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Día de la población: una mirada a las adolescentes

Por Susanna Oliver 

Grace and Georgina escriben sus tareas escolares. Cada día tienen que caminar 50 minutos para buscar agua. Imagen: Kapululwe ADP.

Grace and Georgina escriben sus tareas escolares. Cada día tienen que caminar 50 minutos para buscar agua. Imagen: Kapululwe ADP.

El 11 de julio de 1987 la Tierra alcanzó los cinco mil millones de habitantes. Por este motivo hoy celebramos el Día Mundial de la población. Cada año, en este día se pone el énfasis en un aspecto que afecta a los ya más de siete mil millones de personas que habitamos el planeta. En 2016 el tema es la inversión en las adolescentes, para lograr la primera meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 – Reducir la desigualdad, que es: poner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el mundo.

Y es que, como he podido comprobar en mi trabajo en cooperación, las adolescentes, y especialmente las que viven en los países más pobres, son las que más sufren la desigualdad. En las familias que no tienen suficientes recursos para que todos los hermanos vayan a la escuela, he visto que son ellas las que se quedan en casa ayudando a la madre en las tareas del hogar. Eso en las culturas en las que al menos se les permite el acceso a educación.

En las comunidades alejadas de fuentes y ríos, las he visto ir a buscar agua, caminando kilómetros cada día, cargando pesos tremendos bajo un sol de justicia y expuestas a toda clase de peligros.

En muchos países del Sur, cuando en la familia no hay para comer, me han contado que las entregan en matrimonio siendo aún adolescentes, o incluso niñas, para cobrar así una dote y tener una boca menos que alimentar.

He comprobado, en las comunidades de africanas y latinoamericanas que he visitado, que se quedan embarazadas siendo menores de edad, que muchas padecen secuelas de estos partos prematuros toda la vida, y algunas mueren en el intento, y que prácticamente todas cargan con un montón de hijos desde muy jóvenes.

Las estadísticas me indican que cada 6 segundos es a una de ellas a quien se practica la mutilación genital para apaciguar su deseo, para que sea fiel y sumisa a su marido.

Y con ellas he estado en reuniones en las que no se las escucha, por mucho que se toquen temas que afectan sus vidas, o en las que, como mínimo, sus opiniones son las últimas y las menos valoradas.

Y todo esto no sólo es injusto, sino que además es un tremendo error que nos afecta a todos, porque perdemos la oportunidad de aprovechar la capacidad física e intelectual de cientos de miles de adolescentes, de mujeres que podrían estar contribuyendo a hacer de éste un mundo mejor.

Desde la ONG en la que trabajo, World Vision, hemos logrado que las mujeres en edad fértil reciban información sobre planificación familiar, sobre el espacio óptimo entre embarazos y sobre cuidados prenatales (además de suplementos de ácido fólico y hierro), y con ello hemos logrado reducir la mortalidad materna e infantil y que los niños que nazcan estén  más sanos. También hemos logrado dar acceso a escolarización a las niñas y esto no sólo les ha dado acceso a mejores oportunidades de empleo, sino que, además, ha conseguido que sus familias tengan mejor salud y sus hijos puedan recibir una mejor educación. Y las hemos formado en sus derechos, entre ellos el derecho a la integridad física, y les hemos dado voz en sus comunidades, consiguiendo que muchas de ellas se alcen como ejemplos de líderes a distintos niveles; un ejemplo es Fatmire Feka, una chica kosovar, que ha sido propuesta al premio nobel de la paz.

En este 11 de julio os animo a que busquéis la forma de contribuir a que las adolescentes que viven en las peores condiciones del mundo puedan tener acceso a un futuro mejor.  Por ellas, y por todos.

Susanna Ghana 2015Susanna OIiver es responsable de Proyectos en Fundación World Vision

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