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Archivo de la categoría ‘Derechos’

Luchar contra los elementos

Por María José Agejas

No nacieron con alma de guerreras pero la vida tenía planes para ellas. Habitan en algunos de los puntos del planeta más afectados por el cambio climático y a través de diferentes estrategias, contra todo pronóstico, han logrado plantarle cara. Éstas son sus historias.

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Imagen de Annie Bungeroth / Oxfam

Con esta cara de felicidad, Ipaishe, de Zimbabue, parece no haber sufrido. Pero Ipaishe ha visto morir sus cosechas a causa de las inundaciones y de las sequías. Su peripecia vital la llevó a romper con las tradiciones y lo esperado de ella: tras enviudar y rechazar la imposición de su familia política para que se casara con el hermano de su marido, decidió volver a la casa paterna. Su padre la recibió con los brazos abiertos. Ipaishe se hizo cargo de las tierras de la familia y poco a poco se fue convirtiendo en líder comunitaria: empezó a colaborar con Oxfam para lograr un sistema de irrigación. Desde entonces las cosechas se han incrementado en un 240%.

Recuperó su antigua faceta de profesora para educar a su comunidad en la prevención del SIDA y otras enfermedades y acabó, hace un año, acudiendo a la COP21 de París en representación de millones de agricultores para entregar un millón de firmas a los líderes mundiales. Si Ipaishe no se hubiera rebelado contra la tradición establecida, jamás habría logrado todo esto.

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Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Ana G´anda tiene 41 años. Es una de las fundadoras del banco de cereales  de su localidad, Chitego, en Tanzania, creado a partir de la hambruna del 98 que sucedió a una fuerte sequía. ‘La gente intentaba cocinar pasto y algunas hierbas del campo’. El banco de cereales sirve para almacenar las cosechas y disponer de ellas gradualmente. Además, el excedente se vende cuando los precios están más altos. Parte de ese dinero vuelve al banco y permite comprar grano cuando el precio baja para volverlo a almacenar.

Así, el banco garantiza la seguridad alimentaria a sus socios, aunque al principio nadie lo apoyaba: ‘Sólo un pequeño grupo entendió la idea, y empezamos a trabajarla’. Gracias a esa visión, Ana no sólo tiene comida para su familia, sino que con los excedentes ha comprado cerdos. La venta de las crías ha pagado la educación de tres de sus hijos y la construcción de su casa. Es el cuento de una lechera a la que el cántaro no se le rompió.

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Imagen de Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Dorcas Erukudi tiene 40 años y está acostumbrada a las sequías recurrentes en su localidad natal de Naduat, en Turkana, Kenia. Es una de las zonas más expuestas a la zozobra meteorológica que provoca el cambio climático. Dorcas es la tesorera del comité de prevención de riesgos de su pueblo.

Ese comité, creado por 20 personas que se autogestionan y reciben formación de Oxfam, hace préstamos para que la gente emprenda pequeños negocios o actividades que les permitan sobrevivir sin tener que depender de la agricultura. El negocio de Dorcas es una tiendita de comida, algo con lo que nunca se atrevió ni siquiera a soñar. Quiere que sus hijos vayan a la universidad. El comité trata de promover métodos para defenderse de los avatares del cambio climático, pequeños cambios que pueden marcar la diferencia entre la supervivencia y la hambruna: cómo fabricar carbón cuando hay inundaciones, cómo lograr que haya pasto para el ganado en época de sequía.

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Imagen de Oxfam

Un día, Leonarda Centeno abrió las puertas del conocimiento. Es lo que sintió, explica, cuando se capacitó en técnicas agrícolas y se organizó, sumándose a una federación de mujeres productoras. Ha aprendido cómo nutrir la tierra, conoce la importancia de la reforestación para luchar contra el cambio climático y se muestra orgullosa de utilizar semilla criolla de frijoles. Recibió esta semilla seleccionada en una reunión: explica que otras mujeres presentes en el encuentro la utilizaron para comer, mientras que ella la sembró. Con menos de un kilo de semillas logró 60 de cosecha. ‘Mis hijos han tenido estudios, educación, salud y el pan de cada día‘, explica orgullosa. ‘Ahora yo tomo mis propias decisiones respecto al trabajo’.

Para apoyar el trabajo de estas y otras luchadoras contra el cambio climático, Oxfam Intermón invita a firmar la campaña #YaNoMásExcusas

 

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Una cárcel sin casilla de salida

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

Tiene lágrimas secas pegadas en la cara y otras que sigue derramando, tratando de limpiar con un pañuelo empapado. A veces mira al infinito, otras toquetea intranquila un móvil que lleva unos cascos enganchados. ‘Me lo han dejado para escuchar música, a ver si me calmo‘, indica. Está nerviosa, eso es seguro. ‘He adelgazado, yo antes era gorda‘, declara. Y es verdad que su cuerpo, ahora menudo, parece haber albergado algo más grande.

Ellas no pasan por la valla, no cruzan la frontera por puestos habilitados, ni en ferry. Llegan en pequeñas embarcaciones o escondidas en vehículos que atraviesan la frontera. Son las víctimas de redes de trata, y no son las únicas mujeres que sufren las peores consecuencias de la migración y el asilo.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Del total de personas que solicitaron protección internacional en España en 2015, solo un 2,5% eran mujeres procedentes de África Subsahariana, cuando la mayoría de las organizaciones coinciden en señalar esta región como una de las principales rutas del tráfico de personas. Lo cierto es que apenas se están concediendo solicitudes de asilo a posibles víctimas de trata, y éstas no están siendo adecuadamente identificadas.

Así lo hemos visto en una nueva visita a Ceuta y Melilla de Amnistía Internacional para conocer la situación de las personas más vulnerables en los CETI (Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes). El propio director del CETI de Ceuta se lamentaba así: ‘El 99% de las mujeres procedentes de África Subsahariana que llega aquí son víctimas de trata’.

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Paco, la zorra, las brujas y las talibanas

Por Lorena Moncholí

Paco está triste, le han divorciado.

No fue su culpa, él es la víctima.

“¿Cómo osa la zorra (sic.)?”. Así la llama, por haberle dejado.

Paco tiene un amigo importante, con silla en la RAE, premios y algún que otro libro.

Tranquilo, Paco, voy a ponerles verdes a todas, ¡por nuestra amistad!’, le dice el periodista. ‘¡Que tengo columna y nada que escribir esta semana!’.

Paco era feliz con su moto y sin asumir responsabilidades. Con descendencia, pero sin saber ni cómo alimentarla, que de eso ya se ocupaba la otra.

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Asamblea de Brujas (1600), Art History Museum, Vienna. Obra de Frans Francken II, el Joven

Cuando una jueza le explicó que divorciarse no era ‘vivir los nuevos 30’, sino destinar las tres cuartas partes del sueldo a seguir manteniendo a su hijo, Paco se enfadó mucho. También, cuando le explicó, por sentencia, que los hijos deben quedarse a vivir en su casa de siempre y con los que sepan criarles y darles de comer de caliente, que para tigretones y foskitos ya hay una tarde a la semana.

Paco le echa la culpa de su tragedia a las brujas de las amigas, que manipularon a su inocente mujer que no sabía pensar por sí sola. O eso creía. Quizás, si la hubiera aislado de ellas, como hacen esos maltratadores de la tele, otra hubiera sido su suerte.

Paco tiene una personalidad muy débil. Antes de que le echaran, era un pijoprogre orgulloso. Eligió a conciencia un colegio para su prole, pero ahora, como ‘la zorra’ le ha dejado, ya no le gusta. Quiere fastidiar.

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Flores de café

Por Carmen Suarez

Lucila Blandón es la presidenta del movimiento Flores de café y miembro de la junta directiva de Aldea Global que, entre otros productos agrícolas, elabora y distribuye el Café Tierra Madre que comercializa Oxfam Intermón. Este café está producido por mujeres propietarias de su tierra bajo los criterios del comercio justo. Parte de los beneficios de su venta  se reinvierten en un fondo común de la cooperativa para ayudar a las mujeres a titular la tierra en la que trabajan  que,  en muchas ocasiones,  ya era de sus padres o de sus maridos,  pero que, desde un punto de vista legal, no podían reclamar como suya.

Lucila Blandón, durante una visita a Barcelona. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Lucila Blandón, durante una visita a Barcelona. Imagen de Pablo Tosco/Oxfam Intermón.

Lucila tiene 51 años y toda su vida ha transcurrido siempre en la zona montañosa de Jinotega, al Norte de Nicaragua. ‘Soy nacida y criada allí. Nací de una familia muy pobre. Mi madre se quedó viuda muy joven y nos crió a mis hermanos y a mí trabajando en una hacienda’, explica. Y allí, en unas condiciones de vida muy duras, Lucila fue creciendo junto a su familia hasta que  a los 19 años se  unió  a su compañero y ‘empecé a procrear hijos. Soy madre de ocho’ dice.

 “Mi marido y yo trabajábamos en la tierra juntos, pero llegó la guerra a mi país y él se tuvo que ir”, cuenta Lucila. En esas circunstancias, en 1979, ella se vio a sí misma como “una mujer sola, con cuatro hijos” y no le quedó más remedio que salir de casa a buscarse la vida. “Horneaba pan, empecé a sembrar y cultivar pipianes y así, poco a poco,  fui saliendo de la pobreza. En los años 80, cuando mi marido volvió de la guerra, yo ya mantenía a mi familia trabajando sola”.

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Cuando la violencia es costumbre

Almudena Rodríguez García

María quiere ver esta noche  un programa  sobre  violaciones a  mujeres en R.D del  Congo.  Tiene 39 años y lleva dos en el paro. La echaron del trabajo al poco de volver de la baja maternal. Sus amigas, vecinas  y familiares  la dicen que no se preocupe. Que mientras esté en el paro puede disfrutar  de su hijo. Que trabajar y   cuidar de un hijo  es difícil.  Al fin y al cabo tiene un marido que la mantiene. Que  aproveche y  que disfrute. Sobre todo eso,  que disfrute.  Lo   mismo la  dijo la directora de recursos humanos el día que firmó el finiquito: ‘hala, María guapa, veras qué bien vas a estar en casa, ahora a disfrutar de tu hijo, que es lo que tienes que hacer’.   María  estudió una carrera, un máster, habla idiomas, cuenta con años de experiencia laboral pero no consigue un puesto de trabajo. Pasa casi todo el tiempo  entre la casa, el supermercado y  el parque.

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Existen violencias invisibles. Imagen de Nicole Mason

Empieza el programa,  mira la pantalla y piensa en la  mala suerte que tienen las mujeres del Congo.  De repente,  se acuerda que tiene que explicarle a su marido que  ha estado en la oficina del paro  y que no tiene derecho a ninguna ayuda tras acabarse el subsidio de desempleo. Es más joven de 45 años y su marido tiene un buen sueldo. Así que el Estado se desentiende de ella.   Al salir de la oficina del paro se ha cruzado con un baboso que le ha soltado un piropo. Maria se ha enfrentado a  él y éste ha acabado llamándola puta . María vuelve al documental. Una mujer joven  está explicando como la violaron un grupo de hombres.  El cerebro de María la lleva a cuando tenía 18 años. Recuerda  la sensación de  miedo que sentía cuando salía por las noches y volvía  sola a casa. Se acuerda  de caminar deprisa, de cambiarse de acera cuando  se cruzaba con un hombre. Todavía hoy sigue sintiendo ese miedo. Mientras, en la pantalla, la mujer sigue explicando la violación.  María vuelve a pensar que las mujeres del Congo tienen muy mala suerte.

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Cómo enfocar -y saltar- las barreras invisibles

Por Paz Casillas

Hoy la pobreza ya no se mide exclusivamente como magnitud económica en función de los ingresos económicos obtenidos por la persona. Hemos aprendido que “no tener” significa sólo una parte en el proceso de estar socialmente excluido. Y aquí es importante hablar desde ya de género, porque las mujeres, por el mero hecho de serlo somos más vulnerables, es decir, contamos con menos oportunidades para ser partícipes de la sociedad y disfrutar de una ciudadanía con los derechos plenos.

Obra de Señora Milton.

Obra de Señora Milton.

En Fundación Atenea llevamos 30 años estudiando el fenómeno de la feminización de la pobreza y su invisibilidad. Y para abordar esta desigualdad y aportar soluciones hemos analizado nueve ámbitos sociolaborales que marcan la vulnerabilidad con tres variables: edad, etnicidad y/ó lugar de procedencia y género. Con ellos nos acercamos más a lo que significa ser hoy pobre, un hecho que tiene, principalmente rostro de mujer y que queda casi siempre oculto.

El problema es serio, porque lo que no se nombra no existe y los estudios que analizan los complejos fenómenos de exclusión social y las políticas, programas y proyectos desde una perspectiva de género son escasos. Es decir, están pensados para una realidad normativa que discrimina permanentemente a las mujeres y no contempla los mandatos de género partiendo de un tremendo error de diagnóstico.

Los nueve escenarios sobre los que analizamos la exclusión social son indicadores de economía, empleo, educación, salud, alojamiento, aspectos socio-relacionales y macro-sociales, ámbito personal y participación social ciudadana. Consideramos estos ámbitos como necesidades humanas a las que dar cobertura desde los Estados de Bienestar de las sociedades desarrolladas, derechos para estar integrados.

Y no, no valen excusas, ni crisis, ni austeridades. En el siglo XXI no podemos renunciar a ese sueño de bienestar conseguido, en gran parte. Los estados deben ser conscientes de que si no las cubren están vulnerando las posibilidades de una ciudadanía plena.

Por ello, y si hablamos de justicia social para todos y todas, ha llegado el momento de hablar claro y de manera contundente: sin un análisis de género las políticas seguirán sin favorecer a las personas y familias en situación de exclusión, principalmente mujeres.Si las políticas no cuentan con esta perspectiva pueden provocar el resultado contrario al que persiguen. Mientras se fomente que únicamente las mujeres se encarguen del cuidado, el 52 por ciento de la población seguirá estando en una situación de desventaja y condenada a empleos precarios y una situación de salud peor. La realidad confirma que las políticas muchas veces expulsan a las mujeres del mercado laboral, dificultan su permanencia y promoción y producen sobrecarga, enfermedad y malestar.

Muchas cosas han cambiado en la sociedad española, especialmente los modelos de familia. Por más que los gobiernos se empeñan en favorecer el modelo tradicional, la España del siglo XXI es cada vez más diversa y las mujeres ya no se definen en función de un segundomasculino. La igualdad de oportunidades es la base del desarrollo económico por más que el modelo neoliberal y patriarcal vigente se empeñe en darnos el mensaje contrario… Si no desaparecen los privilegios por clase y género, no habrá progreso. Ejemplos: las prestaciones de viudedad y, sobre todo, nuestro sistema fiscal vigente que sigue permitiendo el modelo de tributación conjunta. Ambas herramientas son discriminatorias y seguirán desincentivando la incorporación igualitaria de la mujer en el mercado laboral.

Las soluciones pasan por contemplar el género desde el análisis social, y no como algo residual en los presupuestos. Porque un sistema tan desigual sólo puede cambiar con apuestas políticas claras para acabar con estructuras que producen desigualdad y rechazo hacia las mujeres. Sobre todo ello tuvimos ocasión de reflexionar en octubre en la jornada sobre Género e Inclusión Social con la que Fundación Atenea ha conmemorado su 30 aniversario. Un espacio de conocimiento y reflexión para acabar con la exclusión de las mujeres.

Paz Casillas es directora de la Fundación Atenea

50 días gratis al año: el trabajo que no cobran las mujeres

Por Lara Contreras

Soy mujer y en mi caso personal no trabajo 50 días gratis. No lo hago porque trabajo en una organización donde los hombres y las mujeres ganan el mismo sueldo por hacer el mismo trabajo. Todas y todos trabajamos mucho. Y lo hacemos para, entre otras cosas, que las mujeres no estén desde el día de hoy trabajando gratis hasta final de año, como indican las estadísticas.

Una gran parte del trabajo de las mujeres no se remunera ni se valora. Imagen de Tran Mau Tri Tam / Unsplash.

Una gran parte del trabajo de las mujeres no se remunera ni se valora. Imagen de Tran Mau Tri Tam / Unsplash.

Oxfam Intermón acaba de sacar el informe: ‘Bajan los salarios, crece la desigualdad: el impacto de las diferencias salariales en los hogares’. En este informe se pone de manifiesto como la desigualdad salarial es una de las principales causas de la desigualdad y como las caídas salariales han perjudicado a los colectivos más vulnerables. Este es el caso de las  mujeres que son las más perjudicadas por estas diferencias salariales. A nivel global, y a pesar de la incorporación de más de 250 millones de mujeres en el mercado laboral, su nivel salarial en 2015 es el mismo que el que disfrutaban los hombres 10 años atrás, en 2006.  De seguir a este ritmo, no será hasta 2133 que se conseguirá cerrar la brecha económica entre mujeres y hombres.

España es un caso paradigmático de cómo la desigualdad salarial afecta a las mujeres trabajadoras -que ganan un 18,8% menos que los hombres- lo que implica que la mujer trabaja 50 días más que el hombre para conseguir el mismo salario. Es decir, desde hoy hay millones de mujeres que van a trabajar por nada.

Además, hay muchas más mujeres que hombres que cobran el SMI o menos, que en España es irrisorio para satisfacer las necesidades básicas, el 18,6% de las mujeres trabajadoras tuvo salarios menores o iguales al mínimo, frente al 8,3% de los hombres. También ostentamos la medalla de plata de la UE en mujeres trabajadoras pobres.

Ana es trabajadora doméstica en Barcelona y cobra alrededor de 700 euros netos. Mujer, con 51 años y 2 hijos, con experiencia profesional pero sin formación reglada superior tuvo que encontrar una salida en el sector doméstico. Hoy vive en una vivienda de alquiler social, con su marido -en situación de paro de larga duración-, su hijo de 21 años y su hija pequeña. Siente que esos 700 euros netos, ante todo, le roban oportunidades a su familia y sus hijos.

Ana nos cuenta como ganar tan poco le ha hecho aislarse porque no puede tener vida social, le obliga a comer menos sano y le hace alegrarse de que su hijo no quiera ir a la Universidad porque, si hubiera querido, le tenía que haber dicho que no podía pagarla. Ganar un salario digno, ganar lo mismo que un hombre y tener las oportunidades que un hombre cambiaría su vida, le evitaría avergonzarse de ser pobre.

El hecho de que las mujeres tengan que ocuparse del trabajo de cuidados las relega a trabajos más precarios y peor pagados, además de impedirles progresar profesionalmente al mismo ritmo que los hombres. Y como ya hemos dicho antes, muchas mujeres aunque progresen ganan menos que los hombres por el mismo trabajo. Esto realmente no tiene explicación. Yo como mujer, no lo admito.

Según el presidente de la CEOE, la incorporación de las mujeres al trabajo es un problema porque no se puede crear trabajo para todos. Este tipo de afirmaciones es alarmante porque prioriza de nuevo el trabajo de los hombres frente al de las mujeres. La sociedad ya no las admite, nos avergonzamos de ellas.

Por eso, lanzamos la voz de alarma. Es urgente que nuestros políticos establezcan medidas para eliminar la brecha salarial de género penalizando a las empresas que establezcan salarios diferentes para categorías laborales idénticas en función de si son ocupadas por hombres o por mujeres. También a través de mejoras en la conciliación de la vida personal y familiar, la distribución y reparto de los cuidados.

perfil-lara-contrerasLara Contreras es Responsable de Contenidos e Incidencia en Oxfam Intermón

Cuando llega el momento de decir basta

Por Nuria Coronado

Cada cuatro minutos una mujer denuncia en España a su maltratador. Un tic, tac de reloj insufrible que marca para siempre a quien solo comete un error: enamorarse de la persona equivocada. Cris Papin, militante y activista en redes sociales del PSOE en Galicia, lo sabe bien. Le duele aún ‘revolver en la basura de esos recuerdos’, pero lo hace porque como dice en su perfil de Twitter lo importante es ser útil. ‘Dar la cara y denunciar a los maltratadores es el principio del fin de una condena impuesta en la que se sufre una humillación indescriptible. Si mi ejemplo sirve para que una sola mujer, se anime a denunciar, habrá merecido la pena porque habrá salvado su vida‘.

Cris Papin, con una compañera de partido. Imagen de Nuria Coronado.

Cris Papin, a la izquierda, con una compañera de partido. Imagen de Nuria Coronado.

Cris conoció a su maltratador con 31 años y siendo madre separada. ‘Me enamoré como una loca de él‘. De su primera relación aprendió que no quería discutir y por ello con su verdugo empezó cediendo parcelas. Ahí comenzó un calvario que duró diez años. ‘Es una espiral que te come y de la que no puedes salir. Una situación que nunca pensé me pudiese pasar a mí, una mujer que me creía con carácter’. Su historia pasó del ‘no me gusta que venga tu madre‘ a lograr que se distanciase de amigos o familiares.  ‘En las pocas salidas a comer o cenar con amigos no abría la boca para no molestarle y evitar así una bronca en casa. Cualquier halago hacía mí era hacerle de menos a él y no estaba dispuesto a soportar o permitir tal agravio’, recuerda.

Con el pasar del tiempo tuvieron un hijo y a los reproches se sumaron los silencios prolongados como castigo, el ser agarrada por el cuello o recibir patadas en las espinillas o en la barriga incluso estando embarazada. ‘Era insoportable. Era su esclava.  Ni siquiera me podía negar a tener sexo con él fuese cuando fuese’. Humillaciones en el cuerpo y en el alma que paró definitivamente hace cinco años (un 11 de septiembre) cuando encontró la fuerza para ponerle una denuncia por maltrato en el cuartel de la Guardia Civil. ‘Ese día dije basta al ver que además de agredirme a mi intentó hacerlo con mi hija de 16 años. Saqué el coraje de madre y me fui a denunciarle’.

Al que de puertas para afuera era un conocido y respetado empresario (además de concejal y compañero de partido) se le cayó la máscara. ‘Desde entonces tiene una orden de alejamiento que durará hasta 2020′ . Aun así tiene una espina clavada. El juez que dictó sentencia reconoce la violencia de género denunciada contra ella y su hija junto a un rosario de siete delitos, pero no contra su hijo. ‘Tiene sentencia de maltrato y para rebajar su pena se declaró culpable, pero el juez ha determinado su derecho a conciliar y a ver a nuestro hijo’, relata triste. ‘Cada vez que tiene que ir con él me llama por teléfono para decirme que le humilla y le veja y me pregunta cuándo será la última vez que tiene que ir’. Por eso Papín clama porque se haga ya un Pacto de Estado que evite este sufrimiento: ‘un maltratador no es un buen ejemplo para sus hijos’.

Esta socialista también ha aprendido que frente a lo que mucha gente piensa, no hay un perfil de maltratada pero sí de agresor: ‘La violencia de género no es que te levanten la mano o te humillen, es un proceso de dominio perverso en el que el maltratador se siente fuerte y no quiere cambiar porque lo ve correcto y la mujer es la que pierde en todos sus derechos. Mi maltratador decía que nuestro matrimonio era lo normal, y el de los demás no‘, recalca.

Aunque la historia de Cris aún no se pinta a todo color, reconoce que por fin, gracias por un lado a su familia y amigos, pero en especial a sus compañeros de partido, a quien estará siempre agradecida ‘por haberla animado y no sentir pena de ella’, ha vuelto a recuperar las ganas de vivir. Su psicóloga que le animó a volver a vivir a través de una pasión y se volcó en dos: la política y las redes sociales. Ha formado parte del equipo de redes de Pedro Sánchez.  ‘Gracias a lo que sabía como community manager y a mi partido he encontrado el camino de nuevo’, dice. También ha recuperado la sonrisa. ‘Tuvo que pasar un año desde que puse la denuncia y me fui con mis hijos hasta que me reí libremente sin mirar a los lados’.

Ojala su valiente testimonio sirva de ejemplo a otras mujeres y sobre le ponga las pilas a quienes tienen el poder  y el deber de pensar en quienes son tan vulnerables como valiosas y valientes.

NuriaCoronadoNuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio

 

Cosmonautas

Por Barbijaputa

Mujeres que llegan a casa como quien llega a un oasis. Mujeres que se quitan los tacones: uno primero, el otro después, con cuidado. Que ponen los pies sobre el suelo frío, o sobre la moqueta caliente, para que la superficie plana le alivie los huesos y los músculos. Para que las pantorrillas vuelvan a su posición natural.

Mujeres que, porque son obligadas por sus empresas o porque los tacones estilizan la pierna, se suben a zapatos que tocan el suelo sólo con una punta minúscula que aguantará su peso 8, 10 o 14 horas.

Tacones. Imagen de Caitlin Wilson / Unsplash.

Tacones. Imagen de Caitlin Wilson / Unsplash.

Mujeres que alcanzan su habitación como quien consigue hacerse con la bandera de una cucaña, y se desabrochan el sujetador deseosas de notar la liberación que viene a continuación. Mujeres que sienten cómo sus pechos vuelven a su posición natural y, muchas veces, a su tamaño natural. Y respiran. Respiran profundamente y un pequeño escalofrío recorre sus nucas.

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Un Parlamento con más mujeres que hombres

Por Rosa Martínez

Acaba de constituirse el Parlamento vasco. Nada fuera de lo común,  si no fuera porque en este parlamento hay más mujeres que hombres. Algo del todo inusual en nuestro contexto político, donde las mujeres siguen participando menos en política, y cuando lo hacen, en general, es desde lugares menos visibles y con menos liderazgo que los hombres. En este sentido la campaña vasca marcó algunas diferencias. Tanto en lo que a cabezas de lista se refiere (3 mujeres en el debate televisivo nos ofreció una imagen muy diferente a la de los últimos procesos electorales a nivel estatal) como el peso de las mujeres candidatas durante la campaña en algunas formaciones.

Sin mujeres no hay democracia. Cartel de la manifestación del 8 de marzo de 2016 (copyleft).

Sin mujeres no hay democracia. Cartel de la manifestación del 8 de marzo de 2016 (copyleft).

Una de las razones más importantes para transformar la realidad a una política más liderada por mujeres es darle a nuestras niñas y adolescentes referentes. Necesitamos más Adas Colau y Manuelas Carmena para que las niñas digan “Yo no quiero ser princesa, quiero ser alcaldesa”. Esta simple frase resume la necesidad de que las mujeres percibamos que la política es también nuestro espacio, y que dirigir un partido político, ser lehendakari, ministra o presidenta es también “cosa de mujeres”. Lee el resto de la entrada »