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Archivo de la categoría ‘Política’

Gertrude no pudo volar

Por Mª Ángeles Fernández

Iba a ser la primera vez que salía de su país, incluso de su entorno más cercano. Las ganas de ver nuevos horizontes eran evidentes. El liderazgo de su colina iba a traducirse en una experiencia en el extranjero. Pero no hay viaje ni tampoco relato. La historia de Gertrude desde Burundi a Bilbao no puede escribirse. ¿No se puede contar?

La burocracia ha demostrado la absoluta desigualdad de las mujeres en este pequeño país de la región de los Grandes Lagos. Gertrude ya tiene documentación personal y, por tanto, la ciudadanía negada a muchas de sus compatriotas, también ha legalizado su matrimonio, pero aún no ha logrado la cotitularidad de la tierra en la que trabaja cada día. ¿Si hubiera tenido algo a su nombre podría haber tomado el vuelo?, ¿si hubiera demostrado que es propietaria podría haber llegado a Bilbao? Las probabilidades tiñen las respuestas: esa documentación habría facilitado el proceso. Sin duda.

Aline, líder de una organización burundesa, durante su reciente visita a Bilbao. Imagen de Helena Bayona.

Gertrude Nyandwi no ha venido a Euskadi a conocer escuelas de empoderamiento o explotaciones ganaderas y agrícolas gestionadas por mujeres. Sí lo ha hecho Aline iyonizigye, que no para de sonreír y de contar la importancia del abono agrícola y del cambio en la gestión de los cultivos para la vida de su colina (la unidad administrativa más pequeña que existe en Burundi) y de las mujeres que habitan en ella. Lee el resto de la entrada »

En el Día del Pueblo Gitano: ¡Opre Romnjna! ¡Arriba las mujeres!

Por Patricia Caro Maya

El día 8 de abril  de 1971 se declaró en Londres el Día Internacional del Pueblo Gitano  y se institucionalizó  la bandera gitana, pero desgraciadamente este día se convierte a menudo en el día Internacional del Payocentrismo Patriarcal. No sólo celebra la imposición de los intereses antigitanos como centro de las políticas,  sino que además celebra su desconexión total de los derechos kalés con perspectiva interseccional.

La benevolencia  perversa que toma este día en los actos institucionales de alto abolengo, se vuelve  hostil si analizamos  las políticas de género impuestas sobre las kalís. Su mayor producto es normativizar  un estereotipo de mujer incapacitada a causa de su cultura. Pero tranquilas, las instituciones políticas han decidido unilateralmente una solución: negar la violencia de género estructural  y  capacitar  para el acceso a un  trabajo  precario que sustente los cimientos  del ensamblaje neoliberal. La  estrategia es sencilla e histórica: división sexual del trabajo, control reproductivo y negación de la economía feminista kalí.

Si a esto añadimos, un principio explícito en estas políticas donde se establece  que las comunidades romaníes no podemos gestionar nuestros propios recursos ¿Qué vía podemos escoger la kalís para contribuir a la igualdad de género en la esfera pública? ¿Cómo afectará eso a nuestras vidas privadas? ¿Y a nuestros derechos? Si nos impiden  gestionar  los recursos destinados a nosotras ¿Quién se supone que está capacitado? Como siempre, al amparo de este principio,  ya existían almas caritativas masculinas  bien  organizadas y predispuestas a  llevar la “pesada carga” de supervisar, dirigir y normativizar de manera paternalista los recursos  destinados a nuestros derechos y nuestras necesidades  (una pista: ninguna pertenece a la cultura gitana).

Afortunadamente, la debilidad democrática de esta alianza patriarcal contra los derechos de las kalís está absolutamente desconectada de la realidad viviente y activa de nuestras comunidades. Son justo las kalís más invisibilizadas  las que desde aquellas organizaciones comunitarias que tienen menos recursos, redes informales o de forma  individual,  trabajan de manera incansable por mitigar y revertir los efectos de este tipo de políticas. No obstante, a causa de la asimetría de poder, aunque sigue siendo necesario su esfuerzo, no es suficiente para conseguir que los derechos se hagan realidad.

Por eso, el Día Internacional del Pueblo Gitano no es un día para celebrar el Payocentrismo Patriarcal. Hoy, como todos los días del año, hay que concienciar a la sociedad española (paya y kalí), así como las élites políticas, de que es necesario aceptar el impacto fascista del antigitanismo de género. Es un día para construir un marco común entre instituciones payas y kalís con perspectiva interseccional  que transforme nuestras relaciones en una herramienta que contribuya al desarrollo democrático del país. Sabemos ya las cosas que no funcionan, ahora toca renovar las ideas paulatinamente y dar paso a nuevas estrategias  que generen un avance significativo en el ejercicio  de nuestros derechos.

Por todo ello, deseo la LIBERACIÓN  de su “pesada carga” a las almas paternalistas que se disfrazan de caridad y REIVINDICO  que  los derechos de las comunidades kalés con perspectiva interseccional dejen de ser el negocio de la marginalidad para ser el primer logro democrático del S.XXI.

En aras de afirmar la internacionalidad ancestral de la fuerza y resistencia del Pueblo Gitano con perspectiva de género y en avance de las democracia española,

Opre Romnjna!!! (¡Arriba las mujeres!)

Patricia Caro Maya es activista por los derechos de las mujeres, especializada en mujeres romaníes (Romnja). ‘Mover los cimientos del Patriarcado antigitano es mover los cimientos del Patriarcado sin fronteras en la búsqueda constante de nuestro Derecho a vivir como Humanas’.

Patricia y la otra isla

Por Ana Belén Terrón

Hay personas que anidan en tu corazón y que te impregnan, inevitablemente, de poesía. En República Dominicana, frente a la pobreza extrema impuesta por unos pocos, Patricia pone verbo a la cita de Bertolt Brecht: ‘Hay las que luchan toda la vida, esas son las imprescindibles’

En medio de playas paradisíacas y de plácidos resorts existe otra isla. La de la gente que se organiza ante la ausencia de estado, ante un gobierno que beneficia a una minoría privilegiada. Cierto es que en todas las naciones latinoamericanas ha habido casos de corrupción, pero en República Dominicana los escándalos afectan a todos los poderes, organismos especiales y cuerpos castrenses. No hay un solo estamento estatal que no haya sido permeado por la corrupción, y pocos procesos judiciales iniciados suelen acabar desestimados, con los presuntos corruptos en la calle y mas limpios que un santo.

Patricia Gómez, lideresa que defiende a los habitantes de los barrios en la organización COPADEBA en República Dominicana. Imagen de Jorge Fernández Mayoral / Oxfam Intermón.

Esta corrupción superlativa produce una consecuencia directa en el 99% de la población: La desigualdad. No es baladí que República Dominicana sea uno de los países con mas crecimiento económico de Centroamérica y, a su vez, uno de los más desiguales.

Ampliemos el zoom hasta Sabana Perdida, un barrio olvidado por el gobierno. No es el único, ni mucho menos, pero este es el barrio de Patricia, nuestro barrancolí de plumas verdes. El gobierno no se ha molestado en levantar aceras en las calles, así que los vecinos se han puesto manos a la obra. Ante esta dejadez los vecinos se hermanan, y es en este contexto de iniciativa comunitaria por la dignidad donde Patricia colabora en la creación de COPADEBA (Comité para la Defensa de los Derechos Barriales) y Ciudad Alternativa. Durante los años 1979 y 1991, en República Dominicana se inicia un ciclo de protesta que proporcionó un contexto histórico favorable para el nacimiento de estas organizaciones.

La historia de Patricia es, sin duda, la historia de la lucha de los barrios y de sus victorias, pues han logrado doblegar al gobierno en muchas de sus reivindicaciones. Sin embargo, protestar no era suficiente, también había que organizarse, entender la realidad social y política de la sociedad, informarse y dotarse de nuevas herramientas de cambio. El terreno se gana gracias a las “protestas con propuestas”. En Sabana Perdida, la organización comunitaria, el empoderamiento político de la gente, tiene forma de mujer, de madre con tres hijos que ha sacado adelante a su familia, que se ha graduado en trabajo social para seguir poniendo piedras a una gran fortaleza, la de construir un pueblo organizado que libre un pulso a la minoría privilegiada y le diga al mundo: “Somos ejemplo, esperanza, somos el verde”.

Creo en el trabajo comunitario como hilo que teje el cambio, Patricia y el movimiento verde lo están demostrando día a día. Pero el concepto de comunidad debe trascender fronteras. Los lazos del cambio político y de la lucha por la igualdad no entienden de límites territoriales, y el efecto mariposa se entreteje en la concepción de cooperación internacional. En la maleta me traigo la certeza de que sus victorias son las nuestras, y el compromiso personal de reforzar el hilo de este ovillo infinito desde el Congreso de los Diputados. Un impulso bien orientado desde España, una palmada fuerte al presupuesto y a las estructuras de cooperación internacional, pueden marcar la diferencia. Cuando Sibila leía el futuro aseguraba que nada podía cambiar, que el destino estaba escrito en piedra. Yo pienso que solo es cuestión de voluntad, política, en este caso.

Ana Belén Terrón es diputada de Podemos en el Congreso por Granaday trabajadora social. Ha viajado a Mauritania con el Proyecto Héroes de la Ayuda que impulsa Oxfam Intermón

Avanzadoras: en el camino del reconocimiento

Por Belén de la Banda

Lo que no se reconoce, no existe. Cuando se acerca la fecha del 8 de marzo, en la redacción de 20minutos y en las oficinas de Oxfam Intermón sentimos una emoción muy especial. Llega el momento del reconocimiento.

Entrega del premio Avanzadoras 2016. Mariú d’Errico y voluntarias de su organización, ACOPE, en compañía de Arsenio Escolar, director de 20 Minutos, Melisa Tuya y Sole Giménez. Imagen de Elena Buenavista / 20 minutos.

Nos hemos empeñado en abrir cada año una oportunidad para que cientos de personas piensen en las mujeres de su entorno que merecen ser mucho más conocidas de lo que son, recibir más apoyo del que tienen. Mujeres con compromiso, con criterio, con liderazgo. Mujeres con causa.

Así que cada año por estas fechas convocamos el concurso Avanzadoras. Buscamos a esas personas que con su actividad hacen mejor el mundo a su alrededor. Se nos ocurren muchos ejemplos, pero sobre todo, sabemos por experiencia que hay personas que conocen muchos más.

No quisiera estar en la piel de María Solanas, Coordinadora de Proyectos del Real Instituto Elcano, de Melisa Tuya, editora de blogs y especiales de 20 Minutos, o de Marcela Ospina, Directora de Comunicación de Oxfam Intermón, que compondrán el jurado este año.

En las ediciones anteriores, gracias al premio Avanzadoras, conocimos a Sagrario Mateo, una Avanzadora navarra contra la violencia que ayuda a otras mujeres a superar lo que ella misma había sufrido.

En 2015 celebramos el compromiso de 360 grados de Mabel Lozano contra la trata de personas, convertido en la mayor implicación audiovisual y personal que puede tenerse. Con su documental ‘Chicas nuevas 24 horas’ ha viajado por todo el mundo para visibilizar la trata y contribuir a erradicarla de una vez por todas.

Y el año pasado nos encontramos con Mariú d’Errico, una voluntaria que durante más de treinta años ha acompañado y ofrecido oportunidades de reinserción a mujeres presas de diferentes prisiones en nuestro país. Fueron sus compañeras de voluntariado quienes pensaron que el premio Avanzadoras ayudaría a crear conciencia social sobre la situación de estas mujeres.

Cada año, las premiadas y las finalistas nos llenan de esperanza. Y nos emociona la cantidad y calidad de las propuestas. Vemos que con su liderazgo y su pasión hacen posibles muchos cambios en nuestra sociedad.

Seguro que se te ocurren ejemplos. Si conoces a una Avanzadora que merezca un homenaje, preséntanosla. Cuéntanos su historia. Haz posible que el 8 de marzo miles de personas tengan oportunidad de conocerla y apoyar su causa.

Belén de la Banda es periodista y trabaja en Oxfam Intermón. Comprometida con el Proyecto Avanzadoras.

La ruta del peligro múltiple

Por Tania Sordo Ruz

Con las pretensiones de Trump de construir muros, tanto visibles como simbólicos, muchos líderes y lideresas europeos se están llevando las manos a la cabeza por el trato que el gobierno de Estados Unidos está dando a las personas migrantes y refugiadas. Mientras, paradójicamente, en Europa se cierran fronteras, existen numerosos muros y vallas,  y vivimos una violación masiva y continua de los derechos humanos de las personas que llegan a nuestro territorio en busca de refugio.

Una refugiada siria abraza a su hijo en un edificio abandonado en Atenas. Imagen de Laura Martínez Valero / Women’s Link Worldwide

En Women’s Link Worldwide hemos documentado la violencia específica que sufren las mujeres y niñas migrantes y refugiadas en territorio europeo. Tienen mayor riesgo de ser víctimas de trata con fines de explotación sexual, de ver vulnerados sus derechos sexuales y reproductivos o de que se obstaculice su derecho al asilo, simplemente por ser mujeres. Además, las precarias condiciones de alojamiento, aseo, iluminación y seguridad en los campamentos las ponen en riesgo ante la violencia sexual. El acceso a servicios de salud es mínimo, las mujeres embarazadas no están recibiendo tratamiento médico adecuado y tampoco hay asistencia médica para bebés recién nacidos y niños pequeños, que se encuentran expuestos a múltiples enfermedades.

Sin embargo, la Unión Europea y sus instituciones han ignorado de forma sistemática esta situación, tomando decisiones basadas en intereses políticos y económicos, y no en los derechos humanos. El Acuerdo entre la Unión Europea y Turquía es uno de los máximos exponentes de estas decisiones. Por ello, desde Women’s Link interpusimos una queja ante la Defensora del Pueblo Europeo en la que exigimos que la Comisión Europea llevara a cabo una evaluación del impacto que el Acuerdo ha tenido en las vidas de las mujeres y las niñas, como debería haber hecho desde el inicio.

La Defensora admitió nuestra queja, inició una investigación y recientemente ha emitido su decisión, que ha sido muy clara: la Comisión no ha cumplido sus obligaciones con los derechos humanos. A partir de ahora, mientras el Acuerdo esté vigente, la Comisión tiene la obligación de incluir en sus informes una sección independiente centrada en el respeto de los derechos humanos, con una perspectiva de género y de protección de los niños y las niñas.

La Comisión ha anunciado que presentará su próximo informe en marzo. A la espera de dicho informe, continuaremos vigilantes para lograr que la decisión de la Defensora del Pueblo Europeo se convierta en una nueva oportunidad para la Unión Europea de hacer las cosas bien. Es el momento de que actúe conforme a sus principios y valores y demuestre que le interesa proteger a las personas y no a los muros.

Tania Sordo Ruz es abogada de Women’s Link Worldwide 

Las palabras sanadoras de las mujeres de Colombia

Por Belén de la Banda

Miles de mujeres están dejando atrás en Colombia el que parecía un destino inexorable de víctimas. En unos años han superado todos los tipos -los más extremos- de violencia, de marginación, de subordinación, de desprecio y maltrato en el ámbito público y en el privado. Han logrado participar de manera activa y determinante en el camino hacia la paz en su país, para salir de un terrible conflicto bélico.

Mujeres con los pies en la tierra han hecho realidad el proceso de paz en Colombia. Imagen del proyecto Mujeres al frente, de Lula Gómez.

Nada es fácil para ellas aún hoy, pero las mujeres de Colombia han conseguido contribuir a la paz cambiándole el ADN al proceso. Un proceso de paz que pretendía pasar por encima de ellas como lo había hecho la guerra. La inteligencia colectiva de las mujeres colombianas logró hacer entender que una paz sin ellas no tenía ninguna oportunidad de ser auténtica, o de durar.

La paz en Colombia no puede dejar a un lado a mujeres como Patricia Guerrero, que fue jueza y que creó la Ciudad de las Mujeres para permitirles vivir en paz en los peores tiempos del país. O Nelly Velandia, la voz de seis millones de mujeres campesinas. O Mayerlis Angarita, que sobrevivió al conflicto y fundó Narrar para vivir, o la luchadora Luz Marina Bernal, que inició una lucha que aún no termina para reivindicar la memoria de su hijo asesinado en un ‘falso positivo’. O Beatriz Montoya, Vera Grabe, Luz Marina Becerra… Cada una de ellas con un trauma y un dolor imposible de medir a sus espaldas, han protagonizado trayectorias impresionantes. Y cada una ha pensado la paz y la ha compartido. Y ha exigido compartirla cuando nadie le invitaba a estar en ese proceso.

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Una ruta entre mujeres

Por Patricia Reyes

Mientras deshago la maleta, multitud de imágenes regresan a mi cabeza. Me doy cuenta de que en ellas aparecen siempre mujeres. Mujeres, las diputadas que decidimos viajar con Oxfam Intermón. Mujeres, las representantes de esta ONG que vinieron con nosotras. Mujeres, las que nos sirvieron de guía en esta ruta maravillosa y sobre todo, mujeres sirias que escapan de la muerte para encontrarse con otro tipo de muerte en vida: la falta de libertad. Para ellas, esta falta de libertad es doble, la que ya sufren en su entorno por el hecho de ser mujer y la de vivir  en un campo de refugiados.

Patricia Reyes, junto con otras dos diputadas, visita el centro comunitario de ARDD (Arab Reinaissance for Democracy & Development) en Jordania, donde defienden el acceso de las mujeres a la justicia. Imagen de Jorge Fernández Mayoral.

Hemos vivido emociones fuertes en apenas cinco días y de repente, soy consciente de que no he tenido tiempo de analizar todas esas sensaciones. Intento hacerlo a través de las imágenes que vuelven ahora a mi mente.

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Mujeres que no bajan la cabeza

Evelyn Recinos Contreras

Una de ellas cuenta que Siria, su ciudad, era tan bella como el paraíso. Otra dice que su vida era buena, que estaba enamorada y que el amor de su familia la hacía feliz. Una cuenta que se quedó viuda a los 35 y nunca se volvió a casar, porque un amor así de bueno no se encuentra dos veces en la vida. Otra nos explica que su casa en Siria era una fiesta, que ella era una excelente cocinera y sorprendía a propios y extraños con sus creaciones culinarias. Una de las más jóvenes dice que quería estudiar y convertirse en periodista. Y otra pequeña cuenta que su madre olía a rosas y que su lugar favorito en el mundo era ese, acurrucada en su regazo.

Nos dan lo único que les queda: la verdad. Imagen de Laura Martínez Valero / Women Link Worldwide.

Muestran fotos en las que no las reconozco, se ven tan jóvenes y felices, me hablan de la vida que dejaron, de sus casas en el campo, de sus aventuras de juventud, de los sueños que tenían, de las bondades de su tierra.

Estas mujeres han visto morir a sus seres queridos en sus brazos, han sufrido el terror de la guerra en sus cuerpos y almas, han pasado meses enteros despidiéndose de sus hijos antes de dormir porque no sabían si sobrevivirían. Han pasado hambre, terror, calor, frío, han sido golpeadas, han caminado durante días y noches, han sido explotadas, han vivido en la calle por meses interminables, han perdido la noción del tiempo, el cabello, el hierro de la sangre, la capacidad de dormir, el apetito, han perdido tanto…

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Cuando la violencia es costumbre

Almudena Rodríguez García

María quiere ver esta noche  un programa  sobre  violaciones a  mujeres en R.D del  Congo.  Tiene 39 años y lleva dos en el paro. La echaron del trabajo al poco de volver de la baja maternal. Sus amigas, vecinas  y familiares  la dicen que no se preocupe. Que mientras esté en el paro puede disfrutar  de su hijo. Que trabajar y   cuidar de un hijo  es difícil.  Al fin y al cabo tiene un marido que la mantiene. Que  aproveche y  que disfrute. Sobre todo eso,  que disfrute.  Lo   mismo la  dijo la directora de recursos humanos el día que firmó el finiquito: ‘hala, María guapa, veras qué bien vas a estar en casa, ahora a disfrutar de tu hijo, que es lo que tienes que hacer’.   María  estudió una carrera, un máster, habla idiomas, cuenta con años de experiencia laboral pero no consigue un puesto de trabajo. Pasa casi todo el tiempo  entre la casa, el supermercado y  el parque.

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Empieza el programa,  mira la pantalla y piensa en la  mala suerte que tienen las mujeres del Congo.  De repente,  se acuerda que tiene que explicarle a su marido que  ha estado en la oficina del paro  y que no tiene derecho a ninguna ayuda tras acabarse el subsidio de desempleo. Es más joven de 45 años y su marido tiene un buen sueldo. Así que el Estado se desentiende de ella.   Al salir de la oficina del paro se ha cruzado con un baboso que le ha soltado un piropo. Maria se ha enfrentado a  él y éste ha acabado llamándola puta . María vuelve al documental. Una mujer joven  está explicando como la violaron un grupo de hombres.  El cerebro de María la lleva a cuando tenía 18 años. Recuerda  la sensación de  miedo que sentía cuando salía por las noches y volvía  sola a casa. Se acuerda  de caminar deprisa, de cambiarse de acera cuando  se cruzaba con un hombre. Todavía hoy sigue sintiendo ese miedo. Mientras, en la pantalla, la mujer sigue explicando la violación.  María vuelve a pensar que las mujeres del Congo tienen muy mala suerte.

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Ellas dan la nota

Por Nuria Coronado

Para quienes hacen oídos sordos a la violencia machista día sí y día también. Para quienes creen que la desigualdad y la discriminación son inventos de feministas trasnochadas. Para esos hombres y mujeres que dan la espalda a que tengamos los mismos derechos, el grupo de cuatro artistas Ellas dan la nota compuesto por Cristina del Valle, Mercedes Ferrer, Aurora Beltrán  y Estela María, lleva quince años subiéndose a los escenarios de medio mundo para decir basta.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Ellas dan la nota, en concierto. Imagen del grupo.

Y lo hacen como mejor saben: entonando voces, afinando acordes, arrimando el hombro a ritmo de melodías. ‘Somos un grupo de mujeres artistas que a través de la música denunciamos la violencia contra las mujeres en cualquier lugar del mundo y en cualquiera de sus formas Con nuestras actuaciones tratamos de concienciar que un sociedad desigual es una sociedad enferma que acabará agonizando y provocando por el camino demasiado sufrimiento entre los millones de mujeres y niñas que la padecen’, dice Mercedes.

Para estas cuatro cantantes unir sus voces es hacer frente a lo que tanto duele y sin embargo se ignora. ‘Cantar es curar heridas, es llegar a través de la cultura y de la música al corazón y a la sensatez. Cada canción es un bálsamo, una pomada que cierra heridas y cambia conciencias. Es la mejor manera que tenemos para provocar y promover un Pacto de Estado contra la violencia machista’, añade Ferrer. Y es que con sus canciones pretenden borrar el mapa de la vergüenza de nuestro país y dibujar el del orgullo femenino. ‘A nosotras nos importa que cada año un centenar de mujeres sean asesinadas en España, que más de 1.000 mujeres sean violadas, que 500.000 sean traficadas sexualmente o que más de 400 se suiciden teniendo detrás un cuadro de violencia cada año, cifras que jamás aparecen en los datos oficiales’, subraya la cantante.

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