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Y Silvia cogió su mochila

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Silvia (no es su nombre real) tenía menos de cuarenta años cuando la conocí. Me contó que años atrás había escapado en un camión junto a su hermana huyendo de la violencia de su país. Salió una madrugada con una mochila pequeña, después de haber pagado una cantidad desorbitada para intentarlo. Fue afortunada y logró primero seguir con vida y más tarde trabajar cuidando a una señora mayor. Pero la incertidumbre, la ansiedad, la pérdida de referencias, la soledad y el miedo del camino habían transformado y dejado una profunda huella en su personalidad.

Zakia Abdullah, una mujer siria, sobre los escombros de su vivienda tras la explosión de un misil en Alepo. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Zakia Abdullah, una mujer siria, sobre los escombros de su vivienda tras la explosión de un misil en Alepo. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Hace cinco días leí la noticia de los 71 refugiados muertos en un camión frigorífico. Hace tres días, que al menos 37 habían fallecido al hundirse su embarcación frente a las costas libias. Hace dos días, que cuatro refugiados murieron y más de mil fueron rescatados en aguas del Mediterráneo intentando llegar a Italia. Ayer, que al menos doce refugiados sirios, de los que cinco eran niños, murieron ahogados de madrugada al intentar alcanzar la isla griega de Kos en dos barcas…

Las noticias nos sacuden diariamente, aunque posiblemente la realidad es infinitamente más dramática. No soy una experta del tema y mi conocimiento sobre refugiados es escaso. Por circunstancias laborales, en determinados momentos de mi vida he acompañado a algunas de esas personas y familias que tuvieron que dejar sus países por amenazas, guerras, violencia extrema, inseguridad, y desesperanza. No podía evitar quedarme abrumada ante todos los pasos que tuvieron que dar para poder disponer de un horizonte vital.

Ahora en Europa estamos siendo espectadores de la desesperanza, de la necesidad de escapar de un sitio donde no hay futuro, del sacrificio, de las masas movilizadas para huir de la muerte. Países desbordados reforzando sus límites y construyendo muros para que no entren, discursos sobre fronteras y derechos, y mientras las personas mueren, se hacinan y buscan la forma de entrar, cueste lo que cueste. Esas mujeres, hombres y niños llevan sobre sus espaldas una mochila donde posiblemente hay muchas experiencias traumáticas y de dolor tanto en su país de origen como en el hecho de escapar.

Por supuesto que el problema es difícil y en absoluto tengo la respuesta, pero según la Organización Internacional para las Migraciones alrededor de 3.600 personas han muerto intentando llegar a Italia, Grecia y España por mar durante los últimos doce meses. Estamos hablando de casi 100 personas que fallecen al día simplemente por el hecho de querer sobrevivir y escapar de un lugar donde la vida no vale nada. ¿Quién se beneficia con este tráfico de personas?, ¿Acaso no escaparíamos de un lugar hostil si pudiésemos pagarlo? ¿Escapar, huir, buscar un futuro?

Me surge entonces una pregunta ¿La vida de un refugiado cuánto valor tiene?, ¿La de Silva cuando huía mochila al hombro sin saber qué iba a ser de ella?  ¿La de ese niño ahogado en la orilla de la playa que llenaba las portadas y las redes sociales? ¿Nada?

Bueno sí que parece valer para aquellos que se lucran del tráfico de personas, aquellos que les cobran por ejemplo en Libia entre 900 y 1.200 euros para una plaza en una lancha neumática que los lleve a una de las cercanas islas griegas.

Por supuesto que el problema está en los países de origen donde han ido proliferando regímenes totalitarios o donde se han ido gestando guerras civiles. Está claro que si uno se siente bien y seguro en su casa, no expone su vida para irse a otro sitio, eso es de lógica. Estas personas no son aventureros, son supervivientes y luchadores que se ven forzados a desplazarse. ¿Las diferentes religiones qué tienen que decir sobre todo esto? Y para quien no sea religioso, ¿la ética, la moral, los derechos humanos, la humanidad, la política que puede añadir? No hay decisiones fáciles, pero sí humanitarias.

Viendo la imagen del niño varado en la playa de Turquía me preguntaba por la impotencia de esas madres, padres que tienen que exponer a sus hijos a un viaje donde el final es incierto y frecuentemente dramático, sólo por el hecho de que la mera casualidad nos ha hecho nacer y vivir en lugar geográfico distinto. ¡Qué dolor ver a tu hijo morir así!

Los campos de refugiados está claro que no son la solución, ya que es perder en vida a personas con capacidades y recursos, pero pueden ser alternativas temporales en un momento dado. También en esta situación mujeres y hombres tendremos que salir de nuestro círculo de confort y comodidad para que las soluciones no sean meramente políticas, sino también ciudadanas en las que podamos participar de alguna manera.

Las secuelas psicológicas de la guerra, de la violencia, del escapar, de la masificación, de las muertes ¿Quién las trata?, ¿Quién acompaña? Son heridas que el tiempo no las cicatriza y que afectan en el terreno personal, familiar y social ¿Quién mira a los ojos de estas refugiadas y refugiados?

Varias organizaciones en nuestro país, como CEAR o el SJR reclaman y llaman la atención sobre la situación. No sólo es el momento de ver: escuchemos sus propuestas para evitar tanto dolor y tanto sufrimiento.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

¿Y después de haber sido víctima de trata, qué?

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace poco más de un mes se concedió el Premio Derechos Humanos Rey de España, que se entrega por parte de la Universidad de Alcalá de Henares y el Defensor del Pueblo, a la congregación religiosa de las Adoratrices por su labor en la lucha y apoyo hacia las mujeres que son víctimas de todo tipo de esclavitud y explotación. Esta congregación, de ámbito internacional, se fundó en Madrid, en 1856 y está presente en 23 países de Europa, Asia, África e Iberoamérica.

Trata de mujeres. Imagen de promoción del documental 'Chicas nuevas 24 horas' de Mabel Lozano.

Trata de mujeres. Imagen de promoción del documental ‘Chicas nuevas 24 horas’ de Mabel Lozano.

Uno de los proyectos que me parece más interesante es el Proyecto Esperanza, que aborda la trata de mujeres. Conozco a varias profesionales que trabajan en dicho proyecto y es admirable la labor que hacen ante el encuentro con una realidad tan dura como es la trata de mujeres en España, donde frecuentemente la legislación y la defensa de sus derechos quedan arrinconados, pidiéndose a la mujer la mayor responsabilidad a la hora de denunciar y salir de su situación de explotación sexual.
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No sólo un día al año

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hay días de los que todo el mundo se suele acordar; el día de la madre, el del padre, el de San Valentín, el de la mujer… Ahora que está cerca el primero, qué mejor momento para tener presente la maternidad.
Lo cierto es que frecuentemente cuando se piensa en las madres nos viene a la mente las que son jóvenes y dejamos de lado a aquellas que lo fueron primero, las mayores, que ahora además de madres incluso pueden ser abuelas.
La realidad es que ser madre es para toda la vida, no sólo cuando se es joven, vital, resolutiva, cuidadora, independiente o fuerte. Por eso este post va dedicado a las madres mayores, esas que frecuentemente están tan olvidadas por parte de la sociedad y de gran parte de sus familias, a muchas de ellas que viven solas, o en residencias, que pueden encontrarse con dolencias o enfermedades, pero que siguen siendo madres.

Imagen de promoción del Concurso de Fotografía Intergenracional de la Fundación Amigos de los Mayores.

Imagen de promoción del Concurso de Fotografía Intergenracional de la Fundación Amigos de los Mayores.

Son mujeres que experimentaron la maternidad hace cincuenta, sesenta o incluso setenta años cuando todavía no estaba ni siquiera presente la democracia en España y tuvieron que asumir, supuestamente sin rechistar, los condicionantes de una época histórica, social y política que las mantenía al margen.

Personas que han tenido que vivir e interiorizar cambios para los que nadie las preparó y han allanado el camino a las que hemos venido después. Mujeres que frecuentemente fueron educadas en un patriarcado que potenciaba la sumisión, la entrega incondicional y la dependencia de la mujer, pero que también lo cuestionaron o quisieron que sus hijas y nietas no viviesen lo mismo.

Al hilo de esto hace semanas una chica en la consulta me relataba como su abuela de más de ochenta años le aconsejaba, que no tuviese prisa por casarse y que disfrutase, experimentase y apreciase todo aquello que la vida le ofrecía sin tener como objetivo vital prioritario casarse y tener hijos. Esta mujer, que actualmente vive en una residencia de personas mayores, defendía la libertad, el aprendizaje, y la experimentación de la nieta; toda una apuesta por la vida en la vejez.

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Tu sexualidad, tu reproducción y tus derechos

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Pienso que deberíamos reflexionar mucho más sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos, derechos humanos reconocidos en tratados internacionales, nacionales y locales que deberíamos tener  todas las personas, hombres y mujeres y que por desgracia son profundamente bloqueados en diferentes países; desarrollados, en vías de desarrollo y subdesarrollados. Algo básico que es ninguneado, que deteriora la salud física y mental de la persona y que debemos seguir alzando la voz para que toda mujer y hombre conozcan e interioricen cuáles son sus derechos sexuales y reproductivos y se puedan prevenir situaciones de abuso, violencia y discriminación que deterioran la autoestima, seguridad, capacidad de la persona y que frecuentemente generan diferentes trastornos psicopatológicos como trastorno por estrés postraumático, fobias, trastornos de ansiedad, depresión, etc.

Danza del vientre. Imagen de TrasTando sobre fotografía de Sergio Perea.

Danza del vientre. Imagen de TrasTando sobre fotografía de Sergio Perea.

Como señala Amnistía Internacional los derechos sexuales y reproductivos permiten a las personas:

  • Decidir sobre su salud, cuerpo, vida sexual e identidad sexual sin temor a sufrir coacción, discriminación o violencia.
  • Pedir y recibir información sobre la sexualidad y la reproducción y acceder a servicios de salud relacionados con ellas y a métodos anticonceptivos.
  • Decidir si queremos tener hijos, cuándo y cuántos.
  • Elegir a la pareja con la que queremos estar y ver si con ella queremos casarnos y cuándo hacerlo.
  • Decidir qué tipo de familia formar.

Supongo que a la mayor parte de la gente que lee esto les parece obvio y normal, pero la realidad es que muchos de estos derechos son arrasados en diferentes ámbitos de una forma más radical y profunda o de una manera más sutil pero también dañina.

Empezando por las violaciones más radicales de los derechos sexuales y reproductivos nos encontramos las mutilaciones genitales femeninas, violación y violencia sexual entre las que se encuentra el abuso sexual  a un niño o una niña, matrimonios forzados, mantenimiento de un embarazo de forma obligatoria, aborto forzado, esterilización impuesta, sufrir discriminación o violencia por la identidad u orientación sexual, incluso pagándolo con la muerte, etc.

A lo largo de mis años de profesión como psicóloga me he encontrado a mujeres y hombres de diferentes ámbitos sociales, económicos, formativos, culturales que han visto dañados sus derechos sexuales y reproductivos; algunos de forma radical, y otros igualmente graves pero socialmente más aceptados o silenciosos.

Por poner algunos ejemplos reales de gente con nombres y apellidos que he acompañado me he encontrado a personas que por su identidad y orientación  sexual se han visto alejados de sus familias donde se les discriminaba y tenían que ocultar a sus parejas a los sobrinos, abuelos, tíos, o que en su lugar de trabajo se les había echado por el mero hecho de su orientación sexual. También mujeres y hombres que se habían sentido agredidos sexualmente dentro de sus relaciones de pareja al verse obligados o coaccionados a tener relaciones cuando no se deseaba. Mujeres que pidieron el uso del preservativo y el hombre se negó o presionó a la mujer para no usarlo. Adolescentes que se quedaron embarazadas y tuvieron hijos sin desearlos y de forma obligatoria, mujeres y hombres con discapacidad que se vieron obligados a renunciar a mantener relaciones sexuales o a ser esterilizados sin su consentimiento expreso. Hombres que no querían tener hijos y sus parejas les dijeron que estaban usando métodos anticonceptivos y no era cierto, parejas homosexuales cuyos hijos han sufrido burlas o han recibido mensajes discriminatorios hacia sí o hacia los progenitores, mujeres y hombres mayores que se han sentido cohibidos ante profesionales de la salud cuando han comentado que querían mejorar sus relaciones sexuales…

Los derechos sexuales y reproductivos están en nuestro día a día y en nuestra vida familiar, conyugal, afectiva, social, laboral, médica, psicológica, etc. Como hombres y mujeres seamos conscientes de cuáles son y defendámoslos en los aspectos graves y en aquellos sutiles, pequeños, cotidianos o casi imperceptibles, pues no hacerlo nos afecta en diferentes planos de la vida cotidiana.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

La insoportable vulnerabilidad

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace unos días distintos medios de comunicación se hicieron eco de la presentación del décimo Boletín sobre vulnerabilidad Social de Cruz Roja Española que tenía como protagonistas a las mujeres en edad activa que se habían atendido por la organización en el programa de vulnerabilidad social (40.304 mujeres). Para el estudio se tomó una muestra de 1.051 de esas mujeres, de entre 18 y 65 años de edad, de las que casi la mitad eran españolas y más de un 57% extranjeras.

 

Día de lluvia en Madrid. Imagen de Sergio Perea.

Día de lluvia en Madrid. Imagen de Sergio Perea.

Como todos los datos estadísticos se pueden ver en el vídeo adjunto y en el informe, no me voy a centrar en dicho aspecto, sino en las madres, hijas, hermanas, amigas, compañeras, ciudadanas que se encuentran en una situación inquietante de vulnerabilidad social. Si ya de por sí el ser mujer supone enfrentarse a numerosos obstáculos sociales, culturales y económicos cotidianos, las mujeres que son atendidas por parte de dichos programas en Cruz Roja se encuentran ya habiendo rebasado la línea de vulnerabilidad, y por qué no decirlo, de la marginación, que como me decía un día un trabajador social: “es una rueda donde es fácil caer y muy difícil salir”.

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Mil sombras de Grey sobre las mujeres

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace unos días se estrenó la película que llevaba al cine una novela que supuso un best seller en todo el mundo. Yo la verdad, es que del libro no pasé de la página veinte y la película no tengo interés en ir a verla, pero una está en el mundo y recibe mensajes de unas personas y de otras que le van contando, pregunta, y si encima tiene varias conocidas que fueron fans de la historia pues escucha, lee las críticas que ha habido y  se va forjando una opinión.

Sobra decir el impresionante despliegue mediático publicitario con respecto a esta cinta durante los últimos meses y sobre todo semanas, que impedían que te pudieras mantener al margen de saber de su existencia.

Imagen de la serie 'El mercado del sexo'. Fotografía de Sergio Perea.

Imagen de la serie ‘El mercado del sexo’. Fotografía de Sergio Perea.

En estos días me he encontrado con distintas personas que fueron a verla y les he preguntado. Desde la curiosidad y la crítica, me cuesta entender y preocupa dicha acogida. En el fin de semana de su estreno en España un millón de personas ha ido a ver una película que habla de relaciones contradictorias, donde se mezcla sexo y violencia y donde la mujer sufre esperando una relación afectiva segura y a cambio entrega su cuerpo como moneda de cambio.

No deja de sorprenderme que una película que disfraza una relación de dominación-sumisión (no hablo exclusivamente de una relación sexual), donde se da abuso y violencia emocional y física pudiese ser tan esperada por el público en general.

La historia relata como una chica estudiante universitaria comienza una relación con un poderoso, exitoso y enigmático hombre de negocios que tiene gustos y preferencias sexuales sadomasoquistas. El planteamiento de él es mantener relaciones sexuales a su gusto pero dejando la afectividad de lado y que todo quede bajo su control. Se cumplen así con una serie de criterios seleccionados por él llegando a controlar parte de la vida de la joven. Ella en realidad quiere y busca seguridad afectiva junto a protección y acaba en sus garras.

A mí esto me resuena demasiado, y me chirría cómo se disfraza de no sé si llamarlo moderno, snob, chic, experimentación o lo que sea, una relación afectiva (no exclusivamente sexual, vuelvo a repetir) de sometimiento, violencia y control. En realidad es seguir perpetuando ese juego de papeles  de machos depredadores frente a víctimas ingenuas e indefensas.

No me voy a meter en los gustos sexuales de cada persona; que son libres, y que mientras sean consensuados con otro adulto que lo elige puedan ser lícitos. No estoy hablando de que crea que ser sumisa sexualmente por elección sea ser víctima de abuso y violencia, en absoluto. Pero voy más allá. Me refiero a una serie de patrones de violencia y abuso emocional hacia la mujer que se siguen repitiendo, pero ahora con otro traje, con un disfraz quizás más perverso y tramposo porque aparentemente la mujer juega con más libertad que hace años sobre todo en el terreno sexual.

Nos siguen reproduciendo estereotipos y modelos muy cansinos; el macho alfa dominante frente a la mujer indefensa y débil, el príncipe salvador frente a la frágil doncella. Mucho cine adolescente actual sigue perpetuando estos modelos. Los cuentos de príncipes y princesas se han convertido en historias que nos venden cocktails que mezclan un supuesto romanticismo con poder, sumisión, sexo, salvación, protección y control, y encima nos los quieren seguir introduciendo ya en la adultez. Por favor, un poco de sentido crítico hacia lo que leemos y vemos para poder ir más allá. Todos los días somos espectadores en las noticias de nuevos casos de violencia de género de mujeres de diferentes edades. Esto nos produce aversión.

La historia de esta película es en realidad la historia de Vanesa, una chica madrileña de diecisiete años que en busca de afectividad mantiene una relación con Patricio, un adolescente de dieciocho años que le ha sido infiel en una ocasión, le ha pegado dos veces, le controla con quien va, no quiere usar métodos anticonceptivos, etc. Lo que sucede es que Patricio no es millonario, ni tiene un avión privado, sino es pobre, vive en Carabanchel y estudia un módulo de mecánica. ¿Cómo sería una película de esa vida?, ¿La podríamos disfrazar de exotismo, pasión, deseo, glamour?,  ¿Qué futuro le espera a Vanesa? En realidad ambas relaciones se basan en los mismos ingredientes; control, violencia, sumisión y dependencia.

Por cierto, que el Instituto de Política Familiar de Baleares (IPFB) lanzó hace unos días una campaña para ayudar a las mujeres que padecen violencia de género. Consiste en cambiar el destino del dinero; en vez de entradas para ver esa película realizar una donación para hogares y refugios de las víctimas, que es donde creen que acabaría una mujer como la protagonista de la historia (#50eurosno50sombras).

Se sigue engañando, sobre todo a la gente joven, con la sexualidad libre. Como si por tener mucho conocimiento o práctica sexual se pudiese haber acabado con las relaciones de violencia o con los embarazos no deseados. Por desgracia el porcentaje de violencia de género en la juventud es muy alto. Lo que necesitamos es una afectividad libre, madura y segura para saber quiénes somos, elegir y decidir quién queremos ser y con quién queremos estar. Mientras eso no se logre continuaremos perpetuando clichés y modelos que perjudican a hombres y mujeres, y seguiremos aplaudiendo o siendo espectadores pasivos de historias de violencia encubiertas aparentemente de amor, pasión, romanticismo y modernidad.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

Cien años de cuerpos ‘perfectos’

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace unas semanas en una web de salud americana salía un artículo sobre cómo la visión del  cuerpo perfecto de la mujer ha cambiado en los últimos 100 años. Se muestran una serie de ilustraciones donde se aprecian cambios en aquel aspecto corporal que en un momento se idealizaba, y en otro se rechaza o se ignora dependiendo de las modas.

Las tres gracias, de Rubens. Imagen: Museo del Prado.

Las tres gracias, de Rubens. Imagen: Museo del Prado.

La visión del cuerpo perfecto ha cambiado a lo largo de la historia, y difiere según el contexto geográfico, ya que el concepto de belleza no es lo mismo en Occidente que en Oriente, Africa, etc. Nada que ver la idealización del cuerpo de la mujer en la Grecia Antigua, con la del Renacimiento.

Centrándonos por ejemplo en Estados Unidos, cuna de la publicidad, series de televisión y la gran industria publicitaria y de imagen como es Hollywood, los ideales corporales han variado a lo largo de los últimos cien años:

-A principios del siglo XX se idealizaba a la mujer con gran busto, caderas anchas y cintura estrecha.

-En la época de los años 20 las mujeres empezaron a mostrar más las piernas y tobillos,  dejando de lado el resaltar senos o cintura que pasaron a un segundo plano.

-En los treinta volvieron mujeres con curvas.

-Durante la Segunda Guerra Mundial, se valoraban más mujeres como con cuerpos delgados pero con curvas.

-En los 50 tenemos a Marilyn Monroe, Brigitte Bardot iconos de belleza con cintura pequeña y busto prominente.

-En los sesenta aparece un nuevo modelo de mujer delgada, con piernas largas y con carácter bastante andrógino; la modelo Twiggy es una de sus mayores representantes.

-En los setenta se aprecia la figura de mujeres atléticas y en los ochenta también sumando más delgadez. Comienzan a surgir en ese momento gran cantidad de casos de anorexia o bulimia nerviosa.

-En los noventa otra vez vuelven a aparecer modelos de mujer delgada y algunas con aspecto de niñas. Kate Moss es una de sus representantes.

– En dos mil aparecen modelos de mujer altas, delgadas, con senos granes y cuerpos tonificados.

Todo esto nos muestra varios aspectos; primero que el concepto de belleza cambia en el tiempo y que es completamente subjetivo; es decir lo que en una época es rechazado en otra es idolatrado. Por otro lado, y lo más importante al no ser conscientes de lo primero el sometimiento al que las personas nos vemos  presionadas por no cumplir esos cánones, fomentan la frustración y a la insatisfacción constante. Por último, se acaba idolatrando la imagen corporal como si el tener un cuerpo ajustado a esos patrones de belleza de ese momento diese un plus, un mayor estatus, como si una persona por cumplir con esos cánones de belleza fuese mejor a otra; absurdeces varias de las que somos presos todos, pero principalmente las mujeres a las que va dirigida gran parte de la publicidad.

En todo esto no podemos olvidar que hay un interés que mueve mucho dinero y que no deja de vender estereotipos a través de la publicidad. Al haber una fisura entre los cuerpos idealizados ( que no son perfectos), de esas mujeres que salen en los medios, en las redes, en la publicidad  y las mujeres comunes se puede generar un sentimiento impotencia que acaba vendiendo mucho; “Si tú quieres ser como ella, compra esta crema, come este producto, échate ese perfume, lleva esta ropa…” , un gran negocio

Luego se denuncian la cantidad de casos de  trastornos alimenticios, pero resulta muy hipócrita cuando se fomenta esa insatisfacción corporal simultáneamente, y es que en ciertas edades como la pre-adolescencia-adolescencia el mensaje de idealización y decepción propia penetra profundamente. He atendido en psicoterapia  a numerosas chicas con un rechazo corporal enorme cuando eran bellas, ¿por qué se estimula lo contrario?

La belleza es arbitraria y diversa. Es fundamental ser conscientes de ello porque no se puede limitar lo atractivo, igual que no se puede limitar la variedad de la vida. Necesitamos apreciar la belleza en la diferencia, en la diversidad, en la imperfección y la salud porque la perfección corporal no existe y no podemos ser presas de las modas de cada época ni dejar que se nos imponga un tipo de cuerpo sin aceptar el nuestro, nuestra satisfacción corporal no puede depender de las modas, así como nuestra autoestima.

La belleza está en las cinturas estrechas, en las anchas, en las caderas grandes y en las que no lo son, en los tobillos voluminosos y en los finos, en el vientre liso y en el abombado, en el pecho pequeño y en el grande, en los brazos finos y en los gruesos, en ser alto y bajo… El cuerpo perfecto es el tuyo, no el de otras.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

Creencias que marcan y arrastran

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace pocos días participando en un congreso sobre trauma, una compañera psicóloga dijo ante un público de más de doscientas personas, principalmente mujeres, que las mujeres ya podíamos tener cuidado por el daño que causábamos y podíamos generar en nuestras hijas e hijos.

A mí dicho comentario me llegó como una cuchillada, y me molestó, por esa sensación de seguir perpetuando modelos de familia y de género que marcan y dañan a mujeres y hombres, ¿hasta cuándo? Freud ya puso la diana de la responsabilidad de la enfermedad mental en la madre mirando bastante poco la actuación de los padres; que además de pene para engendrar, tienen y poseen otras cualidades y aspectos que marcan la personalidad de niñas y niños.

Imagen del proyecto Ducati Man Igale, donde varios mecánicos imitan la presentación fotográfica de una modelo. Más fotografías y análisis en Mutua Motera

Imagen del proyecto Ducati Man Igale, donde varios mecánicos imitan la presentación fotográfica de una modelo. Más fotografías y análisis en Mutua Motera

¿Ha pasado casi un siglo, y tan poco hemos avanzado? ¿Seguimos las mujeres mirándonos y siendo observadas críticamente? ¿Sigue la sociedad cargando sobre las madres el peso y la responsabilidad de la familia? Para mí claramente sí. Se sigue repitiendo el modelo donde la mujer tiene la responsabilidad del cuidado, del afecto y del dar, y el hombre permanece en un lugar más alejado, enfocado en el aspecto profesional, perdiéndose parte de lo que es esa relación íntima con los hijos.

Esto me hace pensar muchas cosas, pero sobre todo la gran maleta que seguimos arrastrando llena de creencias falsas que nos perjudican:

Algunas de ellas son respecto a que la madre es la única figura de apego y de protección para el bebé, dejando al hombre en un lugar más periférico, cuando el hombre puede ser una figura íntima de cuidado, y de seguridad aunque no amamante.

Otras son las referentes a que la mujer debe ser sumisa, pendiente de los demás, cuidadora de los otros, sin grandes aspiraciones, “dadora”, pendiente de su apariencia física, espectadora de las acciones del hombre, pasiva, etc, y el hombre todo lo contrario; el estar activo, el buscar el poder, la fortaleza, la autoridad, etc.

He llevado muchos grupos de mujeres adultas y de tercera edad hace años, y lo cierto es que no encuentro muchas diferencias de lo que me comentaron en su día de lo que creían que debían ser, y lo que muchas chicas jóvenes señalan que consideran que tienen que ser y comportarse ‘como mujeres’.

De hecho, los modelos de mujeres que están en los medios de comunicación siguen reforzando esto. Baste ver un capítulo de una serie aparentemente inofensiva que ven actualmente niños, y niñas, para apreciar esos matices. Podréis escuchar las frases de estas adolescentes, vestidas y maquilladas para ‘triunfar’ en una sociedad donde lo que brilla es la apariencia. Así en esta canción de Violetta una chica rivaliza con otra mientras le grita… ‘Mi corazón es todo lo que yo tengo’, ‘Si es por amor es todo lo que soy’

Mientras tanto al hombre se le sigue impidiendo expresar emocionalmente, y se le impone una coraza de fortaleza señalando que significa varonilidad.

Seguramente hace unas semanas visteis este corto que compartía nuestra compañera Catalina Villa: Mayoría oprimida de la cineasta francesa Eléonore Pourriat, que relata un día de un hombre que vive en una sociedad donde se han invertido los roles de género. Refleja situaciones cotidianas que las mujeres viven, sin embargo en este caso el que las experimenta es un hombre, que además es padre.

Eliminar los estereotipos asignados tanto a hombres como a mujeres nos corresponde a toda la sociedad. Hay que redefinirnos hacia lo que deseamos ofrecer al mundo, y a las próximas generaciones, no limitándonos sino sumando. Redefinir lo que es poder, y los valores para hombres y mujeres que tienen sentido para construir una sociedad más igualitaria, más justa, y sobre todo más libre para decidir.

Me encuentro cada vez más hombres que me dicen que no quieren ser como sus padres que estuvieron en una posición alejada, distante emocional, y que aunque se hayan separado de sus parejas ellos quieren dar a sus hijas e hijos el cuidado, afecto y protección que echaron en falta. Damos pasos hacia adelante y retrocedemos en otros. Vamos a ritmo lento, a veces en una dirección oscilante. No hay que bajar la guardia.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

Mantay significa madre

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace unos días he regresado de Perú, país donde viví y trabaje hace catorce años, y que me enseñó gran parte de lo que soy como persona y profesional.

Entre los encuentros que me sentía emocionalmente implicada en hacer era visitar la Casa de Acogida Mantay, que se encuentra a las afueras de la ciudad del Cuzco. Conocí el proyecto cuando ya llevaba meses en Perú y trabajaba en una Defensoría de la Mujer,  Niño y Adolescente. Me acabé enganchando… Eran tantas las posibilidades en las que implicarse que no podía taparme los ojos a esa realidad, así que comencé a colaborar en el acompañamiento psicológico eventual para las madres adolescentes.

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Mantay significa madre. Imágenes de la Casa de Acogida Mantay.

Mantay, que fue fundado por personas españolas y peruanas hace ya casi 15 años, se dedica a dar respuesta a las situaciones dramáticas que vive una adolescente cuando se queda embarazada y está en una situación de riesgo o desprotección grave, o no tiene medios para afrontar la llegada de un bebé. Estamos hablando de historias profundamente dolorosas y traumáticas, en las que generalmente no existe ninguna protección y apoyo desde el ámbito familiar. Además el aborto en Perú es ilegal; excepto en casos donde la salud de la madre peligre.También de situaciones donde no hay sustento material y emocional para hacer frente a la maternidad.  Así que desde los juzgados se favorece el ingreso a un espacio de protección.

Como Jovita que con doce años fue agredida por su padrastro. Supimos del caso por la escuela, cuando ya estaba de cinco meses de gestación. La madre le culpabilizo y maltrató física y emocionalmente por lo sucedido, mientras señalaba que no iba a separarse de su pareja porque éste era el que mayormente traía ingresos a la casa. Desde las instituciones tuvimos que solicitar una tutela urgente y Jovita entró en Mantay.

Estas menores se ven obligadas a asumir una responsabilidad para la que en absoluto están preparadas. Tienen un bebe, por el que frecuentemente no sienten ningún tipo de vínculo emocional, ya que todavía están digiriendo sus propias heridas de abandono y violencia.

La Casa de Acogida Mantay persigue luchar por los derechos de estas jóvenes mujeres para que su vida no quede truncada y puedan seguir siendo adolescentes y asumiendo su maternidad. Así les proporciona un espacio seguro de acogida fuera del ámbito familiar donde poder ir aprendiendo a vincularse afectivamente con su bebe, su familia y con las parejas que puedan tener en el futuro. Les enseñan y apoyan en su promoción tanto formativa como laboral, y posibilitan una guardería cuando estas mamás trabajan. Además Mantay se financia con donaciones de particulares y con la venta de la artesanía que realizan las propias chicas y que luego se venden a través de la web o en tiendas del lugar, por lo que mantiene una independencia que le dota de más estabilidad al proyecto.

No pude ver a Jovita el día que fui, pero sí a su hijo; un pre adolescente lleno de vida, respetuoso y con gran sentido del humor. Su madre, que ya tiene veintiséis años, alquila una vivienda para ella y su hijo, trabaja y está terminando enfermería. Ha podido salir adelante por ella misma gracias al apoyo que durante todos estos años le han ofrecido las personas que forman parte de Mantay.

Por desgracia hay muchas historias como la de Jovita, que no se llegan a conocer y detectar cayendo en una espiral de marginación, inestabilidad y violencia. Estos proyectos favorecen la resiliencia y son sumamente valiosos en su esencia.
Raquel, la directora de la Casa de Acogida Mantay, nos decía estos días que diariamente se juntaban en el comedor 51 personas para almorzar entre madres adolescentes actuales, bebes de estas, hijos de las que lo fueron en su día, etc.

Y es que Mantay es toda una comunidad de apoyo y generosidad.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

Adolescentes musulmanas, ni de aquí ni de allí

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

A lo largo de los últimos años por diferentes motivos he tenido contacto con chicas musulmanas que viven en Madrid. Mujeres de diecinueve-veinte años cuyas familias decidieron en su momento que tuviesen una vida no muy diferente a otras adolescentes de su edad con las que habían compartido años de estudios, juegos, amistad, etc.

Quiero centrarme en Zahida una chica de diecinueve años; española y musulmana. Inteligente, guapísima, deportista, culta, con gran capacidad para conversar, amigable, cariñosa, alegre y dedicada a cuidar de sus hermanos por las tardes mientras su madre trabajaba. Según me contaba era la madre la que mantenía económicamente a la familia mientras el padre trabajaba de forma esporádica, así que ella, la mayor de cinco hermanos, se encargaba de los pequeños  por las tardes y realizaba también las tareas domésticas.

Zahida era dueña de una melena larga y cuidada que normalmente llevaba suelta, le encantaban los tacones y no perderse la oportunidad de bailar con sus amigas en alguna discoteca. Iba al gimnasio, corría y le encantaban las charlas de motivación, conocimiento personal, etc., a las que acudía frecuentemente. Había optado en su momento por no llevar pañuelo y su familia había respetado su decisión.

Se planteaba ingresar en la universidad y su madre así lo deseaba. Sería la primera persona en su familia que sacase una licenciatura y, como ella decía, “que se sientan orgullosos de mí”. De todas formas ya había motivos más que suficientes para valorar sus virtudes, pero el poder sacarse el bachillerato se había convertido en su cruzada personal. Me contaba que una amiga suya musulmana había elegido llevar el pañuelo y cómo se había sentido con esa dicotomía de verse integrada como otra chica más de su edad y por otro lado seguir su religión.

Tan cerca y tan lejos en un país donde las mujeres nos consideramos libres. Foto de Sergio Perea

Tan cerca y tan lejos en un país donde las mujeres nos consideramos libres. Foto de Sergio Perea

Hablamos mucho de diferentes aspectos y aunque nos separaban muchos años me daba cuenta de la cantidad de intereses que podíamos tener en común, y lo a gusto que podíamos estar hablando durante horas de temas muy diversos en los que ella buscaba orientación, o simplemente opinión.

La realidad me abofeteó cuando me empezó a hablar de sus deseos de poder tener alguna relación de pareja. Nunca había mantenido ninguna porque le daban un poco de miedo y, según lo que le habían dicho en casa, no debía. Crecía en ella cada vez más el deseo de conocer y conocerse junto a un hombre, principalmente español, pero que le bloqueaba el temor de las consecuencias que se darían al conocerlo su familia. Su madre le había señalado ya que había un primo marroquí que podría ser el candidato para esposo y ella callaba y seguía deseando y soñando en silencio.

Zahida estaba profundamente dolida y desorientada por tener que elegir y sentir que en cualquiera de esas opciones perdía. Si elegía la libertad de poder decidir si estar soltera o tener pareja, en definitiva aquello que se le había mostrado desde ese entorno español donde se había criado, defraudaría a su familia y hasta le echarían de la casa o le dejarían de hablar. Si por el contrario optaba por acatar la decisión de un matrimonio convenido,
perdía su libertad de elegir, de conocerse, de explorar, de ser ella misma.

Tan cerca y tan lejos en un país donde las mujeres nos consideramos libres. ¡Qué poco se puede aconsejar y juzgar cuando una ha mamado la libertad desde que era una niña! Sólo acompañar su dolor, su rabia, su ilusión y sus ganas de caminar y ser ella misma.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.