BLOGS

Cajita a cajita

Por Beatriz PozoBea Pozo

Cuando tenía 10 u 11 años me pusieron un sobresaliente en una redacción. Me habían dado el primer párrafo de un cuento, una historia que trataba sobre la llegada de tres cajas misteriosas, y yo había escrito el resto del relato. Mi profesora me dijo que lo que más le había gustado era cómo había resuelto el misterio de las cajas. Había hecho que el personaje principal las fuera abriendo de manera progresiva. Primero la más pequeña, luego la mediana y finalmente la más grande. La clave estaba en que para obtener lo que había en la última, primero era necesario abrir las otras dos.

OES_27568_,-es_Color-en_Colour-lpr (1)

Amina Ahmed en su tienda de ropa. (c) Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

La historia de Amina Ahmed, de 44 años, me recuerda un poco a ese cuento que escribí de pequeña. Amina es vicepresidenta de la cooperativa Fatah de Pastoralist Concern, una organización que desde 1995 trabaja con Oxfam Intermón en apoyo a las mujeres de Etiopía. Sin embargo, para llegar hasta allí, Amina ha tenido que andar un largo camino. El cargo de Amina no nos dice demasiado. Lo que realmente nos da una idea de su fuerza, su iniciativa y su capacidad para mejorar la vida de aquellos que la rodean; son esos pasos intermedios que ha ido dando, esas cajas cada vez más grandes que, poco a poco, ha ido abriendo.

Hace 15 años, el marido de Amina murió y ella debió hacerse cargo de sus hijos. Su principal preocupación era que pudieran comer. Amina recibió un pequeño crédito. Con ese dinero compró té y mantequilla que vendió en la carretera. Con lo que obtuvo, compró animales, para criarlos y venderlos más adelante. Así, sucesivamente, con nuevos créditos y nuevas ventas, Amina fue abriendo cada vez cajas más grandes. Logró que sus hijos comieran tres veces al día, los matriculó en el colegio y amplió su vivienda. Hoy dos de sus hijas se han graduado en la universidad.

‘Creo que si sueñas a lo grande, te haces grande’. Esta frase no es de Amina, aunque podría serlo. La pronuncia Absharo. Otra mujer etíope, con una historia muy similar. No tenía nada que dar de comer a sus hijos. Así, acostumbraba a poner agua a hervir y, mientras la removía, les decía a los niños que solo faltaba un poquito. Permanecía así, dando vueltas al agua, hasta que se quedaban dormidos de agotamiento.

Absharo también obtuvo un microcrédito, lo que le permitió comprar té, azúcar y harina; para venderlo después. Con el dinero, adquirió un burro para distribuir agua. Tras ello, se hizo con un rebaño de cabras. Hoy, es dueña de una tetería, ha criado a 12 hijos, y todos han podido ir a la escuela.

No obstante, la pobreza y la falta de recursos no son las únicas amenazas para mujeres como Amina y Absharo, pertenecientes a la comunidad musulmana y ganadera del sur de Etiopía. Pastoralist Concern calcula que, en ella, hace 20 años, el 80% de las niñas eran víctimas de la mutilación genital femenina.

Esta práctica la sufren las mujeres, pero también la realizan las mujeres. Así, para acabar con la ablación resulta fundamental educar y concienciar a la población femenina; y nadie mejor para hacerlo que ellas mismas. Mujeres como Fátima, que hasta hace unos pocos años no había trabajado nunca. Junto con otras 30 mujeres recibió formación como matrona. Primero, se dedicó a ir de pueblo en pueblo ofreciendo sus servicios. Luego, entró a trabajar en el hospital de Filtu, donde, además de su asistencia a mujeres embarazadas, entrena a nuevas enfermeras. No obstante, sigue yendo a casas particulares y, siempre que acude a una llamada, aprovecha para informar sobre los riesgos de la mutilación genital femenina. A sus charlas también han atendido hombres. ‘Han estado estudiando esta cuestión desde la perspectiva religiosa, pues en el Corán no se recoge tal práctica. Después de mucho debatir han aceptado frenarla. Ellos también nos están apoyando’

Amina, Absharo y Fátima son Avanzadoras. Ellas, y con ellas muchas otras, abren cada día cajas más grandes; y en cada avance, en cada caja, encuentran la inspiración para continuar con su esfuerzo, y así seguir mejorando su vida, la de otras mujeres y las de toda su comunidad.

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora como voluntaria con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

Los comentarios están cerrados.