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Archivo de Octubre, 2016

Cuando llega el momento de decir basta

Por Nuria Coronado

Cada cuatro minutos una mujer denuncia en España a su maltratador. Un tic, tac de reloj insufrible que marca para siempre a quien solo comete un error: enamorarse de la persona equivocada. Cris Papin, militante y activista en redes sociales del PSOE en Galicia, lo sabe bien. Le duele aún ‘revolver en la basura de esos recuerdos’, pero lo hace porque como dice en su perfil de Twitter lo importante es ser útil. ‘Dar la cara y denunciar a los maltratadores es el principio del fin de una condena impuesta en la que se sufre una humillación indescriptible. Si mi ejemplo sirve para que una sola mujer, se anime a denunciar, habrá merecido la pena porque habrá salvado su vida‘.

Cris Papin, con una compañera de partido. Imagen de Nuria Coronado.

Cris Papin, a la izquierda, con una compañera de partido. Imagen de Nuria Coronado.

Cris conoció a su maltratador con 31 años y siendo madre separada. ‘Me enamoré como una loca de él‘. De su primera relación aprendió que no quería discutir y por ello con su verdugo empezó cediendo parcelas. Ahí comenzó un calvario que duró diez años. ‘Es una espiral que te come y de la que no puedes salir. Una situación que nunca pensé me pudiese pasar a mí, una mujer que me creía con carácter’. Su historia pasó del ‘no me gusta que venga tu madre‘ a lograr que se distanciase de amigos o familiares.  ‘En las pocas salidas a comer o cenar con amigos no abría la boca para no molestarle y evitar así una bronca en casa. Cualquier halago hacía mí era hacerle de menos a él y no estaba dispuesto a soportar o permitir tal agravio’, recuerda.

Con el pasar del tiempo tuvieron un hijo y a los reproches se sumaron los silencios prolongados como castigo, el ser agarrada por el cuello o recibir patadas en las espinillas o en la barriga incluso estando embarazada. ‘Era insoportable. Era su esclava.  Ni siquiera me podía negar a tener sexo con él fuese cuando fuese’. Humillaciones en el cuerpo y en el alma que paró definitivamente hace cinco años (un 11 de septiembre) cuando encontró la fuerza para ponerle una denuncia por maltrato en el cuartel de la Guardia Civil. ‘Ese día dije basta al ver que además de agredirme a mi intentó hacerlo con mi hija de 16 años. Saqué el coraje de madre y me fui a denunciarle’.

Al que de puertas para afuera era un conocido y respetado empresario (además de concejal y compañero de partido) se le cayó la máscara. ‘Desde entonces tiene una orden de alejamiento que durará hasta 2020′ . Aun así tiene una espina clavada. El juez que dictó sentencia reconoce la violencia de género denunciada contra ella y su hija junto a un rosario de siete delitos, pero no contra su hijo. ‘Tiene sentencia de maltrato y para rebajar su pena se declaró culpable, pero el juez ha determinado su derecho a conciliar y a ver a nuestro hijo’, relata triste. ‘Cada vez que tiene que ir con él me llama por teléfono para decirme que le humilla y le veja y me pregunta cuándo será la última vez que tiene que ir’. Por eso Papín clama porque se haga ya un Pacto de Estado que evite este sufrimiento: ‘un maltratador no es un buen ejemplo para sus hijos’.

Esta socialista también ha aprendido que frente a lo que mucha gente piensa, no hay un perfil de maltratada pero sí de agresor: ‘La violencia de género no es que te levanten la mano o te humillen, es un proceso de dominio perverso en el que el maltratador se siente fuerte y no quiere cambiar porque lo ve correcto y la mujer es la que pierde en todos sus derechos. Mi maltratador decía que nuestro matrimonio era lo normal, y el de los demás no‘, recalca.

Aunque la historia de Cris aún no se pinta a todo color, reconoce que por fin, gracias por un lado a su familia y amigos, pero en especial a sus compañeros de partido, a quien estará siempre agradecida ‘por haberla animado y no sentir pena de ella’, ha vuelto a recuperar las ganas de vivir. Su psicóloga que le animó a volver a vivir a través de una pasión y se volcó en dos: la política y las redes sociales. Ha formado parte del equipo de redes de Pedro Sánchez.  ‘Gracias a lo que sabía como community manager y a mi partido he encontrado el camino de nuevo’, dice. También ha recuperado la sonrisa. ‘Tuvo que pasar un año desde que puse la denuncia y me fui con mis hijos hasta que me reí libremente sin mirar a los lados’.

Ojala su valiente testimonio sirva de ejemplo a otras mujeres y sobre le ponga las pilas a quienes tienen el poder  y el deber de pensar en quienes son tan vulnerables como valiosas y valientes.

NuriaCoronadoNuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com  y responsable de Comunicación de Juan Merodio

 

Cosmonautas

Por Barbijaputa

Mujeres que llegan a casa como quien llega a un oasis. Mujeres que se quitan los tacones: uno primero, el otro después, con cuidado. Que ponen los pies sobre el suelo frío, o sobre la moqueta caliente, para que la superficie plana le alivie los huesos y los músculos. Para que las pantorrillas vuelvan a su posición natural.

Mujeres que, porque son obligadas por sus empresas o porque los tacones estilizan la pierna, se suben a zapatos que tocan el suelo sólo con una punta minúscula que aguantará su peso 8, 10 o 14 horas.

Tacones. Imagen de Caitlin Wilson / Unsplash.

Tacones. Imagen de Caitlin Wilson / Unsplash.

Mujeres que alcanzan su habitación como quien consigue hacerse con la bandera de una cucaña, y se desabrochan el sujetador deseosas de notar la liberación que viene a continuación. Mujeres que sienten cómo sus pechos vuelven a su posición natural y, muchas veces, a su tamaño natural. Y respiran. Respiran profundamente y un pequeño escalofrío recorre sus nucas.

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Un Parlamento con más mujeres que hombres

Por Rosa Martínez

Acaba de constituirse el Parlamento vasco. Nada fuera de lo común,  si no fuera porque en este parlamento hay más mujeres que hombres. Algo del todo inusual en nuestro contexto político, donde las mujeres siguen participando menos en política, y cuando lo hacen, en general, es desde lugares menos visibles y con menos liderazgo que los hombres. En este sentido la campaña vasca marcó algunas diferencias. Tanto en lo que a cabezas de lista se refiere (3 mujeres en el debate televisivo nos ofreció una imagen muy diferente a la de los últimos procesos electorales a nivel estatal) como el peso de las mujeres candidatas durante la campaña en algunas formaciones.

Sin mujeres no hay democracia. Cartel de la manifestación del 8 de marzo de 2016 (copyleft).

Sin mujeres no hay democracia. Cartel de la manifestación del 8 de marzo de 2016 (copyleft).

Una de las razones más importantes para transformar la realidad a una política más liderada por mujeres es darle a nuestras niñas y adolescentes referentes. Necesitamos más Adas Colau y Manuelas Carmena para que las niñas digan “Yo no quiero ser princesa, quiero ser alcaldesa”. Esta simple frase resume la necesidad de que las mujeres percibamos que la política es también nuestro espacio, y que dirigir un partido político, ser lehendakari, ministra o presidenta es también “cosa de mujeres”. Lee el resto de la entrada »

Mi tierra es mi vida

Por Julia García

‘Las mujeres rurales deben estar orgullosas porque gracias a su valor y al trabajo de sus manos están alimentando a África. El fortalecimiento de las capacidades de las mujeres rurales es esencial, no solo para que puedan gestionar los ingresos agrícolas, sino también para mejorar el rendimiento de todo el continente’.

Son las palabras de Justine N’Tsibiro Bulebe, agricultora africana que a partir de su propia experiencia, se convirtió en una defensora de los derechos de las mujeres rurales en África. Actualmente preside del Colectivo de mujeres de Masisi, en la Republica Democrática del Congo.

Las mujeres rurales africanas se han organizado para marchar hasta la cima del Kilimanjaro y reclamar sus derechos. Imagen: Oxfam.

Las mujeres rurales africanas se han organizado para marchar hasta la cima del Kilimanjaro y reclamar sus derechos. Imagen: Oxfam.

Justine perdió su terrenos de cultivo, el único medio de vida que podía tener, tras la muerte de su marido: por ser mujer no tenía derecho a heredar las tierras de la familia. La costumbre africana no reconoce a la mujer potestad sobre la gestión de la tierra, del mismo modo que no esta autorizada a participar en las reuniones celebradas por los hombres o acceder a los recursos comunitarios.

Mañana, Día Internacional de la Mujer Rural, mujeres como Justine venidas de todos los puntos del continente africano, se reúnen a los pies el monte Kilimanjaro – icono de cambio y victoria – para formalizar sus demandas hacia la garantía de la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Como representantes de todo el movimiento, un grupo de cincuenta mujeres han emprendido una valerosa escalada para que, desde el punto más alto de África, sus voces sean escuchadas en todo el mundo. Una movilización histórica que busca trascender de las palabras a los hechos.

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Feminismo con los pelos de punta

Por Dori Fernández Hernando

¿Por qué son siempre las mujeres quienes “eligen” quedarse en casa para ocuparse del cuidado de menores, personas mayores y personas dependientes? No voy a extenderme en mostrar los datos que sustentan esta afirmación, aquí tienen un resumen. Existen varios motivos, desde el ‘no me queda otra opción porque no tengo dinero ni trabajo’ hasta el que más abunda, el ‘porque quiero’.

El ejemplo más claro lo arroja el estudio El cuidador en España realizado en 2016 por CEAFA (Confederación Española de Asociaciones de Familiares de personas con Alzheimer): uno de cada cuatro hogares en España cuenta con un familiar afectado de Alzheimer, siendo en el 94% de los casos el entorno familiar (las mujeres) quien se responsabiliza de los cuidados. Y no queda ahí la cosa, sino que el 69% de las cuidadoras considera ‘natural’ serlo.

Roles. Imagen de Steinar La Engeland (Unsplash)

Roles. Imagen de Steinar La Engeland (Unsplash)

¿De dónde nacen los deseos? ¿Qué influye para preferir una cosa u otra?

Analicemos un poco de dónde emana esa querencia que según la RAE, es la tendencia del ser humano y de ciertos animales a volver al sitio donde se han criado o tienen costumbre de acudir. Creo que a nadie se le escapa la enorme influencia que el mundo de la creación en general (publicidad, cine, moda, literatura, etc.), las costumbres y el Derecho tienen en nuestras elecciones.

La publicidad nos indica a todas horas qué se espera de cada uno y cada una de nosotras. Anoche viendo un rato la TV después de cenar, me tragué el anuncio de ADESLAS, ese que reza “lo importante es saber lo que es importante” y que termina con la imagen de dos mujeres jóvenes junto a la cama de un señor enfermo, inoculando en nuestro imaginario colectivo que lo que se espera de las mujeres es eso precisamente, que sepan que lo importante en su vida es cuidar de los demás. Los pelos de punta se me ponen…

Estarán conmigo de acuerdo en que la influencia de las costumbres no hace falta explicarla, pero si tienen  duda, piensen en ese  habitual argumento que concluye diciendo “…de toda la vida de Dios”.

Y ¿qué pasa con el Derecho, con nuestro ordenamiento jurídico? Aquí sí que las cosas están más claras: si eres madre la ley te concede 16 semanas de permiso de maternidad (Art. 48 ET): para recuperarte del parto las 6 primeras y para ocuparte del cuidado de la criatura las siguientes; si eres padre, te concede solo 2 (Art. 48 bis ET).

Pues bien, no bastaba con que tuviéramos esta disfuncional legislación que discrimina a los hombres que quieren-pueden-deben cuidar, y a las mujeres convirtiéndolas en mano de obra de alto riesgo, lo que llamamos #discriminaciónPorMaternidad (echen un vistazo al hashtag). Ahora, todas las personas que sabemos lo importante que es construir roles igualitarios estamos con los pelos de punta (de nuevo): Ciudadanos, que ni siquiera reconoce la violencia de género como un tipo de violencia específica, acaba de registrar en el Congreso un Propuesta no de Ley (PNL) para que se modifiquen los permisos de maternidad y paternidad, de forma que la final, sean las mujeres quienes estén mucho más tiempo dedicadas al cuidado y por tanto más tiempo también alejadas del empleo y de la autonomía económica personal que eso implica. Aquí tienen más datos sobre esta propuesta – trampa.

¿Para esto casi 10 años de Ley de Igualdad? ¿Para esto casi tres siglos de lucha feminista?

En la PPiiNA tenemos los pelos de punta (de nuevo, sí, no es para menos). Si al final gobierna el PP será con la ayuda de Ciudadanos, con quien ya tiene un acuerdo en el que figura esta reforma. Así que hemos lanzado una campaña con la que pretendemos poner los pelos de punta a todo el mundo: se llama #vocesPPiiNA y desde aquí les invito a seguirla y compartirla. Quienes vengan detrás se lo agradecerán.

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Dori Fernández Hernando es Graduada en Igualdad de Género por la URJC. Formadora y consultora en igualdad de género, nuevas tecnologías y Prevención de Riesgos Laborales, colabora entre otras iniciativas con SinGENEROdeDUDAS, CB., Comunidad de Conocimiento Profesional con Enfoque de Género, y con la Asociación de Mujeres Páginas Violeta. Pertenece a la PPIINA y a la Asamblea de Mujeres de Córdoba Yerbabuena.  

Un crowdfunding para lograr un parto normal

Por La Marietta

Quiero parir en casa. Sé que mucha gente lo considera una locura. Pero para mí es algo normal. Soy una mujer normal, con una vida normal: sin empleo actualmente, con un hijo de algo más de dos años, y con otro en camino.

Mi primer hijo lo tuve en un hospital, porque era lo normal. Conocía algún caso aislado de mujeres que habían parido en casa, pero yo no lo contemplaba: aparte de ser muy caro, me daba miedo. Se tiene la idea que un parto es peligroso, complicado, doloroso, y que precisa de ayuda médica. El parto da miedo. Yo, aún sintiendo este miedo, intuía que un parto no tenía por qué ser así. Leí y me informe bastante al respecto, y quise tener un parto natural (esto, por suerte, cada vez es más normal). Un parto natural es un parto no intervenido.pariracasa

A pesar de que luché por ello, el resultado fue muy diferente del esperado. Lo sé: siempre cabe la posibilidad, y más en temas fisiológicos, de que las cosas no salgan según lo previsto. Pero terminé con un parto intervenido. Sentí que no se respetaron mis necesidades, alegando el control constante del feto. No pude moverme, relajarme, cambiar de postura, tener intimidad, comer, bañarme…

Nuestro cuerpo es más sabio de lo que pensamos, y lo escuchamos muy poco. Pero no me atreví a rebatir a los profesionales ‘de bata blanca’. Hoy sé que aquellos controles eran innecesarios y desencadenaron la típica ‘cascada de intervenciones’, por desgracia, la mar de normal.

Más de 7 horas de monitores, poca intimidad, cero empatía, de una habitación para otra, 20 horas de contracciones sin posibilidad de movimiento ni expresión, sin dormir… Y cuando una matrona me dijo: ‘¡Uy. Todavía no estás ni a la mitad!’, después del cuarto o quinto tacto vaginal, me derrumbé y pedí la epidural. Con ella, me administraron oxcitocina sintética para tener contracciones artificiales. Aún así el parto se estancó, y tras unas horas, me dijeron que tendrían que usar fórceps. Dije que no quería, y me dieron a entender que no había opción. Con los fórceps es inevitable la episiotomía, que tampoco quería.

Había un montón de gente en la sala de partos, no sé quiénes eran. Parecía un espectáculo, y hasta  pude escuchar algún comentario completamente falto de respeto hacia mí y mi situación. Pero en aquel momento me daba igual. Yo sentía que ya no podía hacer más. El parto ya era más suyo que mío. Solo quería conocer a mi pequeño, y que terminara todo aquello. Cuando tuve encima a mi hijo (piel con piel, esto lo hicieren fantásticamente), suena a tópico, pero se me pasaron todos los males. Y como el bebé estaba bien y yo también, traté de olvidar. Pero no quiero repetir una experiencia así.

Ahora vuelvo a estar embarazada, y aunque tenemos unos ingresos familiares muy, muy bajos, no dudo en afirmar que quiero tenerlo en casa. Es más una necesidad vital que una cuestión ideológica. Aunque también lo es en gran medida. Quiero empoderarme, sentir que sé parir. Sé que puedo hacerlo. Y aunque, como ya he dicho antes, siempre cabe la posibilidad que las cosas no salgan según lo previsto, quiero vivir en casa mi segundo parto. Quiero intentarlo.

Por que en un parto en casa normal nada de aquello tiene por qué pasar. Estás en tu casa, en tu entorno, con tu intimidad y con tus ritmos. No hay que olvidar que el parto es una fase más de la vida sexual y reproductiva de una mujer. Es un parto atendido (pero no intervenido) por comadronas profesionales, experimentadas, actualizadas. Las conoces y te conocen, te observan, te informan, te escuchan y te respetan. No quieren que el parto se complique, por eso siempre atienden partos de bajo riesgo. Tienen equipo médico para intervenir si es necesario, y un coche preparado por si hay que trasladar al hospital, con el que se han coordinado previamente). Ellas son las primeras que desean y se aseguran de que todo salga lo mejor posible.

 

 

Me parece increíble, indignante y anormal que no sea una opción más dentro del sistema sanitario público. El gasto sanitario es notoriamente menor en un parto en casa que en un parto en un hospital (el primero ronda los 1800€ y el segundo los 3000€ de inversión pública).

A día de hoy lo normal es pagarlo de manera privada. Si tienes dinero, quizás te lo puedes permitir. Si no, no tienes más remedio que ir al hospital. Por eso he lanzado un crowdfunding, pero no sólo pensando en mí, sino en todas las mujeres que tenemos derecho a poder elegir cómo y dónde queremos parir. No me parece tan loco luchar para que esto cambie, para que el parto en casa no sea una opción “de lujo”, para que sea una opción pública como lo es en muchos países europeos. Quiero luchar, y creo que no estoy sola, para que parir en casa vuelva a ser algo normal.

Gracias a todas las personas que lo entendéis así, y aún más a quienes ya han colaborado. Estamos muy cerca de lograrlo.

la-marieta

La marietta es una ilustradora interesada e implicada en luchas sociales, impulsora del crowdfunding “Parir a casa: sí que es pot!” para poderse financiar un parto domiciliario y dar a conocer esta opción.

El miedo desde la cuna

Por Nuria Coronado

La violencia de género es un problema que causa la sociedad, y es ella quien tiene que resolverlo’
Cristina del Valle

La infancia, ese territorio maravilloso en el que todos merecemos crecer, no siempre es la patria de las personas. Cuando al cerrar la puerta de casa en vez de cariño y paz se abren paso el miedo y el maltrato, la más cruel y alargada de las sombras arrasa ese sagrado territorio y el hogar se convierte en la peor de las cárceles.

El miedo de las niñas y los niños expuestos a la violencia tiene repercusiones de por vida. Imagen de Pixabay.

El miedo de las niñas y los niños expuestos a la violencia tiene repercusiones de por vida. Imagen de Pixabay.

Una prisión cuyos barrotes conoce muy bien la cantante Cristina del Valle. A pesar de que ya han pasado más de cuarenta años desde que ella y sus hermanas vivieran y escaparan al maltrato de su padre a su madre y hacia ellas, aún sigue recordando su casa como el lugar más desprotegido. “Las casas son los lugares más peligrosos para las mujeres porque es donde vive el maltratador”, comenta.
Tanto es así que un simple ruido, como el de las llaves en la cerradura, era la señal de alarma. “Ser testigo de la crueldad y el maltrato te hace aprender a vivir en la alerta continua. Cada vez que mi padre entraba en casa se apoderaba de mí la impotencia y el miedo por lo que podía ocurrirle a mi madre. Me pasaba noches enteras sin dormir, llegaba a clase con unas ojeras imposibles porque me dedicaba a vigilar ya que vivía con la sensación que mi madre podría ser asesinada en cualquier momento. Mi obsesión era vigilar para que no le pasara nada. No me importaba lo que me ocurriese a mí, solo quería que no le sucediese nada a ella”, explica.

Tristes recuerdos que no hacen sino echar sal a la dolorosa herida de las consecuencias del maltrato en los hijos. Múltiples estudios concluyen de manera rotunda que éstos, desde que están en el seno de su madre sufren las mismas reacciones cerebrales, fisiológicas y emocionales que los soldados traumatizados con la guerra. “Verte rodeada una y otra vez de golpes, gritos, puñetazos o amenazas, provoca una tristeza y una impotencia tal que es imposible desarrollarse sanamente”, añade la cantante. “El sometimiento al estrés continuo genera que los niños que nacen o viven en situaciones de violencia tengan problemas de crecimiento y retraso de hasta ocho puntos por encima de otros niños y que esto sin lugar a duda marque su futuro y su comportamiento. Yo por ejemplo sigo sin poder entrar a lugares en los que haya mucho ruido o muchos hombres”, subraya.

Por todos esos niños y niñas, y por los que han padecido el maltrato de sus padres hasta causarles la muerte – el 85% de los menores asesinados lo son en el régimen de visitas y en puntos de encuentro- del Valle clama por una legislación que apunte sobre el maltratador y no le de derechos de visita o relación alguna con quienes no merece ni quiere. “Hay que poner en marcha una ley que impida las visitas o el contacto de los hijos con sus verdugos. Pero hay que hacerlo ya” reclama la cantante. “Un padre maltratador no es un buen referente para sus hijos. No pueden ser su ejemplo y por ello no se le pueden otorgar visitas ya que las utiliza como método de tortura machista hacía su pareja para seguir demostrándole que tiene poder sobre ella”, puntualiza.

Pero a Cristina no le arde la sangre solo con esto. También con la complicidad de quienes apoyan a los maltratadores. “Hablo de jueces que siguen permitiendo estas visitas o custodias compartidas, de policías que miran por encima del hombro a las valientes que se atreven a denunciar, de vecinos que oyen gritos y no llaman a la policía… de tantos y tantos que con su silencio acallan aún más la voz y los derechos de mujeres y niños inocentes y apoyan así al machismo y a los maltratadores”, comenta. “También hablo de recortes en presupuestos para formar a profesionales que atiendan o den protección a las víctimas, de menor apoyo económico en campañas de sensibilización, de acotar los juzgados de violencia de género”.
La artista también apunta a la necesidad de concienciación entre los medios de comunicación ya que ellos, como trasmisores de información, y por tanto de valores, influyen directamente en la sociedad. “Los medios minimizan esta lacra al no nombrar al presunto maltratador, cuando en titulares dicen que las mujeres ”mueren”, cuando en realidad las matan, las asesinan, las golpean. Una información objetiva y fuera del sensacionalismo es clave para luchar contra la violencia de género y quienes la provocan”, comenta del Valle.

Y es que este empeño profundo y loable de Cristina necesita de la complicidad de todos. Como ella dice “no podemos pedir a las mujeres que vayan a denunciar porque somos nosotras las que salimos de casa huyendo y a escondidas. Además no todas las mujeres tienen la fortaleza para hacerlo. Este es un problema que causa la sociedad y es ella quien tiene que arreglarlo”, ¡cuánta razón!

A ella, sus hermanas y su madre, nos les quedó otra opción que huir, subirse a un tren y, en un acto de heroicidad, dejar atrás su querida Asturias para irse a Valencia. Lo hicieron hace décadas, cuando el maltrato era algo normal de puertas para dentro. “Nunca se me olvidará aquel día yéndonos porque un tipo decidió intentar destruir nuestras vidas. Me sentí como una refugiada en mi propio país. Huimos nosotras y no él. Una vez allí hicimos de nuestra casa un hogar para otras tantas víctimas y sus hijos. Casas de acogida que son una manifestación clara de indignidad, porque es allí donde tienen que ir las madres, auténticas heroínas, con sus hijos. Son ellas las que cambian de vida y no el maltratador”, agrega.

Por ella, y por tantos y tantas que no tuvieron infancia o paz para cuidar y educar a sus hijos en un hogar feliz, tenemos que arrimar el hombro, alzar la voz y ganarle de una puñetera vez la batalla a los violentos. Esa será la mejor demostración y el verdadero homenaje que podamos hacerles.

Nuria Coronado es periodista, editora en www.lideditorial.com y responsable de Comunicación de Juan Merodio