BLOGS

Archivo de la categoría ‘Familia’

En solidaridad con las niñas y mujeres de Guatemala

Por Nuria Coronado

En Guatemala, el terrible incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción ha puesto de manifiesto el grado de la vergüenza y la infamia en este país. Han fallecido al menos 40 menores y otras 30 permanecen hospitalizadas con diagnóstico reservado después de denunciar que estaban siendo violadas y maltratadas en el propio centro de acogida. Incendiaron varios colchones en protesta y no pudieron escapar del fuego porque estaban encerradas.

Es demasiado común que las víctimas de abuso sexual no sean creídas cuando denuncian lo que les ocurre. Por eso mujeresdeguatemala.org una ong afincada en España se esfuerza, día sí y día también, en denunciar la violencia sexual de sus compatriotas y en poner en su sitio a quienes ponen en duda la palabra de las víctimas amparados en cómplices sociales para seguir manteniendo los privilegios del machismo.

Homenaje. Imagen de Mike Labrum.

Hay algo peor a ser violada o agredida: no ser creída cuando lo cuentas. Es la doble perversión, el doble daño a la mujer que sucede más a menudo de lo que podamos pensar. La primera violación la ejerce un delincuente, un violador. La segunda, la de la in-credibilidad de los testimonios de las mujeres víctimas de la violencia machista, es aún más sangrante y enjundiosa ya que la llevan a cabo jueces, fiscales o forenses que usan el Derecho como un instrumento (más) para perpetuar el machismo. Basta con remitirse a cifras como las que da el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ (2016) según las cuales el motivo de absolución más frecuente en denuncias por violencia de género es la falta de prueba suficiente por constar sólo la declaración incriminatoria de la víctima (40,1%).

Una realidad que. como no se cansa de repetir Arsenio García Cores, perito, docente y experto en Derechos Humanos y análisis de determinación de la credibilidad, “es un camino de doble vía: la de los estereotipos y los prejuicios de género que instalados en la sociedad inciden en el Derecho, cuyas sentencias serán a su vez escuchadas y reproducidas en la sociedad, reforzando dicha estereotipia y perpetuándola”.  O lo que es lo mismo: que el Derecho, tiene género y no es precisamente el femenino. “El estereotipo es una creencia exagerada asociada con, o acerca de, las costumbres y atributos, reales o no, de un determinado grupo o categoría social. Es el inicio de una secuencia que va desde lo cognitivo (imagen estereotipada), que pasa por la actitud (el juicio previo o preexistente, el prejuicio) y finaliza en el comportamiento (la conducta discriminatoria). La comprensión de este mecanismo es fundamental para revelar que los operadores judiciales no toman decisiones sobre la base de estereotipos sino prejuicios, valoraciones basadas en dichos estereotipos pero asumidas además como categoría de conocimiento –sana crítica, máximas de la experiencia, etc.–. Por ello, los estereotipos se convierten en indetectables para el juzgador, porque al ser elevados a categoría jurídica, sobre la que se analizará la prueba, dejan de ser tales estereotipos: son certezas o al menos realidades ampliamente consolidadas que permiten la toma de decisiones”, añade este experto internacional.

Y de tanto estereotipo pasa que el mazo de la justicia, en vez de recaer con todo su peso en el lado de los culpables, abate a la víctima al dudar de su palabra y perpetúa, por los siglos de los siglos, la cultura de la violación.  “En los crímenes de violencia sexual, la credibilidad juega un papel fundamental que hasta ahora no ha sido debidamente analizado. Casi instantáneamente, los testimonios de las víctimas son puestos en duda —por las autoridades, las instituciones, las familias, las personas conocidas—. Una re victimización que sólo se comprende si enfocamos hacía su origen: los prejuicios y estereotipos que funcionan como trabas a un correcto análisis de la situación, y que actúan por encima de los estándares internacionales de credibilidad a los que obligan las leyes y tratados en materia de Derechos Humanos.”, tal y como explica Mercedes Hernández, presidenta la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG (mujeresdeguatemala.org).

Con el fin de concienciar sobre la injusticia y la revictimización a las que se ven sometidas las mujeres agredidas sexualmente, sobre cuya palabra recae constantemente la sospecha, @mujeresdeguate ha llegado a nuestro país para poner en marcha una valiente y valiosa iniciativa llamada #YoTeCreo. Se trata de una  campaña que responde “a la necesidad urgente de orientar y contener los juicios subjetivos —impregnados del estereotipo de género— en los casos de violencia sexual, y se dirige tanto a la población general como a los/as profesionales y funcionarios/as de las áreas e instituciones de salud y justicia. Para ello trabajamos en una serie de herramientas conceptuales, reelaboradas a la luz de la teoría feminista y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, añade Hernández.

Además #YoTeCreo analiza las consecuencias de no creer en la palabra de las víctimas y cómo ello favorece la impunidad jurídica y social, valiéndose de los medios de comunicación y de los tribunales que terminan convirtiéndose en laberintos y telarañas en los cuales las víctimas quedan atrapadas. ‘El proyecto yotecreo.net surge a raíz de la historia real de una víctima llamada Ana, que reúne el cómic que dibujó para narrar las agresiones a las que fue sometida. La campaña cuenta además con voces expertas en el derecho, la psicología y los medios de comunicación, entre otras, que reflexionan sobre la credibilidad y analizan las barreras sociales que impiden creer la palabra de las mujeres víctimas de agresión sexual, especialmente cuando, en casos como el de Ana, el agresor es conocido de la víctima, lo cual inactiva sus posibilidades de defensa’, añade Hernández.

Por tantas niñas como las del Hogar Virgen de la Asunción, por tantas Anas que por desgracia todavía sufren, es necesario alzar la voz y sumarse a movimientos como este. Cuesta muy poco y sirve de mucho. Es tan sencillo como acompañar virtualmente a mujeres cuya negativa y abuso no fue creído, mediante una foto con un cartel escrito a mano que lleve este sencillo mensaje: #YoTeCreo. ¿Te sumas?

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com y responsable de Comunicación de Juan Merodio

Estudiar en serio la conciliación familiar

Por Beatriz Peinador

En la empresa privada, cuando vamos a una entrevista de trabajo, todavía nos preguntan si vamos a tener la intención de quedarnos embarazadas o si tenemos hijos, aunque las formulaciones de estas preguntas estén prohibidas por ley. Una gran parte de empresarios de la sociedad española sigue considerando que el hecho de que una mujer se quede embarazada es un sobrecoste perjudicial para la empresa.

Una mujer cuida a su hijo mientras trabaja. Imagen: INEM.

Demos un paso más. Ya estamos incorporadas al mercado laboral y nos quedamos embarazadas. ¿Qué pasa? Las mujeres tenemos 16 semanas de permiso por maternidad, adopción, acogimiento o guarda de hijos con fines legales desde el año 1996. ¿No ha cambiado la sociedad en 21 años para que sigamos teniendo el permiso con la misma duración?

En el caso de los hombres, en la legislación española hasta el día 1 de enero de este mismo año tan sólo disponían de 13 días por permiso de paternidad, adopción o acogida y 2 días de permiso de nacimiento ofrecido por la empresa. En este caso, la sociedad demandaba una legislación que ampliará este permiso, pero que ha estado en “vacatio legis” desde el año 2009, es decir, suspendida su entrada en vigor hasta que la situación económica mejorara. Actualmente, los hombres cuentan con 4 semanas de permiso por paternidad.

Asociados con el nacimiento, la adopción, el acogimiento o la guarda con fines legales, existen unos derechos de conciliación cuya finalidad es mejorar la conciliación familiar y laboral. Pero, ¿quién asume estos derechos? Como ejemplo, según datos del Instituto Nacional de Estadística, 33.779 mujeres se acogieron a la excedencia por cuidado de hijos menores de 3 años frente a los 2.416 hombres.

Esta gran diferencia es debida, entre otras, a dos principales razones: las mujeres siguen ganando menos que los hombres, por lo que cuando alguien de la pareja tiene que dejar de trabajar por cuidar a sus hijos, se elige a la persona con menor salario. El segundo motivo es cultural y está asociado a los roles de género. Con la división sexual del trabajo, la mujer era la encargada del cuidado de los hijos y del hogar, mientras que el hombre era el que se dedica a trabajar para mantener a su familia. ¿Estos valores siguen prevaleciendo en la sociedad actual?

Para responder a esta pregunta, me gustaría que me ayudaseis.

Mi nombre es Beatriz Peinador Gárgoles. Soy alumna del doble grado en Sociología, Relaciones Laborales y Recursos Humanos de la Universidad Rey Juan Carlos. Para la realización del trabajo final del doble grado, estoy analizando la distribución del cuidado de la población de la Comunidad de Madrid y su incidencia sobre los derechos de conciliación que existen actualmente en la legislación española. La población de estudio es la Comunidad de Madrid, ya que debido a que es un trabajo académico, no dispongo de los recursos temporales y económicos para realizarla nacionalmente.

Por lo que, os pido, si tenéis 5 minutos y vivís en la Comunidad de Madrid, que me ayudéis a conocer y analizar este tema, tan sólo rellenando el cuestionario que podéis encontrar en este enlace. Todos los datos van a ser utilizados únicamente para uso académico y es totalmente anónimo.

Muchas gracias por vuestra colaboración.

Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras

Por Damaris Ruiz

Soy nicaragüense, con casi 40 años y al menos en esta etapa de mi vida me acompaña y acompaño a una niña. Una niña que quiero ver crecer en un mundo donde las mujeres tengamos derechos sin tener que pelearlos diariamente, donde podamos caminar o hablar sin temor, donde hagamos y no pidamos permiso, donde asumamos que lo correcto lo definen nuestros valores. Además, es muy importante decir que tengo varios trabajos, pero solamente uno de ellos se corresponde con aquellos en los que solemos pensar cuando mencionamos la palabra trabajo.

Manifestación del Paro de Mujeres 2017 #NosotrasParamos en Nicaragua. Imagen de Milagros Guadalupe.

Salgo con cierta frecuencia fuera de mi país y muy a menudo otras mujeres me preguntan: ¿cómo lo haces? ¿cómo quedó tu niña? Pensándolo bien, creo que los dedos de una mano me bastarían para contar cuántos hombres me hacen la misma pregunta. Son múltiples las alternativas que vamos construyendo las mujeres para poder estar donde queremos estar, la tenacidad y el diálogo con otras nos van dando las fuerzas necesarias. Y sí a veces me pregunto ¿lo estoy haciendo bien? Pero también me toca escuchar de manera recurrente ¿y no has considerado un trabajo donde tengas que viajar menos y estar más en casa?

Cuando digo que nuestros trabajos son múltiples es porque si me pongo a sacar cuentas, por un lado uno de mis trabajos me demanda entre 8 y 10 horas diarias, pero por otro lado, mientras hago este trabajo estoy pensando y conectada con la escuela, la alimentación, los pagos y en su caso, las medicinas. Por supuesto antes de salir de casa, toca hacer todo lo que ya sabemos y al regresar también. A todo esto debemos sumar el tiempo para la interacción con las personas que cuidamos, su educación y la afectividad, que es algo tan fundamental para la vida de cualquier ser humano. Todos estos son trabajos y sentimos que a veces los tiempos no dan y eso que en mi caso, el papá de mi hija asume una buena parte de lo que corresponde.

La dicotomía entre presencia y ausencia física en mi caso particular, y que estoy segura les ocurre a muchas mujeres,  la resuelvo o al menos encuentro alternativas en la solidaridad que vamos tejiendo entre las propias mujeres. Nuestras madres, hermanas y amigas, terminan siendo parte de las redes de cuidados que construimos alrededor de aquellas personas que más importan en nuestras vidas.

¿Y los hombres? ¿Y las empresas y los Estados? Sin pretender generalizar, al menos en mis entornos más cercanos algo se está moviendo. El ejercicio de la masculinidad centrada en el padre-salvador-proveedor de ciertos hombres esté cambiando, aunque aún es insuficiente. Los trabajos que sostienen la vida y que sostienen las economías no deben seguir siendo única responsabilidad de las mujeres y los hombres no pueden seguir sintiéndose como actores secundarios o que “ayudan” a las mujeres.

Por supuesto, aunque es fundamental, no es suficiente con que los hombres participen de manera plena en la corresponsabilidad de estos trabajos. Las empresas se benefician con un sistema de cuidados que exonera a los hombres de sus responsabilidades familiares: esto garantiza que una parte importante de sus tiempos sean exclusivos para el mercado. Para revertirlo, las empresas deben pagar los impuestos necesarios y asegurar condiciones para que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de condiciones en los mercados remunerados. Los Estados que se ahorran presupuesto al dejar en manos de las mujeres y familias todas las responsabilidades de cuidados deben invertir en políticas de protección social de calidad, en la región de América Latina y el Caribe tiene deudas enormes.

Una de las consignas feministas más fuerte del Paro Internacional de Mujeres fue “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, da para mucha reflexión y un mensaje directo para el sistema actual es un ¡Basta! Exigimos que todo sea pensado con nosotras. Es profundamente desigual que seamos siendo las mujeres las principales responsables de los trabajos de cuidados.  #NosotrasParamos #DigamosBasta

Damaris Ruiz es Coordinadora Regional de Derechos de las Mujeres para Oxfam en América Latina y el Caribe 

Hermanas

Por Rosel Murillo Lechuga

Es más fácil llegar a entenderse que ver una ola en el desierto.

Al menos así debería de ser, pues somos la raza evolucionada, con capacidades que otros seres de la tierra no han llegado a alcanzar, hemos desarrollado un idioma para comunicarnos, pero el don no lo es todo, hay que saber utilizarlo. ¿será que no estamos tan evolucionados? Será que nuestras emociones se quedaron en Atapuerca.

Las actrices Andrea Hermoso y Lucía Esteso en una imagen promocional de la obra ‘Perdóname cuando me haya ido’, de Rosel Murillo Lechuga.

La obra de teatro Perdóname cuando me haya ido dibuja la profunda incomunicación de dos hermanas que hace casi una década que no se hablan. ¿Y por qué no se hablan? Pues como casi la mayoría de las personas que conocemos enfadadas, o como nosotros mismos con otros. No se hablan porque no se escuchan, porque no se entienden, porque no se han puesto en el lugar del otro. Emma (interpretada por Lucía Esteso) decidió vivir su vida y marcharse de casa para buscar fuera lo que dentro no podía conseguir. Marta (interpretada por Andrea Hermoso), más pequeña, permaneció en la casa desempeñando las tareas que por obligación, tras la ausencia de su hermana, le había tocado asumir.

Un golpe en la puerta y las palabras al aire. Es curioso como entorpecemos a la facilidad y somos capaces de hacer ligeras las cosas más complicadas. Ese es el ser humano. Es complicado retomar una conversación después de diez años, ¿pero cómo acabar con la ausencia de palabra entre dos personas que no se hablan desde hace una década? Sólo una palabra es liberadora de todo el peso que nos acompaña la mayoría de las veces.

Un perdón es capaz de aliviar la carga más pesada, reponer el corazón más dañado.  Hemos construido palabras cortas, fáciles de pronunciar para arreglar los mayores daños y que así no sean tan difíciles de pronunciar, como perdón, gracias, te quiero… Prueben delante de un espejo primero, y luego prueben a mirar a los  ojos que fijamente te miran, y pide perdón. No es tan difícil, y la recompensa es mayor.

Lee el resto de la entrada »

El secreto de sus ojos

Por Flor de Torres Porras

Aarón  contempló cómo su padre,  M. A. G. el día 22 de Septiembre de 2013,  de madrugada, por sorpresa, clavaba un arma blanca a su madre, Estefanía en su domicilio de Málaga. Vio cómo ella  caía al suelo derribada y cómo su padre ejecutaba su plan de asesinarla asfixiándola cuando estaba ya inerte en el suelo.

Ojo. Imagen de Liam Welch.

Ojo. Imagen de Liam Welch.

Tras ser testigo de  este crimen de género hacia su madre los ojos de Aarón, de tan solo 5 años, estallaron en llantos y gritos. En apenas segundos esos ojos dejaron de ver. Porque esta fue  la escena última que conocemos en la vida de Aarón: la que  contempló en el dormitorio de sus padres tras el asesinato de su madre. Y es que  su padre con el único fin de acabar con sus 5 años de vida le obstruyó los orificios respiratorios, nariz y boca, con la mano, y le comprimió el tórax ocasionándole la muerte inmediata sin que constaran en Aarón signos de defensa. Sólo hubo fragilidad  ante la inesperada y súbita acción de su padre.

Lo que los ojos de Estefanía y Aarón no pudieron ver es a su asesino acostado entre sus cuerpos ya sin vida. Allí fue descubierto por el padre de Estefanía y abuelo de Aarón. No pudieron defenderlo cuando M. A. G. le agredió  al verse descubierto.  Y no pudieron escuchar lo que M. A. G. le dijo al padre de Estefanía y abuelo de Aarón: ‘Vas a ser el tercero’.  Tampoco pudieron defender a su madre y abuela respectivamente cuando contempló lo que los ojos de Estefanía  y Aarón  ya no veían: esta escena y otra  agresión hacia ella por parte de M. A. G. Y es que Estefanía y Aarón ya no podían contemplar nada. La violencia de género los acababa de asesinar.

Antes, los ojos de Aarón  habían observado  cómo desde la ruptura de sus padres en julio del mismo año, el padre sometía a Estefanía a llamadas constantes, hostigamientos con mensajes, insultos, ‘serás mía sí o sí’, controles a través  del régimen de visitas. Veía cómo su madre sufría esta situación en silencio e intentando no  alarmar a sus ya asustados ojos.

En estas vidas  inocentes de la violencia de género se resume un drama escondido tras cada historia con la que se alimentan las cifras de la vergüenza. Estefanía y Aarón vivieron y vieron  la violencia de género en primera persona: el asesinato de género,  el maltrato habitual, las coacciones, y las lesiones. M. A. G. fue condenado por estos hechos por un jurado popular unánime. Y sentenciado el 26 de Mayo de 2016 en la Audiencia Provincial de Málaga. La sentencia es hoy ya firme e irrecurrible. El jurado, que representa a la sociedad, ejerce la justicia popular. Un símbolo que  hemos de trasladar a nuestras vidas. Y es que la sociedad unánimemente ha de condenar la violencia de género.

Pero: ¿Que está fallando entonces? Falla la difícil concepción de los maltratadores y los asesinos de género de lo que realmente son. Falla la reinserción y la rehabilitación de los maltratadores. Falla la concepción patriarcal de la pareja: ‘Serás mía sí o sí’,  la frase que M. A. G. le reiteraba a Estefanía como símbolo de poder. Y falla el silencio de las victimas  durante la violencia de género. Porque esa construcción asimétrica  de la pareja fortalecida en la  desigualdad  encadena  la libertad de las víctimas de violencia de género. Y se repite incluso desde el proceso judicial emprendido.

Estefanía no pudo alzar su voz y nunca pudo imaginarse que sería asesinada  por no querer ser de M. A. G. ‘sí o sí’. Y lo que es peor: no pudo prever la más mínima posibilidad de que los ojos de Aarón no pudieran ver más allá de sus 5 años al  ser asesinado por su padre  y por los mismos motivos que lo fue ella.

Los hechos del doble asesinato de Estefanía y Aarón  están  recogidos en la Sentencia Firme 3/16   del Juicio del Tribunal del Jurado de Málaga 2/16 al que tuve el honor de acudir  poniéndole voz a las asesinadas voces y derechos de Estefanía y Aarón por su  ex pareja y padre respectivamente. Y lo hice  como  Fiscal especializada en violencia de Género observando la violencia de género a través de los  ojos de Estefanía y Aarón.

Hoy M. A. G. cumple condena de  43 años y  6 meses de prisión. Nos queda el débito de su reinserción  y la obligación moral  de no olvidar los nombres de Estefanía y de Aarón para seguir dándole todo el apoyo moral a su familia. Para que no sean tras la sentencia los olvidados de la violencia de género.  Y es que sólo  tuvimos que ser  los ojos de Estefanía y Aarón para comprender  lo que les  ocurrió y darles justicia reconstruyendo uno a uno sus derechos.

La justicia llegó pero no nos devolvió  sus vidas. Por eso en nuestras miradas contra la violencia de género  Estefanía y Aarón estarán siempre presentes. Porque  esa  tragedia esta en lo que los ojos de Estefanía y de Aarón contemplaron antes de ser asesinados y lo que hemos reconstruido en sus nombres a través de sus miradas.

flor de torres nueva recortada Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

La oportunidad de volar

Por Sandrine Muir-Bouchard

María Ramírez nació a los 33 años. La mujer que tengo frente a mí, en esta oficina de 2 metros cuadrados donde se acumulan libros, materiales promocionales y papeles desordenados del Colectivo Rebeldía, nació a los 33 años cuando se dio a sí misma la oportunidad de abrir sus alas y volar por primera vez.

maria-ramirez-def_dsc0879
La María de antes nació en el infierno. Nunca conoció a su padre. Su madre se casó con otro hombre, y su padrastro la agarró de “criada”. A los 4 años ya tenía que limpiar la casa y cuidar a sus hermanitos. Había golpes. Muchos golpes. Pero lo que más temía la María de antes era cuando su padrastro bebía. Entonces ella buscaba la pistola, una calibre 38 muy pesada para sus brazos flacos de niña de 6 años, y corría a esconderse para que no pasara como la última vez, cuando su padrastro disparó sin motivo, llenando la casa de agujeros. María temía que matara a su mamá. Sin embargo, él no tardaba en encontrarla y a fuerza de golpes le sacaba la pistola.
Creo que esto ha marcado mucho de mi vida, demasiado’, me cuenta la María de hoy. ‘He cuidado de no caer en un matrimonio a este extremo de violencia. Me he cuidado bastante, y sigo cuidándome con este tema. Pero me doy cuenta que he quedado tan marcada, tan traumada…’ y se queda callada, la mirada hacía el pasado.
A sus 20 años, fue mamá soltera. ‘Lastimosamente, al año y medio de nacer, mi niña murió’, sigue María, y hace una pausa. ‘¡Creo que se me adelantó todo lo malo!’ me dice, y se ríe como para limpiar el ambiente. ‘Como dice la canción: ninguna guerra me afecta porque tengo alas de acero’. María sonríe con ojos tristes, alzando la frente.
Unos años más tarde, María se casó y tuvo 3 niñas más. Cuando su esposo empezó a estudiar agronomía, a María le encantó y se puso a leer sus libros. Luego, él empezó a hacer política, así que María empezó a estudiar las leyes para apoyarlo. Orgullosamente, acompañaba a su esposo en todo, era su pilar. Pero María no era feliz. ‘Me di cuenta que me relegué, yo no existía como María Ramirez. Yo era mamá, yo era esposa, yo era la bruja del cuento en muchos casos. Era todo, menos María Ramirez’.
Me acuerdo en el taller en el que desperté; la facilitadora nos dijo: dibujen un paisaje, con la casa de sus sueños. Cuando terminamos, empezó a descalificar los dibujos, diciendo que el sol quema, las flores apestan… Y luego dice: ¿Y?. Nosotras no reaccionamos… Ella dice: eso pasa con la vida, ustedes soñaron, ¡es su sueño!, ¿porque permiten que otra persona se lo borre? Y ahí me di cuenta que yo nunca viví mi sueño. Quizá nunca me permití formarme un sueño‘ y la voz de María se rompe, y las lágrimas paran su historia. Exhala fuerte. Se seca las lágrimas con las manos.
‘Me acuerdo que me vine caminando después del taller, llorando, y me dije, ¡realmente sí existes María Ramírez! Ahí nací pues, ahí desperté, digamos a otra realidad, ¡que otro mundo existía para las mujeres!’
Entonces María empieza un proceso de reapropiación de su vida, de sus sueños. Pero no es nada fácil. Quiere estudiar, pero tiene tres hijas que criar y un esposo cada vez más ausente. Se da cuenta que hay otras mujeres. ‘Se cruzaron un montón de cosas… Significó la ruptura en mi hogar’.
María decide poner fin a su matrimonio, pero a un costo muy alto: se tiene que separar de sus tres hijas, porque tienen un futuro mejor asegurado al lado de su padre. Él consigue un ascenso político, y pronto se mudará a Sucre. ‘Ellas podrán ir a un buen colegio, aprender inglés. En cambio yo…’
‘Decidí sacrificarme’, me dice María, con un nudo en la garganta. ‘No me importa lo que a mí me pasa, lo que yo sufra, mis hijas no van a vivir lo que yo’ se acuerda María, crispando su cara con dolor. Expira.
Hoy, tengo la satisfacción. ¡Están brillando como estrellas!’ exclama María, los ojos llenos de luz. ‘Ya son más que su mamá. Y son más feministas que su madre. ¡Y me encanta!’ y se ríe de alegría. ‘El precio de verlas brillar más que yo ¡lo pago todo!. No creen en el príncipe azul. Quieren volar. Van a volar con las alas de la mamá que nació un poco tarde, y yo voy a volar al verlas volar a ellas. Llora. ‘El mundo es mejor para ellas y sigo luchando para ellas. Sin importarme como, para ellas, y para las otras niñas. Me consta que otro mundo es posible.
¡Y que existe! Ahí está.’
Sandrine Muir-Bouchard es Consejera en comunicación y campañas de Oxfam en Bolivia

Paco, la zorra, las brujas y las talibanas

Por Lorena Moncholí

Paco está triste, le han divorciado.

No fue su culpa, él es la víctima.

“¿Cómo osa la zorra (sic.)?”. Así la llama, por haberle dejado.

Paco tiene un amigo importante, con silla en la RAE, premios y algún que otro libro.

Tranquilo, Paco, voy a ponerles verdes a todas, ¡por nuestra amistad!’, le dice el periodista. ‘¡Que tengo columna y nada que escribir esta semana!’.

Paco era feliz con su moto y sin asumir responsabilidades. Con descendencia, pero sin saber ni cómo alimentarla, que de eso ya se ocupaba la otra.

00-lorena-moncholi-perez-reverte-52an_assembly_of_witches_early_1600s_art_history_museum_vienna

Asamblea de Brujas (1600), Art History Museum, Vienna. Obra de Frans Francken II, el Joven

Cuando una jueza le explicó que divorciarse no era ‘vivir los nuevos 30’, sino destinar las tres cuartas partes del sueldo a seguir manteniendo a su hijo, Paco se enfadó mucho. También, cuando le explicó, por sentencia, que los hijos deben quedarse a vivir en su casa de siempre y con los que sepan criarles y darles de comer de caliente, que para tigretones y foskitos ya hay una tarde a la semana.

Paco le echa la culpa de su tragedia a las brujas de las amigas, que manipularon a su inocente mujer que no sabía pensar por sí sola. O eso creía. Quizás, si la hubiera aislado de ellas, como hacen esos maltratadores de la tele, otra hubiera sido su suerte.

Paco tiene una personalidad muy débil. Antes de que le echaran, era un pijoprogre orgulloso. Eligió a conciencia un colegio para su prole, pero ahora, como ‘la zorra’ le ha dejado, ya no le gusta. Quiere fastidiar.

Lee el resto de la entrada »

Cómo enfocar -y saltar- las barreras invisibles

Por Paz Casillas

Hoy la pobreza ya no se mide exclusivamente como magnitud económica en función de los ingresos económicos obtenidos por la persona. Hemos aprendido que “no tener” significa sólo una parte en el proceso de estar socialmente excluido. Y aquí es importante hablar desde ya de género, porque las mujeres, por el mero hecho de serlo somos más vulnerables, es decir, contamos con menos oportunidades para ser partícipes de la sociedad y disfrutar de una ciudadanía con los derechos plenos.

Obra de Señora Milton.

Obra de Señora Milton.

En Fundación Atenea llevamos 30 años estudiando el fenómeno de la feminización de la pobreza y su invisibilidad. Y para abordar esta desigualdad y aportar soluciones hemos analizado nueve ámbitos sociolaborales que marcan la vulnerabilidad con tres variables: edad, etnicidad y/ó lugar de procedencia y género. Con ellos nos acercamos más a lo que significa ser hoy pobre, un hecho que tiene, principalmente rostro de mujer y que queda casi siempre oculto.

El problema es serio, porque lo que no se nombra no existe y los estudios que analizan los complejos fenómenos de exclusión social y las políticas, programas y proyectos desde una perspectiva de género son escasos. Es decir, están pensados para una realidad normativa que discrimina permanentemente a las mujeres y no contempla los mandatos de género partiendo de un tremendo error de diagnóstico.

Los nueve escenarios sobre los que analizamos la exclusión social son indicadores de economía, empleo, educación, salud, alojamiento, aspectos socio-relacionales y macro-sociales, ámbito personal y participación social ciudadana. Consideramos estos ámbitos como necesidades humanas a las que dar cobertura desde los Estados de Bienestar de las sociedades desarrolladas, derechos para estar integrados.

Y no, no valen excusas, ni crisis, ni austeridades. En el siglo XXI no podemos renunciar a ese sueño de bienestar conseguido, en gran parte. Los estados deben ser conscientes de que si no las cubren están vulnerando las posibilidades de una ciudadanía plena.

Por ello, y si hablamos de justicia social para todos y todas, ha llegado el momento de hablar claro y de manera contundente: sin un análisis de género las políticas seguirán sin favorecer a las personas y familias en situación de exclusión, principalmente mujeres.Si las políticas no cuentan con esta perspectiva pueden provocar el resultado contrario al que persiguen. Mientras se fomente que únicamente las mujeres se encarguen del cuidado, el 52 por ciento de la población seguirá estando en una situación de desventaja y condenada a empleos precarios y una situación de salud peor. La realidad confirma que las políticas muchas veces expulsan a las mujeres del mercado laboral, dificultan su permanencia y promoción y producen sobrecarga, enfermedad y malestar.

Muchas cosas han cambiado en la sociedad española, especialmente los modelos de familia. Por más que los gobiernos se empeñan en favorecer el modelo tradicional, la España del siglo XXI es cada vez más diversa y las mujeres ya no se definen en función de un segundomasculino. La igualdad de oportunidades es la base del desarrollo económico por más que el modelo neoliberal y patriarcal vigente se empeñe en darnos el mensaje contrario… Si no desaparecen los privilegios por clase y género, no habrá progreso. Ejemplos: las prestaciones de viudedad y, sobre todo, nuestro sistema fiscal vigente que sigue permitiendo el modelo de tributación conjunta. Ambas herramientas son discriminatorias y seguirán desincentivando la incorporación igualitaria de la mujer en el mercado laboral.

Las soluciones pasan por contemplar el género desde el análisis social, y no como algo residual en los presupuestos. Porque un sistema tan desigual sólo puede cambiar con apuestas políticas claras para acabar con estructuras que producen desigualdad y rechazo hacia las mujeres. Sobre todo ello tuvimos ocasión de reflexionar en octubre en la jornada sobre Género e Inclusión Social con la que Fundación Atenea ha conmemorado su 30 aniversario. Un espacio de conocimiento y reflexión para acabar con la exclusión de las mujeres.

Paz Casillas es directora de la Fundación Atenea

Feminismo con los pelos de punta

Por Dori Fernández Hernando

¿Por qué son siempre las mujeres quienes “eligen” quedarse en casa para ocuparse del cuidado de menores, personas mayores y personas dependientes? No voy a extenderme en mostrar los datos que sustentan esta afirmación, aquí tienen un resumen. Existen varios motivos, desde el ‘no me queda otra opción porque no tengo dinero ni trabajo’ hasta el que más abunda, el ‘porque quiero’.

El ejemplo más claro lo arroja el estudio El cuidador en España realizado en 2016 por CEAFA (Confederación Española de Asociaciones de Familiares de personas con Alzheimer): uno de cada cuatro hogares en España cuenta con un familiar afectado de Alzheimer, siendo en el 94% de los casos el entorno familiar (las mujeres) quien se responsabiliza de los cuidados. Y no queda ahí la cosa, sino que el 69% de las cuidadoras considera ‘natural’ serlo.

Roles. Imagen de Steinar La Engeland (Unsplash)

Roles. Imagen de Steinar La Engeland (Unsplash)

¿De dónde nacen los deseos? ¿Qué influye para preferir una cosa u otra?

Analicemos un poco de dónde emana esa querencia que según la RAE, es la tendencia del ser humano y de ciertos animales a volver al sitio donde se han criado o tienen costumbre de acudir. Creo que a nadie se le escapa la enorme influencia que el mundo de la creación en general (publicidad, cine, moda, literatura, etc.), las costumbres y el Derecho tienen en nuestras elecciones.

La publicidad nos indica a todas horas qué se espera de cada uno y cada una de nosotras. Anoche viendo un rato la TV después de cenar, me tragué el anuncio de ADESLAS, ese que reza “lo importante es saber lo que es importante” y que termina con la imagen de dos mujeres jóvenes junto a la cama de un señor enfermo, inoculando en nuestro imaginario colectivo que lo que se espera de las mujeres es eso precisamente, que sepan que lo importante en su vida es cuidar de los demás. Los pelos de punta se me ponen…

Estarán conmigo de acuerdo en que la influencia de las costumbres no hace falta explicarla, pero si tienen  duda, piensen en ese  habitual argumento que concluye diciendo “…de toda la vida de Dios”.

Y ¿qué pasa con el Derecho, con nuestro ordenamiento jurídico? Aquí sí que las cosas están más claras: si eres madre la ley te concede 16 semanas de permiso de maternidad (Art. 48 ET): para recuperarte del parto las 6 primeras y para ocuparte del cuidado de la criatura las siguientes; si eres padre, te concede solo 2 (Art. 48 bis ET).

Pues bien, no bastaba con que tuviéramos esta disfuncional legislación que discrimina a los hombres que quieren-pueden-deben cuidar, y a las mujeres convirtiéndolas en mano de obra de alto riesgo, lo que llamamos #discriminaciónPorMaternidad (echen un vistazo al hashtag). Ahora, todas las personas que sabemos lo importante que es construir roles igualitarios estamos con los pelos de punta (de nuevo): Ciudadanos, que ni siquiera reconoce la violencia de género como un tipo de violencia específica, acaba de registrar en el Congreso un Propuesta no de Ley (PNL) para que se modifiquen los permisos de maternidad y paternidad, de forma que la final, sean las mujeres quienes estén mucho más tiempo dedicadas al cuidado y por tanto más tiempo también alejadas del empleo y de la autonomía económica personal que eso implica. Aquí tienen más datos sobre esta propuesta – trampa.

¿Para esto casi 10 años de Ley de Igualdad? ¿Para esto casi tres siglos de lucha feminista?

En la PPiiNA tenemos los pelos de punta (de nuevo, sí, no es para menos). Si al final gobierna el PP será con la ayuda de Ciudadanos, con quien ya tiene un acuerdo en el que figura esta reforma. Así que hemos lanzado una campaña con la que pretendemos poner los pelos de punta a todo el mundo: se llama #vocesPPiiNA y desde aquí les invito a seguirla y compartirla. Quienes vengan detrás se lo agradecerán.

ppiina-voces-inicio

Dori Fernández Hernando es Graduada en Igualdad de Género por la URJC. Formadora y consultora en igualdad de género, nuevas tecnologías y Prevención de Riesgos Laborales, colabora entre otras iniciativas con SinGENEROdeDUDAS, CB., Comunidad de Conocimiento Profesional con Enfoque de Género, y con la Asociación de Mujeres Páginas Violeta. Pertenece a la PPIINA y a la Asamblea de Mujeres de Córdoba Yerbabuena.  

Un crowdfunding para lograr un parto normal

Por La Marietta

Quiero parir en casa. Sé que mucha gente lo considera una locura. Pero para mí es algo normal. Soy una mujer normal, con una vida normal: sin empleo actualmente, con un hijo de algo más de dos años, y con otro en camino.

Mi primer hijo lo tuve en un hospital, porque era lo normal. Conocía algún caso aislado de mujeres que habían parido en casa, pero yo no lo contemplaba: aparte de ser muy caro, me daba miedo. Se tiene la idea que un parto es peligroso, complicado, doloroso, y que precisa de ayuda médica. El parto da miedo. Yo, aún sintiendo este miedo, intuía que un parto no tenía por qué ser así. Leí y me informe bastante al respecto, y quise tener un parto natural (esto, por suerte, cada vez es más normal). Un parto natural es un parto no intervenido.pariracasa

A pesar de que luché por ello, el resultado fue muy diferente del esperado. Lo sé: siempre cabe la posibilidad, y más en temas fisiológicos, de que las cosas no salgan según lo previsto. Pero terminé con un parto intervenido. Sentí que no se respetaron mis necesidades, alegando el control constante del feto. No pude moverme, relajarme, cambiar de postura, tener intimidad, comer, bañarme…

Nuestro cuerpo es más sabio de lo que pensamos, y lo escuchamos muy poco. Pero no me atreví a rebatir a los profesionales ‘de bata blanca’. Hoy sé que aquellos controles eran innecesarios y desencadenaron la típica ‘cascada de intervenciones’, por desgracia, la mar de normal.

Más de 7 horas de monitores, poca intimidad, cero empatía, de una habitación para otra, 20 horas de contracciones sin posibilidad de movimiento ni expresión, sin dormir… Y cuando una matrona me dijo: ‘¡Uy. Todavía no estás ni a la mitad!’, después del cuarto o quinto tacto vaginal, me derrumbé y pedí la epidural. Con ella, me administraron oxcitocina sintética para tener contracciones artificiales. Aún así el parto se estancó, y tras unas horas, me dijeron que tendrían que usar fórceps. Dije que no quería, y me dieron a entender que no había opción. Con los fórceps es inevitable la episiotomía, que tampoco quería.

Había un montón de gente en la sala de partos, no sé quiénes eran. Parecía un espectáculo, y hasta  pude escuchar algún comentario completamente falto de respeto hacia mí y mi situación. Pero en aquel momento me daba igual. Yo sentía que ya no podía hacer más. El parto ya era más suyo que mío. Solo quería conocer a mi pequeño, y que terminara todo aquello. Cuando tuve encima a mi hijo (piel con piel, esto lo hicieren fantásticamente), suena a tópico, pero se me pasaron todos los males. Y como el bebé estaba bien y yo también, traté de olvidar. Pero no quiero repetir una experiencia así.

Ahora vuelvo a estar embarazada, y aunque tenemos unos ingresos familiares muy, muy bajos, no dudo en afirmar que quiero tenerlo en casa. Es más una necesidad vital que una cuestión ideológica. Aunque también lo es en gran medida. Quiero empoderarme, sentir que sé parir. Sé que puedo hacerlo. Y aunque, como ya he dicho antes, siempre cabe la posibilidad que las cosas no salgan según lo previsto, quiero vivir en casa mi segundo parto. Quiero intentarlo.

Por que en un parto en casa normal nada de aquello tiene por qué pasar. Estás en tu casa, en tu entorno, con tu intimidad y con tus ritmos. No hay que olvidar que el parto es una fase más de la vida sexual y reproductiva de una mujer. Es un parto atendido (pero no intervenido) por comadronas profesionales, experimentadas, actualizadas. Las conoces y te conocen, te observan, te informan, te escuchan y te respetan. No quieren que el parto se complique, por eso siempre atienden partos de bajo riesgo. Tienen equipo médico para intervenir si es necesario, y un coche preparado por si hay que trasladar al hospital, con el que se han coordinado previamente). Ellas son las primeras que desean y se aseguran de que todo salga lo mejor posible.

 

 

Me parece increíble, indignante y anormal que no sea una opción más dentro del sistema sanitario público. El gasto sanitario es notoriamente menor en un parto en casa que en un parto en un hospital (el primero ronda los 1800€ y el segundo los 3000€ de inversión pública).

A día de hoy lo normal es pagarlo de manera privada. Si tienes dinero, quizás te lo puedes permitir. Si no, no tienes más remedio que ir al hospital. Por eso he lanzado un crowdfunding, pero no sólo pensando en mí, sino en todas las mujeres que tenemos derecho a poder elegir cómo y dónde queremos parir. No me parece tan loco luchar para que esto cambie, para que el parto en casa no sea una opción “de lujo”, para que sea una opción pública como lo es en muchos países europeos. Quiero luchar, y creo que no estoy sola, para que parir en casa vuelva a ser algo normal.

Gracias a todas las personas que lo entendéis así, y aún más a quienes ya han colaborado. Estamos muy cerca de lograrlo.

la-marieta

La marietta es una ilustradora interesada e implicada en luchas sociales, impulsora del crowdfunding “Parir a casa: sí que es pot!” para poderse financiar un parto domiciliario y dar a conocer esta opción.