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Archivo de la categoría ‘Violencia’

Nosotros mismos

Por Barbijaputa

Unas semanas atrás, encontré y compartí en redes sociales este video que me impresionó. Cuenta la historia de una mujer en circunstancias terribles:

El video forma parte de una campaña de Oxfam Intermón en la que diferentes actrices y actores internacionales interpretaban textos escritos por refugiadas y refugiados respectivamente contando sus experiencias para que los demás nos pusiéramos con más facilidad en sus zapatos.

Me dio la triste impresión de que necesitamos ver a rostros conocidos y blancos para empatizar con la situación de las personas que buscan refugio. Es como si al pertenecer a países en conflicto diéramos por hecho que están habituados al horror, a la guerra, a la metralla en sus cuerpos y al sonido de las bombas. Como si a esas personas les doliera menos de lo que nos dolería a nosotros.

Que veamos normal la necesidad esta campaña o que ni nos percatemos de lo horrible del asunto demuestra que donde realmente se ha instalado la insensibilidad es en esta parte del mundo, y sin necesidad de guerras, conflictos o metrallas en nuestros cuerpos. Porque a las heridas, a las pérdidas personales y materiales, al aislamiento, al frío y al miedo no se acostumbra nadie nunca. Y con ello viven miles y miles de personas en estos momentos, sin siquiera la esperanza de que su situación cambie.

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Activismo contra la violencia de género

Flor de Torres

Cada vez que me llega una nueva noticia, desgarradora, del presunto asesinato de una mujer, recuerdo las palabras del maestro Eduardo Galeano, que nos dejó el testimonio  de su inmensa coherencia y compromiso contra la violencia de género en reflexiones tan contundentes como esta:

‘Hay criminales que proclaman tan campantes: “la maté porque era mía”. Así nomás, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de toda propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer.

Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar: “La maté por miedo”, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo’

2017 ya comienza a formar parte de esta dolorosa estadística de violencia hacia las mujeres. Y todo esto cuando aún no nos hemos recuperado de las imágenes de los últimos meses. Como las que hemos visto en la historia de  Esther al  volver a su casa de Alicante: vil y cobardemente esperada por su  maltratador  en el ascensor. Golpeada, arrastrada, empujada, humillada, masacrada, cosificada, maltratada y denigrada. Víctima de golpes directos y certeros que se dirigían contra su integridad física y de la misma forma contra su integridad moral.

Protesta contra los feminicidios. Imagen de J. C.

Esa imagen de la violencia de género a la  que Esther puso rostro, con esas imágenes grabadas en el portal de su casa, es la historia que  normalmente no se ve,  pero que es tan real y trágica como la de cada una de  las mujeres asesinadas.

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Mujeres que no bajan la cabeza

Evelyn Recinos Contreras

Una de ellas cuenta que Siria, su ciudad, era tan bella como el paraíso. Otra dice que su vida era buena, que estaba enamorada y que el amor de su familia la hacía feliz. Una cuenta que se quedó viuda a los 35 y nunca se volvió a casar, porque un amor así de bueno no se encuentra dos veces en la vida. Otra nos explica que su casa en Siria era una fiesta, que ella era una excelente cocinera y sorprendía a propios y extraños con sus creaciones culinarias. Una de las más jóvenes dice que quería estudiar y convertirse en periodista. Y otra pequeña cuenta que su madre olía a rosas y que su lugar favorito en el mundo era ese, acurrucada en su regazo.

Nos dan lo único que les queda: la verdad. Imagen de Laura Martínez Valero / Women Link Worldwide.

Muestran fotos en las que no las reconozco, se ven tan jóvenes y felices, me hablan de la vida que dejaron, de sus casas en el campo, de sus aventuras de juventud, de los sueños que tenían, de las bondades de su tierra.

Estas mujeres han visto morir a sus seres queridos en sus brazos, han sufrido el terror de la guerra en sus cuerpos y almas, han pasado meses enteros despidiéndose de sus hijos antes de dormir porque no sabían si sobrevivirían. Han pasado hambre, terror, calor, frío, han sido golpeadas, han caminado durante días y noches, han sido explotadas, han vivido en la calle por meses interminables, han perdido la noción del tiempo, el cabello, el hierro de la sangre, la capacidad de dormir, el apetito, han perdido tanto…

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El secreto de sus ojos

Por Flor de Torres Porras

Aarón  contempló cómo su padre,  M. A. G. el día 22 de Septiembre de 2013,  de madrugada, por sorpresa, clavaba un arma blanca a su madre, Estefanía en su domicilio de Málaga. Vio cómo ella  caía al suelo derribada y cómo su padre ejecutaba su plan de asesinarla asfixiándola cuando estaba ya inerte en el suelo.

Ojo. Imagen de Liam Welch.

Ojo. Imagen de Liam Welch.

Tras ser testigo de  este crimen de género hacia su madre los ojos de Aarón, de tan solo 5 años, estallaron en llantos y gritos. En apenas segundos esos ojos dejaron de ver. Porque esta fue  la escena última que conocemos en la vida de Aarón: la que  contempló en el dormitorio de sus padres tras el asesinato de su madre. Y es que  su padre con el único fin de acabar con sus 5 años de vida le obstruyó los orificios respiratorios, nariz y boca, con la mano, y le comprimió el tórax ocasionándole la muerte inmediata sin que constaran en Aarón signos de defensa. Sólo hubo fragilidad  ante la inesperada y súbita acción de su padre.

Lo que los ojos de Estefanía y Aarón no pudieron ver es a su asesino acostado entre sus cuerpos ya sin vida. Allí fue descubierto por el padre de Estefanía y abuelo de Aarón. No pudieron defenderlo cuando M. A. G. le agredió  al verse descubierto.  Y no pudieron escuchar lo que M. A. G. le dijo al padre de Estefanía y abuelo de Aarón: ‘Vas a ser el tercero’.  Tampoco pudieron defender a su madre y abuela respectivamente cuando contempló lo que los ojos de Estefanía  y Aarón  ya no veían: esta escena y otra  agresión hacia ella por parte de M. A. G. Y es que Estefanía y Aarón ya no podían contemplar nada. La violencia de género los acababa de asesinar.

Antes, los ojos de Aarón  habían observado  cómo desde la ruptura de sus padres en julio del mismo año, el padre sometía a Estefanía a llamadas constantes, hostigamientos con mensajes, insultos, ‘serás mía sí o sí’, controles a través  del régimen de visitas. Veía cómo su madre sufría esta situación en silencio e intentando no  alarmar a sus ya asustados ojos.

En estas vidas  inocentes de la violencia de género se resume un drama escondido tras cada historia con la que se alimentan las cifras de la vergüenza. Estefanía y Aarón vivieron y vieron  la violencia de género en primera persona: el asesinato de género,  el maltrato habitual, las coacciones, y las lesiones. M. A. G. fue condenado por estos hechos por un jurado popular unánime. Y sentenciado el 26 de Mayo de 2016 en la Audiencia Provincial de Málaga. La sentencia es hoy ya firme e irrecurrible. El jurado, que representa a la sociedad, ejerce la justicia popular. Un símbolo que  hemos de trasladar a nuestras vidas. Y es que la sociedad unánimemente ha de condenar la violencia de género.

Pero: ¿Que está fallando entonces? Falla la difícil concepción de los maltratadores y los asesinos de género de lo que realmente son. Falla la reinserción y la rehabilitación de los maltratadores. Falla la concepción patriarcal de la pareja: ‘Serás mía sí o sí’,  la frase que M. A. G. le reiteraba a Estefanía como símbolo de poder. Y falla el silencio de las victimas  durante la violencia de género. Porque esa construcción asimétrica  de la pareja fortalecida en la  desigualdad  encadena  la libertad de las víctimas de violencia de género. Y se repite incluso desde el proceso judicial emprendido.

Estefanía no pudo alzar su voz y nunca pudo imaginarse que sería asesinada  por no querer ser de M. A. G. ‘sí o sí’. Y lo que es peor: no pudo prever la más mínima posibilidad de que los ojos de Aarón no pudieran ver más allá de sus 5 años al  ser asesinado por su padre  y por los mismos motivos que lo fue ella.

Los hechos del doble asesinato de Estefanía y Aarón  están  recogidos en la Sentencia Firme 3/16   del Juicio del Tribunal del Jurado de Málaga 2/16 al que tuve el honor de acudir  poniéndole voz a las asesinadas voces y derechos de Estefanía y Aarón por su  ex pareja y padre respectivamente. Y lo hice  como  Fiscal especializada en violencia de Género observando la violencia de género a través de los  ojos de Estefanía y Aarón.

Hoy M. A. G. cumple condena de  43 años y  6 meses de prisión. Nos queda el débito de su reinserción  y la obligación moral  de no olvidar los nombres de Estefanía y de Aarón para seguir dándole todo el apoyo moral a su familia. Para que no sean tras la sentencia los olvidados de la violencia de género.  Y es que sólo  tuvimos que ser  los ojos de Estefanía y Aarón para comprender  lo que les  ocurrió y darles justicia reconstruyendo uno a uno sus derechos.

La justicia llegó pero no nos devolvió  sus vidas. Por eso en nuestras miradas contra la violencia de género  Estefanía y Aarón estarán siempre presentes. Porque  esa  tragedia esta en lo que los ojos de Estefanía y de Aarón contemplaron antes de ser asesinados y lo que hemos reconstruido en sus nombres a través de sus miradas.

flor de torres nueva recortada Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

La oportunidad de volar

Por Sandrine Muir-Bouchard

María Ramírez nació a los 33 años. La mujer que tengo frente a mí, en esta oficina de 2 metros cuadrados donde se acumulan libros, materiales promocionales y papeles desordenados del Colectivo Rebeldía, nació a los 33 años cuando se dio a sí misma la oportunidad de abrir sus alas y volar por primera vez.

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La María de antes nació en el infierno. Nunca conoció a su padre. Su madre se casó con otro hombre, y su padrastro la agarró de “criada”. A los 4 años ya tenía que limpiar la casa y cuidar a sus hermanitos. Había golpes. Muchos golpes. Pero lo que más temía la María de antes era cuando su padrastro bebía. Entonces ella buscaba la pistola, una calibre 38 muy pesada para sus brazos flacos de niña de 6 años, y corría a esconderse para que no pasara como la última vez, cuando su padrastro disparó sin motivo, llenando la casa de agujeros. María temía que matara a su mamá. Sin embargo, él no tardaba en encontrarla y a fuerza de golpes le sacaba la pistola.
Creo que esto ha marcado mucho de mi vida, demasiado’, me cuenta la María de hoy. ‘He cuidado de no caer en un matrimonio a este extremo de violencia. Me he cuidado bastante, y sigo cuidándome con este tema. Pero me doy cuenta que he quedado tan marcada, tan traumada…’ y se queda callada, la mirada hacía el pasado.
A sus 20 años, fue mamá soltera. ‘Lastimosamente, al año y medio de nacer, mi niña murió’, sigue María, y hace una pausa. ‘¡Creo que se me adelantó todo lo malo!’ me dice, y se ríe como para limpiar el ambiente. ‘Como dice la canción: ninguna guerra me afecta porque tengo alas de acero’. María sonríe con ojos tristes, alzando la frente.
Unos años más tarde, María se casó y tuvo 3 niñas más. Cuando su esposo empezó a estudiar agronomía, a María le encantó y se puso a leer sus libros. Luego, él empezó a hacer política, así que María empezó a estudiar las leyes para apoyarlo. Orgullosamente, acompañaba a su esposo en todo, era su pilar. Pero María no era feliz. ‘Me di cuenta que me relegué, yo no existía como María Ramirez. Yo era mamá, yo era esposa, yo era la bruja del cuento en muchos casos. Era todo, menos María Ramirez’.
Me acuerdo en el taller en el que desperté; la facilitadora nos dijo: dibujen un paisaje, con la casa de sus sueños. Cuando terminamos, empezó a descalificar los dibujos, diciendo que el sol quema, las flores apestan… Y luego dice: ¿Y?. Nosotras no reaccionamos… Ella dice: eso pasa con la vida, ustedes soñaron, ¡es su sueño!, ¿porque permiten que otra persona se lo borre? Y ahí me di cuenta que yo nunca viví mi sueño. Quizá nunca me permití formarme un sueño‘ y la voz de María se rompe, y las lágrimas paran su historia. Exhala fuerte. Se seca las lágrimas con las manos.
‘Me acuerdo que me vine caminando después del taller, llorando, y me dije, ¡realmente sí existes María Ramírez! Ahí nací pues, ahí desperté, digamos a otra realidad, ¡que otro mundo existía para las mujeres!’
Entonces María empieza un proceso de reapropiación de su vida, de sus sueños. Pero no es nada fácil. Quiere estudiar, pero tiene tres hijas que criar y un esposo cada vez más ausente. Se da cuenta que hay otras mujeres. ‘Se cruzaron un montón de cosas… Significó la ruptura en mi hogar’.
María decide poner fin a su matrimonio, pero a un costo muy alto: se tiene que separar de sus tres hijas, porque tienen un futuro mejor asegurado al lado de su padre. Él consigue un ascenso político, y pronto se mudará a Sucre. ‘Ellas podrán ir a un buen colegio, aprender inglés. En cambio yo…’
‘Decidí sacrificarme’, me dice María, con un nudo en la garganta. ‘No me importa lo que a mí me pasa, lo que yo sufra, mis hijas no van a vivir lo que yo’ se acuerda María, crispando su cara con dolor. Expira.
Hoy, tengo la satisfacción. ¡Están brillando como estrellas!’ exclama María, los ojos llenos de luz. ‘Ya son más que su mamá. Y son más feministas que su madre. ¡Y me encanta!’ y se ríe de alegría. ‘El precio de verlas brillar más que yo ¡lo pago todo!. No creen en el príncipe azul. Quieren volar. Van a volar con las alas de la mamá que nació un poco tarde, y yo voy a volar al verlas volar a ellas. Llora. ‘El mundo es mejor para ellas y sigo luchando para ellas. Sin importarme como, para ellas, y para las otras niñas. Me consta que otro mundo es posible.
¡Y que existe! Ahí está.’
Sandrine Muir-Bouchard es Consejera en comunicación y campañas de Oxfam en Bolivia

En idéntica tierra

Por Cristina Porras Bravo

‘…no pertenezco a nadie,
 porque mis pies se plantan con justicia
en idéntica tierra que los tuyos.

Soy libre.
Mi voz retumba
 con la mitad de las gargantas de la Tierra,
 a través del espacio y de los tiempos.

Canta con las matriarcas ancestrales,
levanta con su pulso el aullido del sur,
se hace vanguardia y se amplifica
con la suma de gritos
de aquellas que han sido silenciadas…’

La voz de Rozalén da vida a estos versos escritos por los poetas Miguel Ángel Vázquez e Inma Luna para reclamar ‘que ser valiente también es entender que el mundo puede ser de otra manera cuando me reconozcas como igual’. Un canto lanzado al aire por todas aquellas mujeres que siendo víctimas se convirtieron en guerreras #LibresDeViolencia.

Porque la violencia contra la mujer se extiende sobre el mundo como un manto que todo lo cubre robando la vida y la libertad a millones de niñas y mujeres.

Pero hay algunas que con la voz ‘de las matriarcas ancestrales’ y la ‘suma de gritos de aquellas que han sido silenciadas’ son capaces de romper las cadenas de la violencia. Porque ‘las hay que luchan un día y son buenas, pero las hay que luchan toda la vida’ y como dijo Bertolt Brecht ‘esas son las imprescindibles’.

Imprescindibles como Bokiya que con tan solo 13 años al verse obligada a casarse con su cuñado quiso negarse. Sus padres para hacerle cumplir con la tradición etíope le quitaron todo lo que tenía pero ella, con el paso firme y la mirada decidida cruzó desnuda su comunidad  hasta casa de Elema, otra mujer libre que pudo acogerla.

O como Karla, que pese a haber sido violada por sus primos, amenazada y 14 veces disparada por las maras y encarcelada, es hoy más fuerte que nunca y dirige un centro para la defensa de la libertad de los derechos trans en El Salvador.

Historias de mujeres que han sabido ‘que ser valiente es escuchar, es escucharme, desmantelar tus privilegios y hacerlos nuestros, como un colchón común’.

La desigualdad de género es la más extendida y peor injusticia del mundo. Cada día hay mujeres y hombres que se levantan contra ella.

InspirAction ha lanzado la campaña Libres de Violencia para homenajear a todas esas mujeres que pese a haber sufrido terribles injusticias han sido capaces de cambiar el rumbo de sus vida y posiblemente el muchas otras mujeres. Entra en www.libresdeviolencia.com

Cristina Porras Bravo es responsable de comunicación digital en InspirAction

Una cárcel sin casilla de salida

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

Tiene lágrimas secas pegadas en la cara y otras que sigue derramando, tratando de limpiar con un pañuelo empapado. A veces mira al infinito, otras toquetea intranquila un móvil que lleva unos cascos enganchados. ‘Me lo han dejado para escuchar música, a ver si me calmo‘, indica. Está nerviosa, eso es seguro. ‘He adelgazado, yo antes era gorda‘, declara. Y es verdad que su cuerpo, ahora menudo, parece haber albergado algo más grande.

Ellas no pasan por la valla, no cruzan la frontera por puestos habilitados, ni en ferry. Llegan en pequeñas embarcaciones o escondidas en vehículos que atraviesan la frontera. Son las víctimas de redes de trata, y no son las únicas mujeres que sufren las peores consecuencias de la migración y el asilo.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Del total de personas que solicitaron protección internacional en España en 2015, solo un 2,5% eran mujeres procedentes de África Subsahariana, cuando la mayoría de las organizaciones coinciden en señalar esta región como una de las principales rutas del tráfico de personas. Lo cierto es que apenas se están concediendo solicitudes de asilo a posibles víctimas de trata, y éstas no están siendo adecuadamente identificadas.

Así lo hemos visto en una nueva visita a Ceuta y Melilla de Amnistía Internacional para conocer la situación de las personas más vulnerables en los CETI (Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes). El propio director del CETI de Ceuta se lamentaba así: ‘El 99% de las mujeres procedentes de África Subsahariana que llega aquí son víctimas de trata’.

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Guatemala: compromiso contra las discriminaciones y la violencia

Por Gilda Marlene Sum García y Edna Imelda Cali Chex

He recibido las peores humillaciones, denigraciones, acusaciones e insultos en espacios públicos y privados, provenientes de mujeres y hombres, varios en  posiciones de poder.  Esa acción es uno de los principales ejemplos  de la naturalización del racismo, ninguna instancia, ni el mismo Estado acciona para parar, castigar y poner precedentes en el país para detener el odio racial de  individuos, colectivos o instituciones que impunemente ejercen esta opresión y lo hacen porque en su imaginario, yo podré tener un doctorado de una reconocida  universidad extranjera pero para ellos y ellas, yo nunca dejaré de ser una“india” que no tiene el mismo valor como ser humano que ellos y ellas sí tienen’

Las palabras de la doctora Irma Alicia Velásquez muestran cómo el racismo y la discriminación en Guatemala marcan diferencias, desigualdades e inequidades en la población causando una influencia negativa en las relaciones humanas. Si bien es cierto que la discriminación afecta a todas las personas indígenas, la situación es todavía peor para las mujeres. El racismo y la discriminación contra las mujeres indígenas se manifiestan con más fuerza  y es una de las principales causas de la desigualdad que sufrimos.

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Un grupo de mujeres indígenas llevando maíz en El Petén (Guatemala). Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

El racismo está en la raíz de la extrema pobreza, exclusión, marginación, explotación que experimentamos. En definitiva, es una forma grave de violencia contra las mujeres indígenas. Es necesario y urgente generar conciencia social y cambiar esta idea de que valemos menos que el resto de la sociedad.

Por eso varias organizaciones hemos lanzado la campaña #MiCompromisoEs, como parte de la campaña global de Oxfam ¡Basta! Acabemos con la violencia contra mujeres y niñas.  Vimos en esta iniciativa una oportunidad de tocar el tema de racismo y discriminación hacia las mujeres indígenas, una forma de ser la voz de las que no pueden hablar y llegar a donde no tenemos presencia.

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Cuando la violencia es costumbre

Almudena Rodríguez García

María quiere ver esta noche  un programa  sobre  violaciones a  mujeres en R.D del  Congo.  Tiene 39 años y lleva dos en el paro. La echaron del trabajo al poco de volver de la baja maternal. Sus amigas, vecinas  y familiares  la dicen que no se preocupe. Que mientras esté en el paro puede disfrutar  de su hijo. Que trabajar y   cuidar de un hijo  es difícil.  Al fin y al cabo tiene un marido que la mantiene. Que  aproveche y  que disfrute. Sobre todo eso,  que disfrute.  Lo   mismo la  dijo la directora de recursos humanos el día que firmó el finiquito: ‘hala, María guapa, veras qué bien vas a estar en casa, ahora a disfrutar de tu hijo, que es lo que tienes que hacer’.   María  estudió una carrera, un máster, habla idiomas, cuenta con años de experiencia laboral pero no consigue un puesto de trabajo. Pasa casi todo el tiempo  entre la casa, el supermercado y  el parque.

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Empieza el programa,  mira la pantalla y piensa en la  mala suerte que tienen las mujeres del Congo.  De repente,  se acuerda que tiene que explicarle a su marido que  ha estado en la oficina del paro  y que no tiene derecho a ninguna ayuda tras acabarse el subsidio de desempleo. Es más joven de 45 años y su marido tiene un buen sueldo. Así que el Estado se desentiende de ella.   Al salir de la oficina del paro se ha cruzado con un baboso que le ha soltado un piropo. Maria se ha enfrentado a  él y éste ha acabado llamándola puta . María vuelve al documental. Una mujer joven  está explicando como la violaron un grupo de hombres.  El cerebro de María la lleva a cuando tenía 18 años. Recuerda  la sensación de  miedo que sentía cuando salía por las noches y volvía  sola a casa. Se acuerda  de caminar deprisa, de cambiarse de acera cuando  se cruzaba con un hombre. Todavía hoy sigue sintiendo ese miedo. Mientras, en la pantalla, la mujer sigue explicando la violación.  María vuelve a pensar que las mujeres del Congo tienen muy mala suerte.

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Ellas dan la nota

Por Nuria Coronado

Para quienes hacen oídos sordos a la violencia machista día sí y día también. Para quienes creen que la desigualdad y la discriminación son inventos de feministas trasnochadas. Para esos hombres y mujeres que dan la espalda a que tengamos los mismos derechos, el grupo de cuatro artistas Ellas dan la nota compuesto por Cristina del Valle, Mercedes Ferrer, Aurora Beltrán  y Estela María, lleva quince años subiéndose a los escenarios de medio mundo para decir basta.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Y lo hacen como mejor saben: entonando voces, afinando acordes, arrimando el hombro a ritmo de melodías. ‘Somos un grupo de mujeres artistas que a través de la música denunciamos la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo y en cualquiera de sus formas Con nuestras actuaciones tratamos de concienciar que un sociedad desigual es una sociedad enferma que acabará agonizando y provocando por el camino demasiado sufrimiento entre los millones de mujeres y niñas que la padecen’, dice Mercedes.

Para estas cuatro cantantes unir sus voces es hacer frente a lo que tanto duele y sin embargo se ignora. ‘Cantar es curar heridas, es llegar a través de la cultura y de la música al corazón y a la sensatez. Cada canción es un bálsamo, una pomada que cierra heridas y cambia conciencias. Es la mejor manera que tenemos para provocar y promover un Pacto de Estado contra la violencia machista’, añade Ferrer. Y es que con sus canciones pretenden borrar el mapa de la vergüenza de nuestro país y dibujar el del orgullo femenino. ‘A nosotras nos importa que cada año un centenar de mujeres sean asesinadas en España, que más de 1.000 mujeres sean violadas, que 500.000 sean traficadas sexualmente o que más de 400 se suiciden teniendo detrás un cuadro de violencia cada año, cifras que jamás aparecen en los datos oficiales’, subraya la cantante.

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