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Sufrir por el agua, bailar con el agua

Por María José AgMaria-Jose-Agejas_avatar_1446635289-70x70ejas 

Clarisse se levanta y pregunta: ‘¿cuándo hay que lavarse las manos?’  Los niños responden como si fuera la tabla de multiplicar: ‘antes de comer, después de ir al baño, antes de amamantar a un bebé…

Estamos en unos terrenos de la iglesia católica en los que sobreviven en tiendas de campaña más de cuatro mil personas.  La mitad, quizá más, niños como los que esta mañana se divierten con Clarisse. Algunos van a las escuelas cercanas, otros no. Muchos llevan allí varados más de dos años o han nacido ya sin casa.

Clarisse es promotora de higiene y salud pública de Oxfam Intermón en Bangui, República Centroafricana. Un país en el que una de cada cinco personas ha tenido que dejar su hogar. De una población total que no llega a los cinco millones, la mitad no puede sobrevivir sin ayuda.

Clarisse baila durante una sesión de formación en higiene en el campo de desplazados de Grand Séminaire, en Bangui. Imagen: María José Agejas

Se ve a la legua que a Clarisse le fascina su trabajo. Mientras niños y adultos dibujan en una hoja el ciclo de contaminación oral-fecal, Clarisse se pone a bailar y a cantar, no sea que los asistentes se aburran y se vayan antes de haberse enterado bien de la importancia que tiene la limpieza para evitar enfermedades. De repente la clase de higiene se transforma en una fiesta y las señoras y los señores dan palmas y ríen, mientras alguno se suma al baile, inequívocamente africano, claro está. Así se pasa la mañana. Hay poco que hacer en un campo de desplazados.

Hay unas 450.000 personas desplazadas en el interior de la República Centroafricana, y otras tantas que han huido del país. Muchos están con familias o amigos, otros en campos como este.  No pueden volver a sus casas porque estas ya no existen o porque no se sienten seguros en sus antiguos barrios o pueblos debido a la presencia de grupos armados. Nadege es una de las mujeres que asiste al taller: ‘la vida aquí es muy difícil’, nos dice, ‘pero seguimos viviendo en este lugar porque tenemos paz y calma’. Nadege vive en el sitio con su marido y sus hijos desde hace dos años. ‘En mi barrio hubo masacres y muertes, y por eso huimos’.

El conflicto en el que el país ha caído desde finales del año 2012 ha tenido graves consecuencias en el derecho al acceso al agua potable de los centroafricanos. No sólo para los que han perdido sus casas y dependen de que organizaciones como Oxfam Intermón les provean de agua, duchas o letrinas. Aquí los hogares tienen dos formas de conseguir agua: la red de suministro oficial, que se limita prácticamente a la capital, Bangui, y que a veces no llega directamente a las casas, sino a fuentes instaladas en las calles, y los pozos. Desde el inicio de la guerra, tuberías, puntos de distribución y otras infraestructuras han sido destruidas y muchos pozos contaminados con los cuerpos de víctimas de la guerra. ‘Y si la población bebe el agua de esos pozos’, apunta Clarisse, ‘te puedes imaginar lo que viene después. Las epidemias pueden desatarse en cualquier momento’.

Clarisse explica que son los propios desplazados los que integran buena parte de la fuerza laboral contratada por Oxfam Intermón en los sitios.  Ellos se ocupan de promover la higiene, de vigilar los puntos de agua, de limpiar las letrinas o de recoger los residuos.

Trabajar en los sitios para personas desplazadas es para Clarisse una manera de conocer a sus compatriotas. ‘Este trabajo me ha permitido conocer quién soy yo y quién es la población’. Sonríe mirando al cielo y añade: ‘A fuerza de trabajar con ellos, se establecen relaciones, conexiones. Por eso cuando estoy en casa echo de menos a los desplazados’.

María José Agejas es periodista. Forma parte del equipo de Oxfam Intermón en República Centroafricana.

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