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Tiempo de Margaritas

Bea PozoPor Beatriz Pozo  

Durante las últimas semanas, en Honduras, está teniendo lugar una triste conmemoración con la poética etiqueta #TiempodeMargaritas. Hace poco más de un año Margarita Murillo murió de un tiro en la espalda. Su asesinato es recordado ahora por numerosas organizaciones que reclaman justicia para un crimen que refleja buena parte de los males que sufre la sociedad hondureña.

Margarita Murillo

Imagen de la campaña que reclama justicia en el asesinato de Margarita Murillo

Margarita formaba parte del movimiento campesino de Honduras desde los 13 años y era fundadora de varias asociaciones como la Central Nacional de Trabajadores del Campo (CNTC) y el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). Su objetivo, como el de tantos campesinos, era lograr una reforma agraria que frenara la concentración en la propiedad de los campos hondureños, donde el 3% de los terratenientes poseen el 70% de las tierras cultivables, mientras que el 70% de los campesinos no tienen terrenos que cultivar. Durante toda su vida, Margarita se dedicó a denunciar la situación en el campo hondureño y las numerosas violaciones de derechos humanos  que sufrían sus trabajadores; y, con su muerte, se convirtió en un ejemplo más de las injusticias contra las que se rebelaba.

Porque a Margarita la mataron mientras cultivaba la tierra por la que tanto luchó, en la misma zona en la que lideraba a un grupo de agricultores en una disputa por la legalización de unos terrenos. Como ella, en los últimos tres años y medio, han sido asesinados más de 120 campesinos y campesinas.

Hablar del caso de Margarita es hablar de muchas cosas: es hablar de desigualdad, de impunidad, de criminalización de la lucha por la igualdad en el campo y de feminicidios. Todos ellos problemas que aquejan al país centroamericano. Si las cifras de campesinos muertos son aterradoras, aún más lo son las de mujeres asesinadas: 526 solo en 2014. Sin embargo, la campaña puesta en marcha estos días se centra en otro dato dantesco: El 96% de los asesinatos que se producen en Honduras quedan impunes. El caso de Margarita no es ninguna excepción. El supuesto sicario que acabó con su vida apareció muerto a los pocos días y la fiscal que llevaba el caso también fue asesinada, pero la investigación sobre estos crímenes no ha dado ningún resultado.

Las escasas sentencias en casos de asesinatos contrastan con los más de 700 expedientes abiertos contra mujeres que participaron en procesos de recuperación de tierras en el año 2013. Una criminalización del movimiento campesino de la que la propia Margarita fue víctima en vida, llegando a sufrir amenazas, persecuciones y torturas. Todo muestra de una aplicación desigualitaria de la justicia que favorece a aquellos con mayor poder de influencia.

Margarita fue un referente durante toda su vida, por su lucha en favor de los derechos humanos y campesinos y por su papel como agente social y su compromiso por mejorar las condiciones de vida de los demás. Ahora su legado es recogido por muchos otros  que lucharán para que la justicia y la equidad prevalezcan y para que su asesinato no quede, como tantos otros, impune y en el olvido. Hoy, es ‪#‎TiempoDeMargaritas

Beatriz Pozo es estudiante de periodismo y comunicación audiovisual. Colabora con el equipo de comunicación de Oxfam Intermón.

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