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Seis meses después de un terremoto

Por Bárbara Mineo BarbaraMineo

Cuando de nuevo la tierra tiembla entre tres países del sur de Asia (Pakistán, Afganistán e India), no puedo evitar de pensar en la situación de quienes hace 6 meses pasaron por un desastre parecido. Me gustaría hablar de Ganga Parajuli. Esta mujer de 35 años, es una de las miles de víctimas del terremoto que hace seis meses sacudió el Nepal.

Vive en uno de los distritos golpeados por el terremoto, pero carece de tierras. Ganga y su familia han vivido en asentamientos informales desde que tiene memoria. Ha pasado toda su vida sin las facilidades y privilegios que otorga tener un certificado de tenencia de tierras. A Ganga le preocupa que la situación no cambie, ni siquiera para sus hijos.

Ganga Parajuli, de 35 años, es una mujer sin tierra del distrito de Bhaktapur. Imagen: Oxfam Internacional.

Ganga Parajuli, de 35 años, es una mujer sin tierra del distrito de Bhaktapur. Imagen: Oxfam Internacional.

Ganga solía trabajar como limpiadora en un hotel de Telkot, mientras su marido trabajaba como jornalero. Actualmente vive en un refugio temporal después de que su casa, situada en una propiedad de un familiar, se viniera abajo tras el terremoto que sacudió Nepal hace seis meses, el 25 de abril de 2015. El hotel en el que trabajaba también sufrió daño y Ganga se ha quedado sin trabajo.

“El terremoto nos ha convertido en personas sin hogar. Teníamos una pequeña casa, pero el terremoto la destruyó. Todo lo que nos queda son escombros y deudas que contrajimos al construirla”

El terremoto ha afectado a millones de Nepalís pero sin dudas ha afectado de forma desproporcionada a las mujeres, los niños y las personas ancianas, así como a las personas con discapacidades o pertenecientes a minorías étnicas o castas discriminadas.

La desigualdad, exclusión y discriminación que sufren estos grupos sociales no solo ha determinado quiénes han sido las principales víctimas mortales del terremoto sino, también, su capacidad para hacer frente y responder de manera eficaz al desastre.

Más de la mitad de las víctimas mortales fueron mujeres y niñas.

A pesar de los esfuerzos importantes realizados en estos meses para hacer frente a las necesidades de las mujeres, la violencia sexual y de género siguen siendo un problema especialmente preocupante en los asentamientos temporales: se han denunciado incidentes en Nuwakot, Rasuwa and Dolakha.

El tráfico de mujeres jóvenes y niñas ha aumentado: las redes de explotación han aprovechado que las mujeres se veían obligadas a buscar desesperadamente fuentes de ingresos para mantener a sus familias.

Las mujeres en una situación de emergencia como ésta cuentan con escasos activos. Las cargas domésticas caen sobre ellas, tienen muy limitado el acceso a recursos económicos y no cuentan con medios de vida alternativos, ni siquiera con la propiedad de sus terrenos o casas. Todo esto menoscaba de forma significativa la capacidad de recuperación de las mujeres en comparación con la de los hombres, que tienen más opciones para acceder a otros medios de vida.

Sin embargo, el predominio de las mujeres en los sectores informales y el agrícola, unido a su capacidad única para impulsar la resiliencia en sus comunidades, podría jugar un papel crucial en la recuperación y reconstrucción si se proporcionase el apoyo adecuado.

Es fundamental convertir la desgracia en oportunidad, en éste y en todos los terremotos,  y hacer lo posible para que en los planes de reconstrucción se preste especial consideración a las necesidades de las mujeres y los grupos excluidos, especialmente a las necesidades de quienes carecen de tierras, para garantizar que se aborden y no se agraven las desigualdades y para que las mujeres se impulse una participación genuina y significativa  de las mujeres para buscar soluciones sostenibles que permitan atacar el problema de la desigualdad y discriminación aun presente en el país.

Bárbara Mineo es responsable de acción humanitaria en Oxfam Intermón

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