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Sonita Alizadeh: el rap de la fuga

Por Silvia Martínez Valero Silvia Martínez Valero

Es curioso cómo el talento siempre encuentra alguna manera de salir a la superficie. No importa dónde estés ni quién seas; el arte será siempre una forma de liberación. Un buen ejemplo de ello es la joven Sonita Alizadeh. Nacida en Afganistán, su familia intentó venderla como novia a la edad de diez años. En aquel momento, como ella misma ha confesado, no sabía muy bien qué significaba aquello y tuvo la inmensa suerte de trasladarse con su familia a Irán antes de que el acuerdo se consumara. Allí se dedicó a aprender a leer y escribir por su cuenta mientras trabajaba limpiando baños y llegaron hasta sus oídos los trabajos del rapero iraní Yas y el americano Eminem.

El éxito de su rap salvó a Sonita del matrimonio forzoso. Imagen promocional de la artista.

El éxito de su rap salvó a Sonita del matrimonio forzoso. Imagen promocional de la artista.

Con estos referentes cuyas letras hablan en numerosas ocasiones de situaciones difíciles y autosuperación, Sonita decidió emprender su propio camino como cantante de rap (algo que a todas luces iba a ser costoso, dado que en Irán se prohíbe a las mujeres cantar en público). No obstante, lo consiguió. Su primer éxito fue en una competición estadounidense en la que una de sus canciones acerca de los derechos de voto del pueblo afgano fue premiada con mil dólares. Sonita envió el dinero a su madre –que volvía a vivir en Afganistán- y esta le dijo que había encontrado un nuevo hombre a quien venderla. En este momento ella tenía 16 años y sí que comprendía las implicaciones de lo que estaba a punto de ocurrirle.

Es aquí donde entra en juego Rokhsareh Ghaemmaghami, director del documental que más tarde llevaría el nombre de la cantante. Rokhsareh, que había descubierto el gran talento de la joven, consiguió aplazar dos meses la venta de Sonita tras pagar dos mil dólares a su madre. En este margen de tiempo Sonita compuso la canción que la llevó a la fama, Brides for sale y Rokhsareh grabó el videoclip con el que ambos consiguieron la atención internacional.

Fue el rap lo que salvó la vida de Sonita y su billete de ida a Estados Unidos donde, mediante una beca, cursó estudios musicales. Aunque ha dejado el horror tras ella y ahora tiene en otro continente una vida libre de la que es única dueña, no ha olvidado de dónde viene y utiliza su talento para ayudar a otras jóvenes que se encuentran en la misma situación. Así, tanto sus canciones como su documental, sirven hoy de inspiración a todas las mujeres que necesitan algo a lo que aferrarse para cambiar sus vidas.

Como una vez escuché: “La música nació libre y su destino es conquistar la libertad”. ¡Qué manera tan inspiradora de comprobarlo!

Silvia Martínez Valero es una joven estudiante y constructora de historias.

2 comentarios

  1. Dice ser roberto

    Buf! Que historia, alucinante el afán de superación de algunas personas y las ganas de salir de una forma de vida que les oprime. Lástima que no hayá más personas como Sonita y tambien como Silvia Martínez Valero, la joven estudiante que nos ayuda a conocer y a entender que todavía falta mucho, mucho por hacer.

    31 marzo 2016 | 15:56

  2. Dice ser Antonio

    Silvia como siempre tan acertada en sus artículos para dar a conocer las injusticias habidas y por haber contra las mujeres en toda la historia de la humanidad.

    31 marzo 2016 | 17:35

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