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Una cárcel sin casilla de salida

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

Tiene lágrimas secas pegadas en la cara y otras que sigue derramando, tratando de limpiar con un pañuelo empapado. A veces mira al infinito, otras toquetea intranquila un móvil que lleva unos cascos enganchados. ‘Me lo han dejado para escuchar música, a ver si me calmo‘, indica. Está nerviosa, eso es seguro. ‘He adelgazado, yo antes era gorda‘, declara. Y es verdad que su cuerpo, ahora menudo, parece haber albergado algo más grande.

Ellas no pasan por la valla, no cruzan la frontera por puestos habilitados, ni en ferry. Llegan en pequeñas embarcaciones o escondidas en vehículos que atraviesan la frontera. Son las víctimas de redes de trata, y no son las únicas mujeres que sufren las peores consecuencias de la migración y el asilo.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Mariam, de 27 años y nacionalidad argelina. Imagen de Amnistía Internacional.

Del total de personas que solicitaron protección internacional en España en 2015, solo un 2,5% eran mujeres procedentes de África Subsahariana, cuando la mayoría de las organizaciones coinciden en señalar esta región como una de las principales rutas del tráfico de personas. Lo cierto es que apenas se están concediendo solicitudes de asilo a posibles víctimas de trata, y éstas no están siendo adecuadamente identificadas.

Así lo hemos visto en una nueva visita a Ceuta y Melilla de Amnistía Internacional para conocer la situación de las personas más vulnerables en los CETI (Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes). El propio director del CETI de Ceuta se lamentaba así: ‘El 99% de las mujeres procedentes de África Subsahariana que llega aquí son víctimas de trata’.

Sin embargo, y a pesar de haber iniciado procesos de formación del personal del centro para la correcta identificación de las víctimas, y de trabajar con organizaciones expertas en trata, la realidad es que no se está consiguiendo la adecuada protección de estas personas que, en muchas ocasiones, podrían estar conviviendo con los propios tratantes en el mismo centro.

Es más, estas personas no son consideradas por las autoridades como un ‘grupo de especial vulnerabilidad’. Esto significa que su traslado a la Península sigue por lo tanto el mismo criterio que para el resto de las personas que están en el CETI, es decir, por la antigüedad de llegada.

Las organizaciones denuncian el círculo vicioso: solicitar asilo y colaborar con la policía sin aportar información es contraproducente y aportar información cuando las amenazas te rodean es, cuanto menos, peligroso. ‘Los tratantes están con ellas vigilándolas todo el rato. Hemos tenido casos de mujeres que en cuanto se bajan del barco en Algeciras desaparecen‘, asegura el personal del CETI de Ceuta.

Los círculos viciosos no acaban aquí. La propia Red contra la trata denuncia que son los grupos especializados de las fuerzas de seguridad, la UCRIF (Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales) quienes llevan a cabo una entrevista formal en la que profundizan sobre la existencia de indicios de trata, algo que puede llegar a ser muy problemático para quienes se encuentran en situación irregular y tienen mucho miedo a contactar con la policía.

Volvió peor que antes”

Cuando ves a las migrantes y refugiadas paseando por el malecón de Ceuta, algunas embarazadas con enormes barrigas y las bolsas de la compra colgando, tienes la sensación de que las mujeres nunca descansan. Huyen de sus países en conflicto porque son utilizadas, en ocasiones, como armas de guerra. Viajan por un camino lleno de peligros que se acentúan por su condición de mujer: violaciones, agresiones sexuales, extorsión, redes de prostitución. Y, finalmente, llegan a lugares donde no son debidamente protegidas en los que pueden convivir con sus explotadores o con sus agresores.

Es el caso de Marian, argelina de 27 años, que lleva un año en el CETI de Melilla junto a su hija de 3. Ha sufrido agresiones continuas por parte de su marido, que incluso la obligó a prostituirse. En diciembre de 2015 su marido le agredió en plena calle en Melilla y algunos testigos avisaron a la policía. Sin embargo, finalmente Marian retiró la denuncia y la causa fue archivada. Su marido fue readmitido en el CETI. Le pegó solo dos días después. ‘Volvió peor que antes. Me amenazó diciendo que iba a pagar caro por haberle denunciado y llegó a decirme que, aunque él volviera a Argelia, antes me mataría’, asegura.

Aunque finalmente fue expulsado y actualmente se encuentra en paradero desconocido, Marian sigue teniendo miedo. Por ella y por su hija. Especialmente después de que, en una ocasión, tuvieran que compartir habitación con su agresor durante un mes, en el que las agresiones y abusos no pararon. Tras sufrir una de las peores palizas, en la que le golpeó contra la pared y ella volvió a interponer una denuncia, su marido fue absuelto por falta de pruebas.

Marian debería, como mínimo, ser trasladada a la Península y protegida de su agresor. Como ella, todas las mujeres deberían vivir libres de violencia y discriminación durante todo el viaje y durante toda la vida. También las personas LGBTI (Lesbianas, Gays Bisexuales Transexuales e Intersexuales) que se encuentran dentro de los CETI sufriendo amenazas y agresiones por su orientación sexual.

Al final de la playa Benítez de Ceuta, en la escollera, algunos hombres y, sobre todo, mujeres, se ponen a cocinar a media tarde, huyendo de la comida, ‘escasa y mala’ del CETI. Desde ahí, protegidos de la brisa marina por un muro, pueden observar el mar, e imaginar, a lo lejos, la ‘Grand Espagne‘, como llaman a la Península. Tan cerca.

Ana Gómez Pérez-Nievas es periodista en Amnistía Internacional España

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser javier

    Si viven tan mal y les tratamos tan mal , por que vienen y por que se quedan?

    Cada una de esas embarazadas es una bomba retardada. lo que la casta quiere es mano de obra barata, la clase media cada vez es mas atacada a impuestos = menos hijos por pareja , y esto va camino de un genocidio blanco, en 40 años ellos seran mayoria. Lo mas insidioso de este problema es que no lo ves crecer, es como el cambio climatico , poco a poco, hasta que es irremediable

    Yo propongo un referendum para ver que tipo de españa/europa queremos ,
    saludos

    29 noviembre 2016 | 08:25

  2. Dice ser javier

    Si viven tan mal y les tratamos tan mal , por que vienen y por que se quedan?

    Cada una de esas embarazadas es una bomba retardada. lo que la casta quiere es mano de obra barata, la clase media cada vez es mas atacada a impuestos = menos hijos por pareja , y esto va camino de un genocidio blanco, en 40 años ellos seran mayoria.

    Lo mas insidioso de este problema es que no lo ves crecer, es como el cambio climatico , poco a poco, hasta que es irremediable

    Yo propongo un referendum para ver que tipo de españa/europa queremos ,
    saludos

    29 noviembre 2016 | 09:03

  3. Dice ser javier

    estais borrando o dejando de publicar los comentarios que no concuerdan con vuestra postura,
    se llama eso censura?
    saludos

    29 noviembre 2016 | 09:22

  4. Dice ser rosi

    Lo siento, pero opino como Javier.

    29 noviembre 2016 | 10:57

  5. Dice ser Lico

    Nadie las ha metido en un saco y las ha traído a la fuerza. Han venido de manera ilegal y luego las han engañado. No es problema nuestro. Se las devuelve y punto vengan o no embarazadas. Nada de acogidas ni ostias.

    29 noviembre 2016 | 13:42

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