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Archivo de la categoría ‘Derechos’

Gertrude no pudo volar

Por Mª Ángeles Fernández

Iba a ser la primera vez que salía de su país, incluso de su entorno más cercano. Las ganas de ver nuevos horizontes eran evidentes. El liderazgo de su colina iba a traducirse en una experiencia en el extranjero. Pero no hay viaje ni tampoco relato. La historia de Gertrude desde Burundi a Bilbao no puede escribirse. ¿No se puede contar?

La burocracia ha demostrado la absoluta desigualdad de las mujeres en este pequeño país de la región de los Grandes Lagos. Gertrude ya tiene documentación personal y, por tanto, la ciudadanía negada a muchas de sus compatriotas, también ha legalizado su matrimonio, pero aún no ha logrado la cotitularidad de la tierra en la que trabaja cada día. ¿Si hubiera tenido algo a su nombre podría haber tomado el vuelo?, ¿si hubiera demostrado que es propietaria podría haber llegado a Bilbao? Las probabilidades tiñen las respuestas: esa documentación habría facilitado el proceso. Sin duda.

Aline, líder de una organización burundesa, durante su reciente visita a Bilbao. Imagen de Helena Bayona.

Gertrude Nyandwi no ha venido a Euskadi a conocer escuelas de empoderamiento o explotaciones ganaderas y agrícolas gestionadas por mujeres. Sí lo ha hecho Aline iyonizigye, que no para de sonreír y de contar la importancia del abono agrícola y del cambio en la gestión de los cultivos para la vida de su colina (la unidad administrativa más pequeña que existe en Burundi) y de las mujeres que habitan en ella. Lee el resto de la entrada »

En el Día del Pueblo Gitano: ¡Opre Romnjna! ¡Arriba las mujeres!

Por Patricia Caro Maya

El día 8 de abril  de 1971 se declaró en Londres el Día Internacional del Pueblo Gitano  y se institucionalizó  la bandera gitana, pero desgraciadamente este día se convierte a menudo en el día Internacional del Payocentrismo Patriarcal. No sólo celebra la imposición de los intereses antigitanos como centro de las políticas,  sino que además celebra su desconexión total de los derechos kalés con perspectiva interseccional.

La benevolencia  perversa que toma este día en los actos institucionales de alto abolengo, se vuelve  hostil si analizamos  las políticas de género impuestas sobre las kalís. Su mayor producto es normativizar  un estereotipo de mujer incapacitada a causa de su cultura. Pero tranquilas, las instituciones políticas han decidido unilateralmente una solución: negar la violencia de género estructural  y  capacitar  para el acceso a un  trabajo  precario que sustente los cimientos  del ensamblaje neoliberal. La  estrategia es sencilla e histórica: división sexual del trabajo, control reproductivo y negación de la economía feminista kalí.

Si a esto añadimos, un principio explícito en estas políticas donde se establece  que las comunidades romaníes no podemos gestionar nuestros propios recursos ¿Qué vía podemos escoger la kalís para contribuir a la igualdad de género en la esfera pública? ¿Cómo afectará eso a nuestras vidas privadas? ¿Y a nuestros derechos? Si nos impiden  gestionar  los recursos destinados a nosotras ¿Quién se supone que está capacitado? Como siempre, al amparo de este principio,  ya existían almas caritativas masculinas  bien  organizadas y predispuestas a  llevar la “pesada carga” de supervisar, dirigir y normativizar de manera paternalista los recursos  destinados a nuestros derechos y nuestras necesidades  (una pista: ninguna pertenece a la cultura gitana).

Afortunadamente, la debilidad democrática de esta alianza patriarcal contra los derechos de las kalís está absolutamente desconectada de la realidad viviente y activa de nuestras comunidades. Son justo las kalís más invisibilizadas  las que desde aquellas organizaciones comunitarias que tienen menos recursos, redes informales o de forma  individual,  trabajan de manera incansable por mitigar y revertir los efectos de este tipo de políticas. No obstante, a causa de la asimetría de poder, aunque sigue siendo necesario su esfuerzo, no es suficiente para conseguir que los derechos se hagan realidad.

Por eso, el Día Internacional del Pueblo Gitano no es un día para celebrar el Payocentrismo Patriarcal. Hoy, como todos los días del año, hay que concienciar a la sociedad española (paya y kalí), así como las élites políticas, de que es necesario aceptar el impacto fascista del antigitanismo de género. Es un día para construir un marco común entre instituciones payas y kalís con perspectiva interseccional  que transforme nuestras relaciones en una herramienta que contribuya al desarrollo democrático del país. Sabemos ya las cosas que no funcionan, ahora toca renovar las ideas paulatinamente y dar paso a nuevas estrategias  que generen un avance significativo en el ejercicio  de nuestros derechos.

Por todo ello, deseo la LIBERACIÓN  de su “pesada carga” a las almas paternalistas que se disfrazan de caridad y REIVINDICO  que  los derechos de las comunidades kalés con perspectiva interseccional dejen de ser el negocio de la marginalidad para ser el primer logro democrático del S.XXI.

En aras de afirmar la internacionalidad ancestral de la fuerza y resistencia del Pueblo Gitano con perspectiva de género y en avance de las democracia española,

Opre Romnjna!!! (¡Arriba las mujeres!)

Patricia Caro Maya es activista por los derechos de las mujeres, especializada en mujeres romaníes (Romnja). ‘Mover los cimientos del Patriarcado antigitano es mover los cimientos del Patriarcado sin fronteras en la búsqueda constante de nuestro Derecho a vivir como Humanas’.

Nos dan gato -cultura masculina- por liebre -cultura universal-: es un fraude cultural

Por Barbijaputa

El 8 de marzo de 2017, Oxfam Intermón y 20minutos, en un  concurso con propuestas abiertas, concedieron el Premio Avanzadoras a Ana López Navajas por su trabajo de investigación de la contribución de las mujeres a la ciencia y la cultura. Nuestra colaboradora Barbijaputa conversa con ella sobre esa gran parte del conocimiento que se nos oculta sistemáticamente. 

Ana López Navajas, investigadora de la Universidad de Valencia y ganadora del Premio Avanzadoras 2017. Imagen de Daniel Larena.

Ana, has sido la coordinadora del equipo investigador del proyecto TRACE Las mujeres en los contenidos de la Educación Secundaria Obligatoria. Hace 8 años que estás inmersa en este proyecto, incluyendo a mujeres en una base de datos para los libros de texto de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO)… para decidirte a emprender algo así, ¿imagino que te impulsó la flagrante invisibilización de las mujeres en la educación?

Pues sí. Empecé a darme cuenta, por la literatura, de cuántas obras desconocíamos y eso me fue causando una perplejidad cada vez más grande (¿¡tantas, tan buenas y tan desconocidas!?). Cuando husmeé en las otras materias, en el arte o la ciencia, la música, la historia… y observé que la situación era parecida, que no aparecía ninguna música o artista o científica… vi la magnitud de esa exclusión: todo una rica y antigua tradición cultural de las mujeres ha quedado sistematicamente en la sombra. Me di cuenta de que no teníamos en cuenta para nada, ni en la cultura ni en la memoria colectiva, las aportaciones de las mujeres. Su papel coprotagonista en el desarrollo social y cultural.

Es decir, tenemos “naturalizado” el despropósito de que ellas no han colaborado en nada (el “aparecerían en los libros” y toda una serie de tópicos más, así lo avalan) Esto crea mucha resistencia para entender que la cultura se ha construido con las aportaciones de mujeres y hombres. Pero fijémonos, conocemos los hechos y producciones masculinas, para los chicos hay modelos sociales (gobernante, escritor, artista, explorador, religioso, científico) y en todas las épocas. Pero esa es la cultura de los hombres, parcial, puesto que solo representa a una mitad de la población (en esos hechos y producciones no encontramos nunca mujeres, a pesar de que sabemos que han estado)

Sin embargo, se hace pasar por universal. Nos dan gato -cultura masculina- por liebre -cultura universal-: es un fraude cultural. Y es que nos creemos que es “universal”, a pesar de que sigue excluyendo la significativa producción cultural de las mujeres y quitándoles a todos, mujeres y hombres, un legado cultural que les pertenece. Esa cultura amputada, falseada es la que transmitimos desde el sistema educativo. Corregirlo sería un auténtico logro social. Y se puede hacer.

“Se puede hacer”. Me quedo con eso. ¿Cómo?

Se puede hacer siguiendo varias líneas: una es incorporando material didáctico usando una metodología adecuada. Otra es la de la formación del profesorado, también de la Universidad. Y después, dando impulso desde las administración pública. Lee el resto de la entrada »

La bolsita de té

Por Charo Mármol

‘Una mujer es como una bolsita de té. Nunca sabes lo fuerte que es hasta que se encuentra en agua caliente’

Eleanor Roosevelt

Hace unos días participé en Segovia en el VII Encuentro Mujeres que transforman el Mundo, y  tuve la suerte de conocer y escuchar a dos excelentes  mujeres, sencillas mujeres, en principio como cualquiera de nosotras, hasta que un día las pusieron en agua hirviendo y dieron todo el sabor que llevaban en su bolsita de té.

La periodista Pilar Requena y la Premio Nobel de la Paz 2011, Leymah Gbowee en el VII Encuentro de Mujeres que Transforman el Mundo. Imagen: Charo Mármol

Una de ellas, Leymah Gbowee  era una joven de 26 años embarazada, con tres hijos y un marido que la golpeaba. Entonces se encontraba en  un campo de refugiados de Ghana donde había llegado huyendo de la guerra que asolaba a su país, Liberia.  Aguantó los malos tratos hasta que un día su marido la golpeó en público. Sin pensarlo más cogió a sus tres hijos y, embarazada como estaba, regreso a su país haciendo autostop. Pasó por un momento de angustia y depresión sin saber muy bien qué iba a ser de su vida. Hasta que su madre le dijo: ‘tienes que luchar por tus sueños, hacer lo que quieras hacer’. Y decidió cambiar de vida sin imaginar que cambiaría la vida de los demás.

Comenzó a estudiar y formarse. Empezó a trabajar en Sierra Leona con mujeres que habían sido violadas y con niños soldados, a los que en sus comienzos odiaba por lo que habían hecho y con los días y el trabajo trasladó ese odio a los que habían hecho las guerras.

Regresó a Liberia y empezó a trabajar con mujeres, al principio sólo 7. Se dieron cuenta que no podían acabar con la guerra si antes no sanaban ellas el trauma que acarreaban debido a la guerra, las violaciones y el maltrato. . En 2002 congregó a mujeres musulmanas y cristianas para rezar por la paz y realizar protestas pacificas entre las que destacó la huelga de sexo dirigida a forzar a los hombres a deponer las armas, pero sobre todo a llamar la atención de los medios de comunicación y lo cierto es que lo lograron. El número de mujeres fue creciendo y vestidas con sus camisetas blancas se convirtieron en una fuerza política contra la violencia que terminó con la guerra civil que mataba a miles de personas en aquel país africano.

En 2011, junto a Ellen Johnson, Presidenta de Liberia y Tawakkul Karman recibió un merecido Premio Nobel de la Paz. Hoy es presidenta de la Fundación creada por ella para dar educación y liderazgo  a las niñas de su país  y viaja por el mundo con un mensaje de esperanza: hay que luchar por los sueños y si lo hacemos juntas lo podremos lograr

Por la tarde escuchamos a  la australiana Melinda McRostie, quien desde los 7 años vivía con su madre en la isla de Lesbos. Allí en esa preciosa isla regentaba, y aún regenta, un restaurante The Captain’s Table, que hacía las delicias de los miles de turista que llegaban a Lesbos.  Melinda en 2010 vio cómo cambiaba el rostro de las personas que llegaban a su isla: ya no eran los turistas adinerados que viajaban  a disfrutar del sol y de los placeres de las islas griegas, ahora empezaron a llegar miles de personas refugiadas huyendo de la guerra, de la violencia, del hambre y muchas veces de la muerte y no se lo pensó: empezó a darles comida y bebida, a proporcionarles alojamiento hasta que las 100 personas que llegaban a la semana se convirtieron en 1000 al día desbordando toda su capacidad de ayuda. Decidió movilizar y coordinar a un grupo de voluntarios. Pronto fueron más de 1500 personas y creo la Starfish Foundation para alimentar, vestir y proporcionar asistencia médica a más de 200.000 refugiados.

Involucró a sus hijos, a su marido… sin ellos no sería posible su dedicación plena a esta tarea, no siempre comprendida por lo vecinos que en su gran mayoría viven del turismo y que hoy se enfrentan  a la reconstrucción de su economía turística.

Estas son sólo dos historias de otras muchas que escuchamos a lo largo del encuentro, llevadas de la mano de excelentes mujeres profesionales del periodismo como Alicia G. Montano, Rosa Mª Calaf o Marta Gómez entre otras. Un encuentro para visibilizar a aquellas mujeres que sin pensarlo ni buscarlo se vieron de lleno en un recipiente de agua hirviendo e igual que las bolsitas de té, dieron lo mejor de sí mismas.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

Qué es el agua para Fátima

Por Marcela Ospina

La tormenta de arena y el sol abrasador nos obligan a resguardarnos.  Estamos en el Chad, en una aldea remota que no existe en ningún mapa oficial. Hemos viajado horas por el desierto para conocer a las personas desplazadas por el conflicto con Boko Haram, y contar su historia.  El jefe del pueblo nos ha invitado a sentarnos en el suelo de una pequeña choza de paja. Estos son sus nuevos hogares: una esterilla para dormir y un cuenco para comer una vez al día si hay suerte. Queremos entender cómo se sobrevive tras la huida desesperada, luchando por no morir en medio de la nada.

Pie de foto: Fátima es una de las 2,6 millones de personas desplazadas por la violencia en la región del Lago Chad. Marcela Ospina. Oxfam Intermón

Fátima, una mujer muy joven y lánguida, entra en la choza con un bebé a sus espaldas. Tiene 20 años, pero le falta vitalidad. Acomoda tímidamente al bebé en su falda y le clava una triste mirada, mientras contesta sin aliento. Nos cuenta que escuchó como Boko Haram asesinaba a su padre, y a otros tantos hombres en su pueblo. Huyó estando embarazada.

Otra mujer la socorrió en el parto, durante los días de travesía adentrándose en el desierto. Fátima sufre malnutrición y por eso no tiene leche para su bebé. Lo alimenta con dosis de mijo que disuelve en agua caliente, pero sabe que no es suficiente. No es capaz de imaginar su futuro. Solo piensa en lo que dejó atrás, cuando vivían a la orilla del lago Chad; pescaban, cultivaban y tenían dinero para comprar. Ahora mal vive a kilómetros de lo que era su única fuente de sustento. No puede volver porque aun hay riesgo de que a las mujeres las secuestren o las violen.

¿Por qué buscar refugio en este lugar tan inhóspito, muy lejos de las tierras fértiles, sin mercado, escuela, o centro de salud?  Aquí, entre nubes de polvo que te ciegan y dificultan la respiración, Fátima se siente segura.

Gente muy pobre la ha acogido con generosidad compartiendo ropa, comida y su bien más preciado, el pozo de agua potable. Para esta mujer, que se crió en las islas de un gran lago, escuchar en el desierto como el agua llena un cántaro, o dar de beber agua a su bebé sin miedo a que enferme de cólera, es una señal de esperanza.

Salimos de la choza para conocer ese pozo en el que Fátima tiene puesta su esperanza. Al llegar, nos encontramos a los hombres del poblado agolpados con herramientas en la mano. Lo que vemos es una formación impartida por los expertos. Si hay una avería, la gente no puede esperar a que regrese un técnico a repararla. Se busca que la comunidad tenga autonomía en la gestión del agua. Los pozos, las formaciones sobre saneamiento para evitar enfermedades, y el reparto de kits de higiene y de pequeñas cantidades de dinero para comprar alimentos, forman parte de la respuesta de Oxfam ante esta crisis, la mayor de África, con más de 11 millones de personas necesitando ayuda humanitaria urgentemente.

Para Fátima, y las miles de mujeres desplazadas en esta zona, históricamente olvidada por el gobierno chadiano, recuperar el acceso diario al agua potable es un pasaporte al futuro. Tener un pozo cerca del refugio significa ahorrarse largas horas de caminata bajo el sol inclemente, a merced de bandidos y animales salvajes, para buscar agua en lugares vecinos. El agua en el desierto marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Marcela Ospina López es Directora de Comunicación de Oxfam Intermón. Ha visitado recientemente a las personas que han huido de Boko Haram y se encuentran en las zonas desérticas de Chad.

Antes de que termine marzo

Por Beatriz Blanco

La semana pasada, el 8 de marzo, el violeta se mezcló con el negro en las calles por las mujeres muertas por violencia de género y se realizó un paro simbólico en muchos lugares del mundo para reivindicar la igualdad. Desde la Fundación Luz Casanova nos unimos al Paro Internacional de Mujeres y nuestras voces se alzaron junto a las de miles de mujeres de más de 23 países. El objetivo: conseguir que la igualdad sea una realidad y ninguna mujer sufra injustas condiciones  laborales, exceso de cargas de trabajo, sueldos inferiores, abusos sexuales, violaciones, matrimonios forzados… ni mucho menos que sean asesinadas. La Fundación Luz Casanova, junto con otras organizaciones también decoramos la madrileña Plaza de Chamberí con mandalas tejidas en distintos talleres de igualdad. Porque #MadridNecesitaFeminismo

Hay que destinar más recursos a proteger a las víctimas y prevenir la violencia. Imagen de Mohamed Nohassi.

Hubo quién planteó: ‘¿y para cuándo el día de los hombres?’ La respuesta, sencilla: ojalá que no existiese el Día de la Mujer, porque ello significaría que se ha acabado con desigualdad salarial (en torno al 24%), que ya se ha roto el techo de cristal, y por supuesto que ya no existe violencia de género en ninguna de sus manifestaciones.

Está claro que algo no se hace bien cuando cada año siguen muriendo a manos de sus parejas o ex parejas una media de sesenta mujeres y solo el 1,8% de la población, según el CIS de enero, lo considera un problema grave. Es casi inconcebible esta percepción, sobre todo porque las muertes son solo la punta del iceberg del maltrato.

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Estudiar en serio la conciliación familiar

Por Beatriz Peinador

En la empresa privada, cuando vamos a una entrevista de trabajo, todavía nos preguntan si vamos a tener la intención de quedarnos embarazadas o si tenemos hijos, aunque las formulaciones de estas preguntas estén prohibidas por ley. Una gran parte de empresarios de la sociedad española sigue considerando que el hecho de que una mujer se quede embarazada es un sobrecoste perjudicial para la empresa.

Una mujer cuida a su hijo mientras trabaja. Imagen: INEM.

Demos un paso más. Ya estamos incorporadas al mercado laboral y nos quedamos embarazadas. ¿Qué pasa? Las mujeres tenemos 16 semanas de permiso por maternidad, adopción, acogimiento o guarda de hijos con fines legales desde el año 1996. ¿No ha cambiado la sociedad en 21 años para que sigamos teniendo el permiso con la misma duración?

En el caso de los hombres, en la legislación española hasta el día 1 de enero de este mismo año tan sólo disponían de 13 días por permiso de paternidad, adopción o acogida y 2 días de permiso de nacimiento ofrecido por la empresa. En este caso, la sociedad demandaba una legislación que ampliará este permiso, pero que ha estado en “vacatio legis” desde el año 2009, es decir, suspendida su entrada en vigor hasta que la situación económica mejorara. Actualmente, los hombres cuentan con 4 semanas de permiso por paternidad.

Asociados con el nacimiento, la adopción, el acogimiento o la guarda con fines legales, existen unos derechos de conciliación cuya finalidad es mejorar la conciliación familiar y laboral. Pero, ¿quién asume estos derechos? Como ejemplo, según datos del Instituto Nacional de Estadística, 33.779 mujeres se acogieron a la excedencia por cuidado de hijos menores de 3 años frente a los 2.416 hombres.

Esta gran diferencia es debida, entre otras, a dos principales razones: las mujeres siguen ganando menos que los hombres, por lo que cuando alguien de la pareja tiene que dejar de trabajar por cuidar a sus hijos, se elige a la persona con menor salario. El segundo motivo es cultural y está asociado a los roles de género. Con la división sexual del trabajo, la mujer era la encargada del cuidado de los hijos y del hogar, mientras que el hombre era el que se dedica a trabajar para mantener a su familia. ¿Estos valores siguen prevaleciendo en la sociedad actual?

Para responder a esta pregunta, me gustaría que me ayudaseis.

Mi nombre es Beatriz Peinador Gárgoles. Soy alumna del doble grado en Sociología, Relaciones Laborales y Recursos Humanos de la Universidad Rey Juan Carlos. Para la realización del trabajo final del doble grado, estoy analizando la distribución del cuidado de la población de la Comunidad de Madrid y su incidencia sobre los derechos de conciliación que existen actualmente en la legislación española. La población de estudio es la Comunidad de Madrid, ya que debido a que es un trabajo académico, no dispongo de los recursos temporales y económicos para realizarla nacionalmente.

Por lo que, os pido, si tenéis 5 minutos y vivís en la Comunidad de Madrid, que me ayudéis a conocer y analizar este tema, tan sólo rellenando el cuestionario que podéis encontrar en este enlace. Todos los datos van a ser utilizados únicamente para uso académico y es totalmente anónimo.

Muchas gracias por vuestra colaboración.

Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras

Por Damaris Ruiz

Soy nicaragüense, con casi 40 años y al menos en esta etapa de mi vida me acompaña y acompaño a una niña. Una niña que quiero ver crecer en un mundo donde las mujeres tengamos derechos sin tener que pelearlos diariamente, donde podamos caminar o hablar sin temor, donde hagamos y no pidamos permiso, donde asumamos que lo correcto lo definen nuestros valores. Además, es muy importante decir que tengo varios trabajos, pero solamente uno de ellos se corresponde con aquellos en los que solemos pensar cuando mencionamos la palabra trabajo.

Manifestación del Paro de Mujeres 2017 #NosotrasParamos en Nicaragua. Imagen de Milagros Guadalupe.

Salgo con cierta frecuencia fuera de mi país y muy a menudo otras mujeres me preguntan: ¿cómo lo haces? ¿cómo quedó tu niña? Pensándolo bien, creo que los dedos de una mano me bastarían para contar cuántos hombres me hacen la misma pregunta. Son múltiples las alternativas que vamos construyendo las mujeres para poder estar donde queremos estar, la tenacidad y el diálogo con otras nos van dando las fuerzas necesarias. Y sí a veces me pregunto ¿lo estoy haciendo bien? Pero también me toca escuchar de manera recurrente ¿y no has considerado un trabajo donde tengas que viajar menos y estar más en casa?

Cuando digo que nuestros trabajos son múltiples es porque si me pongo a sacar cuentas, por un lado uno de mis trabajos me demanda entre 8 y 10 horas diarias, pero por otro lado, mientras hago este trabajo estoy pensando y conectada con la escuela, la alimentación, los pagos y en su caso, las medicinas. Por supuesto antes de salir de casa, toca hacer todo lo que ya sabemos y al regresar también. A todo esto debemos sumar el tiempo para la interacción con las personas que cuidamos, su educación y la afectividad, que es algo tan fundamental para la vida de cualquier ser humano. Todos estos son trabajos y sentimos que a veces los tiempos no dan y eso que en mi caso, el papá de mi hija asume una buena parte de lo que corresponde.

La dicotomía entre presencia y ausencia física en mi caso particular, y que estoy segura les ocurre a muchas mujeres,  la resuelvo o al menos encuentro alternativas en la solidaridad que vamos tejiendo entre las propias mujeres. Nuestras madres, hermanas y amigas, terminan siendo parte de las redes de cuidados que construimos alrededor de aquellas personas que más importan en nuestras vidas.

¿Y los hombres? ¿Y las empresas y los Estados? Sin pretender generalizar, al menos en mis entornos más cercanos algo se está moviendo. El ejercicio de la masculinidad centrada en el padre-salvador-proveedor de ciertos hombres esté cambiando, aunque aún es insuficiente. Los trabajos que sostienen la vida y que sostienen las economías no deben seguir siendo única responsabilidad de las mujeres y los hombres no pueden seguir sintiéndose como actores secundarios o que “ayudan” a las mujeres.

Por supuesto, aunque es fundamental, no es suficiente con que los hombres participen de manera plena en la corresponsabilidad de estos trabajos. Las empresas se benefician con un sistema de cuidados que exonera a los hombres de sus responsabilidades familiares: esto garantiza que una parte importante de sus tiempos sean exclusivos para el mercado. Para revertirlo, las empresas deben pagar los impuestos necesarios y asegurar condiciones para que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de condiciones en los mercados remunerados. Los Estados que se ahorran presupuesto al dejar en manos de las mujeres y familias todas las responsabilidades de cuidados deben invertir en políticas de protección social de calidad, en la región de América Latina y el Caribe tiene deudas enormes.

Una de las consignas feministas más fuerte del Paro Internacional de Mujeres fue “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, da para mucha reflexión y un mensaje directo para el sistema actual es un ¡Basta! Exigimos que todo sea pensado con nosotras. Es profundamente desigual que seamos siendo las mujeres las principales responsables de los trabajos de cuidados.  #NosotrasParamos #DigamosBasta

Damaris Ruiz es Coordinadora Regional de Derechos de las Mujeres para Oxfam en América Latina y el Caribe 

Mauritania: negar la tierra es un acto de violencia contra la mujer

 Por Carmen Suárez

Wane Depha se define a sí misma como una mujer rural. Pero en Mauritania, su país, ser mujer y trabajar en el campo es una tarea difícil y complicada, con el agravante de que, para  muchas de ellas, el trabajo en el campo es la única herramienta que tienen para luchar contra la pobreza.

Wane Depha durante una entrevista en Barcelona el pasado octubre. Imagen: Oxfam Intermón.

Desgraciadamente, la mayoría de las  mujeres no pueden acceder a la propiedad de la tierra, no controlan su tierra. Por eso su trabajo es casi nulo, porque no tienen posibilidad de decisión sobre lo que quieren cultivar. En muchas ocasiones trabajan en tierras de arroz que son muy difíciles de cultivar y, si no lo hacen, el propietario de las tierras se las quita’, explica. Y, claro, al no ser propietarias ‘no pueden acceder a los créditos de los bancos para  obtener ayuda para los cultivos. Por eso es importante que estas mujeres consigan ayuda financiera para poder acceder a las tierras y tengan así el poder y la libertad para explotarlas como quieran’

Ante esta situación, este círculo vicioso que parecía imposible de romper, Wane Depha y otras mujeres como ella no se resignaron y pasaron a la acción. En su caso,  trabajando como  secretaria de alimentación  de una entidad denominada  Comité de Solidaridad con las víctimas de la violación de derechos del hombre, que pertenece a ROSA, un colectivo de ONG que lucha para garantizar la seguridad alimentaria.

“Mi trabajo –explica- consiste en movilizar a las mujeres rurales sobre la importancia de poder tener control sobre la tierra”. En opinión de Depha, estas mujeres “sufren violencia porque consideramos que el tener no acceso a la tierra, que es fuente de vida,  es una clase de violencia  contra  ellas”.   Pero no es la única situación de  violencia que padecen las mujeres en su país y nos menciona otras, como por ejemplo la derivada  del divorcio, “si  el hombre se divorcia, se va y deja a la mujer y a los hijos sin ningún tipo de soporte, sin nada. También es violencia, por ejemplo, el matrimonio precoz.”

Depha considera que “es muy importante realizar una labor de sensibilización,  y poner a la disposición de esas mujeres leyes y textos de leyes que recogen sus derechos y alentarles  a luchar por ellos. Por eso les animamos  a asistir reuniones, cursos  etc.  para enseñarles lo que pueden hacer  para luchar por sus derechos y por su autonomía financiera”

Poco a poco en Mauritania va cobrando fuerza el liderazgo femenino. Es un movimiento muy combativo y que consigue logros sólidos: “Si hoy existen  mujeres parlamentarias que acceden a puestos de decisión, mujeres senadoras, médicos…  es gracias a estas líderes que se han organizado y coordinado  por los derechos de las mujer y  que trabajan para que se pueda obtener su cota de 20% de participación en el proceso electoral. Es un trabajo de colaboración y participación que se ha hecho por todas estas mujeres”.

Durante toda esta semana, continuamos con actividades y contenidos para promover los derechos de las mujeres. A las 17:00 puedes seguir en streaming el programa especial de Carne Cruda  “Mujeres al borde de un ataque de medios”, realizado en colaboración con Oxfam Intermón en el Congreso de Periodismo Digital de Huesca.

Carmen Suarez es periodista y colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

No son estadísticas, son vidas

Por Lula Gómezlula-sobre-mc3ad

2017 se está convirtiendo en España en el año de una masacre. Nos están matando y nos hacemos caso. Pasamos a otro tema, como si molestase o fuera poco importante. 21, hasta el 3 de marzo, dos a la semana. ¿Han oído bien, dos a la semana? No quiero comparar con otros muertos por otras causas, porque me duele. El terrorífico número 21 esconde que la violencia machista la seguimos viendo como un suceso y un tema doméstico (ay, la semántica).

Yo paro. Imagen de Jeremy Bishop.

Sí, porque los medios siguen hablando de sucesos y de “mujeres”, siglas y nombres que no nos llegan. Quiero ver el mismo tratamiento que se da a la muerte de los que parece que sí importan. Exijamos el mismo enfoque y profesionalidad que esperamos de periodistas y políticos cuando mata el terrorismo islámico, el de Eta o cualquier. Busco las páginas y páginas, ediciones especiales y horas de visibilización del horror. Porque el día que en España empecemos a contar que nos matan con la contundencia que hicimos cuando el asesino era ETA (en una segunda fase), empezaremos a entender el drama.

‘Aquí tienen que aplicarse políticas muy serias, el Estado y los violentos deben reconocer lo que le han hecho a las mujeres. Se debe saber que la violencia es una arma. Y hay que poner nombre a quienes lo permitieron y no lo evitaron. ¿Por qué se violenta a las mujeres? Es fácil: porque no se las reconoce como individuas, ni como grupo, ni como sociedad (…). Si nosotras permitimos que se piense así, que no haya políticas para enmendar esa realidad, que no se diga la verdad, que la sociedad no esté dispuesta a cambiar… pues no hemos hecho nada’, grita Patricia Guerrero en su discurso vital. Lo repite también en Mujeres al frente (libro y documental) y se refiere a Colombia, pero aplica igualmente a España.

Porque sí, señora ministra, hacen falta recursos y en este punto es importante recordad que el presupuesto para la prevención contra la violencia de género ha sufrido un tijeretazo del 26%. Y sí, además, hace falta coordinación, educación y un Pacto de Estado YA para que sepamos quién eran esas mujeres que se esconden bajo ese nombre de Matilde, peruana, B.E.M.A, Virginia, mujer en silla de ruedas… Es mucha la educación que hace falta para que no volvamos a escuchar en boca de Interior que los crímenes machistas están relacionados con la decisión de las mujeres de separarse rápido.

Y mientras se da la inacción por parte de las autoridades, un grupo de mujeres en la madrileña Puerta del Sol se han plantado para molestar, para desde el kilómetro cero de la capital, recordad que el patriarcado mata. No comen desde el pasado 9 febrero y reclaman ese Pacto de Estado contra la violencia machista.

Mañana acudirán al Senado para exponer sus propuestas contra esta lacra. Solo queda apoyarlas, en cuerpo y alma. Y una forma clara es la huelga a la que estamos invitadas todas las mujeres el próximo 8 de marzo, un paro de empleo, cuidados y consumo de media hora que comenzará a las 12,00, una iniciativa mundial convocada por el movimiento argentino Ni Una Menos. Yo paro.

Lula Gómez, escritora y periodista todoterreno. Actualmente dirige su propia agencia desde la que propone contenidos, edita, crea y ejecuta ideas de comunicación. Ha escrito el libro, en proceso de publicación mediante crowdfunding, y dirigido el documental Mujeres al frente, la ley de las más nobles, sobre siete protagonistas de la historia reciente de Colombia.