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Archivo de la categoría ‘Internacional’

Patricia y la otra isla

Por Ana Belén Terrón

Hay personas que anidan en tu corazón y que te impregnan, inevitablemente, de poesía. En República Dominicana, frente a la pobreza extrema impuesta por unos pocos, Patricia pone verbo a la cita de Bertolt Brecht: ‘Hay las que luchan toda la vida, esas son las imprescindibles’

En medio de playas paradisíacas y de plácidos resorts existe otra isla. La de la gente que se organiza ante la ausencia de estado, ante un gobierno que beneficia a una minoría privilegiada. Cierto es que en todas las naciones latinoamericanas ha habido casos de corrupción, pero en República Dominicana los escándalos afectan a todos los poderes, organismos especiales y cuerpos castrenses. No hay un solo estamento estatal que no haya sido permeado por la corrupción, y pocos procesos judiciales iniciados suelen acabar desestimados, con los presuntos corruptos en la calle y mas limpios que un santo.

Patricia Gómez, lideresa que defiende a los habitantes de los barrios en la organización COPADEBA en República Dominicana. Imagen de Jorge Fernández Mayoral / Oxfam Intermón.

Esta corrupción superlativa produce una consecuencia directa en el 99% de la población: La desigualdad. No es baladí que República Dominicana sea uno de los países con mas crecimiento económico de Centroamérica y, a su vez, uno de los más desiguales.

Ampliemos el zoom hasta Sabana Perdida, un barrio olvidado por el gobierno. No es el único, ni mucho menos, pero este es el barrio de Patricia, nuestro barrancolí de plumas verdes. El gobierno no se ha molestado en levantar aceras en las calles, así que los vecinos se han puesto manos a la obra. Ante esta dejadez los vecinos se hermanan, y es en este contexto de iniciativa comunitaria por la dignidad donde Patricia colabora en la creación de COPADEBA (Comité para la Defensa de los Derechos Barriales) y Ciudad Alternativa. Durante los años 1979 y 1991, en República Dominicana se inicia un ciclo de protesta que proporcionó un contexto histórico favorable para el nacimiento de estas organizaciones.

La historia de Patricia es, sin duda, la historia de la lucha de los barrios y de sus victorias, pues han logrado doblegar al gobierno en muchas de sus reivindicaciones. Sin embargo, protestar no era suficiente, también había que organizarse, entender la realidad social y política de la sociedad, informarse y dotarse de nuevas herramientas de cambio. El terreno se gana gracias a las “protestas con propuestas”. En Sabana Perdida, la organización comunitaria, el empoderamiento político de la gente, tiene forma de mujer, de madre con tres hijos que ha sacado adelante a su familia, que se ha graduado en trabajo social para seguir poniendo piedras a una gran fortaleza, la de construir un pueblo organizado que libre un pulso a la minoría privilegiada y le diga al mundo: “Somos ejemplo, esperanza, somos el verde”.

Creo en el trabajo comunitario como hilo que teje el cambio, Patricia y el movimiento verde lo están demostrando día a día. Pero el concepto de comunidad debe trascender fronteras. Los lazos del cambio político y de la lucha por la igualdad no entienden de límites territoriales, y el efecto mariposa se entreteje en la concepción de cooperación internacional. En la maleta me traigo la certeza de que sus victorias son las nuestras, y el compromiso personal de reforzar el hilo de este ovillo infinito desde el Congreso de los Diputados. Un impulso bien orientado desde España, una palmada fuerte al presupuesto y a las estructuras de cooperación internacional, pueden marcar la diferencia. Cuando Sibila leía el futuro aseguraba que nada podía cambiar, que el destino estaba escrito en piedra. Yo pienso que solo es cuestión de voluntad, política, en este caso.

Ana Belén Terrón es diputada de Podemos en el Congreso por Granaday trabajadora social. Ha viajado a Mauritania con el Proyecto Héroes de la Ayuda que impulsa Oxfam Intermón

Una bolsa de leche en el desierto

Por Elena Bastidas

El eco de la arena. Este bello título de un libro de poemas del poeta mauritano Abdel Qáde podría resumir lo que me llevé tras mi experiencia conociendo el trabajo de Oxfam Intermón en Mauritania, una labor en la que tanto tiene que ver la ayuda procedente de la Cooperación española.

Un eco que llega hasta España y que no debe dejar de escucharse a través de quienes lo podamos transmitir. Ecos de petición de solidaridad, ecos de la labor bien hecha, ecos de ejemplo en la optimización de recursos, ecos de esperanza.

Las dirigentes de la cooperativa Kossam Arihaara muestran su trabajo a la delegación de diputados españoles. Imagen de Migueltxo Molina / Oxfam Intermón

Mi experiencia personal conociendo los resultados de la cooperación al desarrollo había estado, hasta el momento, vinculada a países de América Latina. Del continente africano solo conocí hace muchos años, Senegal. Ha sido, por tanto, mi primera estancia en Mauritania y llevaba la mochila llena de ganas de aprender, de conocer la realidad de ese país pero sobre todo de comprobar en primera persona el trabajo de organizaciones como esta.

En unas pocas jornadas, pero muy intensas, pude conocer a esos héroes de la ayuda como  Mamadou y tantos otros que saben exprimir con acierto y rigor, los recursos llegados de la solidaridad española. Pude comprobar ese milagro consecuencia del esfuerzo y la voluntad de multiplicar frutos en esos paisajes mayormente desérticos.

Tal vez por ser mujer, me causó especial impacto Kossam Arihaara, una cooperativa de mujeres que lideran el emprendimiento combatiendo la desnutrición, generando recursos y trabajo con esas bolsas de leche que comercializan. Símbolo de nuevo, como en el Antiguo Testamento, de abundancia y creación, las mujeres de Kossam Arihaara ofrecían un testimonio esperanzado, de posibilidad de un tiempo nuevo, de madres pariendo un futuro que vivir y también legar a sus hijos e hijas.

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Qué es el agua para Fátima

Por Marcela Ospina

La tormenta de arena y el sol abrasador nos obligan a resguardarnos.  Estamos en el Chad, en una aldea remota que no existe en ningún mapa oficial. Hemos viajado horas por el desierto para conocer a las personas desplazadas por el conflicto con Boko Haram, y contar su historia.  El jefe del pueblo nos ha invitado a sentarnos en el suelo de una pequeña choza de paja. Estos son sus nuevos hogares: una esterilla para dormir y un cuenco para comer una vez al día si hay suerte. Queremos entender cómo se sobrevive tras la huida desesperada, luchando por no morir en medio de la nada.

Pie de foto: Fátima es una de las 2,6 millones de personas desplazadas por la violencia en la región del Lago Chad. Marcela Ospina. Oxfam Intermón

Fátima, una mujer muy joven y lánguida, entra en la choza con un bebé a sus espaldas. Tiene 20 años, pero le falta vitalidad. Acomoda tímidamente al bebé en su falda y le clava una triste mirada, mientras contesta sin aliento. Nos cuenta que escuchó como Boko Haram asesinaba a su padre, y a otros tantos hombres en su pueblo. Huyó estando embarazada.

Otra mujer la socorrió en el parto, durante los días de travesía adentrándose en el desierto. Fátima sufre malnutrición y por eso no tiene leche para su bebé. Lo alimenta con dosis de mijo que disuelve en agua caliente, pero sabe que no es suficiente. No es capaz de imaginar su futuro. Solo piensa en lo que dejó atrás, cuando vivían a la orilla del lago Chad; pescaban, cultivaban y tenían dinero para comprar. Ahora mal vive a kilómetros de lo que era su única fuente de sustento. No puede volver porque aun hay riesgo de que a las mujeres las secuestren o las violen.

¿Por qué buscar refugio en este lugar tan inhóspito, muy lejos de las tierras fértiles, sin mercado, escuela, o centro de salud?  Aquí, entre nubes de polvo que te ciegan y dificultan la respiración, Fátima se siente segura.

Gente muy pobre la ha acogido con generosidad compartiendo ropa, comida y su bien más preciado, el pozo de agua potable. Para esta mujer, que se crió en las islas de un gran lago, escuchar en el desierto como el agua llena un cántaro, o dar de beber agua a su bebé sin miedo a que enferme de cólera, es una señal de esperanza.

Salimos de la choza para conocer ese pozo en el que Fátima tiene puesta su esperanza. Al llegar, nos encontramos a los hombres del poblado agolpados con herramientas en la mano. Lo que vemos es una formación impartida por los expertos. Si hay una avería, la gente no puede esperar a que regrese un técnico a repararla. Se busca que la comunidad tenga autonomía en la gestión del agua. Los pozos, las formaciones sobre saneamiento para evitar enfermedades, y el reparto de kits de higiene y de pequeñas cantidades de dinero para comprar alimentos, forman parte de la respuesta de Oxfam ante esta crisis, la mayor de África, con más de 11 millones de personas necesitando ayuda humanitaria urgentemente.

Para Fátima, y las miles de mujeres desplazadas en esta zona, históricamente olvidada por el gobierno chadiano, recuperar el acceso diario al agua potable es un pasaporte al futuro. Tener un pozo cerca del refugio significa ahorrarse largas horas de caminata bajo el sol inclemente, a merced de bandidos y animales salvajes, para buscar agua en lugares vecinos. El agua en el desierto marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Marcela Ospina López es Directora de Comunicación de Oxfam Intermón. Ha visitado recientemente a las personas que han huido de Boko Haram y se encuentran en las zonas desérticas de Chad.

Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras

Por Damaris Ruiz

Soy nicaragüense, con casi 40 años y al menos en esta etapa de mi vida me acompaña y acompaño a una niña. Una niña que quiero ver crecer en un mundo donde las mujeres tengamos derechos sin tener que pelearlos diariamente, donde podamos caminar o hablar sin temor, donde hagamos y no pidamos permiso, donde asumamos que lo correcto lo definen nuestros valores. Además, es muy importante decir que tengo varios trabajos, pero solamente uno de ellos se corresponde con aquellos en los que solemos pensar cuando mencionamos la palabra trabajo.

Manifestación del Paro de Mujeres 2017 #NosotrasParamos en Nicaragua. Imagen de Milagros Guadalupe.

Salgo con cierta frecuencia fuera de mi país y muy a menudo otras mujeres me preguntan: ¿cómo lo haces? ¿cómo quedó tu niña? Pensándolo bien, creo que los dedos de una mano me bastarían para contar cuántos hombres me hacen la misma pregunta. Son múltiples las alternativas que vamos construyendo las mujeres para poder estar donde queremos estar, la tenacidad y el diálogo con otras nos van dando las fuerzas necesarias. Y sí a veces me pregunto ¿lo estoy haciendo bien? Pero también me toca escuchar de manera recurrente ¿y no has considerado un trabajo donde tengas que viajar menos y estar más en casa?

Cuando digo que nuestros trabajos son múltiples es porque si me pongo a sacar cuentas, por un lado uno de mis trabajos me demanda entre 8 y 10 horas diarias, pero por otro lado, mientras hago este trabajo estoy pensando y conectada con la escuela, la alimentación, los pagos y en su caso, las medicinas. Por supuesto antes de salir de casa, toca hacer todo lo que ya sabemos y al regresar también. A todo esto debemos sumar el tiempo para la interacción con las personas que cuidamos, su educación y la afectividad, que es algo tan fundamental para la vida de cualquier ser humano. Todos estos son trabajos y sentimos que a veces los tiempos no dan y eso que en mi caso, el papá de mi hija asume una buena parte de lo que corresponde.

La dicotomía entre presencia y ausencia física en mi caso particular, y que estoy segura les ocurre a muchas mujeres,  la resuelvo o al menos encuentro alternativas en la solidaridad que vamos tejiendo entre las propias mujeres. Nuestras madres, hermanas y amigas, terminan siendo parte de las redes de cuidados que construimos alrededor de aquellas personas que más importan en nuestras vidas.

¿Y los hombres? ¿Y las empresas y los Estados? Sin pretender generalizar, al menos en mis entornos más cercanos algo se está moviendo. El ejercicio de la masculinidad centrada en el padre-salvador-proveedor de ciertos hombres esté cambiando, aunque aún es insuficiente. Los trabajos que sostienen la vida y que sostienen las economías no deben seguir siendo única responsabilidad de las mujeres y los hombres no pueden seguir sintiéndose como actores secundarios o que “ayudan” a las mujeres.

Por supuesto, aunque es fundamental, no es suficiente con que los hombres participen de manera plena en la corresponsabilidad de estos trabajos. Las empresas se benefician con un sistema de cuidados que exonera a los hombres de sus responsabilidades familiares: esto garantiza que una parte importante de sus tiempos sean exclusivos para el mercado. Para revertirlo, las empresas deben pagar los impuestos necesarios y asegurar condiciones para que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de condiciones en los mercados remunerados. Los Estados que se ahorran presupuesto al dejar en manos de las mujeres y familias todas las responsabilidades de cuidados deben invertir en políticas de protección social de calidad, en la región de América Latina y el Caribe tiene deudas enormes.

Una de las consignas feministas más fuerte del Paro Internacional de Mujeres fue “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, da para mucha reflexión y un mensaje directo para el sistema actual es un ¡Basta! Exigimos que todo sea pensado con nosotras. Es profundamente desigual que seamos siendo las mujeres las principales responsables de los trabajos de cuidados.  #NosotrasParamos #DigamosBasta

Damaris Ruiz es Coordinadora Regional de Derechos de las Mujeres para Oxfam en América Latina y el Caribe 

Mauritania: negar la tierra es un acto de violencia contra la mujer

 Por Carmen Suárez

Wane Depha se define a sí misma como una mujer rural. Pero en Mauritania, su país, ser mujer y trabajar en el campo es una tarea difícil y complicada, con el agravante de que, para  muchas de ellas, el trabajo en el campo es la única herramienta que tienen para luchar contra la pobreza.

Wane Depha durante una entrevista en Barcelona el pasado octubre. Imagen: Oxfam Intermón.

Desgraciadamente, la mayoría de las  mujeres no pueden acceder a la propiedad de la tierra, no controlan su tierra. Por eso su trabajo es casi nulo, porque no tienen posibilidad de decisión sobre lo que quieren cultivar. En muchas ocasiones trabajan en tierras de arroz que son muy difíciles de cultivar y, si no lo hacen, el propietario de las tierras se las quita’, explica. Y, claro, al no ser propietarias ‘no pueden acceder a los créditos de los bancos para  obtener ayuda para los cultivos. Por eso es importante que estas mujeres consigan ayuda financiera para poder acceder a las tierras y tengan así el poder y la libertad para explotarlas como quieran’

Ante esta situación, este círculo vicioso que parecía imposible de romper, Wane Depha y otras mujeres como ella no se resignaron y pasaron a la acción. En su caso,  trabajando como  secretaria de alimentación  de una entidad denominada  Comité de Solidaridad con las víctimas de la violación de derechos del hombre, que pertenece a ROSA, un colectivo de ONG que lucha para garantizar la seguridad alimentaria.

“Mi trabajo –explica- consiste en movilizar a las mujeres rurales sobre la importancia de poder tener control sobre la tierra”. En opinión de Depha, estas mujeres “sufren violencia porque consideramos que el tener no acceso a la tierra, que es fuente de vida,  es una clase de violencia  contra  ellas”.   Pero no es la única situación de  violencia que padecen las mujeres en su país y nos menciona otras, como por ejemplo la derivada  del divorcio, “si  el hombre se divorcia, se va y deja a la mujer y a los hijos sin ningún tipo de soporte, sin nada. También es violencia, por ejemplo, el matrimonio precoz.”

Depha considera que “es muy importante realizar una labor de sensibilización,  y poner a la disposición de esas mujeres leyes y textos de leyes que recogen sus derechos y alentarles  a luchar por ellos. Por eso les animamos  a asistir reuniones, cursos  etc.  para enseñarles lo que pueden hacer  para luchar por sus derechos y por su autonomía financiera”

Poco a poco en Mauritania va cobrando fuerza el liderazgo femenino. Es un movimiento muy combativo y que consigue logros sólidos: “Si hoy existen  mujeres parlamentarias que acceden a puestos de decisión, mujeres senadoras, médicos…  es gracias a estas líderes que se han organizado y coordinado  por los derechos de las mujer y  que trabajan para que se pueda obtener su cota de 20% de participación en el proceso electoral. Es un trabajo de colaboración y participación que se ha hecho por todas estas mujeres”.

Durante toda esta semana, continuamos con actividades y contenidos para promover los derechos de las mujeres. A las 17:00 puedes seguir en streaming el programa especial de Carne Cruda  “Mujeres al borde de un ataque de medios”, realizado en colaboración con Oxfam Intermón en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca.

Carmen Suarez es periodista y colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

No son estadísticas, son vidas

Por Lula Gómezlula-sobre-mc3ad

2017 se está convirtiendo en España en el año de una masacre. Nos están matando y nos hacemos caso. Pasamos a otro tema, como si molestase o fuera poco importante. 21, hasta el 3 de marzo, dos a la semana. ¿Han oído bien, dos a la semana? No quiero comparar con otros muertos por otras causas, porque me duele. El terrorífico número 21 esconde que la violencia machista la seguimos viendo como un suceso y un tema doméstico (ay, la semántica).

Yo paro. Imagen de Jeremy Bishop.

Sí, porque los medios siguen hablando de sucesos y de “mujeres”, siglas y nombres que no nos llegan. Quiero ver el mismo tratamiento que se da a la muerte de los que parece que sí importan. Exijamos el mismo enfoque y profesionalidad que esperamos de periodistas y políticos cuando mata el terrorismo islámico, el de Eta o cualquier. Busco las páginas y páginas, ediciones especiales y horas de visibilización del horror. Porque el día que en España empecemos a contar que nos matan con la contundencia que hicimos cuando el asesino era ETA (en una segunda fase), empezaremos a entender el drama.

‘Aquí tienen que aplicarse políticas muy serias, el Estado y los violentos deben reconocer lo que le han hecho a las mujeres. Se debe saber que la violencia es una arma. Y hay que poner nombre a quienes lo permitieron y no lo evitaron. ¿Por qué se violenta a las mujeres? Es fácil: porque no se las reconoce como individuas, ni como grupo, ni como sociedad (…). Si nosotras permitimos que se piense así, que no haya políticas para enmendar esa realidad, que no se diga la verdad, que la sociedad no esté dispuesta a cambiar… pues no hemos hecho nada’, grita Patricia Guerrero en su discurso vital. Lo repite también en Mujeres al frente (libro y documental) y se refiere a Colombia, pero aplica igualmente a España.

Porque sí, señora ministra, hacen falta recursos y en este punto es importante recordad que el presupuesto para la prevención contra la violencia de género ha sufrido un tijeretazo del 26%. Y sí, además, hace falta coordinación, educación y un Pacto de Estado YA para que sepamos quién eran esas mujeres que se esconden bajo ese nombre de Matilde, peruana, B.E.M.A, Virginia, mujer en silla de ruedas… Es mucha la educación que hace falta para que no volvamos a escuchar en boca de Interior que los crímenes machistas están relacionados con la decisión de las mujeres de separarse rápido.

Y mientras se da la inacción por parte de las autoridades, un grupo de mujeres en la madrileña Puerta del Sol se han plantado para molestar, para desde el kilómetro cero de la capital, recordad que el patriarcado mata. No comen desde el pasado 9 febrero y reclaman ese Pacto de Estado contra la violencia machista.

Mañana acudirán al Senado para exponer sus propuestas contra esta lacra. Solo queda apoyarlas, en cuerpo y alma. Y una forma clara es la huelga a la que estamos invitadas todas las mujeres el próximo 8 de marzo, un paro de empleo, cuidados y consumo de media hora que comenzará a las 12,00, una iniciativa mundial convocada por el movimiento argentino Ni Una Menos. Yo paro.

Lula Gómez, escritora y periodista todoterreno. Actualmente dirige su propia agencia desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha escrito el libro, en proceso de publicación mediante crowdfunding, y dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia.

La ruta del peligro múltiple

Por Tania Sordo Ruz

Con las pretensiones de Trump de construir muros, tanto visibles como simbólicos, muchos líderes y lideresas europeos se están llevando las manos a la cabeza por el trato que el gobierno de Estados Unidos está dando a las personas migrantes y refugiadas. Mientras, paradójicamente, en Europa se cierran fronteras, existen numerosos muros y vallas,  y vivimos una violación masiva y continua de los derechos humanos de las personas que llegan a nuestro territorio en busca de refugio.

Una refugiada siria abraza a su hijo en un edificio abandonado en Atenas. Imagen de Laura Martínez Valero / Women’s Link Worldwide

En Women’s Link Worldwide hemos documentado la violencia específica que sufren las mujeres y niñas migrantes y refugiadas en territorio europeo. Tienen mayor riesgo de ser víctimas de trata con fines de explotación sexual, de ver vulnerados sus derechos sexuales y reproductivos o de que se obstaculice su derecho al asilo, simplemente por ser mujeres. Además, las precarias condiciones de alojamiento, aseo, iluminación y seguridad en los campamentos las ponen en riesgo ante la violencia sexual. El acceso a servicios de salud es mínimo, las mujeres embarazadas no están recibiendo tratamiento médico adecuado y tampoco hay asistencia médica para bebés recién nacidos y niños pequeños, que se encuentran expuestos a múltiples enfermedades.

Sin embargo, la Unión Europea y sus instituciones han ignorado de forma sistemática esta situación, tomando decisiones basadas en intereses políticos y económicos, y no en los derechos humanos. El Acuerdo entre la Unión Europea y Turquía es uno de los máximos exponentes de estas decisiones. Por ello, desde Women’s Link interpusimos una queja ante la Defensora del Pueblo Europeo en la que exigimos que la Comisión Europea llevara a cabo una evaluación del impacto que el Acuerdo ha tenido en las vidas de las mujeres y las niñas, como debería haber hecho desde el inicio.

La Defensora admitió nuestra queja, inició una investigación y recientemente ha emitido su decisión, que ha sido muy clara: la Comisión no ha cumplido sus obligaciones con los derechos humanos. A partir de ahora, mientras el Acuerdo esté vigente, la Comisión tiene la obligación de incluir en sus informes una sección independiente centrada en el respeto de los derechos humanos, con una perspectiva de género y de protección de los niños y las niñas.

La Comisión ha anunciado que presentará su próximo informe en marzo. A la espera de dicho informe, continuaremos vigilantes para lograr que la decisión de la Defensora del Pueblo Europeo se convierta en una nueva oportunidad para la Unión Europea de hacer las cosas bien. Es el momento de que actúe conforme a sus principios y valores y demuestre que le interesa proteger a las personas y no a los muros.

Tania Sordo Ruz es abogada de Women’s Link Worldwide 

Las palabras sanadoras de las mujeres de Colombia

Por Belén de la Banda

Miles de mujeres están dejando atrás en Colombia el que parecía un destino inexorable de víctimas. En unos años han superado todos los tipos -los más extremos- de violencia, de marginación, de subordinación, de desprecio y maltrato en el ámbito público y en el privado. Han logrado participar de manera activa y determinante en el camino hacia la paz en su país, para salir de un terrible conflicto bélico.

Mujeres con los pies en la tierra han hecho realidad el proceso de paz en Colombia. Imagen del proyecto Mujeres al frente, de Lula Gómez.

Nada es fácil para ellas aún hoy, pero las mujeres de Colombia han conseguido contribuir a la paz cambiándole el ADN al proceso. Un proceso de paz que pretendía pasar por encima de ellas como lo había hecho la guerra. La inteligencia colectiva de las mujeres colombianas logró hacer entender que una paz sin ellas no tenía ninguna oportunidad de ser auténtica, o de durar.

La paz en Colombia no puede dejar a un lado a mujeres como Patricia Guerrero, que fue jueza y que creó la Ciudad de las Mujeres para permitirles vivir en paz en los peores tiempos del país. O Nelly Velandia, la voz de seis millones de mujeres campesinas. O Mayerlis Angarita, que sobrevivió al conflicto y fundó Narrar para vivir, o la luchadora Luz Marina Bernal, que inició una lucha que aún no termina para reivindicar la memoria de su hijo asesinado en un ‘falso positivo’. O Beatriz Montoya, Vera Grabe, Luz Marina Becerra… Cada una de ellas con un trauma y un dolor imposible de medir a sus espaldas, han protagonizado trayectorias impresionantes. Y cada una ha pensado la paz y la ha compartido. Y ha exigido compartirla cuando nadie le invitaba a estar en ese proceso.

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Mutilación genital femenina, aquí y ahora

Por Lorena Moncholí

Hoy, 6 de febrero, es el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina. Según datos de Naciones Unidas, en el mundo se calcula que hay al menos 200 millones de niñas y mujeres mutiladas, y en la actualidad, cada año, se le mutilan los genitales a tres millones de niñas.

Son muchísimos los esfuerzos que a nivel institucional e internacional se están realizando para acabar con esta barbarie y numerosos estados, entre ellos España, regulan estas prácticas como delito y las persiguen incluso si han sido cometidas fuera de sus fronteras.

Representación de arte callejero sobre el parto. Imagen de Katie Montgomery.

Sin embargo, la Mutilación Genital Femenina no es sólo la ablación del clítoris y no podemos seguir centrados en un discurso que obvia otras formas de violencia contra las mujeres y sus genitales, como, por ejemplo, la práctica de las episiotomías innecesarias y por rutina que se realizan en la atención al parto en la mayor parte del mundo. En la Declaración de ONU-Mujeres de 2010 se recomendó a los Estados miembros de las Naciones Unidas que definieran la mutilación genital femenina en sus leyes como ‘todo procedimiento, realizado dentro o fuera de una institución médica, que entrañe la ablación total o parcial de los genitales externos femeninos o cualquier otra intervención en los órganos genitales femeninos que no responda a motivos médicos’.

Así lo hace, de hecho, nuestro Código Penal que se refiere a la ‘mutilación genital‘ en ‘cualquiera de sus manifestaciones’. Hoy, las mujeres occidentales miramos a África preguntándonos cuando acabará su tragedia de mutilación… cuando estamos viviendo la nuestra propia sin inmutarnos. Nos enorgullecemos, con razón,  de que nuestros jueces traspasen nuestras fronteras para perseguir este delito, y no somos capaces de denunciar las miles de mutilaciones que se producen a diario en nuestros propios paritorios.

En 2015 el Ministerio de Sanidad reconoció que en los Hospitales públicos españoles el índice de episiotomías que se realizaban en la atención de partos normales (sin riesgo) llegaba a un increíble 41,9%, superando con creces el estándar de calidad fijado en menos del 15%. En su informe insiste en que la episiotomía sistemática y rutinaria carece de evidencia que la justifique y que implica complicaciones y efectos adversos a corto y largo plazo, que se están subestimando por los profesionales sanitarios, como disfunción del esfínter anal, incontinencia urinaria y dispareunia y mayor frecuencia de desgarros de tercer y cuarto grado.

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Nosotros mismos

Por Barbijaputa

Unas semanas atrás, encontré y compartí en redes sociales este video que me impresionó. Cuenta la historia de una mujer en circunstancias terribles:

El video forma parte de una campaña de Oxfam Intermón en la que diferentes actrices y actores internacionales interpretaban textos escritos por refugiadas y refugiados respectivamente contando sus experiencias para que los demás nos pusiéramos con más facilidad en sus zapatos.

Me dio la triste impresión de que necesitamos ver a rostros conocidos y blancos para empatizar con la situación de las personas que buscan refugio. Es como si al pertenecer a países en conflicto diéramos por hecho que están habituados al horror, a la guerra, a la metralla en sus cuerpos y al sonido de las bombas. Como si a esas personas les doliera menos de lo que nos dolería a nosotros.

Que veamos normal la necesidad esta campaña o que ni nos percatemos de lo horrible del asunto demuestra que donde realmente se ha instalado la insensibilidad es en esta parte del mundo, y sin necesidad de guerras, conflictos o metrallas en nuestros cuerpos. Porque a las heridas, a las pérdidas personales y materiales, al aislamiento, al frío y al miedo no se acostumbra nadie nunca. Y con ello viven miles y miles de personas en estos momentos, sin siquiera la esperanza de que su situación cambie.

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