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Archivo de la categoría ‘Familia’

Sin casa pero con demasiados techos

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

O por qué las mujeres enfrentan más obstáculos, también, a la hora de ver satisfecho su derecho a la vivienda en España

Sofía quita un móvil de las manos a su hijo de un año, que va cogiendo con rapidez todo lo que se le pone al alcance, mientras mira de reojo a su madre, también agotada y enfadada. “Llevo tanto tiempo peleando que hay momentos en los que te cansas, pero creo que es importante seguir luchando”, asegura con una mezcla de dulzura y fiereza.

Sofía se ha entrevistado con Amnistía Internacional para el informe “La crisis de vivienda no ha terminado. El derecho a la vivienda y el impacto de los desahucios de viviendas de alquiler sobre las mujeres en España”, porque sufrió las peores consecuencias de la falta de protección a este derecho que existen en España, y acumuló tres sinónimos de desamparo: mujer, sola y pobre.

Parece dispuesta a todo para denunciar cómo, siendo madre en ese momento de dos hijos y afrontando ella sola todos los gastos, su vivienda social fue vendida a lo que comúnmente se conoce como “fondos buitre” en Madrid, y cómo vio que las condiciones de su alquiler supuestamente social fueron cambiando hasta que llegó un momento en el que no pudo afrontarlas. Parece dispuesta a contar cómo finalmente fue desahuciada, y ahora vive en una casa que no reúne las condiciones adecuadas para ella y sus hijos. Dispuesta, hasta que la desigualdad y la discriminación se imponen de nuevo en su vida: mediante el miedo a que su ex marido maltratador pueda llevar a cabo represalias contra ella si sale en las noticias.

Ahora Sofía no ha dejado de luchar, pero tiene que hacerlo a escondidas. Y es que, como ella, muchas mujeres se enfrentan a un número mayor de obstáculos para el acceso a la vivienda en España por el hecho de ser mujer. Por un lado, porque son quienes “acaparan” la tasa más alta de paro, un 20,3% frente a un 17,2% en el caso de los hombres. Por otro, porque son quienes encabezan el 83% de los hogares monoparentales, sufriendo como consecuencia un mayor riesgo de exposición a la pobreza: un 37,5% de estos hogares la sufre, frente a la media española del 22,1%. Y de esta manera se perpetúa, por desgracia, el círculo vicioso que implica tener a personas al cuidado, que supone una mayor tendencia a tener que asumir empleos precarios y parciales, ya que las mujeres acaparan el 72,1% de los puestos a media jornada. Pero es que además, tampoco aunque sean víctimas de violencia de género tienen asegurada, en muchas ocasiones, una prioridad a la hora de acceder a la vivienda social.

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Gertrude no pudo volar

Por Mª Ángeles Fernández

Iba a ser la primera vez que salía de su país, incluso de su entorno más cercano. Las ganas de ver nuevos horizontes eran evidentes. El liderazgo de su colina iba a traducirse en una experiencia en el extranjero. Pero no hay viaje ni tampoco relato. La historia de Gertrude desde Burundi a Bilbao no puede escribirse. ¿No se puede contar?

La burocracia ha demostrado la absoluta desigualdad de las mujeres en este pequeño país de la región de los Grandes Lagos. Gertrude ya tiene documentación personal y, por tanto, la ciudadanía negada a muchas de sus compatriotas, también ha legalizado su matrimonio, pero aún no ha logrado la cotitularidad de la tierra en la que trabaja cada día. ¿Si hubiera tenido algo a su nombre podría haber tomado el vuelo?, ¿si hubiera demostrado que es propietaria podría haber llegado a Bilbao? Las probabilidades tiñen las respuestas: esa documentación habría facilitado el proceso. Sin duda.

Aline, líder de una organización burundesa, durante su reciente visita a Bilbao. Imagen de Helena Bayona.

Gertrude Nyandwi no ha venido a Euskadi a conocer escuelas de empoderamiento o explotaciones ganaderas y agrícolas gestionadas por mujeres. Sí lo ha hecho Aline iyonizigye, que no para de sonreír y de contar la importancia del abono agrícola y del cambio en la gestión de los cultivos para la vida de su colina (la unidad administrativa más pequeña que existe en Burundi) y de las mujeres que habitan en ella. Lee el resto de la entrada »

En el Día del Pueblo Gitano: ¡Opre Romnjna! ¡Arriba las mujeres!

Por Patricia Caro Maya

El día 8 de abril  de 1971 se declaró en Londres el Día Internacional del Pueblo Gitano  y se institucionalizó  la bandera gitana, pero desgraciadamente este día se convierte a menudo en el día Internacional del Payocentrismo Patriarcal. No sólo celebra la imposición de los intereses antigitanos como centro de las políticas,  sino que además celebra su desconexión total de los derechos kalés con perspectiva interseccional.

La benevolencia  perversa que toma este día en los actos institucionales de alto abolengo, se vuelve  hostil si analizamos  las políticas de género impuestas sobre las kalís. Su mayor producto es normativizar  un estereotipo de mujer incapacitada a causa de su cultura. Pero tranquilas, las instituciones políticas han decidido unilateralmente una solución: negar la violencia de género estructural  y  capacitar  para el acceso a un  trabajo  precario que sustente los cimientos  del ensamblaje neoliberal. La  estrategia es sencilla e histórica: división sexual del trabajo, control reproductivo y negación de la economía feminista kalí.

Si a esto añadimos, un principio explícito en estas políticas donde se establece  que las comunidades romaníes no podemos gestionar nuestros propios recursos ¿Qué vía podemos escoger la kalís para contribuir a la igualdad de género en la esfera pública? ¿Cómo afectará eso a nuestras vidas privadas? ¿Y a nuestros derechos? Si nos impiden  gestionar  los recursos destinados a nosotras ¿Quién se supone que está capacitado? Como siempre, al amparo de este principio,  ya existían almas caritativas masculinas  bien  organizadas y predispuestas a  llevar la “pesada carga” de supervisar, dirigir y normativizar de manera paternalista los recursos  destinados a nuestros derechos y nuestras necesidades  (una pista: ninguna pertenece a la cultura gitana).

Afortunadamente, la debilidad democrática de esta alianza patriarcal contra los derechos de las kalís está absolutamente desconectada de la realidad viviente y activa de nuestras comunidades. Son justo las kalís más invisibilizadas  las que desde aquellas organizaciones comunitarias que tienen menos recursos, redes informales o de forma  individual,  trabajan de manera incansable por mitigar y revertir los efectos de este tipo de políticas. No obstante, a causa de la asimetría de poder, aunque sigue siendo necesario su esfuerzo, no es suficiente para conseguir que los derechos se hagan realidad.

Por eso, el Día Internacional del Pueblo Gitano no es un día para celebrar el Payocentrismo Patriarcal. Hoy, como todos los días del año, hay que concienciar a la sociedad española (paya y kalí), así como las élites políticas, de que es necesario aceptar el impacto fascista del antigitanismo de género. Es un día para construir un marco común entre instituciones payas y kalís con perspectiva interseccional  que transforme nuestras relaciones en una herramienta que contribuya al desarrollo democrático del país. Sabemos ya las cosas que no funcionan, ahora toca renovar las ideas paulatinamente y dar paso a nuevas estrategias  que generen un avance significativo en el ejercicio  de nuestros derechos.

Por todo ello, deseo la LIBERACIÓN  de su “pesada carga” a las almas paternalistas que se disfrazan de caridad y REIVINDICO  que  los derechos de las comunidades kalés con perspectiva interseccional dejen de ser el negocio de la marginalidad para ser el primer logro democrático del S.XXI.

En aras de afirmar la internacionalidad ancestral de la fuerza y resistencia del Pueblo Gitano con perspectiva de género y en avance de las democracia española,

Opre Romnjna!!! (¡Arriba las mujeres!)

Patricia Caro Maya es activista por los derechos de las mujeres, especializada en mujeres romaníes (Romnja). ‘Mover los cimientos del Patriarcado antigitano es mover los cimientos del Patriarcado sin fronteras en la búsqueda constante de nuestro Derecho a vivir como Humanas’.

En solidaridad con las niñas y mujeres de Guatemala

Por Nuria Coronado

En Guatemala, el terrible incendio del Hogar Seguro Virgen de la Asunción ha puesto de manifiesto el grado de la vergüenza y la infamia en este país. Han fallecido al menos 40 menores y otras 30 permanecen hospitalizadas con diagnóstico reservado después de denunciar que estaban siendo violadas y maltratadas en el propio centro de acogida. Incendiaron varios colchones en protesta y no pudieron escapar del fuego porque estaban encerradas.

Es demasiado común que las víctimas de abuso sexual no sean creídas cuando denuncian lo que les ocurre. Por eso mujeresdeguatemala.org una ong afincada en España se esfuerza, día sí y día también, en denunciar la violencia sexual de sus compatriotas y en poner en su sitio a quienes ponen en duda la palabra de las víctimas amparados en cómplices sociales para seguir manteniendo los privilegios del machismo.

Homenaje. Imagen de Mike Labrum.

Hay algo peor a ser violada o agredida: no ser creída cuando lo cuentas. Es la doble perversión, el doble daño a la mujer que sucede más a menudo de lo que podamos pensar. La primera violación la ejerce un delincuente, un violador. La segunda, la de la in-credibilidad de los testimonios de las mujeres víctimas de la violencia machista, es aún más sangrante y enjundiosa ya que la llevan a cabo jueces, fiscales o forenses que usan el Derecho como un instrumento (más) para perpetuar el machismo. Basta con remitirse a cifras como las que da el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del CGPJ (2016) según las cuales el motivo de absolución más frecuente en denuncias por violencia de género es la falta de prueba suficiente por constar sólo la declaración incriminatoria de la víctima (40,1%).

Una realidad que. como no se cansa de repetir Arsenio García Cores, perito, docente y experto en Derechos Humanos y análisis de determinación de la credibilidad, “es un camino de doble vía: la de los estereotipos y los prejuicios de género que instalados en la sociedad inciden en el Derecho, cuyas sentencias serán a su vez escuchadas y reproducidas en la sociedad, reforzando dicha estereotipia y perpetuándola”.  O lo que es lo mismo: que el Derecho, tiene género y no es precisamente el femenino. “El estereotipo es una creencia exagerada asociada con, o acerca de, las costumbres y atributos, reales o no, de un determinado grupo o categoría social. Es el inicio de una secuencia que va desde lo cognitivo (imagen estereotipada), que pasa por la actitud (el juicio previo o preexistente, el prejuicio) y finaliza en el comportamiento (la conducta discriminatoria). La comprensión de este mecanismo es fundamental para revelar que los operadores judiciales no toman decisiones sobre la base de estereotipos sino prejuicios, valoraciones basadas en dichos estereotipos pero asumidas además como categoría de conocimiento –sana crítica, máximas de la experiencia, etc.–. Por ello, los estereotipos se convierten en indetectables para el juzgador, porque al ser elevados a categoría jurídica, sobre la que se analizará la prueba, dejan de ser tales estereotipos: son certezas o al menos realidades ampliamente consolidadas que permiten la toma de decisiones”, añade este experto internacional.

Y de tanto estereotipo pasa que el mazo de la justicia, en vez de recaer con todo su peso en el lado de los culpables, abate a la víctima al dudar de su palabra y perpetúa, por los siglos de los siglos, la cultura de la violación.  “En los crímenes de violencia sexual, la credibilidad juega un papel fundamental que hasta ahora no ha sido debidamente analizado. Casi instantáneamente, los testimonios de las víctimas son puestos en duda —por las autoridades, las instituciones, las familias, las personas conocidas—. Una re victimización que sólo se comprende si enfocamos hacía su origen: los prejuicios y estereotipos que funcionan como trabas a un correcto análisis de la situación, y que actúan por encima de los estándares internacionales de credibilidad a los que obligan las leyes y tratados en materia de Derechos Humanos.”, tal y como explica Mercedes Hernández, presidenta la Asociación de Mujeres de Guatemala AMG (mujeresdeguatemala.org).

Con el fin de concienciar sobre la injusticia y la revictimización a las que se ven sometidas las mujeres agredidas sexualmente, sobre cuya palabra recae constantemente la sospecha, @mujeresdeguate ha llegado a nuestro país para poner en marcha una valiente y valiosa iniciativa llamada #YoTeCreo. Se trata de una  campaña que responde “a la necesidad urgente de orientar y contener los juicios subjetivos —impregnados del estereotipo de género— en los casos de violencia sexual, y se dirige tanto a la población general como a los/as profesionales y funcionarios/as de las áreas e instituciones de salud y justicia. Para ello trabajamos en una serie de herramientas conceptuales, reelaboradas a la luz de la teoría feminista y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos”, añade Hernández.

Además #YoTeCreo analiza las consecuencias de no creer en la palabra de las víctimas y cómo ello favorece la impunidad jurídica y social, valiéndose de los medios de comunicación y de los tribunales que terminan convirtiéndose en laberintos y telarañas en los cuales las víctimas quedan atrapadas. ‘El proyecto yotecreo.net surge a raíz de la historia real de una víctima llamada Ana, que reúne el cómic que dibujó para narrar las agresiones a las que fue sometida. La campaña cuenta además con voces expertas en el derecho, la psicología y los medios de comunicación, entre otras, que reflexionan sobre la credibilidad y analizan las barreras sociales que impiden creer la palabra de las mujeres víctimas de agresión sexual, especialmente cuando, en casos como el de Ana, el agresor es conocido de la víctima, lo cual inactiva sus posibilidades de defensa’, añade Hernández.

Por tantas niñas como las del Hogar Virgen de la Asunción, por tantas Anas que por desgracia todavía sufren, es necesario alzar la voz y sumarse a movimientos como este. Cuesta muy poco y sirve de mucho. Es tan sencillo como acompañar virtualmente a mujeres cuya negativa y abuso no fue creído, mediante una foto con un cartel escrito a mano que lleve este sencillo mensaje: #YoTeCreo. ¿Te sumas?

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com y responsable de Comunicación de Juan Merodio

Estudiar en serio la conciliación familiar

Por Beatriz Peinador

En la empresa privada, cuando vamos a una entrevista de trabajo, todavía nos preguntan si vamos a tener la intención de quedarnos embarazadas o si tenemos hijos, aunque las formulaciones de estas preguntas estén prohibidas por ley. Una gran parte de empresarios de la sociedad española sigue considerando que el hecho de que una mujer se quede embarazada es un sobrecoste perjudicial para la empresa.

Una mujer cuida a su hijo mientras trabaja. Imagen: INEM.

Demos un paso más. Ya estamos incorporadas al mercado laboral y nos quedamos embarazadas. ¿Qué pasa? Las mujeres tenemos 16 semanas de permiso por maternidad, adopción, acogimiento o guarda de hijos con fines legales desde el año 1996. ¿No ha cambiado la sociedad en 21 años para que sigamos teniendo el permiso con la misma duración?

En el caso de los hombres, en la legislación española hasta el día 1 de enero de este mismo año tan sólo disponían de 13 días por permiso de paternidad, adopción o acogida y 2 días de permiso de nacimiento ofrecido por la empresa. En este caso, la sociedad demandaba una legislación que ampliará este permiso, pero que ha estado en “vacatio legis” desde el año 2009, es decir, suspendida su entrada en vigor hasta que la situación económica mejorara. Actualmente, los hombres cuentan con 4 semanas de permiso por paternidad.

Asociados con el nacimiento, la adopción, el acogimiento o la guarda con fines legales, existen unos derechos de conciliación cuya finalidad es mejorar la conciliación familiar y laboral. Pero, ¿quién asume estos derechos? Como ejemplo, según datos del Instituto Nacional de Estadística, 33.779 mujeres se acogieron a la excedencia por cuidado de hijos menores de 3 años frente a los 2.416 hombres.

Esta gran diferencia es debida, entre otras, a dos principales razones: las mujeres siguen ganando menos que los hombres, por lo que cuando alguien de la pareja tiene que dejar de trabajar por cuidar a sus hijos, se elige a la persona con menor salario. El segundo motivo es cultural y está asociado a los roles de género. Con la división sexual del trabajo, la mujer era la encargada del cuidado de los hijos y del hogar, mientras que el hombre era el que se dedica a trabajar para mantener a su familia. ¿Estos valores siguen prevaleciendo en la sociedad actual?

Para responder a esta pregunta, me gustaría que me ayudaseis.

Mi nombre es Beatriz Peinador Gárgoles. Soy alumna del doble grado en Sociología, Relaciones Laborales y Recursos Humanos de la Universidad Rey Juan Carlos. Para la realización del trabajo final del doble grado, estoy analizando la distribución del cuidado de la población de la Comunidad de Madrid y su incidencia sobre los derechos de conciliación que existen actualmente en la legislación española. La población de estudio es la Comunidad de Madrid, ya que debido a que es un trabajo académico, no dispongo de los recursos temporales y económicos para realizarla nacionalmente.

Por lo que, os pido, si tenéis 5 minutos y vivís en la Comunidad de Madrid, que me ayudéis a conocer y analizar este tema, tan sólo rellenando el cuestionario que podéis encontrar en este enlace. Todos los datos van a ser utilizados únicamente para uso académico y es totalmente anónimo.

Muchas gracias por vuestra colaboración.

Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras

Por Damaris Ruiz

Soy nicaragüense, con casi 40 años y al menos en esta etapa de mi vida me acompaña y acompaño a una niña. Una niña que quiero ver crecer en un mundo donde las mujeres tengamos derechos sin tener que pelearlos diariamente, donde podamos caminar o hablar sin temor, donde hagamos y no pidamos permiso, donde asumamos que lo correcto lo definen nuestros valores. Además, es muy importante decir que tengo varios trabajos, pero solamente uno de ellos se corresponde con aquellos en los que solemos pensar cuando mencionamos la palabra trabajo.

Manifestación del Paro de Mujeres 2017 #NosotrasParamos en Nicaragua. Imagen de Milagros Guadalupe.

Salgo con cierta frecuencia fuera de mi país y muy a menudo otras mujeres me preguntan: ¿cómo lo haces? ¿cómo quedó tu niña? Pensándolo bien, creo que los dedos de una mano me bastarían para contar cuántos hombres me hacen la misma pregunta. Son múltiples las alternativas que vamos construyendo las mujeres para poder estar donde queremos estar, la tenacidad y el diálogo con otras nos van dando las fuerzas necesarias. Y sí a veces me pregunto ¿lo estoy haciendo bien? Pero también me toca escuchar de manera recurrente ¿y no has considerado un trabajo donde tengas que viajar menos y estar más en casa?

Cuando digo que nuestros trabajos son múltiples es porque si me pongo a sacar cuentas, por un lado uno de mis trabajos me demanda entre 8 y 10 horas diarias, pero por otro lado, mientras hago este trabajo estoy pensando y conectada con la escuela, la alimentación, los pagos y en su caso, las medicinas. Por supuesto antes de salir de casa, toca hacer todo lo que ya sabemos y al regresar también. A todo esto debemos sumar el tiempo para la interacción con las personas que cuidamos, su educación y la afectividad, que es algo tan fundamental para la vida de cualquier ser humano. Todos estos son trabajos y sentimos que a veces los tiempos no dan y eso que en mi caso, el papá de mi hija asume una buena parte de lo que corresponde.

La dicotomía entre presencia y ausencia física en mi caso particular, y que estoy segura les ocurre a muchas mujeres,  la resuelvo o al menos encuentro alternativas en la solidaridad que vamos tejiendo entre las propias mujeres. Nuestras madres, hermanas y amigas, terminan siendo parte de las redes de cuidados que construimos alrededor de aquellas personas que más importan en nuestras vidas.

¿Y los hombres? ¿Y las empresas y los Estados? Sin pretender generalizar, al menos en mis entornos más cercanos algo se está moviendo. El ejercicio de la masculinidad centrada en el padre-salvador-proveedor de ciertos hombres esté cambiando, aunque aún es insuficiente. Los trabajos que sostienen la vida y que sostienen las economías no deben seguir siendo única responsabilidad de las mujeres y los hombres no pueden seguir sintiéndose como actores secundarios o que “ayudan” a las mujeres.

Por supuesto, aunque es fundamental, no es suficiente con que los hombres participen de manera plena en la corresponsabilidad de estos trabajos. Las empresas se benefician con un sistema de cuidados que exonera a los hombres de sus responsabilidades familiares: esto garantiza que una parte importante de sus tiempos sean exclusivos para el mercado. Para revertirlo, las empresas deben pagar los impuestos necesarios y asegurar condiciones para que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de condiciones en los mercados remunerados. Los Estados que se ahorran presupuesto al dejar en manos de las mujeres y familias todas las responsabilidades de cuidados deben invertir en políticas de protección social de calidad, en la región de América Latina y el Caribe tiene deudas enormes.

Una de las consignas feministas más fuerte del Paro Internacional de Mujeres fue “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, da para mucha reflexión y un mensaje directo para el sistema actual es un ¡Basta! Exigimos que todo sea pensado con nosotras. Es profundamente desigual que seamos siendo las mujeres las principales responsables de los trabajos de cuidados.  #NosotrasParamos #DigamosBasta

Damaris Ruiz es Coordinadora Regional de Derechos de las Mujeres para Oxfam en América Latina y el Caribe 

Hermanas

Por Rosel Murillo Lechuga

Es más fácil llegar a entenderse que ver una ola en el desierto.

Al menos así debería de ser, pues somos la raza evolucionada, con capacidades que otros seres de la tierra no han llegado a alcanzar, hemos desarrollado un idioma para comunicarnos, pero el don no lo es todo, hay que saber utilizarlo. ¿será que no estamos tan evolucionados? Será que nuestras emociones se quedaron en Atapuerca.

Las actrices Andrea Hermoso y Lucía Esteso en una imagen promocional de la obra ‘Perdóname cuando me haya ido’, de Rosel Murillo Lechuga.

La obra de teatro Perdóname cuando me haya ido dibuja la profunda incomunicación de dos hermanas que hace casi una década que no se hablan. ¿Y por qué no se hablan? Pues como casi la mayoría de las personas que conocemos enfadadas, o como nosotros mismos con otros. No se hablan porque no se escuchan, porque no se entienden, porque no se han puesto en el lugar del otro. Emma (interpretada por Lucía Esteso) decidió vivir su vida y marcharse de casa para buscar fuera lo que dentro no podía conseguir. Marta (interpretada por Andrea Hermoso), más pequeña, permaneció en la casa desempeñando las tareas que por obligación, tras la ausencia de su hermana, le había tocado asumir.

Un golpe en la puerta y las palabras al aire. Es curioso como entorpecemos a la facilidad y somos capaces de hacer ligeras las cosas más complicadas. Ese es el ser humano. Es complicado retomar una conversación después de diez años, ¿pero cómo acabar con la ausencia de palabra entre dos personas que no se hablan desde hace una década? Sólo una palabra es liberadora de todo el peso que nos acompaña la mayoría de las veces.

Un perdón es capaz de aliviar la carga más pesada, reponer el corazón más dañado.  Hemos construido palabras cortas, fáciles de pronunciar para arreglar los mayores daños y que así no sean tan difíciles de pronunciar, como perdón, gracias, te quiero… Prueben delante de un espejo primero, y luego prueben a mirar a los  ojos que fijamente te miran, y pide perdón. No es tan difícil, y la recompensa es mayor.

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El secreto de sus ojos

Por Flor de Torres Porras

Aarón  contempló cómo su padre,  M. A. G. el día 22 de Septiembre de 2013,  de madrugada, por sorpresa, clavaba un arma blanca a su madre, Estefanía en su domicilio de Málaga. Vio cómo ella  caía al suelo derribada y cómo su padre ejecutaba su plan de asesinarla asfixiándola cuando estaba ya inerte en el suelo.

Ojo. Imagen de Liam Welch.

Ojo. Imagen de Liam Welch.

Tras ser testigo de  este crimen de género hacia su madre los ojos de Aarón, de tan solo 5 años, estallaron en llantos y gritos. En apenas segundos esos ojos dejaron de ver. Porque esta fue  la escena última que conocemos en la vida de Aarón: la que  contempló en el dormitorio de sus padres tras el asesinato de su madre. Y es que  su padre con el único fin de acabar con sus 5 años de vida le obstruyó los orificios respiratorios, nariz y boca, con la mano, y le comprimió el tórax ocasionándole la muerte inmediata sin que constaran en Aarón signos de defensa. Sólo hubo fragilidad  ante la inesperada y súbita acción de su padre.

Lo que los ojos de Estefanía y Aarón no pudieron ver es a su asesino acostado entre sus cuerpos ya sin vida. Allí fue descubierto por el padre de Estefanía y abuelo de Aarón. No pudieron defenderlo cuando M. A. G. le agredió  al verse descubierto.  Y no pudieron escuchar lo que M. A. G. le dijo al padre de Estefanía y abuelo de Aarón: ‘Vas a ser el tercero’.  Tampoco pudieron defender a su madre y abuela respectivamente cuando contempló lo que los ojos de Estefanía  y Aarón  ya no veían: esta escena y otra  agresión hacia ella por parte de M. A. G. Y es que Estefanía y Aarón ya no podían contemplar nada. La violencia de género los acababa de asesinar.

Antes, los ojos de Aarón  habían observado  cómo desde la ruptura de sus padres en julio del mismo año, el padre sometía a Estefanía a llamadas constantes, hostigamientos con mensajes, insultos, ‘serás mía sí o sí’, controles a través  del régimen de visitas. Veía cómo su madre sufría esta situación en silencio e intentando no  alarmar a sus ya asustados ojos.

En estas vidas  inocentes de la violencia de género se resume un drama escondido tras cada historia con la que se alimentan las cifras de la vergüenza. Estefanía y Aarón vivieron y vieron  la violencia de género en primera persona: el asesinato de género,  el maltrato habitual, las coacciones, y las lesiones. M. A. G. fue condenado por estos hechos por un jurado popular unánime. Y sentenciado el 26 de Mayo de 2016 en la Audiencia Provincial de Málaga. La sentencia es hoy ya firme e irrecurrible. El jurado, que representa a la sociedad, ejerce la justicia popular. Un símbolo que  hemos de trasladar a nuestras vidas. Y es que la sociedad unánimemente ha de condenar la violencia de género.

Pero: ¿Que está fallando entonces? Falla la difícil concepción de los maltratadores y los asesinos de género de lo que realmente son. Falla la reinserción y la rehabilitación de los maltratadores. Falla la concepción patriarcal de la pareja: ‘Serás mía sí o sí’,  la frase que M. A. G. le reiteraba a Estefanía como símbolo de poder. Y falla el silencio de las victimas  durante la violencia de género. Porque esa construcción asimétrica  de la pareja fortalecida en la  desigualdad  encadena  la libertad de las víctimas de violencia de género. Y se repite incluso desde el proceso judicial emprendido.

Estefanía no pudo alzar su voz y nunca pudo imaginarse que sería asesinada  por no querer ser de M. A. G. ‘sí o sí’. Y lo que es peor: no pudo prever la más mínima posibilidad de que los ojos de Aarón no pudieran ver más allá de sus 5 años al  ser asesinado por su padre  y por los mismos motivos que lo fue ella.

Los hechos del doble asesinato de Estefanía y Aarón  están  recogidos en la Sentencia Firme 3/16   del Juicio del Tribunal del Jurado de Málaga 2/16 al que tuve el honor de acudir  poniéndole voz a las asesinadas voces y derechos de Estefanía y Aarón por su  ex pareja y padre respectivamente. Y lo hice  como  Fiscal especializada en violencia de Género observando la violencia de género a través de los  ojos de Estefanía y Aarón.

Hoy M. A. G. cumple condena de  43 años y  6 meses de prisión. Nos queda el débito de su reinserción  y la obligación moral  de no olvidar los nombres de Estefanía y de Aarón para seguir dándole todo el apoyo moral a su familia. Para que no sean tras la sentencia los olvidados de la violencia de género.  Y es que sólo  tuvimos que ser  los ojos de Estefanía y Aarón para comprender  lo que les  ocurrió y darles justicia reconstruyendo uno a uno sus derechos.

La justicia llegó pero no nos devolvió  sus vidas. Por eso en nuestras miradas contra la violencia de género  Estefanía y Aarón estarán siempre presentes. Porque  esa  tragedia esta en lo que los ojos de Estefanía y de Aarón contemplaron antes de ser asesinados y lo que hemos reconstruido en sus nombres a través de sus miradas.

flor de torres nueva recortada Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

La oportunidad de volar

Por Sandrine Muir-Bouchard

María Ramírez nació a los 33 años. La mujer que tengo frente a mí, en esta oficina de 2 metros cuadrados donde se acumulan libros, materiales promocionales y papeles desordenados del Colectivo Rebeldía, nació a los 33 años cuando se dio a sí misma la oportunidad de abrir sus alas y volar por primera vez.

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La María de antes nació en el infierno. Nunca conoció a su padre. Su madre se casó con otro hombre, y su padrastro la agarró de “criada”. A los 4 años ya tenía que limpiar la casa y cuidar a sus hermanitos. Había golpes. Muchos golpes. Pero lo que más temía la María de antes era cuando su padrastro bebía. Entonces ella buscaba la pistola, una calibre 38 muy pesada para sus brazos flacos de niña de 6 años, y corría a esconderse para que no pasara como la última vez, cuando su padrastro disparó sin motivo, llenando la casa de agujeros. María temía que matara a su mamá. Sin embargo, él no tardaba en encontrarla y a fuerza de golpes le sacaba la pistola.
Creo que esto ha marcado mucho de mi vida, demasiado’, me cuenta la María de hoy. ‘He cuidado de no caer en un matrimonio a este extremo de violencia. Me he cuidado bastante, y sigo cuidándome con este tema. Pero me doy cuenta que he quedado tan marcada, tan traumada…’ y se queda callada, la mirada hacía el pasado.
A sus 20 años, fue mamá soltera. ‘Lastimosamente, al año y medio de nacer, mi niña murió’, sigue María, y hace una pausa. ‘¡Creo que se me adelantó todo lo malo!’ me dice, y se ríe como para limpiar el ambiente. ‘Como dice la canción: ninguna guerra me afecta porque tengo alas de acero’. María sonríe con ojos tristes, alzando la frente.
Unos años más tarde, María se casó y tuvo 3 niñas más. Cuando su esposo empezó a estudiar agronomía, a María le encantó y se puso a leer sus libros. Luego, él empezó a hacer política, así que María empezó a estudiar las leyes para apoyarlo. Orgullosamente, acompañaba a su esposo en todo, era su pilar. Pero María no era feliz. ‘Me di cuenta que me relegué, yo no existía como María Ramirez. Yo era mamá, yo era esposa, yo era la bruja del cuento en muchos casos. Era todo, menos María Ramirez’.
Me acuerdo en el taller en el que desperté; la facilitadora nos dijo: dibujen un paisaje, con la casa de sus sueños. Cuando terminamos, empezó a descalificar los dibujos, diciendo que el sol quema, las flores apestan… Y luego dice: ¿Y?. Nosotras no reaccionamos… Ella dice: eso pasa con la vida, ustedes soñaron, ¡es su sueño!, ¿porque permiten que otra persona se lo borre? Y ahí me di cuenta que yo nunca viví mi sueño. Quizá nunca me permití formarme un sueño‘ y la voz de María se rompe, y las lágrimas paran su historia. Exhala fuerte. Se seca las lágrimas con las manos.
‘Me acuerdo que me vine caminando después del taller, llorando, y me dije, ¡realmente sí existes María Ramírez! Ahí nací pues, ahí desperté, digamos a otra realidad, ¡que otro mundo existía para las mujeres!’
Entonces María empieza un proceso de reapropiación de su vida, de sus sueños. Pero no es nada fácil. Quiere estudiar, pero tiene tres hijas que criar y un esposo cada vez más ausente. Se da cuenta que hay otras mujeres. ‘Se cruzaron un montón de cosas… Significó la ruptura en mi hogar’.
María decide poner fin a su matrimonio, pero a un costo muy alto: se tiene que separar de sus tres hijas, porque tienen un futuro mejor asegurado al lado de su padre. Él consigue un ascenso político, y pronto se mudará a Sucre. ‘Ellas podrán ir a un buen colegio, aprender inglés. En cambio yo…’
‘Decidí sacrificarme’, me dice María, con un nudo en la garganta. ‘No me importa lo que a mí me pasa, lo que yo sufra, mis hijas no van a vivir lo que yo’ se acuerda María, crispando su cara con dolor. Expira.
Hoy, tengo la satisfacción. ¡Están brillando como estrellas!’ exclama María, los ojos llenos de luz. ‘Ya son más que su mamá. Y son más feministas que su madre. ¡Y me encanta!’ y se ríe de alegría. ‘El precio de verlas brillar más que yo ¡lo pago todo!. No creen en el príncipe azul. Quieren volar. Van a volar con las alas de la mamá que nació un poco tarde, y yo voy a volar al verlas volar a ellas. Llora. ‘El mundo es mejor para ellas y sigo luchando para ellas. Sin importarme como, para ellas, y para las otras niñas. Me consta que otro mundo es posible.
¡Y que existe! Ahí está.’
Sandrine Muir-Bouchard es Consejera en comunicación y campañas de Oxfam en Bolivia

Paco, la zorra, las brujas y las talibanas

Por Lorena Moncholí

Paco está triste, le han divorciado.

No fue su culpa, él es la víctima.

“¿Cómo osa la zorra (sic.)?”. Así la llama, por haberle dejado.

Paco tiene un amigo importante, con silla en la RAE, premios y algún que otro libro.

Tranquilo, Paco, voy a ponerles verdes a todas, ¡por nuestra amistad!’, le dice el periodista. ‘¡Que tengo columna y nada que escribir esta semana!’.

Paco era feliz con su moto y sin asumir responsabilidades. Con descendencia, pero sin saber ni cómo alimentarla, que de eso ya se ocupaba la otra.

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Asamblea de Brujas (1600), Art History Museum, Vienna. Obra de Frans Francken II, el Joven

Cuando una jueza le explicó que divorciarse no era ‘vivir los nuevos 30’, sino destinar las tres cuartas partes del sueldo a seguir manteniendo a su hijo, Paco se enfadó mucho. También, cuando le explicó, por sentencia, que los hijos deben quedarse a vivir en su casa de siempre y con los que sepan criarles y darles de comer de caliente, que para tigretones y foskitos ya hay una tarde a la semana.

Paco le echa la culpa de su tragedia a las brujas de las amigas, que manipularon a su inocente mujer que no sabía pensar por sí sola. O eso creía. Quizás, si la hubiera aislado de ellas, como hacen esos maltratadores de la tele, otra hubiera sido su suerte.

Paco tiene una personalidad muy débil. Antes de que le echaran, era un pijoprogre orgulloso. Eligió a conciencia un colegio para su prole, pero ahora, como ‘la zorra’ le ha dejado, ya no le gusta. Quiere fastidiar.

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