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Tirar la piedra y esconder la mano

Por Maribel Maseda

Hace unos meses  vi estupefacta una parte de una película de la década de los 50 en la que el marido de una señora la ponía sobre sus rodillas y la azotaba mientras ella sollozaba. El hijo pequeño le decía ‘¡mamá!, papá te está pegando!!’ a lo que el padre respondía con absoluta normalidad ‘claro, hijo’. Y el hijo  replicaba mirando con fascinación la escena:  ‘¡entonces es que papá te quiere, mamá!’ y a la madre se le iluminaba la cara y recibía entonces los azotes feliz, sin sollozos.

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

Ejemplo de campaña contra la violencia dirigida a las mujeres. Imagen: JSE

‘¿porqué no le deja?’. ‘Cómo puede seguir con él?’-

’con toda la información que hay hoy en día, ¿cómo siguen metiéndose en relaciones así?’-

La única parte real de esta escena es la de que el maltratador realmente se cree en el derecho y el poder de pegar a su mujer, no porque la quiera, sino porque la cree ‘suya’. Nos preguntamos porqué la violencia contra la mujer continúa y lo hacemos sin tomar conciencia de la cantidad de mensajes contradictorios que se dictan y se consienten.

Si tomamos conciencia de esto, añadimos otra parte real de esta nefasta escena: la de que el guionista de la película creía lo mismo que su protagonista. Y utilizaba su propio poder para normalizar su creencia en la sociedad. Claro que podría alegar que cada uno es libre de aceptar o no una idea tan directa como subliminal acerca del puesto de la mujer en el mundo.

 -’¿Cómo puede costarle tanto reconocer el maltrato?’-

Pero no tenemos que irnos tan atrás para ver y escuchar como se consiente e incluso se obliga a alguien a aceptar su guión de mujer generosamente comprensiva, que debe consentir todo por su capacidad inmensa de empatizar con el lado más noble de su maltratador. Hace unos meses, en un conocido programa de TV en el que participan chicos y chicas, uno de ellos explícitamente dijo que una de las chicas tenía ‘cara de cerda’.  La joven dijo que ni quería ni debía ni podía aceptar una falta de respeto semejante. El chico, sonriendo, intentaba convertir a la chica en extremista aludiendo que era un apelativo cariñoso y que estaba exagerando. Y reía ante lo gracioso de su comentario que sin embargo insistía en asociar con la cara de la joven. La chica mantenía su postura mientras por parte del programa le instaban a que hiciera las paces con él y le diese un abrazo. La presión sobre la chica subió sobremanera cuando se le indicó con insistencia que no ponía de su parte para solucionar la situación, que él intentaba disculparse…

‘¿Por qué lo consiente? Porqué le perdona?’-

En un conocido spot contra la violencia de género, se muestran a la mujer manos con un mensaje escrito ‘estamos contigo’, ‘denuncia’,  etc., mientras se expone su cara eso si, siempre llorando o aterrorizada. Peor, en un spot anterior una niña le pedía a su madre que hiciera algo.

El hombre violento no aparece en ningún momento. Nadie le muestra una mano con un mensaje escrito como por ejemplo: ‘sabemos quién eres’, ‘estamos con ella, no contigo’ o si se quiere ser tan benefactor como con sus víctimas ‘acude a terapia antes de volver a golpear a tu mujer o a tus hijos’. Se alega que si no se puede proteger a la mujer antes, no se puede encender la ira del violento… pero le piden a la mujer que se tire del trapecio sin red. Y la llaman cobarde, o débil, o frágil, o sumisa, o insegura, o incluso son capaces de decir que ’si sigue con él es porque le va la marcha’.

-’la mujer posee un perfil claro de mujer maltratada o susceptible de serlo. No hay un perfil claro de hombre maltratador’

Bueno, es que en realidad, el hombre maltratador se invisibiliza (no es invisible) y la mayor parte de los estudios se centran en la mujer víctima  y en como evitar que ella vuelva a recaer… Es decir: se ayuda a la mujer a que cuando se encuentre con un maltratador, lo reconozca y no sea su pareja. Pero al maltratador se le deja libremente que lo siga siendo. Sin presión. Si quiere ir a alguna terapia, que sea por que le apetece, no porque la necesita, ya que nadie se la recomienda públicamente como a la mujer que padece su violencia. Se pretende que con las terapias de las mujeres, el problema de los maltratadores quede neutralizado al ser rechazado.  Porque a estas mujeres se les devuelve a la vida normal en la que los violentos ejercen de ciudadanos sanos sin llevar un distintivo que los haga reconocibles de primeras.

Así de importantes y polifacéticas son las mujeres: pasan de ser víctimas a culpables y de ahí a responsables de la erradicación de la violencia del hombre violento, con todas sus implicaciones emocionales, psicológicas y físicas. Y sin saberlo, se le está constantemente empujando a que sea ella la que acabe con la existencia del maltratador no en su vida de pareja, ni siquiera en su vida en general, sino en la sociedad, a costa de su propia integridad, de su propia identidad y de su propia vida: -’denuncia, actúa, dile no, acude a terapia para reconocerle como violento y rechazarle, quítale la posibilidad de ejercer de lo que es…y la siguiente que él encuentre ya se buscará la vida…igual que tú-’.

Porque de nada vale que pase el tiempo y se continúe poniendo la mayor parte de la atención en la mujer víctima de la violencia si no se actúa en contra de la violencia que ejerce el violento, que, aunque parezca una obviedad, hay que recordar constantemente que es la única causa del problema.

Porque frente a disgustos y desacuerdos, existe la solución de la separación. Pero la separación, como se ha visto repetidamente, no es solución para el violento, porque no hay causa lógica en su ira, sino que está entretejida con él. Y de él, él mismo no puede separarse.

En una red social, algunas personas señalaban el hecho de que una mujer se había quedado con la casa de su ex marido al separarse y además, este solo podía ver a su hija en fines de semana alternos y 3 días a la semana más. Un tuitero respondía: ‘y luego se quejan de que alguna mujer aparezca muerta’.

Tolerancia cero con el maltratador. Desde el primer indicio denuncia’.

Efectivamente, el hombre-violento no lleva escrito en la frente que lo es; sin embargo, podemos reconocer ciertas tendencias agresivas en personalidades que afirman este tipo de comentarios amparados en la creencia de que un desacuerdo rotundo con la actitud de alguien es causa suficiente y excusable para dar rienda suelta a su violencia.

La violencia contra la mujer no se genera solo y exclusivamente en el ámbito de la relación sentimental. Porque no se origina con ella o dentro de ella. La violencia se origina al relacionarse un hombre-violento con cualquier mujer. Y no hay que solidarizarse con la mujer víctima ni exigirle a ella que reconozca al violento. Hay que ser capaces de enfrentarse al violento y decirle que lo que hace es un delito y que su conducta no es legítima en una sociedad sana y evolucionada.

Nadie se atreve a hacerlo, ¿verdad? Pero:

No debes tenerle miedo. Sal de la relación. Abandónale. Dile no. SÉ VALIENTE’

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como Háblame, El tablero iniciático, y La zona segura. Coach de vida.

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