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Archivo de la categoría ‘Historia’

Soñando una Colombia sin guerra

Por Raquel Checa

“Nunca creí que viviría esto” esas son las palabras con las que arrancó Estebana su intervención este martes 27 de septiembre, en los primeros minutos de una reunión de alrededor de 30 mujeres colombianas en Bogotá. Allí estábamos, todas de pie, en círculo, mirándonos a los ojos y compartiendo cómo nos sentíamos a pocas horas de haber visto, o mejor diríamos vivido,  la firma final de la Paz entre el Gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo).

Manifestación por las víctimas del conflicto en Colombia. Imagen de Oxfam Intermón.

Manifestación por las víctimas del conflicto en Colombia. Imagen de Oxfam Intermón.

En ese círculo, una a una compartimos nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros sueños de esperanza y de paz; de una paz que ahora se ve más cerca que nunca. Muchas palabras en memoria de todos los muertos, desaparecidos y víctimas de este conflicto armado.

No son palabras al aire. Algunas de las participantes de la reunión están en esa lista de víctimas. Cargan con historias de vida muy duras. Una de ellas compartió cómo a pesar de haber sido víctima de violencia sexual por actores armados y haber perdido dos hijos en esta guerra, ha sabido perdonar y ahora quiere avanzar hacia la paz porque sueña con dejar a sus nietos un país mejor.

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La ciencia y el compromiso de María Dolores Calvo Navarro

Por Flor de Torres Porras

Cuando María Dolores Calvo Navarro (Mariola) empezó a alzar la voz aún no había sido promulgada la Ley Integral contra la Violencia de Género. Ella, como médica forense, ejercía su  labor en el Instituto de Medicina Legal de Málaga, y yo trabajaba como fiscal en la misma ciudad. En esos años encontramos un camino común que nos uniría de por vida.

No puedo describir fácilmente lo que veíamos cada día en nuestros respectivos trabajos. Llegó un momento en el que alzamos la voz, porque entendíamos imprescindible amplificar, multiplicar, extender la empatía hacia las víctimas de violencia de género (a la que por aquellos años todavía se llamaba violencia doméstica) y lograr un compromiso contra esa tragedia social que  empíricamente  contrastábamos cada día en el Instituto de Medicina Legal y la Fiscalía. Nos dimos cuenta de que solo lo lograríamos desde la especialización, evitando el cuestionamiento de las víctimas, definiendo correctamente la violencia que enfrentaban. Y ante todo y  sobre todo, con un enfoque profesional, cada una desde su especialidad, al que sumamos dos herramientas personales: empatía y compromiso contra la violencia.

Víctima atrapada. Imagen de Fundación Luz Casanova.

Víctima atrapada. Imagen de Fundación Luz Casanova.

Recuerdo que con frecuencia en su trabajo había comentarios que anteponían el hecho de ser mujer a su calidad de profesional de primera línea. Removía los cimientos de un sistema judicial hecho y pensado por hombres, que se resistían a aceptar los cambios. Profesional de las ciencias forenses de primera línea, cercana, empática y única. Irrepetible. Ambas desarrollamos nuestro trabajo contra viento y marea ante una Justicia masculinizada  en la que había que cambiar la invisibilización de los delitos contra los derechos de la mujer, que se cometen por el hecho de serlo y en el ámbito de la pareja.

A ella como forense y a mí como fiscal nos visitaban a diario  mujeres víctimas de violencia de género escondidas en delitos de ‘violencia familiar’. Mujeres sin rostro frente a la violencia de género que sabíamos que sufrían.  Apenas podían hablarnos. Sus frases eran entrecortadas, asomaba frecuentemente el llanto, les costaba  fijar sus ojos en los nuestros pues tenían la mirada perdida. Su discurso ni siquiera pretendía en muchas ocasiones inculpar  a su pareja, sólo buscaban ayuda y guía para el tortuoso camino de la huida del horror que acaban de emprender.

Eso, cuando eran ellas las que comenzaban a acercarse a la Fiscalía o al Instituto de Medicina Legal. Porque teníamos  muy presentes Mariola y yo a las que no venían a vernos. Víctimas escondidas como las ancianas, los hijos de la violencia de género, las incapaces, las personas discapacitadas… No podían ver un horizonte de esperanza. Nadie les guiaba hacia la justicia, y ellas no conocían  el camino. Estaban en manos de sus maltratadores y solo con ayuda de instituciones públicas, privadas, vecinas, amigos, compañeras, podrían ser conscientes de la necesidad de denuncia de su situación y de la posibilidad de recibir atención médica, apoyo y salidas.

Venían de  distintos orígenes, incluso de distintos países, tenían distintas historias, costumbres, estratos sociales, estudios, profesiones, domicilios. Pero cuando el miedo, la rabia y la impotencia les empujaban a buscarnos, lo hacían de la misma forma: en silencio y a escondidas. Unimos fuerzas y nos coordinamos médica y jurídicamente para darles la mejor atención posible.

Hablando con ellas, pensando en ellas, fuimos desarrollando protocolos internos para reconocer su situación y formular las denuncias. Mariola las reconocía como forense y yo como fiscal denunciaba de acuerdo con las leyes del momento. Tras los juicios, pensábamos en cómo podrían rehacer sus vidas y recomponer su autoestima.

Años después  por primera vez  en España se sintió la necesidad de caminar juntos por la igualdad. La Ley Integral las nombró como víctimas de violencia de género, y creó nuevas herramientas para darles atención y justicia. Se priorizó esta forma coordinada de actuar que habíamos iniciado en Málaga, que se extendió a toda Andalucía y luego a España. Ahora existen, creadas en el marco de la Ley Integral, las llamadas Unidades de Valoración Integral de Violencia de Genero (UVIVG). Son las que nos aportan la perspectiva de género tan necesaria en los procesos judiciales.  Dependen de los Institutos de Medicina Legal y de las pericias que les encomiendan  los Juzgados y Fiscalías de violencia de género. Son pruebas periciales que permiten sacar a la luz los delitos de violencia de género, que sin ellos seguirían invisibles: delitos contra la integridad moral, delitos de violencia de género habitual…

Gracias a las Unidades especializadas se dispone de herramientas que permiten documentar correctamente el testimonio de una víctima y sus hijos y permiten situarlas científica y pericialmente como víctimas de violencia de género. Aportan pruebas necesarias e imprescindibles los procesos. La participación de un forense y su equipo multidisciplinar, formado por psicólogos y trabajadores sociales, permite una  evaluación completa y adecuada de los casos, con la que soñábamos Mariola y yo en los primeros tiempos.

Qué lejos quedan los tiempos en que había que reclamar una y otra vez que María Dolores Calvo Navarro, además de ser mujer, actuaba en su trabajo como Licenciada en Medicina y Cirugía, como especialista, como funcionaria Médica Forense por oposición, como la primera Forense Coordinadora de Violencia de Género en España y hasta como Directora del Instituto de Medicina Legal de Granada. Una trayectoria que incluye un importante paso por Europa y numerosos reconocimientos y galardones y no puede ser cuestionada.

Nombrar a Mariola para mí es  hablar de una hermana de vida y de una mujer solidaria. Este año ha sido la primera finalista del premio Avanzadoras  2016 que cada año convocan 20 Minutos y Oxfam Intermón. Pero sobre todo y ante todo es nombrar a una mujer valiosa cuyo compromiso por la igualdad abracé desde que nos unimos y abrazaré siempre. Una Mujer de Mujeres.

flor de torres nueva recortada

 

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

Teodora de Bizancio

 

Por Silvia Martínez Valero

En estos días en que la lucha por los derechos de la mujer se encuentra en pleno auge, una se pregunta en ciertas ocasiones de dónde vienen o a qué época se remontan las pioneras de tan ardua tarea. Resulta que entre los primeros ejemplos encontramos a Teodora, emperatriz bizantina del siglo VI d.C.

Mosaico de Teodora y su séquito en la iglesia de San Vital de Rávena.

Mosaico de Teodora y su séquito en la iglesia de San Vital de Rávena.

Podría pensarse, como es lógico, que su condición de emperatriz trajo ligada de nacimiento su posición social. Nada más alejado de la realidad, pues Teodora fue hija de un hombre de circo y una bailarina y tuvo que atravesar duras etapas de su vida hasta llegar a convertirse en la poderosa mujer de quien la Historia dejó constancia. Durante su infancia, trabajó en el hipódromo de Constantinopla siguiendo la tradición familiar; después, alternó en diversos burdeles y finalmente se consagró como actriz, alcanzando gran prestigio con su representación del motivo mitológico griego de Leda y el Cisne. A sus dieciséis años viajó al norte de África acompañando a un oficial sirio y allí recibió numerosas influencias, entre ellas las que la llevaron a convertirse al monofisismo.

Años más tarde, habiendo regresado ya a Constantinopla, su fama y el hecho de que viviera cerca del palacio de Justiniano –facilitando así los encuentros entre ambos–, hicieron que el emperador le expresara su deseo de contraer matrimonio con ella. Así pues, tras derogar la ley que impedía la unión entre un emperador y una plebeya de baja condición, terminaron casándose.

Es a partir de aquí cuando, gracias a su nueva autoridad, Teodora fue capaz de realizar numerosas reformas sociales y se estableció como un grandísimo apoyo para Justiniano (por ejemplo, en las revueltas de Niká). Entre diversas leyes, Teodora promulgó otras contra la prostitución forzada y facilitó el traslado de aquellas mujeres que abandonaban la profesión, creando conventos para alojarlas (seguramente como resultado de la propia experiencia vivida). También aseguró su lucha para favorecer la separación de los cónyuges, ampliar los derechos de las madres sobre los hijos, derogar las penas contra las mujeres adúlteras y, a la vez, aplicar a la violación en sí el carácter de delito. Todo ello contribuyó a que durante sus años de mandato, las mujeres gozaran de derechos muy superiores a los que imperaban en el resto de Europa.

También en el terreno religioso tuvo Teodora mucho que decir. Aun sabiéndose que Justiniano era ortodoxo, la emperatriz nunca renunció a su monofisismo e hizo todo lo que pudo por mantener –en contra del primordial deseo de su esposo– esta religión en su imperio. De hecho, llegó a ejercer tanta influencia en Justiniano que, a su muerte, este trató de armonizar las dos facciones religiosas e incluso protegió las colonias monofisitas que ella había fundado a sus espaldas.

Puede decirse, entonces, que su gobierno no solo representó un avance para los derechos de la mujer, sino que su figura propició en el imperio una convivencia religiosa de la que aún se podría aprender bastante.

Silvia Martínez ValeroSilvia Martínez Valero es una joven estudiante y constructora de historias.

 

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¿Revolución sin mujeres?

 

Por María Teresa Fernández Ampié

“Mire compañera, la verdad es la revolución no se puede hacer sin la participación de las mujeres”

Inicio de la canción El cenzontle pregunta por Arlen, dedicada a Arlen Sui, mártir de la Revolución en Nicaragua.

Hoy 19 de julio se cumplen 37 años del triunfo de la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua, un hecho que marcó tanto la historia del país, sino la historia personal de quienes vivimos ese momento de transformación social. Como muchas mujeres de mi generación participé en la lucha contra la dictadura somocista en el movimiento estudiantil, levantando  barricadas, y con la Revolución en las distintas tareas, la alfabetización, la recolecta de algodón y café para que el país obtuviera divisas…

Así conocí a muchas mujeres en las tareas de la Revolución Popular Sandinista: obreras agrícolas o campesinas, como Nubia Quintero. Ella con 27 años se involucró en la revolución y además de aportar en las tareas de la causa, era madre de cinco hijos y productora. Dedicaba una buena parte de su tiempo a cosechar maíz y ajonjolí, a pesar de no tener tierra propia. Participaba en la revolución con la esperanza de un futuro mejor para ella, para sus hijos y su país.

Desde el 2006, cada año las mujeres rurales organizadas le recuerdan al Gobierno de NIcaragua que tiene una deuda con las mujeres rurales. Exigen que se cumpla la ley que otorga tierra a las mujeres. Imagen: coordinadora de mujeres rurales.

Desde el 2011, cada año las mujeres rurales organizadas le recuerdan al Gobierno de NIcaragua que tiene una deuda con las mujeres rurales. Exigen que se cumpla la ley que otorga tierra a las mujeres. Imagen: coordinadora de mujeres rurales.

Como Nubia, conocí a muchas mujeres campesinas, algunas productoras y otras obreras agrícolas que trabajaban para grandes terratenientes, pero soñaban con tener una parcelita. Ellas y yo creímos que al triunfar la revolución, todas y todos seríamos beneficiados por igual. Sin embargo la reforma agraria iniciada en 1981, dos años después del triunfo, aunque reconocía el derecho de las mujeres a tener tierra, nos demostró que no fue así: de cada 100 personas a las que se entregó tierra, solamente 8 fueron mujeres. De esa manera, sin proponérselo, la revolución también contribuyó a  invisibilizar a las mujeres en el campo, y siguió la vieja cultura patriarcal de no reconocer a las mujeres como sujetas políticas de cambio y agentes de la producción agrícola.

Que la tierra estuviera en manos de los hombres era visto como algo normal, pero el involucramiento de muchas en cooperativas y otras formas organizativas y la necesidad de tener sus propios recursos como sí los tienen los hombres, les fueron abriendo un horizonte de derechos que ellas no conocían. Tanto así que hoy Nubia es la Presidenta de la Cooperativa Nuevo Amanecer, en la Comunidad Lechecuagos, del departamento de León, en Nicaragua. Después de la revolución, Nubia reconoce que las mujeres descubrieron que podían hacer muchas cosas que se consideraban tareas de hombres, como ser dueñas de la tierra, pero lamenta que aún después de tantos años, muchas no tengan parcelas propias.

En Nicaragua como en aquellos años, el gobierno sandinista hoy (en su tercer período de gobierno) afirma que no se puede hacer la revolución sin la participación de las mujeres, pero decirlo no es suficiente, como no lo fue en los años 80.  En aquel momento fue la reforma agraria la que representó la esperanza perdida, hoy tenemos la ley 717, Ley Creadora de un Fondo para compra de Tierra con Equidad de Género para mujeres rurales, aprobada en 2010 por una mayoría de diputados sandinistas y de los partidos de oposición, pero que hasta la fecha no se cumple, ya que no se asigna la partida presupuestaria que le corresponde en el Presupuesto General de la República.

Nubia, y miles de mujeres que alquilan tierra, piden prestada o producen a medias en tierra que no es suya, cada vez que llega la celebración de la revolución, esperan que por fin al Gobierno no se le pase la oportunidad de pagar la deuda que tiene pendiente con las mujeres rurales.

Pagar esa deuda contribuiría a una mayor participación política de las mujeres en organizaciones, cooperativas, salir de la violencia, negociar en el núcleo familiar, producir agroecológicamente, tener mayores ingresos para ellas y sus  familias, tener activos productivos para su empoderamiento y alcanzar una vida de bienestar.

María Teresa Fernández Ampié preside la Coordinadora de Mujeres Rurales de Nicaragua. Casi 20 años trabajando a favor de los derechos de las mujeres rurales nicaragüenses, promueve la organización y la participación activa de las mujeres en su propio empoderamiento y desarrollo.

El franquismo y las mujeres: una cuestión de derechos

Por Evelyn Recinos Contreras 

“Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y, a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”

Gonzalo Queipo de Llano, General Franquista.

Entrada del ejército franquista en la localidad de Constantina.

Entrada del ejército franquista en la localidad de Constantina (Sevilla). Imagen de José Antonio Bru (Blog).

En España hablar de la guerra civil es un tema incómodo. No puedo decir que genere discusiones o que sea controversial. Sencillamente no existe, no se toca. El acuerdo sobre olvido y silencio es extensivo y transmitido de generación en generación.

Si pregunto, la mayoría dice que hay que dejar el pasado en el pasado. Yo me niego rotundamente a pactar olvido.

No quiero olvidar a Matilde Landa, Margalida Jaume, Pilar Sánchez, Daria Buxadé, Mercedes Buxadé y Lidia Falcón. No quiero olvidar la historia de represión, tortura, violación, prisión, fusilamiento y ensañamiento contra las mujeres republicanas. No quiero ignorar el daño irreparable causado a todas las mujeres españolas durante el régimen franquista condenando a algunas a cumplir roles impuestos y a otras a la violencia brutal.

La historia de las mujeres españolas no puede ser condenada al olvido y la impunidad.

En España, como en el resto del mundo la guerra de los hombres no solo se pelea en el cuerpo de las mujeres sino que sus efectos y daños trascienden el nivel personal, afectan a hijas e hijos, familia, comunidad y sociedad en general, y permanecen a través del tiempo. De allí supongo nace la necesidad de los responsables de forzar a un país entero a olvidar y callar.

Es necesario evidenciar que las violencias cometidas contra las mujeres en cualquier parte del mundo nos afectan a todas, que si tocan a una nos tocan a todas, por eso no puedo ni quiero olvidar a las mujeres republicanas que por su participación política, ideales o nexos afectivos fueron humilladas, rapadas, purgadas, difamadas, violadas, torturadas, privadas de libertad, cuyos hijos e hijas fueron robados, mujeres desaparecidas y ausentes. No quiero olvidar que las tropas franquistas tenían órdenes y total libertad para hacer con las mujeres enemigas lo que quisieran,  y usaron todo su poder para destruirlas y acabar con su dignidad por todos los medios.

Porque hay muchas heridas que siguen abiertas aunque las tumbas estén cerradas. Porque la memoria es importante para cambiar la historia, porque las palabras mueven y transforman, porque ya basta de vivir en miedo, estas líneas finalmente son una invitación a recordar a las mujeres ausentes y de alguna manera hacerles justicia. Una invitación a hacer tu parte.

Desde Women’s Link Worldwide estamos contribuyendo a que estos terribles crímenes cometidos durante la dictadura no sean olvidados ni invisibilizados, para ello hemos presentado la primer querella sobre crímenes de género durante el franquismo para que en la investigación penal que se lleva a cabo en Argentina se incluyan los crímenes cometidos contra las mujeres.

Por Evelyn Recinos Contreras, abogada de Women’s Link Worldwide @WomensLink

Alimentar, educar, sobrevivir, cambiar

Por Dori Fernández

Al principio, ellos salían a cazar, mientras ellas y la prole dedicaban su tiempo a recoger bayas, granos y frutos silvestres que constituían la base de la alimentación del grupo. La caza de animales se volvía muy difícil sin más armas que lanzas y piedras talladas, con lo que ingerir proteína animal se convertía en una celebración esporádica. (Recomiendo leer Las mujeres en la prehistoria, editado en el 2008 por el Museu de Prehistòria de València).

Imagen del documental 'Cartografía de la Soledad', de Nocem Collado.

Imagen del documental ‘Cartografía de la Soledad’, de Nocem Collado.

Ni ellas ni ellos reconocían la causa-efecto de la copulación, con lo que los hijos e hijas que alumbraban eran entendidos como un bien común que había que cuidar porque aseguraba la pervivencia de la tribu. Sin saberlo, tenían claro que “para educar a un niño hace falta la tribu entera”, que dirá con acierto Jose Antonio Marina.

Más tarde, aprendieron a domesticar animales y a cultivar la tierra con su ayuda. Y también a ver las consecuencias de la copulación entre un hombre y una mujer. Ya nada era cosa de la tribu entera, sino de dos, de ellas y ellos, aunque seguían siendo los varones quienes salían fuera de su jurisdicción para intercambiar productos, semillas o ganado con sus otros iguales. Los constantes embarazos y el cuidado de la prole ataban a las mujeres al ámbito del ahora hogar-huerto.

Y con la agricultura aparecieron los excedentes y la propiedad privada. La tierra producía más de lo que una pareja y su prole eran capaces de consumir. Se hizo necesario mercadear con lo sobrante, cambiándolo bien por bienes de consumo, bien por bienes de acumulación (propiedades, ganado y otros bienes patrimoniales). La tribu había desaparecido para dar paso a la familia, la unidad básica de consumo, o “el medio de reproducción de la fuerza de trabajo” como la definiría Marx.

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Inspiradoras en el camino de la igualdad

Por Flor de Torres Porras
flor de torres nueva recortada 

Terminó noviembre. Le doy vueltas a la imagen de tantas mujeres distintas, distantes y a la vez unidas en una idea. En un compromiso que nos lleva por un único camino, el que juntas recorremos y en el que nos vamos encontrando: el camino de igualdad. Recuerdo la magia y el embrujo que ejercen la literatura y la poesía en la construcción de este camino único e imprescindible. Me acuerdo de Carmen Martín Gaite describiendo la prisión de tantas mujeres que buscan libertad.

Carmen Martín Gaite, imagen de archivo.

Carmen Martín Gaite, imagen de archivo.

Recuerdo que hace años yo observaba a Carmen mirar por la ventana del Café Gijón hacia el Paseo de Recoletos, donde coincidíamos, y veía su pluma deslizarse a un pequeño bloc de anotaciones lleno de relatos de libertad:

Todas las mujeres del mundo cuando miran por una ventana la convierten en punto de embarque, en andén, en alfombra mágica desde donde se hacen invisibles para fugarse. Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana, ni prohibirles que surquen el mundo hasta confines ignotos. En todos los claustros, cocinas, estrados y gabinetes de la literatura universal donde viven mujeres existe una ventana fundamental para la narración, de la misma manera que la suele haber también en los cuartos inhóspitos de hotel que pintó Edward Hopper y en las estancias embaldosadas de blanco y negro de los cuadros flamencos.

Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos.”
“De su ventana a la mía” de Carmen Martín Gaite Lee el resto de la entrada »

Lo que hacen las mujeres para que haya paz en el mundo

Por Winnie Byanyima Winnie_Byanyima

Como antigua parlamentaria ugandesa, he estado siempre interesada en el rol que juegan las mujeres como impulsoras del progreso, tanto femenino como masculino, no solo en mí país, sino en todo el mundo.

En este momento las mujeres ocupan el 34% de los asientos del parlamento ugandés, gracias, en buena medida, a las cuotas establecidas por la Constitución. La batalla por la igualdad está lejos de haber acabado para las mujeres ugandesas, pero, por lo menos, cuentan con representantes que pueden dar voz a sus preocupaciones durante el proceso de toma de decisiones.

Un grupo de alumnas en la escuela Rwemigangago, en el subcondado de Katenga, Uganda. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Un grupo de alumnas en la escuela Rwemigangago, en el subcondado de Katenga, Uganda. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Asegurarse de que estas reflejan las necesidades y puntos de vista de la mayoría nunca es más importante que cuando el tema tratado es la paz y la seguridad. Sin embargo, el avance que ha supuesto que un número record de mujeres entren en política en países como Uganda, Ruanda o Afganistán no ha tenido su paralelismo en la representación femenina en los procesos de paz y en las instituciones internacionales de seguridad.

Yo misma formé parte del proceso de paz de Uganda en los 80 y fui una de las firmantes del Acuerdo de Paz de 1985. Sin embargo, tal y como explica un reciente informe de Oxfam ‘Mujeres, paz y seguridad: Cumplir la promesa’, se trató de una rara excepción.

Entre 1992 y 2011, menos del 4% de las firmas en los tratados de paz  fueron de mujeres. Del mismo modo, las mujeres representaron menos del 4% de los participantes y  del 10% de los negociadores en las conversaciones de paz. Por otro lado, en las misiones de mantenimiento de la paz y en los sistemas de seguridad nacional en áreas de conflicto, las mujeres también estuvieron infrarrepresentadas.

Esta exclusión de las mujeres tiene poco sentido. Los conflictos amenazan a todos, pero implican  riesgos específicos sobre mujeres y niñas, como la violencia sexual, el tráfico de personas y un mayor aumento de las desigualdades de género. Los intentos para acabar con estos problemas están destinados a fracasar si la perspectiva y las contribuciones de las mujeres no están apropiadamente integradas en los esfuerzos de prevención y recuperación de conflictos.

Reconociendo el problema, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó hace 15 años la histórica resolución SCR1325 para defender los derechos de las mujeres en los conflictos y su papel en los procesos de paz y seguridad. Desde entonces seis resoluciones más del Consejo de Seguridad han ayudado a establecer una política-marco sobre este tema. Así, casi 50 países han desarrollados Planes de Acción Nacionales para implementar la resolución de la ONU y varios de ellos han actuado como importantes e influyentes promotores de estas políticas.

Sin embargo, y como muestra la casi total ausencia de mujeres en las conversaciones de paz, se han hecho pocos avances reales. Es necesario fomentar la participación de las mujeres en este tipo de procesos, así como prestar más atención a la prevención de conflictos. Muchos de estos enfrentamientos han sido señalados por la presencia de violencia basada en el género, a menudo facilitada por un tráfico descontrolado de armas pequeñas y por una cultura de la impunidad.

La financiación para este tipo de políticas promovidas por la ONU ha crecido, pero sigue siendo demasiado baja como para lograr sus objetivos. Las organizaciones locales por los derechos de las mujeres, que se encuentran en primera línea de los esfuerzos para la prevención y recuperación de conflictos, tienen problemas de financiación. Igualmente mucho de los Planes de Acción Nacionales carecen de un presupuesto importante, o incluso de cualquier tipo de recursos.

El mes que viene se celebrará el 15 aniversario del UNSCR 1325 y estos temas deben tratarse. El próximo 13 de octubre, la ONU realizará un examen al más alto nivel para analizar los avances de estas políticas y los retos a los que ha habido que enfrentarse en los últimos 15 años. También se fijaran nuevos objetivos. Constituye una oportunidad única para tratar estos temas con ambición. Para prepararse para la reunión docenas de ministros y altos funcionarios discutieron propuestas en una conferencia el pasado día 30 en Nueva York, donde fui invitada a hablar.

Dije que no hay tiempo que perder. El número de conflictos no ha hecho más que aumentar en la última década, lo que ha llevado a un número record de personas desplazadas tratando de encontrar refugio en Europa, partes de Asia y otros lugares. Esto supone un reto para los gobiernos y las comunidades de todo el mundo. Nunca había habido una mejor oportunidad para garantizar que las mujeres puedan contribuir de manera eficiente a los esfuerzos de paz y seguridad de un mundo afligido.

Winnie Byanyima es Directora Ejecutiva de Oxfam Internacional

¿Tribunales sin hombres?

Por Marisa Kohan Marisa Kohan

Imaginemos por un momento que no hubiera ningún hombre representado en los órganos de decisión judiciales. Me refiero a que ninguno o casi ninguno de los jueces que los forman sean del sexo masculino. Que todos los miembros de la Corte Interamericana de Derechos Humanos fueran mujeres. Imaginemos que la Corte Internacional de Justicia estuviera formada por juezas y que se hubiera vetado el acceso a sus colegas del sexo opuesto.

Composición actual de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Imagen oficial de la CIDH.

Composición actual de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Imagen oficial de la CIDH.

¿Por qué? Creo escuchar decirle mientras lee estas líneas. ¿Por qué? es lo que me pregunto yo mientras las escribo. ¿Es que las mujeres quieren dejar afuera a los hombres? ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué medidas deberíamos adoptar para subsanar esta injusticia?.

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de imaginación, pero muchas veces la realidad equipara o supera nuestras ficciones. La realidad es que hoy y siempre los máximos órganos de decisión (judiciales o no) han estado sobre-representados por hombres. O lo que es lo mismo: sub-representado de mujeres. Sin embargo, raramente surge la pregunta de ¿por qué? O ¿qué tenemos que hacer para remediarlo?

Esto es precisamente lo que hace la campaña Gqual (igualdad de género), que se lanzó el jueves pasado en Nueva York y que busca promover una mayor paridad en los tribunales de justicia y en los órganos de decisión internacionales. Los datos recopilados por estas organizaciones (unas 12 que promueven la campaña, entre las que está Women´s Link Worldwide), son demoledores.

Sólo cuatro de los 106 jueces que ha tenido la Corte Internacional de Justica desde que se fundó en 1945 han sido mujeres. De los 15 jueces que la forman hoy en día, sólo 3 son juezas. Más sangrante es la situación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en la  que todos sus miembros (7) son hombres, situación que cambiará ligeramente en 2016 cuando se una a ella una única mujer. Desde que comenzó a andar en 1979 sólo cuatro de sus 35 miembros han sido mujeres.

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia tiene 17 jueces permanentes y sólo dos son mujeres; en el Tribunal Penal de Ruanda, responsable de juzgar el genocidio en aquel país del que muchas mujeres fueron víctimas por las violaciones masivas, sólo dos de sus 10 miembros son juezas.

La campaña #Gqual desvela que hasta septiembre de 2015, sólo 17% de todas las posiciones dentro de los principales tribunales internacionales estaban ocupadas por mujeres y en los tribunales regionales de derechos humanos sólo 25%. Naciones Unidas no se escapa de esta cuenta negativa. De las 52 Relatorías Especiales de la ONU, 19 nunca han sido ocupadas por una mujer.

Decenas de representantes de Estado, miembros de la sociedad civil, activistas, periodistas y juristas internacionales estuvieron presentes en su lanzamiento y se han sumado a esta campaña que pide a los Estados que cuando nominen y voten a sus miembros lo hagan con el objetivo de promover la igualdad de género y que trabajará con todos los actores necesarios para desarrollar mecanismos, directrices y normas para promover una representación más paritaria.

Cientos de personas se han unido a este llamado firmando la declaración de la campaña. Porque no sería justo que existan tribunales sin hombres y por lo tanto, tampoco lo es que sigan como hasta ahora.

Marisa Kohan es Directora de Comunicación de Women´s Link Worldwide.

La difícil convivencia

Flor de TorresPor Flor de Torres

Conocemos nuevos datos sobre la violencia a la mujer en nuestro país: los del primer trimestre del 2015, a través de las estadísticas judiciales. Y conocemos también el estudio sobre las motivaciones de las víctimas realizado por la profesora de psicología experimental María Jesús Cala, que profundiza sobre los motivos que llevan a las mujeres víctimas de violencia a renunciar el proceso y predecir con el 80% sus renuncias en futuras actuaciones judiciales.

¿Qué diferencia a la víctima de la violencia de género de cualquier otra víctima de otro delito?. Imagen de Óscar García Montes.

¿Qué diferencia a la víctima de la violencia de género de cualquier otra víctima de otro delito?. Imagen de Óscar García Montes.

De nuevo los datos estadísticos de violencia de género nos sitúan en la magnitud del problema. Imposible dar una única explicación. Y es que podríamos dar todas las que confluyan y se apoyen en la desigualdad propiciando el crimen de género. Esa es la única explicación. Mientras se construyan relaciones desiguales existirá la violencia a la mujer. Y existirán perpetuadas las victimas que no quieren denunciar o que renuncian al proceso amparadas por las prerrogativas legales de un sistema Judicial construido en leyes que nada tienen que ver con el moderno mecanismo de la L.O 1/04, de la ley integral contra la violencia de género.
En 1.882 se publicaba la Ley de Enjuiciamiento Criminal que permitía en su artículo 416 a los cónyuges, en este caso a la mujer, no declarar en contra de su esposo. La ley decía en su exposición de motivos que este permiso para no declarar se basaba ‘…en los vínculos de solidaridad familiar que deben presidir las relaciones familiares’.
Difícil convivencia legal de este artículo con el máximo exponente del compromiso en la lucha contra la violencia de género: nuestra ley integral. Ello provoca una fuente inagotable de renuncias, abandonos, silencios y absoluciones en los procesos judiciales por violencia de género donde la víctima persiste en su silencio o en su negativa a continuar el proceso silenciando la prueba nuclear del mismo: su declaración.
Y fue Stuart Mill (1806-1873) precisamente quien en esos años de producciones legislativas y cuando se fraguaba la ley de Enjuiciamiento Criminal, quien centró la visión de género de que adolece la Ley de Enjuiciamiento Criminal cuando el manifestaba: ‘La mujer es la única persona (…) que, después de probado ante los jueces que ha sido víctima de una injusticia, se queda entregada al injusto, al reo. Por eso las mujeres apenas se atreven, ni aún después de malos tratamientos muy largos y odiosos, a reclamar la acción de las leyes que intentan protegerlas; y si en el colmo de la indignación o cediendo a algún consejo recurren a ellas, no tardan en hacer cuanto sea posible por ocultar sus miserias, por interceder en favor de su tirano y evitarle el castigo que merece’.
Pese a todo se redactó este articulo 416 en la Ley procesal que promulgaba la solidaridad familiar como causa que justifique el silencio y la impunidad de muchos procesos judiciales entre las propias víctimas de la violencia de género. Y seguimos preguntándonos qué hace a una víctima de violencia de género tan especial frente a otra víctima de otro delito.
La respuesta la encuentro siempre en la psicología, en la deconstrucción interior que su maltratador ha hecho de ella, desprogramándola como mujer libre y construyéndole sentimientos internos que integran:
– Distorsión cognitiva con deformación en el procesamiento de la información. Un engaño que distorsiona su realidad, su pensamiento futuro y lo que le rodea. Frecuentemente nos manifiestan en los tribunales: ‘el proceso se va a volver contra mí’, ‘nadie me va a creer’,  ‘mis hijos me van a hacer responsable de lo que ocurra a su padre‘…
– Frustración como estado psicológico que puede sobrevenir al no alcanzarse los objetivos pretendidos, y que puede además desencadenar comportamientos negativos en la propia víctima. En los Juzgados nos manifiestan: ‘no soy capaz de relatar lo que ocurrió’, ‘no sé si quiero una medida de prisión’, ‘no sé si quiero el divorcio‘…
Falta de asertividad como capacidad para transmitir hábilmente opiniones, intenciones, posturas, creencias y sentimientos. Ellas, las víctimas, recurren a las frases tan reiteradas en los Órganos Judiciales como: ‘no voy a declarar contra el padre de mis hijos’,  ‘me acojo a mi derecho de no declarar de acuerdo al artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal
– Y todo ello unido a sentimientos de vergüenza o presión social y familiar.
Sí. De nuevo las estadísticas y el recuento. Y los datos que nos arrojan, los que nos dicen los números que encierran vidas de sufrimiento, desigualdad, dolor y silencio.
En esos años de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, un magnífico Fiscal General del Estado, Javier Ugarte, en la Memoria anual de la Fiscalía de 1907 manifestaba: ‘Hablar del crimen pasional para enmascarar infamias, hacer del asesinato de mujeres leyenda que ennoblece groseros sadismos y exalta honores canallescos-al par que en ocasiones vindica honras conyugales, con letra de Calderón y Lope de Vega- es una gran vergüenza, reveladora de la negligente indefensión social que pide a gritos rigores de ley, inflexibilidades de Jueces, reparaciones de derechos, a cuyo amparo cuenten con verdaderas garantías la inocencia y la seguridad de la mujer.
Reconocidas están en nuestros Códigos todas las libertades; pero ¿Hay pretexto para respetar una libertad que signifique “anarquía”, es decir, atropello de todos los derechos, olvido de todos los deberes, harapos de todas las ideas, escombros de todas las Instituciones, escuela de todos los crímenes, protesta viva y violenta de toda la Ley?… ¿Puede tampoco invocar la ley en su amparo el que de conculcarla y escarnecerla hace dogma y principio de conducta?’

Y esta debe de ser nuestra visión y nuestra actitud. Stuart Mill y Javier Ugarte nos dieron las claves hace ya más de un siglo. Pero por favor no cuestionen la violencia de género sin conocerla. Y sin conocer esta difícil convivencia legal.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.