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Archivo de la categoría ‘Economía’

Luchar contra los elementos

Por María José Agejas

No nacieron con alma de guerreras pero la vida tenía planes para ellas. Habitan en algunos de los puntos del planeta más afectados por el cambio climático y a través de diferentes estrategias, contra todo pronóstico, han logrado plantarle cara. Éstas son sus historias.

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Imagen de Annie Bungeroth / Oxfam

Con esta cara de felicidad, Ipaishe, de Zimbabue, parece no haber sufrido. Pero Ipaishe ha visto morir sus cosechas a causa de las inundaciones y de las sequías. Su peripecia vital la llevó a romper con las tradiciones y lo esperado de ella: tras enviudar y rechazar la imposición de su familia política para que se casara con el hermano de su marido, decidió volver a la casa paterna. Su padre la recibió con los brazos abiertos. Ipaishe se hizo cargo de las tierras de la familia y poco a poco se fue convirtiendo en líder comunitaria: empezó a colaborar con Oxfam para lograr un sistema de irrigación. Desde entonces las cosechas se han incrementado en un 240%.

Recuperó su antigua faceta de profesora para educar a su comunidad en la prevención del SIDA y otras enfermedades y acabó, hace un año, acudiendo a la COP21 de París en representación de millones de agricultores para entregar un millón de firmas a los líderes mundiales. Si Ipaishe no se hubiera rebelado contra la tradición establecida, jamás habría logrado todo esto.

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Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Ana G´anda tiene 41 años. Es una de las fundadoras del banco de cereales  de su localidad, Chitego, en Tanzania, creado a partir de la hambruna del 98 que sucedió a una fuerte sequía. ‘La gente intentaba cocinar pasto y algunas hierbas del campo’. El banco de cereales sirve para almacenar las cosechas y disponer de ellas gradualmente. Además, el excedente se vende cuando los precios están más altos. Parte de ese dinero vuelve al banco y permite comprar grano cuando el precio baja para volverlo a almacenar.

Así, el banco garantiza la seguridad alimentaria a sus socios, aunque al principio nadie lo apoyaba: ‘Sólo un pequeño grupo entendió la idea, y empezamos a trabajarla’. Gracias a esa visión, Ana no sólo tiene comida para su familia, sino que con los excedentes ha comprado cerdos. La venta de las crías ha pagado la educación de tres de sus hijos y la construcción de su casa. Es el cuento de una lechera a la que el cántaro no se le rompió.

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Dorcas Erukudi tiene 40 años y está acostumbrada a las sequías recurrentes en su localidad natal de Naduat, en Turkana, Kenia. Es una de las zonas más expuestas a la zozobra meteorológica que provoca el cambio climático. Dorcas es la tesorera del comité de prevención de riesgos de su pueblo.

Ese comité, creado por 20 personas que se autogestionan y reciben formación de Oxfam, hace préstamos para que la gente emprenda pequeños negocios o actividades que les permitan sobrevivir sin tener que depender de la agricultura. El negocio de Dorcas es una tiendita de comida, algo con lo que nunca se atrevió ni siquiera a soñar. Quiere que sus hijos vayan a la universidad. El comité trata de promover métodos para defenderse de los avatares del cambio climático, pequeños cambios que pueden marcar la diferencia entre la supervivencia y la hambruna: cómo fabricar carbón cuando hay inundaciones, cómo lograr que haya pasto para el ganado en época de sequía.

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Imagen de Oxfam

Un día, Leonarda Centeno abrió las puertas del conocimiento. Es lo que sintió, explica, cuando se capacitó en técnicas agrícolas y se organizó, sumándose a una federación de mujeres productoras. Ha aprendido cómo nutrir la tierra, conoce la importancia de la reforestación para luchar contra el cambio climático y se muestra orgullosa de utilizar semilla criolla de frijoles. Recibió esta semilla seleccionada en una reunión: explica que otras mujeres presentes en el encuentro la utilizaron para comer, mientras que ella la sembró. Con menos de un kilo de semillas logró 60 de cosecha. ‘Mis hijos han tenido estudios, educación, salud y el pan de cada día‘, explica orgullosa. ‘Ahora yo tomo mis propias decisiones respecto al trabajo’.

Para apoyar el trabajo de estas y otras luchadoras contra el cambio climático, Oxfam Intermón invita a firmar la campaña #YaNoMásExcusas

 

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Flores de café

Por Carmen Suarez

Lucila Blandón es la presidenta del movimiento Flores de café y miembro de la junta directiva de Aldea Global que, entre otros productos agrícolas, elabora y distribuye el Café Tierra Madre que comercializa Oxfam Intermón. Este café está producido por mujeres propietarias de su tierra bajo los criterios del comercio justo. Parte de los beneficios de su venta  se reinvierten en un fondo común de la cooperativa para ayudar a las mujeres a titular la tierra en la que trabajan  que,  en muchas ocasiones,  ya era de sus padres o de sus maridos,  pero que, desde un punto de vista legal, no podían reclamar como suya.

Lucila Blandón, durante una visita a Barcelona. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Lucila Blandón, durante una visita a Barcelona. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Lucila tiene 51 años y toda su vida ha transcurrido siempre en la zona montañosa de Jinotega, al Norte de Nicaragua. ‘Soy nacida y criada allí. Nací de una familia muy pobre. Mi madre se quedó viuda muy joven y nos crió a mis hermanos y a mí trabajando en una hacienda’, explica. Y allí, en unas condiciones de vida muy duras, Lucila fue creciendo junto a su familia hasta que  a los 19 años se  unió  a su compañero y ‘empecé a procrear hijos. Soy madre de ocho’ dice.

 “Mi marido y yo trabajábamos en la tierra juntos, pero llegó la guerra a mi país y él se tuvo que ir”, cuenta Lucila. En esas circunstancias, en 1979, ella se vio a sí misma como “una mujer sola, con cuatro hijos” y no le quedó más remedio que salir de casa a buscarse la vida. “Horneaba pan, empecé a sembrar y cultivar pipianes y así, poco a poco,  fui saliendo de la pobreza. En los años 80, cuando mi marido volvió de la guerra, yo ya mantenía a mi familia trabajando sola”.

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Las tres vidas de Fati Marmoussa

Por Yasmina Bona

Fati sonreía cuando la conocí y cuando me despedí de ella. Sentadas bajo un cobertizo de paja en el patio de su casa, me explicaba cómo es su día a día en esta zona rural del centro de Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo. Ella es agricultora, mujer y madre. Reúne tres características que la convierten en un perfil muy vulnerable ante los efectos que el cambio climático está provocando en su país. Sequías e inundaciones extremas ponen en peligro la supervivencia de sus habitantes, y las mujeres, especialmente, están en la cuerda floja.

Como el 80% de la población de Burkina Faso, Fati es agricultora y se alimenta gracias a lo que consigue hacer crecer en sus campos. Su vida acumula muchas horas de trabajo cultivando. No fue a la escuela, lo aprendió todo de sus padres, y ahora es ella quien mañana y tarde trabaja en el campo junto a su marido para asegurar que sus tres hijos tengan algo para comer.

Pero en los últimos años, la cesta de Fati está más vacía. El clima ha cambiado, llueve menos y cuando lo hace, la lluvia es tan violenta que provoca inundaciones. Sus cosechas de sorgo y maíz apenas sobreviven a los antojos de un clima cada vez más extremo e impredecible. Las sequías se eternizan y los alimentos escasean. Y entonces, llega el hambre: ‘Vendemos nuestros animales para pagar los cereales, pero aún así tener comida sigue siendo un problema´ comenta Fati sin perder la sonrisa, como tratando de evitar la desesperación: ‘Hubo un momento en el que ya no llegaba a alimentar a mis hijos. No tenía nada más’.

Fati Marmoussa, en su campo de sorgo, en el centro de Burkina Faso. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Fati Marmoussa, en su campo de sorgo, en el centro de Burkina Faso. Imagen: Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

En los países más vulnerables a los efectos del cambio climático, las mujeres son las que más padecen sus consecuencias por varias razones relacionadas con su papel en la sociedad. Cuando falta la comida porque la cosecha ha sido mala debido a la sequía o las inundaciones, son las mujeres las que reducen la ingesta de alimentos, con los consiguientes efectos: cansancio y problemas en su salud y en la de sus bebés.
Con 26 años, Fati ya tiene tres hijos, y con ellos tiene que caminar largas horas para acudir al médico cuando enferman. Aunque desde hace un tiempo percibe que las enfermedades se han reducido en su comunidad. La instalación de un pozo de agua potable en Tafgo, donde vive, ha sustituido al estanque en el que antes las mujeres se aprovisionaban de agua sucia que usaban para beber y cocinar. ‘Hubo un cambio positivo en nuestras vidas porque antes bebíamos y cocinábamos con agua del estanque, y teníamos muchas enfermedades’.

Fati recuerda la instalación del pozo como un día de celebraciones entre las mujeres de su pueblo. Ir a buscar agua es una tarea tradicionalmente encomendada a mujeres y niñas, por lo que tener agua cerca, permite a las mujeres ahorrar tiempo que pueden dedicar a otras actividades productivas y a las niñas, poder ir a la escuela.

La malnutrición infantil es uno de los frentes de batalla del país que en los últimos años el cambio climático no ha hecho más que agravar. En la zona del Sahel, castigada con crisis alimentarias recurrentes, unos 5,9 millones de menores de cinco años sufren de malnutrición aguda
Fati participa en talleres para prevenir la malnutrición de sus hijos. La comunidad de Tougouri, donde vive, forma parte de un proyecto desarrollado por la organización local ATAD y Oxfam Intermón para fortalecer la capacidad de adaptación de las personas de las zonas rurales más pobres del país ante unas condiciones climáticas extremas. En las formaciones, madres como ella aprenden a sacar mayor provecho de los alimentos que cocinan para suministrar los nutrientes necesarios a sus hijos en función de la edad, y conocen mejor las normas de higiene que pueden seguir para evitar enfermedades. ‘He cambiado de hábitos respecto a la alimentación de mi familia. Cubro los platos que tienen comida y no los dejo en cualquier sitio. Con las formaciones, tenemos salud’, comenta Fati, que comienza a ser dueña de su propio desarrollo.
Agricultora, mujer y madre africana, Fati tiene todas las papeletas para sufrir mucho ante los efectos del cambio climático. Junto con millones de personas más que viven en el lado más vulnerable del planeta, necesita que nos movilicemos para exigir compromiso. Vidas como la de Fati deberían estar sobre la mesa en la cumbre de Cambio Climático de Marrakech, para que quienes más contaminan se hagan cargo de su responsabilidad. El cambio climático es un fenómeno más de desigualdad: afecta más a quienes tienen menos. Pero podemos pararlo.

Yasmina Bona es periodista y trabaja en el equipo de comunicación de Oxfam Intermón. Ha viajado a Burkina Faso para conocer directamente cómo sufren las comunidades campesinas del centro del país las consecuencias del cambio climático.

50 días gratis al año: el trabajo que no cobran las mujeres

Por Lara Contreras

Soy mujer y en mi caso personal no trabajo 50 días gratis. No lo hago porque trabajo en una organización donde los hombres y las mujeres ganan el mismo sueldo por hacer el mismo trabajo. Todas y todos trabajamos mucho. Y lo hacemos para, entre otras cosas, que las mujeres no estén desde el día de hoy trabajando gratis hasta final de año, como indican las estadísticas.

Una gran parte del trabajo de las mujeres no se remunera ni se valora. Imagen de Tran Mau Tri Tam / Unsplash.

Una gran parte del trabajo de las mujeres no se remunera ni se valora. Imagen de Tran Mau Tri Tam / Unsplash.

Oxfam Intermón acaba de sacar el informe: ‘Bajan los salarios, crece la desigualdad: el impacto de las diferencias salariales en los hogares’. En este informe se pone de manifiesto como la desigualdad salarial es una de las principales causas de la desigualdad y como las caídas salariales han perjudicado a los colectivos más vulnerables. Este es el caso de las  mujeres que son las más perjudicadas por estas diferencias salariales. A nivel global, y a pesar de la incorporación de más de 250 millones de mujeres en el mercado laboral, su nivel salarial en 2015 es el mismo que el que disfrutaban los hombres 10 años atrás, en 2006.  De seguir a este ritmo, no será hasta 2133 que se conseguirá cerrar la brecha económica entre mujeres y hombres.

España es un caso paradigmático de cómo la desigualdad salarial afecta a las mujeres trabajadoras -que ganan un 18,8% menos que los hombres- lo que implica que la mujer trabaja 50 días más que el hombre para conseguir el mismo salario. Es decir, desde hoy hay millones de mujeres que van a trabajar por nada.

Además, hay muchas más mujeres que hombres que cobran el SMI o menos, que en España es irrisorio para satisfacer las necesidades básicas, el 18,6% de las mujeres trabajadoras tuvo salarios menores o iguales al mínimo, frente al 8,3% de los hombres. También ostentamos la medalla de plata de la UE en mujeres trabajadoras pobres.

Ana es trabajadora doméstica en Barcelona y cobra alrededor de 700 euros netos. Mujer, con 51 años y 2 hijos, con experiencia profesional pero sin formación reglada superior tuvo que encontrar una salida en el sector doméstico. Hoy vive en una vivienda de alquiler social, con su marido -en situación de paro de larga duración-, su hijo de 21 años y su hija pequeña. Siente que esos 700 euros netos, ante todo, le roban oportunidades a su familia y sus hijos.

Ana nos cuenta como ganar tan poco le ha hecho aislarse porque no puede tener vida social, le obliga a comer menos sano y le hace alegrarse de que su hijo no quiera ir a la Universidad porque, si hubiera querido, le tenía que haber dicho que no podía pagarla. Ganar un salario digno, ganar lo mismo que un hombre y tener las oportunidades que un hombre cambiaría su vida, le evitaría avergonzarse de ser pobre.

El hecho de que las mujeres tengan que ocuparse del trabajo de cuidados las relega a trabajos más precarios y peor pagados, además de impedirles progresar profesionalmente al mismo ritmo que los hombres. Y como ya hemos dicho antes, muchas mujeres aunque progresen ganan menos que los hombres por el mismo trabajo. Esto realmente no tiene explicación. Yo como mujer, no lo admito.

Según el presidente de la CEOE, la incorporación de las mujeres al trabajo es un problema porque no se puede crear trabajo para todos. Este tipo de afirmaciones es alarmante porque prioriza de nuevo el trabajo de los hombres frente al de las mujeres. La sociedad ya no las admite, nos avergonzamos de ellas.

Por eso, lanzamos la voz de alarma. Es urgente que nuestros políticos establezcan medidas para eliminar la brecha salarial de género penalizando a las empresas que establezcan salarios diferentes para categorías laborales idénticas en función de si son ocupadas por hombres o por mujeres. También a través de mejoras en la conciliación de la vida personal y familiar, la distribución y reparto de los cuidados.

perfil-lara-contrerasLara Contreras es Responsable de Contenidos e Incidencia en Oxfam Intermón

María Pazos: la igualdad desde el bolsillo

Por Cristina Andújar

María Pazos Morán es una de las mujeres que piensan que una sociedad  en igualdad es posible y por ello pone todo su empeño y experiencia en conseguir este objetivo. Más en concreto, se centra en el análisis de políticas económicas necesarias para avanzar en la igualdad de género.

La inquietud y compromiso de María con los derechos de las mujeres no surge de la nada “Esto es algo que lo ves desde pequeña, todas lo hemos vivido en la familia, de entrada ya desde la más tierna infancia, nos discriminan frente nuestros hermanos, tenemos mucha menos libertad de movimiento,  muchas menos oportunidades y vemos también que nuestras madres están discriminadas”. Es inevitable que una mujer se sienta identificada al leer estas palabras, pues muchas podemos pensar que es algo que solo pasa en nuestra familia. Pero si miramos a nuestro alrededor comprobaremos que no es un caso aislado que sólo sucede en nuestro hogar sino sistémico.

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María Pazos Morán

María defiende que las políticas económicas determinan las condiciones materiales y éstas, las mentalidades y los comportamientos de los ciudadanos. Y esto lo plasma en la línea de investigación  que coordina “Políticas Públicas y Desigualdad de Género” del Instituto de Estudios Fiscales. Esta investigación consiste en descubrir cuáles son las políticas públicas que actualmente están potenciando el sistema de desigualdad que hay y estudia cómo cambiarlas para  eliminar la desigualdad “ Consiste en considerar la sociedad desde una política de género, tener en cuenta los derechos de todas las personas; incluidas todas las mujeres, ante lo cual la ciencia ha sido ajena hasta ahora”.

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Berta Zúñiga Cáceres y la lucha contra el ‘desarrollo’

Por Cristina Niell

¿Puede una comunidad, apelando a su cultura ancestral, a su legado, luchar contra el desarrollo? Esta es la pregunta que surge cuando una escucha a la hija de Berta Cáceres, la activista hondureña que fue asesinada el pasado 3 de marzo tras haber dirigido la lucha contra un proyecto hidroeléctrico en el río Gualcarque, en el corazón de la comunidad lenca. Una comunidad donde las mujeres, tradicionalmente han participado activamente en su defensa.

Berta Zúñiga Cáceres recibe el premio Joan Alsina en Barcelona esta semana. ©Casa Amèrica Catalunya/Cristina Rius.

Berta Zúñiga Cáceres, hija de Berta Cáceres, recibiendo el premio Joan Alsina de Derechos Humanos que otroga la Casa Amèrica Catalunya en nombre de la organización COPINH. ©Casa Amèrica Catalunya/Cristina Rius.

Berta Zúñiga Cáceres, siguiendo los pasos de su madre y con apenas 25 años, habla de cómo una región, un país se transforma por el peso de las nuevas ciudades; ciudades dedicadas a la generación de energía; ciudades madereras que talan y exporta; ciudades de maquilas, ciudades privatizadas dedicadas al turismo… Ciudades que para ella no son un foco de riqueza sino una fuente de saqueo y expolio, que son el motivo de ‘las luchas territoriales que los pueblos indígenas llevamos contra el modelo de desarrollo extractivista que en nada beneficia a la comunidad’.

¿Pero esas nuevas ciudades, no son el desarrollo? ¿No van a repercutir en el bienestar del país y de la propia comunidad? ¿No son una apuesta por el bien común? Responde Berta Zúñiga Cáceres con otra pregunta, una pregunta que ha hecho a las compañías que financian y participan en el proyecto hidroeléctrico que afecta a la comunidad lenca: ‘¿Si su proyecto es tan bueno, por qué han muerto tantas personas por él?’

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Margarita Álvarez: talento versus mediocridad

Por Nuria Coronado 

Hay personas que pasan por el mundo sin pena ni gloria. Llevan a cuestas una mochila cargada de un NuriaCoronadopeso pasado, presente y futuro marcado por la palabra amargura. Son quienes, no es que de vez en cuando vean el vaso medio lleno, es que lo ven día tras día, más seco que un pantano en época de sequía.

Del otro lado están las personas con chispa, las que te conquistan sin haber hablado ni una sola palabra con ellas, las que van dando botes por la vida impulsadas por el muelle de la pasión porque lo llevan integrado de serie. Son seres mágicos capaces de impactar, innovar y hacer de este mundo cambiante un sitito lleno de gozo y cuyo suelo, techo y paredes están decorados de alegría constante (a pesar de las dificultades) y de sonrisas capaces de iluminar a otros. Son quienes, como un buen amigo o un familiar querido, te dan ese abrazo o golpe mudo en la espalda cuando las cosas no van todo lo bien que deberían y en susurros te dicen: ¡ánimo que tú puedes!

Margarita Álvarez, directiva de Adecco.

Margarita Álvarez, directiva de Adecco.

A esta segunda y maravillosa especie pertenece Margarita Álvarez, directora de Marketing y Comunicación de Adecco. Una mujer a la que le habría venido como anillo al dedo llamarse Felicidad pero que brilla y es única al igual que el significado de su nombre de origen griego (Margarites): ‘la que es como una perla‘. Ella reluce como una avanzada y adalid de algo tan necesario como poco practicado en este país: conseguir la felicidad en el trabajo.

Margarita, Marga como le llaman los más cercanos, se pone el mundo por montera y se empeña, día sí y día también, en un cambio de cultura empresarial cuyo epicentro comienza en ella misma. Para predicar hay que dar ejemplo: ‘cada jornada mi vida está marcada con un fin: que la felicidad sea la meta de todos en todos los ámbitos de la vida’, dice con su eterna sonrisa. ‘Las empresas tienen que entender las cosas que les hacen vibrar, que cada persona tenga un ámbito de decisión y de influencia. No es lo mismo que yo llegue a una empresa y me digan lo que tengo que hacer, lo cumpla y me vaya a mi casa a que me den algo y yo aporte valor añadido, deje una huella en ese trabajo. Eso tiene un efecto vital, te vas a casa con una sensación increíble‘, añade.

Y es que esta abogada, madre de tres hijos que le han salido tanto o más “happy” que ella misma, tiene claro que los trabajadores son algo más que un simple contrato con nombre y apellidos. Son la materia prima a la que hay que cuidar y mimar como oro en paño porque en el trabajo se pasa más de un tercio de la vida y si no estamos bien, la cosa acaba siendo como la crónica de una muerte anunciada. Es de las mujeres que además consideran que hay que cambiar el verbo preocuparse por el de ocuparse de ellos. ‘Esa, y no otra, es la manera más inteligente y sencilla de retener su talento’, comenta.

De ella una no se cansa de escuchar y resonar con frases que acaban siendo verdades como puños: “las personas no se van de las empresas, se van de los jefes” o “quien no contrata talento, contrata mediocridad”. Además es una gran defensora de la igualdad entre hombres y mujeres. Y esa defensa la hace en su propia casa: “si alguno de mis hijos enferma no me tienen porque llamar a mí”, recalca.

Margarita además pertenece a otro mundo que marca la diferencia, el de los knowmads (nómadas del conocimiento). En ese planeta uno no para de aprender para enseñar y compartir. No ceja en el empeño de creer, actuar y activar. ‘Actuar, dando pasos pequeños, uno tras otro, que construyan un camino. Y activar una inercia a nuestro alrededor que amplifique nuestras acciones, que supongan un cambio mayor’. Su curriculum nos hace pensar en tantas y tantas Avanzadoras, en nuestro país y en el mundo. Desde aquí Margarita, mi gratitud y la de tantas miles de personas, que cada vez que te escuchamos, crecemos y nos inoculamos con el maravilloso virus de la felicidad.

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio.

Del techo de cristal al techo de cemento (y más allá)

Por Nuria Coronado NuriaCoronado

Escalar puestos de responsabilidad en el mundo empresarial cuando quien lo hace es una mujer es como subir un 8 mil… al día. Si además se trata de lugares circunscritos al poder de las corbatas como el IBEX35, el ascenso puede provocar como mínimo mal de altura y de ahí a la muerte súbita, solo hay un paso.

No hay más que mirar la foto de cualquier Consejo de Administración de este restringido círculo para constatar la escasa presencia femenina. Las órbitas donde se manda y decide llevan por los siglos de los siglos rodeados de concertinas que claman un mensaje: vetados a quienes no lleven cromosoma Y. El mismo ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, Julio Segura Sánchez, reconocía en su día que “la calidad de estas mujeres en éstos órganos debe ser más alta que los hombres porque han sufrido más filtros”. Es decir, se lo ponen bien difícil para que no lleguen ahí.

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Por si este techo de cristal fuera poco se suma otro más duro si cabe. Es el denominado “techo de cemento”, un límite que tal y como explica Núria Chinchilla, profesora del IESE, directora del International Center for Work and Family (ICWF) y responsable junto ATREVIA del IV Informe Las Mujeres en los Consejos de Administración de las compañías del Ibex 35,  “se autoimponen las mujeres por tener que ser las mejores de los mejores”. Un perfeccionismo que pesa, aplasta y provoca que “cuando hay un nuevo puesto de trabajo y dicen que hacen falta cuatro competencias, la mujer no se presenta porque solo tiene tres y el hombre lo hace aunque solo tenga dos”, comenta.  Así se explica que solamente 10 empresas tengan un 30% o más de mujeres en su consejo de administración.

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Isabel Martín, un motor en la India

Por Paloma Blanco 

Pensar en Isabel Martín siempre emociona. Aunque ya no la pueda ver, anda siempre revoloteando, cerca. Merece la pena. La conocí por casualidad y gracias a personas también extraordinarias, pero Isabel fue distinta. En una escala que hizo en Madrid de vuelta a Bombay, me dedicó un rato. Recuerdo una mujer físicamente no muy grande, vestida a la india, no de monja. Me miraba con ojos medio guiñados, ¿sonrientes?, mientras me oía.  La charla duró poco tiempo pero el suficiente para quedar en que, al mes siguiente, nos esperaba a mi hija y a mí en el aeropuerto de Bombay. Me pidió que le llevara telas, fieltros, hilos y peluches que les sirvieran de modelo a sus mujeres en los talleres de la gran cooperativa Creative Handicrafts, en Achanak Colony, en Andheri East. ‘Ah!’, me dijo, ‘y también te agradecería alguna crema buena para mi cara, me gusta que la gente me vea lo mas guapa posible…’.

Isabel Martín con una compañera del equipo de Creative Handicrafts, en el taller. Imagen de Jesús López.

Isabel Martín con una compañera del equipo de Creative Handicrafts, en el taller. Imagen de Jesús López.

Al mes allí la encontramos, en Bombay, junto a otra mujer sonriente, Carme Tió. Las dos formaban un tandem genial y nos enseñaron a movernos por aquella ciudad, por aquellos barrios y a adaptarnos a la comida de la que decían “no punchy”; pero sobre todo a ver y a mirar más allá de nuestras narices.

Isabel ha sido una persona inteligente, generosa, creativa, con ganas de hacer y de hacer y de no parar, independiente, que descubrió por dónde quería moverse y para ello aprendió de cerca el cómo y el qué, haciendo cursos o lo que fuera necesario. Conoció a gente grande, se empapó de su sabiduría y también les transmitió la suya. ¿Era de empatía de lo que Isabel rebosaba? De ‘las hierbas que otro arrojó‘  hacía el milagro de los panes y los peces y servían para que las distribuyera de la manera más práctica entre aquellas personas, tan variopintas y con tan variopintas necesidades.

Quería a todas “sus” mujeres que trabajaban en los talleres en aquellos suburbios, ideó y probó otras maneras de conseguir trabajos para otras más,  catering, conducción de rickshaws… Pero también quería trabajar con otras personas. De las experiencias con algún indeseable decía: ‘¿has visto la inteligencia que desarrolla el hombre para hacer cosas? ¡Es extraordinario!’ Tenía genio y se enfadaba, sobre todo al enfrentarse con la burocracia tan grandísima e interminable que debía hacer constantemente para conseguir sus metas. Moverse entre aquella gente y con aquel lío constante… ¡tiene narices! Nos regaló su tiempo llevándonos a Chesire Home a conocer a sus hermanas Misioneras de Cristo Jesús que trabajan allí con personas discapacitadas, pero también al centro de la ciudad, y a barrios elegantes para que entendiéramos las diferencias. Con sus novicias vivimos la experiencia de un ashram, en el Tamil Nadú. Nos acercó a muchísimas realidades, nos enseñó mucho sobre los demás y sobre nosotras mismas.

Isabel Martín junto con el equipo de la cooperativa Creative Handicrafts ante el edificio de la organización, en Mumbai (India). Imagen: Nerea Avellaneda.

Isabel Martín junto con el equipo de la cooperativa Creative Handicrafts ante el edificio de la organización, en Mumbai (India). Imagen: Nerea Avellaneda.

Tengo un montón de imágenes de Isabel, bebiendo cerveza del tiempo comprada  con “prudencia” en algún lugar de la India, o en Javier (España), con el pañuelo rojo atado al cuello entusiasmada viendo por la tele uno de los encierros de los Sanfermines. En la India fue genial, pero luego, en cada viaje a España se completó su imagen, cerca de su familia o recibiendo premios aquí, pero siempre pensando en allí. Cuando empezó a tener goteras hablaba de ellas como si estuvieran en otro cuerpo.

Tengo claro que hay gente estupenda y sacrificada por los demás, pero Isabel ha sido distinta.

Paloma Blanco es bióloga, investigadora botánica, deportista, y ha colaborado desde hace más de 20 años con la cooperativa Creative Handicrafts, fundada por Isabel Martín.

El ingrediente que falta en las recetas del G20

Por María SolanMaría Solanasas 

Desde que tuvo lugar en Washington la primera Cumbre, en noviembre de 2008, para abordar la más grave crisis económica de las últimas décadas, durante varios años el G20 prestó escasa o nula atención a la igualdad de género como un elemento de la ecuación para superar la crisis. Y eso a pesar de que, como vienen señalando numerosas organizaciones internacionales e informes, la desigualdad de género constituye un freno al crecimiento económico global.

Foto de grupo del G20 en Turquía (2015).

Foto de grupo del G20 en Turquía (2015).

Casi cuatro años después, en junio de 2012, la Cumbre celebrada en Los Cabos (México) incluyó en su declaración final, por primera vez, la referencia al papel de las mujeres en la recuperación, subrayando la importancia de la plena participación económica y social de las mujeres, así como la necesidad de ampliar sus oportunidades económicas, destacando 2 compromisos (de un total de 180): la eliminación de las barreras que existen, y el avance de la igualdad de género en todas las áreas, incluidos los salarios. Cumbres posteriores como la de San Petesburgo (Rusia) en 2013, Brisbane (Australia) en 2014, o Antayla (Turquía) en 2015 han reiterado este compromiso con el empoderamiento económico de las mujeres como elemento esencial para la recuperación económica global.

Siendo un tema clave, ha sido necesario sin embargo un mecanismo informal para recordar al G20 su importancia económica: en septiembre de 2015 se constituía el W20 (Women 20), un nuevo “grupo de interacción” del G20 (como se conoce a los seis grupos que existen actualmente y que trasladan recomendaciones políticas al G20: el Business 20  (B20) –de la comunidad empresarial-; Civil Society 20 (C20) –de la sociedad civil-; L20 -de las organizaciones sindicales-; Y20 – de la Juventud-; y T20 –de los think tanks-). Impulsado por Turquía, y con el apoyo de ONU Mujeres, el W20 pretende promover el empoderamiento económico de las mujeres y su papel en la toma de decisiones económicas y financieras, así como hacer seguimiento de los compromisos del G20 en materia de igualdad de género. El W20 aspira a ser un instrumento que mantenga vivos esos compromisos, en particular el relativo a la reducción de la brecha de participación en la población activa hasta un 25% en 2025 (hoy, frente a dos tercios de hombres en la población activa, hay sólo un 50% de mujeres). Las organizaciones internacionales estiman que esta meta, por sí misma, impulsaría la incorporación de más de 100 millones de mujeres a la fuerza de trabajo mundial.

Como señala ONU Mujeres, “el W20 tiene el potencial de influir en la gobernanza económica, y promover un crecimiento económico inclusivo de un modo más intenso del que ha sido posible hasta ahora en el G20”. Un potencial que será necesario alentar.

El W20 apenas ha echado a andar, celebrando su primera cumbre el pasado mes de octubre. Pero su mandato es claro: contribuir a alcanzar los compromisos del G20 sobre “la plena participación económica y social de las mujeres” (Los Cabos 2012); “la educación e inclusión financiera de las mujeres” (San Petesburgo 2013); y la “reducción de la brecha en la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo” (Brisbane 2014, y también Antayla en noviembre de 2015).

El G20 está formado por 19 países (incluido España, con el estatus de miembro invitado permanente) más la Unión Europea, que representan el 85% del PIB global, el 80% del comercio mundial, y a dos tercios de la población del planeta. Sus decisiones y recetas son esenciales para lograr la recuperación económica global y un crecimiento sostenible, robusto e inclusivo. Para ello, conviene que no olviden incluir en sus recetas la igualdad de género. Es un ingrediente imprescindible. Y el W20 se ocupará de recordarlo.

María Solanas es Coordinadora de Proyectos en el Real Instituto Elcano. Privilegiada en los afectos, feliz madre de una hija feliz.