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Archivo de la categoría ‘Violencia’

En idéntica tierra

Por Cristina Porras Bravo

‘…no pertenezco a nadie,
 porque mis pies se plantan con justicia
en idéntica tierra que los tuyos.

Soy libre.
Mi voz retumba
 con la mitad de las gargantas de la Tierra,
 a través del espacio y de los tiempos.

Canta con las matriarcas ancestrales,
levanta con su pulso el aullido del sur,
se hace vanguardia y se amplifica
con la suma de gritos
de aquellas que han sido silenciadas…’

La voz de Rozalén da vida a estos versos escritos por los poetas Miguel Ángel Vázquez e Inma Luna para reclamar ‘que ser valiente también es entender que el mundo puede ser de otra manera cuando me reconozcas como igual’. Un canto lanzado al aire por todas aquellas mujeres que siendo víctimas se convirtieron en guerreras #LibresDeViolencia.

Porque la violencia contra la mujer se extiende sobre el mundo como un manto que todo lo cubre robando la vida y la libertad a millones de niñas y mujeres.

Pero hay algunas que con la voz ‘de las matriarcas ancestrales’ y la ‘suma de gritos de aquellas que han sido silenciadas’ son capaces de romper las cadenas de la violencia. Porque ‘las hay que luchan un día y son buenas, pero las hay que luchan toda la vida’ y como dijo Bertolt Brecht ‘esas son las imprescindibles’.

Imprescindibles como Bokiya que con tan solo 13 años al verse obligada a casarse con su cuñado quiso negarse. Sus padres para hacerle cumplir con la tradición etíope le quitaron todo lo que tenía pero ella, con el paso firme y la mirada decidida cruzó desnuda su comunidad  hasta casa de Elema, otra mujer libre que pudo acogerla.

O como Karla, que pese a haber sido violada por sus primos, amenazada y 14 veces disparada por las maras y encarcelada, es hoy más fuerte que nunca y dirige un centro para la defensa de la libertad de los derechos trans en El Salvador.

Historias de mujeres que han sabido ‘que ser valiente es escuchar, es escucharme, desmantelar tus privilegios y hacerlos nuestros, como un colchón común’.

La desigualdad de género es la más extendida y peor injusticia del mundo. Cada día hay mujeres y hombres que se levantan contra ella.

InspirAction ha lanzado la campaña Libres de Violencia para homenajear a todas esas mujeres que pese a haber sufrido terribles injusticias han sido capaces de cambiar el rumbo de sus vida y posiblemente el muchas otras mujeres. Entra en www.libresdeviolencia.com

Cristina Porras Bravo es responsable de comunicación digital en InspirAction

Una cárcel sin casilla de salida

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

Tiene lágrimas secas pegadas en la cara y otras que sigue derramando, tratando de limpiar con un pañuelo empapado. A veces mira al infinito, otras toquetea intranquila un móvil que lleva unos cascos enganchados. ‘Me lo han dejado para escuchar música, a ver si me calmo‘, indica. Está nerviosa, eso es seguro. ‘He adelgazado, yo antes era gorda‘, declara. Y es verdad que su cuerpo, ahora menudo, parece haber albergado algo más grande.

Ellas no pasan por la valla, no cruzan la frontera por puestos habilitados, ni en ferry. Llegan en pequeñas embarcaciones o escondidas en vehículos que atraviesan la frontera. Son las víctimas de redes de trata, y no son las únicas mujeres que sufren las peores consecuencias de la migración y el asilo.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Del total de personas que solicitaron protección internacional en España en 2015, solo un 2,5% eran mujeres procedentes de África Subsahariana, cuando la mayoría de las organizaciones coinciden en señalar esta región como una de las principales rutas del tráfico de personas. Lo cierto es que apenas se están concediendo solicitudes de asilo a posibles víctimas de trata, y éstas no están siendo adecuadamente identificadas.

Así lo hemos visto en una nueva visita a Ceuta y Melilla de Amnistía Internacional para conocer la situación de las personas más vulnerables en los CETI (Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes). El propio director del CETI de Ceuta se lamentaba así: ‘El 99% de las mujeres procedentes de África Subsahariana que llega aquí son víctimas de trata’.

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Guatemala: compromiso contra las discriminaciones y la violencia

Por Gilda Marlene Sum García y Edna Imelda Cali Chex

He recibido las peores humillaciones, denigraciones, acusaciones e insultos en espacios públicos y privados, provenientes de mujeres y hombres, varios en  posiciones de poder.  Esa acción es uno de los principales ejemplos  de la naturalización del racismo, ninguna instancia, ni el mismo Estado acciona para parar, castigar y poner precedentes en el país para detener el odio racial de  individuos, colectivos o instituciones que impunemente ejercen esta opresión y lo hacen porque en su imaginario, yo podré tener un doctorado de una reconocida  universidad extranjera pero para ellos y ellas, yo nunca dejaré de ser una“india” que no tiene el mismo valor como ser humano que ellos y ellas sí tienen’

Las palabras de la doctora Irma Alicia Velásquez muestran cómo el racismo y la discriminación en Guatemala marcan diferencias, desigualdades e inequidades en la población causando una influencia negativa en las relaciones humanas. Si bien es cierto que la discriminación afecta a todas las personas indígenas, la situación es todavía peor para las mujeres. El racismo y la discriminación contra las mujeres indígenas se manifiestan con más fuerza  y es una de las principales causas de la desigualdad que sufrimos.

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

El racismo está en la raíz de la extrema pobreza, exclusión, marginación, explotación que experimentamos. En definitiva, es una forma grave de violencia contra las mujeres indígenas. Es necesario y urgente generar conciencia social y cambiar esta idea de que valemos menos que el resto de la sociedad.

Por eso varias organizaciones hemos lanzado la campaña #MiCompromisoEs, como parte de la campaña global de Oxfam ¡Basta! Acabemos con la violencia contra mujeres y niñas.  Vimos en esta iniciativa una oportunidad de tocar el tema de racismo y discriminación hacia las mujeres indígenas, una forma de ser la voz de las que no pueden hablar y llegar a donde no tenemos presencia.

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Cuando la violencia es costumbre

Almudena Rodríguez García

María quiere ver esta noche  un programa  sobre  violaciones a  mujeres en R.D del  Congo.  Tiene 39 años y lleva dos en el paro. La echaron del trabajo al poco de volver de la baja maternal. Sus amigas, vecinas  y familiares  la dicen que no se preocupe. Que mientras esté en el paro puede disfrutar  de su hijo. Que trabajar y   cuidar de un hijo  es difícil.  Al fin y al cabo tiene un marido que la mantiene. Que  aproveche y  que disfrute. Sobre todo eso,  que disfrute.  Lo   mismo la  dijo la directora de recursos humanos el día que firmó el finiquito: ‘hala, María guapa, veras qué bien vas a estar en casa, ahora a disfrutar de tu hijo, que es lo que tienes que hacer’.   María  estudió una carrera, un máster, habla idiomas, cuenta con años de experiencia laboral pero no consigue un puesto de trabajo. Pasa casi todo el tiempo  entre la casa, el supermercado y  el parque.

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Empieza el programa,  mira la pantalla y piensa en la  mala suerte que tienen las mujeres del Congo.  De repente,  se acuerda que tiene que explicarle a su marido que  ha estado en la oficina del paro  y que no tiene derecho a ninguna ayuda tras acabarse el subsidio de desempleo. Es más joven de 45 años y su marido tiene un buen sueldo. Así que el Estado se desentiende de ella.   Al salir de la oficina del paro se ha cruzado con un baboso que le ha soltado un piropo. Maria se ha enfrentado a  él y éste ha acabado llamándola puta . María vuelve al documental. Una mujer joven  está explicando como la violaron un grupo de hombres.  El cerebro de María la lleva a cuando tenía 18 años. Recuerda  la sensación de  miedo que sentía cuando salía por las noches y volvía  sola a casa. Se acuerda  de caminar deprisa, de cambiarse de acera cuando  se cruzaba con un hombre. Todavía hoy sigue sintiendo ese miedo. Mientras, en la pantalla, la mujer sigue explicando la violación.  María vuelve a pensar que las mujeres del Congo tienen muy mala suerte.

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Ellas dan la nota

Por Nuria Coronado

Para quienes hacen oídos sordos a la violencia machista día sí y día también. Para quienes creen que la desigualdad y la discriminación son inventos de feministas trasnochadas. Para esos hombres y mujeres que dan la espalda a que tengamos los mismos derechos, el grupo de cuatro artistas Ellas dan la nota compuesto por Cristina del Valle, Mercedes Ferrer, Aurora Beltrán  y Estela María, lleva quince años subiéndose a los escenarios de medio mundo para decir basta.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Y lo hacen como mejor saben: entonando voces, afinando acordes, arrimando el hombro a ritmo de melodías. ‘Somos un grupo de mujeres artistas que a través de la música denunciamos la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo y en cualquiera de sus formas Con nuestras actuaciones tratamos de concienciar que un sociedad desigual es una sociedad enferma que acabará agonizando y provocando por el camino demasiado sufrimiento entre los millones de mujeres y niñas que la padecen’, dice Mercedes.

Para estas cuatro cantantes unir sus voces es hacer frente a lo que tanto duele y sin embargo se ignora. ‘Cantar es curar heridas, es llegar a través de la cultura y de la música al corazón y a la sensatez. Cada canción es un bálsamo, una pomada que cierra heridas y cambia conciencias. Es la mejor manera que tenemos para provocar y promover un Pacto de Estado contra la violencia machista’, añade Ferrer. Y es que con sus canciones pretenden borrar el mapa de la vergüenza de nuestro país y dibujar el del orgullo femenino. ‘A nosotras nos importa que cada año un centenar de mujeres sean asesinadas en España, que más de 1.000 mujeres sean violadas, que 500.000 sean traficadas sexualmente o que más de 400 se suiciden teniendo detrás un cuadro de violencia cada año, cifras que jamás aparecen en los datos oficiales’, subraya la cantante.

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Angélica Bello y otras historias sin final

Por Carmen Suárez

‘Volvimos a retomar fuerzas y nos replanteamos continuar con su legado que, en memoria de ella,  no se puede perder’

El 16 de febrero de 2013 murió Angélica Bello. Tenía 45 años, era una significada activista por los derechos de la mujer y, según la versión oficial, se suicidó disparándose un tiro en la boca con la pistola de uno de sus guardaespaldas.

Esa versión oficial estaba muy lejos de lo que podían admitir sus compañeras de lucha. La única verdad incontestable, más de tres años después, es que su muerte puso fin a una vida  dedicada a  la lucha por la  defensa de los derechos de las mujeres.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

La vida de Angélica Bello terminó. Su historia y su causa siguen vivas. Imagen de Corporación Mujer Sigue Mis Pasos.

Pero esa muerte no es el final de la historia. Contrariamente a lo que cabría pensar, la trágica muerte de Angélica dio un empuje mayor a la causa por la que combatía desde 1996. Angélica se vio inmersa  en esta lucha cuando, en 1996, tuvo que huir junto con sus hijos de su tierra natal, Saravena (Arauca),  víctima de amenazas por su vinculación con el partido Unión Patriótica. Eso le llevó a vivir en primera persona la experiencia de desplazada y a convertirse en líder por la defensa de los derechos de las personas que habían tenido que huir y más específicamente, de las mujeres que lo padecían.

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La gran preocupación de todos los días

Por Dori Fernández Hernando

Empiezo el día echando un vistazo a Twitter, mi lista de prensa resume en unos cuantos tuits la actualidad y me sitúa. Después miro por encima el correo, la alerta diaria creada en Google sobre mujeres asesinadas no falla ninguna mañana. Es un recuento amargo, pero necesario.

No sirve de nada decir que hemos cerrado el año con 60 víctimas mortales por violencia de género; eso no muestra la magnitud del problema que tenemos como sociedad, aunque deja tranquilos a quienes han de proporcionar los medios para erradicarlo. Total, solo son media docena cada mes… y afortunadamente –para ellos- solo hay datos oficiales desde el año 99.

Mujer. Imagen de Issara Willenskomer.

Mujer. Imagen de Issara Willenskomer.

Por eso, hace ya cuatro Navidades que me entretuve en rastrear y contrastar las cifras sobre mujeres asesinadas por violencia machista en el ámbito de la pareja o expareja con el objetivo de añadirlas a las oficiales y dar mayor magnitud al problema, si cabe.

Para alguien como yo, nacida y criada en el revuelto Bilbao de los años sesenta, la comparación fue inevitable: las víctimas mortales por terrorismo en los últimos 45 años ascendían a 1.222 (fuente: Fundación Víctimas del Terrorismo); las del otro terrorismo, el machista, ascendían a 1.202 sólo desde enero de 1995 hasta el 26 de diciembre de 2012. Desde entonces, cada nuevo asesinato se suma a esa cifra.

Con motivo de este nuevo 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres) tengo previstos talleres con adolescentes en unos cuantos institutos de la provincia, charlas con profesionales de ayuntamientos, con asociaciones de mujeres, hasta en una Escuela de Madres y Padres el mismo día 25 en Sanlucar La Mayor (Sevilla).

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La ‘tercera persona’ y la palabra ‘no’

Por Lorena Moncholí

A veces hay que tomar aire y distancia para escribir sobre según qué temas. Escribir en caliente nos quita la razón, dicen. No sé si creerlo.

A estas alturas conocerás la historia de dos futbolistas que grabaron sin su consentimiento a una mujer, mientras mantenían relaciones sexuales con ella, difundiéndose el vídeo posteriormente por las redes de forma misteriosa, o eso nos cuentan los medios.

Discurso de la pastora Marcela. Imagen del Quijote.

Discurso de la pastora Marcela.

Leo con detenimiento el comunicado que escribieron ‘pidiendo perdón’ por lo sucedido, y no puedo creer que consideraran que aquello iba a ser lo mejor para lavar su imagen. En el comunicado los jugadores se lamentan de que la difusión del vídeo perjudique su imagen y la imagen del equipo para el que juegan. Se muestran preocupados por si han podido ofender a los aficionados del Club, a toda la ciudad entera de Eibar, a los niños, a sus compañeros y a cualquier persona que se haya sentido herida.

Sólo en último lugar, aparece la solicitud de perdón para la ‘tercera persona’ involucrada en el vídeo. Ni siquiera han escrito la palabra ‘mujer’, como si no quisieran ni hacerlo.

La auténtica víctima de su actuación no merece ni ser nombrada en primer lugar.

Es ‘ésa’, la tercera, la que no importa, la que no se merece dignidad, ni imagen, ni honor, ni protección de sus datos personales. Porque no es la princesa recatada vestida de rosa de los cuentos para niñas, sino una mujer que disfruta su libertad sexual. Eso, para muchos, tiene siempre tiene un nombre.

Ella dijo claramente que NO la grabaran. Y da igual quién difundiera aquello. La ley, el Tribunal Supremo y el Constitucional nos lo repiten por activa y por pasiva: La mera captación, hecha en un ámbito privado, sin consentimiento expreso, es una intromisión ilegítima del derecho a la propia imagen de una persona. Espero que se recuerde en el Juzgado.

No sé qué parte del NO de aquella mujer no entendieron.

Es el NO de las ‘terceras personas’, o de las ‘personas de tercera’, así parecen considerarla.

Es el mismo NO que el de aquella niña, reñida por insociable, que no quería besar al familiar que le daba mala espina y que al final abusó de ella.

Es el mismo NO de aquella mujer que, con tres copas de más, dijo NO a aquel tipo en la discoteca y que al final terminó siendo violada por él, sin fuerzas para escapar y sin poder probar nada.

Es el mismo NO que el de aquella empleada que detestaba las manos de su jefe en sus caderas y sus piropos de mal gusto y que, tras ponerlo en conocimiento de Recursos Humanos fue despedida.

Es el NO sin respetar, que todas las mujeres hemos dicho alguna vez en nuestra vida. Quizás tengamos que decirlo más alto, más fuerte y más juntas.

No somos ciudadanas de tercera. No somos las últimas. Ocupemos nuestro lugar. Es urgente.

Lorena Moncholí Badillo. Abogada colegiada nº14084 ICAV. Agente de Salud de Base Comunitaria certificada por Salud Pública de la Conselleria de Sanitat de la Comunidad Valenciana y el EVES.

Cuando llega el momento de decir basta

Por Nuria Coronado

Cada cuatro minutos una mujer denuncia en España a su maltratador. Un tic, tac de reloj insufrible que marca para siempre a quien solo comete un error: enamorarse de la persona equivocada. Cris Papin, militante y activista en redes sociales del PSOE en Galicia, lo sabe bien. Le duele aún ‘revolver en la basura de esos recuerdos’, pero lo hace porque como dice en su perfil de Twitter lo importante es ser útil. ‘Dar la cara y denunciar a los maltratadores es el principio del fin de una condena impuesta en la que se sufre una humillación indescriptible. Si mi ejemplo sirve para que una sola mujer, se anime a denunciar, habrá merecido la pena porque habrá salvado su vida‘.

Cris Papin, con una compañera de partido. Imagen de Nuria Coronado.

Cris Papin, a la izquierda, con una compañera de partido. Imagen de Nuria Coronado.

Cris conoció a su maltratador con 31 años y siendo madre separada. ‘Me enamoré como una loca de él‘. De su primera relación aprendió que no quería discutir y por ello con su verdugo empezó cediendo parcelas. Ahí comenzó un calvario que duró diez años. ‘Es una espiral que te come y de la que no puedes salir. Una situación que nunca pensé me pudiese pasar a mí, una mujer que me creía con carácter’. Su historia pasó del ‘no me gusta que venga tu madre‘ a lograr que se distanciase de amigos o familiares.  ‘En las pocas salidas a comer o cenar con amigos no abría la boca para no molestarle y evitar así una bronca en casa. Cualquier halago hacía mí era hacerle de menos a él y no estaba dispuesto a soportar o permitir tal agravio’, recuerda.

Con el pasar del tiempo tuvieron un hijo y a los reproches se sumaron los silencios prolongados como castigo, el ser agarrada por el cuello o recibir patadas en las espinillas o en la barriga incluso estando embarazada. ‘Era insoportable. Era su esclava.  Ni siquiera me podía negar a tener sexo con él fuese cuando fuese’. Humillaciones en el cuerpo y en el alma que paró definitivamente hace cinco años (un 11 de septiembre) cuando encontró la fuerza para ponerle una denuncia por maltrato en el cuartel de la Guardia Civil. ‘Ese día dije basta al ver que además de agredirme a mi intentó hacerlo con mi hija de 16 años. Saqué el coraje de madre y me fui a denunciarle’.

Al que de puertas para afuera era un conocido y respetado empresario (además de concejal y compañero de partido) se le cayó la máscara. ‘Desde entonces tiene una orden de alejamiento que durará hasta 2020′ . Aun así tiene una espina clavada. El juez que dictó sentencia reconoce la violencia de género denunciada contra ella y su hija junto a un rosario de siete delitos, pero no contra su hijo. ‘Tiene sentencia de maltrato y para rebajar su pena se declaró culpable, pero el juez ha determinado su derecho a conciliar y a ver a nuestro hijo’, relata triste. ‘Cada vez que tiene que ir con él me llama por teléfono para decirme que le humilla y le veja y me pregunta cuándo será la última vez que tiene que ir’. Por eso Papín clama porque se haga ya un Pacto de Estado que evite este sufrimiento: ‘un maltratador no es un buen ejemplo para sus hijos’.

Esta socialista también ha aprendido que frente a lo que mucha gente piensa, no hay un perfil de maltratada pero sí de agresor: ‘La violencia de género no es que te levanten la mano o te humillen, es un proceso de dominio perverso en el que el maltratador se siente fuerte y no quiere cambiar porque lo ve correcto y la mujer es la que pierde en todos sus derechos. Mi maltratador decía que nuestro matrimonio era lo normal, y el de los demás no‘, recalca.

Aunque la historia de Cris aún no se pinta a todo color, reconoce que por fin, gracias por un lado a su familia y amigos, pero en especial a sus compañeros de partido, a quien estará siempre agradecida ‘por haberla animado y no sentir pena de ella’, ha vuelto a recuperar las ganas de vivir. Su psicóloga que le animó a volver a vivir a través de una pasión y se volcó en dos: la política y las redes sociales. Ha formado parte del equipo de redes de Pedro Sánchez.  ‘Gracias a lo que sabía como community manager y a mi partido he encontrado el camino de nuevo’, dice. También ha recuperado la sonrisa. ‘Tuvo que pasar un año desde que puse la denuncia y me fui con mis hijos hasta que me reí libremente sin mirar a los lados’.

Ojala su valiente testimonio sirva de ejemplo a otras mujeres y sobre le ponga las pilas a quienes tienen el poder  y el deber de pensar en quienes son tan vulnerables como valiosas y valientes.

NuriaCoronadoNuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio

 

El miedo desde la cuna

Por Nuria Coronado

La violencia de género es un problema que causa la sociedad, y es ella quien tiene que resolverlo’
Cristina del Valle

La infancia, ese territorio maravilloso en el que todos merecemos crecer, no siempre es la patria de las personas. Cuando al cerrar la puerta de casa en vez de cariño y paz se abren paso el miedo y el maltrato, la más cruel y alargada de las sombras arrasa ese sagrado territorio y el hogar se convierte en la peor de las cárceles.

El miedo de las niñas y los niños expuestos a la violencia tiene repercusiones de por vida. Imagen de Pixabay.

El miedo de las niñas y los niños expuestos a la violencia tiene repercusiones de por vida. Imagen de Pixabay.

Una prisión cuyos barrotes conoce muy bien la cantante Cristina del Valle. A pesar de que ya han pasado más de cuarenta años desde que ella y sus hermanas vivieran y escaparan al maltrato de su padre a su madre y hacia ellas, aún sigue recordando su casa como el lugar más desprotegido. “Las casas son los lugares más peligrosos para las mujeres porque es donde vive el maltratador”, comenta.
Tanto es así que un simple ruido, como el de las llaves en la cerradura, era la señal de alarma. “Ser testigo de la crueldad y el maltrato te hace aprender a vivir en la alerta continua. Cada vez que mi padre entraba en casa se apoderaba de mí la impotencia y el miedo por lo que podía ocurrirle a mi madre. Me pasaba noches enteras sin dormir, llegaba a clase con unas ojeras imposibles porque me dedicaba a vigilar ya que vivía con la sensación que mi madre podría ser asesinada en cualquier momento. Mi obsesión era vigilar para que no le pasara nada. No me importaba lo que me ocurriese a mí, solo quería que no le sucediese nada a ella”, explica.

Tristes recuerdos que no hacen sino echar sal a la dolorosa herida de las consecuencias del maltrato en los hijos. Múltiples estudios concluyen de manera rotunda que éstos, desde que están en el seno de su madre sufren las mismas reacciones cerebrales, fisiológicas y emocionales que los soldados traumatizados con la guerra. “Verte rodeada una y otra vez de golpes, gritos, puñetazos o amenazas, provoca una tristeza y una impotencia tal que es imposible desarrollarse sanamente”, añade la cantante. “El sometimiento al estrés continuo genera que los niños que nacen o viven en situaciones de violencia tengan problemas de crecimiento y retraso de hasta ocho puntos por encima de otros niños y que esto sin lugar a duda marque su futuro y su comportamiento. Yo por ejemplo sigo sin poder entrar a lugares en los que haya mucho ruido o muchos hombres”, subraya.

Por todos esos niños y niñas, y por los que han padecido el maltrato de sus padres hasta causarles la muerte – el 85% de los menores asesinados lo son en el régimen de visitas y en puntos de encuentro- del Valle clama por una legislación que apunte sobre el maltratador y no le de derechos de visita o relación alguna con quienes no merece ni quiere. “Hay que poner en marcha una ley que impida las visitas o el contacto de los hijos con sus verdugos. Pero hay que hacerlo ya” reclama la cantante. “Un padre maltratador no es un buen referente para sus hijos. No pueden ser su ejemplo y por ello no se le pueden otorgar visitas ya que las utiliza como método de tortura machista hacía su pareja para seguir demostrándole que tiene poder sobre ella”, puntualiza.

Pero a Cristina no le arde la sangre solo con esto. También con la complicidad de quienes apoyan a los maltratadores. “Hablo de jueces que siguen permitiendo estas visitas o custodias compartidas, de policías que miran por encima del hombro a las valientes que se atreven a denunciar, de vecinos que oyen gritos y no llaman a la policía… de tantos y tantos que con su silencio acallan aún más la voz y los derechos de mujeres y niños inocentes y apoyan así al machismo y a los maltratadores”, comenta. “También hablo de recortes en presupuestos para formar a profesionales que atiendan o den protección a las víctimas, de menor apoyo económico en campañas de sensibilización, de acotar los juzgados de violencia de género”.
La artista también apunta a la necesidad de concienciación entre los medios de comunicación ya que ellos, como trasmisores de información, y por tanto de valores, influyen directamente en la sociedad. “Los medios minimizan esta lacra al no nombrar al presunto maltratador, cuando en titulares dicen que las mujeres ”mueren”, cuando en realidad las matan, las asesinan, las golpean. Una información objetiva y fuera del sensacionalismo es clave para luchar contra la violencia de género y quienes la provocan”, comenta del Valle.

Y es que este empeño profundo y loable de Cristina necesita de la complicidad de todos. Como ella dice “no podemos pedir a las mujeres que vayan a denunciar porque somos nosotras las que salimos de casa huyendo y a escondidas. Además no todas las mujeres tienen la fortaleza para hacerlo. Este es un problema que causa la sociedad y es ella quien tiene que arreglarlo”, ¡cuánta razón!

A ella, sus hermanas y su madre, nos les quedó otra opción que huir, subirse a un tren y, en un acto de heroicidad, dejar atrás su querida Asturias para irse a Valencia. Lo hicieron hace décadas, cuando el maltrato era algo normal de puertas para dentro. “Nunca se me olvidará aquel día yéndonos porque un tipo decidió intentar destruir nuestras vidas. Me sentí como una refugiada en mi propio país. Huimos nosotras y no él. Una vez allí hicimos de nuestra casa un hogar para otras tantas víctimas y sus hijos. Casas de acogida que son una manifestación clara de indignidad, porque es allí donde tienen que ir las madres, auténticas heroínas, con sus hijos. Son ellas las que cambian de vida y no el maltratador”, agrega.

Por ella, y por tantos y tantas que no tuvieron infancia o paz para cuidar y educar a sus hijos en un hogar feliz, tenemos que arrimar el hombro, alzar la voz y ganarle de una puñetera vez la batalla a los violentos. Esa será la mejor demostración y el verdadero homenaje que podamos hacerles.

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com y responsable de Comunicación de Juan Merodio