus talleres. Además, tiene un programa de televisión en Canal Cocina, una tienda y un taller especializados en Madrid y varios libros publicados y muy vendidos sobre repostería.

Alma ha conseguido así poder vivir de lo que en un principio no parecía más que una afición, y ser su propia jefa. Ella dice que tuvo suerte, porque comenzó con los cupcakes justo antes de que se pusieran de moda en España, pero lo cierto es que no hay más que ojear un poco su blog para ver que tiene algo especial. Sus recetas no son solo una lista de ingredientes y pasos a seguir, sino que están hechas desde un punto de vista muy personal que te permite empatizar con la propia Alma y con las mil y una cosas de su vida que decide contar, desde su obsesión por la Nutella al cumpleaños de su gato.

Alma tiene también una faceta personal muy marcada por la acción solidaria. En sus dos últimos años de carrera fue voluntaria en Oxfam Intermón y, más adelante, ha aprovechado su éxito para colaborar profesionalmente en diversas actividades. Así, por ejemplo, ha contribuido con sus recetas de cupcakes a popularizar los ingredientes de comercio justo, y  con frecuencia realiza talleres solidarios.

Su otra gran afición es participar en carreras de larga distancia, como la del Sáhara. Dejando de lado el propio mérito que supone correr tantos kilómetros, Alma también usa estas carreras como un modo de ayudar a la gente que más lo necesita. De esta forma, ha participado en un programa en el que por cada kilómetro que corría, se donaba un kilo al Banco de Alimentos. Y el próximo 5 de julio tomará la salida, junto con varios equipos formados por sus amigos bajo el nombre de ‘Cañas y Tapias’, en la carrera solidaria Oxfam Intermón Trailwalker, (100km, una causa) que se celebrará por primera vez en la sierra madrileña.

Alma ha sido capaz de prácticamente inventarse una profesión de aquello que le gustaba, y disfruta enormemente de todo lo que hace. Una chica con una sonrisa permanente en la cara y con muchas ganas de comerse el mundo. Quizás esté un poco loca, pero dado lo bien que le ha ido, creo que a todos nosotros nos convendría estar así de locos.

 

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora como voluntaria con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

¿Quién ganó la final de la Champions? ¿Y el Mundial?

Por Beatriz Pozo Bea Pozo

Es una noche de mayo en Lisboa.  La final de la Champions está en juego. El balón vuela en el aire. Dos futbolistas van a por él, la pelota sale disparada hacia la portería. Es gol. Más de cien aficionados gallegos lo celebran en la grada, pero no están festejando un gol de Sergio Ramos,  ni de Godín, sino de Verónica Boquete. La primera española en alcanzar una final de Champions. Su equipo, el Tyresö sueco acabó perdiendo 3-4. Sin embargo, nadie lo recuerda. Los medios estaban ocupados cubriendo la otra final de Champions, que se celebraría dos días después.

Fútbol pasión. Imagen de TrasTando.

 

No obstante,  Vero Boquete probablemente no esperaba una gran cobertura mediática. Tampoco la obtuvo cuando la nombraron mejor jugadora de la liga de fútbol estadounidense, uno de los mejores campeonatos femeninos, ni en ningún otro momento. Está acostumbrada, como acostumbradas deben de estar la mayoría de las deportistas según una investigación de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), que denuncia que la mujer solo aparece en el 5% de las noticias de la prensa deportiva y que ese porcentaje se ha ido reduciendo en los últimos 30 años.  ‘Las informaciones neutras, como balones de fútbol, campos… tienen más presencia que las mujeres’ advierte la profesora de la UC3M, Clara Sainz de Baranda.

Además, en estos mismos medios, entre las escasas informaciones con presencia femenina, las deportistas están siendo desplazadas por las ‘invitadas’, es decir, por familiares, aficionadas o famosas. ‘En casi el 50% de los casos los hitos de las deportistas quedan reducidos  a un simple breve, el género más humilde del periodismo, lo que supone un reduccionismo en el tratamiento de estas informaciones’ denuncia la investigadora. Mientras tanto, ‘las invitadas’, aunque protagonizan muchas menos noticias, gozan de un mayor espacio y de informaciones mucho más visuales. Así, la prensa deportiva muestra una imagen de la mujer cada vez más estereotipada, disminuyendo su importancia como deportista y presentándola  como simple acompañante.

Para la profesora es muy importante ‘saber qué imagen están lanzando (los medios deportivos) porque son los que más audiencia tienen’. Así, ‘a mayor número de lectores, más mentes que influencian’. Otro  problema es que las mujeres que aparecen en estos diarios  van a servir de referente para las niñas que comiencen a practicar deporte. Si los hitos deportivos son colocados en segunda fila y, sin embargo, se destaca a la novia del futbolista,  el modelo que se estará invitando a seguir no será el de la primera, sino el de la segunda.

Además, a esta situación de inferioridad de la mujer en la prensa deportiva se le une que tampoco es tratada de la misma manera que los hombres por las propias autoridades. Así, por ejemplo, en el fútbol femenino existe un Real Decreto que impide la profesionalización de las mujeres. ‘Aducen que, económicamente, no es rentable que una mujer juegue como profesional, pero en realidad es un problema de derechos laborales fundamentales’ dice la profesora. De este modo, Verónica Boquete tuvo que irse a jugar al extranjero, para que sus seguidores pudieran celebrar su gol en Lisboa.

 

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual y futbolista.