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Luchar contra los elementos

Por María José Agejas

No nacieron con alma de guerreras pero la vida tenía planes para ellas. Habitan en algunos de los puntos del planeta más afectados por el cambio climático y a través de diferentes estrategias, contra todo pronóstico, han logrado plantarle cara. Éstas son sus historias.

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Imagen de Annie Bungeroth / Oxfam

Con esta cara de felicidad, Ipaishe, de Zimbabue, parece no haber sufrido. Pero Ipaishe ha visto morir sus cosechas a causa de las inundaciones y de las sequías. Su peripecia vital la llevó a romper con las tradiciones y lo esperado de ella: tras enviudar y rechazar la imposición de su familia política para que se casara con el hermano de su marido, decidió volver a la casa paterna. Su padre la recibió con los brazos abiertos. Ipaishe se hizo cargo de las tierras de la familia y poco a poco se fue convirtiendo en líder comunitaria: empezó a colaborar con Oxfam para lograr un sistema de irrigación. Desde entonces las cosechas se han incrementado en un 240%.

Recuperó su antigua faceta de profesora para educar a su comunidad en la prevención del SIDA y otras enfermedades y acabó, hace un año, acudiendo a la COP21 de París en representación de millones de agricultores para entregar un millón de firmas a los líderes mundiales. Si Ipaishe no se hubiera rebelado contra la tradición establecida, jamás habría logrado todo esto.

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Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Ana G´anda tiene 41 años. Es una de las fundadoras del banco de cereales  de su localidad, Chitego, en Tanzania, creado a partir de la hambruna del 98 que sucedió a una fuerte sequía. ‘La gente intentaba cocinar pasto y algunas hierbas del campo’. El banco de cereales sirve para almacenar las cosechas y disponer de ellas gradualmente. Además, el excedente se vende cuando los precios están más altos. Parte de ese dinero vuelve al banco y permite comprar grano cuando el precio baja para volverlo a almacenar.

Así, el banco garantiza la seguridad alimentaria a sus socios, aunque al principio nadie lo apoyaba: ‘Sólo un pequeño grupo entendió la idea, y empezamos a trabajarla’. Gracias a esa visión, Ana no sólo tiene comida para su familia, sino que con los excedentes ha comprado cerdos. La venta de las crías ha pagado la educación de tres de sus hijos y la construcción de su casa. Es el cuento de una lechera a la que el cántaro no se le rompió.

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Dorcas Erukudi tiene 40 años y está acostumbrada a las sequías recurrentes en su localidad natal de Naduat, en Turkana, Kenia. Es una de las zonas más expuestas a la zozobra meteorológica que provoca el cambio climático. Dorcas es la tesorera del comité de prevención de riesgos de su pueblo.

Ese comité, creado por 20 personas que se autogestionan y reciben formación de Oxfam, hace préstamos para que la gente emprenda pequeños negocios o actividades que les permitan sobrevivir sin tener que depender de la agricultura. El negocio de Dorcas es una tiendita de comida, algo con lo que nunca se atrevió ni siquiera a soñar. Quiere que sus hijos vayan a la universidad. El comité trata de promover métodos para defenderse de los avatares del cambio climático, pequeños cambios que pueden marcar la diferencia entre la supervivencia y la hambruna: cómo fabricar carbón cuando hay inundaciones, cómo lograr que haya pasto para el ganado en época de sequía.

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Imagen de Oxfam

Un día, Leonarda Centeno abrió las puertas del conocimiento. Es lo que sintió, explica, cuando se capacitó en técnicas agrícolas y se organizó, sumándose a una federación de mujeres productoras. Ha aprendido cómo nutrir la tierra, conoce la importancia de la reforestación para luchar contra el cambio climático y se muestra orgullosa de utilizar semilla criolla de frijoles. Recibió esta semilla seleccionada en una reunión: explica que otras mujeres presentes en el encuentro la utilizaron para comer, mientras que ella la sembró. Con menos de un kilo de semillas logró 60 de cosecha. ‘Mis hijos han tenido estudios, educación, salud y el pan de cada día‘, explica orgullosa. ‘Ahora yo tomo mis propias decisiones respecto al trabajo’.

Para apoyar el trabajo de estas y otras luchadoras contra el cambio climático, Oxfam Intermón invita a firmar la campaña #YaNoMásExcusas

 

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

¿Qué tienen que ver nuestros impuestos con la pobreza de las mujeres?

 

Por Almudena Díaz Pagés

A pesar de que en las últimas décadas la riqueza mundial haya aumentado, este crecimiento ha beneficiado principalmente a los más ricos ya que como denunciaban recientes informes, la mayor parte de estos ingresos (cerca del 50%) ha ido a parar a los bolsillos de los que más tienen. Esta creciente desigualdad económica afecta de manera perjudicial al resto de la población mundial, pero sobre todo a la población más pobre. Y entre los pobres, las más pobres son las mujeres. De acuerdo con  Naciones Unidas, las mujeres son más vulnerables a la pobreza, poseen menos recursos y tienen menos poder de decisión que los hombres. Todo está relacionado. El Fondo Monetario Internacional revelaba recientemente que los países con una mayor desigualdad de ingresos suelen tener también mayores diferencias entre hombres y mujeres en términos de acceso a servicios sanitarios, educación, participación en el mercado laboral, brecha salarial y representación en las instituciones.

Protesta contra la injusticia fiscal. Imagen del proyecto Tax Justice Together.

Protesta contra la injusticia fiscal. Imagen del proyecto Tax Justice Together.

Las mujeres representan hoy la mitad de la población activa global y son muchas las que tienen acceso a un empleo remunerado. Sin embargo, ello no implica ni una mayor igualdad, ni mayores posibilidades de llevar una vida digna. De hecho, la tasa de empleo actual de las mujeres es en casi todos los países menor que la de los hombres, y se estima que sólo generan el 37% del PIB mundial.

A nivel global, es más frecuente encontrar mujeres en trabajos que no están protegidos por la legislación laboral.. De hecho, las estadísticas muestran que en algunos países en vías de desarrollo hasta el 95% del empleo femenino es de carácter informal. En otras palabras, gran parte de la población femenina global no sólo no se beneficia del crecimiento económico que genera, sino que tiene muchas posibilidades de vivir en la pobreza.

La desigualdad de oportunidades y la precarización en el empleo no es la única desventaja a la que hacen frente millones de mujeres. Las mujeres siguen haciéndose cargo de la mayor parte del trabajo del cuidado no remunerado, una media de 2,5 veces más que los hombres. Las normas sociales, la brecha laboral, la falta de recursos…muchas son las razones que impiden que la mujer pueda empoderarse fuera del hogar. Además, el modelo económico y las políticas gubernamentales han fallado a la hora de invertir en esta economía invisible, dejando fuera de los beneficios del crecimiento económico a la mayoría de mujeres que se concentran en puestos del sector del cuidado, los más precarios de la pirámide económica. Con la llegada de la llamada crisis económica, la disminución de la inversión en el gasto social y la privatización de los servicios públicos han empeorado esta situación.

La captura política de las élites en la toma de decisiones hace que las políticas se diseñen sin otorgar ninguna prioridad a los objetivos de reducción de la desigualdad económica. Además, habitualmente se asume que las políticas macroeconómicas son neutrales al género, sin embargo en la práctica, tienen consecuencias distributivas que repercuten de forma diferente sobre mujeres y hombres. Las políticas fiscales, por ejemplo, pueden reforzar en muchos casos la división sexual del trabajo y las desigualdades entre mujeres y hombres, operando como obstáculos para el desarrollo y máximo aprovechamiento del potencial de las mujeres. Ello es el reflejo del modelo patriarcal que opera en nuestras sociedades y que también influye en la formulación de las políticas, excluyendo a los más desfavorecidos, y en particular, a las mujeres. En línea con ello, otro claro ejemplo es la más que insuficiente representación de las mujeres en las instituciones clave que regulan la economía mundial.

Lo que está claro es que sin redistribución no hay empoderamiento. Los Gobiernos deben actuar para hacer posible empoderamiento de las mujeres mediante la adopción de políticas económicas orientadas a cerrar esta brecha: promover la igualdad salarial y el trabajo digno y seguro, eliminar las barreras discriminatorias que impiden o dificultan a las mujeres acceder al crédito,  modificar las leyes injustas de sucesión y garantizar el acceso igualitario a las tierras, para todas las personas. Las contribuciones del trabajo doméstico y del cuidado, tanto el remunerado como el no remunerado, deben mejorarse y reconocerse explícitamente e incorporarse a las mediciones, pero sobre todo, deben redistribuirse.

Dado que la provisión de servicios sociales es particularmente importante para corregir las desigualdades, y en especial, las de género; es primordial que el sector público refuerce su papel en la provisión de servicios esenciales como la salud, la educación, la atención y el abastecimiento de los suministros básicos. Ello debe venir acompañado de una redistribución del esfuerzo tributario que traslade el peso que actualmente recae desproporcionadamente sobre el trabajo y el consumo, hacia la riqueza y el capital; y que garantice la transparencia fiscal.

Acabar con la desigualdad económica extrema no es posible si no se reduce la desigualdad de género. Para ello se han de analizar las causas estructurales que provocan estas desigualdades, desarrollar políticas que promuevan la igualdad de género real, y garantizar que el crecimiento económico que beneficie de forma justa a todos. La mitad de ese “todos” son mujeres.

Este texto forma parte de la jornada de acción europea por unos impuestos más justos Tax Justice Blogging Day. Es posible seguir las publicaciones en blogs de distintos países y apoyar la acción compartiendo su contenido en redes sociales con la etiqueta #taxjustice. El blog United Explanations publica hoy una versión ampliada del mismo.

 

Día de la población: una mirada a las adolescentes

Por Susanna Oliver 

Grace and Georgina escriben sus tareas escolares. Cada día tienen que caminar 50 minutos para buscar agua. Imagen: Kapululwe ADP.

Grace and Georgina escriben sus tareas escolares. Cada día tienen que caminar 50 minutos para buscar agua. Imagen: Kapululwe ADP.

El 11 de julio de 1987 la Tierra alcanzó los cinco mil millones de habitantes. Por este motivo hoy celebramos el Día Mundial de la población. Cada año, en este día se pone el énfasis en un aspecto que afecta a los ya más de siete mil millones de personas que habitamos el planeta. En 2016 el tema es la inversión en las adolescentes, para lograr la primera meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 – Reducir la desigualdad, que es: poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Y es que, como he podido comprobar en mi trabajo en cooperación, las adolescentes, y especialmente las que viven en los países más pobres, son las que más sufren la desigualdad. En las familias que no tienen suficientes recursos para que todos los hermanos vayan a la escuela, he visto que son ellas las que se quedan en casa ayudando a la madre en las tareas del hogar. Eso en las culturas en las que al menos se les permite el acceso a educación.

En las comunidades alejadas de fuentes y ríos, las he visto ir a buscar agua, caminando kilómetros cada día, cargando pesos tremendos bajo un sol de justicia y expuestas a toda clase de peligros.

En muchos países del Sur, cuando en la familia no hay para comer, me han contado que las entregan en matrimonio siendo aún adolescentes, o incluso niñas, para cobrar así una dote y tener una boca menos que alimentar.

He comprobado, en las comunidades de africanas y latinoamericanas que he visitado, que se quedan embarazadas siendo menores de edad, que muchas padecen secuelas de estos partos prematuros toda la vida, y algunas mueren en el intento, y que prácticamente todas cargan con un montón de hijos desde muy jóvenes.

Las estadísticas me indican que cada 6 segundos es a una de ellas a quien se practica la mutilación genital para apaciguar su deseo, para que sea fiel y sumisa a su marido.

Y con ellas he estado en reuniones en las que no se las escucha, por mucho que se toquen temas que afectan sus vidas, o en las que, como mínimo, sus opiniones son las últimas y las menos valoradas.

Y todo esto no sólo es injusto, sino que además es un tremendo error que nos afecta a todos, porque perdemos la oportunidad de aprovechar la capacidad física e intelectual de cientos de miles de adolescentes, de mujeres que podrían estar contribuyendo a hacer de éste un mundo mejor.

Desde la ONG en la que trabajo, World Vision, hemos logrado que las mujeres en edad fértil reciban información sobre planificación familiar, sobre el espacio óptimo entre embarazos y sobre cuidados prenatales (además de suplementos de ácido fólico y hierro), y con ello hemos logrado reducir la mortalidad materna e infantil y que los niños que nazcan estén  más sanos. También hemos logrado dar acceso a escolarización a las niñas y esto no sólo les ha dado acceso a mejores oportunidades de empleo, sino que, además, ha conseguido que sus familias tengan mejor salud y sus hijos puedan recibir una mejor educación. Y las hemos formado en sus derechos, entre ellos el derecho a la integridad física, y les hemos dado voz en sus comunidades, consiguiendo que muchas de ellas se alcen como ejemplos de líderes a distintos niveles; un ejemplo es Fatmire Feka, una chica kosovar, que ha sido propuesta al premio nobel de la paz.

En este 11 de julio os animo a que busquéis la forma de contribuir a que las adolescentes que viven en las peores condiciones del mundo puedan tener acceso a un futuro mejor.  Por ellas, y por todos.

Susanna Ghana 2015Susanna OIiver es responsable de Proyectos en Fundación World Vision

Le toca a Teresa

Por Lucía Santiago

Cuando Teresa Perales habla de su historial deportivo es firme: “Yo sólo espero que la gente vea en mí algo más que 22 medallas en Juegos Paralímpicos. Detrás de cada medalla hay una historia y detrás de cada historia hay esfuerzo, superación y muchas experiencias vividas. Lo que realmente espero es que puedan ver que todo es posible si te comprometes con los sueños”.

Entre los de la deportista aragonesa no se encontraba la posibilidad de equiparar sus logros con los del reconocido nadador estadounidense Michael Phelps. Tampoco sumar brazadas y brazadas a lo largo de una piscina desde que, con 19 años, una neuropatía le arrebató la movilidad de las piernas. Ni siquiera sabía nadar.

Aprendió a desenvolverse en el agua. A competir. A ganar. Su participación en las cuatro últimas ediciones de los Juegos Paralímpicos se resume en seis medallas de oro, seis de plata y diez de bronce. Un total de 22 preseas. Rebasar esa plusmarca en la cita olímpica del próximo verano en Río de Janeiro es la motivación y el empeño de la deportista aragonesa, candidata a los Premios Princesa de Asturias a propuesta del seleccionador español de fútbol Vicente del Bosque.

Anteriores ganadores del galardón, como el tenista Rafael Nadal, el ciclista Miguel Induráin o el futbolista Iker Casillas, al igual que los hermanos Pau y Marc Gasol, brindaron su apoyo a una candidatura que, de confirmarse como vencedora, ayudaría a cambiar la perspectiva del deporte paralímpico español.

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Créditos: www.teresaperales.com

“Sería una forma de romper barreras”, asegura Teresa Perales, quien se considera “un altavoz del deporte paralímpico, una entre miles de deportistas, la punta del iceberg de miles de historias”.

La decisión del jurado le separa de la posibilidad de hacer historia. Un relato que, subraya, se ha escrito “entre todos” porque en los últimos meses “se ha hablado mucho de deporte paralímpico”.

“Si es positivo el fallo del jurado será la gloria y si no también será la gloria porque el nombre de Teresa Perales es la representación de un movimiento paralímpico enorme“, comentó la nadadora aragonesa durante la presentación del libro ‘Superhéroes de incógnito’.

El respaldo lo tiene. De manera unánime el mundo del deporte grita: “Le toca a Teresa”.

Lucía Santiago es periodista. Trabaja en el área de Deportes de la Agencia EFE y dirige desde el año 2012 la web www.deporteymujer.com, especializada en deporte femenino.

Tirar la piedra y esconder la mano

Por Maribel Maseda

Hace unos meses  vi estupefacta una parte de una película de la década de los 50 en la que el marido de una señora la ponía sobre sus rodillas y la azotaba mientras ella sollozaba. El hijo pequeño le decía ‘¡mamá!, papá te está pegando!!’ a lo que el padre respondía con absoluta normalidad ‘claro, hijo’. Y el hijo  replicaba mirando con fascinación la escena:  ‘¡entonces es que papá te quiere, mamá!’ y a la madre se le iluminaba la cara y recibía entonces los azotes feliz, sin sollozos.

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

‘¿porqué no le deja?’. ‘Cómo puede seguir con él?’-

’con toda la información que hay hoy en día, ¿cómo siguen metiéndose en relaciones así?’-

La única parte real de esta escena es la de que el maltratador realmente se cree en el derecho y el poder de pegar a su mujer, no porque la quiera, sino porque la cree ‘suya’. Nos preguntamos porqué la violencia contra la mujer continúa y lo hacemos sin tomar conciencia de la cantidad de mensajes contradictorios que se dictan y se consienten.

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Vuelve el concurso Avanzadoras

Por Laura Martínez ValeroLaura Martínez Valero

De nuevo, tenemos el Día Internacional de la Mujer a nuestras puertas (08 de marzo). Una fecha que une a todas las mujeres del mundo en la lucha por la igualdad. Todas juntas caminando hacia una meta común.

Hace ya tres años desde Oxfam Intermón y 20 minutos tuvimos una idea. Queremos homenajear en nuestro país a mujeres que como Jineth, Wane o Mariam estén trabajando por una buena causa y estén consiguiendo cambios positivos en su entorno. Queremos que sea un reconocimiento que sirva como ejemplo, pero que también nos permita sacar a la luz la enorme variedad de mujeres y causas valiosas que hacen avanzar nuestro país.

Por eso, me complace mucho anunciar que ya está aquí la III edición del concurso Avanzadoras. Desde hoy y hasta el 2 de marzo, os invitamos a presentar a esas mujeres que creéis que merecen un homenaje porque con su trabajo, su impulso, sus ideas, su liderazgo o sus proyectos.

¿En qué consiste el concurso? Queremos que las mujeres participantes tengan la oportunidad de contar por qué se sienten Avanzadoras. También pueden ser otras personas, tanto hombres como mujeres, quienes se animen a enviar la historia de su hermana, madre, pareja, o amiga… Nuestro objetivo es ser un altavoz y poder visibilizar sus avances e iniciativas. El concurso estará abierto hasta las 00:00h del 2 de marzo y el día 08 de marzo se anunciará la ganadora.

 

Reunión de un grupo de mujeres de la organización Asha en la India. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Reunión de un grupo de mujeres de la organización Asha en la India. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

 

Gracias a mi trabajo en Oxfam Intermón he podido descubrir cómo en todas las sociedades, en todos los lugares del mundo, existen mujeres que con su esfuerzo personal y en unión con otras compañeras trabajan para conseguir una sociedad más justa. Las llamamos Avanzadoras porque son mujeres que ‘tiran’ de las personas que las rodean y cambian su visión del mundo, mujeres decididas a trabajar por un bien común. En definitiva, mujeres que consiguen que el mundo avance un pasito más hacia la justicia y la igualdad.

Me siento muy afortunada de haber podido conocer a muchas de ellas: Jineth Bedoya y su denuncia implacable de la violencia sexual contra las mujeres en Colombia; Wane Depha y la defensa de la propiedad de las tierras para las mujeres en Mauritania o Mariam Nana, una avanzadora recientemente fallecida que consiguió unir a las mujeres de Bagré (Burkina Faso) en un proyecto alimentario común que transformó sus vidas y la de toda su comunidad. Podría poner muchísimos más ejemplos, pero no habría extensión suficiente para hablar de todas ellas.

¿Tú conoces a alguna avanzadora? No dudes entonces en participar. Si necesitas inspiración, te invito a conocer a las ganadoras de años anteriores Sagrario Romero y Mabel Lozano o también puedes darte una vuelta por este magnífico blog, en el que hablamos a diario del trabajo de muchas mujeres.

Aquí os dejo la web del concurso.

Laura Martínez Valero trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón y participa en el proyecto Avanzadoras

‘Tú puedes llegar’

Por Júlia Serramitjana     Julia Serramitjana

Loli García y Achta Fadoul no se conocen. Viven a miles de kilómetros la una de la otra pero han formado parte de un mismo proyecto: el Oxfam Intermón Trailwalker, el reto solidario y deportivo que, en su quinta edición ha conseguido recaudar más de un millón de euros para que miles de personas tengan acceso al agua potable.

Achta vive en Midjiguir, en la región de Guera, en Chad.  Tiene 28 años y 6 hijos. Trabaja en el campo junto con su familia. En Midjiguir no hay ninguna fuente de agua limpia, y  debe hacer cuatro viajes al día para traerla de una charca que se forma en época de lluvias.

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Achta Fadoul recogiendo agua de lluvia contaminada junto a su hija Noura.. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Conseguir agua potable no es fácil para Achta: ‘Mis niños caen enfermos con frecuencia. El agua que cogemos en época de de lluvias está muy sucia y llena de gusanos.’ Además, tiene dificultades para dar de comer a sus hijos cada día y para pagarles la escuela. ‘Quiero que mis niños tengan éxito en la escuela, es lo más importante de todo. Toda mi alegría es que mis niños estudien’, explica.

Loli vive en Madrid, tiene 2 hijas y trabaja en un laboratorio. Su pasión es correr. La semana pasada, fue la primera mujer del Oxfam Intermón Trailwalker que llegó a meta junto a su equipo SGS España tras recorrer 100 km en menos de 32 horas.  No conoce a Achta pero recorrió todos esos kilómetros para que ella tenga vida más digna, a través de los proyectos que Oxfam Intermón desarrolla para mejorar el  acceso al agua potable.

Y es que el agua es un problema en la mayor parte del planeta. El 80 por ciento de las enfermedades del mundo están relacionadas con el agua sucia: diarrea, cólera y tifus entre otras.

Loli García, la primera mujer en llegar a meta en el Oxfam Intermón Trailwalker de Madrid. (c) Júlia Serramitjana / Oxfam Intermón

Durante la carrera, fui encontrándome con Loli por los diferentes puntos de avituallamiento del recorrido. Me emocionó su actitud. La de este año era una prueba dura, muy dura, pero a ella le brillaba la sonrisa en la cara, se la veía fuerte y convencida de que el reto merecía la pena. Junto con su equipo, corrió kilómetros para que Achta no tenga que dar agua sucia a sus hijos.

Salvando las distancias, el camino que tuvo que recorrer Loli en Madrid tampoco fue fácil: ‘Me sentía cansada y me preguntaba como esas mujeres pueden llevar los bidones si no puedo ni llevar mi mochila de agua. Subiendo el Puerto de Canencia (17 Km) sufrí mucho creo que fue el mayor sacrificio que hice. Se me acabó el agua y no podía pensar en otra cosa. No podíamos seguir sin agua. Encontramos un riachuelo y sin pensarlo bebimos de él sin saber si era potable o no.  No puedo imaginarme qué piensan estas mujeres cuando recogen agua sucia sabiendo que sus vidas dependen de ello’, explica impresionada.

Fueron pasando las horas hasta que se hizo la noche . Loli me contó que iba leyendo los carteles iluminados con frases motivadoras alumbradas por su frontal: ‘Tú puedes llegar, se repetía. Y así fue como lo consiguió.

El Trailwalker es una experiencia épica. Es emocionante ver como miles de personas recorren con mucho esfuerzo los 100 kilómetros en un ambiente festivo; conscientes de que cada kilómetro sirve y mucho. El esfuerzo de personas como Loli contribuye a cambiar la vida de miles de personas como Achta, mejorando su acceso al agua y, lo más importante, contribuyen a que tengan una vida digna.

Júlia Serramitjana es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

Gestoras de la incertidumbre

Por Belén de la Band@bdelabandaa

Por casualidad, hace unas semanas, cayó en mis manos una novela que me ha hecho dar muchas vueltas a la relación entre la Historia y las pequeñas historias. Se llama ‘Tiempos de incertidumbre’, y en ella se narra el tiempo en el que el marido de la protagonista, Alicia, desaparece repentinamente en 1976, en la época de la dictadura militar argentina. Es una novela que no puede respirar más una historia auténtica, aunque no sepamos qué la acerca y qué la aleja de la experiencia vital de la autora, Beatriz Brignone.

Ilustración de 'Tiempo de incertidumbre', de Beatriz Brignone.

Ilustración  de portada de ‘Tiempo de incertidumbre’, de Beatriz Brignone.

En ‘Tiempos de incertidumbre’, Alicia se mueve entre el  miedo y la burocracia, pero al mismo tiempo en el mantenimiento de la vida para sus cuatro hijos, en hacer que les afecte lo menos posible la ausencia del padre y todas los agujeros que por ella se abren en la vida cotidiana. Mantenerlos a salvo, mantenerse a salvo por ellos, allegar ayudas, no despertar sospechas, buscar al desaparecido, indagar sin levantar ruido, calcular, preguntar, permanecer en silencio, no llorar delante de los niños, no venirse abajo. No decir lo que sabes. Saber siempre lo que dices.

Toda batalla, todo gran acontecimiento, tiene detrás un sencillo contexto de personas que tienen cada día que comer, trabajar, cuidar unas de otras. Lo cotidiano es lo que ancla al ser humano a la certidumbre: saber cuál es el horario en el que saldrás de casa y regresarás, dónde estarán durante el día tus personas queridas. Que al llegar a casa, la comida estará preparada, o tú tendrás que prepararla. Son las certidumbres que hacen la vida soportable, a pesar de que nunca se les da ninguna importancia. Muchas veces, porque forman parte de la historia de las mujeres, a las que se les asigna el trabajo de hacer lo que luego no se cuenta. Las madres, las amas de casa, personajes siempre secundarios a cuyas visiones no se da importancia son gestoras de la incertidumbre, y en momentos de crisis son vitales para gestionar lo importante, lo verdaderamente importante, lo vital. Pero eso no se cuenta tampoco.

Así, parece que la épica deja fuera la parte más importante de la Historia, y de la historia. Rechaza probablemente los pasos más heroicos y definitivos de todos los acontecimientos: los que protagonizan los personajes sin poder. Sitúa los valores, el miedo, la heroicidad probablemente en el punto más alejado de donde están en la realidad. Y desprecia el peso cierto de la realidad, la única realidad, cotidiana.

‘Tiempos de incertidumbre’ no parece tener más pretensión que la de expresar lo vivido, pero en sus páginas late el sufrimiento y el heroísmo de toda una sociedad sometida a la violencia estructural. Y cuando ésta es tan extendida y tan brutal, hay tantos ejemplos extremos que cuesta entender lo que se vivió en la realidad cotidiana. Como dice José Pablo Feinmann en La sangre derramada: ‘Los que han descrito la Argentina del 76 y el 77 han incurrido con frecuencia en un error que amengua la vivencia del miedo cotidiano. Tal vez esta experiencia la sabemos sólo los que permanecimos aquí’.

Escribir lo nuclear del sufrimiento en medio de las realidades humanas cotidianas es casi la única forma de entenderse o explicarse a una misma después del trauma, como entiendo que hace Beatriz Brignone, pero también casi la única transmitir la verdad a quienes no la vivieron. Y así, muchos años después, sabemos esa parte de la historia que nunca se contó, y que con el tiempo viene a ser probablemente la única que importa.

Belén de la Banda es periodista y trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Inge Lehman: la mujer que corrigió a Verne

Por Beatriz Pozo Bea Pozo

Estos días los ojos del mundo están vueltos hacía un pequeño país de Asia, donde un terremoto se ha llevado por delante más de 8000 vidas y buena parte de sus infraestructuras y patrimonio histórico y cultural. Mientras en Nepal los equipos de rescate y las ONG se afanan por llevar ayuda humanitaria a los más afectados, un debate vuelve a resurgir: ¿Se podía haber evitado la tragedia? Cada vez que hay un terremoto  -bien sea en Japón, en Indonesia, en Chile o en Nepal-, esta pregunta ocupa las primeras planas.

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En este caso los expertos dicen que, aunque no se podía predecir el momento exacto, Nepal se encuentra en una zona con una gran actividad sísmica, y un terremoto de estas características podía tener lugar en cualquier momento. Sin embargo, las infraestructuras y los edificios no estaban preparados para ello.

Más allá de buscar los porqués y de analizar la pobreza del país o la labor de las autoridades, hoy quiero destacar y reivindicar la importancia que tienen la sismología y aquellos avances científicos que ayudan a predecir este tipo de catástrofes y que permiten prevenirlas. En la historia de esta materia me llama especialmente la atención la figura de Inge Lehmann, una mujer que redefinió el concepto que se tenía hasta entonces de los movimientos sísmicos. Estos días se está celebrando el 127 aniversario de su nacimiento y, el pasado día 13, Google le dedicó su Doodle.

Lehmann fue una pionera en su campo, aunque siempre tuvo que luchar contra las dificultades de ser mujer en un mundo hecho por y para los hombres o, por ponerlo en sus propias palabras, ‘no sabéis con cuántos hombres incompetentes he tenido que competir en vano’. Nacida en 1888 en Østerbro, Dinamarca; estudió matemáticas en la Universidad de Copenhague y en Cambridge, donde no pudo graduarse porque las mujeres en esa época no lo tenían permitido, una injusticia que no se corrigió hasta 1948. Su experiencia inglesa la dejó exhausta, por lo que abandonó los estudios  y no los volvió a retomar hasta 6 años después, de nuevo en su país natal.  Una vez graduada, la sismología llamo la atención, iniciando así una carrera que la convirtió en una de las figuras más eminentes en la materia.

En 1936, publicaría “P”, su obra más famosa. En ella demostraba que el centro de la tierra tiene en realidad dos núcleos (interno y externo), uno líquido y otro sólido, que interactúan entre sí, pero que están separados por una discontinuidad, que recibió su nombre. Hasta entonces se pensaba que había un solo núcleo líquido. Este descubrimiento le llevó a recibir numerosos premios. Se convirtió así en la primera mujer en recibir la medalla William Bowie en 1971, la máxima distinción en el campo de la geofísica.

De entre todos los datos de su biografía, llama especialmente la atención que estudiara en el primer instituto de Dinamarca que trataba a chicos y chicas por igual. Ella misma dijo que ‘allí no se reconocía ninguna diferencia entre el intelecto de hombres y mujeres. Tuve muchas decepciones más adelante al descubrir que esa no era la actitud general’. Recibir una educación mixta e igualitaria tuvo pues una gran influencia en su desarrollo posterior y en que se convirtiera en lo que llego a ser; aunque fue también una de las causas de su desdicha en Cambridge donde ‘a las chicas jóvenes se les imponían muchas restricciones’.

En estos días en los que una nueva tragedia nos recuerda la importancia de que se sigan produciendo avances científicos que nos permitan entender mejor el mundo y prevenir las catástrofes, no viene mal recordar figuras como la de Inge Lehmann, que durante toda su vida trabajó porque estos descubrimientos tuvieran lugar, por muchas dificultades que se le pusieran por delante. Su ciencia no solo sirvió para mejorar nuestro conocimiento de los movimientos sísmicos, sino también para reivindicarse a sí misma y con ello el papel de las mujeres en el mundo de la investigación.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Campaña electoral: ¿nadie piensa en los factores T?

Por Elena Saura Elena Saura

En estos días de campaña electoral y de debates políticos se escuchan distintas propuestas para superar la desigualdad, la crisis y la pobreza. Redistribución de la riqueza, rescate ciudadano, reforma fiscal, cambio del modelo productivo, mejora de la sanidad y la educación… cada grupo político con sus propuestas, pero ninguna que fuerce a hablar sobre la distribución de los tiempos. ¿Habéis escuchado o leído en algún programa electoral estrategias claras para la redistribución del trabajo total?

'Mi mamá me mima'. Grafitti de Lorena Gil: http://www.lorenagil.com/2009/05/03/mi-mama-me-mima/

‘Mi mamá me mima’. Grafitti de Lorena Gil: http://www.lorenagil.com/2009/05/03/mi-mama-me-mima/

Mucha gente habla de trabajo como si se tratara solo del trabajo remunerado. ¿Y el trabajo doméstico y todos los cuidados que hacen que nuestras vidas sean sostenibles? ¿Y las actividades comunitarias que hacen de esta sociedad más llevadera? Ampliar el campo de visión a la hora de hacer el análisis es necesario si queremos que las políticas públicas no incorporen discriminaciones, porque si no comprendemos cómo funcionan los hogares no entenderemos como marcha el sistema económico.

Poner la vida en el centro y no a los mercados es uno de los reclamos de las feministas, que se suma al cuestionamiento de una visión exclusivamente economicista de la pobreza. El feminismo aporta la ampliación de este concepto, incluyendo la pobreza de tiempo y la pobreza oculta de la dependencia, además de la carencia de recursos y oportunidades. Insistimos en que para construir una sociedad más justa es vital que las propuestas además de hablar de rentas y de trabajo remunerado consideren el reparto de los tiempos y del trabajo total. Todos los pilares del bienestar (las familias, el estado, el mercado y la comunidad) deben repartirse los procesos y cuidados para la sostenibilidad de la vida y a día de hoy las mujeres se llevan el pedazo más grande del pastel con el consiguiente empacho y desazón.

No queremos que se hable solo de las diferencias salariales entre mujeres y hombres, de las desventajas de las mujeres (respectos a sus pares varones de la misma clase y condición) en el acceso al mercado laboral remunerado y la alta representación en los sectores más precarios, que también, sino que se incida además en las causas de dicha sobrerrepresentación y de la sobrecarga del trabajo doméstico que vivimos las mujeres.

Queremos T. T de tiempos de calidad, T de trabajos compartidos dignamente, T de tecnologías que faciliten la sostenibilidad de una vida que merezca la alegría de ser vivida (como dicen otras compañeras feministas) y T de transformación necesaria para hacer un mundo más justo y paritario.

Probablemente con un té en la mano y tal vez hablando por teléfono con alguna amiga lejana geográficamente coincidamos en afirmar que queremos nuestro tiempo para ser felices; y eso implica, entre otras cosas, cuidarse a sí misma, compartir todos los trabajos (remunerados y no remunerados) con nuestros pares y sentir armonía en y con nuestro entorno.

Ojalá que quienes diseñan e implementan las políticas tengan todo esto en mente (y en el corazón) y lo reflejen en los presupuestos y en las acciones. No es tan difícil aunque se empeñen en decir lo contrario: basta con que sumen profesionales con experiencia a sus equipos 😉

Elena Saura es economista, especialista en género y desarrollo y miembro del colectivo Tejedoras.