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Archivo de la categoría ‘Mujeres’

La gran preocupación de todos los días

Por Dori Fernández Hernando

Empiezo el día echando un vistazo a Twitter, mi lista de prensa resume en unos cuantos tuits la actualidad y me sitúa. Después miro por encima el correo, la alerta diaria creada en Google sobre mujeres asesinadas no falla ninguna mañana. Es un recuento amargo, pero necesario.

No sirve de nada decir que hemos cerrado el año con 60 víctimas mortales por violencia de género; eso no muestra la magnitud del problema que tenemos como sociedad, aunque deja tranquilos a quienes han de proporcionar los medios para erradicarlo. Total, solo son media docena cada mes… y afortunadamente –para ellos- solo hay datos oficiales desde el año 99.

Mujer. Imagen de Issara Willenskomer.

Mujer. Imagen de Issara Willenskomer.

Por eso, hace ya cuatro Navidades que me entretuve en rastrear y contrastar las cifras sobre mujeres asesinadas por violencia machista en el ámbito de la pareja o expareja con el objetivo de añadirlas a las oficiales y dar mayor magnitud al problema, si cabe.

Para alguien como yo, nacida y criada en el revuelto Bilbao de los años sesenta, la comparación fue inevitable: las víctimas mortales por terrorismo en los últimos 45 años ascendían a 1.222 (fuente: Fundación Víctimas del Terrorismo); las del otro terrorismo, el machista, ascendían a 1.202 sólo desde enero de 1995 hasta el 26 de diciembre de 2012. Desde entonces, cada nuevo asesinato se suma a esa cifra.

Con motivo de este nuevo 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres) tengo previstos talleres con adolescentes en unos cuantos institutos de la provincia, charlas con profesionales de ayuntamientos, con asociaciones de mujeres, hasta en una Escuela de Madres y Padres el mismo día 25 en Sanlucar La Mayor (Sevilla).

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Las tres vidas de Fati Marmoussa

Por Yasmina Bona

Fati sonreía cuando la conocí y cuando me despedí de ella. Sentadas bajo un cobertizo de paja en el patio de su casa, me explicaba cómo es su día a día en esta zona rural del centro de Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo. Ella es agricultora, mujer y madre. Reúne tres características que la convierten en un perfil muy vulnerable ante los efectos que el cambio climático está provocando en su país. Sequías e inundaciones extremas ponen en peligro la supervivencia de sus habitantes, y las mujeres, especialmente, están en la cuerda floja.

Como el 80% de la población de Burkina Faso, Fati es agricultora y se alimenta gracias a lo que consigue hacer crecer en sus campos. Su vida acumula muchas horas de trabajo cultivando. No fue a la escuela, lo aprendió todo de sus padres, y ahora es ella quien mañana y tarde trabaja en el campo junto a su marido para asegurar que sus tres hijos tengan algo para comer.

Pero en los últimos años, la cesta de Fati está más vacía. El clima ha cambiado, llueve menos y cuando lo hace, la lluvia es tan violenta que provoca inundaciones. Sus cosechas de sorgo y maíz apenas sobreviven a los antojos de un clima cada vez más extremo e impredecible. Las sequías se eternizan y los alimentos escasean. Y entonces, llega el hambre: ‘Vendemos nuestros animales para pagar los cereales, pero aún así tener comida sigue siendo un problema´ comenta Fati sin perder la sonrisa, como tratando de evitar la desesperación: ‘Hubo un momento en el que ya no llegaba a alimentar a mis hijos. No tenía nada más’.

Fati Marmoussa, en su campo de sorgo, en el centro de Burkina Faso. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Fati Marmoussa, en su campo de sorgo, en el centro de Burkina Faso. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

En los países más vulnerables a los efectos del cambio climático, las mujeres son las que más padecen sus consecuencias por varias razones relacionadas con su papel en la sociedad. Cuando falta la comida porque la cosecha ha sido mala debido a la sequía o las inundaciones, son las mujeres las que reducen la ingesta de alimentos, con los consiguientes efectos: cansancio y problemas en su salud y en la de sus bebés.
Con 26 años, Fati ya tiene tres hijos, y con ellos tiene que caminar largas horas para acudir al médico cuando enferman. Aunque desde hace un tiempo percibe que las enfermedades se han reducido en su comunidad. La instalación de un pozo de agua potable en Tafgo, donde vive, ha sustituido al estanque en el que antes las mujeres se aprovisionaban de agua sucia que usaban para beber y cocinar. ‘Hubo un cambio positivo en nuestras vidas porque antes bebíamos y cocinábamos con agua del estanque, y teníamos muchas enfermedades’.

Fati recuerda la instalación del pozo como un día de celebraciones entre las mujeres de su pueblo. Ir a buscar agua es una tarea tradicionalmente encomendada a mujeres y niñas, por lo que tener agua cerca, permite a las mujeres ahorrar tiempo que pueden dedicar a otras actividades productivas y a las niñas, poder ir a la escuela.

La malnutrición infantil es uno de los frentes de batalla del país que en los últimos años el cambio climático no ha hecho más que agravar. En la zona del Sahel, castigada con crisis alimentarias recurrentes, unos 5,9 millones de menores de cinco años sufren de malnutrición aguda
Fati participa en talleres para prevenir la malnutrición de sus hijos. La comunidad de Tougouri, donde vive, forma parte de un proyecto desarrollado por la organización local ATAD y Oxfam Intermón para fortalecer la capacidad de adaptación de las personas de las zonas rurales más pobres del país ante unas condiciones climáticas extremas. En las formaciones, madres como ella aprenden a sacar mayor provecho de los alimentos que cocinan para suministrar los nutrientes necesarios a sus hijos en función de la edad, y conocen mejor las normas de higiene que pueden seguir para evitar enfermedades. ‘He cambiado de hábitos respecto a la alimentación de mi familia. Cubro los platos que tienen comida y no los dejo en cualquier sitio. Con las formaciones, tenemos salud’, comenta Fati, que comienza a ser dueña de su propio desarrollo.
Agricultora, mujer y madre africana, Fati tiene todas las papeletas para sufrir mucho ante los efectos del cambio climático. Junto con millones de personas más que viven en el lado más vulnerable del planeta, necesita que nos movilicemos para exigir compromiso. Vidas como la de Fati deberían estar sobre la mesa en la cumbre de Cambio Climático de Marrakech, para que quienes más contaminan se hagan cargo de su responsabilidad. El cambio climático es un fenómeno más de desigualdad: afecta más a quienes tienen menos. Pero podemos pararlo.

Yasmina Bona es periodista y trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón. Ha viajado a Burkina Faso para conocer directamente cómo sufren las comunidades campesinas del centro del país las consecuencias del cambio climático.

50 días gratis al año: el trabajo que no cobran las mujeres

Por Lara Contreras

Soy mujer y en mi caso personal no trabajo 50 días gratis. No lo hago porque trabajo en una organización donde los hombres y las mujeres ganan el mismo sueldo por hacer el mismo trabajo. Todas y todos trabajamos mucho. Y lo hacemos para, entre otras cosas, que las mujeres no estén desde el día de hoy trabajando gratis hasta final de año, como indican las estadísticas.

Una gran parte del trabajo de las mujeres no se remunera ni se valora. Imagen de Tran Mau Tri Tam / Unsplash.

Una gran parte del trabajo de las mujeres no se remunera ni se valora. Imagen de Tran Mau Tri Tam / Unsplash.

Oxfam Intermón acaba de sacar el informe: ‘Bajan los salarios, crece la desigualdad: el impacto de las diferencias salariales en los hogares’. En este informe se pone de manifiesto como la desigualdad salarial es una de las principales causas de la desigualdad y como las caídas salariales han perjudicado a los colectivos más vulnerables. Este es el caso de las  mujeres que son las más perjudicadas por estas diferencias salariales. A nivel global, y a pesar de la incorporación de más de 250 millones de mujeres en el mercado laboral, su nivel salarial en 2015 es el mismo que el que disfrutaban los hombres 10 años atrás, en 2006.  De seguir a este ritmo, no será hasta 2133 que se conseguirá cerrar la brecha económica entre mujeres y hombres.

España es un caso paradigmático de cómo la desigualdad salarial afecta a las mujeres trabajadoras -que ganan un 18,8% menos que los hombres- lo que implica que la mujer trabaja 50 días más que el hombre para conseguir el mismo salario. Es decir, desde hoy hay millones de mujeres que van a trabajar por nada.

Además, hay muchas más mujeres que hombres que cobran el SMI o menos, que en España es irrisorio para satisfacer las necesidades básicas, el 18,6% de las mujeres trabajadoras tuvo salarios menores o iguales al mínimo, frente al 8,3% de los hombres. También ostentamos la medalla de plata de la UE en mujeres trabajadoras pobres.

Ana es trabajadora doméstica en Barcelona y cobra alrededor de 700 euros netos. Mujer, con 51 años y 2 hijos, con experiencia profesional pero sin formación reglada superior tuvo que encontrar una salida en el sector doméstico. Hoy vive en una vivienda de alquiler social, con su marido -en situación de paro de larga duración-, su hijo de 21 años y su hija pequeña. Siente que esos 700 euros netos, ante todo, le roban oportunidades a su familia y sus hijos.

Ana nos cuenta como ganar tan poco le ha hecho aislarse porque no puede tener vida social, le obliga a comer menos sano y le hace alegrarse de que su hijo no quiera ir a la Universidad porque, si hubiera querido, le tenía que haber dicho que no podía pagarla. Ganar un salario digno, ganar lo mismo que un hombre y tener las oportunidades que un hombre cambiaría su vida, le evitaría avergonzarse de ser pobre.

El hecho de que las mujeres tengan que ocuparse del trabajo de cuidados las relega a trabajos más precarios y peor pagados, además de impedirles progresar profesionalmente al mismo ritmo que los hombres. Y como ya hemos dicho antes, muchas mujeres aunque progresen ganan menos que los hombres por el mismo trabajo. Esto realmente no tiene explicación. Yo como mujer, no lo admito.

Según el presidente de la CEOE, la incorporación de las mujeres al trabajo es un problema porque no se puede crear trabajo para todos. Este tipo de afirmaciones es alarmante porque prioriza de nuevo el trabajo de los hombres frente al de las mujeres. La sociedad ya no las admite, nos avergonzamos de ellas.

Por eso, lanzamos la voz de alarma. Es urgente que nuestros políticos establezcan medidas para eliminar la brecha salarial de género penalizando a las empresas que establezcan salarios diferentes para categorías laborales idénticas en función de si son ocupadas por hombres o por mujeres. También a través de mejoras en la conciliación de la vida personal y familiar, la distribución y reparto de los cuidados.

perfil-lara-contrerasLara Contreras es Responsable de Contenidos e Incidencia en Oxfam Intermón

Mucho más que capacidad: Irene Villa, Lary León y Nachi Picas

Por Nuria Coronado

Cuando la vida te da un zarpazo, de esos que te dejan vacía y sin saber hacía donde mirar, es cuando hay que plantarle cara, con más determinación y fuerza que nunca. No nos queda otra, o nos lamemos las heridas para curarlas o quedaremos presos del destino. Y es que levantarse tantas veces como caigamos es la única manera de conocernos, auto descubrirnos y ni más ni menos vivir.

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Irene Villa, un ejemplo de superación, como Lary León y Nachi Picas. Imagen: Wikipedia

Dirás que esto se dice o se escribe fácil y que a ver quién es la valiente que se supera cada día frente a la adversidad. Pues haberlas, haylas. Quédate con estos tres nombres y apellidos porque si ellas pueden ¿cómo no vamos a seguir su ejemplo el resto? Son Irene Villa, Lary León  y Nachi Picas. Sus vidas, vistas desde los ojos de quienes no sepan que la discapacidad es sinónimo de diversidad y riqueza, serían como las del estribillo de la vieja copla: de dar pena, penita, pena. Y de eso, ninguna de ellas son de dar.

Este triplete de luchadoras natas lo son porque viven la adversidad desde el lugar más hermoso: desde el corazón y lejos de echarle la culpa a las circunstancias han sabido hacerse amigas de ellas para cambiar el odio o el rencor por la paz de saberse felices.

Irene Villa se dio de bruces contra el destino el 17 de octubre de 1991 cuando ETA le cortó su vida, varios miembros pero no sus sueños. ‘La tragedia y la desgracia no se eligen pero si la actitud que tengamos’, comentó recientemente en #RedGeneración de @adecco_es un encuentro para animar a los estudiantes a enfrentarse a las dificultades de la vida. Tras el terrible atentado, tuvo a su familia a su lado, en especial a su madre, para recordarle que la elección es la que marca el destino. ‘Hija, puedes llorar, patalear y ser una desgraciada por lo que te ha ocurrido o puedes decidir que has nacido de nuevo y tienes una vida entera para pelear. Tú eliges‘. Y a pesar de que no tiene varias partes de su cuerpo, se siente completa. ‘A todos nos falta algo, lo importante es disfrutar de lo que conseguimos. Mi discapacidad me hace funcionar desde el lado del amor, pero me siento igual de capaz que cualquiera’, subraya.

Lary León es otro gran ejemplo de resiliencia. Para esta sirena marcada por el tesón y una gran sonrisa la vida es como un proverbio hindú ‘si crees que hay algo que ha acabado mal es que seguramente todavía no ha acabado’. Ella desde el mismo día que nació (un 14 de enero de 1973) no ha dejado, deja ni dejará indiferente a nadie. Sus brazos son dos muñones y solo tiene una pierna. Pero se vale y se sobra tanto para unas lentejas de las que presume como si fuera el mismísimo Arguiñano, como para presumir con sus tacones imposibles o para ser la alegría de cualquier situación cotidiana. ‘La necesidad, la falta de algo es lo que te empuja, es lo que mueve el mundo’. 

Por último está Nachi Picas, una joven chilena de 18 años ciega de nacimiento que ha sabido buscar su talismán interior y tornar su discapacidad en su mayor fuerza y don. Como dice en su libro Ser feliz es gratis (Lid Editorial): Aunque a veces no lo sepamos, la felicidad está más cerca de nosotros de lo que parece y, además, no cuesta dinero. Tan sólo hace falta mirar con los ojos del corazón para darse de bruces con ella y crecer como personas’. Y es que Nachi no solo ha logrado cambiar la legislación sobre educación en su país para allanar el camino de la integración de los discapacitados sino que su testimonio como conferenciante internacional, junto con el de sus familiares, es el fiel reflejo de saber que siempre se puede. ‘La vida es como una montaña rusa. Tiene sus altos y sus bajos pero es uno quien decide si pasar miedo o disfrutar del viaje’.

Después de conocerlas ¿sigues creyendo que no puedes o que tu vida no es la que esperabas?

NuriaCoronadoNuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio

 

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Metafísico: nuestro cuerpo contra nosotras mismas

Por Lula Gómezlula-sobre-mc3ad

¿Hay algo más allá del físico?, ¿me queda grande el mundo o la ropa pequeña? Aprieta bien, que no se note que soy mujer”, se escucha en el vídeo Metafísico, ideado por cuatro jóvenes de la Casa de la Juventud de Villarejo, Madrid, para repensar qué le pedimos al cuerpo y cómo nos esclavizan los cánones. Porque la mayoría, obedecemos, domesticados, especialmente nosotras, mujeres, que caemos esclavas ante la dictadura de los kilos, las arrugas, las canas, las manchas, los años y las verrugas. Resulta fácil de explicar: la sociedad durante siglos nos ha convencido del valor social de nuestros cuerpos y de una belleza que se pesaba en kilos y en cánones, los que dictaba ella. No es nuevo. Hace ya tres siglos Mary Wollstonecraft escribía: ‘Enseñadas desde su infancia que la belleza es el cetro de las mujeres, la mente se amolda al cuerpo y, errante en su dorada jaula, solo busca adornar su prisión’.

metafisico

Fotograma del corto Metafísico.

En el caso de este corto, la idea surgió a partir de que una de las “ideólogas” no se gustaba: pesaba más de lo estándar y quería dejar de hacer teatro, su afición.

Metafísico les sirvió para darle la vuelta a la tortilla y descubrir cómo se usan la feminidad y la belleza como trampas que nos llevan a un “elimina, quita, reduce, deshaz, disminúyete”… Y así, talla a talla, crema a crema, centímetro a centímetro, nuestro cuerpo se vuelve contra nosotras mismas. Todo, porque lo dicen las revistas, la televisión y los cánones de esbeltas y delgadas. Todo porque el cuerpo de las mujeres se ha convertido en lugar público hacia el que también se ejerce violencia. Aceptamos la domesticación del mercado –a quien le interesa vender- y nos convertimos en mercancía, dejamos de ser libres. “Es hora de quererme. De romper el estereotipo. No necesito la aprobación de nadie”, se escucha en el vídeo de las jóvenes madrileñas como grito de libertad ante la imposición de ser delgada.

Se trata de romper con el yugo de la báscula y las imposiciones. La feminista  Naomi Wolf en su libro El mito de belleza lo expresaba de una forma nítida y clara: ‘Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil’.

El pequeño vídeo es bello, de una belleza enorme, una belleza que no se pesa. firman: Martina García Morente, Miriam González Díaz, Beatriz Luis Piñero y Ramón Fernández González. Merece la pena verlo.

Lula Gómez, escritora y periodista todoterreno. Actualmente dirige su propia agencia desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia.

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Mujeres en campaña: Isabel García Tejerina (PP)

Por Nuria Coronado

La vallisoletana Ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente afronta esta nueva campaña como un nuevo reto. Es más, dice que “ni me asusta ni me cansa recorrer de nuevo España” de cabo a rabo porque le apasiona su cargo. “La campaña es una prolongación de mi trabajo como Ministra, pero más concentrado”, explica. También tiene claro que para ella este ritmo frenético hasta el próximo 26J (entre 12-14 horas) es mucho más fácil que para el resto de políticos ya que está soltera y no tiene hijos. “Tiene que hacerse más cuesta arriba y complicado cuando sabes que hay familia en casa y que durante este período apenas se les pueda dar nada de tiempo”, añade.

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Además reconoce que asimilar con naturalidad este horario maratoniano es cuestión de una clave: la disciplina, “o te organizas o nada de ello es posible”. Y como el camino se hace andando Tejerina ve la campaña como una ocasión única para poner su granito de arena en un colectivo tan importante y fundamental como es el de las mujeres “a las que siempre se nos exige más. Tenemos que pasar de la teoría a la práctica en la racionalización de los horarios. Así dejaremos de cargar con todo el peso, respiraremos más, y lograremos que el hombre se implique y corresponsabilice en este sentido”, recalca. “La igualdad requiere conciliación y que las jornadas de trabajo acaben a las seis de la tarde. Tenemos que adelantar la salida de cada puesto laboral para llegar a unas horas normales en las que poder disfrutar como personas”, manifiesta.

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Mujeres en Campaña: Tania Sánchez (Unidos Podemos)

Por Nuria Coronado

Las horas de esfuerzo en los preparativos de la precampaña habían dejada a Tania Sánchez cansada. Sin embargo, ha sido empezar la campaña y el agotamiento se ha tornado en emoción. Tanto que se siente como una rock and roll star:  ‘estoy con las pilas bien puestas, esto es como ir de concierto. A cada acto que vamos se coge energía’, dice. No sabe que será de ella ni del resto de compañeros el 27J, ‘seguramente nos moriremos pero lo habremos dado todo’, bromea.

Tania Sanchez

El sentido del humor de Tania Sánchez no falta nunca en su día a día.

Ahora en este recorrido en el que se pierde la cuenta de los kilómetros hechos Sánchez sabe que es cuando más hay que dar de lo personal, ‘dormimos poco y hacemos muchos kilómetros’, explica. Y lo dice no tanto por las horas que le echa a esto de la política en el día a día, sino porque Tania, la persona, desaparece y da paso a la política. ‘Las horas que se le dedican a la política son siempre muchas (unas 10-12) pero ahora todo se concentra más’, añade.
En cuanto a su opinión a la hora de ver a políticas en los debates en los diferentes medios de comunicación prefiere poner la balanza en lo que la mujer gana y no en ser políticamente correctos. ‘Puede que los medios quieran subirse al carro de la igualdad en este sentido. Sea por esta razón o porque así dan respuesta a la demanda de la sociedad de dar voz a la mitad de la población, todo esto es más que bienvenido. Durante demasiado tiempo el poder ha ido en calzoncillos y también la representación en los medios y por tanto el mensaje que se trasladaba a la sociedad de que solo ellos podían llegar arriba’, comenta.

Se trata de ser igualitarios en la política y en nuestro partido tenemos muchas candidatas muy bien preparadas para ayudar a visibilizar a la mujer y darles el poder que también nos corresponde. La lucha está en normalizar que la mitad de la población es femenina y la mitad de las cosas tienen que estar protagonizada por ellas. Se nos acusa de masculinizarnos y yo creo que si en la anterior campaña se le dio mucha importancia a la mujer, en esta aún se le da más’, añade.

La política madrileña dice está muy orgullosa de su pasado de barrio, gracias a él ha aprendido a saltar obstáculos y a valorar el compromiso social. ‘Haber crecido en un barrio obrero, quedar con los amigos en los parques y vivir las plazas me ha ayudado mucho a ser quien soy y sobre todo a la capacidad de conmoverme con las cosas que le pasan a la gente de la calle’, añade. Además considera que lo crucial para cambiar las cosas, en especial la relevancia de la mujer, parte de la educación. ‘Y esto no solo tiene que ver con la formación sino con decir que no hay capacitación diferente por ser hombre o mujer’, reconoce. ‘Hombres y mujeres tienen que adoptar roles independientemente de su género. Todos tenemos derechos y obligaciones de igual manera’.

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Mujeres en campaña: Begoña Villacís

Por Nuria Coronado

Cuando Begoña Villacís decidió cambiar la abogacía por la política lo hizo porque quería transformar la vieja manera de hacerla con el “y tú más” por una nueva “en la que encontrar las cosas que nos unen y no que nos dividen”. Desde entonces ha puesto todo su conocimiento y experiencia como licenciada en Derecho y Máster en Asesoría Fiscal por la Universidad Pontifica de Comillas, al servicio del cargo que representa en Ciudadanos como responsable de Relaciones Institucionales y portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. Un cambio profesional que reconoce que si en algo le ha afectado es en su vida familiar. “Para dar el paso a la vida pública necesitaba el apoyo de mis seres queridos porque sabía lo que acarrearía para todos nosotros. Hablé con ellos y su apoyo absoluto fue el mejor empujón para dar el salto. Todos ellos me ayudan a tirar del carro”.

Presentando a Mika al padre Ángel

Presentando a Mika al padre Ángel

Ahora en plena campaña electoral pasa “entre 12 y 14 horas al día dándolo todo y haciendo un esfuerzo extra ya que la situación de tener que repetir en tan corto período de tiempo elecciones, así lo requiere”. Una jornada que aunque sabe que no casa con la defensa de la jornada laboral flexible que permita conciliar trabajo y familia de su propio programa electoral, va con el cargo que representa. “Soy una mujer más de este país. Nuestra vida es una lucha contra el crono y contra nosotras mismas. El problema de la política es que no tienes horarios y que el día a día es muy poco predecible. Intento buscar huecos para estar con la familia e incluso lo consigo”, se ríe.

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La dictadura de la operación biquini

Por Roser de Tienda RoserDeTienda

Las mujeres somos expertas en matemáticas, porque nos pasamos el día contando. Empecemos.

El 17 por ciento de la población femenina considera que la principal dificultad para para llevar a cabo un estilo de vida más saludable y llenar la cesta de la compra con alimentos sanos y de buena calidad, es su precio desorbitado.

 

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Olvida la dictadura de la moda/ Imagen de Pexels

Los llamados alimentos sanos, tan de moda aquí y en Hollywood, sólo están al alcance de bolsillos sin crisis. Son biológicos, ecológicos, zumos verdes que están prensados en frío y llenos de antioxidantes y vitaminas que nos dejarán la piel y la celulitis fuera de juego.

Empiezas a contar tu sueldo y tienes que tomar una decisión: o pagas el recibo de la luz o te tomas durante un mes el fantástico zumo verde con un filete de ternera criada en la montaña con música clásica. ¡Tú decides!

Lo cierto – y no mientas- es que la mayoría estaríamos dispuestas a vivir todo el verano con el pack de velas del Ikea, si no fuera, porque sin luz no funciona ni la nevera ni la lavadora.

Sigamos sumando. Al presupuesto de comida, sumémosle el dato de que las mujeres tenemos tres veces más probabilidades de desarrollar ansiedad que los hombres, que fisiológicamente las hormonas nos hacen más vulnerables a sufrir alteraciones emocionales, y que además producimos un cincuenta y dos por ciento menos de serotonina – la hormona de la felicidad- que los hombres.

Además, añádele que hoy has tenido un día fatídico, que estás triste o desanimada. La única salida que nos queda es pillar el bote de helado porque yo lo valgo de Macadamia y porque metabólicamente los alimentos con altas concentraciones de azúcar aumentan la susodicha hormona de la felicidad. Así que están ahí para ayudarnos ¡vaya por dios qué suerte la nuestra!

Y desnuda frente al espejo sigues con las matemáticas y te dices “Estamos a principios de junio, si como 3 batidos de proteínas y 3 platos de verdura al día durante un mes, ¡en agosto llego a poder ponerme el biquini fijo!”

Bien, pero sigamos sumando. Resulta que nosotras acumulamos el doble de grasa porque nuestra masa muscular es menor que la de los hombres. Además de añadir que con la menopausia nuestro metabolismo cambia y aumentamos de peso hasta chupando el hueso de una oliva arbequina.

Así que nos convertimos en expertas en matemáticas. Contamos las calorías, manejamos el presupuesto familiar para ver si podemos comer mejor, compramos cremas anticelulíticas, nos apuntamos al gimnasio, al centro de belleza, a la lipoescultura o la crioterapia.

Pero, aunque parezca increíble, sólo somos expertas en matemáticas las mujeres. Porque en cuanto llega la operación biquini las playas se llenan de hombres con tripita cervecera que se han puesto el bañador que se compraron ayer en el Corte Inglés. Son los llamados fosfisanos.

Es decir, para los hombres la operación biquini se compone de tres sencillos pasos:

  1. Ir a comprarse un bañador.
  2. Ponérselo.
  3. Irse a la playa.

Y con estos datos en la mano, a mí me pasan tres cosas:

  1. Se me pone la piel de gallina pensando que, aunque somos unas matemáticas superdotadas y podríamos manejar los presupuestos del estado, mientras nos ponemos la crema anticelulítica en el cuarto de baño, todavía cobramos menos que los hombres haciendo el mismo trabajo.
  2. Me pongo filosófica en plan Carrie de Sexo en Nueva York y escribo una pregunta que se queda parpadeando sin respuesta en la pantalla de mi ordenador: Vista la tiranía de la operación biquini de cada año ¿Es que a nosotras sólo nos gustan los tipos gordos y a ellos solo les gustamos delgadas?
  3. Que no me cuadran los números. Por muy buena que sea en matemáticas, no se a ti, pero a mí, con tanto porcentaje de suma y resta, siguen sin cuadrarme los números de vivir en el siglo XXI siendo mujer.

Querida hermana: olvida la dictadura de la moda y haz una revolución en la república independiente de tu cuerpo. Vete a la playa así como eres. Así, natural, auténtica y perfecta. Porque como dice la canción “Nena, como tú ninguna”.

Feliz verano a todas.

Roser de Tienda es doctora, life coach y máster en quiropráctica con especialidad en salud de la mujer y niños. Madre de tres hijos y conferenciante, es autora de los libros “Nacer conectado, vivir consciente”, de Ediciones Obelisco, y “Házte la vida fácil” (de próxima publicación).

Lorena Moncholí: información y derechos contra la violencia obstétrica

Por Cristina Andújar

Si tuviéramos que caracterizar a Lorena Moncholí sin duda sería por su energía “Soy insaciable. Si me marco un objetivo voy a por él, con paciencia pero sin desfallecer”. Son muchas las mujeres, que al igual que Lorena, intentan cambiar el mundo que le rodea. Pero el suceso que transformó a esta mujer no es muy diferente a lo que puede ocurrirle a cualquier  madre.

Lorena Moncholí, abogada especializada en Derecho Sanitario y Derecho de Familia. Imagen: Toni Marín Marco

La vida de Lorena era la de una abogada en una entidad financiera y posteriormente en una consultora. Pero la maternidad cambió por completo su vida. Hasta aquí no hay nada extraño: es normal que tener un hijo ponga tu mundo patas arriba. Pero lo reseñable de Lorena es que de la adversidad, ser “superviviente” de la violencia obstétrica, dio origen a su lucha.  En el parto de su primer hijo experimentó muchas situaciones difíciles, desgraciadamente  muy familiares para otras madres, y de las que leemos en espacios como el blog Madre Reciente. Por esa experiencia transformó su carrera profesional para especializarse en derecho sanitario y en sensibilización contra este tipo de violencia. Lo convirtió en su objetivo profesional y vital.

Quizás si decimos violencia obstétrica para la inmensa mayoría de las personas sea un concepto abstracto, pero estamos hablando de “mujeres que sufen un  trastorno de estrés postraumático, tras haber pasado por un trato deshumanizado o humillante en su parto y en vez de obtener un diagnóstico serio que les ayude a superar su vivencia, se les acusa de ser meras  “víctimas de las hormonaso de que han perdido los nervios.”

El principal problema es que no se oye hablar de la violencia obstétrica: muchas madres no saben ni siquiera que la han padecido. E incluso las que no somos madres no somos conscientes de que tales prácticas puedan darse.

Por si no fuera suficiente, con frecuencia las mujeres no son escuchadas por los profesionales de la medicina. “Se nos infantiliza como regla general, en todos los sentidos. El paternalismo está patente en cada prueba, en cada visita, en cada revisión. Es como si dejáramos de ser dueñas de nuestro cuerpo por el hecho de albergar otra vida en nuestro vientre. Nuestro cuerpo se convierte en un objeto, que se puede tocar y manejar en nombre de una especie de “interés superior”.  Puede que en muchos casos estos profesionales  no sean conscientes, pero no podemos negar que este tipo de violencia de género, aunque sea invisible, existe en nuestra sociedad.

El gran problema reside en que las futuras madres, al igual que cualquiera de nosotros, viven en un mundo marcado por la publicidad y los medios de comunicación.  Te indican qué tienes que comprar o incluso lo que sentir estando embarazada, normalizándose prácticas obstétricas que las instituciones sanitarias desaconsejan absolutamente.

Y ante toda esta contaminación y desconocimiento Lorena trabaja cada día por conseguir una sociedad mejor a través el Proyecto Díkê con el cual consigue, mediante prevención jurídica e información, el empoderamiento de las mujeres en el momento del nacimiento de sus hijos. “Por supuesto que una sociedad mejor es posible y creo que  hay que desear siempre avanzar”.

Lorena Moncholi ha sido una de las finalistas del Concurso Avanzadoras 2016, promovido por 20 minutos y Oxfam Intermón

Cristina Andújar  es estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. Voluntaria en Oxfam Intermón. Insaciable lectora  y convencida de que con pequeñas acciones se puede cambiar el mundo.