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A Barbine no le gusta la lluvia

Por María José Agejas

A Barbine no le gusta la lluvia. Después de la última está acatarrada. O quizá sea el paludismo. Casi que le da igual, porque ni puede ir al médico ni tiene dinero para comprar pastillas. Enfermó el otro día, cuando la lluvia y el viento volcaron su tienda de campaña. Barbine no es excursionista, sino desplazada.

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Barbine junto a parte de su familia en el sitio de desplazados de Capucien, Bangui. Imagen de María José Agejas

Menos mal que estaban los árboles para detenerla. A la tienda, digo. Si no, a estas horas habría volado hasta Congo, al otro lado del río Ubangui. Y no es una tienda de esas que se despliegan en dos segundos, sino de las grandes, de las que pesan un montón y que están bien ancladas al suelo. O lo estaban cuando las instalaron en su día en este campo de desplazados de Capucien, a las afueras de Bangui.

Así que ahí está. Barbine, digo. Sentada en el suelo, rodeada por algunos de sus hijos y nietos, tosiendo y limpiando unas hojas de melonera para cocinarlas. Le pido que me explique: “estábamos dentro, comenzó a llover muy fuerte. La tienda se levantó, y salimos para escondernos ahí. Por suerte nadie resultó herido”. ¿Y ahora?, le pregunto, casi avergonzada de la suerte que tengo en la vida. “Ahora no se qué podemos hacer. Dormimos en el suelo. Nosotros no podemos reparar la tienda “.

Los desplazados de la República Centroafricana viven en la necesidad más absoluta, la mayoría desde hace ya más de dos años. Cada vez que me pregunto si es posible que su miseria aumente, pasa algo que me demuestra que sí. Ahora es la lluvia. Y el viento.

En este país las tormentas dan miedo. Dan miedo incluso cuando estás en tu cómoda vivienda de ladrillo, mirando por la ventana cómo se vuela el sofá de mimbre de tu terraza. Las canoas del río que llevan pasajeros hasta la República Democrática del Congo, justo ahí enfrente, se vuelcan a veces. Apenas hace unos días hubo dos muertos por eso.

En los sitios de desplazados lo que se vuelan son las tiendas, los pocos enseres… Hasta los niños si te descuidas. Se desploma la rama de algún mango. El agua entra en las tiendas porque son viejas (dos años y medio ya, no están preparadas para desgracias tan duraderas) y empapa las ropas y las esteras o los cartones sobre los que duermen las familias. Todo se embarra y se enfanga el espíritu. La vida se hace aun un poco más triste. Mirad si no las caras de Barbine y su familia en la foto.

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Destrozos en una tienda de personas desplazadas provocados por la lluvia y el viento. Imagen de María José Agejas.

La temporada de lluvias está comenzando, y durará hasta septiembre. Difícil que en estos meses las 184.600 personas que hay en los sitios de desplazados puedan abandonarlos. Para ilustrar, entre febrero y marzo el número de desplazados ha disminuido en un… 0,24%. Lo dicho. Cuando ves lo que queda de sus antiguos barrios, las casas hechas fosfatina, la mala hierba ocupando el lugar de los vecinos, los pozos contaminados con cadáveres, el silencio; y cuando los ves a ellos, sin un céntimo en el bolsillo, si una muda y sin trabajo, te das cuenta de que el retorno no es, para la mayoría, una opción. Y eso sin hablar de la seguridad, la reconciliación intercomunitaria, el desarme y otras palabras mayores.

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Vista de uno de los muchos barrios de Bangui destruidos y abandonados a causa del conflicto. Imagen de María José Agejas.

Y mientras, a seguir durmiendo sobre un cartón o un saco, rodeados de charcos y lodo, comiendo una vez al día, sin escuela en muchos casos. Un mes tras otro, dos años y medio ya, desde que en Diciembre de 2013 todo estalló una vez más. Y los mosquitos que transmiten la malaria, que en la República Centroafricana es la primera causa de muerte en los niños menores de 10 años, según la Organización Mundial de la Salud. Les gusta comenzar a alimentarse, a los mosquitos, digo, sobre las cinco de la tarde. No paran hasta que amanece.

Como siempre, las ONG ponen parches, echan una buena mano, se esfuerzan, pero los recursos no alcanzan para todos. Hay casi 900.000 personas aun fuera de sus casas debido al conflicto, y la mitad de la población se enfrenta al hambre. Y aquí es donde me toca, digo, poner el enlace a nuestra página de captación de fondos, para poder explicarle a Barbine que las fotos con las que le arrebaté un poco de privacidad y las preguntas con las que la molesté el otro día no eran una simple pérdida de tiempo.

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de Oxfam Intermón en República Centroafricana.

1 comentario

  1. Gracias por los buenos momentos en su blog en el que. Estoy a menudo en condiciones de ver (y otra vez) estos maravillosos artículos que compartieron. Muy interesante. Buena suerte a usted!

    03 mayo 2016 | 10:07

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